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miércoles, 15 de febrero de 2012

EL "YO" EN JOB, PEDRO Y MARTA: Tratar con el "yo"


(Ver capítulo completo en: http://www.librosdelministerio.org/books.cfm?id=%23-0%2F%2C%0A)

CAPITULO DIEZ

TRATAR CON EL YO

Ahora llegamos al asunto de tratar con el yo. Esta experiencia está muy relacionada con el trato con la carne; es una experiencia muy importante en la etapa de la cruz.

Si deseamos tratar con el yo, necesitamos primero definir lo que es el yo. Hay muchos términos espirituales que usamos a menudo, pero cuando queremos saber el significado verdadero, es difícil explicarlo. Tal es el caso del yo. Muy a menudo escuchamos a la gente hablar acerca del yo, pero pocos lo pueden definir. ¿Qué es realmente el yo? El yo es simplemente la vida del alma con el énfasis en los pensamientos humanos y en las opiniones humanas. Podemos descubrir esto en la Biblia, donde el yo es mencionado claramente.

Leamos primero Mateo 16:21-25: “Desde entonces comenzó Jesús a declarar a sus discípulos que le era necesario ir a Jerusalén y padecer mucho de los ancianos, de los principales sacerdotes y de los escribas y ser muerto, y resucitar al tercer día. Entonces Pedro, tomándole aparte, comenzó a reconvenirle, diciendo: Señor, ten compasión de ti, en ninguna manera esto te acontezca. Pero El, volviéndose, dijo a Pedro: ¡Quítate de delante de mí, Satanás!; me eres tropiezo, porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres. Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame. Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará”.

En este pasaje, el Señor le mostró a Sus discípulos en el versículo 21 cómo El debía sufrir, ser muerto y levantado otra vez. Todo lo que el Señor dijo aquí es la voluntad de Dios, porque la cruz del Señor es la voluntad de Dios ordenada en la eternidad. Pero en el versículo 22 Pedro tuvo una opinión, y se la expresó al Señor: “En ninguna manera esto te acontezca”. Por lo tanto, en el versículo 23 el Señor lo reprendió, diciendo que él no ponía la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres. Las cosas de Dios son la voluntad de Dios, o sea la cruz. Las cosas de los hombres consisten en tener compasión de uno mismo y no recibir la cruz. Lo que el Señor deseaba era la voluntad de Dios, pero lo que le importaba a Pedro era el pensamiento humano. Por lo tanto, en el versículo 24 el Señor pide a los discípulos que se nieguen a sí mismos, que tomen la cruz y que lo sigan. Cuando comparamos esta palabra con el versículo anterior, comprendemos que este yo que el Señor nos pide que neguemos es el pensamiento humano. El Señor les pide a los discípulos que nieguen y desechen el yo, lo cual significa poner a un lado su propio pensar. Cuando el Señor pidió a sus discípulos que recibieran la cruz, esto significaba que debían recibir la intención de Dios o la voluntad de Dios. Por lo tanto, aquí el Señor les pedía a los discípulos que hicieran a un lado su propio pensar y que recibieran la cruz, la cual es la voluntad de Dios.

Por esto vemos que el yo tiene mucho que ver con el pensamiento humano. Sin embargo, el yo no es el pensamiento humano, y el pensamiento humano no es el yo en sí mismo. Por tanto, en el versículo 25 el Señor pasa a decir que todo el que quiera salvar su vida la perderá, y todo el que pierda su vida por causa del Señor la hallará. La palabra “vida” en el idioma original es “alma”, o “vida del alma”. La negación del yo mencionado en el versículo anterior fue seguida inmediatamente por perder de la vida del alma. Esto indica que el yo que se menciona es la vida del alma de la cual se habla inmediatamente después. La vida del alma es el mismo yo.

En este pasaje la palabra del Señor sigue paso por paso. En el versículo 22 Pedro insta al Señor a que tenga compasión de Sí mismo; en el versículo 23 el Señor señala que esto es el pensamiento humano o la opinión humana; en el versículo 24 el Señor llevó esto hasta la raíz al decir que esta opinión es el yo. Por lo tanto, necesitamos desecharlo y negarlo. Entonces en el versículo 25 el Señor va hasta la raíz del yo al mostrarnos que el mismo yo es la vida del alma. Si se da muerte a la vida del alma, lo cual significa que el yo es negado, no habrá más opinión humana. En este pasaje, el versículo 23 habla de la opinión, el versículo 24 acerca del yo, y el versículo 25 acerca de la vida del alma. Cada versículo menciona un asunto, paso a paso, muy claramente.

