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sábado, 15 de septiembre de 2012

CUANDO LA CARNE ES SOMETIDA, EL REINO LLEGA AUTOMÁTICAMENTE (E.V. Éxodo, Witness Lee)


ESTUDIO-VIDA DE EXODO

MENSAJE CUARENTA Y NUEVE

UNA TIPOLOGIA DEL REINO

Lectura Bíblica: Ex. 18; Dt. 1:9-18

(Ver completo: 
(Lo escrito en letra color azul ha sido añadido al original)


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II. LA DOCTRINA

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En Exodo 17, Amalec es vencido. Esto representa el sometimiento de la carne, la cual frustra al pueblo de Dios y le impide seguir adelante con El. Después de la derrota de Amalec, se necesita algo que describa el reino de Dios. Bajo la inspiración divina, Moisés insertó un acontecimiento que sucedió más tarde para llenar el vacío entre los capítulos diecisiete y diecinueve y mostrarnos que en la salvación completa de Dios, el reino viene después de la derrota de la carne. Después de la derrota de Amalec, se necesita que el reino llegue a edificar la morada de Dios en la tierra.
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Hemos señalado repetidas veces que Amalec representa la carne, el enemigo de Dios dentro del hombre... el enemigo actual y subjetivo de Dios en el hombre es la carne. Por esta razón, Dios aborrece la carne del hombre.
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Según el Nuevo Testamento, cuando la carne del hombre es derrotada y sometida, el reino de Dios llega inmediatamente. Este punto está claramente indicado en Gálatas 5:17-25. Gálatas 5:17 dice: “Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí”, el versículo 21 nos dice que los que practican las cosas de la carne no heredarán del reino de Dios. El versículo 24 usa la frase “han crucificado la carne”, la cual se refiere a la cruz. Cuando la carne es crucificada, el reino está presente con nosotros. Esto lo confirma nuestra experiencia. El Espíritu se opone a la carne. En el Espíritu se halla el poder de crucificar la carne. Cuando el Espíritu con el poder de la cruz derrota a nuestra carne y la somete, el reino de Dios está con nosotros.
En Gálatas 5:17-25, vemos cuatro palabras cruciales: la carne, el Espíritu, crucificado (refiriéndose a la cruz), y el reino. Cada uno de estos cuatro términos puede ser representado por un color: la carne por el negro, el espíritu por el verde, la cruz por el rojo, y el reino por el azul...

