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martes, 11 de septiembre de 2012

FARISEOS-NICOLAÍTAS Y SUS MARCAS CARACTERÍSTICAS (Charles E. Newbold Jr. – El Sistema de la Iglesia Ramera)


Muchos líderes en el sistema de iglesia deberían saber que mantienen a “su” membresía como rehén,  por medio de la rigidez de sus sistemas de creencias y normas gubernamentales, y que además, rehúsan dejarla libre. Enseñan y predican la iglesia, obras de iglesia y membresía de iglesia, como “el camino”. Necesitan el compromiso de parte de su membresía para edificar un reino para ellos mismos.

Las personas se quedan atrapadas en esos lugares. Los que dirigen las iglesias nos invitan a quedarnos quietos en su lugar para siempre, y nos culpan de ir de sitio en sitio. Los que permanecen en esos lugares, reciben el mismo maná viejo y lleno de gusanos. El crecimiento espiritual es mínimo, si es que lo hay. Cualquier crecimiento que alguien pueda experimentar es probablemente experimentado fuera de ese lugar, y a pesar de ese lugar.




Capítulo 10 
Las Marcas (características) de los Fariseos (Nicolaítas)

Aquellos ministros que son golpeados con la necesidad de preeminencia, poder, riquezas y dominio, han abrazado las enseñanzas falsas de los Nicolaítas y probablemente perpetúen tanto las enseñanzas como los hechos de los Nicolaítas. Tienen las mismas marcas que caracterizaron a los fariseos de los días de Jesús.

En Mateo 23:33, Jesús llamó a los fariseos “serpientes” y “generación de víboras”. La palabra griega para “generación” también se traduce como “descendencia”. Aquí, Jesús está llamando a los fariseos serpientes y descendientes de serpientes. Él continúa en el versículo 33, “¿Cómo escapareis de la condenación del infierno?” La Biblia identifica a Satanás como una serpiente. Génesis 3:1-5; Apocalipsis 12:9; 20:2. La asociación entre Satanás y los fariseos es indiscutible. ¿Por qué razón llamó Jesús a los fariseos, serpientes? ¿Qué objeción tenía en contra de ellos? Después de todo, eran gente devotamente piadosa y celosa en el cumplimiento de la ley.

La mordaz letanía de desgracias pronunciada por Jesús en Mateo 23 define algo de lo que eran las marcas detestables de los fariseos. Aunque las diferencias entre algunas de estas marcas de los fariseos son pequeñas, son distinciones importantes qué hacer—no tanto para juzgar a los demás, sino para juzgar al fariseo que hay en todos nosotros.

USO ABUSIVO DE LA AUTORIDAD

Jesús detestaba la forma en que los fariseos mal usaban y abusaban de la autoridad. Jesús dijo a la multitud y a Sus discípulos, “En la cátedra de Moisés se sientas los escribas y los fariseos.” Mateo 23:1-2. Los fariseos asumían la posición de autoridad sobre las vidas de las personas. Se consideraban a sí mismos expertos en la ley. Por tanto, presumían de poder decir a todo el mundo como tenían que vivir.

La actitud Nicolaíta de hoy se aprecia en ese aire de importancia del que quiere sentarse en la cabecera de la mesa, ser elegido en posiciones de autoridad, o ser contratado para algún oficio de prestigio. Los Nicolaítas son típicamente políticos en posiciones muy altas de preeminencia y autoridad dentro de los sistemas de iglesia. Se adulan a sí mismos y también buscan la adulación de los demás. Aún más, se saltan los martillos autoritarios de los presidentes y subastadores para designar a alguien entre ellos como su cabeza. Solo Jesús es la cabeza de Su cuerpo, la ekklesía. 1ª Cor. 11:3; Efes. 1:22, 5:23; Col. 1:18.

HIPOCRESÍA

Jesús detestaba la hipocresía de los Fariseos. “Así que, todo lo que os digan que guardéis, guardadlo y hacedlo. Más no hagáis conforme a sus obras, porque dicen, y no hacen” Mateo 23:3.

