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jueves, 23 de diciembre de 2010

LAS FLORES DEL DESFILADERO: Bondad, mansedumbre y dominio propio.


"Para nuestro provecho". 
(Hebreos 12:10, V. M.)

En uno de sus libros Ralf Connor relata la historia de una joven llamada Gwen. Dicha joven era tosca, obstinada y había estado acostumbrada a hacer siempre su voluntad. Era muy rebelde y constantemente murmuraba. Un día tuvo un accidente y quedó imposibilitada para siempre. Un misionero conocido entre los montañeses por "El Piloto del Cielo" la visitó. Se acercó a ella y le contó la siguiente parábola del desfiladero.

"En cierto lugar al principio no había desfiladeros, sino una Pradera amplia y abierta. Cierto día en que el Dueño de la Pradera andaba sobre el césped, en el que sólo había hierbas, preguntó a la Pradera: "¿Dónde están tus flores?" y la Pradera respondió: "Señor, no tengo simientes".

Entonces el habló a los pájaros y ellos llevaron simientes de todas clases de flores y las esparcieron por todo. Muy pronto en la Pradera florecieron lirios encarnados, rosas, girasoles y muchas otras bellísimas flores. Entonces volvió el Dueño y se puso muy contento, pero echó de menos las flores que más le gustaban, y dijo a la Pradera: "¿Dónde están las clemátides y el colombino, las preciosas violetas, las enémonas y todos los helechos y arbustos floridos?"

Nuevamente habló a los pájaros y trajeron toda clase de simientes, las cuales rociaron por todas partes. Pero cuando el Dueño volvió, tampoco esta vez pudo hallar las flores que Él más amaba, y dijo: "¿Dónde están Mis mejores flores?" y la Pradera respondió con gran pena: "Oh, Señor, no puedo conservar las flores, porque el viento sopla fuerte, el sol me castiga constantemente  y las flores se secan y desaparecen."

Entonces el Dueño habló al Rayo y, con un golpe rapidísimo, el Rayo partió la Pradera por el corazón. La Pradera se tambaleó y gimió con gran agonía y, durante muchos días, se lamentó amargamente de la terrible herida que había quedado sin cerrar.

Pero el Río derramó sus aguas sobre la grandísima grieta que en la Pradera se había abierto, arrastrando consigo la rica tierra negra y fértil. Los pájaros volvieron a esparcir las semillas por el desfiladero y , después de largo tiempo las ásperas, duras y cortantes aristas de las rocas se vieron vestidas y adornadas con musgos suaves y viñas enmarañadas; y todos los rinconcitos estaban cubiertos con las clemátides y el colombino. Grandísimos olmos levantaban sus elevadas alturas a la luz del sol y por debajo de sus pies se arracimaban los cedros cortos y los bálsamos. Por todas partes crecieron y florecieron violetas, enémonas y otras muchas flores, hasta que el desfiladero se convirtió en el lugar favorito del Dueño, para Su descanso, gozo y paz."

Entonces el llamado "Piloto del Cielo" leyó a Gwen: "El fruto, podemos decir, las flores del Espíritu son amor, gozo, paz, mansedumbre, templanza...; y algunas de éstas solamente crecen en los desfiladeros" (corazones traspasados o heridos).

"¿Cuales son las flores del desfiladero?", preguntó ella con dulzura; y el Piloto contestó: "Bondad, mansedumbre y templanza; aunque las otras florezcan al aire libre, nunca tienen el perfume tan delicioso ni son tan bellas como las flores del desfiladero profundo.

Gwen permaneció callada durante un buen rato y después con labios temblorosos dijo con tristeza: "En mi desfiladero no hay flores sino sólo ásperas rocas."

"Algún día florecerán, querida Gwen, el Maestro las hallará y nosotros también podremos verlas."

Amado, cuando entres en tu desfiladero, !RECUERDA!

- Tomado y adaptado de "Manantiales en el Desierto"


NOTAS ADMINISTRADOR:
- Gálatas 5:22 nos dice que "el (no los) fruto (no frutos) es (no son) amor: gozo, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad (compromiso sostenido en el tiempo y no fe, que es un don y no un fruto), mansedumbre y dominio propio. A mi me gusta decir que es una naranja con 8 gajos. Cuando aparece la naranja aparece completa, eso si, pequeña y verde, y tendrá que crecer y madurar. Es decir, el fruto es Cristo ("hijitos míos por los que sufro dolores de parto, hasta que Cristo sea formado en vosotros"- Gá 4:19). Si, nos quedamos preñados de Cristo al momento de ser salvos, Él es formado en nuestro interior y le damos a luz después, cuando el velo (nuestra alma) es rasgado (el "desfiladero" es abierto por la circuncisión del corazón) y el camino al lugar santísimo (nuestro espíritu) queda expedito. Es de destacar también que la gama de los atributos de Cristo sea de ocho, número de la resurrección, y no de nueve, como corresponde a esa nueva dimensión de vida en la que entramos: vida ascendida, tras del velo, victoriosa, !vida de resurrección!

- Si Dios es amor, no puede ser amor y algo más, porque lo definido no puede entrar en la definición. Si quisiera decir LOS FRUTOS y no el fruto la estructura gramatical sería: "los frutos del Espíritu son" y aún así el amor no podría entrar en la definición, por lo ya apuntado.

- .El libro de Jueces 14:14 nos dice:  " Del devorador salió comida, y del fuerte salió dulzura.". Sabemos que se refiere al león que Sansón despedazó y en cuyo cadáver apareció después un panal de dulce miel. Cuando nuestro áspero y fiero "león" va a la Cruz, se transforma en manso y dulce cordero. Cuando nuestro león se acuesta con nuestro cordero, hemos crecido y madurado y tenemos esa maravillosa integración de contrarios, que sólo el Espíritu Santo puede amalgamar haciéndonos como Cristo leones-corderos, que rugen cuando hay que expulsar con látigo a los mercaderes del templo y enmudecen cuando hay que ir al matadero. Fuertes como el león, mansos como el cordero y dulces como la miel, pues la dulzura es del fruto maduro.

- Quizás esas flores más bellas y tardías: bondad, mansedumbre y templanza, son las que aparecen tras la operación subjetiva de la cruz, como dijera Nee, la cruz después de la cruz, en la que somos purificados de nuestros afectos y llevados a la estatura de un varón perfecto.

VERDAD Y TRADICIÓN, Michael Rood-YouTube







NOTA DEL ADMINISTRADOR:
Les transcribimos la nota que pusimos en el enlace: http://josemariaarmesto.blogspot.com.es/2014/07/jordan-punto-de-transferencia-del.html; para que entiendan por qué no estamos con el mesianismo ni con raíces hebreas:

No compartimos con los hermanos mesiánicos su tendencia judaizante, que levanta de nuevo el muro de separación que fue derribado por Cristo, pero apreciamos su luz para entender los cuadros o tipos veterotestamentarios y la ley.

A esta nota habitual que ponemos en los artículos de Jim Staley, hoy debemos añadir que Jim y Matthew Nolan nos traen en este vídeo una revelación tremenda y profunda. Ambos confiesan abiertamente que tras salir defraudados y frustrados del sistema eclesiástico-religioso-evangélico, dieron otro extenso periplo (por el mismo desierto), pero en el área mesiánica-judaica-levítica. Nos parece a nosotros, con pena, que todavía no han recorrido la distancia completa para dejar atrás, totalmente, parte del bagaje mesiánico, como si nadaran entre dos aguas, al aferrarse todavía al shabat, las fiestas judías, los tzitzit, ...

Qué lástima que tantos hijos de Dios sean llevados por Él a enfrentar el cruce del Jordán -y lo que ello conlleva de rendición completa y muerte a la carne, para dejar atrás el activismo de las obras muertas u obras realizadas en la iniciativa y energía del hombre natural- sean seducidos por estos cantos de sirena mesiánicos, en lugar de entrar a la Buena Tierra de la vida en el Espíritu-espíritu, que reposa en quietud y no hace si no lo que ve hacer al Padre. Nolan confiesa su casi eterna divagación de unos 20 interminables años, para al fin reconocer que el cristianismo-judaizado no es más que otra religión, para nosotros igualmente babilónica y, eso sí, especialmente dañina, por cuanto tiene de seductora y de apariencia de piedad.

También lamentamos que se sigan dando palmaditas en la espalda de lo levítico, diciendo que "no es malo, pero que el Señor tiene algo mejor", en lugar de decir que lo levítico es una rebelión religiosa y carnal más contra Jahweh-Jeshua; otra muestra más de ese nadar entre dos aguas. Ni por un momento osamos compararnos con la tremenda erudición de estos amados hermanos maestros, a quienes sin duda alguna Dios está usando para traer luz a los seducidos por el embrujo mesiánico, pero anhelamos y deseamos su completo posicionamiento fuera del campamento judaizante. No tenemos ni de lejos el dominio del griego, el hebreo y el paleo-hebreo que ostentan estos siervos; ni su teología y conocimiento escritural, ni el manejo de múltiples versiones bíblicas; nos aturden los interminables razonamientos; nunca celebramos las fiestas de la Pascua, ni Pentecostés ni Tabernáculos; nunca celebramos el shabat; y nunca hemos dejado de comer puerco ni todos los alimentos que Dios ha santificado, excepto ahogado y sangre. Sin embargo, por revelación y experiencia, no por cumplir las prescripciones de la Torá, fuimos salvos en nuestro espíritu, fuimos bautizados en el Espíritu Santo y en el fuego, que acabó sepultándonos en el Jordán para poder nacer (salvación del alma) al Shalom o Reposo de Dios y al sacerdocio de Melquisedec, tras solo 9 años de singladura. Recomendamos a los hermanos que quieran salir del desierto religioso del lugar santo pentecostal y entrar a la Buena Tierra de Tabernáculos, no tomar las circunvalaciones mesiánicas, teológicas y demás elucubraciones, que tratan de evitar la cruz, que es el atajo y la única vía de acceso. Y aunque los cantos de sirena mesiánicos vinieron después, la gracia de Jeshua nos preservó atándonos al poste de Ulises -Su Cruz- para no sucumbir.

¿Qué hacer para tomar este atajo? Solo DEJAR DE HACER; es decir, no hacer nada, ni una iniciativa más de ningún tipo, sino rendirse a la Cruz y dejar de luchar, hasta que seamos resucitados con Él en el otro lado. Oren pues que Él les ayude a abdicar y que los resucite del otro lado.

Qué bueno sería que algunos de tantos frustrados en el campamento evangélico de la Pascua avanzaran al campamento evangélico leudado de Pentecostés. Y mejor sería todavía que aquellos del campamento pentecostal que también están llegando a la frustración y siendo enfrentados a la decisión del Jordán, cambien sus hábitos levíticos por la túnica sin rasgar de Melquisedec y lo crucen, no para regresar a Pentecostés, sino para ir más allá, hasta Tabernáculos.

Vemos con satisfacción también que estos siervos confirman algunos postulados del siervo Stephen E. Jones que los lectores del blog ya conocen.

Una vez más se confirma que el Cruce del Jordán es la clave o conexión espiritual que esta generación de Dios debe enfrentar, para acceder al Reposo del Lugar Santísimo y al muy superior sacerdocio intercesor de Melquisedec: http://txemarmesto.blogspot.com.es/2012/09/finisterre-al-borde-del-jordan-copia.html

NAVIDAD, FALSA Y VANA TRADICIÓN, Michael Rood-YouTube









NOTA DEL ADMINISTRADOR:
Les transcribimos la nota que pusimos en el enlace: http://josemariaarmesto.blogspot.com.es/2014/07/jordan-punto-de-transferencia-del.html; para que entiendan por qué no estamos con el mesianismo ni con raíces hebreas:

No compartimos con los hermanos mesiánicos su tendencia judaizante, que levanta de nuevo el muro de separación que fue derribado por Cristo, pero apreciamos su luz para entender los cuadros o tipos veterotestamentarios y la ley.

A esta nota habitual que ponemos en los artículos de Jim Staley, hoy debemos añadir que Jim y Matthew Nolan nos traen en este vídeo una revelación tremenda y profunda. Ambos confiesan abiertamente que tras salir defraudados y frustrados del sistema eclesiástico-religioso-evangélico, dieron otro extenso periplo (por el mismo desierto), pero en el área mesiánica-judaica-levítica. Nos parece a nosotros, con pena, que todavía no han recorrido la distancia completa para dejar atrás, totalmente, parte del bagaje mesiánico, como si nadaran entre dos aguas, al aferrarse todavía al shabat, las fiestas judías, los tzitzit, ...

Qué lástima que tantos hijos de Dios sean llevados por Él a enfrentar el cruce del Jordán -y lo que ello conlleva de rendición completa y muerte a la carne, para dejar atrás el activismo de las obras muertas u obras realizadas en la iniciativa y energía del hombre natural- sean seducidos por estos cantos de sirena mesiánicos, en lugar de entrar a la Buena Tierra de la vida en el Espíritu-espíritu, que reposa en quietud y no hace si no lo que ve hacer al Padre. Nolan confiesa su casi eterna divagación de unos 20 interminables años, para al fin reconocer que el cristianismo-judaizado no es más que otra religión, para nosotros igualmente babilónica y, eso sí, especialmente dañina, por cuanto tiene de seductora y de apariencia de piedad.

