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martes, 14 de febrero de 2012

TRATANDO CON LA CARNE



CAPITULO NUEVE

TRATAR CON LA CARNE

La primera experiencia de la tercera etapa de nuestra vida espiritual es tratar con la carne mediante la Cruz. Como hemos mencionado antes, tratar con el pecado se puede comparar con quitar la suciedad de una camisa; tratar con el mundo, con decolorar el estampado de la camisa; y tratar con la conciencia, con quitar las diminutas bacterias de la camisa. De esta manera, la camisa queda completamente limpia. Desde el punto de vista humano, es suficiente ser tratado hasta ese grado. Sin embargo, no es así para Dios. Dios aún tiene que cortar la camisa en pedazos con un cuchillo. Esto es tratar con la carne. A pesar de que esto parece irrazonable, es real en nuestra experiencia espiritual. Después de que hemos tratado con el pecado, el mundo y la conciencia parece que toda la inmundicia externa ha sido tratada. Pero si el Señor nos ilumina, descubriremos que la más grande dificultad que la vida de Dios encuentra en nosotros es nuestra vida natural, nuestro propio ser. A pesar de que tratamos con la injusticia, la impiedad y todos los sentimientos de la conciencia, todavía vivimos por nuestra vida natural, no por la vida de Dios; todavía vivimos en nosotros mismos, no en el Espíritu Santo. Por lo tanto, todavía vivimos por el alma, no por el espíritu. Si queremos ser librados de esta clase de dificultad, el único camino de salvación es la Cruz. Solamente cuando aceptemos que la Cruz quebrante nuestra vida natural, la vida de Dios se manifestará y rebosará. Únicamente cuando nos demos muerte, dejaremos que el Espíritu Santo haga la obra de vivificar dentro de nosotros. Cuando los israelitas pasaron el Jordán, su vagar en el desierto llegó a un fin; ellos entraron en la esfera de la nueva vida. Así que, ellos estaban capacitados para disfrutar el producto de la Tierra de Canaán, para pelear por Dios y para introducir el Reino. El paso de los israelitas por el Jordán representa nuestra experiencia de la muerte de Cristo para que podamos ser librados de la carne y podamos entrar en las riquezas de la vida de Dios. Si recibimos la misericordia de Dios y seguimos adelante fielmente en el camino de la vida, también experimentaremos completamente el darle muerte a nuestra carne mediante la Cruz y el ser conformados a Su muerte. Solamente cuando experimentemos la liberación de darle muerte a nuestra carne mediante la Cruz, seremos librados de la esfera de la desolación y fracasos, y entraremos así en las riquezas y el descanso de Cristo, y viviremos en la esfera celestial para pelear por Dios y traer el Reino de Dios. Por eso, la experiencia de la etapa del trato mediante la Cruz es un punto crucial y muy importante. Bienaventurados son aquellos que pueden experimentarlo en una manera completa y cabal, porque están cerca de la madurez en su vida espiritual, y Cristo crecerá y será formado en ellos.

I. BASE BÍBLICA

A. Romanos 8:7-8 dice: “Por cuanto la mente puesta en la carne es enemistad contra Dios; porque no se sujeta a la ley de Dios, ni tampoco puede; y los que están en la carne no pueden agradar a Dios. Esto habla de la condición de enemistad que tiene la carne hacia Dios. Una persona carnal nunca puede agradar a Dios ni ser aceptado por Él.

B. Romanos 6:6 dice: “Sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con El para que el cuerpo de pecado sea anulado, a fin de que no sirvamos más al pecado como esclavos”. El viejo hombre se refiere a la carne cuando no es expresada. Este pasaje revela que nuestro viejo hombre, o nuestra carne, ha sido crucificado con Cristo, y que es un hecho que fue logrado hace mucho tiempo.

C. Gálatas 5:24 dice: “Pero los que son de Cristo Jesús han crucificado la carne con sus pasiones y deseos”. A los ojos de Dios, el asunto de la carne es también un problema que se resolvió hace mucho tiempo. Por consiguiente, no debemos vivir más por la carne.

