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sábado, 15 de septiembre de 2012

DIOS ÚNICO E INCOMPARABLE- CELOSO, SANTO, AMANTE, JUSTO, HONESTO Y PURO (E.V. Éxodo, Witness Lee)


ESTUDIO-VIDA DE EXODO

MENSAJE CINCUENTA Y UNO

EL TESTIMONIO DE DIOS LO REVELA A EL
ANTE SU PUEBLO

Lectura bíblica Ex. 21:1-17; 16:34; 25:16; 27:21; 31:18; 25:21-22; 26:33-34; 38:21; 34:28; Nm. 1:50, 53; Dt. 4:13; Sal. 19:7.



...

II. UNA REVELACION DE LO QUE ES DIOS

Hemos visto que en 34:28, los diez mandamientos son llamados las diez palabras de Dios. La Biblia enseña que las palabras denotan la expresión. Las palabras pronunciadas por una persona son la expresión de esa persona. Si una persona es silenciosa, guardará un misterio. No podemos saber lo que está dentro de ella. Cuanto más hablamos, más somos expresados, y más queda expuesto lo que está dentro de nosotros. Esto se aplica a los Diez Mandamientos como las diez palabras de Dios. Los mandamientos no son meras leyes, sino también la expresión de Dios. Mediante estas diez palabras, Dios se ha revelado a Sí mismo a nosotros.

A. Celoso

Cuando era muy joven, pensaba que Dios era liberal. Cuando leí en la Biblia que El es un Dios celoso, esto me molestó. Para mí, los celos no son nada positivo. Ciertamente, no me gustaría que la gente pensara que yo soy una persona celosa. Preferiría ser considerado como una persona amable, liberal. Entre los que tienen este concepto de Dios, muchos piensan que todas las religiones son idénticas. No les gusta oír que en nuestra predicación del evangelio, decimos que el hinduismo, el budismo y el islamismo están erróneos. Esta gente prefiere pensar que Dios es liberal y que no es celoso en nada. Sin embargo, como lo revelan los Diez Mandamientos, Dios es celoso, y El no tolera ídolos. Aparte de los Diez Mandamientos, no podríamos saber que Dios es limitado, o celoso de esta manera. Dios desea que lo amemos solamente a El. Si amamos a algo o alguien que no sea El, El será celoso. Por tanto, los Diez Mandamientos revelan primeramente los celos de Dios, aún Su odio (Ro. 9:13). Los celos dan por resultado el odio. La Biblia afirma que Dios no sólo es amor, sino también que El es celoso. En 2 Corintios 11:2, Pablo se refiere a los celos de Dios. Las diez palabras, la expresión de Dios, revelan que Dios es único. El es un Dios celoso, y El no permitirá ningún otro dios. No permita que otra cosa sea su dios. No tome a su educación o a su bienestar como su dios; sólo Dios debe ser su Dios.

B. Santo

Los Diez Mandamientos revelan también que Dios es santo. El cuarto mandamiento, que concierne la obediencia al día del sábado, está relacionado con la santidad de Dios, con Su ser separado de todas las cosas. Según Génesis 2, Dios santificó el séptimo día, y lo hizo santo. Por tanto, el día de sábado, el séptimo es una señal de la santidad de Dios, de Su separación. Muchos judíos y adventistas del séptimo día guardan al día de sábado, pero son pocos los que conocen el verdadero significado de guardar un día para el Señor. Pocos se dan cuenta de que el día de sábado es una señal de la santidad de Dios. Los gentiles son gente común, pero el pueblo de Dios ha sido separado para El. Como señal de separación, se aparta un día para El. La observancia de este día los identifica con el pueblo santo y separado de Dios. Además, esto revela que el Dios que adoramos es santo, separado. Como pueblo Suyo, debemos tener una marca, una señal de nuestra separación de todo lo que no es Dios mismo. Esto revela que nuestro Dios es santo.

