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sábado, 8 de septiembre de 2012

LA COSA LLAMADA 'IGLESIA' INSTITUCIONALIZADA, (Charles E. Newbold Jr. – El Sistema de la Iglesia Ramera)


...Sin embargo, estas instituciones están vacías de vidaNos hipnotizan, neutralizan, atrapan y esclavizan. Nos enredamos en ellas y se convierten en nuestros ídolos. No pasa mucho tiempo hasta que nuestras instituciones altruistas, orfanatos, casas de la tercera edad, colegios, universidades, seminarios, hospitales, cementerios, edificios de iglesia y “ministerios”, cobren mayor importancia que las personas para quienes se iniciaronFinalmente, las personas existen para servir y preservar dichas instituciones en lugar de  que esas instituciones existan para servir a esas personas. Sus programas de marketing pueden defender estar satisfaciendo necesidades personales e incluso que ya estén satisfaciendo necesidades  personales, pero la motivación subyacente de sus programas de marketing es con mucha frecuencia, aumentar la clientela para mantener o hacer crecer la institución...





Capítulo 7- Institucionalizada

Bob y Joy, Chris y Jena, Troy, Rachel y Darlene se sintieron conectados unos con otros en el Espíritu de Cristo y comenzaron a reunirse en sus respectivos hogares. Cantaban canciones espirituales, compartían revelaciones y enseñanzas que el Señor les daba. Bob se encargaba principalmente de la enseñanza. Tenía el don  para ello. Oraban por las necesidades de cada uno. Eran libres para ir y venir como quisieran. Cuando corrió la palabra de que el Señor se estaba manifestando es sus reuniones, más personas comenzaron a asistir.  Pronto eran demasiados para los salones de sus casas y decidieron alquilar un lugar para reunirse. Comenzaron a levantar ofrendas para cubrir los gastos. El grupo creció y decidieron que Bob tenía que dedicarse al pastorado a tiempo completo. Había suficiente dinero y para actuar de forma responsable, decidieron abrir una cuenta bancaria. El banco exigía un nombre. De esta forma, se pusieron un nombre. Siguieron creciendo y decidieron ahorrarse el dinero del alquiler comprando un local de su propiedad. Escogieron ancianos para supervisar el negocio en el que se estaban convirtiendo.  Años mas tarde ocuparon el hermoso local para el que se habían endeudado. Pero algo diferente había sucedido. La gente ya no se sentía libre de ir y venir a su antojo. Se esperaba que estuvieran allí y que pagaran sus diezmos allí. Ahora tenían un presupuesto. Pasaron de ser una comunidad de creyentes a una iglesia. En el momento en que se pusieron nombre, se convirtieron en una Cosa. Se institucionalizaron a si mismos.

Las instituciones parecen tomar su existencia de si mismas, como si tuvieran mentes en sí. A menudo se hacen más grandes que la suma de los individuos que las instituyen. Pueden conquistar y consumir todo y a todos a su alrededor.

Sin embargo, estas instituciones están vacías de vida. Nos hipnotizan, neutralizan, atrapan y esclavizan. Nos enredamos en ellas y se convierten en nuestros ídolos. No pasa mucho tiempo hasta que nuestras instituciones altruistas, orfanatos, casas de la tercera edad, colegios, universidades, seminarios, hospitales, cementerios, edificios de iglesia y “ministerios”, cobren mayor importancia que las personas para quienes se iniciaron. Finalmente, las personas existen para servir y preservar dichas instituciones en lugar de  que esas instituciones existan para servir a esas personas. Sus programas de marketing pueden defender estar satisfaciendo necesidades personales e incluso que ya estén satisfaciendo necesidades  personales, pero la motivación subyacente de sus programas de marketing es con mucha frecuencia, aumentar la clientela para mantener o hacer crecer la institución.

Don Potter escribió en el Morning Star Journal que había hablado con Jim Bakker después de su salida de la cárcel, y Bakker admitió haber cuestionado que Dios estuviera en alguna de las cosas que ellos hacían en su mega ministerio de televisión.  Todo creció tan rápido que nada le haría parar. Bakker no podía imaginar poder llegar a fallar a tanta gente. Don comentó: “Estaba atrapado en una maquinaria de ministerio que había comenzado a funcionar sola, por sí misma” {12}  Esto sucede a iglesias y ministerios de todos los tamaños.

