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martes, 21 de febrero de 2012

DEMONIOS Y ÁNGELES CAÍDOS, DIFERENCIA / LA REBELIÓN DE SATANÁS (E.V. Génesis, Witness Lee)


ESTUDIO-VIDA DE GÉNESIS

MENSAJE DOS

LA REBELIÓN Y LA CORRUPCIÓN DE SATANÁS

 La rebelión y la corrupción de Satanás

Llegamos ahora a la rebelión y la corrupción de Satanás. Estudiar este tema ahora puede sorprender. Hemos considerado la obra creadora de Dios y de repente pasamos a la rebelión de Satanás. ¿Qué significa esto? Debemos empezar a abordar ese asunto con una mente sobria a fin de entenderlo claramente.
Muchos cristianos sinceros piensan que el tema de los primeros dos capítulos de Génesis está en 1:1. Se les ha dicho que esos dos capítulos presentan el relato de la creación, y que el tema está contenido en el primer capítulo y el primer versículo. No obstante, si el versículo 1 es el tema, ¿por qué el versículo 2 empieza con “Y”? “Y” significa que se produce algo, y que después sigue otra cosa. “Y” es una conjunción que enlaza dos cosas: la primera sucede y la segunda viene luego. Aun la gramática muestra que el versículo 1 no es el tema, sino parte de la descripción. Describe el primer acontecimiento de una serie. “En el principio creó Dios los cielos y la tierra. Y...” Esto significa que después de que Dios creó, sucedió algo.
“En el principio creó Dios los cielos y la tierra. Y la tierra estaba desordenada y vacía”. La versión Concordantde Génesis traduce el versículo de esta manera: “Sin embargo, la tierra vino a ser un caos y estaba vacía”. La versión Concordant no dice “Y”, sino “Sin embargo”. En el principio Dios creó los cielos y la tierra. Sin embargo, la tierra vino a ser un caos y estaba vacía. Un caos es una confusión. La tierra vino a ser un caos: desordenada y vacía. Si usted construye algunas viviendas y nadie las ocupa, entonces se dice que están vacías. Podemos traducir esta frase “un caos y vacía” o “desolada y vacía”. Algo ocurrió entre los versículos 1 y 2, y eso hizo que la tierra quedara desolada y vacía.