C. Amante

Los versículos 12 a 14 revelan que Dios es un Dios de amor. Si no honramos a nuestros padres, eso significa que no los amamos. Así mismo, si amamos a los demás, no debemos robarles. En Mateo 22:37-40, el Señor Jesús contestó a Sus opositores diciendo que toda la ley es cumplida cuando uno ama a Dios y al hombre. No debemos solamente amar al Señor con todo nuestro ser, sino también amar a los demás como nos amamos a nosotros mismos. En Gálatas 5:14, Pablo afirma: “Porque toda la ley en esta sola palabra se cumple: amarás a tu prójimo como a tí mismo”. Si consideramos profundamente los Diez Mandamientos, veremos que el amor de Dios es revelado en ellos.
Exodo 20:5-6 afirman que Dios visita la iniquidad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que lo aborrecen, pero que El muestra misericordia para miles de generaciones de los que lo aman y que obedecen a Sus mandamientos. El amor de Dios es revelado también en estos versículos. Dios castigará la iniquidad hasta la tercera o cuarta generación; no obstante, para los que lo aman, El mostrará misericordia para mil generaciones. Así vemos la compasión de Dios. Si usted aborrece a Dios, El visitará su familia durante tres o cuatro generaciones. Esto significa que El lo castigará a usted por el odio hacia El durante esta cantidad de generaciones. Pero si amamos a Dios, Su misericordia reposará sobre nosotros durante mil generaciones. En la Biblia, un millar denota la plenitud. Por ejemplo, el salmista dijo que un día en los atrios del Señor es mejor que mil (Sal. 84:10). Disfrutar de la misericordia de Dios a lo sumo equivale a disfrutarlo por la eternidad. Su misericordia no acaba. El odio de Dios puede ser contado, pero Su misericordia va más allá de las cuentas.

D. Justo

Los Diez Mandamientos revelan también que nuestro Dios es justo. Por ser justo, El visitará a los que lo aborrecen durante tres o cuatro generaciones. Si El no lo hiciera, El no sería un Dios justo. El debe actuar de esta manera para indicar que El es justo. Si usted lo aborrece, El lo castigará a usted conforme a Su justicia. No obstante, al mismo tiempo El es misericordioso y amante.

E. Honesto

Exodo 20:16 dice: “No hablarás contra tu prójimo falso testimonio”. Este mandamiento revela que Dios es honesto. No dar falso testimonio significa que debemos decir la verdad y no mentir. Este mandamiento se encarga de las mentiras que perjudican a los demás. Esto indica que debemos ser honestos y sinceros.
Los que dicen mentiras están en las tinieblas, pero los que hablan la verdad están en luz. Como el Dios sincero, Dios es el Dios de luz. Vemos aún que El mismo es luz y que en El no hay tinieblas (1 Jn. 1:5). Esto indica que con Dios no hay nada falso. Por el contrario, Satanás es el padre de las mentiras (Jn. 8:44). Como tal, El es el dios de las tinieblas y el poder de las tinieblas. En Satanás, no hay nada honesto. Por consiguiente, Satanás pertenece a las tinieblas. Pero con nuestro Dios, vemos la fidelidad y la sinceridad. Por ser la luz, El no puede mentir. La luz es la fuente de la verdad.
Si indagamos en las profundidades de estos versículos, veremos que la luz queda implícita en los Diez Mandamientos. En realidad, estas diez palabras son palabras de luz. Esta ley divina está llena de luz. Pasa lo mismo aún con las leyes promulgadas por el hombre. Si en una ciudad o en un país no existen leyes, esta ciudad o país estará en tinieblas. No obstante, donde hay ley, hay luz. La ley ilumina siempre. Aclara la situación de una persona. Los Diez Mandamientos son palabras de luz, e implican que nuestro Dios es un Dios de luz. Con El, no hay nada falso, y no hay ninguna sombra. El es sincero en todos los aspectos, pues El es luz. Si los pecadores acudieran a las diez palabras de Dios mencionadas en Exodo 20, verían luz y serían iluminados. Supongamos que una persona haya robado muchas cosas. Cuando esta persona lea el mandamiento acerca del robo, esta persona será iluminada. La ley divina resplandecerá sobre él. Las diez palabras nos iluminan con la luz que proviene de Dios. ¡Oh, los Diez Mandamientos son ciertamente una revelación de nuestro Dios! Cuando profundizamos estas diez palabras, vemos que Dios es celoso, santo, amante, justo y sincero.