También lamentamos que se sigan dando palmaditas en la espalda de lo levítico, diciendo que "no es malo, pero que el Señor tiene algo mejor", en lugar de decir que lo levítico es una rebelión religiosa y carnal más contra Jahweh-Jeshua; otra muestra más de ese nadar entre dos aguas. Ni por un momento osamos compararnos con la tremenda erudición de estos amados hermanos maestros, a quienes sin duda alguna Dios está usando para traer luz a los seducidos por el embrujo mesiánico, pero anhelamos y deseamos su completo posicionamiento fuera del campamento judaizante. No tenemos ni de lejos el dominio del griego, el hebreo y el paleo-hebreo que ostentan estos siervos; ni su teología y conocimiento escritural, ni el manejo de múltiples versiones bíblicas; nos aturden los interminables razonamientos; nunca celebramos las fiestas de la Pascua, ni Pentecostés ni Tabernáculos; nunca celebramos el shabat; y nunca hemos dejado de comer puerco ni todos los alimentos que Dios ha santificado, excepto ahogado y sangre. Sin embargo, por revelación y experiencia, no por cumplir las prescripciones de la Torá, fuimos salvos en nuestro espíritu, fuimos bautizados en el Espíritu Santo y en el fuego, que acabó sepultándonos en el Jordán para poder nacer (salvación del alma) al Shalom o Reposo de Dios y al sacerdocio de Melquisedec, tras solo 9 años de singladura. Recomendamos a los hermanos que quieran salir del desierto religioso del lugar santo pentecostal y entrar a la Buena Tierra de Tabernáculos, no tomar las circunvalaciones mesiánicas, teológicas y demás elucubraciones, que tratan de evitar la cruz, que es el atajo y la única vía de acceso. Y aunque los cantos de sirena mesiánicos vinieron después, la gracia de Jeshua nos preservó atándonos al poste de Ulises -Su Cruz- para no sucumbir.

¿Qué hacer para tomar este atajo? Solo DEJAR DE HACER; es decir, no hacer nada, ni una iniciativa más de ningún tipo, sino rendirse a la Cruz y dejar de luchar, hasta que seamos resucitados con Él en el otro lado. Oren pues que Él les ayude a abdicar y que los resucite del otro lado.

Qué bueno sería que algunos de tantos frustrados en el campamento evangélico de la Pascua avanzaran al campamento evangélico leudado de Pentecostés. Y mejor sería todavía que aquellos del campamento pentecostal que también están llegando a la frustración y siendo enfrentados a la decisión del Jordán, cambien sus hábitos levíticos por la túnica sin rasgar de Melquisedec y lo crucen, no para regresar a Pentecostés, sino para ir más allá, hasta Tabernáculos.

Vemos con satisfacción también que estos siervos confirman algunos postulados del siervo Stephen E. Jones que los lectores del blog ya conocen.

Una vez más se confirma que el Cruce del Jordán es la clave o conexión espiritual que esta generación de Dios debe enfrentar, para acceder al Reposo del Lugar Santísimo y al muy superior sacerdocio intercesor de Melquisedec: http://txemarmesto.blogspot.com.es/2012/09/finisterre-al-borde-del-jordan-copia.html

martes, 21 de diciembre de 2010

ESTARÉ EN DESCANSO Y EN REPOSO (Vídeo) | Renuevo de Plenitud


LIBERARSE REPUDIANDO EL SISTEMA MUNDIAL PERVERSO, David Wilkerson Today




TUESDAY, DECEMBER 21, 2010

SIN CONTAMINACIÓN EN MEDIO DE LA MALDAD

“Daniel propuso en su corazón no contaminarse con la porción de comida del rey ni con el vino que él bebía; pidió, por tanto, al jefe de los eunucos que no se le obligara a contaminarse” (Daniel 1:8).

La palabra contaminarse aquí sugiere “liberándose a través del repudio". Daniel estaba diciendo en otras palabras, “¡Cualquier compromiso contra mis estándares me robará mi libertad!” Así que Daniel se propuso comer sólo legumbres y beber sólo agua por diez días. Cuando él le pidió esto al príncipe de los eunucos, él le respondió, “¡vas a costarme mi vida! Vas a lucir enfermo al final de los diez días. ¡Tus mejillas estarán sumidas y el rey seguro que lo notará! Toma – come sólo un poco de carne. Necesitas proteínas. Bebe el vino para robustecer tu sangre. ¡Come estos dulces para que te den energía!”

Yo creo que Daniel y los tres jóvenes Hebreos tenían mucho más en mente que tan sólo evitar cosas que no estaban limpias ceremonialmente. Ellos habían sido tomados cautivos junto con miles de su pueblo. Lo que vieron al llegar a Babilonia debió de haberlos asombrado en gran manera. Esta era una sociedad tan suelta, inmoral y llena de mal hablar, que la sensibilidad espiritual de estos cuatro jóvenes fue asaltada.

Así que los cuatro hicieron un compromiso. Se dijeron uno al otro, “No nos vamos a ceder. No vamos a adoptar estos estándares morales. ¡Seremos aparte, tendremos disciplina en nuestro caminar de fe!

Estos cuatro jóvenes no anduvieron predicando su estilo de vida a otros. Esto era un asunto estrictamente entre Dios y ellos.

Yo le pregunto a usted: Cuando usted está en una crisis, ¿clama usted, “Señor, dónde estás cuando te necesito?¿No estás comprometido a librarme?” Pero, y si el Señor le dijera a usted, “¿Dónde estás cuando yo necesito una voz? Yo necesito voces en estos tiempos viles, vasos puros a través de los cuales yo pueda hablar. Tú dices que quieres que venga a tu crisis – pero tú continúas siendo parte de del sistema mundial perverso. Dime, ¿estás comprometido a mis propósitos?”

lunes, 20 de diciembre de 2010

YouTube - Videos Cristianos - El Lapiz

YouTube - Videos Cristianos - El Lapiz

EL ÍDOLO DE LA AMBICIÓN MOTIVADORA DEL ÉXITO, David Wilkerson Today




MONDAY, DECEMBER 20, 2010


COMENZÓ CON ARREPENTIMIENTO
La iglesia como la conocemos hoy comenzó con arrepentimiento. Cuando Pedro predicó la cruz en Pentecostés, miles vinieron a Cristo. Esta nueva iglesia estaba hecha de un cuerpo, que consistía en todas las razas, llenas de amor los unos por los otros. Su vida corporativa estaba marcada por evangelismo, un espíritu de sacrificio, de mártires.

El maravilloso comienzo refleja las palabras de Dios a Jeremías: “Te planté de vid escogida, toda ella de buena simiente” (Jeremías 2:21). Pero las palabras que siguen del Señor describen lo que a menudo sucede con esos trabajos: “¿Cómo, pues, te me has vuelto sarmiento de vid extraña?” (2:21). Dios está diciendo, “Yo te planté bien. Tú eras mía, llevabas mi nombre y mi naturaleza. Pero ahora te has vuelto degenerada.”

¿Qué causó esta degeneración en la iglesia? Siempre ha sido, y continuará siendo la idolatría. Dios está hablando de idolatría cuando le dice a Jeremías, “Mi pueblo ha cambiado su gloria por lo que no aprovecha” (2:11).

La mayoría de las enseñanzas cristiana de hoy día identifican a un ídolo como cualquier cosa que se interpone entre el pueblo de Dios y él. Pero eso es una descripción parcial de lo que es idolatría.

Idolatría tiene que ver con un problema más profundo del corazón. El ídolo número uno entre el pueblo de Dios no es el adulterio, la pornografía o el alcohol. Es una lujuria mucho más poderosa. ¿Cuál es este ídolo? Es la ambición motivadora del éxito. Y también tiene una doctrina para justificarse.

La idolatría de ser un éxito describe a muchos en la casa de Dios hoy día. Estas personas son buenas, moralmente limpias, llenas de buenas obras. Pero han colocado un ídolo de ambición en sus corazones, y no se pueden apartar de él.

Dios ama bendecir a su pueblo. El quiere que sus hijos sean un éxito en todo lo que hacen honestamente. Pero ahora hay un espíritu galopante en la tierra que está apoderándose de multitudes – este es el espíritu del amor a ser reconocido y a adquirir cosas.

Un hombre mundano dijo recientemente, “Aquel que muere con la mayor cantidad de juguetes – gana.” Trágicamente, los cristianos también están envueltos en este afán.

Cuan lejos nos hemos desviado del evangelio de vivir muriendo a nuestro yo, nuestro ego, y a la ambición mundana.

viernes, 17 de diciembre de 2010

CUANDO WATCHMAN NEE ESTABA EN LA PRISIÓN, Testimonio





Cuando Watchman Nee Estaba en la Prisión, por Wu Yo-Chi

ADMINISTRADOR:
Un precioso testimonio, que llegó a mi doblemente, a través de Jamesson Chen  y Carlos Jiménez, que destaca la no beligerancia del hermano Nee contra el gobierno establecido por Dios y su preciosa longanimidad en las durísimas pruebas que soportó por amor al Señor.



Queridos hermanos y hermanas, yo soy de Shangai, China. Mi nombre es Wu Yo-Chi. Me volví (convertí) a los 68 en el año 2003. Solía ser un maestro de escuela secundaria. Yo estaba acusado de anti-revolucionario en 1960 porque estaba opuesto al movimiento de las "tres banderas rojas" y condenado a 7 años. Yo estaba encarcelado en la prisión más grande en el extremo oriental de la China—La prisión de Ti Lan Chau en Shangai.

El hermano Nee fue detenido en 1952. Pareciera que esta persona había desaparecido de la tierra. Nadie sabía qué sucedió con él. Alabado sea el Señor. El Señor tuvo misericordia de una persona humilde como yo. Él me amó y me ha mantenido para que yo tenga la oportunidad de decirles todo lo que sé sobre la permanencia del hermano Nee en la cárcel.

Estuve con el hermano Nee 9 años en total (1963-1972). Estuvimos separados por casi 2 años. Alabado sea el Señor que Él finalmente nos puso juntos otra vez hasta 3 días antes de que el hermano Nee fuera llevado por el Señor. Hay mucho para testificar de todos estos años. El hermano Nee también era un ser humano. Hoy quisiera testificar sobre él desde el aspecto humano.

En 1963, a causa de algunos arreglos en la cárcel, me movieron al mismo piso, mismo grupo y en la misma célula que el hermano Nee. Desde ese momento no se cortó nuestra relación.

La prisión de Ti Lan Chau era muy grande. Había 10 edificios en total. Cada edificio tenía 5 plantas. En cada planta había 90 celdas. Si había 3 personas en cada celda, cada edificio contendría más de 1.000 prisioneros. En una prisión tan enorme de más de diez mil personas, encontrarse con una persona en particular no era fácil. Me encontré con el hermano Nee en la celda número 3 y fue por la soberanía del Señor.

En nuestra celda, estaban el Tío Nee [Nota de traductor: en China se suele llamar a los mayores de edad tíos o tías respetuosamente], yo y un chico de 20 años de edad. Este último tenía un problema mental y, por lo tanto, no podía hablar claramente. Sólo podía decir "O - O - O...". También era un anti-revolucionario.

Estimados santos, quiero decirles que cuando llegué a esta célula, no era amistoso con el hermano Nee en absoluto. No me gustaba. Era hostil hacia él. Le odiaba y no quería hablar con él. ¿Por qué? Porque en ese entonces él era un líder de grupo. En la cárcel, había líderes de grupo sobre los prisioneros. A mi parecer todos los líderes de grupo halagaban a los guardias. Eran los informantes para el Gobierno Popular. Ellos mejoraban su propia condición aprovechándose de los demás para reducir sus propias sentencias mientras aumentaban cada vez más las sentencias de los demás. Además, me preguntaba ¿por qué estaba yo en la prisión? No asalté a nadie, no he robado, y no he matado... Lo único que hice fue sólo decir algo y me detuvieron. Así que tenía miedo de él. No tenía deseos de hablar con él. Había tres prisioneros en nuestra celda; uno tenía un problema mental y no podía hablar, Nee era el otro y yo era el tercero. Él escribía todos los días. ¿Si él no estaba reportando sobre mí, entonces sobre quien estaba reportando? ¿Por qué me interesaría hablar a mí con él? Las 24 horas al día no hablaba ni una palabra con él. Él escribía en frente de la puerta. ¿Por qué la puerta? Nuestra celda era de aproximadamente 1.5-1.6 metros de ancho. Si estirara mis brazos podía tocar las paredes. Era de unos 2 metros de largo. Paredes en tres lados sin ventana. Una puerta de hierro en la parte delantera. Había algo de luz cerca de la puerta. Cuando escribía, el hermano Nee siempre se sentaba al lado de la puerta de hierro. Ponían la comida y el agua en frente de la puerta. No se necesitaba abrirla. Todo lo que necesitábamos hacer era estirar el brazo y podíamos ingresar la comida en la celda. Él se sentaba próximo a la puerta por lo que siempre era él quien nos pasaba las cosas del exterior. Yo no quería hablar con él y nunca le di las gracias. Él hacía eso voluntariamente. Nuestra relación fue muy mala.

