TRADUCTOR-TRANSLATE

viernes, 14 de septiembre de 2012

LA SUTIL BRUJERÍA PRACTICADA EN LA 'IGLESIA' (Charles E. Newbold Jr. – El Sistema de la Iglesia Ramera)


Es alarmante descubrir que esta Cosa que llamamos iglesia no es gobernada por el Espíritu Santo, sino por la brujería. En palabras del argot callejero de Bob Hughey, “Todo lo que se llama cristiano y Espíritu Santo no lo es. Cuidado.” (Y a nosotros no nos extraña, pues si las iglesias están en el sistema babiloníco-satánico, Satanás es quien está en control tras las bambalinas, por medio del arte de la brujería).

HIPER-ACELERACIÓN

Las personas egoístas que gobiernan las iglesias a menudo aceleran las cosas para rodearse a sí mismos de una buena apariencia. La hiper-aceleración en este contexto consiste en intentar hacer que el Espíritu Santo “suceda” en la fuerza del yo (agigantamiento o hinchazón de las cifras para impresionas). Lo que hacen los líderes para pretender la presencia de Dios es precisamente esa aceleración. Estos líderes tienen que hacer que sus reuniones ofrezcan la apariencia de que Dios se está moviendo en medio de ellas, tanto si lo está en realidad, como si no. Obviamente no lo está, por lo que sustituyen al Espíritu por una especie de hiper-aceleración. Intentan que sucedan cosas que no están sucediendo realmente, o intentan aparentar que están sucediendo cosas que en realidad no están sucediendo.

Esa hiper-aceleración es la práctica de la brujería. La vemos y la escuchamos en muchas reuniones de  iglesias “carismáticas”, conferencias y convenciones en las que el líder de la alabanza y de la adoración prolonga la música que da energía durante una hora o más, pretendiendo que el Espíritu Santo está presente o deseando invocar Su presencia.  Cuando el Espíritu Santo escoge no manifestarse a Sí mismo, la congregación puede ser intimidada por no cantar suficientemente fuerte, por no hacer palmas suficiente tiempo, por no orar suficiente, o por no danzar en el Espíritu con suficiente desenfreno. “Unid vuestras manos y dad al Señor una ofrenda de palmas.” “¡Que alguien me dé un amén!” Nos manipulan para hacer y decir cosas que no queremos hacer ni decir—cosas que no están en nuestro corazón el hacerlas o el decirlas. De cualquier forma lo falsificamos porque no queremos destacar en medio de la muchedumbre, o que piensen que somos rebeldes, ni tampoco ser acusados de apagar el Espíritu. Cuando falsificamos algo, nos convertimos en un fraude—fariseos. (Véase "Porristas para  Animar el Culto": http://txemarmesto.blogspot.com.es/2011/12/porristas-para-animar-el-culto-o-ser.html).

Los que practican esta clase de hiper-aceleración, como la que a menudo vemos en la así llamada “televisión cristiana”, miden falsamente la presencia del Espíritu Santo por el volumen de la música, el fervor emocional de la audiencia, el elegante juego de piernas del predicador, la espontánea profusión religiosa de amenes de la muchedumbre, el número de personas que yacen caídas en el Espíritu—“pasando el rato en la alfombra”, tal y como ellos lo denominan. Algunos ministerios miran a estas cosas para validarse a sí mismos.

Capítulo 14 – Brujería en La Iglesia


¿De qué forma podría la práctica de la brujería tener algo que ver con la iglesia? Mucho, y en muchas maneras. La experiencia de William es un ejemplo.

William había sido llamado por los responsables de la iglesia a pastorear su pequeña comunidad independiente. Después de mucha oración y consultas, su esposa y él estuvieron de acuerdo. Dejaron su hogar para enfrentarse a los desafíos de la nueva obra. Él lo cuenta así:

Sabía desde el principio que Stella estaba en control de esta iglesia, supongo que yo ignoré las banderas rojas. Este grupito había decidido unánimemente que era la voluntad de Dios que yo fuera el pastor, y después de mucha oración, acepté. Era engañoso al principio, porque mis contactos iniciales eran con su marido y con otro hombre. Después sucedió un incidente detrás de otro. Se enfrentó a todo lo que yo hacía. Resistía mi predicación. Controlaba las finanzas y la escuela cristiana que llevaba la iglesia. Lo hacía todo a través de su marido. Él era su voz.

