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jueves, 16 de febrero de 2012

ÚLTIMA ETAPA DEL CRECIMIENTO ESPIRITUAL: PLENITUD DE CRISTO (Primero APRENDER para, tras pasar el Jordán, COMBATIR ).


LA EXPERIENCIA DE VIDA

Witness Lee

LA CUARTA ETAPA — EL CRECIMIENTO PLENO
DE CRISTO EN NOSOTROS


Ahora consideraremos la cuarta etapa de nuestra experiencia espiritual. Esta es la última y la más elevada etapa de nuestra vida espiritual: el crecimiento pleno de Cristo en nosotros.

Después de que hemos pasado por las etapas previas, donde todas nuestras dificultades que se relacionan con el pecado, el mundo, las ofensas en la conciencia, la carne, el yo y la constitución natural han sido ya tratadas y purgadas, no queda nada en nosotros sino Dios. Dios ahora ha ganado un terreno absoluto en nosotros, y todo nuestro ser interior y exterior está completamente lleno del Espíritu Santo. Ahora entramos en la etapa más elevada de la vida, donde Cristo ha crecido completamente y madurado en nosotros. Por eso, hemos llamado a esta etapa más elevada, “el crecimiento pleno de Cristo en nosotros”.

Miremos el tipo de esto en el Antiguo Testamento según se muestra en el relato de la partida de los israelitas de Egipto y su entrada a Canaán. En el principio de su viaje al pasar por el mar Rojo, abandonaron Egipto, la tierra del cautiverio, mientras que Faraón y su ejército fueron sepultados bajo el mar. De ahí en adelante, quedaron despojados del mundo con su poder usurpador. Luego pelearon contra los amalecitas, lo cual que era un tipo de su trato con la carne. Entonces los israelitas vagaron por el desierto cuarenta años. El número cuarenta en la Biblia significa pruebas y aflicciones. Dios les llevó a caminar a través del desierto por cuarenta años, porque El deseaba exponer la perversidad de su carne a través de las pruebas y las aflicciones. Su intención era que la carne fuera tratada exhaustivamente. Nuestra experiencia es la misma. Después de ser bautizados no es suficiente que tratemos con la carne una sola vez; debemos ser tratados en la mano de Dios por meses y años. Algunas veces Dios nos dirige a través del desierto no sólo para que nuestro vivir sea difícil, sino para que aun nuestro espíritu esté seco, deprimido y se sienta miserable. La única razón por la cual esto sucede es que a través de la prueba y la aflicción nuestra carne puede ser tratada.

Cuando los israelitas cumplieron sus días de vagar, Dios los condujo a que pasaran el Jordán, y fueron circuncidados en Gilgal. Por un lado, ellos entraron en la tierra prometida de Canaán de una manera práctica. Por otro lado, ellos estaban frente a las siete naciones de los cananeos, y se requería una guerra para aniquilarlos y establecer el reino de Dios. Esto es figura del hecho de que cuando nuestros días de prueba en el desierto espiritual sean completados y hayamos aprendido a dejar que nuestra carne sea tratada hasta cierto grado, Dios nos guiará a cruzar el Jordán espiritual, donde la carne será completamente quitada (Gilgal significa “quitada rodando”) y echada fuera (Col. 2:11). De ahí en adelante alcanzaremos la esfera celestial de una forma práctica, por lo tanto, heredaremos toda la plenitud de Cristo. Además, es en este tiempo preciso en que tenemos contacto con las huestes de espíritus malignos en los lugares celestiales y comenzamos a tener la experiencia de la batalla espiritual.

Durante toda su jornada los israelitas pasaron a través de dos aguas: el mar Rojo y el río Jordán. El mar Rojo sirvió para enterrar a Faraón y sus ejércitos, mientras que el Jordán sirvió para enterrar a los propios israelitas. Cuando ellos pasaron el Jordán, trajeron doce piedras consigo y dejaron otras doce piedras en el fondo del río. Estos dos conjuntos de doce piedras representan a las doce tribus. Ellas significan que las doce tribus viejas fueron terminadas en el Jordán, y las doce tribus recién nacidas pasaron al otro lado del río para entrar a la tierra prometida. Estas dos aguas por las cuales pasaron tipifican la muerte de Cristo. El agua del mar Rojo es un tipo del aspecto de la muerte de Cristo que termina con el poder del mundo. El agua del Jordán representa el aspecto de la muerte de Cristo que trae nuestro viejo hombre a su fin

Después de que los israelitas pasaron el mar Rojo, ellos sólo pudieron pelear con los amalecitas; no fue sino hasta que pasaron el Jordán que pudieron combatir con las siete naciones de los cananeos. Esto significa que al principio de nuestra vida espiritual, después de nuestro bautismo sólo podemos tener batallas contra la carne (Gá. 5:17). No es sino hasta que nuestra vida espiritual alcanza su clímax, cuando nuestra carne ha sido completamente enterrada y quitada y todas nuestras dificultades internas resueltas, que estaremos aptos para pelear con el enemigo externo y participar en la batalla espiritual.

Nosotros entendemos, a partir de todos estos tipos, que las primeras tres etapas de nuestra vida espiritual han transcurrido antes de que pasemos el Jordán. La cuarta etapa ocurre después que cruzamos el Jordán y entramos en la tierra de Canaán. Todas nuestras dificultades han sido tratadas en el otro lado del río Jordán y dentro del río Jordán. Ahora llegamos a este lado del río para tratar con las dificultades de Dios, para combatir y destruir totalmente a las siete naciones de los cananeos —las potestades del mundo de estas tinieblas y las huestes espirituales de maldad (Ef. 6:12)— las cuales usurpan la tierra prometida de Dios. Por esto, la batalla espiritual debe ser ubicada en la última y más elevada etapa de nuestra vida espiritual. Sólo al pasar por varios tratos y tener nuestros problemas resueltos podemos participar en la batalla espiritual.

Desde otro punto de vista, Dios tiene un doble propósito para todos Sus redimidos: el primero y el más importante es que seamos llenos de Dios mismo y manifestemos Su gloria; segundo, que gobernemos por Dios y tratemos con Su enemigo. Cuando alcancemos el final de la tercera etapa de nuestra vida espiritual, seremos llenos del Espíritu Santo, o sea, de Dios mismo; éste, el primero y más importante propósito de Dios, habrá sido logrado. Es en este tiempo que Dios desea que aprendamos a combatir (distinto de combatir) por El y a tratar con Su enemigo de modo que Su segundo propósito pueda ser logrado en nosotros. Esto (combatir) es lo que experimentaremos en esta cuarta etapa de nuestra vida espiritual.

En esta cuarta etapa, abarcaremos estas cinco experiencias: 1) conocer el Cuerpo, 2) conocer la ascensión, 3) reinar con Cristo, 4) la batalla espiritual o traer el reino de Dios y 5) ser llenos de la estatura de Cristo. Vamos ahora a la primera experiencia de esta etapa, a saber, conocer el Cuerpo.

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