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viernes, 7 de septiembre de 2012

LA NOVIA RAMERA - EL LUGAR ALTO IGLESIA - FORTALEZAS CRISTIANIZADAS DE LA MENTE... (Charles E. Newbold Jr. – El Sistema de la Iglesia Ramera- Salid de ella pueblo Mío)

Después de decirle a una anciana el por qué yo ya no celebraba la Navidad, ella respondió, “Pero no pienso en dioses paganos cuando miro mi árbol de Navidad. Yo pienso en Jesús”. Eso me pareció razonable. Pregunté a Dios al respecto. El contestó: “¿Qué pensarías tú si sorprendieras a tu esposa en adulterio y ella te contestara, ‘pero cariño, estaba pensando en ti todo el tiempo!”

Nuestros lugares altos son nuestros amantes babilonios, y la iglesia, es la cautividad babilónica del Pueblo de Dios de hoy día.
Oiga, pastor...


LA NOVIA PROSTITUIDA

Bill Shipman la vio de este modo. “Fue casi como una visión”, explicó.

Yo estaba en las habitaciones y en las calles con ellos. Vi a Jesús esperando en la habitación del novio.  La novia estaba en otra habitación. Él estaba Preparándose para ir a verla. Al retrasarse, ella se asomó a la ventana y se interesó en las actividades de la calle. La atracción de la calle arrastró a su corazón de ramera hasta que salió ella misma a la calle.

Pronto, después de caminar por las calles, fue violada. Su vergüenza la llevó a creer que no tenía otra opción que convertirse en una prostituta, y eso es lo que hizo. Estaba en un burdel, encerrada tras puertas medievales enormes, de roble sólido. Parecían formidables. Estaban cerradas con pestillos, con una clase de pasamanería de cobre, y diferentes tipos de herrajes.

Jesús salió en su búsqueda. Sabía donde estaba. Al acercarse a las puertas, los demonios le aullaban y le siseaban e intentaban meterle prisa, aunque tenían una actitud cobarde hacia Él. Abrió las puertas y entró. Ella estaba echa un desastre y Él intentaba convencerla para que se fuera con Él. En su culpa y en su vergüenza, ella rehusó, y de esa forma, Él se marchó.

Esperó un tiempo y la visitó de nuevo. Todavía no le miraba al rostro. Una vez más, Él la dejó. Estando esperando en su habitación, fuegos de pasión e ira repentinamente se encendieron en sus ojos. Salió furioso de su habitación y a pasos largos por la calle, se acercó a la casa donde vivía su novia prostituida.

Todo el mundo Le vio llegar. Huyeron delante de Él. Los demonios le vieron y corrieron delante de Él para cerrar las puertas, con la esperanza de evitar que entrara. Sin duda ni pausa, en su andar, golpeó las puertas con las palmas de sus manos. ¡BOOM! Explotaron. Las astillas salieron volando por todas partes.

Entró y la descubrió seca por su vergüenza. Su rostro estaba escondido en sus manos. Esta vez era distinto. Esta vez Él no le pidió que se fuera con Él. Esta vez Él agarró su mano y la llevó a la habitación de la novia, aunque estaba con su vestido sucio, manchado de semen.

Pude ver la pasión y el amor que Él tenía hacia ella en sus ojos. Jesús la veía sólo de una manera. La veía como una virgen. Sin embargo, ella no le miraba. Él la alcanzaba, la tocaba con ternura, y levantaba su rostro hacia el Suyo. Con muchas dudas, ella lentamente levantó sus ojos para mirar a los suyos. La vio más allá de su vergüenza y la levantó más allá de su vergüenza. En el instante en que sus ojos coincidieron con los Suyos, fueron llenos de la misma pasión que El había tenido para ella.

Yo estaba ahí mismo con ellos. Casi podía ver en sus rostros. Me eché hacia atrás y vi que ella había cambiado. Era hermosa. Tenía el mismo brillo que Jesús. Eran uno. No había atracción o anhelo para nadie más que el uno para el otro. Ella solo tenía ojos para Él. Ella se parecía a ÉL, y Él a ella.  Estaban en pie en una misma luz. Él no había disminuido en absoluto, más bien ella había crecido en Él. Aunque ella se parecía a Él y tenía el mismo fuego en sus ojos como el que tenía Él en los suyos, ella estaba todavía bajo Sus pies, bajo Su autoridad. Eso es lo que lo hacía tan hermoso como era.