Después, los responsables de la iglesia me llamaron a una reunión. Sabía que algo iba mal cuando llegué. Querían que yo estuviese en la iglesia cada mañana a las seis para atender la llegada de los niños.

“Pensé que queríais que pastorease la iglesia—que pasara tiempo en oración, estudio y ministerio. El servicio de asistencia nunca fue mencionado.”

“No hay ningún hombre aquí. Necesitamos alguien aquí, si hay que cambiar las bombillas”, respondieron.

“Un momento”, dije, “Yo no vine aquí a cambiar bombillas.” Supe entonces que no me querían por más tiempo, por lo que les pregunté si creían que Dios me había enviado allí. Les desafié a pensar sobre ello antes de que contestaran. Pregunté a cada uno de ellos y cada uno respondió, “No”. “Entonces no necesitamos seguir con esta reunión”, les dije.

El marido de Stella dijo, “Bueno, estoy seguro de que podemos hacer algo.”

“Hermano,” contesté, “acabas de decirme que no piensas que Dios me hubiera enviado aquí. Si no piensas que Dios me ha enviado aquí, entonces, ¿como quieres solucionar las cosas?” Aquel fue el fin de esa relación. Fuimos expulsados un mes después de habernos mudado.

Stella quería que William fuera el pastor de la iglesia siempre que ella pudiera controlarlo y manipularlo para que hiciera lo que ella quería. Sin embargo, surgieron problemas entre ellos cada vez que él hacía o decía algo que amenazara el control de ella sobre las cosas. 
Ella operaba en el espíritu de Jezabel y su marido ocupaba perfectamente el papel de Acab. Cuando traían sus manipulaciones y sus asuntos de control a la vida y los asuntos de la iglesia, practicaban brujería en la iglesiasiendo la brujería: cualquier cosa que hagamos para manipular a los demás en contra de sus voluntades para lograr nuestros deseos egoístas. Donde quiera que se practique, no importa lo levemente que sea practicada, la brujería sigue siendo brujería.



BRUJERÍA EN LA IGLESIA

Las personas practican la brujería en la iglesia tan inconscientemente como la practican en la vida diaria. Es una abominación para Dios cuando se practica en cualquier terreno, pero más especialmente cuando se practica unos contra otros en la familia de Dios.

Jesús es la cabeza de Su cuerpo, los-llamados-fuera. El Espíritu Santo es Su administrador. Los que siguen a Jesús son obedientes a Su Espíritu Santo. El Espíritu Santo establece el Reino de Dios. Nunca puede establecerse por mano de fortaleza humana y la práctica de la brujería.

Cuando los hombres asumen la cabeza o dirección sobre el cuerpo de Cristo y las personas se someten a esa falsa cabeza, opera la carne, en lugar del Espíritu de Jesús. El hecho de que términos tales como la ambición, la impaciencia, la  competición, el éxito, la promoción, la contienda, la oposición, la conflictividad, el divisionismo, y la falta de entrega sean comunes entre los que gobiernan las iglesias y permanezcan en ellos, es evidencia suficiente de que están operando en la carne.

La naturaleza carnal del hombre es controladora y manipuladora—por tanto, se involucra en la práctica de la brujería. Cuando lo que tienes es encabezado por un hombre (o mujer), siempre estará bajo el gobierno de la brujería—hombres edificando sus propios reinos bajo el pretexto de ser el Reino de Dios.

Las estructuras de las denominaciones y de las iglesias institucionalizadas están encabezadas por hombres; por tanto, están fuera del orden de las Escrituras. Los que gobiernan las iglesias pueden decir que Cristo es la cabeza de su iglesia, pero no lo es. No puede ser la cabeza de muchos cuerpos distintos. Él es la cabeza de Su cuerpo. Hay un solo cuerpo de Cristo. Si Jesús estuviera a cargo de estas organizaciones gobernadas por el hombre, no habría necesidad de que muchos hombres y mujeres hicieran política para obtener posiciones. Si Él fuera la cabeza de las iglesias, solo habría una iglesia porque solo hay un cuerpo de Cristo. Por el contrario, las iglesias están divididas unas contra otras.

