TRADUCTOR-TRANSLATE

lunes, 13 de febrero de 2012

LA MANERA PRÁCTICA DE ENTRAR EN COMUNIÓN, Witness Lee


LA EXPERIENCIA DE VIDA

CAPITULO SIETE

IV. LA OBEDIENCIA A LA ENSEÑANZA DE LA UNCION

Con respecto a la enseñanza de la unción, el Espíritu Santo se ocupa de la unción, y nosotros de la obediencia. Si no hay obediencia, es difícil tener la experiencia de esta lección. Por lo tanto, también consideraremos este asunto de la obediencia.

A. Obedecer la enseñanza de la
unción y andar conforme al Espíritu

A menudo nos referimos a la vida espiritual como a andar según el espíritu, vivir en comunión, o vivir en la presencia de Dios. Estas son varias maneras de expresar lo que es la obediencia a la enseñanza de la unción. Examinemos cada una de estas expresiones en su relación con la enseñanza de la unción.
Ya hemos visto que la enseñanza de la unción es el sentir generado por el mover del Espíritu Santo dentro de nosotros. Por lo tanto, si obedecemos este sentir, estamos andando conforme al espíritu. Si deseamos andar conforme al espíritu, necesitamos obedecer la enseñanza de la unción y vivir en ella. Si podemos obedecer la enseñanza de la unción, entonces, también podemos andar conforme al espíritu. Así que, estas son dos maneras diferentes de expresar la misma cosa.
Si deseamos tener la experiencia de andar conforme al espíritu, necesitamos saber qué es la enseñanza de la unción y qué es el sentir que proviene del mover interno del Espíritu Santo. Necesitamos conocer y vivir en el temor de este sentir. Solamente en este sentir podemos andar conforme al espíritu. Hace veinte años, yo escuchaba a la gente hablar acerca de seguir al Señor. Pero, ¿cómo seguimos al Señor, y qué significa seguir al Señor? En ese tiempo, yo no entendía ni tocaba la realidad del asunto, pero, alabado sea el Señor, ahora ya lo sé. Seguir al Señor significa seguir al Espíritu, lo cual, específicamente, significa obedecer la enseñanza de la unción. No estamos siguiendo al Señor en una forma objetiva y externa, sino en una forma subjetiva e interna. El resplandor de Su rostro y la manifestación de Sí mismo es la unción; mientras la voluntad que El revela en la luz de Su rostro es la enseñanza de la unción. Si obedecemos esta enseñanza, estamos obedeciendo al Señor. Si seguimos esta enseñanza, estamos siguiendo al Señor.

B. Obedecer la enseñanza de la
unción y vivir en comunión

Cuando mencionamos la relación entre la unción y la comunión de vida, vimos que éstos son dos aspectos de una misma cosa y que son inseparables. Como la vida está en el Espíritu Santo, así la comunión de vida se lleva a cabo a través del mover o la unción del Espíritu Santo. Cada aplicación del ungüento nos imparte al Señor por medio de ungirnos y también nos pone en el Señor por medio de ungirnos; así que, esto crea un fluir de vida entre el Señor y nosotros. Por lo tanto, cuando experimentamos la unción, también obtenemos la comunión de vida.
Si nuestra comunión con el Señor se limita solamente a nuestro tiempo de oración privada o nuestra vigilia matutina, es todavía muy superficial. Necesitamos vivir en comunión cada momento y estar en un estrecho contacto con el Señor, aun cuando estemos muy ocupados; entonces nuestra comunión será profunda. A fin de vivir en comunión, debemos vivir en la unción y siempre sentir la unción. Este vivir en la unción es obedecer la enseñanza de la unción. Si obedecemos la enseñanza de la unción constantemente, podemos experimentar constantemente la unción y vivir en comunión. De otra manera, no podemos experimentar la unción y permanecer en comunión.
No es difícil experimentar la unción y obedecer su enseñanza, porque su característica es constante y natural. Al decir natural nos referimos a que automáticamente tenemos la unción sin pedirla, y al decir constante nos referimos a que está siempre disponible. Si obedecemos la enseñanza de la unción, el resultado es comunión constante con el Señor en una manera muy natural; esto es vivir en comunión.
Ahora queremos decir algo breve acerca de la manera práctica de entrar en comunión:
Primeramente, debemos saber que el sentir de la unción es la enseñanza de la unción. Si deseamos entrar en la comunión de vida, o en otras palabras, entrar en la unción, debemos primero entender la enseñanza que proviene del sentir de la unción que está moviéndose dentro de nosotros.
Segundo, debemos cesar todas las actividades externas. Nuestro ser completo debe cesar de toda actividad y movimiento externo, a fin de tornarnos en nuestro interior y poner toda la atención al sentir interno. Si estamos ocupados con actividades externas, es imposible que nos ocupemos del sentir interno de la unción. El punto anterior fue conocer el sentir, mientras que este punto es cuidar del sentir. Todas las obras y las actividades cristianas que tiene algún valor espiritual deben venir de nuestro interior. Primero, debemos tener un incentivo y una dirección interna, entonces trabajaremos y actuaremos de acuerdo a ello. Pero muchos cristianos hasta el día de hoy viven constantemente en actividades externas. Celosos por el Señor, ellos llevan consigo sus Biblias y corren a satisfacer la necesidad externa y a la vez descuidan el sentir interno. Ellos no conocen el sentir que hay dentro de ellos, ni tampoco ponen atención a tal sentir. Como consecuencia, no tienen manera de entrar en comunión. Por consiguiente, si deseamos entrar en comunión debemos cesar todas las actividades externas.
Tercero, debemos tener un tiempo fijo para practicar esta comunión con el Señor. El principiante, aprendiendo a tener comunión con el Señor, debe separar algún tiempo fijo cada día para practicar esta comunión. En este tiempo, no trate de traer muchos puntos de oración (debemos aún cesar de hacer oraciones externas); más bien trate de orar conforme al sentir interno. Durante esta clase de oración, sentimos mayormente nuestros pecados y ofensas y tratamos con ellos debidamente. Más tarde, sentimos mayormente que tenemos que tornarnos al Señor y consagrarnos a El. Entonces espontáneamente buscamos la gracia del Señor; a través de Su provisión de gracia entramos en una comunión más profunda. Finalmente, le sigue la acción de gracias, la alabanza y la adoración. Si practicamos esta comunión diariamente en estos tiempos fijos, nuestro espíritu será fuerte y viviente, haciendo que sea más fácil que toquemos al Señor y que entremos en comunión con El.
Cuarto, debemos practicar la comunión con el Señor en todo tiempo. Después de que pasemos un período considerable practicando la comunión en tiempos específicos, debemos practicar la comunión con el Señor en todo tiempo. Los tiempos designados para tener comunión son posibles al hacer a un lado todas las actividades externas y orar y buscar al Señor con todo el corazón. Es relativamente fácil para nosotros hacer esto. Sin embargo, la comunión continua debe ser mantenida durante todo el día, sea en el trabajo o en el descanso. Tal vez estemos muy ocupados externamente u ocupados con muchos asuntos de negocios; sin embargo, internamente estamos siempre con el Señor, experimentando constante y naturalmente la unción en Su presencia de tal manera que continuamente vivimos en comunión. Este punto es más alto y más difícil de lograr, pero es posible a través de la práctica continua.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Agradecemos cualquier comentario respetuoso y lo agradecemos aún más si no son anónimos. Los comentarios anónimos no serán respondidos.