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martes, 31 de julio de 2012

CAMBIANDO LA DIETA EGIPCIA POR LA DIETA CELESTIAL (E.V. Éxodo, Witness Lee)


Recogiendo el maná en el desierto

ESTUDIO-VIDA DE ÉXODO

MENSAJE TREINTA Y CUATRO

EL CAMBIO DE DIETA

Lectura bíblica: Ex. 16:1-5, 13-31, 35; Nm. 11:1-9, 18-20, 31-34; Jn. 6:27, 31-35, 48-51, 57-58



En varias ocasiones hemos hablado acerca de la dieta egipcia. Ahora llegamos a un asunto importante: qué es la dieta egipcia y qué incluye. La dieta egipcia denota todas las cosas que deseamos en nuestra alimentación a fin de encontrar satisfacción. Esta dieta puede incluir la televisión, los deportes, la música, las revistas, los periódicos, u otras formas de entretenimiento mundano. Algunas personas no pueden vivir sin televisión ni periódicos. Esto indica que estas cosas forman parte de su dieta egipcia. Otros se alimentan mirando las vitrinas. Quizás no quieran comprar nada, pero disfrutan mirando las cosas en las vitrinas. Con estos ejemplos, podemos comprender que los Estados Unidos es el país que lleva la delantera en cuanto a la dieta egipcia. En este país, hay un río Nilo moderno que lleva toda clase de suministro mundano.
Antes de ser salvos, todos nosotros llevábamos una dieta egipcia. Pero después de ser salvos, debemos cambiar nuestra dieta. Sin embargo, muchos cristianos, después de ser salvos, siguen viviendo conforme a su antigua dieta. Esto significa que siguen con hambre y sed por las cosas del mundo.
Algunos pensarán que al hablar de la dieta egipcia estoy hablando del asunto de amar al mundo. Esta es una manera muy superficial de ver lo que involucra el cambio de dieta. Aquí el punto es el siguiente: todo lo que deseamos, de lo que tenemos hambre y sed, es la dieta de la cual se constituye nuestro ser. Aparte de los que están en las iglesias locales, pocos cristianos han sido reconstituidos por medio de un cambio de dieta. Me he hospedado en las casas de muchos cristianos durante mis viajes, y he visto que el apetito de muchos creyentes sigue enfocado en las cosas de Egipto. Pocos tienen hambre, y sed genuinas de Cristo.
En el desierto, Dios sólo dio a los hijos de Israel maná. Según Números 11:6, el pueblo se quejaba: “Y ahora nuestra alma se seca; pues nada sino este maná ven nuestros ojos”. ¡Cuán maravilloso era el hecho de que Dios solamente le dio al pueblo maná que comer! Esto indica que Dios no les dio nada más que Cristo. Le doy gracias al Señor porque muchos santos en la iglesia no tienen apetito por cosas ajenas a Cristo. Día tras día, muchos santos en las iglesias solamente tienen hambre de Cristo y sólo de Él. Tenemos sed de Él y deseamos tener contacto con Él, leer la palabra, invocar Su nombre y leer los mensajes impresos. Ciertamente el Señor ha cambiado nuestra dieta.
Puedo testificar que dependo del Señor Jesucristo, y no de otra cosa. Frecuentemente leo un periódico. Pero cuando el periódico se forma parte de mi dieta, inmediatamente me arrepiento, confieso y le pido al Señor que me perdone por recurrir a algo que no es El mismo a fin de satisfacer mi deseo. Cuando tenemos sed y hambre por algo que no es Cristo, estamos equivocados.
Es importante entender correctamente este mensaje. Mi carga no consiste en amonestar a los santos acerca del amor por el mundo. Sino que consiste en señalar la necesidad de cambiar nuestra dieta. ¡Que el Señor quite el deseo y hambre por lo que no es Cristo! Necesitamos vestirnos y tener un lugar adecuado para morar. Sin embargo, nuestro apetito, nuestro deseo, no debería enfocarse en estas cosas. Nuestro apetito debe centrarse en Cristo. No deberíamos buscar satisfacción en la ropa o en una casa mejor. Dios ha cambiado nuestra dieta de las cosas de Egipto a Cristo solamente.
Esto no significa que debamos vivir como si fuésemos monjes o monjas. No debemos ser como algunos grupos conservadores, que sólo pueden vestir ciertos colores. Las hermanas deben vestirse apropiadamente, pero no deben anhelar vestir a la moda o según algún estilo. Al contrario, deberían anhelar a Cristo. Todos debemos decir: “Señor Jesús, Te amo. Quiero respirarte, beberte y comerte. Señor anhelo celebrarte”. Nuestra hambre, sed, deseo y apetito deben ser por Cristo como el maná celestial.
Por cuarenta años, Dios sólo les dio a comer maná a los hijos de Israel. Como ya mencionamos, nadie conoce la esencia ni el elemento del maná. Sólo sabemos que descendía cada día del cielo. Juan 6 nos revela también que este maná celestial tipifica a Cristo. Cristo vino de Dios para ser nuestra dieta. Debemos comerlo, beberlo y respirarlo. Necesitamos un cambio en nuestra constitución interior, y no solamente un cambio en nuestro comportamiento exterior. Si deseamos experimentar este cambio interior, debemos tener un cambio en nuestro suministro de alimento, ya que ésta es la fuente de nuestra constitución. Los nutricionistas nos dicen que somos lo que comemos. Los alimentos que comemos entran en nosotros orgánicamente y llegan a ser nuestra constitución. Como pueblo de Dios hoy, debemos ser reconstituidos con Cristo como nuestro elemento. De esta manera, llegaremos a ser Cristo, en lo que se refiere a nuestra constitución. Mediante el cambio de dieta, recibimos la esencia celestial que nos reconstituye con Cristo. Este cambio de constitución por medio de un cambio de dieta es totalmente distinto de los métodos de mejoramiento propio como se practica en la religión.

I. LA DIETA EGIPCIA

A. Produce egipcios

La dieta egipcia produce egipcios. Por ejemplo, si la gente sólo se dedica a mirar la televisión, llegan a ser televisión. Del mismo modo, si se entregan a ciertos deportes o entretenimiento, llegan a estar constituidos con ese deporte o entretenimiento. Estos ejemplos indican que la dieta egipcia constituye a la gente con el elemento egipcio y los hace egipcios en composición.

B. Se ajusta a los apetitos de la carne

Además, la dieta egipcia se ajusta a los apetitos de la carne (16:3; Nm. 11:4-5). Todo lo mundano corresponde al gusto de nuestra carne lujuriosa.

C. Provocó la ira santa de Dios

El deseo del pueblo por la dieta egipcia provocó la ira santa de Dios (Nm. 11:1). Él mandó codornices cuando estaba enojado y disgustado.

D. Causa muerte

Finalmente, la dieta egipcia causa muerte (Nm. 11:33-34). El resultado de la dieta egipcia es siempre muerte espiritual. Por desear todavía las cosas de Egipto, muchos cristianos sufren la muerte espiritual, al ser heridos por la ira santa de Dios.

II. LA DIETA CELESTIAL

A. Hace que la gente llegue a ser celestial

La dieta celestial hace a la gente celestial. En realidad, esta dieta celestial es Cristo mismo. Él es el alimento, el maná. Por lo tanto, al comer a Cristo, llegamos a ser Cristo, es decir, Cristo se convierte en nuestro constituyente.

B. Cumple el propósito de Dios

La dieta celestial cumple el propósito de Dios. Los que construyeron el tabernáculo no eran egipcios. Fueron personas con una constitución celestial. Transcurrieron por lo menos cuatro meses después de la salida de los hijos de Israel de Egipto, cuando empezaron a construir el tabernáculo. Durante estos meses, su dieta fue cambiada y su constitución estaba por lo menos en el proceso de cambiar y de ser remplazada por el elemento del maná. Al alimentarse del maná, el pueblo de Dios finalmente se convirtió en maná. Al ser constituidos del maná pudieron construir el tabernáculo como morada de Dios. Este cuadro muestra que sólo aquellos que han sido reconstituidos con Cristo son calificados para edificar a la iglesia como la morada de Dios hoy en día. Eso es lo que significa decir que la dieta celestial cumple el propósito de Dios.
El ajo, los puerros, las cebollas, los melones y pepinos sólo sirven para convertir al pueblo de Dios en egipcios en su constitución. Estas cosas podían satisfacer sus deseos, pero no les permitía cumplir el propósito de Dios. A fin de cumplir el propósito de Dios, Su pueblo debía ser reconstituido con el maná. Esto revela que nuestra constitución debe ser arreglada nuevamente cuando comemos a Cristo. Cristo debe remplazar la dieta egipcia. Para la edificación de la iglesia, todos debemos ser reconstituidos con Cristo. Recuerde que aquellos que construyeron el tabernáculo habían experimentado un cambio de dieta y comenzaban a ser reconstituidos con el alimento del maná. Sólo estas personas pueden construir la morada de Dios. De hecho, después de ser reconstituidos ellos mismos, forman la morada de Dios.

C. Prueba al pueblo
en cuanto a la voluntad de Dios

La dieta celestial nos prueba también con respecto a la voluntad de Dios y examina donde estamos (16:4-5, 16-30) ¿Somos uno con Dios e idénticos a Él? Donde nos encontramos será comprobado por las regulaciones detalladas acerca de la recolección del maná. Estas regulaciones indican si correspondemos con Dios o no.

D. Mantiene a la gente viva
a fin de cumplir el propósito de Dios

La vida celestial también mantiene viva a la gente para cumplir Su propósito (16:35; Jn. 6:57). Mediante la dieta celestial, somos mantenidos vivos por el beneficio de la morada de Dios, y no para otro propósito.
Es crucial que todos reconozcamos la necesidad de cambiar de dieta. Debemos preguntarnos de qué cosas tenemos hambre y sed y qué clase de apetito tenemos. Nuestra dieta debe cambiar y pasar de una dieta egipcia a una celestial. Debemos dejar las ollas de carne, el pescado, los pepinos, los melones, las cebollas, el ajo y los puerros para volvernos a Cristo, el único alimento celestial que Dios suministra. Tener a Cristo como dieta significa que Él es todo para nosotros. El aún es nuestra televisión, entretenimiento, música, periódicos y deportes. Todos debemos ser capaces de testificar que el Señor ha cambiado nuestra dieta y nos ha hecho pasar de tantas cosas a una sola cosa: el maná celestial. En un próximo mensaje, veremos las riquezas del maná en todos sus aspectos. Que el Señor cambie nuestra dieta para que seamos reconstituidos en Cristo y nos convirtamos en la morada de Dios.
Junto con el cambio de dieta, necesitamos un cambio de apetito. Me pregunto si los hijos de Israel experimentaron realmente un cambio de apetito. Quizás hayan comido el maná simplemente porque se vieron obligados a hacerlo. No tenían nada más que comer.
El Señor Jesús dijo: “Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que en la vida eterna permanece” (Jn. 6:27). Hoy en día toda la gente del mundo trabaja por la comida que perece. Esta comida que perece incluye cosas como la televisión, los deportes, la música y los entretenimientos. Todas las satisfacciones de esta clase perecerán. Sólo Cristo es la comida que no perece. Este alimento permanece para vida eterna.
Cuando hablamos de alimentos, nos referimos a algo que tomamos dentro de nosotros para nuestra satisfacción. Si entendemos este principio, nos daremos cuenta de que los alimentos mundanos de hoy consisten no solamente de alimentos físicos, sino también de otras cosas que anhela la gente, incluyendo la educación, el dinero, las posiciones, la promoción, los deportes y el entretenimiento. La gente mundana tiene comida física y comida psicológica pero no tiene comida espiritual. En lugar de trabajar por la comida que permanece para la vida eterna, laboran por la comida que perece.
El Señor Jesús es el verdadero maná. En Juan 6, El indica que debemos buscarlo y comerlo a Él. No obstante, son pocos los cristianos que se dan cuenta de la necesidad de cambiar de dieta. Todos los que han sido regenerados deben cambiar su dieta. Esta la razón por la cual Éxodo 16 es aún más crucial que Éxodo 12. En el capítulo doce, vemos a un pueblo que ha sido redimido, pero no vemos a un pueblo reconstituido. Ya para el capítulo catorce, el pueblo de Dios había salido de Egipto, pero Egipto no había salido de ellos. Según su constitución, seguían siendo egipcios. Por tanto, la intención de Dios era cambiar la constitución de ellos al cambiar su dieta. Cuando los hijos de Israel construyeron el tabernáculo, su dieta había cambiado. Probablemente su constitución también había empezado a cambiar. Cuando estaban construyendo el tabernáculo, no comieron alimentos egipcios. Al contrario, su dieta consistía de maná.
Además, después de edificar el tabernáculo, pasaron mucho tiempo en el cuidado del tabernáculo. Tenían que desmontarlo, llevarlo, y volver a levantarlo. Durante los años en el desierto, los hijos de Israel no hicieron otra cosa que comer maná y cuidar el tabernáculo. No se empeñaron en otra industria ni otras cosas. Eso demuestra que Dios no les pidió hacer nada, ni aún labrar la tierra. Dios los alimentó al mandarles maná del cielo. La gente simplemente lo juntó, lo preparó y lo comió y tomó cuidado del tabernáculo. ¡Qué cuadro más maravilloso es éste!
Al estudiar este cuadro, vemos que Dios sólo desea que comamos a Cristo y que cuidemos la iglesia, Su morada. No debemos permitirnos perder interés en estas cosas. Día tras día, simplemente debemos comer a Cristo y practicar la vida de la iglesia. Estamos aquí por Cristo y la iglesia, y nada más. Según la opinión de los que están afuera, nosotros en el recobro del Señor pasamos nuestro tiempo sin hacer nada. Algunos aún nos condenan porque aparentemente no llevamos a cabo ninguna obra por el Señor. No obstante, así como los hijos de Israel juntaban cada día el maná y cuidaban la morada de Dios, nosotros comemos a Cristo cada día y cuidamos la vida de iglesia apropiada.

