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martes, 11 de septiembre de 2012

LOS NICOLAÍTAS DE HOY SON LOS FARISEOS DE AYER (Charles E. Newbold Jr. – El Sistema de la Iglesia Ramera)


...¿Entonces, quiénes fueron los Nicolaítas? Fueron líderes dentro la comunidad cristiana, que eran falsos profetas “de la misma manera” como lo fue “Balaam” Eran ministros en medio de la asamblea de los-llamados-fuera, que eran motivados por la avaricia y el auto-engrandecimiento:la necesidad de crecer en poder, posición, riquezas y dominio. Se las arreglaron para exaltarse a sí mismos en posiciones de liderazgo por encima de los “comunes” llamados-fuera....


Capítulo 9 – Los Nicolaítas

¿Nicolaítas? ¿Quiénes fueron los Nicolaítas? Sólo son mencionados dos veces en la Escritura y ambas veces, en contienda. La primera mención de ambas aparece en Apocalipsis 2:6.  Jesús glorificado dijo al viejo apóstol Juan que escribiera al ángel (mensajero) de los llamados fuera de Éfeso. En esta carta, Jesús alabó a los efesios por sus obras, su trabajo, su paciencia, y por el hecho de no poder soportar a los malos. Además, habían probado a los que se decían ser apóstoles pero no lo eran, y los habían hallado mentirosos. Sin embargo, el Señor les amonestó severamente por haber dejado el primer amor. Quizá tenían todas las doctrinas correctas y estaban haciendo las buenas obras de un cristiano, pero estaban mostrando mas afecto por las cosas del evangelio que por la persona de la que habla el evangelio. Lo que fuera que estaban haciendo los efesios que les había causado abandonar el primer amor, era lo suficientemente severo para que el Señor les llamara al arrepentimiento. Si no se arrepentían, El quitaría su candelero de ellos. Quitaría el poder, presencia y la luz de su Santo Espíritu. Después el Señor les alabó diciendo, “Pero tienes esto, que aborreces las obras de los Nicolaítas, las cuales Yo también aborrezco”.

La única otra referencia a los Nicolaítas está en Apocalipsis 2:15. Los llamados-fuera de Pérgamo estaban entre los que sostenían la doctrina (enseñanza) de los Nicolaítas. Respecto de ellos, Jesús dijo, “Tienes a los que retienen la doctrina de los Nicolaítas, la que Yo aborrezco.” El aborrecía lo que ellos enseñaban.

Por estas dos referencias, sabemos que el Señor odiaba sus “obras” y sus “doctrinas” (enseñanzas). Parece que solo nos queda especular sobre quienes eran, cuales eran sus obras y que enseñaban. Pero no es así. La evidencia de lo que hacían y enseñaban se revela en la Escritura. Sabemos quienes eran por lo que hacían y enseñaban. A través de esto, sabemos quienes son en las iglesias hoy.

EL NOMBRE DE LOS NICOLAÍTAS

La primera pista en cuanto a quienes eran podemos encontrarla en como se llamaban—Nicolaítas. La palabra Nicolaíta procede de dos palabras griegas: nike y laios. Nike significa “conquistar”, “someter”, “vencer”, y laos se refiere a un cuerpo de personas, personas comunes. Nikos es el equivalente a nike y ha sido traducido como “victoria”. Cuando ambos se combinan, estos dos términos se traducen como “conquistador” (o el que somete) de la gente común.

Estos conquistadores de personas estaban entre la asamblea de los llamados-fuera en Éfeso y Pérgamo. Obviamente tenían una influencia grande entre los santos.

(Algunos expertos dicen que eran seguidores de Nicolás, uno de los diáconos en Hechos 6:5. Especulan que Nicolás cayó en error y apartó a algunos creyentes de la fe. Esto es imposible de documentar.)

Su nombre representa quienes fueron los Nicolaítas y lo que enseñaban. Eran los que se colocaban a si mismos por encima de la gente “común”, como teniendo alguna autoridad sobre ellos y enseñándoles que ésta era la forma en que se suponía que tenían que ser la cosas.  Creo que este fue el comienzo del sistema del clero que se hizo vigente en el sistema de la iglesia histórico-institucional.