Es alarmante descubrir que esta Cosa que llamamos iglesia no es gobernada por el Espíritu Santo, sino por la brujería. En palabras del argot callejero de Bob Hughey, “Todo lo que se llama cristiano y Espíritu Santo no lo es. Cuidado.” (Y a nosotros no nos extraña, pues si las iglesias están en el sistema babiloníco-satánico, Satanás es quien está en control tras las bambalinas, por medio del arte de la brujería).


AUTO ENGRANDECIMIENTO

Las personas aprovechadas y egoístas que gobiernan las iglesias son típicamente alimentadas por la necesidad de crecer en ellas mismas en poder, posición, riquezas y dominio. Son los Nicolaítas que están incitados por el espíritu de Jezabel.

Amasan grandes sumas de diezmos y ofrendas obtenidos injustamente para construir cuidados edificios para ellos mismos en lugar de embellecer al Señor de gloria y a Su novia. Seducen a los demás para que se unan a ellos, en lugar unir a los demás a Jesucristo. Maquinan tramas, programas, y planes de marketing para completar con logos y slogans con el fin de inducir a que los demás se unan a ellos. Inspiran lealtad y entrega hacia ellos mismos y su visión, en lugar de hacia Jesús y a Su visión por la esposa.

Ciegan a las personas a sus propias leyes y doctrinas falsas. Producen culpa en las personas para que firmen compromisos, consiguiendo que hagan juramentos que Dios nunca les pidió que hiciesen. Construyen sus identidades alrededor de sus nombres, posiciones, collares clericales, títulos, denominaciones, tradiciones, doctrinas y herencias. Engañan a la gente haciéndoles creer que estar muy ocupados es piedad. Usan su poder para dotar a los demás de poder, con el fin de conseguir aliarlos con ellos mismos. Dan los lugares de preeminencia a las personas que llegan con anillos de oro e indumentaria costosa. Santiago 2:2. La gente, su dinero y sus talentos son travesaños en la escalera que utilizan para subir a las alturas de sus propias ambiciones, que son alimentadas por su propia imaginación.


PLANES PERSONALES ESCONDIDOS

Las personas egoístas que gobiernan las iglesias tienen planes personales. Estos planes personales egoístas entran en conflicto con los planes de Dios. Con frecuencia, sus agendas están ocultas. Personas distintas tienen agendas distintas. El obispo Pete construyó un nuevo santuario por su necesidad de identidad. El padre David entró en el ministerio para agradar a su padre. El reverendo Dan obtuvo un doctorado para recibir reconocimiento y una mejor posición. El Dr. Anthony se comprometió a escribir un nuevo libro cada año solo para mantener su popularidad.

Las personas que tienen agendas ocultas necesitan partidarios que les apoyen para sacar adelante sus planes. Quizá quieran membresías de iglesia crecientes, edificios más nuevos y grandes, reputaciones infladas o mejores salarios. Necesitan narices y monedas para lograr sus altos y deseados prestigios. Saben que la “grandeza” impresiona a las personas. Se han enseñado eso unos a otros. Así que cuánto más crezcan, más impresión piensan que causarán. Cuanto mas populares se vuelven algunos ministros, más colmados de riquezas son por parte de muchos.

Sus agendas tienen que seguir manteniéndose ocultas de sus partidarios, porque la verdad supondría pérdida de apoyo, y por tanto, buscan ganar la lealtad y el apoyo provocando el temor, la condenación, la culpa, el emocionalismo, e incluso a través de informes falsificados.


RECLAMACIONES DE DINERO

Las personas egoístas que gobiernan las iglesias dependen de otros para hacerse a sí mismas prósperas, así como a sus iglesias. “Socios”  o miembros ingenuos y confiados son engañados para llegar a creer que al dar a estos ministerios o iglesias gobernadas por personas con planes personales, están en realidad dando “como para el Señor”. Estos ministerios con frecuencia hacen sentir culpables a los que no dan tanto como escojan dar libremente. Hacen extractos de los diezmos y de las ofrendas de sus votantes, engañándoles al hacerles creer que están “sembrando” en el Reino de Dios, cuando en realidad, están potenciando reinos de hombres.

Atraen las emociones de sus partidarios para persuadirles a dar a su ministerio o iglesia. Si son personalidades televisivas, pueden prometer el envío de un regalo a sus partidarios, a cambio de una donación: libros, cassettes, paños de sanidad, aceite de Israel para la unción, o alguna otra cosa.

