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sábado, 15 de septiembre de 2012

EL FUEGO NOS TRANSFORMA EN AQUELLO QUE LA PALABRA NOS HA REVELADO ("En busca de Papá", Charles Elliott Newbold, Jr.)

Esta prueba personal en mi vida era Su examen para mostrar que Él me había convertido en la materia de la que yo había estado escribiendo.
La palabra derramada sobre estas páginas tenía que ser probada en mí.


Capítulo 19 – Un hombre probado en el fuego


Dios prueba Su palabra

Dios usa Su fuego purificador para probar a nosotros Su palabra que cambia las vidas y que
llena de gracia.
El fuego purificador de Dios nos hace sentir como si nosotros fuéramos los que están
expuestos al fuego. En realidad, Dios está probándose a Sí mismo. Está probando Su palabra y Su gracia—no para ver si, sino para mostrar que. No es un examen para ver si vamos a aprobar, porque no tiene nada que ver con nosotros. Tiene que ver con Dios que envía Su palabra, nos cambia por Su palabra, y nos da gracia para vivir conforme a Su palabra. Él quiere que sepamos que Su palabra funciona, que un cambio ha tenido lugar. (que la palabra que nos ha sido revelada es real y que se cumple, que está obrando, o que obró, quemándonos para convertirnos en aquella palabra que se nos fue revelada).
Isaías 55:11 dice: “así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que
hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié.”
Dios es Su palabra, Él obra Su palabra y nosotros somos el fruto de Su palabra. Por eso, en
medio de una prueba, nos puede ayudar recordar que el fuego no tiene que ver con nosotros, sino con Dios. Es sobre Su palabra y Sus propósitos cumpliéndose en toda la eternidad. Sugerir que el fuego tiene que ver con nosotros da de lleno en la arrogancia.
Normalmente Dios nos va a dejar saber lo que se supone que ha de conseguir Su fuego para que podamos cooperar con Él. La terquedad y la rebelión por nuestra parte nos hacen un daño innecesario.
2ª Sam. 22:31 dice: “En cuanto a Dios, perfecto es su camino, Y acrisolada la palabra de
Jehová. Escudo es a todos los que en él esperan”. Y Salmos 12:6 dice: “Las palabras del
SEÑOR son palabras puras, plata probada en un crisol en la tierra, siete veces refinada.” Dios envía Su palabra y hace la obra que tenía que hacer, y después enciende Su palabra en
nosotros para probar su integridad.
Ha pasado un año y medio mientras escribía este libro. Muchas de las revelaciones han venido como resultado del fuego de Dios en mi vida. ¡Pero esto! Esta prueba personal en mi vida era Su examen para mostrar que Él me había convertido en la materia de la que yo había estado escribiendo. Muchas preguntas tenían que encontrar respuesta. ¿Podría hacer yo lo que era correcto? ¿Mostrar amor, compasión y misericordia? ¿Mostrar preocupación por los demás? ¿Sería yo capaz de poner los intereses de los miembros de mi familia antes que los míos propios? ¿Guardaría mi territorio de los ataques del enemigo? ¿Sería yo una cobertura para mi familia tanto si lo quisieran como si no? ¿Tengo yo ahora el poder del papá ? La palabra derramada sobre estas páginas tenía que ser probada en mí.