Por consiguiente, podemos encontrar aquí una definición para el yo: el yo, en esencia, es la vida del alma, mientras que la expresión del yo es la opinión. El yo, la vida del alma y la opinión son tres aspectos de una misma cosa. Esto puede compararse con Cristo como el mismo Dios, y la expresión de Cristo como el Espíritu Santo. Los tres son uno. Dios encarnado y expresado es Cristo, mientras que la vida del alma, expresada, es el yo. Cuando Cristo es expresado ante los hombres y tocado por los hombres, El es el Espíritu Santo. De la misma manera, el yo es expresado ante los hombres y tocado por los hombres en forma de opinión humana y del punto de vista humano. De la misma forma que cuando tocamos el Espíritu Santo, tocamos a Cristo; así cuando tocamos la opinión y el punto de vista humano, tocamos tanto el yo como la vida del alma.

Leamos Juan 5:30: “No puedo yo hacer nada por mí mismo: según oigo, así juzgo ... no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió”.

En este versículo aprendemos que el caso es el mismo con el Señor Jesús que con nosotros en cuanto a expresar el yo en forma de opinión. Primero, el Señor dijo aquí que El, por Sí mismo, no puede hacer nada; luego dijo que El no busca Su propia voluntad. Hasta aquí vemos que “mí mismo” y “mi propia voluntad” son idénticos. Que El no haga nada por Sí mismo significa que El no busca Su propia voluntad. En consecuencia, queda claro que el yo está centrado en las ideas y las opiniones. El yo es expresado en opinión, y la opinión es la expresión del yo. Por ejemplo, si en cierta reunión en que tenemos comunión en cuanto al servicio cierto hermano expresa continuamente sus ideas y opiniones, no podemos decir que eso sea el pecado, el mundo o la carne. Pero seguramente podemos decir que es el yo, porque el yo se expresa en opiniones. Una persona que está llena de ideas y opiniones está llena del yo y de las expresiones del yo.

Ahora leamos Job 38:1-2: “Entonces respondió Jehová a Job desde un torbellino, y dijo: ¿Quién es este que oscurece el consejo con palabras sin sabiduría?”

Job capítulos del tres al treinta y siete son crónicas de palabras y opiniones humanas. En estos treinta y cinco largos capítulos Job y sus tres amigos, y más tarde Eliú, hablan, argumentan y expresan sus opiniones continuamente. Por tanto, luego que ellos se habían expresado completamente, Dios vino y los reprendió, diciendo: “¿Quién es este que oscurece el consejo con palabras sin sabiduría?” Después de que Job fue iluminado por Dios, dijo en el 42:3-6: “¿Quién es el que oscurece el consejo sin entendimiento? ... De oídas te había oído; mas ahora mis ojos te ven. Por tanto me aborrezco, y me arrepiento en polvo y ceniza”. Al principio Job habló palabras sin entendimiento y expresó su propia opinión, pero al final se aborreció a sí mismo y se arrepintió en polvo y ceniza. Por esto vemos que la opinión de Job es su yo al cual él aborreció. Su opinión es la expresión de su yo.

En toda la Biblia, la persona que más habló fue Job. Dios le afligió con circunstancias y también dispuso que el estuviera rodeado de sus cuatro amigos. De esta manera todas las palabras que tenía en su interior fueron sacadas a la luz. El tenía sus propias opiniones, sus propias ideas, y no cedía al punto de vista de otros. El sentía que no había hecho nada malo y que no había necesidad de tratar con el pecado, el mundo, o la conciencia. Por lo tanto, él se golpeaba el pecho, deseando razonar con el Justo. En verdad la dificultad de Job no era el pecado, el mundo o la conciencia. Su dificultad era su yo. Su yo intacto era un problema que le impedía conocer a Dios.