Sus circulares son diseñadas profesional y cuidadosamente para tocar las fibras sensibles del corazón de los donantes, manipulándoles para dar dinero.

Enseñan falsamente que sus iglesias son los almacenes de aquellos miembros que “pertenecen” a ellas. Muchos de ellos acumulan riquezas y las derraman sobre sí mismos en la construcción, mantenimiento y preservación de sus organizaciones e instituciones, mientras que los pobres de todo el mundo siguen sin alimentos, sin ropa, sin cobijo, y sin el evangelio de Reino de Dios. Jesús jamás sugirió ni por asomo que “al edificar vuestros edificios, y preservar vuestras instituciones, lo hacéis a Mí”. Más bien dijo que si alimentamos a los hambrientos, damos de beber a los extraños, vestimos a los que están desnudos, visitamos a los enfermos y a los que están en la cárcel, vamos a hacer todas estas cosas a Él. Mateo 25:35-40.


IRA Y CÓLERA

Algunas de estas personas aprovechadas que gobiernan las iglesias pueden ser inseguras adictas al control, que necesitan mantener una sentido del orden en sus vidas para sentirse seguras. Pueden ser perfeccionistas que imponen su standard de perfección sobre los demás. Cuando las demás no cumplen los estándares de estas personas, se sienten frustradas y se encolerizan. La ira es parte de su arsenal de armas para manipular a las demás personas a su conformidad. El pastor Daniel era uno de ellos.

La iglesia del Pastor Daniel—y enfatizo que era “su” iglesia—servía como escaparate para su tendencia a actuar. Era un orador consumado, un ávido lector, y una personalidad cautivadora. Su aspecto era exquisito y su puesta en escena era muy profesional. Atraía a las masas y multiplicaba los miembros, pero no podía mantenerlos. “¿Por qué la gente se marcha por la puerta de atrás tan rápido como entran por la puerta principal?”, preguntaba.

No quería escuchar la verdad. Quería que fuera la culpa de “ellos”; no la suya. La gente se iba por el uso incorrecto de la autoridad. Era abusivo espiritual y emocionalmente. Después de todo, era “su” iglesia y nadie tenía permiso para hacer nada a menos que fuera invitado a hacerlo. Su iglesia era su teatro, su púlpito el escenario, y él era la obra. Los que tuvieran el mínimo pensamiento de contradecirle, especialmente si habían recibido una posición de liderazgo, se volvían sospechosos. Tenían que ser tratados, normalmente con un fuerte ataque verbal.

Dejar su iglesia no era una opción agradable. Los que lo intentaban, a menudo eran amenazados con el pensamiento de que se saldrían de la voluntad de Dios, y les sucederían cosas terribles. La lealtad de muchos en su membresía se basaba en el temor y en la intimidación.

Su esposa Jezabel alimentaba sus fervientes manipulaciones con las suyas propias. Gobernaba furtivamente detrás del trono de él. La mayoría lo sabía, pero nadie se atrevía a hablar una palabra. “¡Calla!” era la norma operativa en esta familia disfuncional extendida llamada iglesia.


ADULACIÓN

La gente egoísta que gobierna las iglesias a menudo adula a sus candidatos para ganarlos. “Vosotros dos tenéis tanto qué ofrecer. Es una lástima que no estéis involucrados en una iglesia en algún sitio.” Ese argumento lo han usado con mi esposa y conmigo unas pocas veces. Nos decían que éramos la pareja ideal en una iglesia a la que asistimos. Creo que la intención era adularnos, pero no nos aduló.

La adulación es tentadora, seductora y engañosa. Cuando no vemos lo que nos está sucediendo, somos atrapados por ello. Tiene el motivo engañoso de alabarnos para ganar nuestro favor. Un verdadero cumplido no tiene un motivo oculto, pero los que adulan, están tratando de sacar algo de nosotros para ellos, con su actitud encantadora. Son como la mujer adúltera de Proverbios 7:4-5, que caza a los creyentes que carecen de discernimiento. “Di a la sabiduría, tu eres mi hermana, y  a la inteligencia llama parienta, para que te guarden de la mujer extraña (adúltera), y de la extraña que ablanda sus palabras.”

La adulación es un llamado a la carne buscando grandeza, esplendor, placer sensual, éxito y riquezas—todas ellas relacionadas con cosas del mundo.