NOTA DEL BLOG: Nos complace decir que con toda nuestra experiencia en el  Señor confirmó rotundamente este mensaje. Cuando Dios nos llamó nos apartó de los periódicos, revistas, la TV, el fútbol y los deportes, los espectáculos, la literatura, música, y todo entretenimiento (dieta) "egipcio" o mundano, para darnos un solo alimento: COMER A CRISTO, en todos los formatos: Biblia, oración, libros cristianos, casetes cristianas, predicaciones, seminarios, conferencias, ...  Todo aquel que quiera obedecer el llamado de Cristo a seguirle radicalmente, más pronto o más tarde, será dirigido a salir de todo esto, así como de su tierra y de su parentela.

BAUTISMO EN EL ESPÍRITU SANTO v/ LLENURA DEL ESPÍRITU SANTO, Witness Lee


EL BAUTISMO
EN EL ESPÍRITU SANTO

LOS DOS ASPECTOS DE LA OBRA
DEL ESPÍRITU SANTO


Las Escrituras claramente nos revelan que la obra del Espíritu Santo tiene dos aspectos: el aspecto interno, relacionado con la vida, y el aspecto externo, relacionado con el poder. El aspecto externo no es el objetivo, sino que tiene como finalidad el aspecto interno. El aspecto externo ya había sido presentado en el Antiguo Testamento, pero no es sino hasta el Nuevo Testamento, después de la resurrección de Cristo, que se cumple el objetivo del propósito eterno de Dios mediante el aspecto interno.
El aspecto interno de la obra del Espíritu Santo puede ser visto claramente en el Evangelio de Juan, en los capítulos 7 y 20. En estos dos capítulos, el Espíritu Santo es comparado al agua que bebemos (7:37-39) y al aire que respiramos (20:22), los cuales son vitales para vivir. Tenemos que beber para vivir y, aún más, ¡tenemos que respirar para vivir! Es posible vivir hasta tres días sin beber, pero ¡no podemos vivir ni cinco minutos sin respirar! ¿Por qué en el Evangelio de Juan se compara al Espíritu Santo con el agua que bebemos y el aire que respiramos? Debido a que el Evangelio de Juan es el evangelio de vida. Este evangelio nos dice que Cristo vino para ser nuestra vida (10:10) y nuestro suministro de vida, esto es: Él vino como el pan de vida (6:35, 57) y como el agua de vida (4:14).
Existe únicamente una manera en la que el Señor puede ser nuestra vida, y ésta es en el Espíritu. Si Él no fuera el Espíritu ni estuviera en el Espíritu, jamás podría entrar en nuestro ser para ser nuestra vida y nuestro suministro de vida. Esto es lo que el Señor nos enseña en los capítulos del 14 al 17 de Juan. En estos cuatro capítulos, el énfasis principal es la transición que efectúa el Señor de la carne al Espíritu mediante la muerte y la resurrección. Él tenía que cambiar de forma, de la carne al Espíritu, al morir y ser resucitado. Él dijo en Juan 6:63: “El Espíritu es el que da vida, la carne para nada aprovecha”. Mientras Él esté en la carne y no en el Espíritu, jamás podrá entrar en nuestro ser y darnos vida. Mediante Su muerte y resurrección, Él fue transformado, en cuanto a Su forma, de la carne al Espíritu. Así que, después de Su resurrección, Él vino a Sus discípulos y sopló en ellos, diciéndoles: “Recibid el Espíritu Santo” (20:22). Esto significa que los discípulos lo recibieron interiormente como el Espíritu Santo, es decir, como el aliento divino. Claramente, esto tiene como propósito la vida.
Podemos ver el aspecto externo de la obra del Espíritu Santo en los escritos de Lucas. En Lucas 24:49 se le dijo a los discípulos que permanecieran en Jerusalén hasta que fueran “vestidos” con poder desde lo alto. Si bien algunas versiones usan “investidos”, el texto en griego literalmente significa “vestidos”. Aquí, el Espíritu Santo es comparado a una vestidura, algo completamente diferente de una bebida. Beber se relaciona con la vida, mientras que vestirse se relaciona con la autoridad. Después, en Hechos 2:2, el Espíritu Santo es comparado a “un viento recio”. Un viento poderoso representa el poder. Si bien guarda cierta relación con el aliento de vida —pues este viento trae el aire fresco necesario para respirar— el significado principal de tal viento es el poder. El aliento es para la vida, y el viento es para el poder.
En su evangelio Juan se valió del agua que bebemos y el aire que respiramos como dos símbolos del Espíritu Santo. Los que representan el aspecto interno de la vida, pues el Evangelio de Juan se ocupa, principalmente, de la vida. Sin embargo, en Lucas se recurre a otros dos símbolos: la vestimenta y el viento poderoso. Los escritos de Lucas (tanto su evangelio como el libro de Hechos) no enfatizan la vida, sino la predicación del evangelio (Lc. 24:47; Hch. 1:8). En la predicación del evangelio, se necesita tanto autoridad como poder. Así pues, la vestimenta representa la autoridad y el viento recio representa el poder. Si un policía intentase ejercer su autoridad sin estar vestido del uniforme correspondiente, nadie respetaría su autoridad; pero cuando se viste del uniforme apropiado, todos respetarán la autoridad que tiene en su capacidad para actuar como uno que vela por el cumplimiento de la ley. Así pues, nosotros tenemos que estar vestidos del Espíritu Santo para poseer la autoridad y poder divinos necesarios para realizar la obra de Dios.
Ambos aspectos de la obra del Espíritu Santo son necesarios para nosotros. Internamente, tenemos que beber del Espíritu Santo para recibir vida; y externamente, tenemos que estar vestidos con el Espíritu Santo para recibir autoridad. Internamente, tenemos necesidad del aliento del Espíritu Santo que nos fue soplado para que tengamos vida; y externamente, tenemos necesidad de que el viento del Espíritu Santo sople sobre nosotros con poder. El aspecto interno es el Espíritu Santo como vida EN nuestro interior; mientras que el aspecto externo es el Espíritu Santo como poder que reposa SOBRE nosotros. El aspecto interno de la vida tiene como finalidad nuestra experiencia interna; mientras que el aspecto externo de poder es para nuestra experiencia externa. Mientras que el aspecto interno está “en” nosotros (Jn. 14:17; 4:14; 7:38), el aspecto externo está “sobre” nosotros (Lc. 24:49; Hch. 1:8; 2:3; 8:16; 10:44; 19:6).
El aspecto externo de poder es siempre para el aspecto interno de vida. Es por medio del aspecto interno que el deseo de Dios, Su objetivo principal, es cumplido. El aspecto externo es el medio por el cual se cumple el aspecto interno. En 1 Corintios 12:13 se mencionan estos dos aspectos en el orden apropiado. Primero, fuimos bautizados, y después, se nos dio a beber. Después de ser bautizados en el Espíritu Santo y en un mismo Cuerpo, tenemos que beber del Espíritu a fin de crecer en términos de la vida divina y ser edificados en el Cuerpo. Ser bautizados en el Espíritu Santo es ser puestos en Él, del mismo modo que ser bautizado en agua es ser sumergido en agua. Pero beber del Espíritu Santo es tomarlo a Él del mismo modo en que beber agua es ingerirla. El bautismo es externo, mientras que beber es interno. Así pues, el bautismo externo tiene como finalidad beber internamente.
El aspecto externo de la obra del Espíritu Santo se halla incluido, mayormente, en el bautismo del Espíritu Santo. Hay cinco casos históricos del derramamiento del Espíritu relatados en Hechos. Únicamente dos de ellos son llamados el bautismo del Espíritu Santo: el derramamiento que ocurrió el Día de Pentecostés para los creyentes judíos, según se relata en Hechos 2; y el derramamiento que ocurrió en la casa de Cornelio para los creyentes gentiles, según se relata en Hechos 10. Tanto Hechos 1:5 como 11:15-17 confirman este hecho. En ambas instancias, Cristo, la Cabeza, bautizó en el Espíritu Santo, una sola vez y para siempre, tanto a la parte judía como a la parte gentil de Su Cuerpo. Al hacerlo, Él llevó a cabo plenamente el bautismo del Espíritu Santo sobre todo Su Cuerpo. En los otros tres casos: (1) el de los creyentes samaritanos en Hechos 8:17, (2) el de Saulo en Hechos 9:17, y (3) el de los creyentes efesios en Hechos 19:6; las Escrituras mencionan que hubo imposición de manos por parte de los miembros representativos del Cuerpo. El significado de este acto es que, el bautismo en el Espíritu Santo ya había sido efectuado por la Cabeza sobre todo el Cuerpo y que, ahora, era transmitido a los nuevos miembros del Cuerpo por medio de identificarlos con el Cuerpo. La imposición de las manos es apenas un formalismo, cuyo verdadero significado o realidad es que tenemos que relacionarnos de manera correcta con el Cuerpo a fin de tener una posición correcta para participar del bautismo del Espíritu Santo que ya fue efectuado sobre el Cuerpo. Por tanto, estos tres casos no representan tres bautismos separados en el Espíritu Santo, sino tres experiencias de un mismo bautismo en el Espíritu Santo que el Cuerpo de Cristo ya ha recibido. El bautismo del Espíritu Santo es uno solo y único, y fue efectuado sobre el Cuerpo de Cristo hace más de mil novecientos años; pero las experiencias del bautismo del Espíritu Santo son numerosas y son compartidas continuamente por todos los miembros del Cuerpo de Cristo que, de este modo se hace real a ellos. Por tanto, tenemos que reconocer aquel único bautismo al mismo tiempo que procuramos tener muchas experiencias del mismo. Pedro primero recibió el bautismo (Hch. 1:5, 8; 2:4) y, más tarde, lo experimentó una y otra vez (4:8, 31).
También tenemos que recordar que el bautismo en el Espíritu Santo, no tiene como finalidad otorgarnos vida, sino poder. No nos referimos a ser llenos del Espíritu Santo, sino al aspecto externo de la obra del Espíritu Santo. Son muchos los cristianos, e incluso los maestros cristianos, que confunden el bautismo externo en el Espíritu Santo con ser llenos internamente del Espíritu Santo. Esto está mal. De hecho, en el Nuevo Testamento se usan dos palabras distintas para referirse a estos dos aspectos. Una es la palabra pleróo para referirse a ser llenos internamente; mientras que la otra palabra es plétho para referirse a ser llenos externamente. La palabra pleróo es usada en Hechos 13:52 y en Efesios 5:18. La palabra pléres, una forma adjetivada de pleróo, aparece en Lucas 4:1; así como en Hechos 6:3, 5; 7:55; y 11:24. En todos estos casos se describe el ser llenos internamente del Espíritu Santo. La palabra plétho es usada en Lucas 1:15, 41, 67; así como en Hechos 2:4; 4:8, 31; 9:17; y 13:9. En todos estos casos, su uso guarda relación con ser llenos externamente del Espíritu Santo, esto es, con el derramamiento del Espíritu Santo. Ambas palabras aparecen en Hechos 2:2-4. El viento recio llenó (pleróo) la casa; mas los discípulos fueron llenos (plétho) con el Espíritu Santo. Así pues, mientras la casa fue llena internamente, los discípulos fueron llenos o revestidos externamente. La palabra pleróo siempre se usa para referirse a ser llenos internamente (saturados) y la palabra plétho siempre se usa para referirse a ser llenos externamente (envueltos). Jamás deberíamos confundir el aspecto interno y el aspecto externo de la obra del Espíritu Santo. El aspecto interno se relaciona con la vida y el aspecto externo se relaciona con el poder.