Luego algo ocurrió por disposición del Señor. Mi único familiar era mi esposa. Ella se graduó de la escuela marítima en Shangai y enseñaba química en el colegio. Teníamos una niña. Las familias de prisioneros podían visitarnos una vez al mes y traernos algunas cosas. Mi esposa me quería mucho. Me visitaba cada mes. Pensaba que ella todavía enseñaba, pero realmente algo le sucedió a ella.

Un día, el director del colegio le preguntó: "Sra. Chou, [Nota de traductor: Es costumbre china referirse a las mujeres profesionales por sus apellidos de solteras] he escuchado que tu marido es un anti-revolucionario y ¿está actualmente en la cárcel?" Ella le dijo: "Sí". El director dijo: "Tienes que divorciarle". Mi esposa dijo: "¿Por qué?" Él dijo: "Es la política del Gobierno Popular. Las familias de anti-revolucionarios no pueden ser profesores de las personas. Tu marido es un anti-revolucionario. Su pensamiento tiene problemas. Si está en contacto contigo, ¿cómo puedes enseñar a los alumnos? Así que tienes que divorciarle". Mi esposa dijo: "Cuando me se casé con él, no era un anti-revolucionario. Era un boxeador. Representó a Shangai para la competencia internacional. Se convirtió en un anti-revolucionario después de que me casé con él. Si le divorcio ahora y me caso con otra persona, no hay ninguna garantía de que el otro hombre no llegue a ser un anti-revolucionario en el futuro. ¿Entonces tendría que divorciarle y casarme otra vez? Además ya tenemos una niña y yo soy joven. Si me caso tendré más niños y niñas de este otro marido. Eso no sería bueno para mi hija. Por otra parte, Wu Yo-Chi fue condenado sólo por 7 años. Yo puedo esperar por él y luego podemos seguir edificando el socialismo. Podemos todavía ser marido y mujer". Lo que dijo tenía toda la razón. El director no pudo argüir con ella; ¿pero desistiría? Imposible. Poco después, el director le preguntó nuevamente: "¿Has decidido sobre esa cuestión?" Ella le respondió: "No hay ninguna posibilidad". El director dijo: "Entonces no hay posibilidad de parte de nosotros tampoco. Esta es la política. Entrega tu permiso de trabajo. Vete de este colegio si no te divorcias". En esa época la situación era totalmente diferente que ahora. No habría ningún trabajo una vez que saliera el colegio. No podía hacer nada por sí misma. Mi esposa lloró en todo el camino regresando a casa. No había futuro. “¿Qué puedo hacer para vivir? ¿Qué puedo hacer para mi hija?” Cuando llegó a casa continuaba llorando abrazando a nuestra hija y nadie estaba allí para consolarla.

Luego cuando me visitó, me contó todo. Me enojé al escuchar su relato. “¡Bajo el cielo no existe tal irracionalidad!” Yo ya estaba acusado de anti-revolucionario sin causa y ahora no dejan a mi esposa ni a mi hija en paz. Mi esposa dijo: "Acabo de vender mi reloj y me vine para acá. No sé qué hacer para el futuro".

Estimados santos, no he cometido ningún acto malo, no era un nacionalista [Nota del traductor: los nacionalistas estaban en contra de los comunistas], ni era un espía, ni tampoco un terrateniente [Nota del traductor: los comunistas odiaban a la clase privilegiada]. ¿Qué tipo de anti-revolucionario era yo? Yo no había colgado ni un pedazo de propaganda anti-revolucionaria. ¿Entonces cómo pudiera ser yo un "anti-revolucionario"? No entendía. Pero ¿qué podía hacer? Mi esposa lloró mucho, pero yo no dejé derramar ni una lágrima. Me crié bajo el régimen comunista y los comunistas me enseñaron a no lagrimear delante del enemigo. Decía para mí: “Hoy no voy a derramar ni una lágrima. Antes no era vuestro enemigo. Os apoyaba. Tenía sólo 12 años de edad cuando ustedes los comunistas tomaron el poder. Incluso les brindaba flores rojas a los soldados del ejército rojo. Pero fueron ustedes los que me impulsaron al lado de sus enemigos; el hecho que hoy sea vuestro enemigo fue causado por ustedes”. Los 5 minutos de visita se acabaron de pronto. Mi esposa se fue con nuestra hija en sus brazos. Yo las miraba mientras se alejaban y no sabía qué hacer o qué sucederá en el futuro. No estaba seguro si ella se iba a divorciar de mí. De repente ella se volvió y gritó: "¡Cuídate!" Ese grito suena en mis oídos aún ahora. Ese fue un grito desgarrador que quebró mi corazón. No podía hacer nada. No podía simplemente salir, no tenía armas, no podía pelear contra ellos. Sólo podía dejarme ser torturado por ellos.

El guardia de la prisión me devolvió a la celda. Al regresar a la celda no pude aguantar y derramé las lágrimas. En nuestra celda no había ni escritorio, ni silla, ni cama. Apoyándome a la pared solté un llanto. Próximamente me di cuenta que alguien se había tomado de mi mano. Ya que éramos sólo tres, sabía que era el fastidioso Tío Nee que se asió de mí. Yo estaba muy enojado y él era la persona más despreciada por mí. ¿Qué hace asiendo de mi mano cuando ni hablo con él? No necesitaba su simpatía. Quería quitar su mano de encima de la mía. Yo era un boxeador y era joven. Él era mayor y padecía de enfermedad del corazón. Todo lo que necesitaba hacer es darle un empujón y le hubiera arrojado contra la puerta. Pero, estimados santos, fue algo muy extraño. No podía levantar mi mano. Tío Nee no estaba fuerte, traté al menos tres veces y simplemente no podía levantar mi mano. Y entonces oí a Tío Nee diciéndome a mi oreja: "Yo-Chi, déjate llorar. Es bueno llorar. Llorando te sentirás mejor". Su palabra me conmovió mucho. Debido a la política de la cárcel, no se permitía llorar en voz alta. Porque todos los prisioneros estaban deprimidos. Si uno llora, otro también llorará y toda la prisión estaría llorando, lo cual sería terrible y sería mala evidencia para la “re-educación”. Pensaba que Tío Nee debió haberme dicho: "Yo-Chi, no llores. No es apropiado llorar. Tienes que obedecer la re-educación". El era el líder de grupo y debe estar al lado del Gobierno Popular. Nunca hubiera imaginado que él me dijera, déjate llorar, llorando te sentirás mejor. Con la palabra que me dio, empecé a cambiar mi opinión de él. Entonces empecé a desahogarme llorando en voz alta no importándome nada. No me importaba si venía el guardia de prisión a regañarme o a golpearme o matarme a tiros. Mi familia ya estaba destruida. No me importaba si muriera. Fue muy extraño que incluso no vino el guardia de prisión. Lloré hasta que me quedé totalmente agotado. Tío Nee me dio la toalla para limpiar mi cara y me dio agua para beber. Estábamos los dos sentados en el suelo. Desde ese momento comencé a hablar con él. Le conté lo que me había ocurrido. Y no me imaginaba cuán franco era él porque empezó a contarme lo que aconteció a su familia.

Desde ese día conversábamos más y más. Me contaba que tenía mucho que hacer porque era cristiano. Y me decía que su esposa le amaba mucho. Que ella tenía hipertensión y estaba en una condición muy seria, su tensión baja estaba en 104 o 105, y su tensión alta estaba en 200 o más. Podría morir en cualquier momento y que todo dependía del sostén y la misericordia del Señor.

Él esperaba que su sentencia podría cumplirse pronto y ser liberado para poder al menos verla. Pero si la sentencia no se cumplía y su esposa muriera, no podría verla otra vez en esta vida. Su esposa era como la mía, ellas amaban mucho a sus maridos. Él me contó muchas otras cosas y nuestra conversación se hizo más y más agradable. Él me dijo que un cristiano no debe ser uno que se opone al liderazgo de una nación porque Dios los ha instalado y empezó a predicarme el evangelio a mí. Escuchándole pensaba: “Estoy claro que a mí me impresionaron injustamente, pareciera que a él también le impresionaron injustamente pero no se ha opuesto al Gobierno Popular”. No es apropiado para un cristiano estar en contra de los líderes, sin embargo está acusado de anti-revolucionario, ¿no es esto injusto? Por lo que le pregunté: “¿En este momento todavía crees en el Señor?” Él respondió: “Ustedes no creen, yo creo; ustedes no ven, yo veo”. Ésta fue su palabra. Una palabra simple, aun lo recuerdo.

Hace 24 años un hermano vino a visitarme y yo le conté este relato. Le dije: “Todavía no entiendo porqué no podía levantar mi mano. Una persona tan energética como yo, él se asía de mí y yo no podía zafarme de su mano”. “Hermano”, me dijo, “tienes razón, no podías levantar tu mano, El Señor no lo permitió”. Al escuchar esa palabra entendí de inmediato. Cierto, soy una persona humilde, El Señor me encontró, me escogió, por lo que no podía levantar mi mano.

Nuestra relación se mejoró y conversábamos agradablemente. El otro, el loquito, él también estaba contento y se reía constantemente y hablaba mucho. Pero yo no le entendía, a lo máximo un 50 por ciento, pero Tío Nee le entendía perfectamente y servía de traductor para mí. Así los tres pasábamos duramente nuestros días.

Pero la paz no duró. Un día el guardia sacó a Tío Nee por un largo tiempo y no regresó a la hora del almuerzo. Ahora que nuestra relación estaba mejor, envolví su almuerzo en una toalla. Anteriormente le ignoraba, y si se desperdiciaba su almuerzo, a mí qué me importaba. Después que regresó lo noté un poco descontento y se sentó en el suelo. Le pregunté: “¿Qué querían contigo?” Él dijo: “Ellos me pidieron negar mi fe”. Dije: “¿Y usted aceptó?” Respondió: “No, no lo acepté”. Y continuó: “Ellos querían que negase mi fe, y si lo hiciese, me liberarían”. Yo dije: “¿Y porqué no se puso de acuerdo?” Él dijo: “Yo no estoy de acuerdo. Habían dos otros conmigo, uno se apellida Lan y el otro Chang”. El que se llamaba Lan era director de un hospital muy grande en Shangai y Chang era jefe de un condado de Shangai. Son personas prominentes en la Iglesia Católica. Le pregunté a Tío Nee: “¿Y qué de ellos?” Dijo: “Los dos se rindieron. Ya te enterarás”. De pronto el altavoz de la prisión entonó y era el jefe de nuestra prisión diciendo: “Hay dos prisioneros, habiendo pasado por el programa de re-educación, han cambiado su pensar, y se han presentado bien. Desean renunciar públicamente la fe que tenían y abandonar su posición de anti-revolucionarios. Ahora ellos quieren dar una palabra”. Entonces Lan y Chang cada uno habló. Lo primero que hicieron fue reprocharse a sí mismos y luego a la Iglesia Católica diciendo que la Iglesia Católica era un instrumento de espionaje usado por el imperialismo y es anti-revolucionaria. Que estaban engañados pero habiendo pasado por la re-educación del Gobierno Popular, ahora querían renunciar públicamente esa superstición, y que abandonarían esa organización anti-revolucionaria y que se arrepentían profundamente. Lloraban mientras hablaban. Después de hablar, el jefe de nuestra prisión anunció que estos dos serán liberados habiendo sido aprobado por el director de la prisión (el jefe es sólo de nuestro edificio mientras que el director de la prisión es de todo el complejo) y hoy regresarán a sus casas. Hermanos y hermanas, cuando escuchamos este anuncio todos los prisioneros y también yo nos quedamos atónitos. Tío Nee estaba a mi lado. Mirándole intensamente le dije: “Hace pocos días me decía cómo le amaba su esposa y cómo se amaban los dos y que su esposa no estaba de buena salud estando en gran peligro de perder su vida y también que usted extrañaba tanto a su esposa. Hoy con tan sólo una palabra hubiera logrado que el Gobierno Popular le dejara irse ¿y no quiere? ¿No dice ni una palabra? ¿Qué clase de persona es usted? ¿Ha creído en el Señor hasta este grado? Realmente no le entiendo. ¡Cuán preciosa es la libertad! El Gobierno Popular le ofrece a usted, Tío Nee, la libertad, y usted, Tío Nee, no la quiere”. El Tío Nee, por amor al Señor, sacrificó su vida, su amada esposa, y aun su libertad. Tío Nee estaba dispuesto a sacrificar estas tres cosas, cómo amaba al Señor, cómo creía en El Señor, ¡me conmovía muchísimo!

El método de los comunistas tiene como objetivo quebrar el espíritu del hombre [Nota del traductor: La palabra “espíritu” se usa aquí en el sentido secular]. Fue muy duro para el Tío Nee. ¿No te rindes? Bien, liberaremos a los otros dos, haber qué haces. Pero Tío Nee no se dejó convencer; su espíritu no fue quebrado. Pero a mí sí me quebraron el espíritu. Sabía que el Tío Nee no era una persona insensata, con falta de sabiduría. Para que él creyera tanto en Jesús debía de haber una razón, tiene que ser algo muy bueno para que él Le creyera tanto. Yo también deseaba creer en Jesús, yo también deseaba creer en Jesús como Tío Nee. Desde ese momento para adelante sentía que tenía que creer en el Señor. Que todos deben creer en el Señor. Para no estar oprimidos, hay que creer en el Señor; para tener paz, hay que creer en el Señor.

