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martes, 14 de febrero de 2012

PASOS PARA CONOCER LA VOLUNTAD DE DIOS


CAPITULO OCHO

CONOCER LA VOLUNTAD DE DIOS


IV. PASOS PARA CONOCER LA VOLUNTAD DE DIOS

Hemos visto la definición de la voluntad de Dios y los medios a través de los cuales Dios revela Su voluntad. Ahora consideraremos el camino o el procedimiento que nos lleva a conocer la voluntad de Dios. En otras palabras, ¿cómo podemos entender la voluntad de Dios? Hablaremos de lo relacionado con este camino por medio de dar los ocho pasos siguientes.

A. Presentarse como sacrificio

El primer paso es presentarnos como sacrificio.
Los primeros dos versículos de Romanos 12 revelan la manera más clara para conocer la voluntad de Dios: “Así que, hermanos, os ruego por las compasiones de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios ... para que comprobéis cuál sea la voluntad de Dios: lo bueno, lo agradable y lo perfecto”. Aquí, el presentar nuestros cuerpos y el conocer Su voluntad están unidos en un pasaje, puesto que presentarnos como sacrificio es la condición primordial para conocer la voluntad de Dios. Cuando un hombre se presenta como sacrificio, viene a estar calificado y tiene la base para conocer la voluntad de Dios.
¿Por qué tiene un hombre que presentarse como sacrificio para conocer la voluntad de Dios? Cuando un hombre no se ha presentado aún como sacrificio, él mismo es el centro de su vida y se ama a sí misma; aun su menor esfuerzo de proseguir en la esfera espiritual tiene como fin su propio placer y disfrute, o su recompensa futura. Sin embargo, no tiene interés en lo que Dios desea hacer en este universo y nunca se pregunta con respecto al propósito de la salvación que Dios le ha dado. Aparentemente, parece estar buscando la voluntad de Dios, pero de hecho está deseando que la voluntad de Dios lo satisfaga a él mismo. Cuando se enferma, le pregunta a Dios si debe ir a un doctor, porque cree que si su ida al doctor es la voluntad de Dios, él será sano de su enfermedad rápidamente. Antes de ir a un viaje de negocios, le pregunta a Dios si debe ir, porque cree que si el viaje es la voluntad de Dios, será bendecido y todo le irá bien. Estas personas sólo pueden entender su propia voluntad y no la voluntad de Dios; mucho menos pueden ellos comprender la voluntad elevada y eterna de Dios. Por lo tanto, si alguien desea conocer la voluntad de Dios, debe ponerse él y todo lo suyo en el altar como un sacrificio consagrado a Dios. El no hace las cosas para sí mismo, sino para Dios. El pone a un lado su propia profesión y entra en la economía de Dios. De esta manera le es posible conocer la voluntad de Dios. El altar es el único lugar y el único terreno sobre el cual el hombre puede comprender la voluntad de Dios.
Nuestra experiencia de seguir al Señor incluye dos etapas diferentes de consagración. En la primera etapa, la consagración es usualmente el resultado de ser tocados y constreñidos por el amor del Señor. En cuanto a la emoción, esta clase de consagración es correcta y aceptable para el Señor, pero en cuanto a la consagración misma, es insuficiente. Ya que la consagración en esta primera etapa es mayormente un asunto de la emoción, cambia de acuerdo a nuestro estado de ánimo. Así que, no es confiable ni estable.