EL LUGAR ALTO DE LA IGLESIA

Sustituir a Jesús por la iglesia es idolatría en enormes proporciones. No hemos de levantar la iglesia y convertirla en el camino de la salvación. Solamente Jesús es nuestra salvación. Cuando la gente acusó a Dios y a Moisés de sacarles de Egipto para morir en el desierto, el Señor envió serpientes voraces entre ellos, y las serpientes mordieron a la gente por causa de su murmuración. Muchos israelitas murieron. El pueblo se arrepintió y Dios cedió. Dios le dijo a Moisés que hiciera una serpiente y la pusiera sobre un poste. Todos lo que hubieran sido mordidos, podían vivir tan solo mirando a la serpiente.  Num. 21:4-9.

Ese debía haber sido el final de la historia. ¡Pero lee 2ª Reyes 18:4! Ezequías había sido hecho Rey de Judá, y la Biblia dice que el hizo lo que era recto a los ojos del Señor. “Quitó los lugares altos, quebró las imágenes y cortó los símbolos de Asera e hizo pedazos la serpiente de bronce que había hecho Moisés: porque hasta entonces, le quemaban incienso los hijos de Israel.” Tomaron una obra de Dios, y la convirtieron en un ídolo. En este mismo espíritu de idolatría, la gente ha convertido el mover de Dios en las denominaciones que ha terminado adorando mas tarde.

Lo que hoy llamamos la iglesia es un sistema idolátrico de tradiciones de hombres que es prostitución espiritual. La iglesia es lo que hacemos en adición a lo que Cristo nos ha hecho ser en Él. Si lo que llamamos iglesia puede ser legalizado, unido, nombrado y referido como  “esa”, y nos puede ser quitado, entonces no es lo real. La verdadera ekklesia es un cuerpo colectivo de personas que han nacido en ella. Solo han tomado el nombre de Jesús porque están en relación con Él. Esa relación no les puede ser quitada.

Si la iglesia no es la cosa real, entonces es algo falsificado. El problema con las falsificaciones es que aparentan ser muy semejantes a lo real. La iglesia, como algo falsificado, se presenta y se percibe como lo real. Y aunque sea extraño, sin embargo no se asemeja remotamente a lo real. No obstante, hemos sido engañados en creer que lo es.

Muchos queman el incienso de la adoración del yo a todo lo que se asocie con esta Cosa que llamamos iglesia. Han hecho ídolos de sus doctrinas, formas de gobierno, herencias, programas, rituales, liturgias, edificios, cultos del Domingo por la mañana, asistencia a la iglesia, presupuestos, personalidades, la Escuela Dominical, las reuniones de jóvenes, los grupos misioneros,  las reuniones de hombres, las ventas anuales, y las actividades—todo ello asociado con la iglesia. Retozan alrededor de sus logros colectivos: sus cementerios, denominaciones, escuelas bíblicas, residencias de la tercera edad, hogares de niños, hospitales, misiones y ministerios de la cárcel.  Puede que algunos de ellos sean genuinos ministerios y causas dignas puestas por  Dios, pero se han vuelto idolátricos cuando los operamos para darnos un buen aspecto y hacernos sentir piadosos. Mucha actividad no es piedad. Estas instituciones, con frecuencia giran más alrededor de quienes las operan, que alrededor de aquellos a quienes pretenden servir.

Muchas de estas Cosas de iglesia fueron originalmente comenzadas para satisfacer las necesidades de la gente, pero pronto se convirtieron en un fin en sí mismas. Muchas de las instituciones se han vuelto orientadas hacia el beneficio, en lugar de hacia el servicio. Jesús dijo: “El sabbath fue hecho para el hombre, y no el hombre para el Sabbath”. Marcos 2:27. Hemos reservado ese dicho. Ahora bien, es como si existiésemos por causa de la iglesia y no la iglesia para nosotros.

Por otra parte, puede que tengamos la actitud de que nuestra iglesia tiene el personal correcto. Si es posible, construimos competitivamente un templo más grande y mejor que los chicos que tienen otro, en la misma calle, un poco más abajo. Planeamos nuestros cultos y albergamos la esperanza de tener el mejor espectáculo de la ciudad. Algunos de nosotros anunciamos nuestra alabanza y adoración, nuestras oraciones, nuestra predicación, e incluso nuestras ofrendas para convencernos incluso a nosotros mismos, de que quizá el Espíritu Santo esté en medio de nosotros.