La hipocresía es pretender algo por fuera que no existe por dentro. Es la pretensión de virtudes, principios o creencias que no son genuinos. Jesús dijo que los fariseos eran como sepulcros blanqueados, que parecen hermosos por fuera, pero que dentro están llenos de huesos de cadáveres y de inmundicia. Mat. 23:27. Él les llamó hipócritas. “Así  también vosotros por fuera, a la verdad, os mostráis justos a los hombres, pero por dentro estáis llenos de hipocresía e iniquidad.” Mat. 23:28. De nuevo les acusó diciendo; “¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas!” Mat. 23:14. Lo que decían respecto de guardar la ley de Moisés era correcto, pero su fracaso en hacer lo que esperaban que otros hicieran, no era correcto.

Así sucede en “EL Ministerio” hoy. Los que están tras los púlpitos pueden clamar para que todo el mundo a su alrededor sea puro sexualmente, mientras que pretendiendo serlo ellos mismos, no lo son. Pueden predicar en contra del tabaco, la bebida, la blasfemia y el baile, pretendiendo ellos mismos ser santos, aunque no lo son.  Pueden llamar a qué otros confiesen sus pecados, pero ellos esconderán los suyos propios por temor de lo que los demás puedan pensar.  Pueden condenar a los políticos por hacer el mal, aunque ellos continúen haciendo lo que es más abominable para Dios—practicar sus manipulaciones (brujería) sobre “su” pueblo.

El clima completo de la iglesia está cubierto de hipocresía. La iglesia debería ser el lugar al que podemos ir y sentirnos lo suficientemente seguros de ser nosotros mismos, pero no lo es. Nos ponemos nuestras máscaras y nos escondemos detrás de nuestras sonrisas de domingo por la mañana, el tiempo suficiente para cumplir nuestras obligaciones con Dios, sentirnos bien de hacerlo, e ir a la cafetería antes de que los metodistas dejen salir. La iglesia del domingo por la mañana tiene muy poco que ver con como vivimos el resto de la semana.

EL LEGALISMO

Jesús detestaba el legalismo mezquino de los Fariseos. “Atan cargas pesadas y difíciles de llevar, y las ponen sobre los hombres de los hombres; pero ellos, ni con un dedo quieren moverlas.” Mat. 23:4. Jesús detestaba su dureza sobre el pueblo y como imponían sus leyes sobre el resto.

Los legalistas en las iglesias siguen atando a las personas a sistemas y órdenes de iglesia, edificios de iglesia, servicios y rituales de iglesia, ofrendas de iglesia, y obras de iglesia—cosas que no tienen nada que ver con Jesús o el Reino de Dios. La gente se siente culpable y poco espiritual si no van a la iglesia.

Guardar el sábado era en sí una cuestión tal entre Jesús y los fariseos. Algunos legalistas siguen insistiendo en el tema de guardar el sábado de acuerdo con la forma en que ellos piensan que tiene que ser guardado. Quieren hacer del domingo (algunas veces llamado erróneamente “sabbath”), el día de reposo, aunque para ellos diste mucho de ser un día de reposo—más bien un día muy importante de obras de iglesia.

No guardamos el Sabbath yendo a la iglesia el domingo o echando la siesta todo el domingo. Guardamos la ley de Dios entrando en Jesús por la fe. Jesús es nuestro reposo del Sabbath. Heb. 4. Él es nuestra justicia. Jesús no está buscando a un pueblo que guarde el Sabbath. Está buscando un pueblo que se mantenga santo (separado). Guardar el Sabbath no es la forma de mantenernos santos.

La santidad es la obra del Espíritu Santo en nosotros, separándonos del amor del mundo. La santidad es un cambio de naturaleza desde dentro como resultado de la obra de Dios en nosotros. No es lo que hacemos externamente, sino quienes somos por dentro, lo que importa a Dios. Somos tan falsos como los fariseos si pensamos que nuestra justicia pudiera de algún modo depender de lo que hacemos externamente—las ropas que llevamos, nuestra forma de peinarnos, la comida que comemos o dejamos de comer, la forma en que adoramos, o vamos a la iglesia. Vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser en Jesús cada momento de cada día (ver el capítulo sobre el Legalismo).