El clero se refiere a personas que son ordenadas para el servicio religioso tales como ministros, sacerdotes y rabinos. La palabra clerical se usa a veces en relación hacia la persona del clérigo. El Clericalismo es la “influencia política o el poder del clero, o una política o principios que favorecen esto: generalmente un término despectivo” {16}. El sistema del clero en las iglesias aboga por la elevación de los ministros “profesionales” por encima de los creyentes comunes.



ASOCIADOS CON BALAAM

La segunda pista en cuanto quienes fueron los Nicolaítas la encontramos en la asociación de su nombre con Balaam. En Apocalipsis 2:15,  la traducción inglesa King James dice: “Y así tenéis también a los que retienen la doctrina de los Nicolaítas.” La Palabra “también” procede de la palabra griega kai, que puede ser traducida por “y”, “también”, o “Incluso”, dependiendo del contexto en el que sea usado. El texto griego tiene en adición a kai, la palabra omoios, que significa, “de igual manera”. Algunas de las traducción no usaron omoios y perdieron un aspecto importante de interpretación. La New American Standard lo mantuvo y lo tradujo así: “De la misma manera”. “Así, también tenéis entre vosotros de la misma manera a los que retienen las enseñanzas de los Nicolaítas”.

Preguntamos, “de la misma manera”, ¿De la misma manera que quién? La respuesta a esa pregunta la encontramos en los versículos anteriores. En Apocalipsis 2:14-15, el Señor dijo “Pero tengo unas pocas cosas contra ti; que tienes ahí a los que retienen la doctrina de Balaam, que enseñaba a Balac a poner tropiezo ante los hijos de Israel, a comer cosas sacrificadas a los ídolos, y a cometer fornicación. Y también tienes ahí a los que retienen la doctrina de los Nicolaítas, la que yo aborrezco.” Por tanto, sugiero que esta referencia a Balaam es el antecedente de la frase “De la misma manera”. “La doctrina de Balaam”  (v.14) y “la doctrina de los Nicolaítas” (v.15) se refieren a la misma cosa o cosas.

Por tanto, si “la doctrina de Balaam” es a lo que se refiere la frase “de la misma manera”, entonces es necesario investigar más sobre Balaam para poder saber más sobre los Nicolaítas.

DÍ, HAZ Y SÉ

Sin embargo, primero que nada, consideremos las tres virtudes de los verdaderos ministros de Dios: dirán lo que Dios diga, harán lo que Dios hagan, y serán lo que Dios quiere que sean. No pueden hacer ninguna otra cosa. Son diferentes de Balaam en el Antiguo Testamento, tal y como menciona Números 22-24. Balaam no podía ser lo que no era.

Balac era Rey de los Moabitas en el tiempo en que los Israelitas tenían levantadas sus tiendas en la tierra de Moab. Balac tenía temor de lo que los Israelitas pudieran hacer a su pueblo porque había visto que habían golpeado a los Amonitas, y que habían tomado sus ciudades. Así, envió mensajeros para contratar a Balaam con el fin de que viniera y pronunciara una maldición contra estos Israelitas que habían salido de Egipto. Balaam no era un profeta Israelita.

Balaam fue engañado por el precio que le ofrecieron, pero advirtió a Balac que estaba sujeto a decir las palabras que Dios pusiera en su boca. Balaam hizo eso exactamente. Pronunció cuatro profecías favoreciendo a Israel y una en oposición a Balac. ¿Por qué entonces, fue Balaam mencionado con tanto desprecio tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento?

Recuerda, se necesitan tres virtudes para ser un verdadero ministro de Dios: decir lo que Dios dice que digamos, hacer lo que Dios dice que hagamos y ser lo que Dios quiere que seamos.

Balaam se quedó terriblemente corto en cuanto a la tercera virtud de ser. Por medio de esto, podemos saber.


