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miércoles, 6 de junio de 2012

EL NÚMERO 3, EL ARCA Y LA TRINIDAD. (E. V. Génesis- Witness Lee)

(LA TRINIDAD EN ACCIÓN CONJUNTA: 
La voz del PADRE, el HIJO bajando a las aguas y el ESPÍRITU SANTO ungiéndole)


ESTUDIO-VIDA DE GÉNESIS

MENSAJE TREINTA

LA MANERA DE SALVARSE
DE LA TERCERA CAIDA DEL HOMBRE
(2)



C. El arca

En este mensaje llegamos al arca (Gn. 6:14-16). Hemos visto que Génesis es un libro que contiene muchas semillas espirituales. El arca es indudablemente una gran semilla. El Señor nos ha mostrado algo acerca de las profundidades de este importante tipo.

1. El tamaño


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(EL MISTERIO DE LA TRINIDAD:)
Cuál es el significado de los números tres y cinco? En la Biblia el número tres representa primeramente al Dios Triuno: Dios el Padre, Dios el Hijo y Dios el Espíritu (Mt. 28:19). ¿Por qué debe Dios ser tres Personas? ¿Tenemos un Dios o tres dioses? Queremos recalcar que tenemos un solo Dios. No obstante, algunos cristianos, con la idea de la Trinidad según su raciocinio, han llegado a creer en tres dioses. Una vez un hombre me dijo que el Padre, el Hijo y el Espíritu son tres dioses. Cuando oí eso, dije: “Por favor, no diga eso. Es una verdadera herejía. En ninguna parte nos dice la Biblia que existan tres dioses. La Biblia siempre dice que hay un solo Dios. Nuestro Dios es uno solo (Dt. 6:4; Is. 45:5; 1 Co. 8:4). ¿Por qué y cómo puede este Dios único contener tres Personas? El término “Persona” no se encuentra en la Biblia; proviene de la interpretación humana. Griffith Thomas, el autor del mejor comentario sobre Romanos, dijo en su libro Principles of Theology [Principios de teología]: “A veces hay objeciones en cuanto al término Persona. Indudablemente este término no debería ser demasiado recalcado, pues ello conduciría al triteísmo ... Aunque nos vemos obligados a usar términos como ‘substancia’ y ‘Persona’, no debemos pensar que son idénticos a la substancia y la personalidad humanas ... La verdad de la experiencia de la Trinidad no depende de la terminología teológica”. Griffith Thomas también dijo que nuestro lenguaje humano es demasiado limitado para explicar este misterio divino. Carecemos de palabras y términos para expresarlo. No tenemos la comprensión adecuada de este misterio divino. ¿Qué término debemos usar? No lo sabemos. No disponemos de ningún término apropiado. La Trinidad es un misterio, y no tenemos ningún vehículo, ningún medio, para expresarla. Cuando Felipe le pidió al Señor Jesús que le mostrara al Padre a él y a los demás discípulos, el Señor contestó: “¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a Mí, ha visto al Padre; ¿cómo, pues, dices tú: Muéstranos el Padre?” (Jn. 14:9).
Muchos me han censurado por decir que el Señor Jesús es el Espíritu. Aunque no me gusta discutir ni refutar, quisiera preguntar a esos queridos hermanos que me censuran: ¿cómo interpretan 2 Corintios 3:17 donde dice: “Y el Señor es el Espíritu”. No pregunte: “¿Entonces son el Señor y el Espíritu uno solo?” No tenemos la capacidad ni los medios para explicar eso adecuadamente. Aunque no podemos explicarlo adecuadamente, tenemos efectivamente un versículo bíblico que dice: “Y el Señor es el Espíritu”. ¿Qué va a hacer usted con este versículo? ¿Lo puede acaso quitar de su Biblia? También quisiera presentar a esos hermanos Isaías 9:6, que dice: “Hijo nos es dado ... y se llamará su nombre ... Padre eterno...” ¿Es El el Hijo o el Padre? Aunque tampoco lo podemos explicar adecuadamente, este versículo dice que el Hijo se llamará el Padre. En 2 Corintios 3:17 se revela que el Señor ahora es el Espíritu, y en Isaías 9:6, que el Hijo es llamado el Padre. Este es el misterio de la Trinidad. Tenemos el Padre, el Hijo y el Espíritu; no obstante, el Hijo es llamado el Padre, y el Hijo es el Espíritu. Ellos tres siguen siendo un solo Dios.
Todos conocemos Juan 1:1: “En el principio era el Verbo, y el Verbo estaba con Dios”. Queda claro que el Verbo y Dios son distintos. La siguiente frase de Juan 1:1 dice: “Y el Verbo era Dios”. Esta frase crea un problema. En el principio existía el Verbo de Dios, el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios. ¿Son uno solo o son dos? Este es un misterio, el misterio del Dios Triuno.
Efesios 4:6 dice que el Padre está en nosotros. Colosenses 1:27 afirma que Cristo, el Hijo, está en nosotros. Y Juan 14:17 especifica que el Espíritu Santo está en nosotros. El Padre, el Hijo y el Espíritu están en nosotros. En una ocasión presenté estos versículos a una persona, y le pregunté si los entendía y si creía en ellos. Le pregunté: “¿Cree usted en todos estos hechos: que el Padre, el Hijo y el Espíritu se encuentran en usted?” Cuando él contestó afirmativamente, le pregunté: “Dígame, ¿cuántos se hallan en usted ahora?” El respondió: “Uno solo”. Entonces dije: “¿No acaba de reconocer usted que según la Biblia, el Padre, el Hijo y el Espíritu están en usted? ¿Cómo puede afirmar que sólo uno está en usted?” No pudo contestar. La Biblia dice que el Padre, el Hijo y el Espíritu están en nosotros. Sin embargo, según nuestra experiencia, tenemos uno solo en nosotros, a quien llamamos el Espíritu o el Señor. Este es el misterio de Trinidad de nuestro Dios. El es el único Dios, pero es el Padre, el Hijo y el Espíritu.
Dios se revela como triuno porque quiere impartirse en nosotros. No podemos ingerir ninguna comida que no haya sido cocida o preparada. Si un alimento no está cocido, por lo menos debe pasar por el proceso de ser masticado, tragado, digerido y asimilado. Sin ese proceso, nada puede entrar en nosotros. El Dios Triuno es el Dios que se imparte en nuestro ser. Mateo 28:19 dice: “Bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo”. ¿Para qué bautizamos a la gente en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu? Para ponerlos en Dios mediante un proceso y para poner a Dios en ellos mediante un proceso. El Dios Triuno, la Trinidad, no es una teoría ni una enseñanza teológica. Se refiere a la impartición de Dios.
El número tres representa a Dios en Su impartición. El número tres implica el Dios que se imparte, el Dios que se infunde en la gente. Siempre que la Biblia habla de la mezcla de Dios con el hombre, de la entrada de Dios en el hombre, o de que Dios se deposita en el hombre, usa el asunto de la Trinidad. Por ejemplo, considere 2 Corintios 13:14, donde dice: “La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros”. No es una doctrina acerca de tres dioses; es el Dios Triuno en el proceso de impartirse, de entrar en nosotros y de introducirnos en todas Sus riquezas. Este es el significado del número tres.
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2. Tres pisos