Podemos planear programas en nombre del evangelismo y hacer tal marketing de nosotros mismos, con el fin de acorralar mas personas—para enseñarlos, arrojarlos y marcarlos con nuestra marca especial, para clonarlos a nuestra semejanza. Y sin embargo, queremos estar separados de las otras iglesias en la ciudad. Fabricamos nuestros credos artesanalmente para distinguirnos a nosotros mismos de ellos. Los nombres que nos damos a nosotros mismos reflejan nuestra separación de ellos. Incluso a veces nos jactamos de nuestras diferencias. Un joven en una reunión de hombres trataba de comunicar una inocente pero pegadiza frase; sin embargo, revelaba esta noción separatista. Decía: “Iglesia Vineyard: Experimenta la diferencia”.

Para muchos corazones engañados, su iglesia es su plan de salvación, y tenemos tantos planes de salvación como iglesias. Enfatizamos la necesidad de membresía de iglesia y asistencia regular a la iglesia, y a través de ellos comunicamos el mensaje sutil de que somos salvos a través de estas Cosas. Se nos considera no sujetos a la Escritura si no vamos a la iglesia.

Muchas iglesias asocian el bautismo en agua con la membresía de su iglesia. Algunas denominaciones (sectas) predican que estás perdido a menos que seas un miembro de su iglesia. Para algunos, ser aceptados en su redil involucra una adhesión a su rígida doctrina. “Tenemos la sana doctrina. Tienes que estar de acuerdo con nosotros y bautizarte en nuestra iglesia, y serás salvo.” Absolutamente ridículo. ¿No es Jesús nuestro Salvador?

Hemos levantado sepulcros para nosotros mismos y nos hemos convertido en nuestros propios cadáveres dentro de ellos. Nos hemos sepultado en una grandeza que hemos buscado para nosotros mismos. No hay vida en estos sepulcros ni la puede haber jamás. No hay esperanza de vida de resurrección dentro de ellos porque existen para proveer algo para el Yo. La vida de Resurrección viene a través de la negación de uno mismo, y no a aquellos que buscan salvarse a sí mismos.


FORTALEZAS DE LA MENTE:

Estas idolatrías del Yo son fortalezas de la mente. Una fortaleza espiritual es la preocupación por un objeto, una persona, o una institución, con ira o temor; con un fetiche, una adicción o un pecado. Una fortaleza espiritual es cualquier cosa que nos fascine, domine nuestras mentes, y nos haga comportarnos obsesiva y compulsivamente. Estas son cosas que gobiernan sobre nosotros. Aparentamos no tener ninguna fuerza para hacer algo con respecto de las mismas. Y sin embargo, no podemos negar que estas cosas son dañinas a nosotros o a otros.

1-    Identificar la iglesia con la Novia:
Una fortaleza espiritual puede también ser la parrilla de salida por la que vemos cosas. La iglesia es una de tales fortalezas de la mente.  Nos han lavado el cerebro para llegar a creer que la iglesia, tal y como la conocemos y practicamos, es lo que deberíamos hacer. Jamás hemos conocido otra cosa que la iglesia tal y como la practicamos. Así que cuando digo que la  iglesia es un ídolo y una fortaleza en tu mente, puede que te sea muy difícil creerlo. No puedes verlo. Incluso si lo vieras, te cuesta trabajo aceptarlo por causa de tu mente o forma de pensar. Sin embargo, una vez que ves el engaño, recibes la verdad y comienzas a caminar en la luz, comienzas a notar como cambia tu mente. La fortaleza está siendo derribada.

Sacar a la novia de Cristo de la iglesia no es una tarea fácil porque la iglesia es una fortaleza en su mente.  Dios tiene que sacar a la iglesia de nosotros, y también tiene que sacarnos a nosotros de ella. Lenguaje extraño, ¿cierto? Porque a la par que Dios trata de sacarnos de la iglesia, nosotros estamos tratando de meter gente en ella. Si tratamos de abandonar la fortaleza de la iglesia antes de que haya sido sacada de nosotros, simplemente regresaremos a ella.

2-    La fortaleza de La Navidad:

Navidad. La Navidad es una de esas fortalezas de la mente. No había sido celebrada de ninguna forma antes del siglo tercero. Alexander Hislop explica: “Mucho antes del siglo cuarto, y antes de la era cristiana en sí, los paganos celebraban un festival  en ese preciso momento de año, en honor del nacimiento del hijo de la reina Babilonia de los cielos; y puede que presumiblemente, para conciliar a los paganos, y para engrosar las filas de los adheridos nominales del Cristianismo, el mismo festival fuera adoptado por la iglesia Romana, dándole el nombre de Cristo” {7} Tomaron esta celebración estrictamente pagana y pusieron a Jesús en el centro de la misma.