El libro de Exodo se compone de dos secciones principales. Los capítulos uno al diecisiete forman la primera sección, y los capítulos diecinueve al cuarenta, la segunda sección. En la primera sección, vemos que nosotros, los que estábamos caídos, hemos sido redimidos, salvos y liberados. Además, vemos que hemos pasado a través del mar Rojo y hemos entrado en el desierto, donde disfrutamos de la provisión de Dios y derrotamos la carne. ¡Qué salvación maravillosa es ésta!
En la segunda sección, los capítulos diecinueve al cuarenta, vemos una revelación de la edificación de la morada de Dios en la tierra. En esta sección, vemos varios capítulos en torno a la ley. No obstante, este hecho no nos debe impedir tener una visión completa del libro de Exodo... El pueblo escogido de Dios es salvo totalmente de su condición caída para entrar en la morada de Dios.
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En los primeros diecisiete capítulos de este libro, tenemos un cuadro de cómo Dios salvó a Su pueblo, lo liberó, lo rescató y les dio el suministró en el desierto. Luego, El los llevó al monte Sinaí para darles la visión de la edificación de Su morada a fin de que la construyeran conforme a esta visión.
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Entre las dos secciones principales de Exodo, la sección sobre la salvación de Dios y sobre Su edificio, se necesita el reino. Sin el reino, no hay ningún resultado, ninguna consecuencia de la salvación de Dios. Esta es exactamente la situación que prevalece entre muchos cristianos hoy en día. Puesto que pocos cristianos aniquilan totalmente la carne, no se encuentra entre ellos el resultado adecuado de la salvación de Dios, es decir, el reino. Un cristiano puede ser fundamentalista, bíblico y ético. Sin embargo, puede encontrarse totalmente en la carne. Quizá ame a los demás y sea bastante humilde. Pero su amor y humildad pueden provenir de la carne. Aun su predicación del evangelio puede ser llevada a cabo en la carne. En nuestra predicación del evangelio, podemos ser agradables y humildes, hablando siempre con amabilidad a los demás sin argumentar nunca con ellos. Pero todo este comportamiento aparentemente bueno puede ser en la carne. Una cosa es predicar el evangelio en el Espíritu, y otra es predicar el evangelio en la carne. Primeramente Dios no se preocupa por lo que hacemos; El se preocupa por los medios que usamos para hacer las cosas: ¿las hacemos por el Espíritu o por la carne? Muchos cristianos no pueden entender esta palabra acerca de la carne. Disfrutan la salvación de Dios hasta cierto punto, pero en su disfrute no hay un resultado adecuado. Si disfrutamos la salvación de Dios hasta el punto de derrotar a Amalec, de vencer al enemigo de Dios dentro de nosotros, tendremos el reino de Dios como resultado de la salvación de Dios. En el transcurso de los años que pasé en el ministerio, jamás he visto un grupo de cristianos que conozcan la carne de manera tan completa y que tengan un temor adecuado de actuar en la carne como los santos en el recobro del Señor hoy en día. Por esta razón, tenemos el reino como el resultado de la salvación de Dios.
Cuando estamos en la carne, los demás nos pueden ofender fácilmente. Pero cuando estamos en el Espíritu, pasa lo contrario. Es muy difícil que alguien nos ofenda. Además, la carne tiene su propia preferencia, su propio sabor al hacer las cosas. Por ejemplo, a muchos cristianos les gusta exhibir el dinero que dan para alguna causa. Esperan recibir reconocimiento público por ello. Esto viene de la carne. Los cristianos contemporáneos hacen tantas cosas que provienen de la carne.
Algunos críticos del recobro del Señor han dicho que estamos bajo el control de alguien. No obstante, es evidente que nada ni nadie nos controla. Yo no controlo a los demás, y los demás no me controlan. Además, los ancianos no controlan a los santos. Sin embargo, todos estamos bajo el control del Espíritu viviente con la cruz que opera. Esto mata a la carne. Puedo testificar que el Espíritu con (contra???) la carne me impiden argumentar con mi esposa. A veces he estado a punto de decir una palabra negativa, pero el Espíritu viviente con la cruz que opera viene y somete mi carne. Por experimentar el aniquilamiento de la carne, mi esposa y yo tenemos una vida matrimonial tranquila.
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III. EL RETRATO DEL REINO

A. El Israel de Dios
ha derrotado a Su enemigo

Ahora estudiaremos el cuadro del reino presentado en Exodo 18. Como lo hemos indicado, el reino viene después de que el enemigo de Dios, Amalec, que tipifica la carne, ha sido vencido (17:13-16). El Nuevo Testamento revela que el reino viene cuando el pueblo escogido de Dios ha vencido a su enemigo. Antes de que el reino sea presentado en Exodo 18, el enemigo de Dios dentro de nosotros, tipificado por Amalec, es vencido en el capítulo diecisiete.

B. Los gentiles vienen
a alabar y a adorar a Dios

La Biblia indica también que cuando el reino viene como resultado de las derrotas del enemigo de Dios, los gentiles que buscan a Dios vendrán a adorarle. Estos gentiles son representados por Jetro (18:1, 5, 10-12). Jetro, el suegro de Moisés, era un sacerdote de Madiam. Según Jueces 6:3, los madianitas estaban cerca de los amalecitas. Los madianitas y los amalecitas estaban bastante mezclados. Después de la derrota de los amalecitas, algunos madianitas vinieron al pueblo de Dios de una manera muy piadosa. Jetro era un sacerdote no de ídolos, sino del Dios verdadero. El adoraba a Dios, lo alababa y le ofrecía sacrificios. Por tanto, Jetro representa a los gentiles que se vuelven a Dios y que le buscan en el reino.