UN HECHO REALIZADO

El bautismo del Espíritu Santo ya fue logrado, según vemos en 1 Corintios 12:13. “Porque en un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un solo Cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres”. Nótese que el verbo se encuentra en el pasado. El bautismo de todo el Cuerpo de Cristo en el Espíritu Santo es algo que ya fue realizado y se halla en vigencia. No es algo que deba lograrse en el futuro ni tampoco en el presente, porque ya fue realizado y se halla en vigencia. Es el mismo principio que rige para la crucifixión del Señor Jesús. Si creemos en Él, no tenemos que pedirle que muera nuevamente por nosotros, pues Su muerte redentora ya fue realizada. Lo mismo sucede en el caso del bautismo en el Espíritu Santo. Este bautismo ya fue plenamente efectuado sobre todo el Cuerpo y ahora existe sobre el Cuerpo, está listo para que lo tomemos. Ya no es necesario suplicarle al Señor que nuevamente haga algo a fin de bautizarnos en el Espíritu Santo. Nosotros ya fuimos bautizados por el Señor en el Espíritu Santo en el Cuerpo y con el Cuerpo. ¡Todo lo que tenemos que hacer es simplemente tomar lo que ya fue logrado!
La encarnación de Cristo, Su crucifixión, Su resurrección y Su ascensión, son todos hechos consumados, al igual que Su descenso en el Espíritu. El Señor no solamente ascendió a los cielos, sino que también descendió sobre Su iglesia en el Espíritu. El verdadero significado de tal descenso es el bautismo en el Espíritu Santo. Diez días después de Su ascensión, Él descendió en el Espíritu a fin de vestir a Su Cuerpo. Antes de este momento, la iglesia carecía de autoridad y poder; pero ahora, este Cristo maravilloso —el mismo que se encarnó, fue crucificado y resucitó— ha ascendido a los cielos y, una vez allí, ha sido entronizado. Todo ya fue terminado y logrado; por lo cual, Él descendió en el Espíritu a fin de revestir Su Cuerpo consigo mismo como autoridad y poder. La iglesia, pues, fue bautizada en el Espíritu Santo por este Cristo que ascendió y descendió. En esto consiste el bautismo en el Espíritu Santo según fue logrado sobre el Cuerpo de Cristo tanto el Día de Pentecostés como en la casa de Cornelio. Tenemos que comprender que: ¡todos estábamos allí! Este bautismo en el Espíritu Santo es nuestro porque somos miembros de este Cuerpo que fue bautizado. Tenemos que leer nuevamente 1 Corintios 12:13. “En un solo Espíritu fuimos todos bautizados”. ¡Todos nosotros ya fuimos bautizados!
Las Escrituras nos dicen sencillamente que Cristo murió por nuestros pecados. Y con la misma llaneza también nos dicen que ya fuimos bautizados en el Espíritu. Sabemos que las Escrituras, la Palabra de Dios, son llamadas el Antiguo y el Nuevo Testamento. Las Escrituras son los Testamentos de Dios. La palabra testamento verdaderamente quiere decir eso, “la última voluntad”; por lo cual, un testamento es más que un pacto. Un pacto se asemeja a un acuerdo o contrato, en el cual se ofrecen ciertas cosas si se cumplen con ciertas condiciones. Pero en un testamento ya todo ha sido cumplido. La Biblia no solamente es un pacto que nos dice que Dios hará muchas cosas por nosotros, sino que también es un testamento, el cual nos dice que Él ya lo hizo todo. Todo ha sido acabado y logrado, y Él ha puesto todo ello en Su testamento, y nos lo ha legado. Un testamento entra en vigencia únicamente si el testador ha muerto. Cristo, el Dador del testamento, no solamente ha muerto para que este testamento entre en vigencia, sino que, además, como el Cristo resucitado, es el Albacea que hace cumplir tal testamento. Así pues, Él fue el Testador y, ahora, ¡Él es el Albacea! Todo cuanto está en la Biblia ha sido logrado y, ahora, es un testamento.
¿Cómo sabemos que Cristo murió por nuestros pecados? Porque en este Testamento (el Nuevo Testamento) se nos dice, entre otras cosas, que Él ya murió y que todos nuestros pecados fueron puestos sobre Él. No tenemos que orar durante varios días y noches para poder ser salvos. ¡No!, sino que podemos ser salvos inmediatamente, simplemente por medio de tomar posesión de aquello que ya fue logrado por el Señor y que ahora se encuentra enumerado en el Testamento de Dios. ¿Cómo podemos saber a ciencia cierta que fuimos bautizados en el Espíritu Santo? Por el mismo principio, debido a que una de las cosas enumeradas en el Testamento es que “en un solo Espíritu fuimos todos bautizados”. El bautismo en el Espíritu Santo no solamente ya fue logrado, sino que nos fue pasado a nosotros por medio de aquel Testamento. Este bautismo es una de las cosas en el Testamento que nos han sido legadas; todo lo que necesitamos hacer es tomarlo.

MANIFESTACIÓN

Algunos cristianos insisten todo el tiempo en que hablar en lenguas es una manifestación necesaria del bautismo en el Espíritu Santo. Pero en dos de los cinco casos citados en Hechos, el de los samaritanos y el de Saulo de Tarso, no se dice nada sobre hablar en lenguas. Los estudiosos de las Escrituras reconocen que muchas veces lo que Dios no menciona es más significativo que aquello que Él sí menciona. En dos de estos cinco casos no se hace mención de una manifestación específica. Esto es indicio de que hablar en lenguas no es la única manifestación ni tampoco una manifestación necesaria del bautismo en el Espíritu Santo. Incluso en los otros casos relatados, no hay prueba definitiva de que todos los creyentes hayan hablado en lenguas. Hechos 19:6 afirma: “Habiéndoles impuesto Pablo las manos, vino sobre ellos el Espíritu Santo; y hablaban en lenguas, y profetizaban”. ¿Acaso todos y cada uno de los doce hablaban en lenguas y profetizaban? Es posible pero poco probable. Es más probable que algunos hablaran en lenguas y otros profetizaran. Así pues, incluso en este caso, donde se menciona el hablar en lenguas, ésta no es la única manifestación. El otro pasaje, Hechos 2:4, dice: “Fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en diversas lenguas...”. Ni siquiera este versículo demuestra que todos ellos hablaron en lenguas. Por ejemplo, cuando decimos: “Todos vinimos a la reunión y comenzamos a orar”, ¿acaso queremos decir que todos abrieron su boca para orar? ¡No! Pues bien, aquí tenemos la misma clase de composición. Ciertamente todos ellos fueron llenos del Espíritu Santo, pero no es seguro que todos ellos hayan hablado en lenguas. En 1 Corintios 12:29-30 se formulan las siguientes preguntas: "¿Son todos apóstoles? ¿son todos profetas? [...] ¿hablan todos en lenguas?”. Espontáneamente la respuesta a esta pregunta es que algunos sí lo hicieron y otros no. Ciertamente no todos son apóstoles y no todos hablaron en lenguas. Los cristianos que insisten en este asunto interpretan este versículo como referido únicamente al ejercicio de los dones con miras a poder afirmar que, cuando se trata de la manifestación inicial de este bautismo, todos tienen que hablar en lenguas. ¡Pero esto no es lógico! ¿Cómo podría alguien hablar en lenguas como manifestación inicial, pero no hacerlo en el ejercicio de los dones?
Los hechos históricos también son muy significativos con respecto a este asunto. Ciertamente, a lo largo de los siglos, han habido muchas personas poderosas y espiritualmente profundas que jamás hablaron en lenguas. El hermano Watchman Nee jamás habló en lenguas. En cierta ocasión, él me mandó un telegrama diciéndome simplemente: “No todos hablan en lenguas”. Él estudió la Palabra muy detalladamente; jamás conocí a nadie tan versado en las Escrituras. Él descubrió de una manera inequívoca y clara que “no todos hablan en lenguas”. Insistir en que todos tenemos que hablar en lenguas no es conforme a las Escrituras, pero afirmar que hablar en lenguas se ha terminado porque era algo dispensacional también está mal.
En todo el Nuevo Testamento apenas una pequeña proporción es dedicada al tema de hablar en lenguas. Este tema no se menciona en ningún momento en el libro de Romanos, uno de los libros básicos sobre la vida cristiana. Tampoco se menciona este asunto en 2 Corintios, Gálatas, Efesios, Filipenses ni Colosenses. Ni se menciona en 1 y 2 Tesalonicenses, 1 y 2 Timoteo, Tito, Filemón, Hebreos, 1 y 2 de Pedro, 1, 2 y 3 de Juan, Judas ni Apocalipsis. Entre todas las Epístolas del Nuevo Testamento, este asunto es mencionado únicamente en 1 Corintios. Y si tenemos una actitud justa, reconoceremos que incluso en 1 Corintios el apóstol Pablo toca el tema de hablar en lenguas en el sentido de limitarla, regularla, corregirla y desanimar su uso. Al inicio mismo de aquella epístola, Pablo declara que Cristo es nuestra porción. El Cristo crucificado es el poder y la sabiduría de Dios, y Dios hizo que Él fuese nuestra sabiduría, esto es: nuestra justicia, santificación y redención. Esto quiere decir que Él es nuestro todo. Después, en el capítulo 2, afirma que se propuso no saber otra cosa que a Cristo, y a éste crucificado. Él les dice a los creyentes corintios que si bien todos ellos tenían dones (1:7); su condición espiritual era de bebés espirituales y aún de personas carnales, e incluso, personas que eran carne (3:1-3). En el griego la palabra carnal del versículo 1 significa “carne” y la del versículo 3 significa “carnal”. Cuando Pablo llega al capítulo 13 les muestra “un camino aún más excelente” (12:31), éste es, el camino del amor. Él afirma allí que aun si hablásemos en lenguas angélicas, si no tenemos amor —esto es, si carecemos de vida, pues el amor es la expresión de la vida— somos apenas como bronce que resuena. Damos un sonido, pero carecemos de vida. En el capítulo 14 Pablo nos anima a procurar los dones más beneficiosos para la edificación de la iglesia. Si leemos todo el libro, veremos que el asunto de hablar en lenguas no es abordado como algo positivo, sino más bien es lo contrario. Por supuesto, en las Escrituras se da cabida al don de hablar en lenguas, pero de manera muy limitada.

