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lunes, 10 de septiembre de 2012

La Fortaleza o Lugar Alto: 'ESTAR EN EL MINISTERIO' (Charles E. Newbold Jr. – El Sistema de la Iglesia Ramera)


...EL Ministro Babilónico se ve a sí mismo no solo como alguien que ha sido apartado, sino como alguien que ha sido puesto por encima del “laicado”. El es el “profesional”. Se pone títulos en su ambición personal de edificar para sí mismo una ciudad, una torre, y un nombre. La reputación es algo muy importante para él. Aunque a sí mismo se llama el siervo de ellos, con más frecuencia que no, llama al rebaño para que le sirva, para sus planes y para sus programas. Sin embargo, él está eternamente atareado haciendo el trabajo de la iglesia en lugar del de la gente—obra de iglesia, no obra del reino de Dios ...


Capítulo 8 – El Ministerio
Mientras conducía a casa un gélido día de invierno, después de compartir con algunos creyentes en Georgia, yo seguía escuchando las palabras que retumbaban a mi alrededor: “Deja el Ministerio”. La palabra era de lo más preocupante porque yo pensaba que ya lo había dejado. Y sin embargo, ahí estaba, acosándome sin parar: “Deja el Ministerio”. Después descubrí el énfasis en el artículo: “Deja EL Ministerio”. Sabía que se trataba de una palabra purificadora de Dios obrando en mí. EL Ministerio, con el énfasis en el artículo “EL” y “M” mayúscula, era una fortaleza dentro de mí que me habían pasado a través de generaciones de tradición religiosa. Esta fortaleza es lo que llamamos "Estar en EL Ministerio".

“¿Qué significa dejar EL Ministerio?”, Pregunté a mi esposa Nancy. Como siempre, con una percepción muy aguda, sabiendo que tenía que ver conmigo en particular, contestó pensativamente,”Significa no sentirte responsable de la gente de los grupitos a los que ministramos, haciendo un temario o un libro de todo lo que te viene, sistematizando todo hasta convertirlo en una enseñanza formal, con la idea que tienes de enseñarlo, comenzar una escuela ministerial, enviar circulares de información, ni pastorear a nadie. Significa simplemente ser”.

“Eso lo entiendo”, le dije, “pero no sé como parar. ¿Cómo paro lo que ha sido programado dentro de mí desde mi infancia?”

Desde ese comienzo, el Espíritu Santo abrió mis ojos para ver algunas cosas sobre EL Ministerio y comencé a ser libre de las falsas expectativas que van junto con el hecho de estar en EL Ministerio.

EXTENSIÓN IDOLÁTRICA DEL YO

Por fuera, EL Ministerio parece ser una vida noble entregada al sacrificio del Yo; pero cuando lo interno es expuesto a la luz, se descubre una vida de egocentrismo y auto-exaltación. Como sucede con la Cosa que llamamos iglesia, así sucede con EL Ministerio. Puede ser igualmente una extensión idolátrica del Yo, algo que existe fuera de y en adición al que está en el ministerio. Es un manto que nos ponemos nosotros mismos, pero que Dios no ha tejido para nosotros.

Hacemos algo de estar en el ministerio cuando suponemos: “Estoy en ministerio, por tanto, yo tengo un ministerio.” Muchos santos bien intencionados han comenzado Ministerios sobre el fundamento de un testimonio poco usual, o unos dones poco usuales. Es bueno compartir nuestros testimonios. Probablemente ésa sea la razón por la que los tenemos, pero no tenemos que entrar en EL Ministerio sólo porque tengamos un testimonio. No tenemos que entrar en EL Ministerio sólo porque tengamos dones para evangelizar, profetizar, sanar, enseñar, cantar o predicar. No tenemos que entrar en EL Ministerio sólo porque sintamos el llamado de Dios al servicio. Dios nos ha llamado a todos a ministrar. Todos tenemos que hacer el ministerio de los santos.

Pablo, el apóstol, ilustró como todos somos miembros del cuerpo de Cristo y como cada uno tiene una función diferente. Estas funciones son dones y servicios de unos a otros, en el cuerpo. Pablo dijo que si tenemos el don de profecía, entonces hemos de profetizar de acuerdo con la medida de nuestra fe. Si tenemos el don para el ministerio, entonces tenemos que ministrar. Si enseñanza, enseñar. Si exhortación, exhortar. Si dar, dar con simplicidad. Si el de dirección, dirigir con diligencia, si muestras misericordia, entonces con alegría. Rom. 12:6-8. En ninguna parte sugiere él remotamente que hemos de comenzar una empresa, un nombre privado de entidad sin ánimo de lucro, darle nombre, y solicitar los fondos para que podamos ser quienes somos en el cuerpo de Cristo. Tan solo tienes que hacer conforme con quien tú eres.