La Instituciones con frecuencia  acumulan grandes sumas de dinero de la gente asociada a ellas. La gente se siente bien dando a esas instituciones, pero con frecuencia, descubren que la mayor parte de su tiempo, de sus energías, y de sus recursos, se consume meramente para alimentar el sistema. El altruismo en el sistema es con demasiada frecuencia reducido a una ficha. Muchos ministerios de la televisión utilizan llamados altruistas para arrastrar las emociones de los donantes potenciales, pero terminan usando la mayor parte del dinero para que la propia maquinaria de su ministerio siga dando vueltas.

INSTITUCIONALIZADO

Es bastante extraño que parezca que estas instituciones tengan vida propia. Es de por si extraño como nuestras instituciones nos institucionalizan.

El tiempo que pasó Brooks en la cárcel de Shawshank fue cincuenta años. La mayor parte de esos años fue el bibliotecario de la cárcel.  Sucedió repentinamente. Le dieron la condicional. ¿Buenas noticias? No para Brooks. Se volvió loco. Le liberaron, y unos días después apareció ahorcado de una soga hecha por el mismo. Los internos nuevos no comprendían. Estaban confusos esperando que Red les explicara. Red había pasado la mayor parte de su vida detrás de esos muros. El conocía la historia. Red contestó filosóficamente, “Estaba institucionalizado. Había estado aquí cincuenta años. Es lo único que conocía. Aquí era un hombre importante. Un hombre educado. Pero fuera no era nada. Solo un viejo con artritis en ambas manos. Probablemente ni siquiera pudiera coger una tarjeta de biblioteca aunque lo intentara... Estos muros son divertidos. Al principio los odias. Después te acostumbras a ellos. Pasa bastante tiempo, y empiezas a depender de ellos. Eso es estar institucionalizado.” {13}

VOLVIÉNDONOS COMO ELLAS

Cuanto más tiempo pasamos en nuestras instituciones, mas nos volvemos como ellas. Hace unos años me desperté de un sueño en el que alguien me decía: “Ten cuidado de no volverte como el club al que te unas”. Este dicho tenía un giro de humor cuando lo oí en el sueño. Por otro lado, sonaba como una advertencia de no volverme como aquello a lo que me uniera. Por otro lado sugería que ya estaba en el club al que me había unido. ¿Por qué otra razón me uniría a ello? Un club está compuesto por gente. Una vez que te unes al club, tú eres el club. Una vez que te unes a  una iglesia, tú eres esa iglesia.

Algo dentro de nosotros nos atrae a las cosas a las que nos unimos. Poco después de unirnos a esas cosas, parece que tenga la forma de poseernos. Se convierten en nosotros, y nosotros nos convertimos en ellas. Encontramos nuestra identidad en ellas. Nos jactamos, “Soy presbiteriano”, “Soy bautista”, “Soy metodista”, “Soy católico romano”, “Soy pentecostal”. Después no podemos resistir preguntar, “¿Qué eres tú?”

Jesús nos dijo que nosotros estábamos en Él y Él en nosotros, así como Él estaba en el Padre y el Padre en Él. Esa no fue mi experiencia al crecer en la iglesia institucional.  Yo me sentía mas unido a ella que a Cristo. Yo estaba en ella y ella estaba en mí.  Estaba programado para ser uno con ella, y para llevar a otros a esa unión mística, profana, e  ilegal con ella. O estamos en Cristo o estamos en la ramera.

CREER LO QUE ELLOS CREEN

Para pertenecer sinceramente a una de estas instituciones, se requiere de alguna manera que creamos lo que nos dicen aquellos que las gobiernan. A menudo desconocemos lo que creemos aparte de las doctrinas de nuestra iglesia. Jerry Wilson dice: “Mientras estudiaba para el ministerio, un compañero comenzó a hacerme preguntas sobre lo que creía. Contesté a cada una diciéndole lo que los bautistas creían. Seguí así un rato. Después sonrió y me dijo, ‘¿Así que no crees en nada?’”