Sólo después de cierto período de tiempo, cuando nuestra vida haya crecido, nuestro espíritu sea iluminado, y nuestra visión sea ensanchada, veremos gradualmente el plan de Dios en este universo y reconoceremos la obra de Dios en esta edad. Entonces, espontáneamente, tendremos una consagración más profunda por medio de ponernos en Su plan y de laborar de manera que se satisfaga Su necesidad y que contestemos Su llamado para esta edad. Esta es la segunda etapa de la consagración; es más profunda y más alta que la primera. Va más allá de nuestras emociones y nos introduce en la realidad de la consagración. Si deseamos comprender la voluntad de Dios, necesitamos esta clase de consagración profunda. El hombre tiene que ver la necesidad de Dios con respecto a Su plan y obra, y consagrarse a Dios; entonces tiene la base para comprender la voluntad de Dios.
Esta es la clase de consagración de la cual habla Romanos 12, esto es, presentar nuestros cuerpos a Dios. Este es el lado práctico de la consagración. Puesto que nuestro ser existe en el cuerpo, debemos presentar nuestro cuerpo a fin de que todo nuestro ser pueda ser dado a Dios en una manera práctica. Mucha gente tiene un corazón para consagrarse, pero debido a que su cuerpo físico no ha sido ofrecido, su consagración es inútil. La verdadera consagración significa que nuestro cuerpo ha sido presentado; no es un mero deseo ni un sometimiento verbal, sino una entrega total y práctica de nuestro ser a Dios.
El propósito de presentar nuestro cuerpo es convertirlo en un sacrificio vivo. Por el lado negativo, esto significa ser cortados de todas nuestras actividades pasadas. Por ejemplo, en el Antiguo Testamento, antes de que un buey fuera ofrecido como sacrificio, estaba en su propio lugar y actuaba de acuerdo a su deseo. Una vez que era puesto en el altar, no se movía más por su propio deseo, y sus actividades cesaban. El principio es idéntico cuando nos convertimos en un sacrificio vivo. Antes de estar consagrados a Dios, éramos como un buey o una oveja salvaje que vive en los bosques de las montañas; actuábamos completamente por nuestro propio deseo. Sólo cuando nos convertimos en un sacrificio vivo para Dios, cesamos de nuestras propias actividades para esperar el mandato de Dios.
El significado positivo de ser un sacrificio vivo es vivir para Dios y ser usado por Dios. Una vez que el animal para sacrificio en el Antiguo Testamento se convertía en un sacrificio, era degollado y luego completamente quemado. Podemos decir que era un sacrificio muerto. Sin embargo, en nuestro caso, después de que nos consagramos, aún estamos vivos; somos un sacrificio vivo. La diferencia es que en el pasado vivíamos para nosotros mismos, pero ahora vivimos para Dios. Antes procurábamos nuestro propio beneficio, ahora buscamos Su placer. Anteriormente, estábamos interesados en nuestros propios asuntos; ahora nuestra preocupación tiene que ver con la obra de Dios.
Si una persona se consagra como sacrificio vivo, y vive para Dios, entonces Dios se place en revelarle Su voluntad a fin de que pueda entenderla.