a. El origen de Satanás

Satanás fue un ángel que Dios creó antes de crear la tierra. El libro de Job (38:4-7) nos dice que cuando Dios midió los cimientos de la tierra, los hijos de Dios (los ángeles) daban voces de alegría. Esto demuestra que Dios creó los ángeles antes de crear la tierra. En Ezequiel 28, vemos que Satanás no era uno de los ángeles, sino el principal arcángel, el jefe de todos los ángeles.
Ezequiel 28 describe la posición que Satanás tenía en el universo antes de su rebelión y corrupción. Todo ese capítulo parece hablar del rey de Tiro. No obstante, el versículo 13 dice: “En Edén, en el huerto de Dios estuviste”. Si leemos el contexto, nos daremos cuenta de que éste no era el huerto de Edén en el cual fue puesto Adán. Este Edén no estaba sobre la tierra, sino en los cielos, en el santo monte de Dios.
“De toda piedra preciosa era tu vestidura”. El estaba vestido de piedras preciosas. G. H. Pember dijo que esto hace referencia a su morada. Su morada estaba hecha con piedras preciosas.
“Los primores de tus tamboriles y flautas estuvieron preparados para ti en el día de tu creación”. Antiguamente los instrumentos musicales como los tamboriles y las flautas estaban destinados a los reyes (Dn. 3:5; 6:18). Esto indica que Satanás era un rey, y que ocupaba la posición más elevada de ese universo. Esta fue la razón por la cual aun el Señor Jesús lo llamó “el príncipe de este mundo” (Jn. 12:31). El apóstol también lo llama “el príncipe de la potestad del aire” (Ef. 2:2). Lucas 4:5-6 también confirma esto. “Le llevó el diablo a un alto monte, y le mostró en un momento todos los reinos de la tierra. Y el diablo le dijo: A Ti te daré toda esta potestad, y la gloria de ellos; porque a mí me ha sido entregada, y a quien quiero la doy”. ¿Era eso una mentira? Si lo hubiera sido, el Señor Jesús habría reprendido a Satanás. El Señor no lo reprendió; por tanto, debe de ser un hecho. Satanás, el diablo, le dijo al Señor que todos los reinos del mundo y toda su gloria le habían sido entregados. Satanás dijo también: “a quien quiero la doy”. ¿Cuándo entregó Dios todas estas cosas a Satanás? Esto se produjo ciertamente antes de Adán, antes del mundo de Adán. Al leer la plena revelación de la Biblia, podemos ver que Dios nombró a Satanás como cabeza de ese universo, y que Dios entregó en su mano todas las cosas creadas en los cielos y sobre la tierra. Por tanto, él se convirtió en “el príncipe del mundo”. Su posición y rango eran tan elevados que ni aun “Miguel el arcángel ... se atrevió a proferir juicio de maldición contra él” (Jud. 9). Miguel era uno de los arcángeles (Dn. 10:13). El hecho de que no se atrevió a reprender a Satanás demuestra que el rango de Satanás era superior al suyo. Por tanto, podemos deducir que Satanás debe de haber sido el arcángel más elevado.
Leamos el versículo 14: “Tú, querubín grande, protector”. Satanás era el “querubín grande, protector”. Esto significa probablemente que él cubría (véase Ex. 25:20) el arca de Dios en los cielos (Ap. 11:19). “Yo te puse en el santo monte”. Dios hizo eso. Dios ungió y designó al arcángel para cubrir Su arca. Ezequiel nos dice que los querubines llevan la gloria de Dios (9:3; 10:18) y que están muy cerca del trono de Dios (10:1; 1:26). Esto demuestra que Satanás, antes de su rebelión, cuando era el querubín ungido que cubría el arca de Dios, debe de haber tenido una posición muy cerca de Dios, llevando la gloria de Dios. Ezequiel también nos dice que los querubines son los cuatro seres vivientes que Dios usa de una manera particular (10:20). Los cuatro seres mencionados en Ezequiel son semejantes a los de Apocalipsis (Ez. 1:10; cfr. Ap. 4:7) que tomaban la iniciativa entre las criaturas para adorar a Dios. Esto revela que el Satanás de hoy, el adversario de Dios, originalmente el querubín ungido, debe de haber sido designado especialmente por Dios como cabeza entre todas Sus criaturas, y que llevaba Su gloria y conducía a los demás a adorar a Dios. Esto parece indicar que el arcángel ungido tenía también el sacerdocio. Es posible que haya sido el sumo sacerdote en la adoración universal de Dios.
“En el santo monte de Dios, allí estuviste”. Indudablemente esto se produce en los cielos. “En medio de las piedras de fuego te paseabas”. En Exodo 24:10, 17, Moisés, Aarón y muchos otros vieron debajo del trono de Dios piedras preciosas que tenían la gloria de Dios, semejantes al fuego ardiente. Estas deben de ser las piedras de fuego. Así podemos deducir que el querubín ungido tenía el privilegio particular de moverse en la esfera donde se hallaba la gloria de Dios.
Además de Ezequiel 28, Isaías 14:12 nos ayuda también a ver el origen de Satanás. Nos dice que Satanás era el “Lucero, hijo de la mañana”. Así como el lucero es la principal estrella, Satanás debe de haber sido el líder de todos los ángeles. El título “hijo de la mañana” muestra que él existía desde temprano, desde el comienzo del universo. Por tanto, Satanás, desde los primeros días del universo, era la cabeza de los ángeles, y brillaba como el lucero.
El origen de Satanás era maravilloso. El era el querubín ungido de Dios, aquel que estaba más cerca de Dios, y que tenía la posición más elevada en la creación de Dios. No sólo tenía el reinado, sino también el sacerdocio, la misma posición que nosotros los redimidos de Dios tendremos para siempre (Ap. 5:9-10; 20:4-6). Pero fue despojado de su posición y de su oficio cuando se rebeló contra Dios. Ahora Dios nos ha escogido como Sus sacerdotes y reyes, para que asumamos la posición y el oficio que tenía Satanás, lo avergoncemos y glorifiquemos a Dios.



b. La rebelión de Satanás

Ezequiel 28:15 indica que Satanás era perfecto en sus caminos desde el día en que fue creado. Por supuesto, Dios no creó un Satanás maligno. Dios creó un arcángel bueno y perfecto. Sin embargo, en cierto momento este arcángel, el querubín ungido, se rebeló contra Dios.