D. Romanos 8:13 dice: “Porque si vivís conforme a la carne, habréis de morir; mas si por el Espíritu hacéis morir los hábitos del cuerpo, viviréis”. Esto nos dice que necesitamos dar muerte por el Espíritu a las obras del cuerpo y experimentar así el trato de la Cruz en una manera práctica.

II. LA DEFINICIÓN DE LA CARNE

En la Biblia podemos encontrar por lo menos tres definiciones de la carne.

A. El cuerpo corrupto

En la Biblia la primera definición de la carne es nuestro cuerpo corrupto. Cuando Dios creó al hombre, éste tenía solamente el cuerpo físico, no la carne. En ese entonces, no había pecado ni concupiscencia en el cuerpo humano; era simplemente un cuerpo creado. Sin embargo, cuando Satanás indujo al hombre a comer del fruto del Árbol de la Ciencia del Bien y del Mal, entonces Satanás y su vida pecaminosa, la cual estaba tipificada por el fruto, entró en el cuerpo humano, haciendo que el cuerpo humano fuese transmutado y corrompido y así llegara a ser la carne. Por lo tanto hoy la carne humana, la cual tiene pecado, concupiscencia y muchos otros elementos impuros de Satanás dentro de ella, es mucho más complicada que el cuerpo humano original.

Podemos fácilmente encontrar base bíblica para mostrar que la carne es el cuerpo corrupto. Por ejemplo, Romanos 6:6 menciona “el cuerpo de pecado”, el cual es el cuerpo pecaminoso. Romanos 7:24 menciona “el cuerpo de muerte”, lo cual significa el cuerpo muerto. Este cuerpo pecaminoso y muerto se refiere al cuerpo corrupto, o sea la carne. El pecado y la muerte son las características de la vida de Satanás. Nuestro cuerpo, el cual tiene pecado y muerte, ha llegado a ser la carne. En consecuencia, Romanos 7:18 dice: “En mi carne no mora el bien”; de nuevo, el versículo 20 dice: “El pecado que mora en ; y de nuevo, el versículo 21 dice: “el mal está conmigo. Estos versículos nos dicen que “el pecado” o “el mal” que está dentro de nosotros está en nuestra carne. Luego el versículo 23, el cual menciona “la ley del pecado que está en mis miembros”, muestra en una forma más práctica que la Ley de Pecado está en los miembros del cuerpo. Esto revela que nuestro cuerpo, habiendo sido mezclado con el veneno satánico, es corrupto.

Gálatas 5:19-21 enumera las manifestaciones de la carne, tales como fornicación, inmundicia, lascivia, etc., las cuales emanan de nuestro cuerpo corrupto; por lo tanto, la primera definición de la carne es nuestro cuerpo corrupto.

B. El hombre caído en su totalidad

La segunda definición de la carne en la Biblia es todo nuestro ser caído. Romanos 3:20 dice: “Ya que por las obras de la ley ninguna carne será justificada delante de El”. Gálatas 2:16 establece que “el hombre no es justificado por las obras de la ley”. En estos dos pasajes vemos que la “carne” y el “hombre” son equivalentes. A los ojos de Dios, el hombre no solamente tiene la carne, sino que él mismo es carne.