Hermanos y hermanas me han preguntado qué libro, qué artículo del Hermano Nee he leído el cual me llevó a creer en el Señor. Contesté que no creí en el Señor porque leí algo escrito por él. Cuando le conocí aún no creía en el Señor, no había leído de sus escritos. Creí en el Señor estudiando su persona. Hay un dicho en chino que dice: “La educación de palabras no alcanza a la educación de la acción”. Porque vi su comportamiento, creí en el Señor habiendo sido conmovido por lo que vi. Tío Nee es un ser humano; y conociendo a esta persona en una forma subjetiva, lo cual me conmovió, es así que creí en el Señor. Lo que le aconteció me afectó profundamente.

Así, por medio del Tío Nee es que me salvé. En la prisión, él no había tomado una posición de mando, levantando la mano y declarando: Amigos, ¡todos tienen que creer en el Señor! Tampoco miles creyeron en el Señor. Ni tampoco estaba Tío Nee luchando en la prisión en contra de los comunistas, haciéndose un héroe, un gran hombre. No, no era así. Esas eran mentiras, no existía tal situación. Lo único que hizo fue estar firme y no negar su fe. Tenemos que hablar la verdad y habló la verdad en Cristo, y no mentiras. Mi conciencia tocada por el Espíritu Santo testifica de esto.

La segunda vez que nos encontramos fue en el campamento de trabajos forzados de Bai-Mao Ling en la provincia de Anhui. Allí estuvimos juntos otros 5 años. Ambos fuimos muy conmovidos al encontraros otra vez. En ese entonces él ya se encontraba muy débil, de edad avanzada, y no podía caminar bien. Donde vivíamos estaba a como unos 60 a 70 metros del comedor. Estábamos cuesta abajo del comedor el cual estaba ubicado en un nivel alto al lado de la carretera. Para llegar al comedor a recoger la comida había que pasar por dos pendientes y cruzar la carretera. No era posible para Tío Nee lograr eso. Por eso yo le traía las tres comidas del día. De repente un día el guardia me llamó a la oficina y me preguntó porqué le llevaba la comida al señor Nee. Yo le dije: Él es de edad avanzada, no tiene buena salud, no puede escalar las dos pendientes, y es mí deber llevarle la comida. No podía imaginar que el guardia se pusiera muy serio y dijera: “Hablas tonterías. Él está fingiendo enfermedad; déjalo buscar su comida por sí mismo, ya no le ayudarás”. Se me hizo muy claro que estaban torturando a Tío Nee a propósito. Pero no le hice caso.

Pasados unos días, cuando fui otra vez a buscar la comida, los que servían la comida me dijeron que el guardia les instruyó que nadie le podía llevar comida al señor Nee, que tenía que venir personalmente a buscarla. Bajo esta situación no podía hacer nada más que volverme a nuestra habitación y contarle al Tío Nee los detalles. Sabía que Tío Nee era persona de amplia sabiduría y le pedí que buscara una manera. Y esperé que me diera su sugerencia. Después de un largo silencio, por fin abrió su boca y dijo: “Dejémoslo así”. Al escuchar su palabra me quedé atónito— ¡Dejarlo así y obedecer al Señor en cualquier situación! Yo estaba realmente enojado y desesperado. No había esperado que dijera tal cosa. ¿No quiere comer? No quería ir en contra de él. Lo único que podía hacer era compartir mi porción entre los dos. Mientras hacíamos eso, gracias al Señor, Él me dio a mí, una persona insensata, una buena idea. Normalmente como 5 onzas (medida China menor que la onza occidental) de arroz para el almuerzo. Puedo decirle al que sirve las comidas que trabajé muy duro ese día y necesito una onza más. Ellos no sospecharán. Entonces tomaré 6 onzas y cuando regrese a la celda, le daré a Tío Nee 2 onzas. Para su edad, 2 onzas serán suficientes y yo me comeré 4 onzas. Aunque no bastaba, podría aguantarme. De esta manera los dos compartíamos la comida todos los días y así vencimos la dificultad.

En 1971, el guardia me permitió pasarle una carta a Tío Nee de su familia. La carta decía que su esposa, Tía Nee, se cayó de la silla y se quebró dos costillas y que estaba en urgencias en el hospital. Por un lado le aconsejaba a Tío Nee que no se preocupara, por otro lado le urgía que solicitara regresar a Shangai para una visita familiar y que yo le podía acompañar. De hecho, en aquel año tanto yo como Tío Nee habíamos ya cumplido con nuestra sentencia; ya no éramos condenados. Pero en 1966 estalló la Gran Revolución Cultural Proletaria, y no liberaron a ningún preso desde entonces aunque hubieran cumplido con sus sentencias. Aun así, según las reglas, supuestamente teníamos el derecho de visitar familias por lo menos una vez al año por dos semanas. Creía que con este incidente tan serio, seguro que nos dejarán salir esta vez. Al principio el guardia de la prisión le dijo a Tío Nee, “Déjanos considerar tu caso”. Después decían, “Tú tienes un padecimiento del corazón muy serio, y ni siquiera puedes caminar, ¿cómo vas a regresar a Shangai?” Tío Nee les dijo que yo podía acompañarle. El guardia dijo, “Déjanos considerarlo con más tiempo”. Así se demoró más de medio mes. Cuado inquirimos una vez más, el guardia se puso bravo y dijo: “¿De qué sirve que regreses? Tú ni eres médico. Además, tu esposa ya está mejor, hemos indagado. Analizamos tu solicitud de visita familiar y no la aprobamos”. Tío Nee no dio ni una palabra de argumento con ellos ni tampoco me permitió razonar con ellos y regresamos a nuestra celda. Tío Nee se quedó orando en silencio. Cuando los otros presos vieron mover los labios del Tío Nee, me preguntaron: “¿Está orando ese Nee?” Yo contesté: “No, él está haciendo ejercicios de respiración”. El guardia también vino a preguntarme y le constaté igual. Pero yo sabía que Tío Nee no dejaba de orar ni un solo día.

Por fin un día cuando regresé de mi trabajo vi al Tío Nee con su rostro regado de lágrimas. Tía Nee había fallecido. Por un lado le animaba a no estar entristecido, por otro le aconsejaba hacer petición otra vez para regresar a Shangai y asistir al funeral. Estaba seguro que esta vez sí que lo aprobarían. Sin embargo, uno no podía imaginarse, que con una demora y con otra demora, al fin y al cabo le negaron igual. El guardia dijo: “Ya murió, ¿de qué sirve que regresases?” Hermanos y hermanas, ¿quién ha sufrido un tormento más profundo que éste? ¡Cómo le rompió el corazón! Él amaba al Señor y era firme en su fe, y él lo soportó.

Tío Nee amó al Señor toda su vida y a causa de eso padeció enormemente.

Después de unos días le pasó la agonía a Tío Nee y volvió a su vida cotidiana, todos los días perseverando en oración.

Tío Nee no sólo padeció físicamente sino que soportó indecibles abusos psicológicos. En toda su vida sufrió mucho sin obtener nada, pero ganó al Señor. Pudimos ver al Señor a través de él. Él era sólo un vaso, ¡pero en este vaso estaba el tesoro!

Hoy podemos estar aquí e invocar en voz alta y con libertad: “¡Oh, Señor, te amo!” Hoy en cualquier lugar en China uno también puede invocar: “!Oh, Señor, te amo¡” Pero en esos años bajo el régimen de la extrema izquierda uno no podía hacer eso. Tío Nee amó al Señor toda su vida, pero fue restringido por veinte años cuando no se le permitió invocar: “!Oh, Señor, te amo¡” Piénsenlo, si por veinte años no se les permite decir: “¡Mamá, te amo¡” No se les permite decir: “¡Hija, te amo¡”, o, “¡Esposa, te amo!” ¿Lo podrían soportar? Sin embargo, Tío Nee lo soportó todo.

Hoy, en su honor, clamemos todos a una voz tres veces, “¡Oh, Señor, te amo! ¡Oh, Señor, te amo! ¡Oh, Señor, te amo!”


ADMINISTRADOR: Añadimos este fragmento que nos ha llegado hoy de la mano de Rafael Restrepo. (No creemos que sea cierto lo que se dice al final de que le sacaron los ojos, le cortaron la lengua y las manos):


Aún no hemos resistido hasta la sangre...

En el verano de 1966, al mismo tiempo que los Beatles grababan en Londres: "Sergent Pepper" y Martín Luther King junior marchaban a través de las calles de Chicago; el cuerpo decadente de un pastor y obrero chino caía en el suelo infestado de ratas de una celda china de cuatro y medio por nueve y medio pies, localizada en las espaldas de las calles de Shanghai. Esta antigua prisión inglesa tomó el nombre de: "Primer Lugar de Detención", por sus más recientes dueños: la Armada Roja del Pueblo de la República de China. Un mejor nombre hubiese sido: "El Último Lugar". 

Después de catorce años de encarcelamiento el prisionero había hecho la paz con su sufrimiento sin saber que los estudiantes, guardias rojos, aún buscaban contrarrevolucionarios a quienes molestar. Ellos encontraron a Watchman Nee. 

Y ahora, con su brazo derecho quebrado, doblado en un ángulo inimaginable, el prisionero se levantó torpemente del piso hacia su cama. Su respiración era dolorosa, su corazón latía pesadamente en su pecho. De casi seis pies de altura y razonablemente saludable al momento de su arresto, él ahora pesaba menos de cincuenta kilos. Le sobrevino una tos repentina y  accidentalmente égolpeó su brazo fracturado contra la pared. Un fuerte dolor penetró en su costado derecho. Sus ojos se llenaron de lágrimas involuntarias, él se levanto por sí mismo ayudado por su otro brazo, aprisionó sus dientes ... ¡y sonrió! 

"Podría haber sido peor", pensó. "Yo todavía no he resistido hasta la sangre", dijo, citando al apóstol Pablo, "incluso hay una canción, siempre habrá una canción". 

Su suave voz recorrió las celdas aliviando la soledad de los prisioneros, terminando en las quebradas mesas de los desafortunados guardias. 

Sólo unas cuantas millas más, amado Y nuestros pies dejarán de doler;No más pecado y no más tristeza; estemos firmes, Jesús va adelante

Como él lo había hecho en tantas otras noches, el guardia se acercó a la puerta para escuchar con más atención la canción. Y yo escuché a Él susurrando dulcemente, 

"No desmayes, no temas, continua adelante;Porque esto podría acabar mañana; el largo viaje terminará".

Después de un momento de silencio el carcelero susurró: "pastor Nee, pastor Nee, ¿está usted ahí?"

"Tus preguntas son siempre extraordinarias, Wong Shu-yen. Si, estoy aquí", le respondió. 

"Pastor Nee, su canción me asusta. Yo no la había escuchado antes".

Él respondió, "Yo simplemente no la he cantado antes. ¿Por qué te asusta?" 

"Tengo miedo de que usted se esté muriendo", dijo el carcelero.
"No, mi joven amigo. Yo soy muy testarudo para la muerte. Y por otro lado, Él no me dejará ir antes de que tú creas".

"Pero yo creo. Yo creo que usted es el mejor hombre que yo haya conocido". 

"Entonces tú estas muy lejos de creer, querido Shu-yen. Cuando tú hallas encontrado a Cristo, sabrás que yo soy el peor hombre que tu hayas conocido". 

"Este hablar me atemoriza más que su muerte. Mi pobre esposa me ruega que lo ignore a usted. Si yo sigo a su Cristo, terminaré en el lado equivocado de esta puerta y ella terminará sola".
"Sin Cristo, ella está sola".
"Pastor, sus palabras son como martillo para mi corazón. ¿Qué debo hacer para ser salvo?" 

"Mi amado Wong tus preguntas siempre son maravillosas".

Levantando su cadavérico, mas aún radiante rostro al cielo, Watchman Nee suavemente cantó, 

"¿Puedes tú escuchar Su dulce susurro?Tu viaje acaba de empezar".

Así, como Sansón mató más enemigos en su muerte, que cuando estaba vivo, de la misma manera Watchman Nee tocó muchas vidas para Cristo en su celda. Sus sermones aparecieron en Inglaterra y Estados Unidos. Ambas, su causa y su persona, llegaron a ser legendarias para los cristianos que no toman su libertad como algo garantizado. Rumores se esparcieron diciendo que sus captores le quitaron los ojos por llevar a los guardias a Cristo. Pero muchos de sus sermones fueron publicados después de esto. Después se dijo que los comunistas cortaron su lengua, pero más libros aparecieron. Finalmente se dijo que cortaron sus manos, sólo para encontrar más de sus escritos en las manos de aquellos que estaban fuera de la prisión en Shangai. Aunque algunas historias fueron exageradas, aún con todo, éstas nos muestran la real preocupación de los cristianos por la persecución de Watchman Nee". 

(Prólogo de The Books Series "Heroes of the Faith")

jueves, 16 de diciembre de 2010

LA ORACIÓN: Preparar el camino de Dios; por W. NEE.




La Oración: Preparar el camino de Dios


“Por lo cual también nosotros, desde el día que lo oímos, no cesamos de orar por vosotros, y de pedir que seáis llenos del conocimiento de su voluntad en toda sabiduría e inteligencia espiritual”. (Colosenses 1:9).