B. Negar el yo El segundo paso en el camino de conocer la voluntad de Dios es negar el yo

Los dos pasajes más importantes relacionados con conocer la voluntad de Dios son Romanos 12 y Mateo 16. El primero habla de la relación entre ser un sacrificio y entender la voluntad de Dios; el último habla de la relación entre la voluntad de Dios y la negación del yo. Al ser un sacrificio se resuelve el problema de vivirpara nosotros mismos. Al negar el yo se resuelve el problema de vivir conforme a nosotros mismos. Si somos meramente un sacrificio y no nos hemos negado a nosotros mismos, aun cuando estamos viviendo para Dios, todavía vivimos de acuerdo a nuestras propias opiniones e ideas. Como tales, no podemos entender Su voluntad. Por consiguiente, la negación del yo es también un requisito básico para conocer la voluntad de Dios.
Mateo 16:21-24 revela tres secciones relacionadas con la negación del yo. La primera consta de los versículos 21 y 22, donde el Señor les mostró a los discípulos que El tenía que ir a la cruz y morir. Pedro reprendió al Señor, diciendo: “Señor ten compasión de ti; en ninguna manera esto te acontezca”. Pedro quiso decir que el Señor debía tener compasión de Sí mismo y no aceptar la cruz. El Señor mencionó la cruz pero Pedro mencionó el yo. Estos dos son contrarios el uno al otro. La aceptación de la cruz significa la aniquilación del yo. Siempre que nos compadecemos a nosotros mismos, abandonamos la cruz.
Por eso, en la segunda sección el Señor reprendió a Pedro y le dijo, “¡Quítate de delante de mí, Satanás!; me eres tropiezo, porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres” (v. 23). Las “cosas de Dios” significa la voluntad de Dios. Esta reprensión contiene por lo menos dos explicaciones: Primero, si nos compadecemos de nosotros mismos, abandonando la cruz, esto es sin duda la obra de Satanás en nosotros. Satanás hace que el hombre se compadezca de sí mismo y rechace la cruz. Segundo, el Señor expuso dos cosas que se contradicen: la voluntad de Dios y el pensamiento del hombre. Puesto que la reprensión del Señor viene después de los versículos anteriores, la voluntad de Dios significa la cruz, y el pensamiento del hombre significa el yo. Cuando el hombre acepta la sugerencia de Satanás, se compadece de sí mismo y rechaza la cruz, el resultado es que no piensa en las cosas de Dios, sino en las cosas de los hombres.
Así que, el Señor concluye en la tercera sección: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame” (v. 24). Aquí, otra vez el Señor recalca la oposición entre el yo y la cruz. Si deseamos seguir al Señor y obedecer Su voluntad, debemos por un lado negarnos a nosotros mismos y no pensar en las cosas del hombre, y por otro lado llevar la cruz y pensar en las cosas de Dios.
En Mateo 16, “el yo” indica las cosas del hombre. Las cosas del hombre incluyen varias clases de ideas, puntos de vista, percepciones y opiniones. Cuando el hombre toca nuestras ideas, puntos de vista, percepciones y opiniones, toca nuestro “yo”.
Nuestro ser natural está lleno del yo con sus ideas y opiniones. Aunque amemos al Señor celosamente y consagremos nuestro todo al Señor para servirle, todavía estamos llenos de nuestras propias ideas y opiniones. Siempre queremos hacer esto y aquello para el Señor; nunca cesamos de inquirir qué desea El que hagamos y cómo hacerlo. El concepto humano es que es bueno servir celosamente al Señor, pero según Mateo 16 esta clase de celo puede originarse en Satanás. Cuando Pedro tomó al Señor aparte y le dijo: “Señor, ten compasión de ti”, no se estaba oponiendo, sino amando al Señor. Sin embargo, la reprensión del Señor expuso que ésta era la inyección de Satanás. Cuando el hombre sirve a Dios por medio de su propio celo, es horrible y abominable ante los ojos de Dios. Debido a que Satanás se esconde dentro del hombre, la voluntad del hombre es siempre enemiga de la voluntad de Dios. Cuando él vive en sí mismo y hace algo para Dios según su propia idea y opinión, le es absolutamente imposible entender la voluntad de Dios.
Una vez más, la Palabra del Señor nos muestra que la voluntad de Dios y la voluntad del hombre siempre se contradicen la una a la otra. La voluntad del hombre es su yo, y la voluntad de Dios es la cruz. Cada vez que la voluntad de Dios es revelada al hombre, es como la cruz que da muerte al hombre. La voluntad de Dios mata principalmente el yo en el hombre. Mata las ideas, los puntos de vista, las percepciones, y las opiniones del hombre. Por consiguiente, la voluntad de Dios y el yo del hombre son siempre contrarios el uno del otro. Si estamos en nuestro yo, estamos fuera de la voluntad de Dios. Es imposible tener Su voluntad y mantener el yo. Cada vez que aceptamos la voluntad de Dios, esto mata el yo. Si nos paramos sobre la base de muerte aceptando la cruz, comprenderemos la voluntad de Dios. Todos los que no aceptan, o no están dispuestos a aceptar, la muerte de la cruz, no pueden entender ni recibir la voluntad de Dios.
La señorita M. E. Barber, quien sirvió al Señor en China, dijo que si uno está dispuesto a negarse a sí mismo y a rechazar su yo, ya ha transitado el noventa y nueve por ciento del sendero de conocer la voluntad de Dios, y el uno por ciento que falta es sólo conocerlo. Esto ha sido verificado en nuestra experiencia. Fuera de negar el yo, no hay ninguna otra manera de que comprendamos la voluntad de Dios.