Hemos de creer en Jesús. Nuestra fe en Dios a través de Jesucristo es la forma de entrar al Reino. “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe, y esto no de vosotros, pues es don de Dios.” Efesios 2:8. Creer lo que nos dice que creamos nuestra institución no nos salva. Y sin embargo, tendemos a pensar que sí.

HACIÉNDONOS DEPENDIENTES DE ELLOS

De la misma forma que Brooks se hizo dependiente de esos muros en la Cárcel de Shawshank, así nosotros también nos hacemos dependientes de nuestras instituciones. Confiamos en que ellas cuidarán de nosotros. De forma similar, nuestras instituciones nos necesitan. Las autoridades dentro de ellas necesitan que seamos dependientes de dichas autoridades y de la institución, para poder perpetuar su existencia y la de la institución.

Bill Shipman descubrió este principio de la dependencia cuando trabajaba en un centro de desarrollo de delincuentes menores.  En lugar de animarles a convertirse en ciudadanos productivos, las autoridades procedían de forma que convertían a los internos en personas más dependientes. Si alguno de los internos mostraba signos de individualismo, le prescribían más valium. Aquellos que cuidaban de ellos querían que se ajustassen a ellos en lugar de reformarlos. Necesitaban que los internos dependiesen de ellos.

En varias ocasiones Bill intentó conseguir que algunos de los internos salieran de la dependencia, pero fue detenido por otros miembros del personal. Usaban el miedo para conseguir que los jóvenes siguieran sintiéndose inseguros con respecto de ellos mismos. “Lo mejor es que no escuchéis a Bill”, decían. “Saldréis y en cuestión de días, estaréis de vuelta aquí”.

“Veía cosas en esta institución,” contaba Bill, “que se parecían muchísimo a lo que yo había visto  en la iglesia, a través de líderes muy fuertes, con ambiciones egoístas. Todo va bien cuando tratas de mejorar la institución o sus posiciones, pero cuando lo que tratas de mejorar es los clientes—la gente necesitada—entonces eres abucheado.”

“Lo mismo sucedía en Haití”, recordaba Bill. “Los sacerdotes primero llegaban a Haití con una misión genuina de ayudar a la gente. Bajo la influencia del gobierno, los superiores de la iglesia, con actitudes politizadas, persuadían a los sacerdotes a actuar de forma distinta. Se les decía que enseñaran a los esclavos que eran ciudadanos de segunda en el Reino de Dios, y que la única forma de entrar al Reino era sirviendo a los blancos. Los haitianos negros llegaron a creer eso de ellos mismos. Todavía les cuesta romper esa forma de pensar. La idea está institucionalizada en su pensamiento”.

No puedes preservar la institución y al mismo tiempo, trabajar para salir del negocio. Las instituciones pueden comenzar a hacer el bien, pero por su propia naturaleza, casi siempre terminan fomentando la dependencia.

PREEMINENCIA DE LA INSTITUCIÓN

Nuestras instituciones con frecuencia se vuelven más importantes que la gente para las que se crearon. Aquí tenemos un buen ejemplo. Corría el año 1750.

Los misioneros jesuitas se hallaban alrededor de las tierras fronterizas de Argentina, Paraguay y Brasil. Los portugueses querían tomar la posesión del territorio y hacer que la misión les transfiriera la tierra a ellos.  Comenzó la guerra contra la misión y muchos de los nativos perdieron sus vidas en la batalla. En la película La Misión, sobre esta historia verídica, el padre Gabriel estaba perplejo por la decisión de sus superiores de sacrificar las vidas de los nativos para que pudieran cumplir con las demandas portuguesas.

El Señor Hatar, tratando de lograr que el Padre Gabriel entendiera, preguntó lo que él pensaba que estaba en juego en este asunto.

“Yo creo que la obra de Dios esta en juego aquí”, contestó el Padre Gabriel ingenuamente.

“no”, contestó el Señor Hatar. “Lo que está en juego es la misma existencia de la orden Jesuita tanto aquí como en Europa”.