El arca se componía de tres pisos: la planta baja, el segundo piso y el tercero (6:16). Los tres pisos representan la altura del arca. Las tres secciones del tabernáculo representan las profundidades en las cuales debemos entrar todos. Los tres pisos del arca representan la altura que todos debemos alcanzar. En cierto sentido, profundizamos, y en otro sentido nos elevamos. Indudablemente, los tres pisos del arca representan al Dios Triuno. En la Trinidad de la Deidad, siempre decimos: el Padre, el Hijo y el Espíritu. En la Trinidad ¿cuál persona forma el primer piso? Es fácil decir quién es la segunda persona, pues todos sabemos que el Hijo está en el medio. Pero ¿es el primer piso Dios el Padre o Dios el Espíritu? En Lucas 15 encontramos tres parábolas: el pastor que recobra a la oveja perdida, la mujer que busca y encuentra la moneda perdida, y el padre que acoge al hijo pródigo. La primera parábola se relaciona con el Hijo, la segunda, con el Espíritu, y la tercera, con el Padre. Nuestra experiencia nos muestra que primero vino el Espíritu a nosotros, nos encontró, nos trajo al Hijo y nos impulsó a creer en el Hijo. Después de creer en el Hijo, invocamos: “Oh Padre”. El Espíritu nos lleva al Hijo, y el Hijo nos lleva al Padre. Cuando llegamos al Padre, estamos en el tercer piso.
El Evangelio de Juan es un libro que nos habla del Hijo, y la Primera Epístola de Juan es un libro relacionado con el Padre. En el libro acerca del Hijo, se nos habla de la gracia, pero en el libro sobre el Padre, se nos habla del amor. El amor es superior a la gracia. En el Evangelio de Juan se menciona la verdad, pero en la Primera Epístola de Juan se menciona la luz. La luz es superior a la verdad. El Evangelio de Juan es bueno, porque nos lleva al Hijo. Sin embargo, la Primera Epístola de Juan nos conduce al Padre. Todos debemos avanzar en nuestra experiencia, del Hijo al Padre.
El primer piso del arca corresponde al Espíritu. A muchos cristianos les gusta mucho hablar del llamado bautismo en el Espíritu Santo y de las cosas carismáticas, pero todo eso se encuentra en el primer piso. Todos debemos acudir al Espíritu para conocer al Hijo, a Cristo. Conocer a Cristo es algo distinto, algo superior. Un día, todos llegaremos al piso que corresponde al Padre. Es el piso más elevado, más excelente y más misterioso.
Supongamos que yo tengo una residencia de tres pisos. Si usted no es un amigo especial, sólo le permitiría entrar a la planta baja. No le dejaría subir al segundo piso. Si usted es un buen amigo mío, le permitiría subir al segundo piso. Pero jamás le llevaría al tercer piso para enseñarle algunos de mis misterios, secretos y tesoros escondidos, a menos que nuestra relación sea muy estrecha. No me atrevería a revelarle mis secretos y mis riquezas. ¿Quién podría subir al tercer piso? Indudablemente mi esposa podría. Los de afuera nunca podrían subir al tercer piso.
Supongamos que ahora usted está en el arca. ¿Preferiría quedarse en la planta baja, en el segundo piso o en el tercero? No tengo la menor duda de que Noé, sus hijos y sus nueras se encontraban en el piso superior. Las bestias inferiores, las que se arrastraban, deben de haber estado en la planta baja y los animales superiores en el segundo piso. Puedo dar testimonio de que ya he pasado por la planta baja. Quiero elevarme cada vez más.