C. La iglesia participa en el reino

Cuando el reino viene, la iglesia participa en éste. De hecho, la iglesia será la autoridad que gobierna en el reino. En el capítulo dieciocho, la iglesia es representada por Séfora, la esposa que Moisés se buscó durante el rechazo de Israel hacia él (2:13-22). Muchos estudiantes bíblicos se dan cuenta de que Séfora tipifica la iglesia gentil que Cristo ganó cuando El fue rechazado por los hijos de Israel. Aun hoy en día, Cristo es rechazado por los judíos. Durante este tiempo de rechazo, Cristo gana a la iglesia gentil, tomada del mundo gentil, así como Moisés ganó una esposa gentil.
Hasta ahora en el capítulo dieciocho, vemos tres puntos principales: la derrota del enemigo, la venida de los gentiles para adorar a Dios y la iglesia representada por Séfora. Al juntar estos puntos, tenemos un cuadro del reino. Algunos no están de acuerdo con el hecho de que pretendamos que el reino está descrito en el capítulo dieciocho. No obstante, no vamos demasiado lejos cuando declaramos esto. Si Pablo no nos hubiera dicho que la Pascua describía a Cristo, ¿quién habría tenido el valor de decirlo? El apóstol Pablo tomó la delantera al alegorizar el libro de Exodo cuando El nos dijo que Cristo es nuestra Pascua. Además, el maná y la peña golpeada tipifican también a Cristo, y el agua que sale de la roca tipifica al Espíritu. También hemos señalado que en el capítulo diecisiete, Amalec representa la carne, Moisés representa al Cristo ascendido que intercede por nosotros, y Josué tipifica al Cristo que mora dentro de nosotros y combate por nosotros. Con todo este trasfondo, podemos decir que Jetro y Séfora en el capítulo dieciocho tienen también un significado típico. ¿Acaso únicamente Jetro y Séfora son personajes históricos? Ciertamente no. Pretender eso equivaldría a no entender que Exodo es un libro de cuadros. Así como Faraón representa a Satanás y Egipto representa al mundo, Jetro representa a los gentiles, y Séfora, a la iglesia gentil. Según el principio que afirma que todo lo que contiene Exodo es figurativo, los asuntos del capítulo dieciocho no deben ser considerados como excepciones. Sabemos que el capítulo dieciocho describe el reino porque aquí vemos que después de que Dios había vencido a su enemigo, los gentiles piadosos se volvieron al pueblo de Dios para adorarle, alabarlo y presentarle sacrificios. También vemos que la iglesia gentil prevalece. Cuando estas tres cosas están juntas, allí está el reino de Dios.
Podemos aplicar el cuadro de Exodo 18 a nuestra situación como cristianos hoy en día. Sabemos por experiencia que cuando nuestra carne es vencida, los incrédulos volverán a nosotros. Es bueno que todas las iglesias prediquen activamente el evangelio. No obstante, si vivimos en la carne y no vencemos a Amalec, podemos laborar mucho en la predicación del evangelio, pero pocos incrédulos volverán a Dios. Si primeramente vencemos y sometemos a nuestra carne y luego seguimos y contactamos a la gente y le predicamos el Evangelio, Jetro vendrá a nosotros. Esto significa que los incrédulos cambiarán de esta manera. Cuando predicamos el evangelio por el Espíritu viviente por medio de la cruz que opera, del aniquilamiento de la carne, el pueblo vendrá a nosotros dondequiera que vayamos. Además prevalecerá la iglesia, representada por Séfora. Por tanto, la predicación adecuada del evangelio debe ser el reino. En las palabras de Mateo 24:14, el evangelio del reino debe ser predicado a todos los habitantes de la tierra.
El evangelio debe ser el reino. Aunque prediquemos el evangelio, si vivimos en la carne pocos serán atraidos a Dios por medio de nosotros. Debemos ser personas que vencen a Amalec. Luego Jetro, representando a los gentiles, vendrá a Dios por medio de nosotros y la iglesia prevalecerá.