Cuando comenzamos en EL Ministerio, comenzamos algo que Dios no ha comenzado, porque estamos queriendo algo para el Yo. Nos volvemos posesivos de esta cosa que llamamos Ministerio. Nos referimos a ello como “MI Ministerio”, o “ESTE Ministerio”. Incluso lo convertimos en un negocio. Le damos nombre, lo legalizamos, le preparamos una base de datos, solicitamos los fondos para ello, y traficamos con nuestros dones, como mercadería de una tienda de toma y daca.

OBLIGACIONES DEL MINISTERIO

Cuando alguien escoge entrar en EL Ministerio como una carrera, una profesión, una forma de pensar, adopta innecesariamente un sistema de obligaciones falsas que siente dentro de él mismo y que le esclavizan a esa Cosa que llamamos EL Ministerio. Estas son algunas de las obligaciones falsas:

El que entra en EL Ministerio se siente obligado a pensar de si mismo, a comportarse  y a cumplir sus obligaciones de una cierta manera para poder vivir a la altura de las expectativas que acompañan a la posición ministerial. Se siente obligado a producir sermones, realizar rituales, conducir servicios, visitar a sus feligreses, desarrollar programas, imprimir boletines, enviar circulares informativas, aumentar el crecimiento numérico, aumentar las finanzas, escribir libros, vender cintas cassette, estar en la televisión y en la radio, vestir conforme al código, y en algunos círculos, sanar a los enfermos y obrar milagros. Estas son la clase de cosas que atestiguan falsamente de su éxito.

El que está en EL Ministerio se siente obligado a establecer el escenario en el que puede interpretar la iglesia, para poder guiarnos a todos los demás a interpretar la iglesia. Interpretar la iglesia es hacer algo religioso que no esta inspirado ni potenciado por el Espíritu Santo. Es hacer fielmente todas las cosas que hacemos en la iglesia que nos hacen sentir que hemos cumplido nuestra responsabilidad religiosa. Interpretamos la iglesia por la forma en que vestimos para ir a allí, por la forma pretenciosa en que nos saludamos unos a otros, por los programas y rituales que seguimos, por la forma en que nos colocamos en filas en los bancos, y por la forma en que hacemos cosas unos por otros sin ni siquiera tener un sentir de estar involucrados unos con otros.  Expresamos más exactamente lo que significa ser el cuerpo de Cristo cuando hacemos cosas con y para los demás. Nuestras reuniones deberían ser para “considerarnos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras, exhortándonos unos a otros, y tanto más cuando veis que aquel día se acerca”. Heb. 10:24-25. Cumplimos estas cosas siendo sensibles al Espíritu Santo, que es el único que sabe como ministrar a nuestras necesidades individuales. Nos ministramos unos a otros por el Espíritu con los dones del Espíritu nombrados en 1ª Cor. 12:1-11.

El que está en EL Ministerio se siente obligado a justificar Su Ministerio. Descansa sobre pruebas externas fingidas de su éxito, contando narices, aumentando el presupuesto, multiplicando su salario, edificando grandes edificios, haciendo muchas visitas, pasando largas horas en la oficina, aconsejando a más gente, aumentando el número de programas, adquiriendo más invitaciones para ministrar, programando más apariciones por televisión, comprometiéndose con una audiencia cada vez mayor y vendiendo más libros y casetes. ¿Podría ser ésta la fuerza de atracción para aquellos que registran la asistencia y ofrecen cifras en el tablón de anuncios sobre la pared de la iglesia cada domingo, en comparación con las del año anterior?”

El que está en EL Ministerio se siente obligado a presentarse a sí mismo de una cierta manera delante de su público, con el fin de impresionarlo, para que le den su aprobación. Puede ser mediante su forma de vestir, su forma de peinarse, o su forma de hablar; puede ser la clase de coche que conduce y la casa en la que vive.