6. Cubierta con brea por dentro y por fuera

(BREA TIPO DE LA SANGRE)

Cristo no es solamente el crucificado, sino también quien derramó Su sangre para cubrirnos de la culpa de nuestros pecados. Por tanto, el arca estaba cubierta de brea por dentro y por fuera (6:14). La palabra hebrea traducida brea tiene la misma raíz que la palabra hebrea traducida expiación. El significado principal de esta raíz hebrea es “cubrir”. La palabra que se refiere al propiciatorio, la cubierta del arca del testimonio, se deriva de la misma raíz. Eso significa que en Cristo estamos totalmente cubiertos. Todos estamos cubiertos con Su redención. La muerte no puede afectarlo a El, y por tanto, ninguna condenación ni juicio puede llegar a nosotros, porque nos hallamos cubiertos por la redención de Cristo. La brea representa la obra redentora de Cristo, que cubre el edificio de Dios por dentro y por fuera. La cubierta interior la vemos nosotros, y la cubierta exterior la ve Dios. Quizás los que iban en el arca estaban atemorizados en su interior cuando el diluvio atacaba el arca. Pero cada vez que miraban la brea que cubría el arca por dentro, podían estar en paz. La brea untada por dentro del arca les proporcionaba paz. La brea aplicada por fuera del arca servía para satisfacer a Dios. La cubierta de brea por fuera también la veían Satanás y los ángeles
Es un cuadro de la sangre. Cada vez que miramos la sangre, tenemos paz. Cada vez que Dios mira la sangre, queda satisfecho. Cada vez que Satanás mira la sangre, queda incapacitado para atacar. Cada vez que los ángeles miran la sangre, se regocijan.