¿De qué manera cayó el hombre y vino a ser carne? Inmediatamente después de que el hombre fue creado, su cuerpo estaba en sujeción al alma, la cual, a su vez, estaba en sujeción al espíritu. Por un lado, el hombre tenía comunión con Dios por el espíritu y entendía la voluntad de Dios; por otro lado, él ejercitaba su espíritu para poner todo su ser bajo sujeción a la voluntad de Dios. Por consiguiente, en ese entonces, el hombre vivía por el espíritu y era controlado por el espíritu. Cuando el hombre fue inducido por Satanás a comer del árbol del conocimiento del bien y del mal, el hombre cayó del espíritu y no vivió más por el espíritu. Mientras tanto, el cuerpo humano, habiendo sido envenenado por Satanás vino a ser carne. Este fue el primer paso de la caída humana. Luego, Caín pecó y cayó, de manera que fue rechazado por Dios porque le sirvió de acuerdo a su propio deleite y opinión. Así que, el hombre cayó completamente a la esfera del alma; él vivió por el alma y llegó a ser un hombre centrado en el alma. Después de Caín, el hombre cayó aún más bajo y pecó más violentamente. Como resultado, el espíritu del hombre se debilitó, y su carne se hizo más y más fuerte hasta que usurpó el lugar del espíritu para controlar el ser completo. De esta manera, el hombre cayó completamente en la carne y vivió por ella. Por eso, antes del diluvio, Dios dijo que el hombre “es carne” (Gn. 6:3). Luego, de nuevo Él dijo que “toda carne había corrompido su camino sobre la tierra” (Gn. 6:12). En ese momento, a los ojos de Dios, el hombre no era solamente de la carne, sino que era la carne misma. Así como los que son malignos son la carne, también los que son buenos son la carne. Así como los que odian son la carne, también los que aman son la carne. Toda la gente de este mundo es carne. Por lo tanto, en la Biblia, la carne se refiere también al ser humano caído en su totalidad.


C. El aspecto bueno del hombre

Usualmente cuando mencionamos la carne, pensamos que la carne es corrupta y maligna, tal como se menciona en Gálatas 5:19-21. Pero la Biblia nos muestra que la carne tiene no sólo un lado maligno, sino también un lado bueno. La carne buena desea hacer el bien, y adorar y servir a Dios. En Filipenses 3:3-6 Pablo indicó que había algunos que adoraban a Dios en la carne, y se jactaban en la carne. La carne allí indudablemente se refiere a la carne en su lado bueno, porque por ella el hombre adora a Dios y por ella el hombre se jacta.

¿Por qué hay un lado bueno del hombre, o sea, de la carne? Porque a pesar de que somos aquellos que cayeron tan bajo, todavía tenemos algo del elemento bueno, el cual fue originalmente creado por Dios. Por lo tanto, a menudo queremos hacer el bien y servir a Dios. Pero, después de todo, el hombre o la carne en su lado bueno es débil y no tiene poder, pues deseando hacer el bien o servir a Dios, no puede hacer ni lo uno ni lo otro. A los ojos de Dios, nosotros los hombres caídos, controlados por la carne, llegamos a ser completamente carne. Todo lo que se origina en nosotros, sea bueno o malo, es de la carne y no agrada a Dios. Por eso, no sólo nuestro mal genio, odio, o cualquier cosa en contra de Dios que se origina en nosotros proviene de la carne; también la gentileza, el amor y aun el servicio a Dios que se originan en nosotros son también de la carne. Todo lo que se origina en nosotros, sea bueno o malo, es de la carne. Tenemos que saber qué es la carne a ese grado; entonces habremos entendido verdaderamente el significado de la carne. Por lo tanto, en la Biblia, la carne también denota el lado bueno del hombre.

III. LA POSICIÓN QUE TIENE LA CARNE ANTE DIOS


C. Dios está determinado a erradicar la carne

En el Antiguo Testamento Dios hizo una cosa específica para expresar Su actitud hacia la carne: El estableció la circuncisión. El primer hombre a quien Dios mandó que se circuncidara fue Abraham (Gn. 17). Dios prometió a Abraham que sus descendientes serían como las estrellas de los cielos y como la arena del mar. Pero como Dios se demoraba en el cumplimiento de Su promesa, Abraham tomó a Agar por esposa, y ésta dio a luz a Ismael. Así que, él usó la fuerza de su carne para cumplir la promesa de Dios. Dios no se agradó de él, y por trece años Dios estuvo oculto a sus ojos. Luego, cuando Abraham era de noventa y nueve años de edad, Dios se le apareció otra vez (Gn. 16:15; 17:1). En esa ocasión Dios le mandó que él y todos los que le pertenecían fuesen circuncidados. Esto significa que Dios quería que la carne fuera erradicada, de manera que en lo sucesivo ellos no servirían a Dios en la carne.

