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jueves, 6 de septiembre de 2012

IDOLATRÍA DEL YO, FORNICACIÓN ESPIRITUAL (EL SISTEMA DE LA IGLESIA RAMERA, “Salid de ella, Pueblo mío”, Charles Elliott Newbold, Jr.)



Parte del Capítulo 4- Celos: Cometiendo fornicación

La mayoría de la gente en la pequeña iglesia rural donde yo servía, aceptó el hecho de que yo creyera que hablar en lenguas, la sanidad divina, la expulsión de demonios, y todos los dones del Espíritu Santo fueran para hoy, incluso aunque la burocracia de la denominación no estuviera de acuerdo. De cualquier forma, intenté hacer de Jesús el único asunto que importaba. Todo el mundo estaba muy contento con este arreglo hasta que el Espíritu Santo habló a mi Espíritu pidiendo que aboliera la Escuela Dominical.

“Señor, me estás confundiendo”, discutí. “Nadie cierra la Escuela Dominical, especialmente como pastor de esta denominación. La Escuela Dominical pertenece a los ancianos. Tú deberías saber eso, Señor”. Deseché el pensamiento por imprudente. Tenía planes para levantar la Escuela Dominical. Había estudios que habían probado que la existencia de grupos pequeños como la Escuela Dominical, podían contribuir al crecimiento de iglesia, y en ese momento  de mi entendimiento, quería edificar la iglesia.

Sin embargo, después de ser dirigido con severidad al cierre de la Escuela Dominical por tercera vez, supe que tenía que hacer algo. Llamé a los hombres de la iglesia y les presenté mi dilema. La mayoría de ellos estaban dispuestos a probar para ver lo que Dios haría.  “Después de todo”, muchos razonaron conmigo, “si no resulta provechoso, siempre podemos volver a tener Escuela Dominical”.

Sin embargo, no todos estaban dispuestos a probarlo. No sabía que Dios quería que diera tal paso hasta que traté de negociar el trato con la persona de mayor influencia en la iglesia. Lágrimas brotaron de sus ojos, hablando con voz entrecortada, pero firme. “Tú no vas a quitar Mi Escuela Dominical”. Entonces supe de qué iba todo esto. La Escuela Dominical era un becerro de oro para algunos de ellos, y yo me había atrevido a tocarla.

IDOLATRÍA: LA EXTENSIÓN DEL YO


Judson Cornwall afirma acertadamente, “La idolatría es principalmente la respuesta de la adoración personal hacia algo inferior que Jehová Dios, sea el Yo, un objeto hecho por nosotros mismos, o un concepto que podamos abrazar. Un ídolo es cualquier cosa, o alguien, incluido nosotros mismos, que recibe el crédito por las habilidades que solo Dios posee” {3}  Monty Stratton añade, “Cualquier imagen que tenemos de nosotros mismos que no sea la imagen que Dios tiene de nosotros, es un ídolo, es un dios falso” {4}

Nosotros, como seres creados, hacemos cosas y logramos cosas que llegamos a adorar. Ponemos esas cosas delante de nosotros y les hacemos homenajes, tanto si son canciones o novelas que escribamos, los atletas que creamos, los jardines que plantamos, los negocios que levantamos, los trofeos que ganamos, los hijos de los que somos padres, los cohetes que ponemos en órbita, las curas que inventamos, los sermones que predicamos, o las iglesias que institucionalizamos.  Vivimos a través de los ídolos que hemos hecho de estrellas de cine, estrellas de la canción, o estrellas del deporte. Queremos el poder que imaginamos que la fama y la fortuna nos concederían. Queremos ser dios, especialmente de nuestras propias vidas.


Aunque somos más grandes que las imágenes que creamos, aún así nos inclinamos ante ellas y les rendimos obediencia. Nos enorgullecemos tanto en nuestras obras. Dejamos que controlen nuestras vidas, nuestras emociones, y nuestras relaciones. Las amamos. Las miramos y nuestros corazones se hinchan de orgullo. Son extensiones idolátricas de nosotros mismos.

IDOLATRÍA: LA ADORACIÓN DEL YO


Toda idolatría es la adoración del Yo. Es una extensión de nosotros mismos: nuestras adoradas opiniones, especulaciones, planes, programas, y proyectos; es el trabajo auto-exaltado de nuestras manos  y las imaginaciones de nuestras mentes—todas las cosas que hacemos en la naturaleza de carne y de pecado de nuestro viejo hombre, lo que nos lleva a estimarnos a nosotros mismos mas de lo que deberíamos. Es la actitud del la malvada madrastra de Blanca Nieves, que pregunta: “Espejito, espejito, ¿Quién es la más bella de todos?” Esperando completamente que el espejito responda: “Tú eres la mas bella de todas”.