LA MANERA APROPIADA
DE EXPERIMENTAR EL BAUTISMO
EN EL ESPÍRITU SANTO

Después de haber dado, muy brevemente, una definición apropiada de lo que es el bautismo en el Espíritu Santo; ahora tenemos que considerar cuál es la manera apropiada de experimentar tal bautismo. En primer lugar, tenemos que comprender que el bautismo en el Espíritu Santo es un hecho que ya fue logrado. Es una de las cosas que se menciona en el Testamento y que se nos fue dado a todos nosotros, y del cual, todos tenemos derecho como miembros del Cuerpo. Sin embargo, no debiéramos detenernos aquí, debemos avanzar:
(1) Debemos tener una relación correcta con el Cuerpo de Cristo y permanecer en ella. Debido a que el bautismo en el Espíritu Santo ha sido llevado a cabo sobre el Cuerpo de Cristo y todavía existe sobre él, es imprescindible que nosotros tengamos y mantengamos una relación apropiada con el Cuerpo a fin de ser uno con el Cuerpo. Por supuesto, nosotros mismos tenemos que estar bien con el Señor. Todo pecado y todo lo malo que se interponga entre nosotros y Dios tiene que ser quitado mediante el lavamiento de la sangre de Cristo. No se debe permitir que permanezca nada que se interponga entre nosotros y el Señor. Pero también tenemos que estar bien con el Cuerpo de Cristo. Todo cuanto nos impida, distraiga o separe del Cuerpo deberá ser completamente quitado, y debemos mantener una verdadera unidad y armonía entre nosotros y el Cuerpo con todos sus miembros. Si hubiera alguna separación, si hay alguna cosa que no esté bien entre nosotros y el Cuerpo, si no permanecemos y guardamos la posición que nos corresponde en el Cuerpo, perderemos la posición para reclamar y tomar como nuestro el bautismo en el Espíritu Santo. Puesto que el bautismo fue efectuado sobre el Cuerpo, el Cuerpo es la base que tenemos para reclamarlo y tomarlo. Por tanto, es necesario que estemos verdaderamente identificados con el Cuerpo y mantengamos una relación apropiada con el Cuerpo para tener la experiencia del bautismo en el Espíritu Santo.
(2) Debemos tomar el bautismo en el Espíritu Santo por medio de una fe viva. Si estamos bien con el Cuerpo de Cristo, estamos en posición de hacer nuestro el bautismo del Espíritu Santo. Debemos comprender que éste ya fue efectuado y ahora existe sobre el Cuerpo de Cristo. Como miembros del Cuerpo de Cristo que mantienen una relación apropiada con el Cuerpo, tenemos el derecho a reclamarlo por medio de una fe viva. Y tomamos este bautismo de la misma manera que valoramos la muerte redentora del Señor. Ciertamente no nos apropiamos de ello dependiendo de nuestros sentimientos ni de ninguna clase de presunta manifestación, sino que recibimos la redención del Señor simplemente por medio de creer en ella, y el Señor honró tal acto de fe. Cuando creímos en el hecho terminado de la muerte del Señor por nuestros pecados, el Espíritu Santo honra silenciosamente nuestra fe y tanto el perdón de pecados como la vida divina son impartidos en nosotros y, como consecuencia, disfrutamos de paz y gozo en nuestro interior. Nosotros simplemente creemos en lo que el Señor efectuó en conformidad con lo que nos dice el Testamento. Este mismo Testamento también nos dice que el bautismo en el Espíritu Santo fue efectuado sobre el Cuerpo de Cristo y está a nuestra disposición para que lo tomemos. Nosotros, los que estamos relacionados de forma correcta con el Cuerpo de Cristo, simplemente debemos tomarlo por medio de una fe viva. Si tomamos en serio las cosas del Señor, Él honrará nuestra fe. No hay necesidad de que procuremos ciertas sensaciones, manifestaciones o señales. Jamás deberíamos poner nuestra confianza en tales cosas. Si las buscamos es porque tenemos un corazón malo de incredulidad; estamos intentando poner a prueba al Señor o le estamos tentando. Hebreos 3 nos relata cómo los hijos de Israel pusieron a prueba al Señor en el desierto y le provocaron debido a su incredulidad. Ellos desconocían los caminos del Señor, pero nosotros los conocemos. No es necesario poner a prueba al Señor. Simplemente, tenemos que aceptar Su palabra al mismo tiempo que permanecemos en la posición correcta. Su palabra está aquí, en el Testamento. No son necesarias las pruebas ni las señales. Debemos decirle al enemigo, Satanás, que no tenemos necesidad de señales ni pruebas. Solo una prueba es suficiente: ¡el Testamento! Ésta es una prueba completa y contundente de que el bautismo en el Espíritu Santo ya fue efectuado y se nos fue dado. Puesto que ahora estamos afirmados sobre la base apropiada, permanecemos en el Cuerpo y con el Cuerpo, podemos tomar dicho bautismo.
Puedo testificar que cuando creemos en la palabra del Señor de este modo, Él honrará nuestra fe. Dejemos todas las señales en Sus manos. Simplemente debemos permanecer en el Cuerpo y creer en el Testamento. Entonces, siempre que necesitemos poder, el Señor nos lo concederá. Consideren a los mártires de la historia de la iglesia. Antes de morir como mártires, es probable que ellos no estuvieran preocupados con el asunto del bautismo en el Espíritu Santo, pero ciertamente amaban al Señor. De hecho, ellos estaban dispuestos a sacrificar aun sus propias vidas por causa del testimonio del Señor. Cuando ellos fueron llevados a morir como mártires, en ese preciso momento, se manifestó el poder. Sus rostros parecían ser rostros de ángeles. Hay muchos relatos que nos dicen esto.
Muchas veces predicamos el evangelio con incredulidad. Creemos en sólo una parte y no en todo; por lo cual, no tenemos poder. Creemos en que el Señor murió por nosotros, pero no creemos en que Él nos bautizó en el Espíritu Santo. Por tanto, carecemos del poder para predicar el evangelio. Si permanecemos en el Cuerpo, creemos en todo el Testamento y, mediante una fe viva, hacemos nuestro el hecho realizado del bautismo en el Espíritu Santo sobre el Cuerpo; podremos atar al hombre fuerte y cerrarle la boca. Todos los muros de Jericó se derrumbarán y al predicar el evangelio veremos el verdadero poder.
Permanecer en el Cuerpo, creer en el Testamento y hacer nuestro el hecho realizado por medio de reclamarlo por fe, es la manera apropiada y eficaz de experimentar el bautismo del Espíritu Santo. Quiera el Señor, en Su misericordia y gracia, concedernos ser ricos en estas experiencias.

lunes, 30 de julio de 2012

VELO: EL SIGNIFICADO DE CUBRIRSE LA CABEZA (Watchman Nee)





TODO SOBRE EL VELO COMO COBERTURA Y LA AUTORIDAD

Varios autores analizan si el velo está o no vigente en el día de hoy.


EL SIGNIFICADO DE CUBRIRSE LA CABEZA (W. Nee)

(http://www.librosdelministerio.org/books.cfm?id=0C15E919)

Lectura bíblica: 1 Co. 11:2-16

(Nota: Véanse artículos relacionados a pie de página)
En este capítulo abordaremos un tema importante: el significado de cubrirse la cabeza.
En 1 Corintios 11:2-16, a los creyentes no se les llama hermanos y hermanas, sino varones y mujeres. Estos versículos no se refieren a lo que somos en Cristo, sino al orden que Dios estableció en Su creación.
Este pasaje no hace eco al pensamiento expresado en Juan 10:30, que dice: “Yo y el Padre uno somos”; más bien, dice que Dios es la Cabeza de Cristo. Esto no da énfasis a la relación que existe entre el Padre y el Hijo, sino a la relación entre Dios y Cristo, o sea, entre Dios y Su Ungido. No se refiere a la relación que existe entre Dios el Padre y Dios el Hijo en la Trinidad de la Deidad, sino a la relación entre Dios y Aquel a quien El envió a la tierra y ungió para que fuera el Cristo. El asunto de cubrirse la cabeza tiene que ver con Dios y Su Ungido.
El tema de cubrirse la cabeza tampoco atañe a la relación que existe entre Cristo y Su iglesia. El hecho de que Cristo sea la Cabeza y que la iglesia sea Su Cuerpo, no está relacionado con el tema de cubrirse la cabeza; dicho tema es algo completamente distinto. En 1 Corintios 11:3 dice que “Cristo es la cabeza de todo varón”. Cristo es la Cabeza de todos los hombres individualmente. Aunque hay muchos hombres, Cristo es la Cabeza de todos ellos; en este aspecto, el hecho de que El sea la Cabeza no se refiere a Su autoridad en la iglesia. Este pasaje alude a la autoridad que Cristo tiene sobre todo varón; por lo tanto, el tema de cubrirse la cabeza no tiene nada que ver con la relación que existe entre Cristo y la iglesia, sino con la relación entre Cristo y todo varón. Así que, este pasaje no atañe a la relación que existe entre los hijos de Dios ni a la relación entre hermanos y hermanas; por ejemplo, el versículo 3 dice que “el varón es la cabeza de la mujer”. Si hemos de entender lo que significa cubrirse la cabeza, es necesario que tengamos este fundamento.

I. DOS SISTEMAS ESTABLECIDOS
POR DIOS EN EL UNIVERSO

Quisiera considerar este tema desde una perspectiva más amplia. Esto nos ayudará a entender 1 Corintios 11. Sólo aquellos que conocen a Dios y que están familiarizados con la Biblia entenderán este capítulo. A muchas personas les es difícil leer este capítulo. Lo primero que debemos saber es que Dios tiene dos sistemas en el universo: a uno lo llamamos el sistema de la gracia, y al otro, el sistema del gobierno.

A. El sistema de la gracia

La iglesia, nuestra salvación, la relación que existe entre hermanos y hermanas en el Señor y el hecho de que seamos hijos de Dios: todos estos son asuntos que están incluidos en el sistema de la gracia de Dios. Todo lo que tiene que ver con la iglesia, con el Espíritu Santo y con la redención, pertenece al sistema de la gracia. Tanto el centurión como la mujer sirofenicia recibieron gracia de parte de Dios. Pedro recibió gracia, y asimismo María. Lázaro pudo ser resucitado, y Marta y María pudieron servir. En el sistema de la gracia, hay igualdad de condiciones entre el hombre y la mujer.

B. El sistema del gobierno de Dios

En la Biblia hay otro sistema, al que llamamos el gobierno de Dios; dicho sistema es totalmente distinto del sistema de la gracia. El sistema del gobierno de Dios es diferente del sistema de la gracia, es decir, es un sistema completamente distinto. En el sistema del gobierno, Dios actúa según Su beneplácito.

1. La creación del hombre y la mujer

En Su creación, Dios hizo al hombre y a la mujer. Esta distinción tiene que ver con el gobierno de Dios. El creó primero al hombre, y luego a la mujer. Este orden también tiene que ver con el gobierno de Dios. Dios actúa según Su beneplácito. El tiene una voluntad independiente. El estableció que los seres humanos provinieran de la mujer. Incluso el Señor Jesús nació de una mujer. Esto se relaciona con el gobierno de Dios. Nadie puede argumentar con Dios en cuanto a este asunto.