Para salvar la orden, el Señor Hatar hizo lo que él pensaba que tenía que hacer. Permitió la matanza de muchos nativos y la destrucción de la misión. Su base lógica “Si los Jesuitas resisten a los portugueses, entonces la orden jesuita será expulsada de Portugal—y si de Portugal y España, quizás también de Italia, quien sabe. Si tu orden (jesuita) ha de sobrevivir, Padre, la misión aquí tiene que ser sacrificada.” {14}. La preservación de la institución—en este caso la orden Jesuita—era una causa mayor que las vidas de la gente que vino a salvar.

Cuando vemos la verdad e intentamos hablar en contra de los abusos de la institucionalización, se nos mira como el enemigo. No somos útiles a la institución. Cuando cesamos de ser de útiles a la institución, la institución busca formas de expulsarnos.

LA IGLESIA EMPRESA

Muchas organizaciones de iglesia han escogido legalizarse de acuerdo con las leyes de los estados, principalmente con el fin de obtener ventajas fiscales, y ofrecer deducciones de impuestos a los donantes.

Las iglesias con frecuencia tienen este status fiscal sin necesidad de legalizarse oficialmente. Sin embargo, tanto si se han legalizado oficialmente o no, la mayoría se han estructurado conforme a los principios y políticas de las empresas. Han convertido lo que son como comunidad de creyentes en un negocio y han dado al negocio el poder de controlar las actividades de sus miembros.

La iglesia empresa, como las empresas del mundo, tiene características específicas. Son típicamente iniciadas por el ser humano, gobernadas, dirigidas y orientadas al beneficio, movidas por el éxito, amigables con sus clientes, centradas en su producto (programas y servicios) y conscientes de su propia imagen.

Tiene que hacerse una clara distinción entre las empresas de los hombres y el cuerpo de Cristo. No estamos necesariamente sirviendo a Dios y contribuyendo a Sus causas solo porque servimos y contribuimos a estas empresas. El ministerio de Cristo se logra en y a través de los miembros del cuerpo de Cristo, al servirse unos a otros, y no a través de documentos legales dentro de archivadores. El edificio de Dios no se hace con las manos, sino que es eterno, en los cielos. 2ª Cor. 5:1.

La mentalidad de la iglesia empresa es un invento moderno del mundo occidental, que es completamente ajeno a la expresión del Nuevo Testamento de lo que significa ser el cuerpo de Cristo. Sin embargo, comités misioneros y celotes cristianos venden los principios y políticas de la mentalidad de iglesia empresa por todo el mundo. Este concepto mundano es promovido como la única manera de hacer iglesia. Los creyentes que se atreven a quedarse fuera de este sistema, se les considera apartados. Bob Hughey afirma, “Lo que comenzó como un movimiento en Israel, se convirtió en una filosofía en Grecia, una institución en Roma, una cultura en Europa y una enorme y rica empresa en América.

JERARQUÍAS INSTITUCIONALES

Todas las instituciones, sean gubernamentales, educativas, sociales, científicas o religiosas, tienen alguna forma de posiciones de poder jerárquicas estructuradas dentro de sí. Estas son la vieja guardia, por así decirlo, aquellos a los que no sólo les ha sido conferida la autoridad, sino que también tienen el poder para ejercitar un control muy estricto. Muy poco puede suceder o permitirse sin su autorización. Esto no es menos verdad en las iglesias.

Esta jerarquía a menudo se establece en capas, como en la iglesia católico-romana, anglicana, o en las tradiciones ortodoxas de Oriente. La posición más alta dentro de la iglesia romana es el papa, que ha recibido una autoridad extraordinaria y una gran estima. La escuela de cardenales se haya por dejado del papa, habiendo sido nombrada por el papa para ayudarle. Los obispos en la iglesia católico-romana, anglicana, o en las tradiciones ortodoxas de Oriente, son clérigos que están por encima de los curas, y tienen autoridad para ordenar y confirmar, y con frecuencia para gobernar una diócesis. En estas tradiciones, los curas son clérigos que se encuentran por debajo del obispo, y están autorizados a realizar los ritos sagrados de sus iglesias. Los diáconos en estas tradiciones son clérigos que se encuentran por debajo de un cura. En la mayoría de las otras tradiciones de iglesias cristianas, los diáconos son laicos, elegidos para desarrollar varias funciones en la adoración, el cuidado pastoral o la administración.