El que está en EL Ministerio se siente obligado a ser piadoso y religioso, pretendiendo ser más espiritual de lo que es realmente. Se convierte en un hipócrita al ponerse su fingida máscara religiosa. La piedad y la religión no tienen nada que ver con la simplicidad de seguir a Jesús honestamente y en quebrantamiento, y dejando que Su Espíritu Santo nos cambie de dentro a fuera.

EL que está en EL Ministerio se siente obligado a permanecer distante de los otros santos. Como resultado, lo que están en EL Ministerio a menudo crean fraternidades exclusivas, como evidencia la existencia de asociaciones ministeriales, la celebración de conferencias para el clero, y otras reuniones que refuerzan la existencia antibíblica del clero y el laicado.

El que está en EL Ministerio hoy se siente más frecuentemente obligado a establecer una entidad legal que ofrezca deducciones de impuestos para sus contribuyentes. Sin embargo, a menudo, esta entidad de papel se convierte incluso en algo más que en una empresa que ofrece ventajas fiscales. Se convierte en el nombre y la imagen de “su” ministerio.  El se presenta a sí mismo como el presidente y el fundador de ello. Habla de “este Ministerio” en tercera persona, como si fuera la fuente de la que emana el ministerio de Cristo. Al hacer esto, se presenta a sí mismo incluso más grande de lo que Dios le ha hecho ser.

El que está en EL Ministerio, se siente obligado a comenzar algo—sea lo que sea. No puede presentarse improductivo. Organiza, institucionaliza, formaliza, establece y sistematiza las cosas. Con una profunda preocupación sincera, comienza cosas por sus propias fuerzas, y tiene que mantener la marcha de dichas cosas en su propia fortaleza. Cuando deja de trabajar su plan, sus planes dejan de funcionar para él. Pero lo que Dios comienza en el poder del Espíritu Santo, Dios lo acaba en el poder del Espíritu Santo.

El que está en EL Ministerio se siente obligado a edificar su reputación y a promocionar sus talentos, dones y mercancías.  Consecuentemente, tiene que tener su propio programa de relaciones públicas para promocionarse a sí mismo. Con orgullo pone su nombre y su rostro en el trabajo que él cree que Dios le ha llamado a hacer. Sin embargo, Santiago escribe: “Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes. Humillaos delante del Señor y Él os exaltará”. Santiago 4:6,10.

El que está en EL Ministerio se siente obligado a conocer más de la Biblia y de la religión que aquellos a quienes él ministra. Por tanto, se siente obligado a obtener proezas académicas que a menudo le exponen al orgullo y al intelectualismo. No está satisfecho de que la gente tenga conocimiento. Necesita que la gente sepa que él sabe. Se siente obligado a competir con otros ministerios para conocer tanto o más que ellos, y para ser tan bueno o mejor que ellos. A veces siente que es necesario mantener a los que ministra en ignorancia, y por tanto, dependientes de él.

El que está en EL Ministerio se siente obligado a solicitar apoyo para su ministerio, sea de sus “asociados” o desde una posición salarial. Cuando recibe un sueldo por su “así llamado” papel de liderazgo en el cuerpo de Cristo, él distingue entre el mismo y las ovejas. Ignora el hecho de que él, también es una oveja y que todas las ovejas están en el ministerio. El que está en EL Ministerio no tiene la fe en la capacidad de Dios de usarle a su debido tiempo y proveer para él sin tener que manipular a otros para apoyar “su” ministerio.

El que está en EL Ministerio se siente obligado a tener un título para sí mismo—Pastor, Reverendo, Obispo, Apóstol, Doctor. Cuanto más prestigioso sea el título, mejor. Bob Hughey afirma, “Los títulos dividen, la función unifica. Un testimonio es mejor que un título”.

El que está en EL Ministerio se siente obligado a clonar a otros para que sean como él o como su clase de iglesia. Necesita clonarles con el fin de poseerlos. Si no los posee, teme perder su apoyo.

El que está en EL Ministerio se siente obligado a apartarse del “laicado”, mediante la ordenación. Muchas tradiciones de iglesia ordenan a su clero a través de lo que la iglesia histórica llama “sucesión apostólica”. La sucesión apostólica es la perpetuación de la autoridad espiritual mediante la ordenación sucesiva del clero desde los tiempos de los apóstoles. En las iglesias católico-romana y anglicana, y en la tradiciones ortodoxas orientales, el clero es ordenado por sucesión apostólica para poder administrar los sacramentos y las órdenes. Aunque Bernabé y Pablo fueron confirmados apóstoles por los profetas y maestros en Antioquia (Hechos 13:1-3) y los ancianos tenían que ser nombrados en cada ciudad (Tito 1:5), la tradición común de la ordenación tal y como se practica en el Cristianismo occidental, no se encuentra en el Nuevo Testamento. Bernabé y Pablo no fueron apartados por los doce apóstoles sino por unos ciertos maestros y profetas en Antioquia. (Hechos 13:1-3). La unción para el ministerio procede de Dios y no de los hombres. Efesios 4:11.