BUSCADORES DE RECONOCIMIENTO

Jesús detestaba el deseo de los fariseos de reconocimiento y como perseguían la admiración por ellos mismos. “Antes, hacen todas sus obras para ser vistos de los hombres. Pues ensanchan sus filacterías,  y  extienden los flecos de sus mantos”. Mat. 23:5. (Las filacterías eran pequeñas cajas de cuero que los fariseos sujetaban de sus frentes, conteniendo citas de los primeros cinco libros de la Biblia).

Los Nicolaítas en muchas tradiciones de iglesia hoy están seducidos por sus propias ansias de auto-importancia, llevando collares clericales, vestimentas, ropajes con tiras académicas en las mangas, y otras cosas semejantes para diferenciarse del “laicado”. Al cardenal en la iglesia católico-romana, se le dirige como “Su Eminencia” (de él), o “Su Eminencia” (de Ud.). Tal veneración de hombres es un insulto a Dios. Jesús llamó a Sus discípulos hacia Sí,  y les dijo como diría hoy, “Si alguno desea ser el primero, será el postrero de todos, y el servidor de todos.” Marcos 9:35.

PREEMINENCIA

Jesús detestaba el deseo exagerado de estar por encima de los demás de los fariseos.  “Y aman los primeros  asientos en las cenas (círculos internos), y las primeras sillas en las sinagogas” (sentados en la plataforma). Mat. 23:6.

La preeminencia es ese deseo de auto-importancia en los Nicolaítas del día de hoy que les hace querer ser los jefes en el sistema. Quieren estar sentados en la plataforma sobre sillas de obispos, haciendo diferencias entre ellos y la gente. Los pastores dan a otros pastores posiciones de preeminencia porque la aman para ellos mismos.

Es ese aire de auto-importancia lo que les hace relamerse en sus planes, programas, métodos, organizaciones, proyectos de construcción, heredades, tradiciones, estadísticas y doctrinas para que puedan ser honrados y reconocidos.

Es ese aire de engreimiento en ellos mismos, para dibujar tablas organizativas, con ellos en la parte superior de la pirámide.

Es ese aire de auto-importancia dentro de ellos que quiere la iglesia más grande y los mejores sueldos. No escatiman políticas para conseguirlos.

Es ese aire de auto-importancia dentro de ellos que les lleva a “sermonizar” y ser muy elocuentes desde sus púlpitos para poder ser altamente estimados por los hombres.

Es ese aire de auto-importancia dentro de ellos que les lleva a querer adquirir conocimiento, escribir libros de su propio intelecto, y conseguir grandes cosas para poder ser aclamados por los hombres. Se aferran a su profesionalismo educado sobre las cabezas del “laicado”, haciéndose pasar por una de esas autoridades indiscutibles en asuntos bíblicos y eclesiásticos. Esta es la tiranía del clero.

Es ese aire de auto-importancia dentro de ellos que les lleva a centrarse en los aspectos externos, en lugar de los internos. Están preocupados con la construcción de un reino para el yo, en lugar de construir el Reino de Dios. Edifican sistemas de iglesias más que a la gente. Y lo peor, aún, confunden el uno con el otro.

Es ese aire de engreimiento dentro de ellos que les empuja a preparar sus maletas y correr cuando los lobos de la disensión mordisquean los talones del rebaño. Son asalariados.

Es ese aire de engreimiento en ellos que les hace olvidar lo que son, es decir, ovejas, bajo la vara del Buen Pastor. Ese orgullo y altivez les hacen pensar más altamente de ellos mismos de lo que deberían.

BÚSQUEDA DE POSICIÓN

Jesús detestaba su deseo de posición. Amaban las “salutaciones en las plazas y que los hombres los llamen: Rabí, Rabí.”. Jesús continuó exhortándoles diciendo, “Pero vosotros no queráis que os llamen Rabí; porque Uno es vuestro Maestro, el Cristo, y todos vosotros sois hermanos. Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra; porque uno es vuestro Padre, el que está en los cielos. Ni seáis llamados maestros; porque uno es vuestro Maestro, el Cristo”. Mateo 23:7-10.