7. Tipifica a Cristo

(ARCA VERSUS SALVACIÓN DEL ALMA)
El arca en su totalidad representa a Cristo (1 P. 3:20-21). Cristo no es una canoa, sino un arca. Una canoa es un tronco de madera que se ha vaciado; un arca se compone de muchos pedazos unidos adecuadamente; es un edificio. Una canoa es una pieza individual, pero un arca es una entidad corporativa. Mi Cristo es un arca. Nunca podríamos estar a salvo en una canoa. Pero cuando estoy en el arca, puedo dormir bien, por muy violenta que sea la tormenta. Estamos en el arca. Algunos cristianos quizás tengan a Cristo como canoa, pero nuestro Cristo es un arca.
El arca tipifica a Cristo; por tanto, ¿cómo pudo Noé construirla? Es cierto, el arca fue construida por Noé. Muchos cristianos solamente predican el evangelio, y esperan que un día Dios traiga el arca de los cielos. Si usted dice que debemos construir el arca, es decir, la salvación, la gente lo censurará, diciendo que “somos salvos por gracia, y no por obras”. Noé fue salvo por medio del arca que él edificó con su labor. Filipenses 2:12-16 dice: “Llevad a cabo vuestra salvación con temor y temblor, porque Dios es el que en vosotros realiza así el querer como el hacer, por Su beneplácito ... para que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha en medio de una generación torcida y perversa, en medio de la cual resplandecéis como luminares en el mundo; enarbolando la palabra de vida”. ¿Qué significa “llevad a cabo vuestra salvación”? Significa enarbolar la Palabra de vida, iluminar, brillar, expresar a Cristo. Esto se lleva a cabo porque Dios realiza en nosotros tanto el querer como el hacer. Ya que Dios obra en nosotros, nosotros tenemos que llevar a cabo nuestra salvación. Aunque ya fuimos salvos, Dios sigue obrando en nosotros para que llevemos a cabo nuestra salvación. Miles de personas fueron salvas, pero ¿cuántas de ellas tienen la vida que se describe en Filipenses 2:15? Muchos no están llevando a cabo su salvación.
¿Estamos llevando a cabo nuestra salvación ahora? Noé edificó el arca que finalmente lo salvó no solamente del juicio de Dios, sino también de esta generación torcida y perversa. Debemos llevar a cabo esta clase de salvación. No tenemos duda alguna de que fuimos salvos de la perdición eterna. Pero Noé no fue salvo solamente de la perdición, sino también de esa era maligna y además fue trasladado a otra era. El arca que él construyó puso fin a la vieja generación y trajo una nueva. Esta era la clase de salvación que Noé estaba construyendo. No fue solamente la salvación que lo libró de la perdición eterna, sino la salvación que lo rescató de esta generación torcida y perversa. Esta clase de salvación no fue preparada solamente por Dios, sino que fue elaborada por medio de la cooperación colectiva de los salvos.
Ningún salvo perecerá jamás. No obstante, necesitamos una salvación más profunda y más elevada que nos libre de esta generación torcida y perversa. ¿Es usted salvo? ¿Qué me dice de la era venidera? ¿Tendrá usted una parte en ella? ¿Estará allí cuando Cristo vuelva y tome posesión de toda la tierra y ejerza Su poder y reine sobre ella? ¿Tendrá usted parte en ese reino? Aunque todos fuimos salvos de la perdición eterna, muchos entre nosotros no están laborando en algo que los saque de esta era maligna. El arca que Noé construyó era la salvación que no sólo lo salvó del juicio de Dios, sino que también lo separó de esta generación torcida y perversa y lo introdujo en una nueva era. En cuanto al juicio de Dios, todos fuimos salvos, pero en cuanto a la economía de Dios, nos hace falta algo. Dios condenó al mundo, pero usted sigue amando al mundo. Dios le mandó que escapara de esta era, pero usted sigue en ella. Usted carece de la salvación profunda y más elevada. La salvación mencionada en Filipenses 2 no es la salvación de la perdición, sino de la generación torcida y perversa.
Mientras los apóstoles predicaban el evangelio, también edificaban el arca en la cual disfrutarían de la plena salvación. ¿Qué era el arca? Era el Cristo corporativo. Mientras los apóstoles predicaban al Cristo individual, construían al Cristo corporativo. Mediante el Cristo corporativo, millares de personas no sólo fueron salvas del juicio de Dios, sino también de esa generación torcida y perversa.
Si somos fieles a Dios hoy, debemos hacer lo mismo. Por una parte, predicamos el evangelio; por otra, edificamos el arca. Lo que predicamos es lo que edificamos. Lo que predicamos no es una teoría ni una doctrina. Predicamos lo que estamos edificando. Con nuestra vida y obra, edificamos lo que estamos predicando a los demás. Con el tiempo, entraremos en lo que edificamos. Otros también pueden entrar. El arca edificada nos salvará de esta generación condenada. ¿No cree usted que estamos edificando el arca? Estoy muy contento porque estamos construyendo el arca. Mis amigos y parientes siempre me preguntan: “¿Qué estás haciendo?” Contesto: “Estoy haciendo algo que ustedes difícilmente podrían entender. Sólo podrían entenderlo si ustedes mismos participan de ello”. No solamente predicamos el evangelio sino que también construimos lo que predicamos. 
¿Predicamos a Cristo? Edificamos a Cristo y también lo predicamos. Esto significa que vivimos por Cristo y con El. Expresamos a Cristo, nos aferramos a El y lo expresamos. Esta es la edificación que llevamos a cabo.
Al mismo tiempo edificamos la iglesia. La iglesia es el Cristo corporativo (1 Co. 12:12) que, en cierto sentido, es el arca de hoy. Millares de personas fueron salvas al entrar en la vida de iglesia. Muchos pueden testificar que fueron salvos al entrar en la iglesia. A pesar de haber sido salvo por muchos años, usted fue separado de este mundo torcido cuando entró en la iglesia, y no antes. Esa arca corporativa lo separó. Cuando entramos en la iglesia, nadie tuvo que pedirnos que saliéramos del mundo. Empezamos simplemente una vida de iglesia, yendo de una reunión a otra. Con el tiempo, desaparecieron el pelo largo y muchas otras cosas de esta era. Al participar de la vida de iglesia, desaparecerá todo lo de esta era torcida. ¿Qué puede salvarnos de esta era perversa? Iglesiar lo puede hacer. Estamos edificando el arca que nos puede salvar de la era condenada por Dios a nosotros y también a otros.

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