El que está en EL Ministerio se siente obligado a perpetuar la industria del Ministerio. EL Ministerio es un gran negocio. Controla la economía de seminarios y escuelas bíblicas, iglesias con los puestos de su personal, construcción de nuevas empresas, mobiliario de iglesia, Ministerios, casas editoriales, empresas de grabación, librerías, conferencias y programas de radio y televisión. Es una red de apoyo económico en la que el Ministro mismo es atrapado y que no puede romper fácilmente. Los que están en EL Ministerio viven vidas comprometidas bajo las influencias de espíritus de agradar al hombre.  Los mercantes que venden su mercadería a los que están en EL Ministerio y los que están en EL Ministerio dependen unos de otros para su existencia.  Esta dependencia mutua para su existencia es otra razón por la que todo este sistema es una fortaleza que no es derribada fácilmente.

EL que está en EL Ministerio se siente obligado a perpetuar la institución de EL Ministerio así como la institución de la iglesia. EL Ministerio es una institución dentro de la institución de la iglesia y es la fuerza más poderosa y singular que perpetúa la institución de la iglesia. Si hubiéramos de erradicar esta noción errónea de EL Ministerio de la ecuación de la iglesia, esta cosa que llamamos iglesia caería en pedazos. Igualmente, sin el sistema de la iglesia, EL Ministro no tendría contexto en el que practicar su oficio. La iglesia es sostenida por el dinero. Cuando se acaba el dinero, la institución de la iglesia se viene abajo. De igual modo, cuando se acaba el dinero, EL Ministerio se termina, porque los que están en EL Ministerio dependen del dinero y del sistema.

LA BASE DE DATOS

El que está en EL Ministerio se siente obligado a construir una base de datos para mantener la visibilidad con sus supuestos ayudadores. Vive bajo el código de temor: “fuera de la vista, fuera de la mente”. Puede que mantenga un registro de bautismos, bodas, funerales que él haya presidido, así como del número de asistentes a sus reuniones y los nuevos miembros que trae, como si fueran muescas en el gatillo de pistola espiritual.

El que tiene una base de datos con el propósito de traer ganancia personal para sí en el ministerio, quiere ampliar su esfera de influencia.

Tiende a pensar que es dueño de la gente de su base de datos.

Tiende a pensar que tiene una responsabilidad hacia la gente que aparece en su base datos—que necesita responder a ellos.

Tiende a pensar que la gente que hay en su base de datos debe apoyo a “su ministerio”.

Tiende a medir su éxito en EL Ministerio por el tamaño de su base de datos. Los Nombres son como trofeos. Cuantos más tenga, más quiere y mejor piensa de sí mismo. Periódicamente, con orgullo hará un inventario de los números solo para ver cuántos hay en su lista de direcciones de correo.

Puede terminar sintiéndose obligado hacia su base de datos, incluso si esos nombres solo ocupan el tamaño de un fax corto o de  una pequeña lista de direcciones de e-mail. La base de datos puede poseer parte de él y atarle a ella. El no habrá cesado en EL Ministerio hasta que el haya destruido sus bases de datos que utiliza para su propio provecho. La incapacidad para desechar bases de datos que le sirvan de provecho propio, puede ser un indicativo de que son un ídolo en su vida.

La palabra clave para los que están en EL Ministerio es “provecho propio. La mayoría de los “boletines” que yo he visto, se leen como un panfleto que promociona al que está en EL Ministerio, es decir, a quien los ha enviado. La mayoría de ellos buscan apoyo financiero para sí mismos.

Tenemos que evaluar honestamente: ¿Existe nuestra base de datos para nosotros mismos o para Jesús? Juan el Bautista tuvo una visión del Reino de Dios cuando dijo: “El (Jesús) debe crecer, pero yo debo menguar”. Juan 3:30. EL Ministerio es un ministerio de crecimiento del Yo, mientras que el verdadero “ministerio” es el ministerio del crecimiento de Cristo en otros.