Roma instituyó una misa que era llamada la misa de Cristo (Christ-Mass, en inglés), y que luego se abrevió a Christmas (“Navidad”, en Inglés”). La navidad siempre ha sido, es y siempre será una fiesta pagana. Ha crecido a lo largo de los siglos para convertirse en el insulto encantado, mágico y lleno de mercadería, a Dios, que es hoy día. Somos hipnotizados por ella. Enganchados a ella. Esclavizados por ella. En deuda con ella. Dennis Loewen añade: “La navidad es otro ejemplo de lo poderoso que es el falso espíritu de fornicación. Hay un espíritu de la navidad. Es cálido. Es maravilloso; es bueno… pero no es de Dios”.

El mundo ama la Navidad tanto como la aman los cristianos. ¿Qué nos dice eso? (Como yo digo: ¿Cómo podemos decir “merry Chritsmas” junto a Madona y toda esa caterva…?) Una celebridad “cristiana” dijo en un programa de televisión nacional que la navidad son tres cosas: “decorar, dar regalos y comer”: Debemos saber que lo que ama el mundo no puede ser de Dios. El apóstol Juan nos exhorta: “No améis el mundo, ni las cosas que hay en el mundo. Si alguien ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, y los deseos de lo ojos, y la vanagloria de la vida, no es del Padre, sino del mundo” 1ª Juan 2:15-16.

El hecho de que lo que la mayoría de la gente hace en Navidad tenga sus raíces en este festival de invierno pagano, debería ser en sí razón más que suficiente para que los Cristianos no lo celebraran—el árbol y las luces, las velas, el muérdago, el intercambio de regalos,  el tronco en la chimenea, los pasteles, el pavo, la borrachera e incluso la fecha del 25 de Diciembre. El hecho de que esta época del año sea completamente centrada en las compras hoy, debería añadir a nuestro desprecio por esto. Sin embargo, el verdadero bofetón a Dios es que amamos estas cosas del alma mas que a la obediencia a ÉL. Son fortalezas emocionales en nuestras mentes. Nos faltaría un juicio sano si creyéramos que podemos celebrar estos días y épocas tenazmente, y ser libres de su cautividad.

La idea de no celebrar la Navidad produce tal afrenta a los demás, que la mayoría no podría sacrificarla incluso estando convencidos de que era una abominación para Dios. Se nos considera leprosos por no seguir con ella. Agradamos a los hombres más que a Dios.

He escuchado el cliché en mi niñez, de “devolver a Jesús a la Navidad”. Con frecuencia se inscribe de la siguiente manera: “Pon a Cristo de vuelta en la Navidad” (en inglés, la palabra “Navidad” se inscribe con frecuencia como X-mas, la “X” simbolizando a Cristo). Incluso aunque la “X” probablemente  signifique la letra griega chi que aparece en Christ (Cristo en inglés), tenemos la tendencia a pensar en ello como si quitásemos a Jesús. Durante años he estado pensando en esto y ahora me atrevo a decirlo: en lugar de devolver a Jesús a un festival pagano al que Él, en primer lugar, nunca perteneció, saquémosle de ahí completamente y devolvámoslo al mundo al que pertenece. Después de todo, la Biblia nunca demandó esta celebración, y Jesús nunca habría impuesto un atadura enloquecedora sobre nosotros. Pablo escribió: “Para libertad Cristo nos hizo libres; por tanto, permaneced firmes y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud” Gálatas 5:1. Eso es lo que tenemos que enseñar a nuestros niños.

La Navidad es uno de esos “lugares altos” que la mayoría de nosotros aparentan no estar dispuestos a derribar, incluso sabiendo como Dios pueda sentirse al respecto. Nuestras mentes están ya decididas. “Me gusta la Navidad”, me dijo una madre joven. El resto de su frase lo podemos imaginar, “Así que voy a seguir con ello”. Construimos escenas de los pesebres en nuestros jardines y levantamos  Papá Noeles luminosos junto a ellos. Buddy, en una caja registradora, ilustraba esta mezcla de forma muy simple. Tenía un gorro de Papa Noel sobre su cabeza y una cinta de W.W.J.D. (Siglas en Inglés de la frase: ¿Qué haría Jesús?) alrededor de su cuello. Buddy, Jesús no habría llevado ese gorro.