EL ASUNTO EN PEOR

Más adelante, en Números 31, leemos cuando Dios dijo a Moisés que se vengara de los Madianitas por los Hijos de Israel. Había enviado a sus capitanes y guerreros de cada tribu y los sacerdotes con los vasos santos y las trompetas de alarma. Mataron a cada varón de Madián y a sus reyes.  Quemaron las ciudades y tomaron del botín, pero capturaron a las mujeres y las trajeron con ellos.

Moisés y los demás salieron a recibir al ejército que regresaba, y vieron lo que habían hecho. Moisés se enfadó con los oficiales y les preguntó porque habían salvado a las mujeres. Parecía que era una cosa muy noble de hacer, ¿verdad? Moisés explicó su ira en el versículo 16: “He aquí, por consejo de Balaam ellas fueron causa de que los hijos de Israel prevaricasen contra Jehová en lo tocante a Baal-Peor, por lo que hubo mortandad en la congregación de Jehová.”

¿Qué es lo que pasó en Peor y qué tuvo Balaam que ver con ello? ¡Aparentemente todo! Vemos en Números 25 que Israel fornicó con las hijas de Moab: ”Invitaron al pueblo a los sacrificios de sus dioses: y el pueblo comió y se inclinó ante sus dioses. E Israel se unió a Baal-peor y la ira de Jehová se encendió contra Israel”. Números 25:2-3. Recuerda, Dios dejó muy claro que los israelitas no debían mezclarse con el pueblo de la tierra. Deut. 7:1-6.

No se hace ninguna referencia a Balaam en Números 25, pero Números 31:6 nos informa que este “pecado” en Peor fue causado por el consejo de Balaam. En Números 22-24 leemos como Balac ofreció dinero y prestigio a Balaam para que pronunciara una maldición contra los israelitas. Balaam no iba a perder una oportunidad como esa para obtener fortuna y preeminencia.

Balaam debía conocer la prohibición que Dios había establecido, tal y como aparece en Deuteronomio 7 y la usó para derrotar a los israelitas. “Enseñó a Balac a poner piedra de tropiezo a los hijos de Israel, a comer cosas sacrificadas a los ídolos, y a cometer fornicación:” Apocalipsis 2:13. Con otras palabras, Balaam aconsejó a Balac a engañar a los hijos e hijas de Israel a mezclarse con los hijos e hijas de Moab. De esta forma, Balaam no tenía que pronunciar la maldición, sino que se aseguró de que Israel cayera por sí misma bajo maldición. Eso es exactamente lo que hizo Israel. Cometieron fornicación y trajeron la maldición de una plaga sobre ellos mismos que mató a veinticuatro mil de los suyos. Números 25:9.

Balaam cobró su dinero de sangre y se preparó para vivir lujosamente entre los reyes de Madián. Sin embargo, su vida no duró mucho después de ese episodio. Números 31:8 nos dice que murió a espada cuando Israel se vengó de los Madianitas. Era un falso profeta. Estaba sujeto a decir lo que Dios quería que dijera. Incluso fue obligado  por su asno a hacer lo que Dios quería, pero no estaba en él ser quien Dios quería que fuera (su carácter no era lo que debía ser para un profeta). Era avaricioso y buscó para si mismo poder, posición, riquezas y dominio. Se puso a sí mismo por encima de los asuntos de Dios y de su pueblo. Nosotros somos muy parecidos a Balaam cuando pedimos a Dios que bendiga nuestra carne en lugar de negarla para obedecer a Dios.

EL NOMBRE Y LA REPUTACIÓN  DE BALAAM

Otra conexión entre Balaam y los Nicolaítas está grabada en su nombre. El nombre de Balaam es la combinación de dos palabras del hebreo, beli, y haam. Beli significa “conquistador” y  haam significa “el pueblo”. Si las unes, obtenemos “conquistador de pueblos”. Por tanto, el nombre de Balaam se traduce igual que “Nicolaíta”. ¿No es esta una evidencia suficientemente fuerte de que la referencia a Balaam es el antecedente de la frase “de la misma manera”?

Balaam también aparece mencionado en 2ª Pedro 2:15 en el contexto de los falsos maestros. Los falsos maestros eran los que “han dejado el camino recto, y se han extraviado siguiendo el camino de Balaam, hijo de Peor, el cual amó el premio de la maldad.”