D. La autoridad y orden del reino

En 18:13-27, vemos un cuadro de la autoridad y orden del reino. Cristo, representado por Moisés, es la Cabeza, la autoridad, y bajo ésta autoridad está el orden.
Algunos maestros bíblicos dicen que la propuesta de Jetro a Moisés era conforme a la manera humana de organización. El hermano Scofield afirma que esta manera de organización fue rechazada por Dios en Números 11:11-17, 24-30. No obstante, si estudiamos detenidamente Exodo 18, Deuteronomio 1, y Números 11, veremos que estas porciones de la Palabra giran alrededor de dos eventos distintos y que el último no anula al anterior. Por el contrario, lo fortalece. Mientras Números 11 habla de setenta ancianos, no se mencionan los ancianos en Exodo 19 ni en Deuteronomio 1. Más bien, en estos capítulos, vemos capitanes. Puesto que los hijos de Israel deben haber sido por lo menos dos millones de personas, los capitanes de millares, centenares, cincuenta y decenas deben de haber sido miles de personas. Estos capitanes deben ser distintos de los setenta ancianos.
Si comparamos Exodo 18 y Deuteronomio 1 con Números 11, veremos que Números 11 cubre un tema distinto que el que cubren Exodo 18 y Deuteronomio 1. En estos dos capítulos, vemos el cansancio del pueblo, la carga que tenía, y las contiendas. Pero Números 11 describe la rebelión del pueblo contra Dios. Debido a esta rebelión, Moisés se quejó al Señor: “No puedo yo solo soportar a todo este pueblo, que me es pesado en demasía” (Nm. 11:14). Entonces el Señor dijo a Moisés que reuniera a setenta hombres entre los ancianos de Israel (v. 16). En Números 11, la rebelión es muy distinta del cansancio, de las cargas y de las contiendas mencionadas en Exodo 18 y Deuteronomio 1. El propósito del relato de Exodo 18 y Deuteronomio 1 consiste en mantener un buen orden entre el pueblo de Dios en su reino, mientras que en Números 11 es cuidar la relación entre el pueblo de Dios y El mismo. Puede ser que a diario presentaban centenares de problemas a Moisés. Esta fue la razón por la cual Jetro propuso que Moisés designara capitanes de miles, centenares, cincuenta, y decenas para ayudarle. Los problemas mencionados en Exodo 18 y Deuteronomio 1 eran relativamente menores. Pero Números 11 abarca el asunto grave de nuestra relación adecuada con Dios. Esta fue la razón por la cual el Espíritu de Dios vino encima de los setenta ancianos que llegaron a ser profetas. Estos setenta no remplazaron los capitanes de millares, centenares, cincuenta, y decenas.
Al señalar este asunto, mi propósito es ayudarnos a ver que la propuesta de Jetro era muy positiva. Describe el orden bajo la autoridad divina en el reino de Dios. Nos ayuda a ver que en el reino de Dios no hay desorden. Por el contrario, bajo la autoridad de Cristo como Cabeza, representada por Moisés, todo está en orden. Bajo la autoridad de Cristo como Cabeza todo y todos están en orden.
Si en una iglesia local, todos esos asuntos, importantes y pequeños, se presentan a los ancianos, esa iglesia es débil. No es el reino de Dios en una manera práctica. Si una iglesia local es verdaderamente el reino de Dios, no sólo habrá ancianos, sino también capitanes. Hemos visto en el cuadro de Exodo 18, que Séfora representa a la iglesia. Entonces ¿qué representan los capitanes? Representan un buen orden. Así como Moisés no necesitaba tratar todas las cosas, tampoco en la actualidad se necesita presentar todas las cosas a los ancianos en la iglesia. Por el contrario, debería haber capitanes en la vida de iglesia que, bajo la autoridad de Cristo como Cabeza, solucionen los problemas y mantengan el orden.
Supongamos que dos hermanos tienen un problema entre sí. Si se necesita llamar a los ancianos, el reino de Dios no está presente en la iglesia de una manera práctica. Se carece claramente de vida y de autoridad. Aun cuando los hermanos y hermanas sean pocos, debe haber un capitán, alguien que les recuerde a los demás el Espíritu y la cruz. Si un capitán hace esto, el problema entre los hermanos se solucionará, y el orden se mantendrá. La presencia de los capitanes en la vida de la iglesia es una señal del reino. Es una indicación de que tenemos a Cristo representado por Moisés, como nuestra Cabeza y que todos estamos bajo esta autoridad.
En este mensaje, hemos señalado repetidas veces que Exodo 18 presenta un cuadro del reino. En este capítulo vemos cuatro aspectos de este cuadro: la derrota de Amalec, la carne, por parte del pueblo de Dios; la venida de gentiles piadosos en busca de Dios; la iglesia gentil prevaleciente; y el mantenimiento de un orden adecuado. Cuando juntamos estos cuatro asuntos, tenemos el reino de Dios como resultado del disfrute de la salvación y de la provisión de Dios.
En los primeros diecisiete capítulos de Exodo, el pueblo escogido de Dios disfrutó de Su salvación y de Su suministro. Ahora en el capítulo dieciocho, vemos el resultado de este disfrute: el reino como la esfera, el ambiente, donde el pueblo de Dios puede recibir la visión del modelo de la morada de Dios y construir el tabernáculo según este modelo. Puesto que el reino es necesario para edificar la morada de Dios, Moisés, bajo inspiración divina, insertó un acontecimiento de Deuteronomio 1 entre los capítulos diecisiete y diecinueve de Exodo a fin de completar el cuadro de la salvación completa de Dios. Según nuestra experiencia, podemos testificar que después de disfrutar de la salvación y del suministro de Dios, somos introducidos en Su reino, donde todo está en orden. ¡Cuánto alabamos al Señor por esto! La presencia del reino nos permite construir el tabernáculo como morada de Dios.

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