1) La causa

Satanás se rebeló contra Dios por el orgullo de su corazón. Ezequiel 28:17 indica que su corazón se había elevado debido a su belleza él corrompió su sabiduría a causa de su resplandor. El estaba, “lleno de sabiduría, y acabado de hermosura”; él era “el sello de la perfección” (Ez. 28:12) lo cual significa que tenía la plena medida en todo y que no le faltaba nada. Pero él contempló su belleza y se enorgulleció. El miró su resplandor y se corrompió. Poner los ojos en lo que Dios ha hecho por nosotros y olvidarnos de Dios mismo siempre nos incita a enorgullecernos. El orgullo fue la causa de la rebelión de Satanás. Por tanto, el apóstol nunca permitía que un “recién convertido” fuese puesto como anciano de la iglesia, “no sea que cegado por el orgullo, caiga en la condenación del diablo” (1 Ti. 3:6). El diablo puede usar todas las virtudes y cualidades naturales, y todos los dones espirituales para volvernos orgullosos. Incluso el apóstol Pablo podía exaltarse desmedidamente por “la excelente grandeza de las revelaciones” (2 Co. 12:7). El diablo orgulloso sigue rondando la tierra, buscando devorar a los orgullosos (1 P. 5:8). La única manera de resistirle consiste en humillarnos, en vestirnos de humildad; porque “Dios resiste a los soberbios, pero a los humildes da gracia” (1 P. 5:9, 5-6). El Señor Jesús es un buen ejemplo de esto. Satanás se exaltó a sí mismo, pero el Señor Jesús “se humilló a Sí mismo” (Fil. 2:8). Por tanto, el Señor venció a Satanás, y éste no tenía nada en El (Jn. 14:30).

2) El propósito

El propósito de la rebelión de Satanás era exaltarse a sí mismo para ser igual a Dios. En Isaías 14:13-14, vemos que en cinco ocasiones Satanás se refiere a sí mismo en el momento de la rebelión. “[Yo] subiré ... levantaré mi trono ... en el monte del testimonio me sentaré ... sobre las alturas de las nubes subiré, y seré semejante al Altísimo”. Satanás quería ser igual a Dios. Este fue el propósito de su rebelión contra Dios.
La causa de todas las rebeliones relatadas en la Biblia es la ambición de una posición. La rebelión de Babel (Gn. 11:4), la rebelión de Datán, Abiram y los doscientos cincuenta príncipes israelitas (Nm. 16:1-3), y la rebelión de Absalón (2 S. 15:10-12), fueron causadas por la maligna ambición de obtener una posición. Sin embargo, el Señor Jesús “se despojó a Sí mismo, tomando forma de esclavo ... por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre” (Fil. 2:7, 9).

3) El proceso

Satanás inició la rebelión contra Dios con la maligna intención de derribar la autoridad de Dios (Ez. 28:15-18; Is. 14:13-14).
El no se rebeló solo, sino que fue acompañado de gran parte de los ángeles que se rebelaron bajo su mando. En Apocalipsis 12:4, 9 descubrimos que una tercera parte de las estrellas del cielo, o sea una tercera parte de los ángeles, lo siguieron. (En Apocalipsis las estrellas representan a los ángeles.) En Mateo 25:41 el Señor Jesús se refirió al “diablo y sus ángeles”. Efesios 2:2 describe a Satanás como el “príncipe de la potestad del aire”, y Efesios 6:12 nos revela que los principados y potestades están en el aire. Estos principados y potestades eran los ángeles que estaban bajo el mando de Satanás y que gobernaban el universo preadamítico. Por tanto, son las potestades de los aires. Cuando Satanás se rebeló contra Dios, la mayoría de sus ángeles lo siguió en su rebelión, convirtiéndose así en los ángeles caídos, los espíritus malignos. Ahora en el universo existen dos categorías de ángeles: los buenos y los malos. Los ángeles buenos permanecen con Dios; los malos están aliados con Satanás en contra de Dios.