Después de decirle a una anciana el por qué yo ya no celebraba la Navidad, ella respondió, “Pero no pienso en dioses paganos cuando miro mi árbol de Navidad. Yo pienso en Jesús”. Eso me pareció razonable. Pregunté a Dios al respecto. El contestó: “¿Qué pensarías tú si cogieras a tu esposa en adulterio y ella te contestara, ‘pero cariño, estaba pensando en ti todo el tiempo!”

Mucha gente se justifica, “lo hacemos por los niños”. Si la Navidad es idolátrica para los padres, entonces por qué los padres quieren sacrificar a sus hijos a estos ídolos?

3-    Fortaleza de La Semana Santa:
Semana Santa. La Semana Santa es igualmente idolátrica y escalofriante. Muchos cristianos usan el término Semana Santa con cariño, y en asociación con la preciosa resurrección de nuestro Señor Jesucristo, sin considerar el hecho de que Semana Santa (“Easter” en Inglés) es la palabra Inglesa para la diosa Ishtar (también llamada Astarte y Eostre en otras culturas paganas). Ishtar se celebraba como la reina del cielo. Mucho de lo que hacemos en Semana Santa tiene su origen en el paganismo. La fecha de la celebración de la Semana Santa no coincide regularmente con la resurrección de Jesucristo, que ocurrió tres días después de la Pascua. La Cuaresma, los cultos al amanecer, la decoración de los huevos, los conejitos, son todos ellos abominaciones no sujetas a la Escritura, para Dios.

Entonces, ¿Cómo llegamos a practicar todas estas cosas? Alexander Hislop escribe, “para conciliar los paganos con el Cristianismo nominal, Roma, siguiendo su política normal, tomó medidas para amalgamar los festivales paganos y cristianos, y mediante un ajuste muy complicado pero ingenioso del calendario, no resultó ser una tarea difícil en general, conseguir que el Paganismo y el Cristianismo-- este último ya muy hundido en la idolatría—se dieran la mano”. {8}

Dennis Loewen hace la siguiente observación, “La ramera no tiene cuidado de estas cosas. Se acostará con cualquier cosa siempre que sea otro Jesús. Su razonamiento es el siguiente”: “¿Para qué molestarse con estos detalles?”. Por otro lado, a Dios si le importa. ¿Cómo puede alguien leer las Escrituras y verle de otra forma?

POTENCIANDO NUESTROS LUGARES ALTOS

Potenciamos esas cosas ante las que nos inclinamos y homenajeamos.  Liberamos el poder de Dios en nuestras vidas cuando nos inclinamos y Le adoramos. De la misma forma, potenciamos a nuestros ídolos cuando nos inclinamos ante ellos, sean hombres, edificios, instituciones, ideas, ciencia, opiniones, demonios, o esa Cosa que llamamos iglesia.

Patrick vino a comenzar una nueva iglesia. Como suele suceder, la unción del Señor estaba presente, y la gente entraba libremente en la alabanza y la adoración. Se estaban formando relaciones. La visión en un principio parecía estar enfocada hacia la edificación del pueblo en Cristo. Había libertad. Después surgió un deseo de tener un edificio, después la necesidad de un préstamo, después la necesidad de más dinero, y finalmente, una atracción por la membresía. La gente se encontró a sí misma llevada hacia aquello de lo que precisamente habían intentado salir. Patrick los estaba llevando de vuelta hacia aquello de lo que él mismo había salido antes, porque aquello de lo que él había salido, nunca había salido de él. En lugar de edificar a un pueblo, estaba consumido por un edificio, una iglesia-su iglesia.  Unos pocos de los que asistían a su iglesia y  que discernían, se marcharon cuando se dieron cuenta de que permaneciendo, servían solo para adherirse y potenciar su idolatría.

Potenciamos la idolatría de la iglesia cuando asistimos a sus cultos. 

Potenciamos la idolatría de la iglesia cuando contribuimos a ella.

Potenciamos la idolatría de la iglesia cuando insistimos en el uso de la palabra iglesia en referencia al cuerpo de Cristo.

Potenciamos la idolatría de la iglesia cuando nos preguntamos unos a otros a qué iglesia vamos.

Potenciamos la idolatría de la iglesia cuando medimos la espiritualidad de la gente por la iglesia a la que asisten.

Tenemos nuestros lugares altos; y sin embargo, conocemos el corazón de Dios en estos asuntos porque Él nos habla claramente: ”No tendrás dioses ajenos delante de mí”. Éxodo 20:3.

