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jueves, 9 de febrero de 2012

CONSAGRACIÓN: el objetivo es permitir que Dios trabaje en nosotros para que podamos trabajar para El.



Witness Lee

La experiencia de vida

CAPITULO TRES

CONSAGRACION

http://www.librosdelministerio.org/books.cfm?id=%23%28%5C%2F%2E%0A



IV. EL PROPOSITO DE LA CONSAGRACION:
TRABAJAR PARA DIOS

Ya que el significado de la consagración es venir a ser un sacrificio, lo ofrecido es algo que es enteramente para Dios. El propósito de la consagración es, en consecuencia, ser usado por Dios, trabajar para Dios. Pero a fin de que podamos trabajar para Dios, primero debemos permitir que Dios trabaje. Sólo aquellos que han permitido que Dios trabaje primero pueden trabajar para Dios. Sólo podemos trabajar para Dios en el grado que permitamos que Dios trabaje. Si no permitimos que Dios trabaje primero, nuestra labor no puede agradarle ni ser aceptada por El, no importa cuán diligentes y persistentes seamos. Aquellas cosas que hacemos para Dios que le agradan y le placen, nunca pueden ir más allá de lo que le permitamos a El obrar. “Permitir” es la base y “para” es el resultado. Cuando tenemos la base de “permitir” entonces podemos tener el resultado de “para”. Este es un principio inalterable. Por lo tanto, cuando nos consagramos a Dios, a pesar de que ello tiene como fin que trabajemos para El, desde nuestra posición, el énfasis queda en permitir que Dios trabaje. El propósito de la consagración es, entonces, permitir que Dios trabaje a fin de que podamos alcanzar la etapa de poder trabajar para El.

La ofrenda de los sacrificios en el Antiguo Testamento también imparte luz en este asunto. Cuando los bueyes y carneros eran sacrificados y ofrecidos a Dios como holocausto, primero era necesario que Dios hiciera Su trabajo completo sobre ellos, esto es, consumirlos por fuego, si es que iban a serle aceptables y agradables a El. Si los sacrificios no eran consumidos por el fuego, permanecían crudos y mal olientes y nunca podrían ser aceptables y agradables a Dios. Nuestra consagración hoy es semejante. Ya nosotros nos hemos ofrecido, sin embargo, si no permitimos que Dios trabaje primero, sino que salimos a trabajar para El y a servirle directamente, ese trabajo y ese servicio estará crudo, sin temple y mal oliente. Nunca podrá ser aceptado por Dios, y menos aún satisfacerle.

Cuando Nadab y Abiú ofrecieron fuego extraño delante de Jehová, fueron consumidos por Dios como consecuencia de aquello (Lv. 10). Ofrecer fuego extraño es el principio de trabajar directamente para Dios. Cuando alguien que no ha sido tratado por Dios y en quien Dios no ha obrado trata de trabajar para Dios directamente, está ofreciendo fuego extraño. Esto no sólo está crudo, falto de temple, mal oliente y, por lo tanto, inaceptable para Dios, sino que también es peligroso y tiende a meterlo a uno en muchas dificultades en la obra de Dios. Esta es la razón por la cual, por un lado, esperamos ansiosamente que los hermanos y hermanas amen al Señor y se ofrezcan a Dios; pero por otro, estamos realmente temerosos de que cuando las personas amen al Señor y se ofrezcan a El, deseen trabajar directamente para Dios y servirle. Todo este trabajo y servicio es peligroso. Creo que si en nuestro medio hubiera cien hermanos y hermanas, quienes por el amor constreñidor del Señor se consagraran a El, deseando trabajar para El, pero sin permitirle a El obrar primero, estas cien personas se pelearían todos los días. Uno desearía servir al Señor de una manera, y otro de otra. La iglesia, inevitablemente, se dividiría.

Una de las razones principales de que la iglesia esté en confusión hoy, es precisamente ésta. Cada vez que alguien se ofrece a Dios, su propósito es trabajar para Dios; pero él o ignora o pasa por alto permitir que Dios trabaje en él primero. Cuando las personas no aman al Señor o no se consagran a El, parece que todo está en paz; pero cuando hay aquellos que aman al Señor y se consagran a El, deseando trabajar directamente para Dios, surgen muchos problemas y se tiene mucha confusión.

El mismo principio aplica aun a la lectura de la Biblia. Si Dios no ha trabajado en nuestra mente, y ésta permanece en su estado natural, nos es peligroso leer la Biblia. Si lo hacemos, en cada lectura y en cada interpretación permitiremos que nuestra imaginación vuele. Si una persona no es fervorosa en la lectura de la Biblia, el peligro no es tanto; pero una vez que su lectura adquiere este fervor viene a ser desmesurada y extrae de ésta muchas ideas erróneas y extrañas. Su fervor es bueno, pero su lectura indomable es realmente temible.

Es extremadamente peligroso que un hombre entre en contacto directo con las cosas espirituales sin experimentar la obra de Dios. Si deseamos tocar cosas espirituales, ya sea trabajar para Dios, estudiar la Biblia, predicar el evangelio o cuidar de la iglesia, debemos primero permitir que Dios trabaje en nosotros para que podamos ser quebrantados, subyugados y disciplinados por El. Entonces podremos tocar las cosas espirituales y trabajar para Dios; entonces estaremos seguros y no seremos un peligro.

Por esto, debemos ser severos con nosotros mismos y preguntar si nuestra consagración a Dios tiene como fin trabajar para Dios directamente, o permitir que Dios trabaje en nosotros primero. Si no estamos dispuestos a permitir que Dios trabaje en nosotros primero, no podemos alcanzar el objetivo de trabajar para Dios. Por consiguiente, después de nuestra consagración no debemos estar ansiosos por realizar algo para el Señor. Necesitamos permanecer en el altar y permitir que Dios opere en nosotros y nos consuma. El resultado de este trabajo que consume, nos capacitará para trabajar para el Señor. Esta consagración, es decir, este servicio, está maduro y resucitado; es aceptable a Dios y le satisface

En conclusión, el objetivo de la consagración es permitir que Dios trabaje en nosotros para que podamos trabajar para El.


(ADMINISTRADOR: Trabajar para Dios directamente, sin estar transformado es ofrecer "fuego extraño". Ir a "trabajar para Dios" sin estar preparados es ofrecer obras muertas, separadas de Dios).

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