(Los demonios)
Los seres vivos que estaban en la tierra en aquel tiempo, y que más tarde se convirtieron en los demonios de esta tierra, también se unieron a Satanás en su rebelión.
Si leemos los cuatro evangelios veremos que en esta tierra hay otra clase de espíritus: los demonios. ¿Quiénes son los demonios y qué son? La mayoría de los cristianos se imaginan que los demonios son idénticos a los ángeles caídos, pero según Efesios, los ángeles caídos viven en el aire, y no en la tierra. Los cuatro evangelios revelan que, hablando con propiedad, los demonios nunca entran en el aire, sino que se mueven sobre la tierra o entran en el agua, su morada. Recuerden el incidente del hombre poseído por muchos demonios (Mt. 8:28-32). Cuando el Señor Jesús expulsó a los demonios, éstos le pidieron permiso de entrar en una piara. Después de entrar en los cerdos, se precipitaron al mar, donde les gusta permanecer.
Mateo 12:22-27 y 43-45 tiene muchas cosas que confirman este punto. En este pasaje descubrimos que Satanás tiene un reino diabólico y que él es el “príncipe de los demonios”. Leamos el versículo 43: “Cuando el espíritu inmundo [el demonio] sale del hombre, anda por lugares secos, buscando reposo, y no lo halla”. El demonio que fue echado fuera del hombre ciego y mudo buscaba descanso y no lo podía encontrar en lugares secos. Esto demuestra que el lugar de reposo, la morada, de los demonios se encuentra en el agua. El versículo 44 nos relata lo que les sucede cuando no hallan agua. “Entonces dice: Volveré a mi casa de donde salí...” Esta “casa” es el cuerpo físico del ser humano. La morada de los demonios es el agua, y su morada temporal es el cuerpo humano.
Hechos 23:8-9 demuestra que los demonios no son ángeles caídos. En estos dos versículos vemos que los ángeles y los espíritus están clasificados como seres diferentes. Aun los antiguos fariseos judíos ponían a los demonios y a los ángeles en categorías separadas. Si leemos los cuatro evangelios detenidamente, descubriremos que los demonios también son llamados espíritus malignos. Los ángeles son espíritus y los demonios también lo son.
¿Quiénes son los demonios? ¿Por qué a los demonios les gusta entrar en el agua o en el cuerpo humano? En el famoso libro de G. H. Pember Earth’s Earliest Ages [Las primeras eras de la tierra], él llevó a cabo un estudio notable y profundo sobre el tema. La geología y la arqueología han descubierto que la tierra no tiene sólo seis mil años, sino que ha existido mucho más tiempo. El concepto según el cual la tierra sólo tenía seis mil años de edad, partiendo de Adán, llevó a algunos ateos y a algunos cristianos modernistas a decir que había un error en Génesis 1. Los arqueólogos han descubierto fósiles de huesos que tienen miles y miles de años. Sin embargo, el señor Pember encontró la respuesta. Entre Génesis 1:1 y 1:2 transcurre un período que él llamó el intervalo. Nadie puede determinar cuánto duró ese intervalo. De todos modos, debe de haber sido un período muy prolongado. Después de examinar este asunto cabalmente, Pember dedujo que en cierto momento después de la creación original, Satanás y sus ángeles se rebelaron. Además Pember dedujo, basándose en el relato bíblico, que en la edad preadamítica existían en la tierra algunos seres vivos que tenían espíritu, y que dichos seres también se unieron a Satanás en su rebelión contra Dios. Por consiguiente, Satanás, junto con sus ángeles caídos y estos seres, fueron juzgados por Dios. Después de ser juzgados por Dios, estos seres perdieron sus cuerpos y se convirtieron en espíritus incorpóreos. Esta es la razón por la cual los demonios procuran entrar en un cuerpo físico.
El agua con la cual Dios los juzgó vino a ser el abismo donde los demonios deben vivir. Pember también demostró que debajo del agua se halla el lugar que llaman el abismo. La traducción griega de Génesis 1:2 usa la palabra “abismo” en vez de “profundidad”. El abismo constituye la morada de los demonios.
Un día, mientras Jesús navegaba por el mar, un fuerte viento empezó a soplar, y se levantó una gran tormenta. El Señor Jesús no oró; El mandó al viento que se detuviese y a la tormenta que callase (Mt. 8:23-27). ¿Por qué el aire se llenó de viento y una tempestad agitó el agua? Porque había ángeles caídos en el aire y demonios en el agua. Sabían que Jesús iba a la otra orilla para echar fuera demonios (Mt. 8:28-32). Hoy en día, el aire sigue lleno de ángeles caídos y la tierra llena de demonios.
Nosotros los hijos de Dios deberíamos conocer estos asuntos del universo y particularmente de la tierra. Los ángeles malignos siguieron a Satanás en su rebelión contra Dios. Los demonios, otra clase de seres, son espíritus incorpóreos que viven en el agua y obran en la tierra. Satanás es el príncipe de este mundo, el cual incluye la tierra y el aire. En el reino de Satanás se hallan los ángeles caídos, en el aire, los demonios, en el agua, y los seres humanos caídos sobre la tierra.