POSESIVIDAD Y PROPIEDAD

La gente egoísta que gobierna las iglesias es típicamente posesiva y reclama la propiedad sobre sus votantes. Si son tus dueños, pueden controlarte. Si no pueden controlarte, renegarán de ti.

La membresía en las iglesias es una reclamación de propiedad que las iglesias han establecido sobre un número de personas. Todas las iglesias y denominaciones lo hacen. Elige a cualquiera. En 1997, la convención bautista del sur informó de 15.891.514 miembros y 40.887 iglesias. {22¿Por qué tenemos que saber cuántas personas nos pertenecen? ¿Por qué tenemos que saber cuántas personas asistieron a la escuela dominical y al culto de adoración? ¿Por qué es importante comparar esta cifra con “la misma fecha del año pasado? ¿Para quién estamos contando? Contamos porque medimos nuestro éxito con los números.

Me encontraba en una reunión de recién convertido y decidí contar la asistencia. Una voz suave y silenciosa en mi espíritu me interrumpió y me dijo, “No cuentes. Tú no sabes quién cuenta.” Descubrí a tiempo lo cierto que esto era, con el ir y venir de gente. Además, ¿No estamos contando a la cizaña junto con el trigo? Jesús nos dijo que la cizaña y el trigo crecen juntos. Mat. 13:24-30. No siempre sabemos quienes son. Si tenemos que contar narices y saber que estamos incluyendo a la cizaña en esa cifra, entonces tenemos que saber que no estamos contando como Dios cuenta. Estamos contando algo para el Yo.

Quizá, contamos para determinar qué fuertes que somos. La Biblia registra tres veces en las que se tomó un censo de Israel. Las primeras dos veces, Dios lo había ordenado. Dios había mandado a Moisés que censara a toda la congregación de los hijos de Israel a partir de los veinte años de edad, numerando a sus ejércitos. Num. 1. La segunda vez, el Señor le dijo a Moisés y a Eleazar que hicieran el censo de “toda la congregación de los hijos de Israel de veinte años arriba, por las casas de sus padres, todos los que pueden salir a la guerra en Israel.” Num. 26

La tercera vez, cuando el Rey David ordenó tomar el censo por iniciativa propia. 1ª Cron. 21 nos dice como Satanás se levantó contra Israel y provocó a David a censar a Israel. 2ª Sam. 24:1 nos informa sobre esta historia diciendo, “volvió a encenderse la ira de Jehová contra Israel, e incitó a David contra ellos a que dijese: ‘Vé, haz un censo de Israel y de Judá’.” La clave de lo que acontece con todo esto la encontramos en el versículo dos de ambos pasajes. David ordenó el censo diciendo, “para que yo sepa el número de gente.” Dios se disgustó tremendamente con David y envió una plaga sobre Israel que mató a setenta mil hombres. El deseo de David de contar su incremento provocó una gran pérdida. Puso su confianza en la fortaleza de los números, en lugar de en Dios. Fue bueno que Dios contara a Israel. Israel era suyo. No fue bueno para David censar a Israel. Israel no le pertenecía. David buscó la propiedad de la ciudadanía para sí mismo. Fue algo que Satanás le incitó a hacer en su corazón.

Nos fascinan los números. Edificamos nuestra importancia sobre lo grande que percibimos que somos. El tamaño es un asunto de opinión. Para poder determinar lo grande que somos, tenemos que compararnos con otros. Compararnos con otros es un espíritu orgulloso y competitivo que no tiene lugar en el Reino de Dios. Los que gobiernan las iglesias se refieren a “sus” miembros de iglesia como extensiones de ellos mismos. Se valoran por sus estadísticas. Sienten que tienen que poseer a las personas para poder mantenerlas.

Sonny estaba en el campo de baseball con sus hijos una húmeda noche de verano y vio al pastor Gene. Sonny le preguntó, “¿Tienes a alguien aquí?”, “Todos los míos están aquí”, contestó. Sonny se quedó perplejo con su respuesta. Sonny sabía que el Pastor Gene no tenía a sus hijos jugando al baseball esa noche. El Pastor Gene le explicó, “Si son miembros de mi iglesia, son míos.” Sonny lamentó más tarde no haberle preguntado en ese instante, “¿Realmente quieres esa responsabilidad? No son tus ovejas. Pertenecen a Jesús.”