Los propósitos del fuego purificador de Dios

El Salmo 97:3 declara: “Fuego irá delante de él, Y abrasará a sus enemigos alrededor.” Los
enemigos de Dios son cosas semejantes al “adulterio, fornicación, impureza, idolatría,
hechicería, odios, contiendas, ira, herejías, envidias, asesinatos, borracheras.” (Gál 5:1921).
En medio de este fuego, fui confrontado con una paradoja. Por un lado, parecía el intento del enemigo desacreditarme y por medio de ello, desacreditar también el contenido de este libro; aún más, sería un abono en el libro mayor de Satanás si él pudiera tener éxito en echar mi matrimonio a la basura. Por otro lado, este asunto era algo de Dios. Lo que Satanás habría usado para mal, Dios lo transformó para bien. “Sabemos que todas las cosas ayudan a bien a los que aman a Dios, a los que son llamados conforme a Su propósito.” (Rom. 8:28). Dios quería hacer una obra más profunda en mí y sanar la herida entre los miembros de la familia. Ciertamente quería desarmar al enemigo en este tiempo crucial de mi vida.
Este fuego en mi vida podía ser cualquier cosa menos algo agradable. Cada uno de los
involucrados sufrimos nuestras propias pérdidas. Sentimos todos los sentimientos posibles excepto cualquier cosa buena. El dolor fue profundo. Las iras burbujearon. La depresión veló nuestras perspectivas. Con frecuencia no sabíamos lo que eran nuestros pensamientos y sentimientos. No sabíamos lo que debíamos pensar o sentir. Lo único que yo podía hacer al principio era pasearme por los pasillos de mi mente atontada y clamar a Dios: “No sé que hacer. No sé quien soy”.
Después Dios envió una palabra sanadora para mí diciendo, “Eres quien tu Padre dice que
eres”.
“Eso es cierto”, pensé yo mismo. “Soy quién mi Padre dice que soy”. Él ya había confirmado que yo también era Su hijo amado en quién Él tenía contentamiento. La prueba ahora solidificó esa realidad en mí. Me afirmé sobre la palabra que me había dado. Él es mi fundamento. Cualquier otro cimiento es arena movediza. Este fuego fue un momento definitivo para mí. Ya no importaba nada lo que nadie pensara de mí. Mi Padre había hablado.
“Porque tú nos has probado, oh Dios; nos has refinado como se refina la plata.” (Salmos
66:10).

Certezas en la palabra de Dios

Podemos esperar que Dios ponga Su fuego purificador bajo las teteras de nuestras vidas
cuando Él comience a obrar el poder del papá en nosotros. Pero tomemos fuerzas. En medio del fuego, tenemos estas certezas:
Ahora, así dice Jehová, Creador tuyo, oh Jacob, y Formador tuyo, oh Israel: No temas, porque yo te redimí; te puse nombre, mío eres tú. 

Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán. Cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti. 

Porque yo Jehová, Dios tuyo, el Santo de Israel, soy tu Salvador; todos los llamados de mi nombre; para gloria mía los he creado, los formé y los hice. Yo, yo Jehová, y fuera de mí no hay quien salve. Aun antes que hubiera día, yo era; y no hay quien de mi mano libre. Lo que hago yo, ¿quién lo estorbará?

No os acordéis de las cosas pasadas, ni traigáis a memoria las cosas antiguas. He aquí que yo hago cosa nueva; pronto saldrá a luz; ¿no la conoceréis? Otra vez abriré camino en el desierto, y ríos en la soledad. Este pueblo he creado para mí; mis alabanzas publicará. Yo, yo soy el que borro tus rebeliones por amor de mí mismo, y no me acordaré de tus pecados. (Is.43:13,7,11,13,1819,21,25).

Los fuegos se encienden y se apagan. Nunca dejan las cosas como eran antes. En cuanto a
mí, después de este fuego, estoy conforme en quien soy según a Mi Padre, determinado a
ser lo que Él me ha hecho ser, centrado en lo que Él me ha llamado a hacer, fortalecido para vivir una vida separada y consagrado a mi matrimonio y familia como nunca antes.
Para algunos, el perdón es muy difícil. Los recuerdos nunca mueren. Sin embargo, Dios está fortaleciendo nuestro matrimonio y haciéndolo más semejante a Cristo que nunca antes y yo estoy seguro de esto, que "El que comenzó la buena obra en [nosotros] la perfeccionará hasta el día de Jesucristo” (Fil. 1:6).
El Padre-Dios quiere hacernos hombres de valor—hombres que vayan con Él, que hagan lo que Él diga que hay que hacer, que digan lo que Él diga que hay que decir, y que sean quienes Él nos ha hecho ser, no importa la adversidad.
Estoy convencido de que Malaquías 4:56, que profetiza que Dios volverá el corazón de los padres a los hijos y el corazón de los hijos a los padres, es una profecía de los últimos tiempos que está siendo cumplida en el presente por la venida del papá. El Padre-Dios está restaurando a la familia tal y como Él quiso a la familia, para que Él pueda cumplir Su propósito eterno en tener una familia para Él mismo.
Aférrate a esta promesa. 

PURIFICADOS POR FUEGO, hasta que el rostro del Señor se refleja en nosotros: http://txemarmesto.blogspot.com.es/2012/03/purificados-por-fuego-hasta-que-el.html

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