La actitud Nicolaíta del día presente se ve en ese aire de engreimiento dentro de los que los quieren ser llamados Papa, Su Eminencia, Cardenal, Obispo, Padre, Reverendo, Señor Reverendo, Pastor y Ministro, con “M” mayúscula. La competición por el reconocimiento es tan fiera hoy que muchas personas del clero quieren ser llamadas doctores. Algunos han obtenido doctorados o titulaciones honoríficas, pero otros han comprado títulos falsos. Se ponen estos títulos unos a otros dentro del sistema. Hacen política respecto de posiciones de autoridad y anhelan ser contratados por la congregación más grande dentro de su alcance.

Las personas inseguras en el ministerio obtienen sus golpes (anhelos) estando en el ministerio. Ahí pueden ganar poder, posición, reconocimiento, seguridad, ingresos financieros y un sentido de significado. Los creyentes maduros encuentran que solo Jesús es su todo en todos.

En el Reino de Dios no existe ese posicionamiento “hacia arriba” o “hacia abajo”. Jesús dejó muy claro que los verdaderos líderes son los siervos. Los verdaderos líderes no se exaltan a sí mismos.

REBELIÓN Y TERQUEDAD

Jesús detestaba la rebelión y terquedad de los fariseos. “Más ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas! Porque cerráis el Reino de los Cielos delante de los hombres, pues ni entráis vosotros, ni dejáis entrar a los que están entrando.” Mat. 23:13.

Muchos de los fariseos tuvieron que haber sabido por su conocimiento concienzudo de las Escrituras que Jesús era el Mesías. Existían demasiadas coincidencias entre las profecías del Antiguo Testamento y los eventos de la vida de Jesús, para que fueran ignorados. ¡Lo sabían! Pero no querían creer (Lee Juan 9:39-41). Se habían comprometido con el sistema del mundo para poder ganar poder, posición, riquezas y dominio. Aunque muchos fariseos creyeron y se volvieron a Jesús, la mayoría no lo hicieron. Los que no creyeron endurecieron sus corazones contra la verdad. Rehusaron entrar e igualmente estorbaron a otros para que no entraran.

Muchos líderes en el sistema de iglesia deberían saber que mantienen a “su” membresía como rehén,  por medio de la rigidez de sus sistemas de creencias y normas gubernamentales, y que además, rehúsan dejarla libre. Enseñan y predican la iglesia, obras de iglesia y membresía de iglesia, como “el camino”. Necesitan el compromiso de parte de su membresía para edificar un reino para ellos mismos.

Las personas se quedan atrapadas en esos lugares. Los que dirigen las iglesias nos invitan a quedarnos quietos en su lugar para siempre, y nos culpan de ir de sitio en sitio. Los que permanecen en esos lugares, reciben el mismo maná viejo y lleno de gusanos. El crecimiento espiritual es mínimo, si es que lo hay. Cualquier crecimiento que alguien pueda experimentar es probablemente experimentado fuera de ese lugar, y a pesar de ese lugar.

El crecimiento espiritual, es en realidad, un viaje espiritual. Es un viaje que responde al llamado de Jesús, “ven y sígueme”. “Pero Señor, déjame que vaya y primero entierre a mi padre”. A eso, Él sigue respondiendo: “Que los muertos entierren a sus muertos” Lucas 9:59-60. Si te encuentras en un lugar muerto, levántate y sigue el Camino, Jesús. Jesús es el Camino, no un lugar. Si hemos de seguir a Jesús, no debemos quedarnos atrapados en un lugar. La iglesia, tal y como la conocemos hoy, es un control policial a Jesús.

DEVORANDO A LOS DEMÁS

Jesús detestaba la forma en que los fariseos se aprovechaban de las viudas. “¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! Porque devoráis las casas de las viudas y como pretexto hacéis largas oraciones; por esto recibiréis mayor condenación.” Mat. 23:14. Los fariseos son tomadores, no dadores, aunque pretenden estar dando algo a cambio de las ofrendas y donaciones.

Esta práctica ocurre cada día en la así llamada televisión y radio  “cristianas”. Los tele-evangelistas hacen grandes promesas a sus televidentes potencialmente desplumables, que envían sus contribuciones. “Envíame una donación de $ 50 y te enviaré esta unción desde Israel”. La basura de “Jesús” que ofrecen es ridícula. Pulseras, estudios bíblicos especiales, libros, paños de sanidad. Algunos prometen orar por ti o enviarte un libro si les envías una donación ¿Qué pasa si no lo haces? ¿Estarán todavía dispuestos a orar por ti y a enviarte un libro? Estos trucos promocionales son usados para aumentar su información y su base de apoyo.