2. La comida del hombre

En el huerto de Edén, el hombre se alimentaba de frutas. Esto fue establecido por el gobierno de Dios. Después del diluvio, al hombre se le permitió comer carne. Esto también fue instituido según el gobierno de Dios.

3. La confusión con respecto
al lenguaje

En el principio, todos los hombres hablaban un solo idioma. Pero después que el hombre edificó la torre de Babel para demostrar el poder del linaje humano unido, Dios confundió el lenguaje humano en Babel para que el hombre ya no pudiera hablar la misma lengua. Esto sucedió conforme al gobierno de Dios. Más tarde, cuando Dios derramó Su Espíritu en el día de Pentecostés, los creyentes que estaban presentes comenzaron a hablar en lenguas. Esto también tuvo que ver con el gobierno de Dios.

4. Muchos pueblos esparcidos

En la época de la torre de Babel, los habitantes de la tierra fueron divididos en muchos “pueblos”. Estos “pueblos” representan las razas, y no las naciones. Esto también se relaciona con el gobierno de Dios. Posteriormente, Dios escogió de entre muchos pueblos a un pueblo especial: la nación de Israel, la cual le pertenecería a El. Esto fue Su gracia. Pero la separación del linaje humano en diferentes pueblos estaba relacionado con el gobierno de Dios.

5. La formación de las naciones

Después de algún tiempo, estos pueblos llegaron a ser muchas naciones. La historia de la Biblia nos dice que las naciones se formaron después que surgieron los pueblos. Primero existieron las razas, y después las naciones. Cada nación tenía su propio rey. Esto también fue algo establecido por el gobierno de Dios y bajo la administración del mismo.

6. Israel llega a ser una nación

En tiempos de los jueces, los israelitas eran una raza; todavía no habían llegado a ser una nación. Para la época de Samuel, seguían siendo una raza entre muchas otras, porque no había rey sobre ellos. Un día, el pueblo de Israel quiso tener un rey, tal como lo tenían otros pueblos; ellos pidieron que se les transfiriera de la esfera de la gracia a la esfera de gobierno. Ellos quisieron tener un rey, tal como lo tenían otras naciones. Dios les advirtió, mostrándoles cómo gobernaría este rey sobre ellos (1 S. 8:9-18).

7. Saúl llega a ser rey

Más tarde, Dios escogió a Saúl para que fuera el rey de Israel. Tan pronto como Saúl fue escogido, fue introducido entre el pueblo de Israel el sistema del gobierno de Dios. Esto no significa que la gracia de Dios haya cesado; más bien, significa que los israelitas explícitamente se pusieron bajo el gobierno de Dios. Aunque quisieran rebelarse contra el ungido, ya no podían, porque éste había llegado a ser el rey de ellos. Aun después que Saúl se apartó de Dios en cuanto a la esfera de la gracia, él permaneció como rey en la esfera del gobierno de Dios. Debemos identificar estos dos sistemas diferentes a fin de que podamos entender las dos situaciones en las que se encontraba Saúl. En términos de la gracia, Saúl había caído, pero en términos del gobierno de Dios, él seguía siendo rey. Esta es la razón por la que David no se rebeló en contra de la autoridad que Dios había establecido.

II. EL SISTEMA DE LA GRACIA DE DIOS
PERFECCIONA EL SISTEMA
DEL GOBIERNO DE DIOS

Esta situación continuó hasta la época del Señor Jesús, donde vemos que ambos aspectos de la obra de Dios estaban presentes al mismo tiempo. El sistema de la gracia de Dios continuó operando en el mundo; al mismo tiempo, también operaba el sistema del gobierno de Dios. Los sacerdotes y los profetas pertenecían a la esfera de la gracia; ellos mantuvieron vigente el sistema de la gracia. En cambio, los reyes y los líderes de los israelitas pertenecían a la esfera del gobierno; ellos mantuvieron vigente el sistema del gobierno de Dios.
Por un lado, cuando el Señor Jesús estaba en la tierra, El era el Salvador que libraba al hombre del pecado. Esta fue Su obra bajo el sistema de la gracia. Por otro lado, Dios deseaba que el Señor Jesús estableciera la autoridad de Dios y Su reino celestial mediante la obra de la cruz, a fin de que el reino de los cielos fuera traído a la tierra. Dios opera continuamente para destruir el poder del diablo, traer el reino de los cielos e introducir el cielo nuevo y la tierra nueva. En aquel día, la gracia y el gobierno se unirán y llegarán a ser un solo sistema. Esto significa que en el cielo nuevo y en la tierra nueva, el sistema de la gracia y el sistema del gobierno se unirán y llegarán a ser un solo sistema. Así, ambos sistemas serán uno en el Señor Jesús. En El se incorporan ambos aspectos de la obra de Dios. Por una parte, El opera sobre la base del sistema de la gracia; pero por otra, opera sobre la base del sistema del gobierno.
El gobierno de Dios no se estableció cuando Dios creó al hombre, sino cuando creó a los ángeles. Esto se revela claramente en la Biblia. Cuando Satanás era aún la estrella de la mañana que reinaba sobre el mundo, ya estaba vigente el sistema del gobierno. Después que el hombre fue creado, se establecieron muchas cosas bajo el sistema del gobierno de Dios, tales como el matrimonio, la relación entre cónyuges, las relaciones familiares y la relación entre padres e hijos. Estas instituciones básicas fueron establecidas por Dios conforme a Su sistema de gobierno.
Quiero señalarles algo a los hermanos y a las hermanas. Los que son salvos en esta era deben aprender la lección fundamental de no usar la gracia de Dios para anular el gobierno de Dios. Debo repetir estas palabras de manera enfática: no anulemos el orden que Dios estableció en Su gobierno, con la gracia que El nos imparte. La intención de Dios es que el hombre respete Su gobierno; no es Su deseo que el hombre anule el gobierno que El instituyó. Si hacemos caso omiso del gobierno de Dios, somos personas inicuas ante Dios; desconocemos por completo el hecho de que, además de la iglesia, existe también el reino. Debemos ver el sistema del gobierno de Dios. El sistema de la gracia perfecciona el sistema del gobierno. El sistema del gobierno no fue establecido con miras al sistema de la gracia; más bien, el sistema de la gracia perfecciona o complementa el sistema del gobierno de Dios.
Muchos tienen un concepto fundamentalmente erróneo. Piensan que por tener la gracia, pueden hacer a un lado el gobierno de Dios. Esta es una idea insensata. Uno no puede usar la obra que Dios realiza en la esfera de la gracia, para cambiar el gobierno de Dios. El perdón que obtenemos ante Dios por Su gracia no reemplaza el perdón que El otorga conforme a Su gobierno. No importa cuánto perdón hayamos recibido en la gracia, esto no reemplazará el perdón relacionado con Su gobierno.
¡El gobierno de Dios opera bajo un principio totalmente diferente! Desde el comienzo, Dios ha estado tratando de establecer Su sistema gubernamental. El continuará esta obra hasta el final. La gracia y el gobierno siempre van juntos. Debido a que el hombre luchó y se rebeló contra el sistema del gobierno de Dios, fue introducido el sistema de la gracia. El sistema de la gracia nos trae a la salvación y a la restauración, a fin de que obedezcamos el sistema del gobierno de Dios. La gracia es dada para complementar el sistema del gobierno de Dios.

III. APRENDAMOS A RECONOCER
EL GOBIERNO DE DIOS

A. Adán es expulsado
del huerto de Edén

Recordemos cómo pecó Adán. Después que Dios preparó el huerto de Edén, El creó a Adán y a Eva y les encargó que cuidaran del huerto. El huerto de Edén les fue encomendado completamente a ellos. Edén significa felicidad, y ellos vivieron felices en el huerto. Sin embargo, ambos pecaron. Después que ellos pecaron, Dios les dio la promesa de que vendría un Salvador, la simiente de la mujer. Aunque Dios les dio la promesa de la redención, Adán y Eva fueron echados del huerto de Edén. Aquí vemos que la promesa de la redención manifestó la gracia del Señor, pero esto no anuló la acción gubernamental de Dios respecto a expulsarlos del huerto.
Dios no sólo los echó del huerto de Edén, sino que también puso querubines que guardaran el huerto con el propósito de que Adán y Eva no pudieran regresar allí. Esto fue establecido por el gobierno de Dios. El gobierno y gracia de Dios son dos cosas distintas. La gracia dio al hombre la promesa de un Salvador, mientras que el gobierno divino expulsó al hombre del huerto de Edén. Es evidente que a partir de aquel día, el hombre ya no podía regresar al huerto de Edén.

B. A los israelitas se les impide
entrar en Canaán

Cuando los israelitas llegaron a Cades-barnea, ellos rehusaron entrar en Canaán. Como resultado, Dios les impidió entrar en la buena tierra. Los israelitas se lamentaron y después quisieron entrar por sí mismos, pero en un día, muchos de ellos murieron en manos de los cananeos. Ellos lloraron y clamaron, pero Dios no les permitió entrar en la buena tierra (Nm. 13—14). Una vez que ellos rehusaron entrar, ya no pudieron ingresar en la buena tierra. El gobierno de Dios no les permitió hacer lo que ellos querían. Dios tiene Su gobierno.

C. A Moisés no se le permite
entrar en Canaán

Moisés golpeó la roca con su vara dos veces y no santificó a Jehová. Como resultado, no pudo entrar en Canaán (Nm. 20:7-12). Aunque Dios fue misericordioso con él y lo condujo al monte de Pisga, a Moisés no se le permitió entrar en Canaán junto con el pueblo de Dios. Aunque Moisés vio la tierra de Canaán, estando él con Dios en el monte de Pisga, no se le permitió entrar en ella (Dt. 34). La gracia de Dios le permitió ver los linderos de la tierra, pero el gobierno de Dios le prohibió entrar en la tierra.

D. La espada no se aparta
de la casa de David

Cuando David pecó, Dios tuvo gracia y misericordia para con él y le perdonó sus pecados. Dios tuvo tanta gracia para con David, que le concedió tener una comunión especial con El aun después de aquel incidente. Sin embargo, la espada nunca se apartó de la casa de David (2 S. 12:7-14). Esto es el gobierno de Dios.

E. La separación
de Pablo y Bernabé

Bernabé se separó de Pablo por causa de Marcos (Hch. 15:37-39). Marcos era pariente de Bernabé (Col. 4:10). Marcos estuvo en desacuerdo y desobedeció durante el primer viaje, pero Bernabé insistía en llevarlo consigo. Obviamente, esta decisión fue motivada por su relación familiar. Bernabé entonces se apartó de Pablo, y tomando a Marcos, se fue a Chipre (ambos eran naturales de Chipre). Aquí vemos en acción la influencia de una relación carnal. Es posible que después de esto Bernabé haya sido usado por Dios de alguna manera; quizás haya realizado alguna buena obra más tarde. Con todo, a partir de entonces el Espíritu Santo borró su nombre de la Biblia. Su nombre todavía estaba escrito en el libro de la vida, pero no en el libro de Hechos. Esto es el gobierno de Dios. ¡El gobierno de Dios no permite que nadie siga su propio camino!
El sistema de la gracia es una cosa, y el sistema del gobierno es otra. Cuanto más humilde sea una persona, más experimentada será en el sistema del gobierno de Dios. Nunca pensemos que podemos anular el sistema del gobierno de Dios simplemente porque estamos bajo el sistema de la gracia.
La gracia nunca anula el gobierno divino. De hecho, la gracia hace que una persona se sujete al gobierno de Dios. Digo esto solemnemente: La gracia nos capacita para someternos a la autoridad. La gracia no nos hace rebeldes; no nos lleva a derrocar el gobierno de Dios. Estos dos sistemas establecidos por Dios se perfeccionan mutuamente. La gracia no anula el gobierno de Dios. Sólo los necios dirían: “Ya que he recibido la gracia, puedo comportarme con ligereza y hacer cosas descuidadamente”. ¡Esto es lo que haría un hombre necio!
Cuanto más los ojos de una persona sean abiertos a la gracia, más se comportará como un siervo apropiado (si es un siervo) o como un amo apropiado (si es un amo). De igual manera, cuanto más los ojos de una persona sean abiertos a la gracia, más sabrá cómo ser un esposo apropiado, un padre apropiado, un hijo apropiado o un ciudadano apropiado, y más estará sujeto a la autoridad. Cuanta más gracia recibe uno de parte de Dios, más sabrá cómo respetar el gobierno de Dios. Nunca he visto que una persona que verdaderamente conozca la gracia de Dios, destruya Su gobierno.