C. Tratar con el corazón

Los requisitos básicos para conocer la voluntad de Dios son: (1) presentarnos como sacrificio, y (2) negarnos a nosotros mismos. El próximo paso es tratar con el corazón. Aunque este paso no es tan básico como los primeros dos requisitos, de todos modos es muy importante en cuanto a conocer la voluntad de Dios.
Como se dijo anteriormente, el corazón, el espíritu y la mente son órganos para que conozcamos la voluntad de Dios. La condición del corazón, ya sea que apunte en la dirección correcta o que esté ocupada con varias complicaciones, determina vitalmente nuestro conocimiento de la voluntad de Dios.
Las cuatro citas siguientes de las Escrituras muestran claramente la relación entre el corazón y el conocimiento de la voluntad de Dios, y especialmente la importancia de tratar con nuestros corazones.
1. 2 Corintios 3:16: “Pero cuando su corazón se vuelve al Señor, el velo es quitado”. Si nuestro corazón no se vuelve al Señor, se convierte en un velo que nos cubre y nos impide ver la luz; así que, no tenemos manera de conocer la voluntad de Dios. Cuando nuestro corazón no se ha vuelto al Señor, no podemos ver. Pero cuando volvemos nuestro corazón al Señor, podemos ver. Por tanto, es necesario que nuestro corazón se vuelva absolutamente a Dios.
2. 2 Corintios 11:3: “Pero temo que ... se corrompan vuestros pensamientos, apartándoos de alguna manera de la sencillez y pureza para con Cristo”. La falta de sencillez y pureza significa que estamos corrompidos y que tenemos otra meta fuera de Dios. Dios solo debe ser nuestra meta. Una vez que prestamos más atención a otras personas, asuntos y actividades, inmediatamente nuestro corazón se corrompe y, por ende, pierde su sencillez y pureza. Como consecuencia, no podemos entender la voluntad de Dios. Otra vez se nos dice que nuestro corazón tiene que estar absolutamente vuelto hacia Dios.
3. Mateo 6:21-23: “Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón. La lámpara del cuerpo es el ojo; así que, si tu ojo es bueno, todo tu cuerpo estará lleno de luz; pero si tu ojo es maligno, todo tu cuerpo estará en tinieblas. Así que, si la luz que en ti hay es tinieblas, ¿cuántas no serán las mismas tinieblas”? Estos versículos mencionan primero el asunto de nuestro corazón interesado en el tesoro; luego siguen la luz y las tinieblas que tienen que ver con el ojo. Si nuestro corazón está fijo en Dios, nuestra visión será clara; si nuestro corazón está puesto en otros asuntos, nuestro ojo será maligno y no podrá ver la voluntad de Dios. Aquí, nuevamente se nos exhorta a que tengamos un corazón absolutamente vuelto hacia Dios.
4. Mateo 5:8: “Bienaventurados los de puro corazón: porque ellos verán a Dios”. Los de puro corazón son los que no tienen mezcla en su corazón. Su corazón es sencillo y puro, y no desean otra cosa sino a Dios. Mucha gente busca y desea muchas cosas aparte de Dios mismo. Por consiguiente, por carecer de un corazón puro, no pueden ver a Dios ni entender Su voluntad. Por medio de esto podemos ver que nuestro corazón tiene que estar totalmente vuelto a Dios y no desear nada sino a El.
Estos cuatro pasajes muestran que la relación entre el corazón y conocer la voluntad de Dios está determinada por la condición del corazón, es decir, si está absolutamente vuelto hacia Dios. Así como la brújula, no importa los cambios que haya en el ambiente, siempre apunta hacia el norte, así también nuestro corazón debe volverse siempre hacia Dios y tomar a Dios como su meta. De esta manera, podemos comprender la voluntad de Dios. Lamentamos, sin embargo, que haya muy pocos hijos de Dios cuyos corazones están absolutamente vueltos hacia El. Los corazones de la mayoría están vueltos a la izquierda o la derecha; nunca están absolutamente vueltos hacia Dios en sencillez. Estas personas, no sólo no ven a Dios, sino que su consagración y negación del yo son un problema. Puesto que su corazón no está correcto para con Dios, su consagración está llena de reservas, y su yo retiene obstinadamente sus propias ideas y opiniones. Por eso, les es imposible entender la voluntad de Dios.
Tratar con el corazón, aunque no es tan básico como la consagración y la negación del yo, es sin embargo, muy delicado y profundo. Debemos traer todos los detalles y áreas escondidas de nuestro corazón a la luz de Dios, permitiendo que el Espíritu Santo nos examine y nos corrija hasta que nuestro corazón sea completamente dirigido hacia Dios, y desee y escoja solamente a Dios.