* Muchos en la iglesia son como Job; tienen mucho que decir. En realidad, un pecador, o alguien que ama el mundo, no habla mucho, porque está consciente de sus errores y defectos. La conciencia de todos aquellos que hacen mal está corrompida, y no pueden levantar la cabeza. Por tanto, ellos no hablan mucho y son fáciles de ayudar y dirigir. Pero aquellos que son del tipo de Job aparentemente no tienen vestigio de pecado y tampoco aman al mundo; sin embargo, ellos son extremadamente rectos en su propia justicia y siempre piensan que están en lo correcto. Con respecto a la iglesia y las cosas de Dios, tienen muchas opiniones e ideas. Así que, todo el día hablan acerca de esto o aquello, y aun hablan de cosas que no saben. Este tipo de gente es la más difícil de ayudar y dirigir; hace que otros se sientan incapaces de ayudarlos.

Una persona que está llena del yo siempre trae muchas dificultades a la iglesia. La razón de tantas divisiones en el cristianismo hoy no es sólo lo pecaminoso que es el hombre y su mundanalidad, sino mucho más el yo del hombre. Mucha gente sirve al Señor ayudando a los hermanos y hermanas, sin embargo ellos en realidad quieren que otros sigan sus ideas y opiniones, sus puntos de vista y sus métodos. El resultado es muchas divisiones en la iglesia hoy. Martín Lutero dijo que dentro de él hay un papa más grande que el de Roma: él mismo. En la iglesia, si el yo no es roto, cada persona será un papa, y cada uno vendrá a ser una división.

* Además de Job en la Biblia, Pedro es también un ejemplo de uno que está lleno del yo. El yo de Pedro fue expresado a lo máximo porque él era el que más hablaba y el que más opiniones tenía. En muchas ocasiones en los Evangelios, Pedro habló y expresó sus opiniones. No había ningún asunto con respecto al cual él no tuviera una opinión o idea. Por lo tanto, cada vez que el Señor trataba con él, El trataba con sus opiniones e ideas. La enseñanza de negar el yo en Mateo 16 fue dada a causa de Pedro. En la noche que el Señor Jesús fue traicionado, El dijo a Sus discípulos: “Todos vosotros os escandalizaréis de mí esta noche; porque escrito está: Heriré al pastor, y las ovejas del rebaño serán dispersadas”. Cuando Pedro escuchó esto, su yo salió inmediatamente a relucir, y dijo: “Aunque todos se escandalicen de ti, yo nunca me escandalizaré”. El resultado fue que él negó al Señor tres veces y falló grandemente (Mt. 26:31-33, 69-75). Esto fue un verdadero quebrantamiento y un trato para Pedro. Pero aún después de tal trato, mientras los discípulos estaban reunidos después de la resurrección del Señor, fue él quien otra vez hizo una sugerencia, y dijo: “Voy a pescar” (Jn. 21:3). El era uno que realmente se ceñía a sí mismo e iba a donde quería (Jn. 21:18).

En el Nuevo Testamento, hay todavía otra persona que representa el yo; esta es Marta. Cada vez que ella es mencionada en los Evangelios, siempre está hablando y dando su opinión. Juan 11 describe claramente sus características: muchas palabras y muchas opiniones. Leemos ahí que su hermano Lázaro murió, y después de cuatro días el Señor Jesús vino. Cuando ella vio al Señor, lo culpó, diciendo: “Si hubieses estado aquí, no habría muerto mi hermano”. Esta era su opinión. Entonces el Señor dijo: “Tu hermano resucitará”. Marta inmediatamente le dijo: “Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día postrero”. Esto fue su explicación de las palabras del Señor según su propia opinión. El Señor le replicó: “Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?” Ella contestó diciendo: “Yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios”. Lo que ella contestó no fue lo que el Señor había preguntado; su comprensión de lo que el Señor había dicho era realmente remota. Después de que dijo esto, a ella no le importó si el Señor había terminado de hablar con ella, regresó a su casa y llamó a su hermana María secretamente, diciendo: “El Maestro está aquí, y te llama”. Esto lo inventó ella misma y tomó la decisión por el Señor. Luego, cuando llegaron a la tumba, y Jesús pidió que quitaran la piedra, Marta ofreció su opinión otra vez, diciendo: “Señor, hiede ya, porque es de cuatro días”. Esta historia revela la opinión y el punto de vista de Marta. Ella tenía muchas opiniones, lo cual indica que su yo era muy fuerte.

En estas narraciones relacionadas con las personas mencionadas, podemos ver claramente que la expresión del yo se da en pensamientos y opiniones humanas. Por lo tanto, una persona que esté llena de ideas y opiniones es una persona que está llena del yo.

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