Kathleen era la viuda de un hombre benevolente. Después de su muerte se sintió obligada a continuar su nivel de generosidad aunque no podía permitírselo. Conociendo su vulnerabilidad, el presidente de un seminario la persuadió a dar una contribución extraordinaria a su institución. Era apuntarse un tanto. Ella era una creyente devota y asumía que con su contribución, estaba haciendo avanzar la causa de Cristo. Poco sabía que esta escuela estaba corrompiendo la fe de hombres y mujeres jóvenes con su currículo anticristiano y liberal. El devoró su casa.

En lugar de devorar  las casas de las viudas, deberíamos establecer nuestro corazón en devorar a Jesús. Jesús dijo: “De cierto, de cierto os digo: Si no coméis la carne del Hijo de Hombre, y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, en Mí permanece y Yo en él.” Juan 6:53,56. Sólo Él tiene palabras de vida eterna. Juan 6:67-68

HACIENDO PROSELITISMO

Jesús detestaba como los fariseos ganaban prosélitos para el Judaísmo. “¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas! Porque recorréis mar  y tierra para hacer un prosélito (convertido al Judaísmo), y una vez hecho, le hacéis dos veces mas hijo de infierno que vosotros”. Mat. 23:15.

Un prosélito es una persona que se ha convertido de su religión, fe, secta o grupo, a la del que le está ganando como prosélito. Los fariseos no hacían a nadie un favor por convertirlos al Judaísmo. En lugar de llevar a otros a la fe y relación con Yahvé (Dios), les llevaban a sus observancias de tradiciones, días y rituales; Por tanto, daban a entender, “Este es el camino, andad por él”. Al hacer esto, colocaban a los demás bajo la servidumbre de la ley. Su motivación no  era otra cosa que aumentar su propia esfera de influencia.

Como con los fariseos en los tiempos de Jesús, los Nicolaítas de hoy día llevan a sus convertidos a creer que su salvación está asegurada mediante la asociación con su forma de religión. Al hacer esto, predican a “otro Jesús” y hacen a sus convertidos dos veces mas hijos del infierno que ellos mismos. Jesús vino a hacer libres a los hombres. Atar a los demás a nuestras prácticas religiosas es una ofensa para Él. Hemos de unir a las personas a Jesús para hacerlas libres. “Si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres”. Juan 8:36

SANTURRONERÍA

Jesús detestaba la santurronería esnob de los fariseos. “¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! Porque diezmáis la menta, el eneldo y el comino y dejáis lo más importante de la ley, la justicia, la misericordia y la fe. Esto era necesario hacer, sin dejar de hacer aquello.Mateo 23:23. Guardaban la letra de la ley diezmando la “menta, el comino y el eneldo”, pero sin saber nada del espíritu de la ley: “juicio, misericordia y fe”. Pensaban que guardando la letra de la ley, obtendrían la justicia por las obras del Yo.

La santurronería es pensar que nuestra justicia tiene algo que ver con lo bien que lo hacemos todo. Sugiere que podemos apaciguar a Dios siendo buenos o haciendo buenas obras, mediante el cumplimiento de la ley, o cosas absurdas como cumplir nuestras obligaciones del domingo por la mañana. Los fariseos guardaban la ley para ser salvos por la ley. Pablo declaró expresamente que “la letra mata, pero el Espíritu vivifica”. 2ª Cor. 3:6. Conocían la ley, pero no el Espíritu de la ley.

Los santurrones pueden ser legalistas, arrogantes, altivos, religiosos, devotos, odiosos, estrictos, juiciosos, críticos, ásperos, siempre aconsejando, viles, peligrosos, y faltos de misericordia, compasión, amabilidad y generosidad. En contraste, el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y templanza. Gál. 5:22-23.