IV. EL CUBRIRSE LA CABEZA
SE RELACIONA CON
EL GOBIERNO DE DIOS

El asunto de cubrirse la cabeza está relacionado con el gobierno de Dios. Yo no puedo persuadirle que se cubra la cabeza si usted no conoce nada acerca del gobierno de Dios. Si usted no conoce el gobierno de Dios, ¡tampoco sabrá lo que significa cubrirse la cabeza! Una vez que usted vea el gobierno de Dios y comprenda que el sistema del gobierno divino es revelado en la Palabra, entenderá que el cubrirse la cabeza tiene mucho que ver con dicho gobierno.
En 1 Corintios 11:2-3 dice: “Os alabo porque en todo os acordáis de mí, y retenéis las instrucciones tal como os las entregué. Porque quiero que sepáis que Cristo es la cabeza de todo varón, y el varón es la cabeza de la mujer, y Dios la cabeza de Cristo”. Esto es el gobierno de Dios.
Estos versículos no dicen nada acerca de la relación entre el Padre y el Hijo; ésa es una relación existente en la Deidad. Más bien, estos versículos hablan de la relación que existe entre Dios y Cristo. Tomando prestado un término moderno, podríamos decir que Cristo es el delegado de Dios. Hay una distinción entre Dios y Cristo con respecto al ministerio y en cuanto al orden y gobierno divinos: Dios es Dios, y Cristo es Cristo. Cristo es Aquel a quien Dios envió. Juan 17:3 dice: “Que te conozcan a Ti, el único Dios verdadero, y a quien has enviado, Jesucristo”. Dios es Dios, y el Señor Jesús es el Cristo enviado por Dios. Esta distinción entre Dios y Cristo tiene que ver con el gobierno de Dios. Cristo era originalmente igual a Dios, pero El estuvo dispuesto a ser el Cristo y a ser enviado. Dios sigue siendo Dios, el Dios que está en las alturas, mientras que Cristo fue enviado para hacer la obra de Dios. Este es el primer asunto relacionado con el gobierno de Dios.
¿Cuál es la meta de Dios? Su meta es designar a Cristo como Cabeza, a fin de que todo hombre se someta a El. Cristo es las primicias de toda la creación. El fue el primero que Dios creó. [Nota del editor: esto se refiere únicamente a Su humanidad.] Por lo tanto, El es la Cabeza de todo varón, y todo varón debe sujetarse a El. Este es un principio básico en el gobierno de Dios. Cristo es la cabeza de todo varón. Esto no pertenece al sistema de la gracia, sino al sistema del gobierno de Dios. De igual modo, el hecho de que el varón sea la cabeza de la mujer también es algo relacionado con el sistema del gobierno de Dios. En Su gobierno, Dios designa al varón como cabeza de la mujer, así como El designa a Cristo como cabeza del varón y se designa a Sí mismo como Cabeza. Todo esto tiene que ver con el sistema de Dios en su totalidad.
Dios mismo es la Cabeza, y El también designa a Cristo para que sea la Cabeza. Además, El designa al hombre como cabeza. Estos son tres grandes principios en el gobierno de Dios.
Dios es la Cabeza de Cristo. Esto no tiene nada que ver con que Dios sea más grande que Cristo o que Cristo sea más grande que Dios. Simplemente significa que en el arreglo gubernamental divino, Dios es la Cabeza de Cristo. De igual manera, en el orden dispuesto por el gobierno de Dios, Cristo es la cabeza de todo varón y el varón es la cabeza de la mujer. Esto es lo que Dios ha establecido y ordenado.
Filipenses 2 presenta esto claramente. El Señor Jesús es igual a Dios en cuanto a Su esencia misma. Pero en el gobierno de Dios, Jesús es el Cristo. Ya que El es el Cristo, Dios es Su Cabeza. En el Evangelio de Juan, el Señor dijo que El hacía sólo lo que veía hacer al Padre (5:19). El no vino para hacer Su propia voluntad, sino la voluntad del que lo envió (6:38). Era como si El dijera: “Yo soy simplemente el Cristo, Aquel que fue enviado. Yo no me atrevo a hablar por Mi propia cuenta. Lo que oigo, eso hablo. No hago nada por Mí mismo; lo que veo, eso hago” (cfr. 8:26, 28). El habló estas palabras sobre la base del gobierno de Dios. Lo que Dios dispuso es que Dios sea Dios, y que Jesús sea el Cristo; como tal, El debía obedecer a Dios. En lo que a Su persona intrínseca se refiere, Dios el Hijo es igual a Dios el Padre; ellos son de igual posición y merecen la misma honra. En este aspecto, Dios el Hijo no tiene que obedecer a Dios el Padre. Sin embargo, en términos del gobierno de Dios, Cristo no tomó la posición de Dios el Hijo, sino la posición del Cristo, Aquel que fue enviado por Dios.
Un día todos conocerán el gobierno de Dios. Todo el mundo sabrá que Cristo es la Cabeza. Esto es lo que Dios ha establecido en Su gobierno. Cristo será la Cabeza de todo varón. Pero hoy únicamente la iglesia sabe esto; el mundo no lo sabe. Un día todo el mundo sabrá que Cristo es la Cabeza, el que tiene la preeminencia en toda la creación. El es las primicias de toda la creación. Todos los seres creados se someterán a la autoridad de Cristo. Bajo este mismo principio, sólo la iglesia sabe que Dios estableció al varón como cabeza de la mujer. ¿Ven ustedes esto? Hoy, sólo la iglesia sabe que Cristo es la cabeza de todo varón; del mismo modo, sólo la iglesia sabe que el varón es la cabeza de la mujer.
Ya vimos que la gracia nunca puede derrocar al gobierno de Dios. Pienso que las lecciones que hemos aprendido se hacen cada vez más claras. La gracia sostiene al gobierno de Dios; no lo destruye. Nadie puede ser tan necio como el que usa la gracia de Dios para oponerse a Su gobierno. ¡Nadie puede abrogar el gobierno de Dios! La mano de Dios sostiene permanentemente Su gobierno. Hoy ningún hombre puede derrocar la autoridad de su padre, argumentando que ha creído en el Señor; nadie tampoco puede derrocar la autoridad de su amo ni la autoridad del gobierno, tomando como base que ha creído en el Señor. Ningún hombre puede decir: “Yo no tengo que pagar impuestos porque soy cristiano. No tengo que cumplir con mis deberes”. ¡No existe semejante cosa! El hecho de que usted sea cristiano lo compromete aun más a respetar el gobierno de Dios.
Hoy vivimos en el mundo con el fin de mantener el testimonio de Dios. El Señor nos ha mostrado tres clases de cabezas: Dios es la Cabeza, Cristo es la Cabeza, y el varón es la cabeza. Esto no tiene nada que ver con la relación entre los hermanos y las hermanas; es una cuestión de gobierno, no de gracia. La gracia nos llama hermanos y hermanas, pero Dios tiene otro sistema, el cual tiene que ver con Su gobierno. Esta es la voluntad de Dios, es el deseo de Su corazón. Dios establece que El mismo sea la Cabeza, y que Cristo se someta a El; Dios también establece que Cristo sea la Cabeza, y que todos se sometan a El; además, Dios establece que el varón sea la cabeza, y que la mujer lleve una señal de sumisión.

V. EL SIGNIFICADO DE
CUBRIRSE LA CABEZA

En 1 Corintios 11:4-5 dice: “Todo varón que ora o profetiza con la cabeza cubierta, afrenta su cabeza. Pero toda mujer que ora o profetiza con la cabeza descubierta, afrenta su cabeza; porque lo mismo es que si se hubiese rapado”. Descubramos lo que significa cubrirse la cabeza.
Cubrirse la cabeza significa someterse al gobierno de Dios, es decir, aceptar esta posición. Una persona que se cubre la cabeza jamás anularía el gobierno de Dios simplemente porque ha recibido Su gracia. Ella ni siquiera daría cabida a tal pensamiento. Por el contrario, aceptaría el gobierno de Dios. Tal como Cristo aceptó a Dios como Su Cabeza, así también todo varón debe aceptar a Cristo como su Cabeza. De la misma manera, la mujer debe aceptar al varón como su cabeza representativa. Cubrirnos la cabeza significa que renunciamos a ser nosotros mismos la cabeza.
Por favor, tengan presente que en la práctica, Dios requiere que sólo la mujer se cubra la cabeza. En realidad, la cabeza de Cristo está cubierta ante Dios, y la cabeza de todo varón está cubierta ante Cristo. Pero en la práctica, Dios requiere que sólo la mujer se cubra la cabeza delante del hombre. ¡Esto es algo maravilloso! Ello expresa un profundo principio; este asunto de ninguna manera es trivial.
En ocasiones siento que no tengo la libertad de hablar a algunos santos acerca del tema de cubrirse la cabeza porque ellos no tienen idea de lo que es el gobierno de Dios. Uno primeramente debe entender qué es el gobierno de Dios antes de que pueda entender qué significa cubrirse la cabeza. Ya que Cristo tiene Su cabeza cubierta ante Dios, yo también tengo mi cabeza cubierta ante Cristo. Me he cubierto la cabeza; ya no está descubierta. Dios es ahora mi Cabeza. De hecho, Dios desea que todo varón se cubra la cabeza. Cristo es nuestra única Cabeza. Nuestra cabeza no debe estar descubierta; debe desaparecer de vista.
A estas alturas, me dirigiré a las mujeres cristianas: Dios ha ordenado que el varón sea la cabeza de la mujer. En estos días de ignorancia con respecto a la autoridad de Dios, Dios requiere que sólo la iglesia cumpla esto. El tema de cubrirse la cabeza se relaciona con el hecho de si uno es cristiano o no. En la iglesia, Dios exige que todo cristiano respete el sistema de gobierno que El ha establecido.