Un siervo del Señor ha dicho muy bien: "La oración es la vía para la obra de Dios." En efecto, la oración es para la voluntad de Dios lo que la vía es para el tren. La locomotora es una máquina de gran potencia, puede recorrer dos mil kilómetros en un día. Pero si no hay vía, no puede avanzar ni un metro. Si trata de ponerse en marcha sin vía, pronto se atascará en la tierra. Tiene la capacidad de recorrer grandes distancias, pero con todo, no puede ir a ninguna parte si primero no le han puesto la vía. Y así es la relación entre la oración y la obra de Dios. No creo que sea necesaria una explicación más detallada, pues espero que todos hayan podido darse cuenta del significado de esta comparación. Sin duda alguna Dios es todopoderoso y obra poderosamente, pero no puede obrar y no obrará si usted y yo no nos esforzamos mano a mano con El en oración, si no preparamos el camino para su voluntad y si no oramos "con toda oración y súplica" (Efesios 6:18), con el fin de lograr para el Señor la condición necesaria para obrar. Son muchas las cosas que Dios quiere hacer y le gustaría hacer, pero tiene las manos atadas porque sus hijos no le dan apoyo y no han orado para prepararle el camino.
Permítaseme decir a todos los que se han entregado completamente a Dios: Examínense a sí mismos para ver si en este asunto han estado limitando al Señor día tras día. Por lo tanto, nuestra labor más importante es preparar el camino del Señor. No hay ningún trabajo que pueda compararse a este trabajo. Para Dios hay muchas "posibilidades"; pero se convertirán en "imposibilidades" si los creyentes no abren caminos al Señor. Así pues, nuestras oraciones acordes con la voluntad de Dios deben aumentar considerablemente.
Oremos exhaustivamente, es decir, oremos hasta la certeza de la respuesta, hasta el fondo, en todas direcciones, para que la voluntad de Dios prospere en todos los aspectos. Aunque nuestras actividades entre los hombres son importantes, el que trabajemos con el Señor por medio de las oraciones que le ofrecemos, es mucho más importante.
La oración no es un intento de restaurar los designios del cielo. Es una idea muy equivocada la de creer que como Dios es inflexible, necesitamos, por medio de la oración, entrar con El en combate para "subyugarle" y hacerle cambiar de decisión. Cualquier oración que no esté de acuerdo con la voluntad de Dios carece de toda fuerza. Hemos de contender ante Dios como si estuviéramos en desacuerdo, sólo porque su voluntad está bloqueada por hombres o por el diablo y, por lo tanto, deseamos ardientemente que El ejecute su voluntad para que los designios divinos no se retrasen por causa de la oposición. Deseando así que se cumplan los designios divinos y orando, sí, y hasta luchando contra todo lo que se opone a su voluntad, preparamos el camino para que El lleve a cabo sus designios; sin permitir que nada que venga del hombre o del diablo prevalezca temporalmente. Es cierto, parece que estamos luchando contra Dios, pero en realidad tal lucha no es contra Dios, como si quisiéramos obligarlo a cambiar su voluntad para acoplarse a nuestros deseos; en realidad la lucha es contra todo lo que se opone a Dios, para que El haga su voluntad. Por lo tanto, debemos darnos cuenta de que no podremos orar como colaboradores de Dios a menos que sepamos realmente cuál es su voluntad. Habiendo entendido algo el verdadero significado de la oración, seamos doblemente cautos no sea que la carne entre subrepticiamente. Démonos cuenta de que si Dios enviara por sí mismo a los trabajadores, entonces, ¡Cristo no nos habría ordenado orar al Señor de la mies que enviara trabajadores! Si el nombre de Dios fuera santificado espontáneamente, si su reino viniera sin necesidad de nuestra cooperación, y si su voluntad se hiciera en la tierra en forma automática, el Señor Jesús nunca nos habría enseñado a orar de la manera que nos enseñó. Si El mismo fuera a volver sin necesidad de que su iglesia lo pidiera, el Espíritu del Señor no habría movido al apóstol Juan a reclamar a gritos su pronta vuelta. Si Dios Padre fuera a hacer que todos los creyentes fuesen uno en forma espontánea, ¿habría orado nuestro Señor a su Padre para que esto se realizara? Si trabajar de acuerdo con Dios no fuera esencial, ¿cuál sería la utilidad de la continua intercesión de nuestro Señor en el cielo? !Oh, comprendamos que la oración acorde con la voluntad de Dios es más vital que ninguna otra cosa! Porque Dios puede obrar solamente en los asuntos en que sus hijos le han dado apoyo. Dios rehúsa obrar en aquellas áreas en que no hay oración y donde la voluntad de su pueblo no está unida a su voluntad. La oración con unidad de voluntades es verdadera oración. El motivo más alto de la oración no es obtener la respuesta. Es unir la voluntad del hombre con la de Dios para que el Señor pueda obrar. Puede que algunas veces pidamos en forma incorrecta, y por eso nuestra oración quede sin contestar; mas con todo, si nuestra voluntad está unida a la de Dios, el Señor aún ganará, pues aprovechando nuestro acuerdo con El, todavía podrá el Señor llevar a cabo su voluntad.

Tomado de: “OREMOS” W. Nee

(Gracias de nuevo Debi, por esta perla que me envías vía Pilar Medrano)

LA GRACIA

Gracias, Debi, por este envío.

LA GRACIA


“El Dios de toda gracia.”

1 PEDRO 5:10

¡Oh!, ¿cuándo llegará el corazón del hombre, siquiera en pensamiento, a la altura de la gracia y de la paciencia de Dios?

Es el amor que es en Dios, no ningún atractivo en el pecador, lo que explica la sobreabundante generosidad de su aceptación en Cristo.

Lo que el hombre natural entiende por misericordia no es … que Dios borre el pecado mediante el derramamiento de la sangre de Jesús, sino que Él pase por alto el pecado con indiferencia. Pero esto no es gracia.

No hay dar en la «provincia apartada», ni siquiera se dan las algarrobas. Satanás lo vende todo, y muy caro—al precio de nuestras almas. Todo se ha de comprar. El principio del mundo es «nadie da nada por nada». … ¿Quieres encontrar a alguien que realmente da? Has de ir a Dios.

La gracia no tiene límites, carece de ataduras. Seamos lo que seamos (y no podemos ser peor que lo que somos), a pesar de ello, lo que Dios es hacia nosotros es AMOR.

Su gracia … es siempre sorprendente … y se relaciona de tal manera con cada fibra y anhelo también de nuestros corazones con el acto de Cristo de hacerse hombre, que nos lleva a un lugar que nadie puede conocer si no está en él. Y sin embargo uno no es nada allí, aunque unido a Él que lo es todo—y ser nada es estar en un lugar de bendición.

La ley puede atormentar la conciencia, pero la gracia humilla.

«Siendo aun pecadores, Cristo murió por nosotros.» Vemos sencillamente dos cosas en esto—que el pecador carece de fuerza, está sin riquezas. Como el mísero hijo pródigo, ha desperdiciado todo lo que tenía, y ahora vuelve en sí, y está para volver, y no tiene nada que llevar consigo. ¡Como un marinero náufrago, todo lo ha echado por la borda, todo va a la deriva, y él mismo, debatiéndose en las oscuras olas, es echado sobre la playa, agotado y pobre, habiéndolo perdido todo! Pero bendito sea Dios, si hemos llegado a la playa, Dios está ahí, y es por nosotros … y sabemos que no seremos rechazados, y que podemos recurrir ahora a todas las cosas que Dios puede dar. «El que no eximió ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?»

La forma en que llego a sentir la enormidad del pecado es por la grandeza de la gracia que ha dado satisfacción por el pecado.

«Para mostrar en los siglos venideros las sobreabundantes riquezas de su gracia en su benignidad para con nosotros en Cristo Jesús.» Esta es la manera en que los ángeles aprenderán, junto con los principados y poderes en los lugares celestiales, el significado de «las sobreabundantes riquezas de su gracia». ¡Ellos verán al pobre ladrón, y a la mujer de la ciudad que era pecadora, y también a nosotros, en el mismo lugar y gloria que el Hijo de Dios!

Dios te enseñará, en el desierto,
Cómo es el Dios que has conocido;
Paciente en gracia, poderoso en santidad,
Toda Su gracia hará Él abundar contigo.

El elogio, «Bien, siervo bueno y fiel», suena dulce a los oídos, y tanto más para aquel que sabe que solo es por Su gracia que podemos ser lo primero y lo segundo.

martes, 14 de diciembre de 2010

LA PRIMOGENITURA: ORAR, GOBERNAR Y REINAR, por Witness Lee.


ESTUDIO-VIDA DE MATEO

MENSAJE DOS

LOS ANTEPASADOS Y LA CONDICION DEL REY


(2)
(Las notas y las negritas y rojas son mías, no del autor. Pueden ver, !no se lo pierdan!, el estudio completo sobre Mateo en el enlace al final del estudio)

(Extractos destacados de lo que se van a encontrar:



Los que han caído dependen de su propia obra, pero los llamados creen en la obra de Dios, y no en la suya. Ninguna persona caída puede ser justificada ante Dios por sus propias obras (Ro. 3:20). Por lo tanto, los llamados, habiendo sido llamados por Dios y sacados de su linaje caído, no confían ya en sus propios esfuerzos, sino en la obra de gracia que Dios efectúa


Para poder vivir por la fe, Abraham tenía que rechazarse a sí mismo y olvidarse de sí mismo, o sea, tenía que hacerse a un lado y vivir por otra Persona. Todo lo que era por naturaleza él tenía que echarlo a un lado.


¿Qué es lo que constituye un Abraham? Un Abraham es alguien que ha sido llamado a salir de donde está, alguien que no vive ni anda por su propia cuenta. También es alguien que abandona y olvida todo lo que tiene por naturaleza… somos los hijos de Abraham y que debemos vivir por la fe, y no por las obras. Gálatas 2:20 dice que vivir por la fe significa que “ya no vivo yo, mas vive Cristo”. Yo, o sea, el yo natural que provino del linaje caído, ha sido crucificado y sepultado. Así que, ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí. Así es un Abraham. Si somos judíos auténticos, los verdaderos descendientes de Abraham, debemos dejarlo todo y vivir por la fe. Debemos olvidarnos de todo lo que podemos hacer y rechazar todo lo que somos y tenemos por naturaleza. Esto no es fácil.


Parece que Dios le decía: “Abraham, no me gusta ver que tu padre esté contigo. No me agrada que tu sobrino esté contigo, tampoco me complace que Eliezer esté contigo. Quiero que no tengas a nadie de quien puedas depender. Tienes que contar conmigo. No dependas de ninguna otra cosa ni de lo que tengas por naturaleza”. Esto es creer en Dios, andar en El y vivir por El. Ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí.


Si queremos asociarnos con Cristo, es necesario que nos rechacemos y tomemos a Cristo como nuestro todo. Esto es creer en Cristo, y esta fe es justicia ante los ojos de Dios. No intente hacer nada. Simplemente crea en Cristo. Al linaje caído siempre le gusta hacer algo, obrar y esforzarse en algo. Pero Dios dice: “Salid de eso. Sois el linaje caído. ¡No intentéis, no hagáis y no obréis más! Olvidaos de vuestra vida pasada. Olvidaos de quienes sois, lo que podéis hacer y lo que tenéis. Olvidadlo todo y poned toda vuestra confianza en Mí. Yo soy vuestra buena tierra. Vivid en Mí y por Mí”.


El Señor le había mandado echar a Ismael (Gn. 21:10, 12); ahora le mandó matar a su hijo Isaac. ¿Puede usted hacer esto? ¡Qué difícil es esta lección! De nuevo, la lección consiste en esto: nunca confiarnos en lo que tenemos, ni en lo que Dios nos ha dado. Si Dios le ha dado a usted algo, debe devolverlo a El. Esto es andar diariamente por la fe. Andar en la presencia del Señor por la fe significa que no retenemos nada, ni siquiera las cosas que Dios nos da. Los mejores dones, los que el Señor nos ha dado, deben devolvérsele a El. No retenga nada en que pueda confiar; siempre dependa solamente del Señor.


Parece que Sara dijo: “Escucha, Abraham, Dios te prometió una simiente, un heredero de esta buena tierra. Pero, ¿no te ves?, ¡tienes casi noventa años! ¿Y no me has visto? ¡Soy demasiado vieja! Me es imposible dar a luz a un niño. Debemos hacer algo para ayudar a Dios a cumplir Su propósito. Tengo una sierva llamada Agar. Es buena gente. Sin lugar a dudas podrías tener un hijo de ella” (Gn. 16:1-2). Esto muestra el concepto natural, el cual es muy tentador. Muchas veces, tenemos en nuestro concepto natural algunas sugerencias que nos sacan del espíritu. A veces según nuestro concepto natural decimos: “Esta fuente es buena. Hagámoslo de esta manera”. ¡Pero tal propuesta ciertamente nos alejará de la promesa de Dios! Abraham aceptó lo que Sara propuso (Gn. 16:2-4) y el resultado fue Ismael (Gn. 16:15). ¡El terrible Ismael está todavía con nosotros! Llevar a cabo lo que Sara propuso no sirvió de ayuda para Dios; al contrario, le estorbó a Abraham impidiendo que cumpliese el propósito de Dios. Este no es un asunto insignificante.