PROFESIONALES A TIEMPO COMPLETO

El que está en el Ministerio a menudo lo busca como una carrera a tiempo completo, o una ocupación con la esperanza de poder obtener unas entradas para él. Tal es el caso de John y Sue. Ellie escribió lo siguiente sobre ellos:

“Había pasado un tiempo desde la última vez que había oído de Sue. Me alegré mucho de tener noticias de ella pero sentí las mismas emociones que siento cuando llaman los amistosos tele-vendedores. Insegura en cuanto a mi percepción, continué una amable conversación. Ambas familias éramos libres para no ser parte de una iglesia local  y habíamos decidido independientemente quedarnos en casa los domingos por la mañana. Sin embargo, desde entonces, Sue y su marido John, habían comenzado una iglesia por si mismos.

Finalmente terminó preguntándome a qué iglesia íbamos. Le dije que sentíamos que no debíamos estar en una iglesia en ese momento. Suspiró e hizo un comentario  sobre cuánto tiempo ellos dedicaban a la oración. “Cuando comienzas una obra, tienes que pasar mucho tiempo en oración”, dijo. “De hecho”, añadió, “todavía no sabemos si”... Su voz y su vocabulario le fallaron. Yo podía afirmar que ella estaba triste de pensar que su obra bien podría dejar de proveerles un modo de vida. En un intento por animarla, le dije: “No importa lo que suceda, el crecimiento que tú ves y la relación que estás desarrollando con estas otras personas es eterna y está por encima de El Ministerio y de Una Obra.”

Sue contestó con toda sinceridad,”realmente sentimos el llamado al ministerio, y si  el ministerio va a ser nuestro modo de vida, entonces de alguna manera tendrá que ser viable y algo más que un par de familias reuniéndose en un salón”.”

El Ministerio en el Espíritu Santo procede de lo que somos en Jesús y no es una posición que buscar en el mundo. Cuando necesitamos una congregación para obtener unos ingresos para nosotros mismos, tenemos la condición de ramera en nuestros corazones. Estamos buscando algo para el Yo. Si somos realmente llamados a ser ancianos que pastorean a las ovejas de Dios, hemos de alimentar a Sus ovejas. Dios no quiera que nos alimentemos de ellos.

LA SILLA DE MANOS

“Supuestamente era un tiempo de celebración”, recordaba Bill Shipman. “Estamos enviando a algunos líderes desde nuestra iglesia a Chicago para comenzar una nueva iglesia. Les inundamos de costosos regalos, ignorando las necesidades de los demás en medio de nosotros. Una pareja, necesitaba un refrigerador. Tenían que comprar hielo. Era un desequilibrio”, recordaba.

Bill, compartiendo una visión que tuvo del Espíritu Santo en referencia a esto, vio a estos hombres siendo levantados sobre llamativas y recargadas sillas de manos.

Las sillas eran doradas y tenían forma de espiral rizada, y con tapices elegantes que colgaban con borlas en la parte superior. Las sillas de mano parecían pesadas. Estos hombres estaban siendo levantados y llevados por los pequeñitos de la iglesia. Los pequeñitos estaban contentos de llevarlos en peso cuando comenzaron a atravesar un desierto.

El Espíritu Santo habló una palabra de advertencia a aquellos líderes que estaban siendo enviados diciendo, “Salís, pero salís en vuestra propia voluntad. No vais en Mi voluntad”.

Poco después de su marcha, yo vi que aquellos que llevaban a los líderes se debilitaban y las sillas de mano  se tambaleaban. La gente siguió intentando sostenerlos financieramente, orando por ellos, intercediendo por ellos, pero todo el mundo se cansaba cada vez más. Finalmente, cayeron exhaustos y tuvieron que soltarlas. Las sillas de mano se cayeron y de hicieron pedazos.

“Esos hermanos y hermanas en Chicago estaban pasando un mal momento financieramente,” dijo Bill. “Vendieron sus casas antes de marcharse. No hicieron el mejor uso de los recursos de Dios tal y como lo hicieron. Todo se hizo en egocentrismo. La gente comenzó a marcharse. No podían seguir sosteniéndoles por más tiempo. El liderazgo se sintió abandonado, pero no era abandono. Los hijos nunca tenían que haber sostenido a los Padres; los padres son los que están hechos para sostener a los hijos”.