VI. LA RESPONSABILIDAD
DE LAS HERMANAS

El hecho de que las hermanas se cubran la cabeza significa que ellas toman la posición que Cristo toma ante Dios y que el varón toma ante Cristo. La intención de Dios es que las mujeres se cubran la cabeza de modo que expresen el gobierno de Dios sobre la tierra. Dios pide que sólo las mujeres se cubran la cabeza. La mujer no se cubre la cabeza por causa de ella misma, sino por lo que ello representa. Hay muchas cosas que uno hace para sí mismo, pero también hay muchas cosas que uno hace como representante de todo el grupo. La mujer se cubre la cabeza por ser mujer; además, se cubre la cabeza como representante, pues ella representa a todo hombre y también representa a Cristo. La mujer representa a todo hombre ante Cristo; y ella también representa a Cristo delante de Dios. El hecho de que la mujer se cubra delante de Dios equivale a que Cristo mismo se cubra delante de Dios. De la misma manera, el hecho de que la mujer se cubra la cabeza delante de Cristo equivale a que cada varón se cubra delante de Cristo.
Nadie debe asumir ninguna autoridad delante de Cristo. Todos deben cubrir su cabeza y permitir que Cristo sea la Cabeza. Si alguien no cubre su cabeza delante de Cristo, habrá dos cabezas. Cuando hay dos cabezas, una de ellas debe ser cubierta. Entre Dios y Cristo, una cabeza debe estar cubierta. De igual modo, entre el hombre y la mujer, una cabeza debe estar cubierta. Entre Cristo y todo varón, una cabeza debe estar cubierta. Si una de las cabezas no se cubre, habrá dos cabezas. No debe haber dos cabezas en el gobierno de Dios. Si Dios es la cabeza, Cristo no puede ser la cabeza; si Cristo es la cabeza, el varón no puede ser la cabeza; y si el varón es la cabeza, la mujer no puede ser la cabeza.
Dios pide a las hermanas que sean representantes. Las hermanas tienen la responsabilidad de llevar señal de sumisión sobre sus cabezas. Esto expresa el sistema del gobierno de Dios. En particular, Dios ordena que la mujer se cubra la cabeza al orar y profetizar. Esto se debe a que ella debe conocer el gobierno de Dios cuando acude a Dios. Ya sea que ella profetice por Dios ante los hombres o que ore por los hombres ante Dios, ya sea que ore, profetice, actúe por Dios o acuda a Dios, ella debe realizar estas actividades —las cuales tienen que ver con Dios— con la cabeza cubierta. Esto tiene como propósito expresar el gobierno de Dios.
Al hombre no le es permitido cubrirse la cabeza. El hombre afrenta su propia cabeza si se la cubre delante de la mujer. El hombre representa a Cristo. Si un hombre cubre su cabeza, estaría afirmando que ningún hombre debe cubrir su cabeza delante de Cristo y que Cristo debe cubrir Su cabeza delante del hombre.

VII. UNA SEÑAL DE SUMISIÓN
A LA AUTORIDAD
POR CAUSA DE LOS ÁNGELES

En 1 Corintios 11:6 dice: “Porque si la mujer no se cubre, que se corte también el cabello; y si le es vergonzoso a la mujer cortarse el cabello o raparse, que se cubra”. En otras palabras, Dios le dice a las hermanas que deben ser íntegras en todo lo que hagan.
Ninguna mujer puede tener su cabeza descubierta y a la vez dejarse el cabello largo. Si una mujer no se cubre la cabeza, debería cortarse el cabello o raparse. Si usted siente que es vergonzoso cortarse el cabello o rapárselo, debería cubrirse la cabeza. Esto es lo que Pablo quería decir. La mujer debe cortarse el cabello o raparse si no quiere cubrirse la cabeza. Si una mujer piensa que es vergonzoso cortarse el cabello o raparse, que se cubra. Ella debe ser resoluta de un modo u otro, y no hacer nada a medias.
El versículo 7 dice: “Porque el varón no debe cubrirse la cabeza, pues él es imagen y gloria de Dios”. El varón representa la imagen y gloria de Dios; por lo tanto, él no debe cubrirse la cabeza. “Pero la mujer es gloria del varón”. Esta es la razón por la que la mujer debe cubrirse la cabeza. Si la mujer no se cubre, no puede expresar el hecho de que el varón es la cabeza.
Lo que dicen los versículos 8 y 9 es muy claro. Ambos versículos hablan del gobierno de Dios. Por eso digo que una persona nunca entenderá 1 Corintios 11 si no comprende lo que es el gobierno de Dios. El versículo 8 dice: “Porque el varón no procede de la mujer, sino la mujer del varón”. Esto es lo que Dios estableció. En la creación, el hombre no procedió de la mujer, sino que la mujer fue hecha de la costilla tomada del hombre. La cabeza era Adán, no Eva. El versículo 9 dice: “Y tampoco el varón fue creado por causa de la mujer, sino la mujer por causa del varón”. La mujer debe ser sumisa aun por causa de la creación.
El versículo 10 declara: “Por lo cual la mujer debe tener señal de sumisión a la autoridad sobre su cabeza, por causa de los ángeles”. La Biblia no dice lo que la mujer debe usar para cubrirse la cabeza; sólo dice que su cabeza, la parte donde está su cabello, debe estar cubierta. Ella debe hacer esto por causa de los ángeles.
Siempre he considerado que esta enseñanza es maravillosa. Es por causa de los ángeles que la cabeza de las hermanas debe llevar una señal de sumisión. Todos conocemos la historia de la caída de los ángeles. Satanás se rebeló, pero ¿cómo sucedió esto? Satanás se exaltó a sí mismo con la intención de ser igual a Dios. En Isaías 14 dice que él se ensoberbeció y quiso ascender a la altura de Dios. En otras palabras, Satanás descubrió su cabeza ante Dios; no se sujetó a la autoridad de Dios. En Isaías 14 Satanás expresó su propia voluntad repetidas veces, diciendo: “Subiré al cielo ... levantaré mi trono ... en el monte del testimonio me sentaré ... sobre las alturas de las nubes subiré ... seré semejante al Altísimo” (vs. 13-14). Esta fue la ambición de Satanás. Aquí vemos la caída del arcángel. Apocalipsis 12 nos muestra que Satanás arrastró consigo a la tercera parte de los ángeles cuando fue echado abajo (v. 4). ¡La caída de los ángeles se produjo porque trataron de asumir autoridad sin antes someterse a la autoridad de Dios!
Hoy la mujer debe llevar señal de sumisión. ¡Esto es por causa de los ángeles! Sólo en la iglesia encontramos, sobre la cabeza de las hermanas, señal de sumisión. Esta señal, en efecto, declara: “Nuestra cabeza está cubierta, y no tenemos cabeza propia. No queremos ser la cabeza; nuestra cabeza no está descubierta. Aceptamos al varón como cabeza. Hacemos esto para testificar a los ángeles rebeldes que nosotros aceptamos a Cristo como nuestra Cabeza y aceptamos a Dios como la Cabeza”. Esto es lo que significa la expresión por causa de los ángeles.
Cuando hay señal de sumisión sobre nuestra cabeza, es decir, cuando cubrimos nuestra cabeza, damos el mejor testimonio a los ángeles caídos. Esto explica por qué Satanás se opone a que nos cubramos la cabeza. Al cubrirnos la cabeza avergonzamos a Satanás, ya que hacemos lo que él no hizo delante de Dios. Lo que Dios no obtuvo de los ángeles, El lo ha obtenido en la iglesia. Algunos de los ángeles no se sujetaron a la autoridad de Dios y de Cristo. Esto trajo caos al universo. Satanás y los ángeles caídos constituyen un problema aun más grande que la caída del hombre. Lo que Dios no pudo obtener de los ángeles caídos, El lo obtiene en la iglesia.
Cuando muchas hermanas en la iglesia permanecen firmes en su posición de mujer y se cubren la cabeza, se exhibe ante los ángeles, que están en los aires, un testimonio implícito y sin palabras. Esto les proclama a los ángeles que Dios ha obtenido en la iglesia lo que El desea. Así que, la mujer debe llevar señal de sumisión sobre su cabeza por causa de los ángeles.

VIII. NO IRSE AL EXTREMO

Sin embargo, es posible que algunos se vayan al extremo. Tal vez piensen que ya que el varón es la cabeza, la mujer debe sujetarse al hombre en todo. Esto pone a la mujer en una posición de sumisión ciega respecto a todo. Esta clase de sumisión no es provechosa. El problema es que algunos, o no hacen nada en absoluto o se van al extremo cuando hacen algo. Pablo dice que este asunto no es tan sencillo. El continuó en 1 Corintios 11:11 con la palabra pero. El hecho de cubrirse la cabeza constituye un testimonio externo. Tenemos que hacerlo para testificar de forma externa. Pero ¿cuál es la realidad y el significado intrínseco de dicho testimonio? El versículo 11 dice: “Pero en el Señor, ni la mujer es sin el varón, ni el varón sin la mujer”. Algunos podrían preguntar: “¿Qué quiso decir Pablo cuando dijo que ni la mujer es sin el varón, ni el varón es sin la mujer?”. Pablo explicó esto en el versículo 12, diciendo: “Porque así como la mujer procede del varón, también el varón mediante la mujer”.
En el huerto de Edén, la mujer procedió del varón. Pero hoy, después de la época del huerto de Edén, la mujer es el medio por el cual nace el varón. Todo varón nace de una mujer. En realidad, ni el varón es sin la mujer, ni la mujer sin el varón. Ni el varón ni la mujer puede decir que él o ella es algo especial. “Pero todo procede de Dios” (v. 12). El velo sobre la cabeza es simplemente una señal de sumisión a la autoridad. Al final, todas las cosas proceden de Dios. De hecho, el hombre nace de la mujer y la mujer provino del hombre. Nadie puede enorgullecerse de sí mismo, y nadie tampoco puede menospreciarse a sí mismo.
El versículo 13 dice: “Juzgad vosotros mismos: ¿Es propio que la mujer ore a Dios sin cubrirse la cabeza?”. Aquí Pablo parece preguntarle a las hermanas específicamente: “Después de escuchar estas palabras y comprender que en el gobierno divino Dios es la Cabeza de Cristo, que Cristo es la Cabeza de todo varón, que el varón es la cabeza de la mujer y que Dios designó a la mujer como representante de Cristo delante de Dios, ¿aún piensan que es apropiado que la mujer ore a Dios con la cabeza descubierta?”.
El versículo 14 añade: “La naturaleza misma ¿no os enseña que si el varón tiene el cabello largo le es una deshonra...?”. Aquí Pablo apeló al sentir de la iglesia al juzgar este asunto. Pongamos especial atención a las palabras: “La naturaleza misma ¿no os enseña?”. El versículo 15 dice: “¿...pero que si la mujer tiene el cabello largo, le es una gloria? Porque en lugar de velo le es dado el cabello”. En todo el mundo, las mujeres valoran mucho su cabello y se sienten orgullosas de él. El cabello expresa la gloria de una mujer; a la mujer siempre le gusta cuidarse el cabello. Nunca he visto que una mujer tire todo su cabello al cesto de basura. El cabello es una gloria para la mujer; le es muy preciado. En otras palabras, Dios le dio el cabello largo a la mujer para cubrirla.
Quisiera hacerles notar dos cosas: puesto que Dios dio a la mujer el cabello largo para cubrirla, Pablo indicó que la mujer debe usar un velo adicional, para que ella esté cubierta como Dios desea. Ya que el cabello largo de la mujer es un velo que Dios le dio, ella debe cubrirse también con un velo hecho por el hombre. Debemos leer los versículos 6 y 15 juntos. El versículo 6 dice: “Porque si la mujer no se cubre, que se corte también el cabello; y si le es vergonzoso a la mujer cortarse el cabello o raparse, que se cubra”. Y el versículo 15 dice: “¿...pero que si la mujer tiene el cabello largo, le es una gloria? Porque en lugar de velo le es dado el cabello”. El pensamiento es muy claro una vez que unimos estos dos versículos. Dios cubrió la cabeza de la mujer dándole el cabello largo. Siendo éste el caso, aquellas mujeres que aceptan la autoridad de Dios deben usar algo para cubrirse el cabello. Si una mujer rehusa cubrirse el cabello, ella debe cortarse el cabello que Dios le dio. En otras palabras, si usted acepta lo que Dios ha provisto, también debe añadir su propio velo; pero si usted no lo acepta, entonces debe renunciar a lo que Dios ya le dio. La Biblia no prohibe que la mujer se deje el cabello largo; sólo dice que el cabello largo no es suficiente y que la mujer debe añadir un velo sobre su cabeza.
Actualmente ninguno de estos dos mandamientos bíblicos está siendo guardado. Si una hermana no se cubre la cabeza sino que en lugar de ello se rapa, podríamos decir que ella sigue obedeciendo las Escrituras. El problema es que muchas mujeres rehusan hacerlo: ni se rapan ni se cubren la cabeza. El versículo 6 dice que si una mujer no se cubre, debe raparse, y que si no se rapa, debe cubrirse la cabeza. El versículo 15 dice que puesto que Dios ya nos cubrió, nosotros también debemos cubrirnos.
¿Qué deberían hacer las personas obedientes? Este versículo dice que puesto que Dios ya nos cubrió, también nosotros debemos cubrirnos. Los que conocen a Dios siempre agregarán su parte a lo que Dios ya hizo. Siempre seguirán la manera en que Dios actúa, sin contradecirla.