Aprendemos de lo anterior que, como linaje llamado, todo lo que hacemos por nuestra propia cuenta resulta en Ismael. Todo lo que hagamos por nuestra propia cuenta en la vida de iglesia, incluso en la predicación del evangelio, sólo producirá a Ismael. ¡No produzcamos un Ismael! ¡Tenemos que llegar a nuestro fin! ¿No cruzó usted ese gran río, el Eúfrates? Cuando fue llamado de Babel, cruzó ese gran río y allí fue sepultado. Allí llegó a su fin. No viva por su propia cuenta ni haga nada por sí mismo. Más bien, debe decir: “Señor, no soy nada. Sin Ti, nada puedo hacer. Señor, si Tú no haces algo, yo tampoco haré nada. Si tú descansas, también yo descansaré. Señor, en Ti pongo toda mi confianza”. Decirlo es fácil, pero en nuestra vida diaria es difícil practicarlo.


Recordemos qué es un Abraham: es alguien que ha sido llamado y que no hace nada por su propia cuenta. Dios tuvo que esperar hasta que Abraham y Sara terminaran (Gn. 17:17; véase Ro. 4:19). El esperó hasta que la energía natural de ellos se agotara, hasta que llegaron a comprender que les era imposible engendrar un hijo.


Abraham quería que Ismael se quedara con él; deseaba depender de él. Sin embargo, Dios rechazó a Ismael (Gn. 17:18-19). Nosotros también queremos guardar nuestra propia obra y depender de ella, pero Dios no la acepta. Finalmente, Dios le pidió a Abraham que echara a Ismael y a su madre (Gn. 21:10-12). Para Abraham era algo difícil de hacer, pero tenía que aprender que no debía seguir viviendo por su propio esfuerzo, sino que debía dejar de esforzarse y no hacer nada por su propia cuenta. El tenía un hijo, pero debía renunciar a él. Esta es la lección que vemos en Abraham y también en el libro de Gálatas.


Participar de Cristo requiere que nunca contemos con nuestros esfuerzos ni con lo que podemos hacer. Así como Ismael impedía que Isaac heredara la promesa de Dios, así también nuestros propios esfuerzos u obra siempre impedirán que participemos de Cristo. Es necesario que renunciemos a todo lo que somos y a todo lo que tenemos y que confiemos en la promesa de Dios. Tenemos que renunciar a todo lo relacionado con nuestra vida natural; de otro modo, no podremos disfrutar a Cristo. Después de que nuestras fuerzas naturales se hayan agotado, la promesa de Dios vendrá. Después de haber sido echado Ismael, Isaac tuvo el pleno derecho a participar de la bendición de la promesa de Dios. El abandono a nuestros esfuerzos naturales, la renuncia a lo que podemos hacer o a lo que hemos hecho, es “Isaac”, o sea, la herencia de la bendición prometida por Dios, la cual es Cristo. Hemos sido bautizados en Cristo (Gá. 3:27). Habiendo sido terminados en Cristo, ahora somos Suyos, y El es nuestra porción. Por consiguiente, somos descendientes de Abraham, el linaje llamado de Dios, y herederos según Su promesa (Gá. 3:29).


¿Qué constituye a un Isaac? Isaac es el producto de vivir y andar por la fe. Esto es Cristo. Isaac tipifica plenamente a Cristo en el sentido de heredar todas las riquezas del Padre. Todos debemos experimentar a Cristo de tal manera; es decir, no por el hacer, ni por nuestros esfuerzos ni por el afán, sino simplemente confiando en El. Nuestra confianza en El producirá a Isaac. Sólo Isaac es el verdadero elemento de la genealogía de Cristo.


Somos el linaje de Abraham hoy, pero ¿andamos en el camino de Ismael o vivimos como Isaac? Andar por el camino de Ismael es cumplir el propósito de Dios por nuestros propios esfuerzos y obras. En el camino de Isaac nos introducimos en Dios, confiando en El para que El haga todo por nosotros a fin de cumplir Su propósito. ¡Qué diferencia tan grande entre estos dos caminos! Ismael no tiene nada que ver con Cristo. Todo lo que nosotros hagamos, todo lo que intentemos realizar por nuestra propia cuenta, no tiene nada que ver con Cristo. Necesitamos a Isaac. Si queremos conseguir a Isaac, tenemos que echar a Ismael, detener nuestra obra y entregarnos a la operación de Dios. Si permitimos que El cumpla Su promesa para nosotros, entonces tendremos a Isaac.




Dios podría haberle dicho: “Jacob, eres tonto. No necesitas hacer eso. Te daré más que lo que has adquirido”. Pero Jacob seguía esforzándose. Aunque era descendiente de Abraham, por su esfuerzo y por su naturaleza, era del todo descendiente del diablo. ¿Ve usted esto? En cuanto a su posición, Jacob era descendiente de Abraham, pero en cuanto a su carácter, era hijo del diablo.


Jacob pasó por muchos sufrimientos en su vida, pero éstos fueron producto de su propio esfuerzo, y no de la elección de Dios. Cuanto más se esforzaba Jacob, más sufría. Tal vez nos riamos de él, pero nosotros somos exactamente iguales a él. Cuanto más tratamos de hacer algo, más problemas tenemos.


En Cristo, primero necesitamos la vida de Abraham. Es menester que nos olvidemos de quienes somos, que vivamos por Cristo y que confiemos en El. En segundo lugar, en Cristo no necesitamos de Ismael, o sea, de lo que podamos hacer nosotros; al contrario, necesitamos a Isaac, es decir, lo que Dios hace. En tercer lugar, no necesitamos a Jacob sino a Israel, es decir, no al Jacob natural, sino al Israel transformado, el príncipe de Dios.


¿Comprende que nada depende de usted? Al oír esto, tal vez usted diga: “Si no depende de mí, sino completamente de Dios, entonces no voy a buscar más”. Bueno, si puede usted dejar de buscar, le animo a hacerlo. Diga a todo el universo que ha oído que todo depende de El, y que usted se ha detenido. Si puede dejar de buscar, debe hacerlo. Le aseguro que cuanto más se detenga usted, mejor. Cuanto más usted se detenga, más El se levantará. Hágalo. Dígale al Señor: “Señor, ¡dejo de buscar!” El Señor dirá: “¡Maravilloso! El hecho de que tú te hayas detenido me abre la puerta para que yo haga algo. Te quemaré. Es posible que te detengas, ¡pero te voy a quemar!”.


La genealogía de Cristo tiene que ver con la primogenitura, y ésta principalmente tiene que ver con asociarse con Cristo y participar de El.




Leví olvidó a sus padres, a sus hermanos y a sus hijos y sólo se ocupaba del deseo de Dios. Así que, recibió la porción sacerdotal de la primogenitura.


El reinado, otra porción de la primogenitura, le fue dado a Judá


Nuestra primogenitura también se compone de estos tres elementos: la porción doble de Cristo, el sacerdocio y el reinado


Nosotros estamos en Cristo y podemos disfrutarle al doble. También somos sacerdotes y reyes de Dios. Sin embargo, muchos cristianos han perdido su primogenitura. Son salvos y nunca van a perecer, pero han perdido su porción extra de Cristo. Si queremos disfrutar la porción extra de Cristo, tenemos que guardar nuestra primogenitura.




Todos los cristianos han nacido de nuevo como sacerdotes (Ap. 1:6). Pero hoy en día muchos han perdido su sacerdocio. Debido a que han perdido su posición como sacerdotes que oran, les es muy difícil orar. Si queremos guardar nuestro sacerdocio, debemos ser como los levitas y olvidarnos de nuestros padres, de nuestros hermanos y de nuestros hijos, y ocuparnos únicamente de los intereses de Dios. El deseo de Dios debe ser primero, y no los deseos de nuestras familias. Si el deseo de Dios ocupa el primer lugar en nuestros corazones, entonces tendremos intimidad con El y guardaremos nuestro sacerdocio.


Todos los cristianos también nacieron de nuevo como reyes (Ap. 5:10), pero muchos han perdido el reinado. Cuando el Señor Jesús regrese, sólo los vencedores estarán con El y serán los sacerdotes de Dios y los que reinan juntamente con Cristo (Ap. 20:4-6). Al mismo tiempo, disfrutarán de la heredad de esta tierra (Ap. 2:26).


Tenemos la debida posición para poseer la primogenitura e incluso ya la tenemos, pero el guardarla depende de si nos mantenemos apartados de lo profano y no nos contaminamos. Hemos visto que Esaú perdió su primogenitura porque era profano y Rubén perdió su primogenitura por causa de su contaminación. Pero José heredó la porción doble de la tierra por su pureza; Leví obtuvo el sacerdocio por haberse separado absolutamente de todo lo demás y por haberse apartado para con el Señor; y Judá recibió el reinado por haber cuidado a sus hermanos afligidos. Necesitamos mantenernos puros para poder disfrutar de la porción extra de Cristo; es menester que nos separemos absolutamente de todo lo demás y que nos apartemos para el Señor con un corazón que se ocupe del deseo del Señor más que de cualquier otra cosa; es preciso que cuidemos con amor a nuestros hermanos afligidos. Si somos así, sin lugar a dudas guardaremos nuestra primogenitura. La porción extra del disfrute de Cristo, el sacerdocio y el reinado, serán nuestros. Incluso hoy en día podemos disfrutar a Cristo en medida doble. Podemos orar, gobernar y reinar. Luego, cuando el Señor Jesús regrese, estaremos con El disfrutando de la heredad de esta tierra. Seremos sacerdotes que tienen contacto con Dios todo el tiempo y reyes que rigen al pueblo.


Abraham, Isaac, Jacob y Judá están asociados con Cristo. Si tenemos la vida de estas generaciones, es decir, la fe de Abraham, la heredad de Isaac, las experiencias bajo la mano de Dios por parte de Jacob y el cuidado amoroso de Judá, entonces nosotros estamos asociados con Cristo en Su genealogía.)



D. Abraham

La genealogía presentada en el Evangelio de Mateo comienza con Abraham, pero la genealogía dada en el Evangelio de Lucas se remonta a Adán. Mateo no abarca a Adán ni a sus descendientes, pero Lucas sí lo hace. ¿Qué significado podría tener esta diferencia? Lucas es un libro sobre la obra salvadora de Dios, mientras que Mateo es un libro sobre el reino. La salvación es para el linaje creado y caído, al cual representa Adán, pero el reino de los cielos es únicamente para el pueblo escogido de Dios, el linaje llamado representado por Abraham. Por lo tanto, Mateo empieza con Abraham, pero la genealogía presentada en Lucas se remonta a Adán.

1. Llamado

En los primeros diez capítulos y medio de Génesis vemos que Dios trató de obrar con el linaje creado, pero no pudo. El linaje creado le falló. El hombre cayó tanto que la humanidad se rebeló contra Dios hasta lo máximo y edificó la torre y la ciudad de Babel para expresar su rebelión (Gn. 11:1-9). Entonces Dios renunció al linaje creado y caído y llamó a un hombre, a Abraham, y lo sacó de ese linaje para que fuese el padre de otro. De un lugar lleno de rebelión e idolatría, donde todos eran uno con Satanás, Dios llamó a un hombre, Abraham (Gn. 12:1-2; He. 11:8). Desde el momento en que Dios llamó a Abraham y lo sacó de Babel (la cual vino a ser Babilonia) para que morase en Canaán, Dios renunció al linaje adánico e invirtió todos Sus intereses en el linaje nuevo, el cual tenía a Abraham por cabeza. Este es el linaje llamado, el linaje transformado. No es un linaje según lo natural, sino un linaje según la fe.

El reino de Dios está destinado para este linaje. Nunca podría ser para el linaje caído. Por consiguiente, Mateo, al referirse al reino de los cielos, comienza con Abraham. Debido a que el libro de Lucas trata de la obra salvadora de Dios (e indudablemente la salvación es para el linaje caído), la genealogía que presenta se remonta a Adán. En el libro de Lucas, después de ser salvos, somos espontáneamente traslados del linaje caído al linaje llamado. Anteriormente, éramos descendientes de Adán; ahora somos descendientes de Abraham. Gálatas 3:7 y 29 nos dicen que los que creen en Jesucristo son hijos de Abraham. ¿De quién es usted hijo? ¿Es usted hijo de Adán o hijo de Abraham? Somos los judíos genuinos (Ro. 2:29). Nuestro abuelo es Abraham. Estamos en la misma categoría que él. Si no fuésemos descendientes de Abraham, no tendríamos parte en el libro de Mateo, ni aun en el breve libro de Gálatas, porque éste fue escrito para los descendientes de Abraham. Sólo si somos descendientes de Abraham, tendremos parte en Gálatas. ¡Alabado sea el Señor porque somos los hijos de Abraham! “Si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa” (Gá. 3:29).