4) El resultado

a) Satanás fue juzgado por Dios

La rebelión de Satanás produjo el juicio de Dios. Dios no podía tolerar ninguna rebelión entre Sus criaturas. Inmediatamente después de la rebelión de Satanás, Dios pronunció Su juicio sobre él. “Se halló en ti maldad. A causa de la multitud de tus calumnias ... pecaste; por lo que yo te eché del monte de Dios, y te arrojé de entre las piedras del fuego, oh querubín protector. Se enalteció tu corazón ... corrompiste tu sabiduría ... yo te arrojaré por tierra ... con la multitud de tus maldades ... profanaste tu santuario...” (Ez. 28:15-18). “Mas tú derribado eres hasta el Seol, a los lados del abismo” (Is. 14:15).

b) Los cielos y la tierra fueron juzgados

Indudablemente los cielos y la tierra se degradaron por la rebelión de Satanás. Dios reprendió a Satanás: “Profanaste tu santuario” (Ez. 28:18). Por tanto, los cielos y la tierra también fueron juzgados por Dios. Job 9:5-7 relata que Dios arrancó los montes con Su furor, e hizo temblar sus columnas; mandó que el sol no saliera, y selló las estrellas. ¿Cuándo hizo Dios todo eso? No podemos encontrar nada de esto en la historia de la humanidad. Debe de haber ocurrido antes del mundo de Adán, cuando Dios juzgó los cielos y la tierra a causa de la rebelión de Satanás y de sus seguidores. El juicio de Dios impidió que las estrellas resplandecieran. La tierra se cubrió de tinieblas. El hecho de que la tierra, después de ser juzgada por Dios, fuese sepultada debajo de las aguas profundas comprueba que Dios debe de haberla juzgado inundándola con agua. Por tanto, “la tierra quedó desolada y vacía (heb.)”, sepultada debajo de las aguas profundas, y cubierta de tinieblas (Gn. 1:2).
Isaías 45:18 nos dice que Dios no creó la tierra como un lugar desolado. Job 38:4-7 muestra que Dios creó la tierra con orden. Dice que cuando Dios “fundaba la tierra”, ordenó las medidas de la tierra y “extendió sobre ella cordel”, “cantaban juntas las estrellas del alba y gritaban de gozo todos los hijos de Dios” (los ángeles). Cuando Dios fundaba la tierra, ordenó sus medidas y extendió sobre ella cordel. Esto significa que El la creó con orden. Por tanto, cuando las estrellas del alba la vieron, se regocijaron y profirieron alabanzas, y cuando los ángeles la vieron, dieron voces de júbilo. ¿Cuándo sucedió eso? Debe de haber sucedido en Génesis 1:1, y no en Génesis 1:2. ¿Cómo podían cantar las estrellas del alba y los ángeles regocijarse cuando la tierra quedó desolada y vacía?
Cada vez que las palabras “desolada y vacía” son usadas juntas en el Antiguo Testamento, denotan el resultado de un juicio. Lo vemos en Jeremías 4:23, en Isaías 24:1 y 34:11. Todo lo que Dios juzga queda desolado y vacío. La tierra quedó desolada y vacía porque fue juzgada por Dios.
Las tinieblas que estaban sobre la faz del abismo también eran una señal que indicaba que el universo de esa era había sido juzgado, porque las tinieblas provienen del juicio de Dios (cfr. Ex. 10:21-22; Ap. 16:10).
Por tanto, la tierra mencionada en Génesis 1:2 no se encontraba en la misma condición en que fue creada originalmente por Dios. Dios la creó con orden, pero “quedó desolada y vacía”. La expresión “quedó” es la misma que aparece en Génesis 19:26, donde vemos que la esposa de Lot “se volvió” una columna de sal. No era una columna de sal, sino que se convirtió en una. Según esto, la tierra no estaba desolada y vacía originalmente, sino que se volvió así.