También es mencionado con desprecio en Judas versículo 11: ”¡Ay de ellos!”, escribe Judas, “porque han seguido el camino de Caín, y se lanzaron por lucro en el error de Balaam.”

Estos tres testigos del Nuevo Testamento testifican contra Balaam de forma muy severa, sin exagerar nada. Cada uno de ellos habla de avaricia. Los Nicolaítas hacen que el pueblo de Dios cometa fornicación espiritual al unirlos a sus idolátricos sistemas de iglesia.

AUTO-ENGRANDECIMIENTO

Habiendo mirado a la persona de Balaam y quien era este hombre, regresamos a la pregunta original: ¿Entonces, quiénes fueron los Nicolaítas? Fueron líderes dentro la comunidad cristiana, que eran falsos profetas “de la misma manera” como lo fue “Balaam” Eran ministros en medio de la asamblea de los-llamados-fuera, que eran motivados por la avaricia y el auto-engrandecimiento:la necesidad de crecer en poder, posición, riquezas y dominio. Se las arreglaron para exaltarse a sí mismos en posiciones de liderazgo por encima de los “comunes” llamados-fuera.

El Nuevo Testamento menciona a Diótrefes, que poseía el espíritu Nicolaíta. El fin del primer siglo después de Cristo se acercaba, y el anciano apóstol Juan escribió su tercera epístola. Escribió al amado Gallo y mencionó su dolor por causa de alguien llamado Diótrefes. Por la carta, parece que Diótrefes se había colocado en un lugar poco común de autoridad en medio de la asamblea de los llamados-fuera. Amaba tener preeminencia entre ellos. 3ª Juan 1:9. No solo rehusó dar la bienvenida al apóstol Juan y a los otros hermanos, sino que quitó de la asamblea a los que se atrevieron a darles la bienvenida. 3ª Juan 1:10-11.

El deseo de preeminencia es característico del espíritu Nicolaíta. Los Nicolaítas son aquellos que buscan levantarse por encima del así llamado laicado. Digo “así llamado” porque no se hacen distinciones tales en el Nuevo Testamento entre el clero profesional y el laicado. Tales distinciones son un insulto a la doctrina del sacerdocio de todos los creyentes. El ejercicio clerical de tal autoridad sobre los llamados-fuera surgió por toda la cristiandad poco después del fin del primer siglo. Esta referencia a Diótrefes en 3ª de Juan es una clara evidencia de que ya había enraizado. Los Nicolaítas son como cabras, les gustan los lugares altos.

EL NICOLAÍTA EN MÍ

Yo crecí en el cristianismo institucional. El espíritu Nicolaíta (clero) se programó en mí desde mi niñez, por parte de todos aquellos que ya lo tenían programado en sí.  Es generacional. Era lo único que yo había visto o conocido. No había forma de saber que el ministerio pudiera ser algo diferente de lo que mi experiencia y educación me había enseñado. Así, continué el curso normal del ministerio que se esperaba de mí.

Yo respondí al llamado al ministerio cuando tenía unos doce años de edad, inscribiéndome en la escuela denominacional, donde sería entrenado para el ministerio, inmediatamente después de dejar el instituto.  Años después acabé un Master en Divinidad en este seminario.

Había tomado el curso normal de las clases de Biblia y religión que entrenaban para perpetuar el sistema en el que me encontraba. Había sido entrenado por el sistema del clero para ser uno de ellos. Fui contratado por los ancianos de la iglesia local para ser su pastor. Era el administrador general y para todo lo práctico, era el profesional contratado para llevar el trabajo de la iglesia.

Después de doce años detrás del púlpito, me aparté de Dios y dejé el ministerio. Después de mi conversión, años más tarde, Dios me inmovilizó en lo que yo llamo mi experiencia del desierto. Duró muchos años. Dios me puso en la escuela de su Espíritu Santo. Era un tiempo de aprendizaje de la palabra de Dios para mí mismo, de recibir revelaciones, y de ser purgado de muchas manchas y arrugas.