Tradiciones menos litúrgicas, como las que existen en la mayoría de las iglesias protestantes, tienen su propia forma de jerarquía. Casi todos los grupos de iglesia tienen alguna forma de tribunal superior en sus asambleas generales, convenciones o conferencias, en las que se eligen oficiales y se les dan poderes limitados. La gente rara vez permanece en un puesto tiempo suficiente para edificar una maquinaria política.

Sin embargo, el control en estas tradiciones probablemente brote a través de ciertos individuos de influencia que a menudo se hallan escondidos dentro del sistema. Hugh era uno de estos hombres. Él influyó en silencio mucho de las políticas sociales de su denominación. Durante mas de cuatro décadas desde que fuera contratado para su posición burocrática por el centro administrativo de su denominación, el transformó la teología de su iglesia desde una posición conservadora hacia otra liberal.

Algunas asociaciones se han formado para englobar iglesias de naturaleza semejante. Estas asociaciones son generalmente encabezadas por una personalidad carismática, que a cambio, tiene un círculo interno de zánganos que le ayudan a cumplir su agenda—una variación del escenario del papado y del cardenal. Igualmente, las asambleas locales tienen posiciones de autoridad jerárquica dentro de ellas—pastores, ancianos, diáconos, comités. Muchas tradiciones pentecostales tienen obispos que reciben mayor estima que otros. Estas jerarquías dentro las iglesias son las tradiciones de los hombres y no tienen ningún fundamento en las Escrituras, pero parecen necesarias para la perpetuación de las instituciones.



NORMAS INSTITUCIONALES Y REGULACIONES

Muchas cosas que han comenzado por el Espíritu y que han sido fundadas sobre sólidos principios bíblicos, luego se han institucionalizado. El proceso es muy simple, natural y común. Una vez que ha comenzado la actividad, los hombres tienden a organizarla. Desean darle alguna forma de estructura para controlarla o al menos para mantener el control dentro de ella. La estructura institucionalizada se hace generalmente por medio de rígidas normas y regulaciones. Una vez que se han colocado en su lugar, estas reglas son difíciles de cambiar. Se convierten en la autoridad sobre aquellos que las han hecho. Incluso la gente que las hace, se sujeta a las reglas y por tanto, las levanta hasta convertirlas en su máxima autoridad.

Cualquier tipo de organización demanda unas  reglas. Una vez que instituimos reglas y normas para gobernar nuestras relaciones unos con otros, casi nos hemos institucionalizado a nosotros mismos. Limitamos la libertad del Espíritu Santo para dirigirnos. El control es uno de los mayores enemigos a nuestra libertad en el Espíritu. Lo más probable es que las reglas que los hombres hacen para controlar la vida de la iglesia se conviertan en limitaciones insanas. Con frecuencia terminamos esclavizándonos a estas reglas.

No obstante, las reglas buenas dan límites sanos y son necesarias incluso para nuestra participación en las vidas de los demás en el cuerpo de Cristo. Estas reglas están generalmente en la categoría de “amaos los unos a los otros”. La Palabra de Dios es la ley de Dios y sirve al bienestar de aquellos que la guardan. Tenemos la capacidad de guardar la ley de Dios por el poder del Espíritu Santo obrando en nosotros.

Sin embargo, con mucha frecuencia, las reglas de la institución reemplazan la palabra y el Espíritu de Dios. Tal fue el caso cuando yo creía que el Espíritu Santo quería abolir la Escuela Dominical. Las reglas de la organización no permitían eso. “No hacemos eso aquí”, es la excusa común. Las reglas de la iglesia confinan las actividades del Espíritu Santo.

Necesitamos distinguir entre la ley de Dios que nos hace libres en Cristo, y las leyes de la iglesia, que imponen restricciones sobre nosotros y nos atan a los hombres.

La institución de la iglesia es uno entre muchos de nuestros inventos Babilónicos, y es perpetuado por los que están en EL ministerio.

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