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viernes, 24 de febrero de 2012

DOS PARAÍSOS EN LA BIBLIA (E.V. Apoc., Witness Lee)


ESTUDIO-VIDA DE APOCALIPSIS

MENSAJE CINCUENTA Y NUEVE

LA NUEVA JERUSALEN
(1)

VI. EL PARAISO DE DIOS

La Nueva Jerusalén también será el paraíso de Dios. Según la Biblia hay más de un paraíso. Muchos cristianos piensan que el huerto de Edén es el paraíso (Gn. 2:8) Sin embargo, la Biblia no llama al Edén el paraíso. Así que en la Biblia sólo vemos dos paraísos, el que menciona el Señor Jesús en Lucas 23:43 y la Nueva Jerusalén.

El Señor dijo al ladrón que le había pedido que se acordara de él cuando viniera en Su reino: “De cierto te digo: Hoy estarás conmigo en el Paraíso”. (Lc. 23:43). Sólo al estudiar otros versículos podemos ubicar este paraíso. Lucas 23:43 revela que el Señor Jesús inmediatamente después de morir, fue al paraíso. Hechos 2:27 y 31 revela que después de que el Señor Jesús murió, fue al Hades, y Mateo 12:40 indica que el Hades está en “el corazón de la tierra”, donde estuvo el Señor Jesús tres días y tres noches después de Su muerte. En el Hades hay una región agradable, descrita como el seno de Abraham, adonde fue Lázaro (Lc. 16:23). Por lo tanto, el paraíso que menciona el Señor en Lucas 23:43 es la región agradable del Hades. Según lo dicho por el Señor en Lucas 16, hay dos secciones en el Hades, y entre ellas hay un gran abismo. Cuando Lázaro murió, fue a la región placentera del Hades, donde está Abraham. Pero cuando murió el rico, fue a la región de tormento.

Algunos maestros cristianos, como por ejemplo el doctor Scofield, creen que cuando Cristo resucitó, la región placentera del Hades fue trasladada al tercer cielo. La Biblia anotada de Scofield tiene una nota en Lucas 16:23 al respecto. El pasaje de 2 Corintios 12:2-4 también lo usan como base para apoyar esta idea. Algunos interpretan las palabras de Pablo en estos versículos como una indicación de que el paraíso está ahora en el tercer cielo. Pero si uno lee este pasaje con detenimiento y siguiendo el texto griego, verá que demuestra lo contrario. En dicho capítulo Pablo estaba dando testimonio de que había recibido una visión completa del universo, el cual se divide en tres regiones: los cielos, la tierra y la parte que está debajo de la tierra (véase Fil. 2:10). Pablo había llegado a conocer las cosas de la tierra, las de los cielos y las del paraíso. Esto es lo que en realidad comunica 2 Corintios 12:2-4 (véase el mensaje veinte, págs. 236-239). El paraíso, la región placentera del Hades, todavía está ubicado en el Hades, debajo de la tierra.

La enseñanza de que los santos del Antiguo Testamento que estaban en el paraíso fueron trasladados al cielo cuando Cristo resucitó, no es correcta. El día de Pentecostés, cincuenta días después de la resurrección del Señor, Pedro dijo: “David no subió a los cielos” (Hch. 2:34). Hasta ese día David todavía no estaba en el cielo. Por consiguiente, la enseñanza tradicional sobre esto no es ni exacta ni confiable. Según las palabras claras de la Biblia, existe una sección placentera en el Hades, llamada el paraíso, donde están ahora los espíritus y las almas incorpóreas de los salvos esperando el día de la resurrección. En principio, la separación de un alma de su cuerpo denota que ella está desnuda, y ninguna persona desnuda puede entrar en la presencia de Dios. En consecuencia, los espíritus y las almas de los santos que ya fallecieron están en la región placentera del Hades esperando el día de la resurrección para ser vestidos del glorioso cuerpo de resurrección y ser cubiertos nuevamente.

La Nueva Jerusalén, el paraíso de Dios, es diferente del paraíso del Hades. El paraíso de la Nueva Jerusalén, el cual es eterno, será muy superior al del Hades, el cual no es más que un albergue temporal

El paraíso de Dios que está en la Nueva Jerusalén será la recompensa para los vencedores en la edad del reino (2:7) y la porción común a todos los redimidos de Dios en la eternidad (21:7). Todos los santos que hayan muerto resucitarán, se pondrán un cuerpo resucitado, y entrarán en la Nueva Jerusalén, la cual será su paraíso.

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