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sábado, 8 de septiembre de 2012

REGALOS DE PEDIDA DE MANO A REBECA: El pendiente de oro, los brazaletes, alhajas de oro y plata y vestidos. (E.V. Génesis, Witness Lee)

A las mujeres de hoy les gusta ponerse pendientes en las orejas, 
pero aquí el pendiente fue colgado en la nariz de Rebeca... 

ESTUDIO-VIDA DE GENESIS

MENSAJE SESENTA Y UNO

VIVIR EN COMUNION CON DIOS:
EL MATRIMONIO DE ISAAC,
UNA FIGURA DE LA BODA DE CRISTO Y LA IGLESIA


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(b) Recibe los dones

Después de hacer lo que el siervo esperaba, Rebeca recibió los dones. Primero, el siervo puso un pendiente de oro en su nariz. A las mujeres de hoy les gusta ponerse pendientes en las orejas, pero aquí el pendiente fue colgado en la nariz de Rebeca. Cuando leí el Cantar de los Cantares, quedé sorprendido al ver que el Señor no elogia las orejas de la que lo buscaba, sino que alaba la nariz de ella, diciendo: “Tu nariz, como la torre del Líbano, que mira hacia Damasco”, y: “El olor de tu boca [lit., nariz] como de manzanas” (7:4, 8). En el Cantar de los Cantares 2:3, la que busca dice: “Como el manzano entre los árboles silvestres, así es mi amado entre los jóvenes; bajo la sombra del deseado me senté, y su fruto fue dulce a mi paladar”. Por haber disfrutado las manzanas, su nariz olía a manzanas. ¿Qué significa eso? La función de la nariz es oler. El hecho de poner un pendiente de oro en la nariz de Rebeca significaba que su función olfativa había sido cautivada por la naturaleza divina. Cuando tenemos este pendiente en nuestra nariz, tenemos el olor y el sabor divino. Como dice el libro de Hebreos, hemos gustado del don celestial, de la buena palabra de Dios y los poderes del siglo venidero (He. 6:4-6). Antes de ser salvo, yo tenía un gusto particular. Sin embargo, después de recibir al Señor, mi gusto cambió. Había recibido el gusto divino. ¿Tiene usted un pendiente de oro en su nariz? ¿Es su nariz como la torre del Líbano? Según Levítico 21:18, ninguna persona que tenga nariz chata podía servir como sacerdote. Todos nosotros debemos tener una nariz aguda y no una nariz chata.
Nosotros los salvos tenemos el gusto divino y olfato divino. Por tener este gusto, hay muchas cosas que no podemos comprar en las tiendas. ¿Qué es lo que nos impide comprar estas cosas? El pendiente de oro que llevamos en la nariz. Por nuestra nariz con el pendiente de oro olemos y percibimos que algo no está bien en algunos artículos que vemos en las tiendas. Por tener la nariz así, no necesitamos que otros nos digan lo que debemos o no debemos hacer. La función de nuestro olfato y nuestro gusto nos dice qué corresponde al gusto de Dios y qué no. Debemos tener la nariz como una torre elevada y debe oler a manzanas. Nuestra nariz debe ser una torre elevada en el Espíritu. Nuestra nariz espiritual debe tener el olor de Cristo. Cuanto más disfrutamos a Cristo como el manzano, más tenemos una nariz con Su aroma de manzana.
El siervo también puso dos brazaletes en las manos de Rebeca (vs. 22,47). En cierto sentido, sus manos quedaron esposadas. Conforme al Nuevo Testamento, eso significa que hemos recibido la función divina (Ro. 12:4). Cuanto más seamos esposados por el Espíritu, más dones recibimos de El. No sólo recibimos el sabor y olor divinos, sino también la función divina. Los dos brazaletes dados a Rebeca pesaban diez ciclos y, por tanto, podían cumplir los requisitos de los mandamientos de Dios; mientras que el peso del pendiente de oro que le fue puesto en la nariz era medio siclo. Este medio siclo representa el anticipo; la mitad que hemos gustado indica que la otra mitad, es decir, la plenitud, está por venir. El anticipo es algo parcial, pero las funciones están completas. No diga usted que tiene solamente la mitad de una función. No, su función, su talento, está completa. Toda persona tiene por lo menos un talento completo. El anticipo que hemos recibido del Espíritu Santo es parcial, pero la función divina que recibimos de El está completa.
Rebeca también recibió alhajas de plata y de oro, y vestidos (v. 53); todo eso denota las riquezas de Cristo. Al principio, a Rebeca se le puso un pendiente de oro en la nariz y dos brazaletes en las manos. Después de recibir el recado del siervo, ella recibió más riquezas. Del mismo modo, después de que nosotros entramos en la vida de iglesia y aceptamos la comisión del Espíritu, las riquezas de Cristo, las alhajas de plata y de oro y los vestidos nos fueron dados para disfrutarlos.
Con todos estos detalles, podemos ver que el relato de Génesis 24 es totalmente divino y denota el concepto divino. Esta no es mi alegoría, pues es así como se narra. ¿Por qué el pendiente de oro sólo pesaba medio siclo y no tres cuartos de siclo? ¿Por qué los brazaletes pesaban diez siclos y no nueve ni once? ¿Por qué el siervo trajo las demás riquezas solamente cuando su comisión fue aceptada? Todo eso corresponde a la revelación del Nuevo Testamento. Ahora no sólo disfrutamos el pendiente de oro en nuestra nariz, y los brazaletes en nuestras manos, sino que disfrutamos las alhajas de plata y de oro y los vestidos. En la vida de iglesia todas las riquezas de Cristo nos pertenecen.

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