HIPER-ACELERACIÓN

Las personas egoístas que gobiernan las iglesias a menudo aceleran las cosas para rodearse a sí mismos de una buena apariencia. La hiper-aceleración en este contexto consiste en intentar hacer que el Espíritu Santo “suceda” en la fuerza del yo (agigantamiento o hinchazón de las cifras para impresionas). Lo que hacen los líderes para pretender la presencia de Dios es precisamente esa aceleración. Estos líderes tienen que hacer que sus reuniones ofrezcan la apariencia de que Dios se está moviendo en medio de ellas, tanto si lo está en realidad, como si no. Obviamente no lo está, por lo que sustituyen al Espíritu por una especie de hiper-aceleración. Intentan que sucedan cosas que no están sucediendo realmente, o intentan aparentar que están sucediendo cosas que en realidad no están sucediendo.

Esa hiper-aceleración es la práctica de la brujería. La vemos y la escuchamos en muchas reuniones de  iglesias “carismáticas”, conferencias y convenciones en las que el líder de la alabanza y de la adoración prolonga la música que da energía durante una hora o más, pretendiendo que el Espíritu Santo está presente o deseando invocar Su presencia.  Cuando el Espíritu Santo escoge no manifestarse a Sí mismo, la congregación puede ser intimidada por no cantar suficientemente fuerte, por no hacer palmas suficiente tiempo, por no orar suficiente, o por no danzar en el Espíritu con suficiente desenfreno. “Unid vuestras manos y dad al Señor una ofrenda de palmas.” “¡Que alguien me dé un amén!” Nos manipulan para hacer y decir cosas que no queremos hacer ni decir—cosas que no están en nuestro corazón el hacerlas o el decirlas. De cualquier forma lo falsificamos porque no queremos destacar en medio de la muchedumbre, o que piensen que somos rebeldes, ni tampoco ser acusados de apagar el Espíritu. Cuando falsificamos algo, nos convertimos en un fraude—fariseos. (Véase "Porristas para  Animar el Culto": http://txemarmesto.blogspot.com.es/2011/12/porristas-para-animar-el-culto-o-ser.html).

Los que practican esta clase de hiper-aceleración, como la que a menudo vemos en la así llamada “televisión cristiana”, miden falsamente la presencia del Espíritu Santo por el volumen de la música, el fervor emocional de la audiencia, el elegante juego de piernas del predicador, la espontánea profusión religiosa de amenes de la muchedumbre, el número de personas que yacen caídas en el Espíritu—“pasando el rato en la alfombra”, tal y como ellos lo denominan. Algunos ministerios miran a estas cosas para validarse a sí mismos.

MENTALIDAD DE ACTUACIÓN

Muchos de las personas egoístas que gobiernan las iglesias han convertido sus iglesias y ministerios en centros de diversión, y buscan ministros que no son otra cosa que teatreros que mueven a las multitudes. Los auditorios de sus iglesias, diseñados a modo de teatros, y las congregaciones hambrientas de “entretenimiento”, demandan esta mentalidad de espectáculo.

El espectáculo”cristiano” es un gran negocio hoy día. Los ejecutivos egoístas y seculares de la así llamada industria musical “cristiana”, son impulsados por los fundamentos empresariales. Si aquello que llamamos “cristiano” se puede convertir en una industria, entonces no es lo verdadero. Los “artistas” cristianos” (los grandes son llamados “estrellas”) son el producto de esta industria motivada por el beneficio económico y a menudo son atraídos por la necesidad de popularidad, dinero y posiblemente ganar el anhelado “Dove Award”. Supongo que este premio es considerado cristiano por la paloma que simboliza al Espíritu Santo. ¿Para qué querrían un trofeo los así llamados “artistas” cristianos? ¿Para quién actúan? ¿Tienen una vitrina especial en casa donde mostrarlos? ¿Es su motivación de obtener fama y fortuna la misma que la de los artistas del mundo? ¿O es un sacrificio de alabanza al Señor sin ninguna búsqueda de ganancia personal?

Escritores, maestros bíblicos, personalidades de televisión, evangelistas: ¿Son vuestros esfuerzos completamente dedicados a servir al Señor, o dedicados al servicio del Yo? Si es para el Señor, entonces son inspirados por el Espíritu Santo. Si es para el servicio del Yo, entonces son motivados por la brujería.


FALSA SEGURIDAD DE SALVACIÓN

Las personas egoístas que gobiernan las iglesias dispensan una falsa seguridad de salvación.