F. Puro

Estas palabras revelan también que Dios es puro. Su pureza toca nuestro ser interior. Mientras los primeros nueve mandamientos están relacionados con nuestra conducta exterior, el décimo está relacionado con el pecado escondido dentro de nosotros, principalmente en nuestros pensamientos. En realidad, el primer mandamiento está relacionado también con nuestra relación interior. Tener a otro dios aparte del verdadero Dios es esencialmente un asunto interior. No obstante, tener una imagen y semejanza de algo es un hecho exterior. Por consiguiente, el primer mandamiento toca nuestra condición interior, y el mandamiento acerca de la codicia también toca nuestra condición interior. El primer y el último mandamiento exponen la idolatría y la codicia dentro de nosotros. En nuestro interior estamos llenos de ídolos y de codicia. Colosenses 3:5 afirma que la codicia es idolatría. Pablo se refiere a la codicia en Romanos 7. Cuanto más intentaba parar la codicia, más se despertaba la codicia dentro de él. Por tanto, en Romanos 7, Pablo no se preocupaba por asuntos exteriores, sino por el problema interior de la codicia.
El hecho de que somos codiciosos indica que no somos puros. Sólo Dios es puro, pues los que son puros no codician. Codiciamos porque somos impuros y sucios. Si nuestro corazón, deseo e intención fueran puros en todos los aspectos, no codiciaríamos.
El mandamiento acerca de la codicia revela la pureza de Dios. Con la luz de este mandamiento, todos debemos ver que en nuestro interior no somos puros. Todos tenemos cierta cantidad de codicia. No obstante, puesto que Dios es puro, no existe codicia en El.
Por ser una revelación de Dios, la ley es el testimonio de Dios. Según Exodo 31:18, las dos tablas de piedra sobre las cuales fueron escritos los Diez Mandamientos son llamadas las “dos tablas del testimonio”. Esto indica que la ley era el testimonio de Dios. Cuando las tablas de la ley fueron colocadas en el arca, el testimonio fue puesto en el arca. Además, el maná en la vasija de oro fue colocado en frente de las tablas de la ley. No obstante, en 16:34 vemos que “fue puesto delante del testimonio para guardarlo”. Esto demuestra que la ley era el testimonio. Salmos 19:7 nos indica esto. Aquí, en el paralelismo que encontramos a menudo en la poesía hebrea, leemos: “La ley de Jehová es perfecta, que convierte el alma; el testimonio de Jehová es fiel, que hace sabio al sencillo”. Por tanto la ley del Señor es el testimonio del Señor. Como testimonio del Señor, la ley testifica de la clase de Dios que es nuestro Señor. Puesto que la ley, el testimonio de Dios, fue colocada en el arca, esta fue llamada el arca del testimonio (25:21-22; 26:33-34); y puesto que el arca estaba en el tabernáculo, éste fue llamado el tabernáculo del testimonio (38:21; Nm. 1:50, 53). La ley fue el testimonio, el arca fue el arca del testimonio, y el tabernáculo era el tabernáculo del testimonio.
La ley es una figura, una tipología de Cristo, la cual habla de Dios, lo describe y lo expresa. Por tanto, la ley tipifica a Cristo como el testimonio de Dios. Es crucial ver que la ley es un testimonio que nos revela a Dios. Como tipología de Cristo, lo tipifica a El como el testimonio de Dios, Aquel que describe a Dios y lo expresa plena y adecuadamente. Así como la ley es las diez palabras de Dios que revelan a Dios ante Su pueblo, también Cristo es la palabra de Dios que nos lo revela.

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