TABLAS DE SUMINISTROS FALSAS

“Los líderes falsos todavía quieren quitar el polvo de esas sillas de mano para conseguir que las personas les estén sometidos”, matizó Bill. “Esto sucede por todo el mundo. Los líderes de esta misión Haitiana mostraban la tabla de suministros de su organización con mucho orgullo.  El nombre del líder principal de la misión se había colocado en la parte superior de la pirámide. Seguidamente estaban los otros líderes con la gente que formaba la línea base. Me preguntaron, “¿Qué piensas de esto?”

“¿Quieres saberlo de verdad?”, respondí.

“Seguro, hermano Bill”.

“Si Jesús entrara en este instante, el la arrancaría de la pared, la pondría boca abajo y diría, “Ahora si es una tabla de suministros”.

Bill terminó, “Los líderes verdaderos ponen a la gente en lugares de honor y les llevan en silla de mano que son adornadas con tierno cuidado y misericordia. Si el ministro no se ve a sí mismo como uno entre la novia desposada de Cristo, violará a la novia, usándola para beneficio propio”.

EL Ministro Babilónico se ve a sí mismo no solo como alguien que ha sido apartado, sino como alguien que ha sido puesto por encima del “laicado”. El es el “profesional”. Se pone títulos en su ambición personal de edificar para sí mismo una ciudad, una torre, y un nombre. La reputación es algo muy importante para él. Aunque a sí mismo se llama el siervo de ellos, con más frecuencia que no, llama al rebaño para que le sirva, para sus planes y para sus programas. Sin embargo, él está eternamente atareado haciendo el trabajo de la iglesia en lugar del de la gente—obra de iglesia, no obra del reino de Dios.

La tradición ha obligado a este ministerio --que es el único hombre en su propio show-a cumplir muchas funciones que no están dentro de sus dones. Muchos en EL Ministerio caen en orgullo cuando intentan tomar responsabilidades que no pertenecen a sus dones. Ese orgullo y ambición lleva a la frustración y al agotamiento.

SIERVOS

Tanto si decimos que “estamos en EL Ministerio“ o que “tenemos un Ministerio”, asumimos algo que es ajeno a la idea del ministerio del Nuevo Testamento. EL Ministerio con “M” mayúscula es un concepto babilónico, mientras que la idea de ministros con “m” minúscula es bastante neotestamentaria No tenemos “un” Ministerio. Todos somos el ministerio de Cristo. EL Ministerio, tal y como ha sido conceptualizado, es un estorbo al verdadero ministerio del Nuevo Testamento, porque reprime a los santos del cumplimiento de sus ministerios. EL Ministerio está en directa oposición al verdadero ministerio del Nuevo Testamento.

La palabra “ministerio” en el Nuevo Testamento se traduce de diversas palabras griegas. Doulos (esclavo) y diakonos (siervo) son dos de los términos que han sido traducidos como “ministerio”. Todos los santos son ministerios/siervos de acuerdo con el patrón establecido en el Nuevo Testamento. Aunque hay algunos a quienes el Señor Jesús nombra apóstoles, profetas, evangelistas, pastores (ancianos) y maestros, son dados al cuerpo para equipar a los otros santos para la obra del servicio (ministerio). Efesios 4:11-12. Esos siervos que equipan (apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros) no son posiciones clericales dentro de la iglesia. No son oficios. El término oficio no es una palabra griega del Nuevo Testamento. {15}. Los nombramientos de siervo son funciones dentro del cuerpo de Cristo. Los que se exaltan a sí mismos como apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros son “manchas en nuestros ágapes y nubes sin agua”. Judas 12.

Los que tienen el manto de un verdadero anciano no usan sus dones para enseñorearse sobre los santos. Se ven a sí mismos iguales que el rebaño. Pablo advirtió a los ancianos de Éfeso cuando estaban con él en Mileto: “Mirad por vosotros y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la Iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre” Hechos 20:28. Los ancianos se encuentran entre las ovejas, y no colocados piadosamente sobre las ovejas.

Pablo les advirtió que se guardasen en sus propios corazones porque después de su marcha, sabía que entrarían lobos rapaces para atacar el rebaño. Algunos, en medio de ellos, ganarían preeminencia, retorcerían la verdad, y atraerían a los discípulos para conseguir que les siguieran. Hechos 20:29-30. Los Ministros de las iglesias de hoy son igualmente territoriales. Persiguen a cualquiera que perciban como ladrones de “sus” ovejas. ¡Parecen olvidar que los santos de Dios no son sus ovejas! ¡Son Sus ovejas!