Abraham fue llamado por Dios. La palabra griega traducida iglesia es ekklesía, la cual significa “los llamados a salir”. Por lo tanto, nosotros los que estamos en la iglesia también somos llamados. Abraham fue llamado a salir de Babel, lugar de rebelión e idolatría y a entrar en la buena tierra, la cual tipifica a Cristo. Nosotros también estábamos en Babel. Eramos caídos, rebeldes, y adorábamos ídolos. En la actualidad todo el linaje humano está en Babel. Nosotros estábamos allí, pero un día Dios nos sacó al llamarnos de allí y nos puso en Cristo, la tierra elevada. Fuimos llamados por Dios a “la comunión (la participación) de Su Hijo, Jesucristo nuestro Señor” (1 Co. 1:9). “Para los llamados ... Cristo [es] poder de Dios y sabiduría de Dios” (1 Co. 1:24).

2. Justificado por la fe

Abraham, habiendo sido llamado, fue justificado por la fe (Gn. 15:6; Ro. 4:2-3). Los que han caído dependen de su propia obra, pero los llamados creen en la obra de Dios, y no en la suya. Ninguna persona caída puede ser justificada ante Dios por sus propias obras (Ro. 3:20). Por lo tanto, los llamados, habiendo sido llamados por Dios y sacados de su linaje caído, no confían ya en sus propios esfuerzos, sino en la obra de gracia que Dios efectúa. Abraham y todos los demás creyentes son así. “Los de la fe son bendecidos con el creyente Abraham” (Gá. 3:9). La bendición de la promesa de Dios, “la promesa del Espíritu” (Gá. 3:14), es para los que creen. Por la fe recibimos al Espíritu, quien es la realidad de Cristo así como Cristo mismo hecho real para nosotros (Gá. 3:2). Así que, tanto Abraham como nosotros somos asociados con Cristo y unidos a El por la fe. Por la fe en la obra de gracia efectuada por Dios, los llamados de Dios son justificados por El y participan de Cristo, su porción eterna.

3. Vivió por la fe

Hebreos 11:8 dice que Abraham fue llamado, y que respondió por la fe al llamamiento. Luego, en el versículo 9 se dice que él también vivió en la buena tierra por la fe. Abraham, habiendo sido llamado por Dios, no sólo fue justificado por la fe, sino que también vivió por la fe. Puesto que había sido llamado por Dios, no debía vivir y andar por su propia cuenta, sino por la fe. Para poder vivir por la fe, Abraham tenía que rechazarse a sí mismo y olvidarse de sí mismo, o sea, tenía que hacerse a un lado y vivir por otra Persona. Todo lo que era por naturaleza él tenía que echarlo a un lado.

Si comparamos Génesis 11:31 y 12:1 con Hechos 7:2-3, vemos que cuando Dios llamó a Abraham en Ur de los caldeos, éste era muy débil. Abraham no tomó la iniciativa para salir de Babel, sino que su padre Taré fue quien lo hizo. Esto obligó a Dios a quitarle el padre a Abraham. En Génesis 12:1 Dios volvió a llamarlo, diciéndole que saliera no sólo de su país y su parentela, sino también de la casa de su padre, lo cual significaba que no podía traer a nadie consigo. Pero de nuevo, Abraham al igual que nosotros, era débil y llevó consigo a Lot, su sobrino (Gn. 12:5).

¿Qué es lo que constituye un Abraham? Un Abraham es alguien que ha sido llamado a salir de donde está, alguien que no vive ni anda por su propia cuenta. También es alguien que abandona y olvida todo lo que tiene por naturaleza. Esto constituye precisamente el mensaje del libro de Gálatas. El capítulo 3 de Gálatas dice que somos los hijos de Abraham y que debemos vivir por la fe, y no por las obras. Gálatas 2:20 dice que vivir por la fe significa que “ya no vivo yo, mas vive Cristo”. Yo, o sea, el yo natural que provino del linaje caído, ha sido crucificado y sepultado. Así que, ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí. Así es un Abraham. Si somos judíos auténticos, los verdaderos descendientes de Abraham, debemos dejarlo todo y vivir por la fe. Debemos olvidarnos de todo lo que podemos hacer y rechazar todo lo que somos y tenemos por naturaleza. Esto no es fácil.

Los cristianos tienen en alto a Abraham; pero en realidad, no debemos apreciarlo excesivamente. El no fue sobresaliente. Fue llamado, pero no se atrevió a salir de Babel; fue su padre quien lo sacó. Esto le obligó a Dios a quitarle su padre. Luego Abraham contaba con su sobrino, Lot. Después, confió en su criado, Eliezer (Gn. 15:2-4). Parece que Dios le decía: “Abraham, no me gusta ver que tu padre esté contigo. No me agrada que tu sobrino esté contigo, tampoco me complace que Eliezer esté contigo. Quiero que no tengas a nadie de quien puedas depender. Tienes que contar conmigo. No dependas de ninguna otra cosa ni de lo que tengas por naturaleza”. Esto es creer en Dios, andar en El y vivir por El. Ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí.

Si somos judíos auténticos, entonces somos los verdaderos Abrahanes. Debemos creer en el Señor para ser Abrahanes. Creer en el Señor equivale a asociarse con El. Abraham fue llamado a dejar el linaje caído y a asociarse con el Señor. Todos los hijos de Abraham, de igual manera, deben asociarse con Cristo. “Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois”. En otras palabras, si somos linaje de Abraham, pertenecemos a Cristo y somos asociados con El. Si queremos asociarnos con Cristo, es necesario que nos rechacemos y tomemos a Cristo como nuestro todo. Esto es creer en Cristo, y esta fe es justicia ante los ojos de Dios. No intente hacer nada. Simplemente crea en Cristo. Al linaje caído siempre le gusta hacer algo, obrar y esforzarse en algo. Pero Dios dice: “Salid de eso. Sois el linaje caído. ¡No intentéis, no hagáis y no obréis más! Olvidaos de vuestra vida pasada. Olvidaos de quienes sois, lo que podéis hacer y lo que tenéis. Olvidadlo todo y poned toda vuestra confianza en Mí. Yo soy vuestra buena tierra. Vivid en Mí y por Mí”.

Así son los verdaderos Abrahanes, los verdaderos gálatas. Como hijos de Dios, ellos confían en El y se olvidan de sí mismos. Estos son los que constituyen la genealogía de Cristo. Todos debemos ser así, como Abraham; es decir, debemos olvidarnos de nuestra vida pasada, abandonar todo lo que somos y tenemos y poner nuestra confianza en Cristo, nuestra buena tierra. Hoy nuestro andar y vivir debe realizarse por la fe en Cristo. Si es así, entonces, como herederos de la promesa de Dios, es decir, como los que heredamos la promesa del Espíritu, participaremos de Cristo, quien es la bendición de Dios.

En cierto momento el Señor le pidió a Abraham que ofreciera en holocausto a Isaac, quien Dios le había dado según Su promesa (Gn. 22:1-2). El Señor se lo había dado a Abraham, y ahora Abraham tenía que devolvérselo. El Señor le había mandado echar a Ismael (Gn. 21:10, 12); ahora le mandó matar a su hijo Isaac. ¿Puede usted hacer esto? ¡Qué difícil es esta lección! No obstante, esta es la manera de experimentar a Cristo. Tal vez el mes pasado o la semana pasada usted haya experimentado a Cristo de una forma particular, pero hoy el Señor dice: “Dedica esa experiencia. De verdad experimentaste a Cristo, pero no debes guardar la experiencia”. De nuevo, la lección consiste en esto: nunca confiarnos en lo que tenemos, ni en lo que Dios nos ha dado. Si Dios le ha dado a usted algo, debe devolverlo a El. Esto es andar diariamente por la fe. Andar en la presencia del Señor por la fe significa que no retenemos nada, ni siquiera las cosas que Dios nos da. Los mejores dones, los que el Señor nos ha dado, deben devolvérsele a El. No retenga nada en que pueda confiar; siempre dependa solamente del Señor. Abraham lo hizo. Finalmente vivió y anduvo en la presencia de Dios exclusivamente por la fe.

E. Isaac

Mateo 1:2 dice: “Abraham engendró a Isaac”. ¿Cuál es el punto que más se destaca con respecto a Isaac? Pues Isaac nació por medio de la promesa (Gá. 4:22-26, 28-31; Ro. 9:7-9). Nació como el único heredero (Gn. 21:10, 12; 22:2a, 12b, 16-18), y heredó la promesa de Cristo (Gn. 26:3-4).

Dios le había prometido a Abraham un hijo. Sara, deseando ayudar a Dios con el cumplimiento de la promesa, le propuso algo a Abraham. Parece que Sara dijo: “Escucha, Abraham, Dios te prometió una simiente, un heredero de esta buena tierra. Pero, ¿no te ves?, ¡tienes casi noventa años! ¿Y no me has visto? ¡Soy demasiado vieja! Me es imposible dar a luz a un niño. Debemos hacer algo para ayudar a Dios a cumplir Su propósito. Tengo una sierva llamada Agar. Es buena gente. Sin lugar a dudas podrías tener un hijo de ella” (Gn. 16:1-2). Esto muestra el concepto natural, el cual es muy tentador. Muchas veces, tenemos en nuestro concepto natural algunas sugerencias que nos sacan del espíritu. A veces según nuestro concepto natural decimos: “Esta fuente es buena. Hagámoslo de esta manera”. ¡Pero tal propuesta ciertamente nos alejará de la promesa de Dios! Abraham aceptó lo que Sara propuso (Gn. 16:2-4) y el resultado fue Ismael (Gn. 16:15). ¡El terrible Ismael está todavía con nosotros! Llevar a cabo lo que Sara propuso no sirvió de ayuda para Dios; al contrario, le estorbó a Abraham impidiendo que cumpliese el propósito de Dios. Este no es un asunto insignificante.

Aprendemos de lo anterior que, como linaje llamado, todo lo que hacemos por nuestra propia cuenta resulta en Ismael. Todo lo que hagamos por nuestra propia cuenta en la vida de iglesia, incluso en la predicación del evangelio, sólo producirá a Ismael. ¡No produzcamos un Ismael! ¡Tenemos que llegar a nuestro fin! ¿No cruzó usted ese gran río, el Eúfrates? Cuando fue llamado de Babel, cruzó ese gran río y allí fue sepultado. Allí llegó a su fin. No viva por su propia cuenta ni haga nada por sí mismo. Más bien, debe decir: “Señor, no soy nada. Sin Ti, nada puedo hacer. Señor, si Tú no haces algo, yo tampoco haré nada. Si tú descansas, también yo descansaré. Señor, en Ti pongo toda mi confianza”. Decirlo es fácil, pero en nuestra vida diaria es difícil practicarlo.

Recordemos qué es un Abraham: es alguien que ha sido llamado y que no hace nada por su propia cuenta. Dios tuvo que esperar hasta que Abraham y Sara terminaran (Gn. 17:17; véase Ro. 4:19). El esperó hasta que la energía natural de ellos se agotara, hasta que llegaron a comprender que les era imposible engendrar un hijo.

Abraham quería que Ismael se quedara con él; deseaba depender de él. Sin embargo, Dios rechazó a Ismael (Gn. 17:18-19). Nosotros también queremos guardar nuestra propia obra y depender de ella, pero Dios no la acepta. Finalmente, Dios le pidió a Abraham que echara a Ismael y a su madre (Gn. 21:10-12). Para Abraham era algo difícil de hacer, pero tenía que aprender que no debía seguir viviendo por su propio esfuerzo, sino que debía dejar de esforzarse y no hacer nada por su propia cuenta. El tenía un hijo, pero debía renunciar a él. Esta es la lección que vemos en Abraham y también en el libro de Gálatas.

Participar de Cristo requiere que nunca contemos con nuestros esfuerzos ni con lo que podemos hacer. Así como Ismael impedía que Isaac heredara la promesa de Dios, así también nuestros propios esfuerzos u obra siempre impedirán que participemos de Cristo. Es necesario que renunciemos a todo lo que somos y a todo lo que tenemos y que confiemos en la promesa de Dios. Tenemos que renunciar a todo lo relacionado con nuestra vida natural; de otro modo, no podremos disfrutar a Cristo. Después de que nuestras fuerzas naturales se hayan agotado, la promesa de Dios vendrá. Después de haber sido echado Ismael, Isaac tuvo el pleno derecho a participar de la bendición de la promesa de Dios. El abandono a nuestros esfuerzos naturales, la renuncia a lo que podemos hacer o a lo que hemos hecho, es “Isaac”, o sea, la herencia de la bendición prometida por Dios, la cual es Cristo. Hemos sido bautizados en Cristo (Gá. 3:27). Habiendo sido terminados en Cristo, ahora somos Suyos, y El es nuestra porción. Por consiguiente, somos descendientes de Abraham, el linaje llamado de Dios, y herederos según Su promesa (Gá. 3:29).

¿Qué constituye a un Isaac? Isaac es el producto de vivir y andar por la fe. Esto es Cristo. Isaac tipifica plenamente a Cristo en el sentido de heredar todas las riquezas del Padre. Todos debemos experimentar a Cristo de tal manera; es decir, no por el hacer, ni por nuestros esfuerzos ni por el afán, sino simplemente confiando en El. Nuestra confianza en El producirá a Isaac. Sólo Isaac es el verdadero elemento de la genealogía de Cristo. No los que son hijos según la carne son los hijos de Dios, sino que los que son hijos de la promesa son contados como descendientes (Ro. 9:7-8). Por lo tanto, Dios consideraba a Isaac como el único hijo de Abraham (Gn. 21:10, 12; 22:2a, 12b, 16-18), el único que heredaría la promesa con respecto a Cristo (Gn. 26:3-4).