A pesar del hecho de que los cristianos posean a las iglesias, muchos de los que pertenecen a ellas, son cristianos nominales solamente. Solo tienen una relación religiosa con Dios. Esta relación es en realidad con su religión y con su iglesia. Dios está distante de ellos. Asisten a estas cosas que llamamos iglesia porque les hacen sentirse justos. Han cumplido con su deber religioso. Esto les da una seguridad de salvación falsa. Los líderes de las iglesias fomentan este sentido de falsa seguridad de salvación haciendo que la gente sienta que todo está bien porque asisten y apoyan a su iglesia. Se les hace sentir culpables cuando no lo son.

Dennis Loewn me escribió lo siguiente:

Hace años escuché un cassette de Leonard Ravenhill. Mencionaba que había almorzado con un pastor que era uno de los líderes nacionales de la iglesia americana. Él le preguntó: “¿Cuándo comenzará la iglesia a ministrar la salvación que hay en Jesucristo?” El pastor contestó, “¡Nosotros estamos ministrando salvación!” Ravenhill no estaba de acuerdo. “No, estáis ministrando la seguridad de la salvación.”

Ravehill estaba en lo cierto. La “seguridad” está siendo dispensada semanalmente a cambio de una asistencia de una hora de duración y unos pocos dólares en el cepillo de la colecta. Esto, con mucho, es el principal producto que está siendo vendido en la iglesia de hoy día. Este es su pan y su mantequilla, y lo mejor es que nadie se meta con ello.

Si Jesús hubiera limpiado el Templo de la venta de la mercadería (nuestros souvenirs, productos-basura de Jesús, es decir su equivalente hoy), los habría vuelto locos. Sin embargo, Su ministerio amenazaba con quitarles el producto principal y más rentable—que el pueblo tuviera que conseguir la justificación de Dios mediante la asistencia al Templo.

Jesús encapsuló este mensaje a la mujer del pozo. Juan 4:20-24. Él le dijo que llegaba la hora cuando los hombres ya no irían más a Jerusalén para adorar al Padre. Todos hemos visto la fea envidia de las iglesias modernas, por mantener su comisión auto-proclamada como el Templo Moderno al que asisten las personas para llegar a ser “justas”. Cuando los judíos vieron y oyeron a Jesús, supieron que su trama había llegado a su fin. De esta forma no les quedaba otra salida que matarle.

Lo mismo sucede con este mensaje. Si hablamos contra las implicaciones materialistas y físicas menores de la moderna mercadería descarada del evangelio, haremos algunos enemigos, y puede que incluso unos pocos amigos. Pero si hablamos a la raíz espiritual, ¡cuidado!, porque la mayoría de las iglesias están dispensando seguridad y enseñando que su organización es el lugar donde recibirla. Jesús prometió que seríamos odiados y despreciados por causa del evangelio. Él sabía que el mundo no sería la principal amenaza más de lo que fue para Él, sino que nuestros enemigos nos matarían pensando que estarían rindiendo un servicio a Dios.

El Cristianismo americano no es menos apóstata que la mezcla babilónica (talmud) que Jesús encontró en Jerusalén. Esto es innegable. Las iglesias están haciendo un negocio de ladrillos en las almas de los hombres, dispensándoles la seguridad de la salvación y haciendo el proceso tan fácil que nadie tiene la oportunidad de hacerse pobre de espíritu o lamentar por sus pecados. Pablo dijo, “Es necesario que a través de muchas tribulaciones, entremos”. (Hechos 14:22), e “indiscutiblemente, grande es el misterio de la piedad.” 1ª Tim. 3:16.

Cuando nos enfrentemos a sus rostros y les digamos que no pueden por más tiempo seguir engañando al pueblo con esta falsa seguridad de la salvación, todas las promesas de Jesús referentes a ser discípulos perseguidos, se harán manifiestas.

De todas las formas en que se practica la brujería en las iglesias—auto-engrandecimiento, planes ocultos, reclamaciones de dinero, ira, adulación, posesividad, hiper-aceleración, espectáculo, y falsa seguridad de salvación—el legalismo es con mucho, el más astuto enemigo del cuerpo de Cristo.


(Notas paréntéticas en este tamaño y color de letra, han sido añadidas por el blog).

No hay comentarios:

Publicar un comentario