D. El ejercicio del espíritu

Una vez que nuestro corazón tiene a Dios como su meta, podemos tocar la voluntad de Dios en una manera práctica. En este momento debemos ejercitar nuestro espíritu. Debido a que Dios y Su voluntad son inseparables, y puesto que Dios mora como el Espíritu Santo en nuestro espíritu, nuestra primera práctica en comprender la voluntad de Dios debe ser el ejercicio de nuestro espíritu para tocar el sentir del Espíritu Santo en las profundidades de nuestro espíritu. Bajo condiciones normales este sentir de nuestro espíritu es la voluntad de Dios.
Sin embargo, nuestro problema no es sólo que nuestro corazón no es absoluto, sino también que nuestro espíritu es demasiado débil. Un corazón que no es absoluto hace que nos confundamos y no tengamos claridad acerca de la voluntad de Dios. Un espíritu débil hace que estemos aturdidos y embotados en cuanto a conocer la voluntad de Dios. Esta es la razón por la cual cuando la voluntad de Dios nos es revelada, estamos frecuentemente inconscientes de ello.
Por lo tanto, para conocer la voluntad de Dios nuestro espíritu debe ser fortalecido por medio de la práctica de ejercitarlo constantemente. La mejor forma de hacer esto es tener mucha comunión y oración con el Señor. Si podemos apartar una hora al día para entrar en la cámara secreta para orar y tener comunión con el Señor, después de cierto período de tiempo, nuestro espíritu estará, ciertamente, más fortalecido y será muy sensitivo.
Además de apartar cierto tiempo para orar y tener comunión con el Señor, necesitamos ejercitar nuestro espíritu en todos los asuntos de nuestro diario vivir. Por un lado, necesitamos negarnos a nosotros mismos para percibir el sentir del Espíritu Santo; por otro lado, necesitamos andar en obediencia a este sentir. Por ejemplo, si alguien hablara de negocios con nosotros, nuestra disposición natural expresaría inmediatamente nuestro propio sentir y opinión. Sin embargo, si ejercitamos nuestro espíritu para rechazar nuestro sentir y opinión, y buscamos lo que piensa Dios en nuestro espíritu, tocaremos el sentir de Dios con respecto a este mismo asunto. Una vez que obtengamos este sentir y tengamos claridad acerca de lo que Dios quiere, hablaremos y actuaremos de acuerdo con este sentir. No emplearemos artimañas ni astucia, sino que meramente nos conduciremos de una forma veraz conforme al espíritu. Como resultado, tal ejercicio de nuestro espíritu nos llevará a tener un espíritu fortalecido y más sensible. Así pues, conocer la voluntad de Dios no es difícil.

E. Entrenar la mente

Después de haber tenido contacto con Dios y de haber obtenido el sentir de nuestro espíritu, todavía necesitamos nuestra mente para interpretar y comprender Su voluntad de forma práctica. De lo contrario, el sentir de nuestro espíritu es sólo una carga desconocida, y no tiene significado para nuestro entendimiento. En consecuencia, no conoceremos la voluntad de Dios. Por ejemplo, si escuchamos un discurso dado en un idioma que no conocemos, escuchamos la voz, pero si nuestra mente tiene poco entrenamiento en ese idioma, no podemos ni interpretar el significado ni entender la intención del orador. Así que, la interpretación por medio de la mente es un factor indispensable en el entendimiento de la voluntad de Dios. Si nuestra mente no ha sido entrenada en las cosas espirituales, no tendremos acceso a esta esfera, ni tendremos manera de entender la voluntad de Dios.
Es lamentable que en muchos hermanos y hermanas exista una enorme carencia de entrenamiento de la mente en la esfera espiritual. Algunos hermanos, cuando están prediciendo las fluctuaciones del mercado de valores y calculando las ganancias y las pérdidas, tienen mentes muy diestras. Además, algunas hermanas, cuando charlan con sus vecinas, muestran una mente muy activa. Pero cuando se sientan en una reunión y escuchan un mensaje, son incapaces de entenderlo. No es que no estén dispuestos a escuchar, ni que el mensaje sea muy profundo, sino que su mente simplemente no puede captar el contenido espiritual. Aun cuando se esfuercen por concentrarse, pronto estarán soñolientos y se dormirán. Su mente no ha sido entrenada en las cosas espirituales; por lo tanto, son muy ignorantes y están embotados.
El entrenamiento de la mente es obra del Espíritu Santo. Cuanto más el Espíritu Santo renueve nuestra mente, más espiritual viene a ser y más puede cooperar con nuestro espíritu. También tenemos la responsabilidad de ejercitar nuestra mente en los asuntos espirituales, poner nuestra mente en ellos, siempre volvernos al espíritu poniendo atención a los movimientos internos. En esta forma, puesto que nuestra mente está siempre en contacto con la esfera espiritual, viene a ser sensible y viviente en entender el sentir en nuestro espíritu y, por ende, entiende la voluntad de Dios.