c) Los ángeles rebeldes y los demonios
fueron juzgados

Cuando Dios juzgó a Satanás y al universo que estaba debajo de él, también debe de haber juzgado a los ángeles que lo siguieron y a los seres vivientes que estaban sobre la tierra en aquella época, los cuales se le unieron en su rebelión. Después de ser juzgados los ángeles rebeldes, se convirtieron en las “huestes espirituales de maldad” que están en el aire (Ef. 6:12) y los seres vivientes vinieron a ser espíritus incorpóreos, los demonios moraban en el agua con la cual fueron juzgados.
Aunque Satanás, los ángeles rebeldes y los demonios fueron juzgados por Dios, siguen activos y laboran hoy, porque todavía no se ha ejecutado el juicio sobre ellos. Un día se cumplirá totalmente (Ap. 12:12; Mt. 8:29; Lc. 8:31). Hoy Satanás todavía puede ir a Dios para acusar al pueblo de Dios (Job 1:6-12; 2:1-7; Ap. 12:10). Todavía anda por la tierra “buscando a quien devorar” (1 P. 5:8), sigue cegando a la gente (2 Co. 4:4), para engañarla (2 Co. 11:14) y cargar sus corazones (Hch. 5:3), y ganar ventaja sobre nosotros (2 Co. 2:11). El sigue siendo el “hombre fuerte”, que arrebata los bienes (Mt. 12:29). Los ángeles rebeldes siguen siendo “los gobernadores del mundo de estas tinieblas” (Ef. 6:12; cfr. Dn. 10:20), (algunos ángeles caídos están ahora encarcelados hasta el juicio, 2 P. 2:4; Jud. 6) y los demonios siguen siendo los espíritus inmundos e inicuos que obran sobre la tierra (Mt. 12:43-45). Se debe ejecutar el juicio sobre todos ellos.
Dios ya juzgó a Satanás y a sus seguidores. Sin embargo, eso no significa que Dios haya ejecutado Su juicio en el momento en que lo pronunció. Una cosa es dictar sentencia, y otra es llevar a cabo la condena. Dios juzgó a Satanás y a sus seguidores antes de que Adán fuese creado, pero la ejecución de este juicio sigue adelante. La ejecución del juicio de Dios no será llevada a cabo por Dios mismo. Dios no hará eso. Ningún juez ejecuta el veredicto por su cuenta. El necesita ejecutores.
¿Quién ejecutará el juicio de Dios sobre Satanás y sus seguidores? Los ejecutores serán los cristianos, la iglesia, los creyentes vencedores. ¿Por qué no se ha ejecutado el juicio sobre Satanás y sus seguidores? Porque Dios espera que la iglesia se levante. El Juez ha dictado Su juicio, pero El está esperando que los ejecutores lo lleven a cabo. En Apocalipsis 12 vemos que los vencedores ejecutarán el juicio que Dios pronunció sobre Satanás. Además, día tras día en nuestros hogares, cada vez que somos victoriosos, nuestra victoria es una ejecución de este juicio. Dios ha declarado Su juicio sobre el rebelde. Sin embargo, este juicio no será llevado a cabo hasta que la iglesia se levante para hacerlo. Ahora es el tiempo de llevar a cabo el juicio de Dios sobre Satanás.
Hoy la iglesia debe orar para “atar al hombre fuerte” y “saquear su casa” (Mt. 12:29), combatir los espíritus de maldad que están en el aire (Ef. 6:12), y echar fuera los demonios (Mt. 17:21) cada vez que los veamos en acción perjudicando a la gente. Dios ha juzgado a los demonios y los ha confinado al agua, pero necesita que la iglesia traiga la era en la cual el mar ya no exista (Ap. 21:1), y los demonios que ahora están confinados allí vean el juicio ejecutado sobre ellos (Ap. 20:13: no es posible que los muertos que se hallan en el mar sean seres humanos; deben de ser los demonios).
El Señor Jesús, cuando estuvo en la carne como hombre, empezó a ejecutar el juicio de Dios. El “se manifestó para destruir las obras del diablo” (1 Jn. 3:8). El Señor dio “autoridad” a Sus discípulos (Lc. 10:19) sobre todo el poder del enemigo. Cuando los discípulos echaban demonios, Satanás caía del cielo (Lc. 10:17-20). Cristo, por medio de Su muerte en la cruz, destruyó al diablo (He. 2:14). El hirió la cabeza de la serpiente antigua. Ahora nosotros, como Cuerpo Suyo, debemos proseguir esta ejecución, y destruir la cola de la serpiente. Mediante la obra ejecutora de la iglesia, el diablo será “arrojado a la tierra” y sus ángeles serán “arrojados con él” (Ap. 12:9). Más tarde él será atado y arrojado en el abismo (Ap. 20:2-3). Finalmente, será “arrojado en el lago de fuego” (Ap. 20:10). Entonces, la ejecución del juicio de Dios sobre Satanás y sus seguidores estará completa.

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