IX. NO SER CONTENCIOSOS

El versículo 16 dice: “Con todo eso, si alguno quiere ser contencioso, nosotros no tenemos tal costumbre, ni las iglesias de Dios”. Pienso que las palabras de Pablo son bastante fuertes. Pablo conocía muy bien a los corintios. ¡A los corintios se les encuentra no sólo en Corinto, sino también en muchos otros lugares! ¡Incluso se encuentran en la iglesia donde está usted!
Pablo dijo: “Con todo eso, si alguno quiere ser contencioso”. ¿Sobre qué asunto hay contienda? Los versículos del 1 al 15 hablan acerca de cubrirse la cabeza. Así que, en el contexto, la contienda tiene que ver con el asunto de cubrirse la cabeza. Pero Pablo dijo que es erróneo que alguien sea contencioso. Nadie debe protestar por el asunto de cubrirse la cabeza.
¡Muchos quieren argumentar que la mujer no tiene que cubrirse la cabeza! Esto equivale a decir que la autoridad de Dios sobre Cristo es un asunto exclusivo de los corintios, y no un asunto universal; esto equivale a decir que la autoridad de Cristo sobre el hombre es un asunto exclusivo de los corintios, y no un asunto universal; y esto equivale a decir que la autoridad del hombre sobre la mujer es un asunto exclusivo de los corintios, y no un asunto universal. Pero ¡damos gracias a Dios! Ser cristiano es un asunto universal, y no un asunto exclusivo de los corintios. Del mismo modo, el hecho de que Dios sea la Cabeza de Cristo y que Cristo sea la cabeza de todo varón son asuntos universales, no asuntos exclusivos de los corintios. Así también, el hecho de que el hombre sea la cabeza de la mujer es un asunto universal, y no una cuestión que pertenece exclusivamente a los corintios.
¿Qué les dijo Pablo a aquellos que pensaban que las hermanas no debían cubrirse la cabeza y que se oponían a sus palabras, a esta decisión y a la comisión que él había recibido de parte del Señor? El dijo: “Nosotros no tenemos tal costumbre”. La palabra nosotros se refiere a Pablo y a los apóstoles. No había tal costumbre entre los apóstoles. No había hermanas que no se cubrieran la cabeza entre los apóstoles. “Si alguno quiere ser contencioso, nosotros no tenemos tal costumbre” No hay modo de argumentar. Si alguno desea argumentar, “tampoco las iglesias de Dios” tienen tal costumbre. Esto quiere decir que nadie puede argumentar sobre esto.
Aquí Pablo nos mostró la costumbre de las iglesias de Dios en aquella época. Según la costumbre de esos tiempos, todos los judíos se cubrían la cabeza cuando entraban en la sinagoga. Los hombres y las mujeres judíos se cubrían la cabeza con un velo antes de entrar en la sinagoga. Sin ese velo, no podían entrar en la sinagoga. La costumbre de los griegos (Corinto era parte de Grecia) consistía en que, al entrar en el templo, tanto los hombres como las mujeres tenían descubierta la cabeza. En los tiempos de Pablo, ninguna raza ni país tenía la costumbre de que los hombres se descubrieran la cabeza y que las mujeres se la cubrieran. Todos los judíos de aquella época se cubrían la cabeza, mientras que todos los gentiles se la descubrían. Sin embargo, con respecto a los hijos de Dios, los varones deben descubrirse la cabeza mientras que las mujeres deben cubrírsela.
Por tanto, el que el varón no se cubriera la cabeza y que la mujer se la cubriera, era un mandamiento dado exclusivamente por los apóstoles de Dios y era una costumbre guardada únicamente por las iglesias de Dios. Esta costumbre era diferente de las costumbres de los judíos y de los gentiles. Dicha costumbre se encontraba únicamente en la iglesia. Puesto que esta costumbre fue instituida por los apóstoles, era algo nuevo, algo recibido de parte de Dios.
Todos los apóstoles creían firmemente que la mujer debía cubrirse la cabeza. Si hubiese habido algún apóstol que no creyera que la mujer debiera cubrirse la cabeza, no habría estado entre los otros apóstoles y seguramente habría sido como uno ajeno a ellos. Los apóstoles no tenían tal costumbre entre ellos. Si una iglesia intentaba protestar contra esto, la respuesta de Pablo era que las iglesias de Dios no tenían esa costumbre. Ninguna iglesia tenía tal costumbre. No existía tal costumbre entre las iglesias locales que los apóstoles visitaban. A partir del versículo 16, Pablo cesó de presentar razonamientos respecto a este asunto. Sus razonamientos terminaron en el versículo 15. En el versículo 16, Pablo ya no expuso más razones. Si alguien quería ser contencioso, Pablo dijo que ningún apóstol debería estar de acuerdo con tal persona. Tal persona no tendría nada que ver con los apóstoles ni con la iglesia. Todos los apóstoles y todas las iglesias creían en esto, y nadie debía argumentar al respecto.
Esta es la razón por la que pedimos a todas las hermanas en la iglesia que cubran su cabeza en las reuniones cuando se da un mensaje o cuando ellas oran. Ellas deben hacer esto debido a que Dios desea obtener en la iglesia lo que El no pudo obtener en el mundo. El desea obtener aquí lo que no pudo obtener en el universo. Y nosotros también queremos que El obtenga en la iglesia lo que no pudo obtener entre los ángeles. Queremos que El obtenga lo que no ha podido obtener en el mundo. Las hermanas deben saber esto. El versículo 3 nos da una enseñanza clara acerca de esto. Dios es la Cabeza de Cristo, Cristo es la cabeza de todo varón, y el varón es la cabeza de la mujer. Por esta razón, la mujer debe cubrir su cabeza. Esta es la enseñanza fundamental que se presenta en este pasaje de la Palabra.

X. EL PRINCIPIO DE
LA REPRESENTACIÓN

La Biblia contiene un principio muy importante: el principio de la representación. Ya he hablado de esto anteriormente, y quisiera reiterarlo aquí.
Como cristianos, nosotros nos conducimos conforme a dos principios diferentes. Uno es que andamos como individuos delante de Dios, y el otro es que andamos ante Dios como representantes. A los ojos de Dios no sólo vivimos la vida cristiana individualmente, sino también en calidad de representantes. Si no estoy equivocado, creo que en el juicio venidero seremos juzgados no sólo como individuos, sino también conforme a lo que hemos hecho como representantes.

A. Como amos

Supongamos que hay un amo que tiene varios siervos en su casa. El amo es un hermano, pero trata a sus siervos injustamente, sin misericordia y a su antojo. El será juzgado por Dios en el futuro por su necedad, injusticia y crueldad. Pero el asunto no se detendrá allí, pues él recibirá otro juicio. Este hermano no sólo es responsable por su relación con sus siervos, sino que a los ojos de Dios, por ser amo, él representa al Señor. Siempre que tengamos la posición de amos, representamos al Señor, quien es el Amo. La manera en que tratamos a nuestros siervos debe representar la manera en que el Señor trata a Sus siervos. Si tratamos a nuestros siervos injustamente, no sólo pecamos como individuos sino también como representantes; al comportarnos de esta manera, hemos representado mal al Señor. Si no me equivoco, creo que en el juicio venidero seremos juzgados ante Dios por nuestros propios pecados y también por el pecado de representar mal al Señor.

B. Como siervos

Supongamos que yo no soy un amo, sino un siervo. Y supongamos que como siervo robo, miento y soy perezoso en mi trabajo. No soy genuino al servir a mi amo y le engaño en muchas maneras. Si hago esto, ciertamente he pecado y seré juzgado por mi conducta pecaminosa. Pero el juicio no se detendrá allí. Por un lado, soy un siervo individualmente, pero por otro, represento a todos los siervos que están sujetos al Señor en los cielos. Si se tratara sólo de un servicio personal que rindo ante los hombres, tal vez me podría dar el lujo de engañar, de hurtar y de ser perezoso. Pero cada vez que la Biblia habla de un siervo, nos recuerda que tenemos otro Señor en los cielos. Por consiguiente, no sólo somos siervos individualmente, sino que representamos a todos los siervos que están en la tierra. Esto expresa otra relación.

C. El ejemplo de Moisés

Cuando Moisés estaba en Meriba, en Cades, se enojó con los israelitas porque ellos tentaron a Dios, así que golpeó la roca dos veces. Dios inmediatamente reprendió a Moisés. Moisés se enojó, y eso estuvo mal. Si éste hubiera sido únicamente un asunto personal o una acción independiente de Moisés como líder de Israel, él podría haber sido perdonado. Moisés ya se había enojado en otras ocasiones. Cuando él vio a los israelitas que adoraban el becerro de oro al pie del monte y quebró las dos tablas de piedras escritas por Dios mismo, Moisés mostró aún más ira que en esta ocasión (Ex. 32:19). Sin embargo, en aquella ocasión Dios no lo reprendió, pues Moisés representaba la ira de Dios cuando se enojó. El se enojó en nombre de Dios, y representó a Dios correctamente. Pero, ¿qué dijo Dios cuando Moisés se enojó y golpeó la roca dos veces? Dios dijo: “Por cuanto no creísteis en mí, para santificarme delante de los hijos de Israel” (Nm. 20:12). Dicho en otras palabras, no me separaste a Mí de tus acciones; me representaste incorrectamente. Los israelitas pensaron que Dios estaba enojado, pero en realidad, Dios no estaba enojado.

D. La posición como individuos
y la posición como representantes

Los pecados personales son una cosa, mientras que los pecados que cometemos como representantes son otra. En 1 Corintios 11:3 vemos que toda hermana, es decir, toda mujer (aunque no podamos encontrar tal mujer fuera de la iglesia) debe comprender que ella tiene una posición individual así como una posición representativa. Dios es la Cabeza de Cristo, Cristo es la cabeza de todo varón y el varón es la cabeza de la mujer. Por lo tanto, la mujer debe cubrirse la cabeza. La mujer debe comprender que ella representa a otros. Por lo menos, ella debe tener presente su posición individual.

E. Cubrirse la cabeza
como individuos
y como representantes

Cuando una hermana se cubre la cabeza al hablar o al orar, ella proclama delante de Dios que nadie en el mundo puede asumir ninguna autoridad delante de Cristo. Ella declara que no debe de haber ninguna cabeza descubierta delante de Dios. Nadie puede ser cabeza delante de Cristo; nadie puede ofrecerle sus sugerencias u opiniones a Cristo. Todos tienen que cubrirse la cabeza delante de El. Toda persona debe esconder sus propias sugerencias y opiniones y decirle al Señor: “Tú eres mi Cabeza”. Una hermana debe cubrir su cabeza como individuo que es, y tiene que cubrir su cabeza como representante del gobierno de Dios. Ella tiene una posición representativa en este universo. Las hermanas declaran al mundo la posición apropiada que todos debemos tomar delante de Cristo.

VELOS Y REVESTIMIENTOS (2) - Primera Corintios 11 (3), Dr. Stephen Jones