Somos el linaje de Abraham hoy, pero ¿andamos en el camino de Ismael o vivimos como Isaac? Andar por el camino de Ismael es cumplir el propósito de Dios por nuestros propios esfuerzos y obras. En el camino de Isaac nos introducimos en Dios, confiando en El para que El haga todo por nosotros a fin de cumplir Su propósito. ¡Qué diferencia tan grande entre estos dos caminos! Ismael no tiene nada que ver con Cristo. Todo lo que nosotros hagamos, todo lo que intentemos realizar por nuestra propia cuenta, no tiene nada que ver con Cristo. Necesitamos a Isaac. Si queremos conseguir a Isaac, tenemos que echar a Ismael, detener nuestra obra y entregarnos a la operación de Dios. Si permitimos que El cumpla Su promesa para nosotros, entonces tendremos a Isaac.

F. Jacob

Mateo 1:2 también dice: “Isaac engendró a Jacob”. Isaac e Ismael eran hermanos engendrados por el mismo padre, pero de madres distintas. Jacob y Esaú eran más íntimos; eran gemelos. Jacob significa el que suplanta. El suplanta a los demás, poniéndolos por debajo de él y subiendo por encima de ellos. Cuando él y su hermano mayor Esaú iban a nacer, Jacob agarró el talón de Esaú. Parece que Jacob decía: “Esaú, ¡no te vayas! ¡Espérame! ¡Déjame ir primero! Jacob era uno que verdaderamente agarraba el talón. El significado del nombre de Jacob es el que agarra al talón, el que suplanta. Abatir a otros y ponerlos debajo de sus pies engañándoles era la manera de ser de Jacob.

Debido a que Dios ya había escogido a Jacob, todos los esfuerzos de éste fueron en vano. Jacob necesitaba de una visión. No le era necesario suplantar a otros, porque Dios ya le había escogido para ser el primero. Incluso antes de nacer los gemelos, Dios había dicho a la madre que el menor sería el primero, y el mayor sería el segundo. Está escrito: “A Jacob amé, mas a Esaú aborrecí” (Mal. 1:2-3; Ro. 9:13).

Desgraciadamente, Jacob no se enteró de esto. Si se hubiera enterado, nunca habría tratado de hacer nada. Al contrario, le habría dicho a Esaú: “Si quieres nacer primero, adelante. Por mucho que intentes ser el primero, yo lo seré. Nunca podrás suplantarme porque Dios me ha elegido”. No obstante, Jacob no sabía esto. Aun cuando ya había crecido, todavía no lo entendía. Por lo tanto, siempre suplantaba a los demás. Adondequiera que iba, suplantaba a otros. Suplantó a su hermano (Gn. 25:29-33; 27:18-38), y suplantó a su tío (Gn. 30:37—31:1). Con respecto a su tío Labán, siempre tramaba algo para engañarle y finalmente le robó. Pero todo lo que hizo fue en vano. Dios podría haberle dicho: “Jacob, eres tonto. No necesitas hacer eso. Te daré más que lo que has adquirido”. Pero Jacob seguía esforzándose. Aunque era descendiente de Abraham, por su esfuerzo y por su naturaleza, era del todo descendiente del diablo. ¿Ve usted esto? En cuanto a su posición, Jacob era descendiente de Abraham, pero en cuanto a su carácter, era hijo del diablo.

¿Qué necesitaba Jacob? Necesitaba que Dios obrara en él. Por esto, Dios usó a su hermano Esaú y luego a su tío Labán. Incluso Dios usó a cuatro esposas, doce criados y una criada. Jacob pasó por muchos sufrimientos en su vida, pero éstos fueron producto de su propio esfuerzo, y no de la elección de Dios. Cuanto más se esforzaba Jacob, más sufría. Tal vez nos riamos de él, pero nosotros somos exactamente iguales a él. Cuanto más tratamos de hacer algo, más problemas tenemos.

En Cristo, primero necesitamos la vida de Abraham. Es menester que nos olvidemos de quienes somos, que vivamos por Cristo y que confiemos en El. En segundo lugar, en Cristo no necesitamos de Ismael, o sea, de lo que podamos hacer nosotros; al contrario, necesitamos a Isaac, es decir, lo que Dios hace. En tercer lugar, no necesitamos a Jacob sino a Israel, es decir, no al Jacob natural, sino al Israel transformado, el príncipe de Dios.

¿Comprende que nada depende de usted? Al oír esto, tal vez usted diga: “Si no depende de mí, sino completamente de Dios, entonces no voy a buscar más”. Bueno, si puede usted dejar de buscar, le animo a hacerlo. Diga a todo el universo que ha oído que todo depende de El, y que usted se ha detenido. Si puede dejar de buscar, debe hacerlo. Le aseguro que cuanto más se detenga usted, mejor. Cuanto más usted se detenga, más El se levantará. Hágalo. Dígale al Señor: “Señor, ¡dejo de buscar!” El Señor dirá: “¡Maravilloso! El hecho de que tú te hayas detenido me abre la puerta para que yo haga algo. Te quemaré. Es posible que te detengas, ¡pero te voy a quemar!”.

Todos hemos sido elegidos. En cierto sentido, hemos sido cautivados. ¿Qué podemos hacer? Nunca podremos irnos, y esto se debe completamente a la misericordia del Señor. No escogimos este camino. Ciertamente no lo escogí yo, pero aquí estoy. ¿Qué puedo hacer? ¿Qué puedo decir? Puesto que Dios nos ha escogido, nunca podremos irnos.

Si leemos Romanos 9, descubriremos que todo depende de El, y no de nosotros. El era y sigue siendo la fuente. ¡Alabado sea El porque Su misericordia llegó a nosotros! Nadie puede rechazar Su misericordia. Quizás rechacemos lo que El hace, pero nunca podremos rechazar Su misericordia (Ex. 33:19; Ro. 9:15). ¡Qué misericordia haber sido elegidos para asociarnos con Cristo y participar de El, quien es la bendición eterna de Dios! En un sentido somos Abraham, en otro sentido somos Isaac, y todavía en otro, somos Jacob. Luego, en otro sentido seremos Israel. Así que, tenemos a Abraham, a Isaac y a Jacob.

La genealogía de Cristo tiene que ver con la primogenitura, y ésta principalmente tiene que ver con asociarse con Cristo y participar de El. El hecho de que Jacob suplantara no tenía justificación, pero Dios reconoció el hecho de que procuraba obtener la primogenitura. Esaú menospreció la primogenitura y la vendió a bajo precio (Gn. 25:29-34). Así que, la perdió y no pudo recobrarla, aun cuando se arrepintió y la procuró con lágrimas (Gn. 27:34-38; He. 12:16-17). Había perdido la bendición de participar de Cristo. Esto debe ser una advertencia para nosotros. Jacob respetó y procuró la primogenitura y la adquirió. Heredó la bendición prometida por Dios, la bendición de Cristo (Gn. 28:4, 14).

G. Judá

Mateo 1:2 también dice: “Jacob engendró a Judá y a sus hermanos”. Rubén fue el primer hijo de Jacob. El debería haber recibido la porción del primogénito, la cual era la primogenitura. Esta incluye tres elementos: la porción doble de la tierra, el sacerdocio y el reinado. Aunque Rubén era el primer hijo, perdió la primogenitura por su contaminación (Gn. 49:3-4; 1 Cr. 5:1-2). Como resultado, la porción doble de la tierra le fue dada a José, probablemente por causa de su pureza (Gn. 39:7-20). De los hijos de Jacob, José era el más íntimo con él y aquel que era conforme a su corazón (Gn. 37:2-3, 12-17). Cada uno de los dos hijos de José, Manasés y Efraín, recibieron una porción de la tierra (Josué 16 y 17). Así que, por medio de sus dos hijos José heredó dos porciones de la buena tierra.

La porción del sacerdocio de la primogenitura le fue dada a Leví (Dt. 33:8-10). Leví era, en gran manera, un varón conforme al corazón de Dios. Con el fin de cumplir el deseo de Dios, Leví olvidó a sus padres, a sus hermanos y a sus hijos y sólo se ocupaba del deseo de Dios. Así que, recibió la porción sacerdotal de la primogenitura.

El reinado, otra porción de la primogenitura, le fue dado a Judá (Gn 49:10; 1 Cr. 5:2). Al leer Génesis, vemos la razón de esto. Cuando José pasó por los sufrimientos causados por la conspiración de sus hermanos, Judá lo cuidó (Gn. 37:26). También cuidó a Benjamín mientras éste sufría (Gn. 43:8-9; 44:14-34). Creo que debido a esto el reinado pasó a Judá.

En la actualidad somos “la iglesia del primogénito” (He. 12:23). Nuestra primogenitura también se compone de estos tres elementos: la porción doble de Cristo, el sacerdocio y el reinado. Nosotros estamos en Cristo y podemos disfrutarle al doble. También somos sacerdotes y reyes de Dios. Sin embargo, muchos cristianos han perdido su primogenitura. Son salvos y nunca van a perecer, pero han perdido su porción extra de Cristo. Si queremos disfrutar la porción extra de Cristo, tenemos que guardar nuestra primogenitura.

Todos los cristianos han nacido de nuevo como sacerdotes (Ap. 1:6). Pero hoy en día muchos han perdido su sacerdocio. Debido a que han perdido su posición como sacerdotes que oran, les es muy difícil orar. Si queremos guardar nuestro sacerdocio, debemos ser como los levitas y olvidarnos de nuestros padres, de nuestros hermanos y de nuestros hijos, y ocuparnos únicamente de los intereses de Dios. El deseo de Dios debe ser primero, y no los deseos de nuestras familias. Si el deseo de Dios ocupa el primer lugar en nuestros corazones, entonces tendremos intimidad con El y guardaremos nuestro sacerdocio.

Todos los cristianos también nacieron de nuevo como reyes (Ap. 5:10), pero muchos han perdido el reinado. Cuando el Señor Jesús regrese, sólo los vencedores estarán con El y serán los sacerdotes de Dios y los que reinan juntamente con Cristo (Ap. 20:4-6). Al mismo tiempo, disfrutarán de la heredad de esta tierra (Ap. 2:26).

Hebreos 12:16-17 nos advierte que no debemos perder la primogenitura como lo hizo Esaú. “A cambio de una sola comida” Esaú “entregó su primogenitura”. Después se arrepintió de haberla vendido a un precio tan bajo, pero no pudo recobrarla. Todos necesitamos estar alerta. Tenemos la debida posición para poseer la primogenitura e incluso ya la tenemos, pero el guardarla depende de si nos mantenemos apartados de lo profano y no nos contaminamos. Hemos visto que Esaú perdió su primogenitura porque era profano y Rubén perdió su primogenitura por causa de su contaminación. Pero José heredó la porción doble de la tierra por su pureza; Leví obtuvo el sacerdocio por haberse separado absolutamente de todo lo demás y por haberse apartado para con el Señor; y Judá recibió el reinado por haber cuidado a sus hermanos afligidos. Necesitamos mantenernos puros para poder disfrutar de la porción extra de Cristo; es menester que nos separemos absolutamente de todo lo demás y que nos apartemos para el Señor con un corazón que se ocupe del deseo del Señor más que de cualquier otra cosa; es preciso que cuidemos con amor a nuestros hermanos afligidos. Si somos así, sin lugar a dudas guardaremos nuestra primogenitura. La porción extra del disfrute de Cristo, el sacerdocio y el reinado, serán nuestros. Incluso hoy en día podemos disfrutar a Cristo en medida doble. Podemos orar, gobernar y reinar. Luego, cuando el Señor Jesús regrese, estaremos con El disfrutando de la heredad de esta tierra. Seremos sacerdotes que tienen contacto con Dios todo el tiempo y reyes que rigen al pueblo.

Debido a que Judá obtuvo la porción de la primogenitura que está relacionada con el reinado, él produjo al Cristo real (Gn. 49:10), a Cristo el Victorioso (Ap. 5:5; Gn. 49:8-9). “Porque evidente es que nuestro Señor surgió de la tribu de Judá” (He. 7:14).

Abraham, Isaac, Jacob y Judá están asociados con Cristo. Si tenemos la vida de estas generaciones, es decir, la fe de Abraham, la heredad de Isaac, las experiencias bajo la mano de Dios por parte de Jacob y el cuidado amoroso de Judá, entonces nosotros estamos asociados con Cristo en Su genealogía.

H. Sus hermanos

Cuando esta genealogía menciona a Isaac y a Jacob, no dice “y su hermano”; sólo al mencionar a Judá dice “y sus hermanos”. El hermano de Isaac, Ismael, así como el de Jacob, Esaú, fueron rechazados por Dios. Pero los once hermanos de Judá fueron escogidos; ninguno de ellos fue rechazado por Dios. Judá y sus once hermanos llegaron a ser los padres de las doce tribus, las cuales formaron la nación de Israel, el pueblo escogido por Dios para Cristo. Por consiguiente, todos los hermanos de Judá estaban ligados a Cristo. Por esta razón, también son incluidos en la genealogía de Cristo.