La segunda vez que la circuncisión es mencionada en la Biblia es en Éxodo 4. Así como Moisés respondió al llamado de Dios para liberar a los israelitas de Egipto, Dios lo encontró en el camino y procuró matarle, porque sus dos hijos no habían sido circuncidados. En consecuencia, Séfora, la esposa de Moisés, circuncidó a su hijo. En esto vemos que si el hombre desea servir a Dios, él primero debe erradicar la carne; de otra manera, aun si dejara todo por Dios, nunca podría agradarle.

El tercer caso de circuncisión ocurrió en Gilgal, después de que los israelitas pasaron el Jordán (Jos. 4—5). En el día de la Pascua, los israelitas sepultaron sus pecados bajo la sangre del cordero. Cuando salieron de Egipto, sepultaron a su enemigo, los ejércitos de Egipto, en las aguas del mar Rojo. Cuando entraron a Canaán, ellos sepultaron su yo, o la carne, en las aguas del Jordán. En otras palabras, ellos trataron con sus pecados en la Pascua y con el mundo en el mar Rojo, pero antes del Jordán nunca habían tratado con su carne. Por lo tanto, ellos vagaron por cuarenta años en el desierto hasta que pasaron el Jordán, donde fueron tratados los israelitas de la vieja creación, esto es, la carne. Cuando ellos pasaron el Jordán, juntaron doce piedras del fondo del río y las cargaron hasta el otro lado del río; ellos también pusieron otras doce piedras en medio del Jordán. Esto significa que su viejo hombre fue sepultado bajo el río y que fue el nuevo Israel el que entró a Canaán. En consecuencia, una vez que ellos pasaron el Jordán, fueron formalmente circuncidados y se quitaron su carne. De ahí en adelante, pudieron pelear por Dios y traer Su reino.

Más aún, el Nuevo Testamento menciona la circuncisión para los cristianos. Colosenses 2:11 dice: “En El también fuisteis circuncidados con circuncisión no hecha a mano, al despojaros del cuerpo carnal, en la circuncisión de Cristo”. Esto revela aún más y con mayor claridad, que el significado espiritual de la circuncisión es echar fuera la carne. La circuncisión, una señal del Pacto de Dios con Su pueblo, significa que Dios desea que Su pueblo se despoje de la carne y viva en Su presencia.

D. La conclusión de la Biblia acerca de la carne

Romanos 8:8 dice: “Y los que están en la carne no pueden agradar a Dios. La Biblia habla mucho acerca de la carne y en este pasaje afirma finalmente que la carne no puede agradar a Dios. Si el hombre pertenece a la carne, pone su mente en la carne y vive por la carne, nada de lo que haga, sea bueno o malo, puede agradar a Dios.

E. La posición correcta de la carne

Gálatas 5:24 dice: “Pero los que son de Cristo Jesús han crucificado la carne con sus pasiones y deseos”. La posición correcta de la carne es estar en la Cruz. Delante de Dios la consecuencia final de estar en la carne es muerte. ¡El veredicto de Dios sobre la carne es que se le debe dar muerte! Solamente cuando se le da muerte a la carne, Dios puede tener Su lugar correspondiente y hacer Su voluntad en el hombre.

Al estudiar los cinco puntos anteriores, nos damos cuenta de cómo toda la Biblia prueba que la carne es abominable delante de Dios, y que Dios la destruirá para siempre. La principal razón por la cual Dios aborrece profundamente la carne es que Satanás vive en la carne. La carne es el campo del enemigo de Dios y la más grande base de operaciones para su obra. Podemos decir que toda la obra de Satanás en el hombre es lograda por medio de la carne. Y toda su obra a través de la carne destruye el plan y la meta de Dios. Por eso, podemos decir que Dios odia la carne de la misma manera que El odia a Satanás y que El quiere destruir la carne de la misma manera que quiere destruir a Satanás. Dios y la carne nunca pueden habitar juntos.

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