El hombre caído idólatra, es ególatra por naturaleza. Para ser distintos, tenemos que ser transformados en una nueva criatura. Necesitamos una nueva naturaleza que nos dé el deseo de consagrar el Yo para un bien mayor, llamada la vida de Cristo en nosotros. Sólo Cristo, por su Espíritu, puede implantar esa nueva naturaleza en nosotros.

Cualquier cosa que atraiga al ego, no es de Dios. El Yo esta enamorado del Yo. Busca lo suyo propio. Es vanidoso, orgulloso, arrogante, altivo, se permite todo, está absorbido por si mismo, tiene hambre de poder, y es lascivo. Lucha por la independencia, dependiente de si mismo y se  administra solo. Usa y abusa de los demás. SI es necesario, logra sus propias ambiciones. Miente, roba, hace trampas, asesina, envidia, culpa, justifica y hace lo que sea necesario para salvarse a si mismo. Llega a cualquier fin para protegerse a si mismo. Es adicto al más. Nunca puede sentirse satisfecho.

La naturaleza carnal del Yo generalmente mira a sus propias invenciones—ciencia, gobierno, militar, religión, educación, deportes, y cualquiera otras instituciones e invenciones humanas para salvarnos, alimentarnos, protegernos, hacernos felices, darnos nuestra identidad, y proveernos con un estilo de vida mejor. Creamos instituciones que nos sean útiles, y nos enfadamos cuando nos fallan.

Por causa de que el ego esté siempre centrado en si mismo, es una agujero negro en el espacio sobre el que se encuentra, siempre succionando hacia si como una aspiradora. El ego se consume a si mismo, es autodestructivo, y tiene a la muerte como su recompensa final. El ego vive y muere para sí mismo.

IDOLATRÍA: FORTALEZA DEL YO


La idolatría del Yo se ve en nuestra tendencia a lograr cosas en nuestras propias fuerzas. Vemos cosas que hay que hacer y debemos hacerlas. Estamos constantemente distraídos por la ocupación que creamos para nosotros mismos.  La ocupación  es una distracción de la intimidad con Dios. Preferimos hacer algo para Dios que pasar tiempo con El. Sin embargo, El no nos creó para hacer cosas para El, sino para ser como EL es, para que podamos tener comunión con El y unos con otros en El.

Nos esclavizamos a nosotros mismos a las obras que demandamos de nosotros mismos. Aún más, esclavizamos a otros a nuestras obras cuando otros nos dejan. Adoramos nuestros logros. Consecuentemente, hemos hecho incluso ídolos de nuestro tiempo de silencio. El estudio bíblico, la intercesión por la calle, el testificar y otras obras que nos parecen “buenas”. No son cosas malas en sí. Son maravillosas cuando son inspiradas por el Espíritu Santo. Se nos convierten en idolátricas cuando las usamos para hacernos sentir que estamos haciendo algo para Dios.

IDOLATRÍA: LAS COSAS QUE NOS POSEEN

Nuestros ídolos tienen que ver con cosas que poseen a nuestros corazones. Lo que poseemos, posee una parte de nosotros. En el Antiguo Testamento, Jacob sirvió a su padre político, Labán, durante veinte años, para ganar a sus esposas, Lea y Raquel, y para ganar su rebaño para que pudiera regresar a la tierra de su padre. Al impedirle  la marcha Labán, Jacob dejó a Labán sigilosamente, con sus esposas y animales. Al marcharse, Raquel robó los ídolos de la casa de su padre y los llevó con ella. Gen. 31. Estos ídolos pudieron ser valiosos recuerdos de familia, lo que podría haber influido en sus motivos para llevárselos, aunque lo más probable es que fuera por causa de que su corazón fuera poseído por ellos.


Las cosas que perseguimos a menudo nos vencen. Yo vivía en Nashville, Tennessee, la capital mundial de la música country, donde hay un dicho sobre muchos de los candidatos musicales que viven allí, que afirma que “están siguiendo a la bestia”.  Esta bestia es una búsqueda imaginaria  de significado a través de la fama a la que muchos de ellos esperan “llegar con la música”. Sin embargo, a mí me parece que la bestia les persigue. La bestia puede ser cualquiera de esas cosas que buscamos para que las posea el yo. Las cosas que buscamos a menudo nos poseen. Podemos ser poseídos por nuestra búsqueda.

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