El Espíritu Santo puede llevar a un creyente maduro, liberado, a asistir a una iglesia, y quizás contribuir a ella con un propósito que solo conocen Dios y ese creyente. Sin embargo, si ese creyente se une en su corazón a ese sistema, una vez más levantándolo, ha vuelto a la idolatría y a la prostitución espiritual  de ello. Ha caído en el engaño. El que siente el llamado de Dios para permanecer o regresar a las situaciones de esos sistemas de iglesia ramera, tiene que ser honesto consigo mismo respecto de su verdadero motivo, no sea que él diga, “Dios me lo pidió” para justificar los deseos de ramera del corazón.

PRESAGIANDO LA IDOLATRÍA

La mayoría de las veces, los creyentes del siglo primero iban de casa en casa, lo cual podría ser un plan ideal para reunirse hoy día. Cada vez un mayor número de creyentes se reúnen en los salones de las casas para tener alabanza y adoración, participar de la Palabra, del rompimiento del pan, la oración y la comunión.

Estos escenarios pueden dar una libertad tremenda en el Espíritu Santo, crear oportunidades para que cada uno-a pueda usar sus dones, formar relaciones más fuertes entre ellos y mantener el apoyo del uno al otro en tiempos de necesidad.

Sin embargo, tenemos que comprender que nuestra salvación no depende de reunirnos en células hogareñas, como tampoco depende de pertenecer a la iglesia.

Nuestra salvación está en el Señor. Podemos convertir en un ídolo las células hogareñas tan fácilmente como podemos hacerlo de la iglesia.  El problema no está en tener o no un edificio, mantener o no reuniones regularmente, tener o no actividades, tener o no una estructura. El problema tiene que ver con lo que hay en nuestros corazones respecto de estas cosas. Puede ser posible tener todas estas cosas y no unirse a ellas, aunque lo dudo. Tarde o temprano, sin darnos cuenta, hacemos una Cosa de ellas y comenzamos a ir tras esa Cosa más que en pos del Señor. De esa manera funcionan nuestros corazones de ramera. Puesto que, después de todo, esas cosas salieron de nuestros corazones. Pienso que es poco probable que podamos organizarnos como un grupo de creyentes,  con un edificio, un nombre, una cuenta bancaria, un sistema de creencias, y cosas así, sin que esas cosas, tarde o temprano se conviertan  en una fuente de orgullo en nosotros como extensiones idolátricas de nuestra necesidad carnal de exaltar el Yo.

Encuentro una mezcla en muchas iglesias.  Hay carne y Espíritu a la vez, porque hasta ahora, Dios ha respondido a Su pueblo dondequiera que hayan invocado  Su Nombre. El responde a pesar del hecho de que hayamos convertido a estas Cosas en ídolos en nuestras vidas. Él responde al Espíritu Santo y a Su naturaleza en nosotros. Sin embargo, Él rechaza nuestra carne y nuestras idolatríasNo me atrevo a tocar lo que Dios esté haciendo en una persona o iglesia. Yo solo deseo expulsar a la parte idolátrica de todo ello y exponer los corazones de ramera para que podamos arrepentirnos de eso.

Si tú estás en una de esas Cosas que llamamos iglesia y estás ciertamente creciendo en el Señor, no querría decirte que te marcharas físicamente, sino que abandonaras cualquier forma de idolatría de la misma. ¡Ten cuidado! Phil Perry hizo la observación de que “cuánto más aparente moverse el Espíritu Santo en una de estas Cosas, más engañoso es. La gente ve lo que Dios está haciendo pero fracasan en ver todas las cosas que están mal.” Las “cosas que están mal” están terriblemente mal. El cepo está todavía preparado para atraparte y para que te ocupes de por vida al sistema como esclavo. Muchos grupos pueden comenzar en el Espíritu, pero continuar después en la carne. Gál.3:3.

Hemos de ser un pueblo dirigido por el Espíritu Santo en todo lo que hacemos, decimos y somos. Hemos de adorar en espíritu y en verdad. Cualquier cosa, incluida la iglesia, que nos estorbe para hacer esto, no puede ser de Dios.

Nuestros lugares altos son nuestros amantes babilonios, y la iglesia, es la cautividad babilónica del Pueblo de Dios de hoy día.

VER ENLACE CONFIRMATORIO:
http://txemarmesto.blogspot.com.es/2011/01/salid-de-en-medio-de-ellos-y-apartaos.html

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