Nuestra justicia no es la justicia de Dios. “Nuestra”. “Suya”. ¡¿Ves la diferencia?!  Su justicia puede ser nuestra sólo por la fe en Cristo, pero nuestros intentos de justicia jamás pueden ser los suyos. Jesús es la Justicia de Dios. Sólo Él cumplió la ley y los profetas. Mateo 5:7. Fil.3:9 nos recuerda que hemos de ser hallados en Cristo, no teniendo nuestra propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe en Cristo.

Somos la justicia de Dios en Cristo. 2ª Cor.5:21. No dice que “seremos”, “deberíamos ser” o “casi somos”, dice que “somos”. Tiene que ver con ser y no con hacer. Somos porque Jesús nos ha hecho ser quienes somos en ÉL a través de Su propia obra terminada en la cruz. No hay nada en el hombre caído y de pecado que tenga el potencial para lograr salvarse a sí mismo o para hacerle ser lo suficientemente bueno para que Dios ponga su sello de aprobación sobre él.

HOMICIDIO


Jesús detestaba los corazones asesinos de los fariseos: “¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! Porque edificáis los sepulcros de los profetas y adornáis los monumentos de los justos y decís: ‘Si hubiéramos vivido en los días de nuestros padres, no hubiéramos sido sus cómplices en la sangre de los profetas,así que dais testimonio contra vosotros mismos, de que sois hijos de aquellos que mataron  a los profetas”. Mateo 23:29-31. Por otra parte, Jesús predijo que matarían y crucificarían a algunos de los profetas, sabios y escribas que El enviaría. “Y de ellos, a unos mataréis y  crucificaréis, y a otros azotaréis en vuestras sinagogas, y  perseguiréis de ciudad en ciudad; para que venga sobre vosotros toda la sangre justa que se ha derramado sobre la tierra.” Mat. 23:34-35.

Jesús dijo a los judíos incrédulos en Juan 8:44: “Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. Él ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad porque no hay verdad en él”. Si Jesús dijo que el diablo era homicida y que los judíos incrédulos eran sus hijos, la implicación era que ellos, eran también homicidas. Jesús ya había afirmado previamente que ellos buscaban matarle. Juan 8:31.

Si pudieran, los fariseos no arrepentidos en el sistema de la iglesia hoy, matarían a todos aquellos que amenazaran destronarlos de sus diminutos imperios. Es la cizaña  que ha crecido entre el trigo. En Mateo 13:24-30, Jesús dijo que sería exactamente así.

Los Nicolaítas hoy matan espiritualmente a las ovejas de Dios cuando las usan para su sórdida ganancia personal.

Yo fui a un seminario en mi juventud en el ministerio. Me enseñaron que los milagros no eran reales y que mucho de lo que decía el Antiguo Testamento, eran meros mitos. Me enseñaron la religión, pero la religión no tenía vida. Era joven, fácilmente impresionable y no estaba bien fundamentado en la palabra y en el Espíritu. En lugar de ser edificado en la fe, caí en bancarrota espiritual. Finalmente me convertí en un ateo profeso hasta mi conversión radical años más tarde.

Las Escrituras nos exhortan a apartarnos de aquellos que tienen apariencia de piedad, pero niegan su poder. 2ª Tim. 3:5.

Estos Nicolaítas del presente, que llevan las marcas de los fariseos, son los porteros de la Babilonia espiritual. Babilonia es la Gran Madre de las Rameras. Apocalipsis 17:5. Su otro nombre es Jezabel. Ella es la titiritera detrás del escenario y que mueve los hilos de los Nicolaítas en las iglesias hoy.

2 comentarios:

  1. Estoy de acuerdo, la salvación es por fe, pero esa fe produce frutos y la necesidad de guardar los mandamientos del Eterno son un fruto del Espíritu, por lo tanto querer reposar y tener un encuentro especial con El en el día que santificó debería ser una necesidad.

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  2. Muchas gracias Karin, "por sus frutos los conoceréis".
    Solo ama el que entra y vive en la gracia, eso es entrar en Su reposo: "No debáis a nadie nada, sino el amaros unos a otros; porque el que ama al prójimo, ha cumplido la ley" (Romanos 13:8).
    Ver http://txemarmesto.blogspot.com.es/2012/07/sabado-o-domingo.html
    Bendiciones en Cristo.

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