El siervo no busca exaltarse a sí mismo—aumentarse en poder, posición, riquezas, y dominio. Está contento de permanecer sin nombre y sin rostro para servir cuando, donde y como el Espíritu Santo dirija. Hace esto sin esperar nada para el Yo.

SIGUIENDO A JESÚS

Llamé a Bill Shipman para decirle que había dejado EL Ministerio. Después de valorar mis noticias durante un instante, me contestó lleno de alegría en su voz: “Yo pensaba que se suponía que solo teníamos que seguir a Jesús”.

Cesar en EL Ministerio no significa inactividad. Tenemos un camino que andar. Hemos de seguir a Jesús dondequiera que ÉL vaya y no tenemos que convertirlo en un negocio, darle un nombre o utilizar un título sobre nosotros mismos.

Cada uno de nosotros tiene un don—un ministeriocon “m” minúscula--, tanto si es grande o pequeño, y del que tenemos que ser fieles mayordomos. Tenemos una responsabilidad de responder al Espíritu Santo cuando nos llame a operar en ese don o ministerio para la edificación del cuerpo, para que podamos edificarnos unos a otros para morada espiritual, como la familia de Dios. Efesios 2:19-22. Estas son funciones, no posiciones.

EL Ministerio implica que algunos entre nosotros son peces gordos, mientras que el resto, carecemos completamente de trascendencia. Implica una relación de arriba a abajo entre los que disponen de grandes dones sobre todos los demás. Si alguna vez ha habido peces gordos en el Reino de Dios, los doce apóstoles escogidos ciertamente estarían aprobados. Sin embargo, Jesús enseñó a sus doce que no habían de ser como los príncipes de los gentiles que se enseñoreaban de la gente. Mat. 20:25-26. Con los doce de entonces, e incluso con nosotros hoy, “el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro siervo [(diakonos), que significa literalmente “siervo”(doulos),  que significa literalmente “esclavo”)]; como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir (diokonesai), que literalmente significa, “servir”, y para dar su vida en rescate por muchos “. Mat. 20:27-28.

Los cinco siervos que equipan en Efesios 4:8 tienen las unciones para equipar al resto del cuerpo de Cristo para la obra del servicio, pero esto no los hace mayores que el resto del cuerpo de Cristo. Los que tienen la unción apostólica son los mejores remadores. Recordando su experiencia de conversión ante Agripa, Pablo citó al Señor, como si le hubiera dicho, “Pero levántate, y ponte en pie, porque te he aparecido para este propósito, para hacerte un ministro.” Hechos 26:16. La palabra para ministrar usada aquí viene de la raíz huperetes que significa “remero”. Este término náutico generalmente se refiere a cualquier subordinado que trabaja bajo la dirección de otro. Los Apóstoles están subordinados a la autoridad de Cristo, que los ha apartado y los envía. En 1ª Cor. 3:21-41, Pablo incluye a Apolos y a Cefas como remeros: “Téngannos los hombres por servidores de Cristo”. Este término también se uso en referencia a Juan Marcos en Hechos 13:5.

He descubierto que cuando intento hacer un ministerio—es decir, cuando intento hacer que suceda en mis propias fuerzas, la unción me evade.  Cuando descanso en ser quién soy sin tratar de hacer ministerio, la unción me empuja. Soy mucho mas productivo para el Reino cuando mantengo resignación respecto del EL Ministerio que cuando lo busco activamente. Cuando persigo EL Ministerio, no encuentro el Reino. Cuando persigo el Reino, el ministerio (no EL Ministerio), me persigue. EL verdadero ministerio es la medida de Jesús que Él desea derramar a través de mí.

Muchos individuos que están en esta Cosa que llamamos EL Ministerio son Nicolaítas y tienen un espíritu Nicolaita.

2 comentarios:

  1. paso visitando su blog reciban muchísimas bendiciones desde mi blog www.creeenjesusyserassalvo.blogspot.com

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  2. MUCHAS GRACIAS NOEMÍ. NOS COMPLACE SU DELEITE EN EL MENSAJE DE JESÚS PARA ESTE KAIROS QUE NOS TOCA VIVIR. POR SUPUESTO QUE LE ECHAREMOS UNA MIRADA A ESE BLOG. BENDICIONES EN NUESTRO PRECIOSO SEÑOR JESUCRISTO.

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