Un día concreto en mi viaje por el desierto, estaba orando con el Señor cuando vi en mi mente una imagen de miniatura de un hombre que se encontraba en lo alto de un acantilado con los brazos cruzados, el pecho erguido, la cabeza hacia atrás, lleno de arrogancia y orgullo. Después de mirar otra vez, dije, “¡Señor, se parece a mí!”

Sabía que estaba viendo un “espíritu” de preeminencia. Sabía que ahí estaba el espíritu Nicolaíta que se había implantado en mí desde mi temprana niñez. Este es ese espíritu de auto-engrandecimiento del clero.  En cuanto lo vi, renuncié a ello y pedí al Señor que lo quitara de mí. Esto ha tardado varios años en suceder.

EL LEVANTAMIENTO DE LOS OBISPOS

El espíritu Nicolaíta es engañoso y mortífero. Esta profundamente atrincherado en la mayoría de los hombres y mujeres que han sido entrenados y nutridos para ministrar en el sistema de la iglesia. Las personalidades Nicolaítas han gobernado en las iglesias desde el primer siglo DC.

A pesar de estas excepciones como Diótrefes, la simplicidad parecía caracterizar la vida de los así los-llamados-fuera que conocemos en el Nuevo Testamento, hasta después de la muerte de Juan. Poco se sabe sobre las actividades de los-llamados-fuera durante los pocos años entre la muerte de Juan y el cambio de siglo.

Cuando las páginas de la historia de la iglesia comenzaron a pasar  en el comienzo del siglo segundo, algo interesante había ocurrido. Algunos llevaban el título de obispo, como Policarpo de Esmirna, Clemente de Roma, Ignacio de Antioquia, Polybo de Troya, y Onésimo de Éfeso. Estos fueron hombres piadosos, defensores de la fe, algunos de los cuales se convirtieron en mártires por Jesús, pero fueron de cualquier modo, atrapados bajo el poder y posición del obispado.

Justo González apunta en su Historia del Cristianismo, que Jacobo, el hermano de Jesús, recibió erróneamente el título de obispo de Jerusalén por parte de los líderes de la iglesia, años mas tarde. {17González explica que “el énfasis en la autoridad de los obispos y en la sucesión apostólica, fue parte de la respuesta de la iglesia ante el desafío de herejías a finales del Siglo II y principios del Siglo III. Al convertirse la iglesia en principalmente gentil, el peligro de estas herejías era mayor, y en consecuencia, llevó a un énfasis mayor en la autoridad episcopal (obispado)”. {18}

A finales del S.III y comienzos del S.IV, con el movimiento monástico, los obispos vivían en grandes ciudades y disfrutaban de gran poder y prestigio. Además, el obispado se había convertido en un oficio que cumplir más que en un llamamiento de Dios a un hombre. Cuentan la historia de un hombre llamado Martín, nacido en el 335 DC, que vivió la vida monástica y fue elegido para el oficio de obispo de Tours por demanda popular. González escribió: “Cuando el obispado de Tours quedó vacante, el populacho quería elegir a Martín para esa posición. La historia cuenta que algunos de los obispos presentes en la elección se opusieron de tal forma a esa idea, argumentando que Martín era insólitamente sucio, vestido con trapos, y desaliñado,  y que su elección dañaría el prestigio del oficio del obispo”. {19} Esta historia nos cuenta que el obispado de Tours se había convertido en una posición u oficio para el que los hombres podían ser elegidos. Lo que una vez fue el llamado de Dios sobre hombres en particular, se había convertido en una institución de hombres.

Muchas iglesias de la tradición Presbiteriana han escogido a hombres, mujeres y jóvenes como ancianos para cumplir ciertas posiciones durante períodos listados. ¿Dónde está esto en la Biblia?

De acuerdo con los antecedentes del Nuevo Testamento, los ancianos eran nombrados en cada ciudad y existían en pluralidad. Nadie recibía esa responsabilidad solo. Los ancianos no eran llamados obispos ni pastores. Eran ancianos que pastoreaban el rebaño de Dios en medio del cual el Espíritu Santo los había hecho supervisores (que es la palabra griega episcopous, también traducida “obispo”).Hechos 20:20. Los términos anciano, pastor y supervisor se refieren a la misma persona. El anciano tiene que ver con quienes eran. El pastor tiene que ver con lo que hacían. El supervisor tiene que ver con como hacían lo que hacían. Un anciano es alguien que es llamado por Dios a desarrollar una función en el cuerpo de Cristo y jamás pretendió ser una posición, oficio, título o institución en el Reino de Dios.

Este “oficio” antibíblico del obispo fue el semillero en el que el sistema jerárquico del clero se enraizó y floreció con el ascenso eventual de la iglesia católico-romana. El poder del oficio del obispo era tal que la simonía se convirtió en un asunto de iglesia. La simonía es la compra y la venta de posiciones eclesiásticas (de iglesia).
Asimismo, se sabe que los nobles, los reyes y los emperadores nombraban e investían a obispos y abades para tener el control político de la iglesia.

La veneración que reciben los papas, cardenales, obispos y sacerdotes tiene que ser repugnante para el Espíritu Santo; especialmente que el Papa, un hombre, sea llamado Santo Padre. La palabra cardenal, cuando se usa como adjetivo, significa de “extrema importancia, primordial”. {20}

Jesús exhortó a Sus seguidores respecto de esta necesidad de veneración: “Pero vosotros no queráis que nadie os llame Rabí; porque uno es vuestro maestro, el Cristo, Y todos vosotros hermanos. Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra, porque uno es vuestro Padre, el que está en los cielos. Ni seáis llamados maestros, porque uno es vuestro Maestro, el Cristo. El que es el mayor de vosotros  sea vuestro siervo. Porque el se enaltece será humillado, y el que se humilla, será enaltecido.” Mat. 23:8-12.

A pesar de la Reforma y de otros despertares espirituales, la influencia del sistema del clero abunda en cada denominación e iglesia independiente. Cualquiera que desafíe la posición exaltada de alguien como “Pastor” (o cualquiera que sea el título que tengan), estará usando palabras de guerra al máximo.

Sin embargo, declaro con valentía que los Nicolaítas hoy son los que promocionan el sistema del clero, que separa a los así llamados ministros  “profesionales”, del así llamado laicado. Son los que buscan crecimiento en poder, posición, riquezas, y dominio y generalmente a expensas de los santos. Este “sistema del clero” es la obra del espíritu de ramera en las iglesias.

COMEN A LAS OVEJAS

Los Nicolaítas son esos pastores de Ezequiel 34 en contra de los cuales Dios profetizó porque se alimentaban cuando debían haber alimentado al rebaño. Comían la grasa y se vestían con la lana, mataban a las que estaban bien alimentadas, no fortalecían a la enferma, ni sanaban a las que estaban enfermas, no vendaban a la perniquebrada, ni traían a las que se habían apartado, ni buscaban a las perdidas, gobernaban sobre las que tenían, con fuerza y con crueldad. Sus rebaños estaban dispersados y se habían convertido en presa para todas las bestias del campo.

El Señor estaba en contra de esos pastores. El dijo que reclamaría Su rebaño de sus manos y que les haría dejar de alimentar al rebaño. No podrían seguir alimentándose del rebaño porque El prometía librar a sus ovejas de sus bocas. Sus ovejas no serían nunca más carne para ellos. Ezequiel 34:2-5,10.

Dennis Lowen afirma, “Balaam hizo un gran daño aconsejando a Balac que engañara a los Israelitas a través de la fornicación, para que finalmente sirvieran a dioses ajenos. Los Nicolaítas modernos exigen el mismo efecto final que cuando casaban al Pueblo de Dios a un dios ajeno—a otro Jesús.” Los Nicolaítas se aprovechan de las ovejas por ganancia. Comen a las ovejas para engordarse ellos mismos.

Sin embargo, vienen días cuando Dios mismo quitará a estas ovejas de los falsos pastores. Buscará a Sus ovejas, y las buscará Él mismo. Alimentará, cuidará, dirigirá y las sanará Él mismo. Ezequiel 34:11-16.

Los Nicolaítas de hoy tienen las mismas marcas (características) de los fariseos que vivían en los días de Jesús.

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