F. La comunión con Dios y
el estudio del sentir interno

Un entendimiento práctico de la voluntad de Dios en nuestro diario vivir, demanda comunión con Dios. Aquellos que carecen de comunión con Dios, son incapaces de entender la creación y la Biblia. Además, no pueden tener un corazón, un espíritu o una mente normal; tampoco pueden tocar el sentir del Espíritu Santo o ser guiados por El. La comunión con Dios es una de las claves vitales para entender Su voluntad. Una persona que entiende la voluntad de Dios debe ser una persona que tiene comunión continua con El.
Apartar cierto tiempo para la oración y la comunión con Dios, no es suficiente; debemos tener comunión continua a lo largo de nuestro diario vivir. Además, necesitamos crecer y tocar al Señor cada vez más a través de esta comunión.
Cuando tocamos al Señor en la comunión, tenemos, como resultado, un sentir interno. Debemos estudiar este sentir para entender la voluntad de Dios.
Sin embargo, por lo general tenemos un problema común que nos hace incapaces, ya sea para comprender el sentir o para entenderlo con precisión. El problema es que no creemos lo que sentimos. Como de costumbre, analizamos demasiado el sentir, temiendo que no sea de Dios o que sea un sentir erróneo. A menudo nuestro temor no es que estemos mal o que estemos pecando contra Dios, sino que el resultado no sea para nuestro provecho. Tal temor prueba que estamos considerando nuestra propia ganancia o pérdida. Si es así, esto hará difícil que entendamos la voluntad de Dios.
Por consiguiente, cada vez que tocamos el sentir de nuestra comunión con el Señor, mientras no haya un conflicto obvio con lo que la Biblia enseña, debemos creerlo y aceptarlo como de Dios. Aunque a veces, por causa de nuestra niñez espiritual, aceptamos equivocadamente el sentir, aún así, tenemos que creer que Dios nos guardará en Su mano a pesar de que estemos equivocados. Aunque podamos estar equivocados en cierto asunto, con todo, nuestro ser y nuestro espíritu permanecen correctos, y Dios aun está complacido con nosotros.
Además, hay otro factor que nos impide comprender este sentir, esto es, el yo, el cual incluye nuestras opiniones, ideas, prejuicios y conceptos. Estas cosas viejas dentro de nosotros siempre nos impiden estudiar el sentir que obtenemos durante la comunión o nos impiden tener un entendimiento puro de él, y por tanto, nos impiden que tengamos una percepción clara de la voluntad de Dios. Por eso, necesitamos tratar severamente para que no seamos atados o afectados por el yo. Esto permite al Espíritu Santo darnos libremente el sentir y la dirección de la voluntad de Dios de forma clara e ilimitada.

G. Estudiar la Biblia

Otra manera de conocer la voluntad de Dios es estudiar la Biblia, porque Dios se ha revelado a Sí mismo y Su voluntad a través de Su Palabra. Necesitamos estudiar cuidadosamente las grandes revelaciones de Dios, tales como Su plan misterioso, el Cuerpo de Cristo, etc. Necesitamos estudiar también los principios secundarios que hay en la Biblia, tales como aquellos con respecto a vestir, comer, gastar dinero, etc., y así también las enseñanzas, los cuadros, los ejemplos, las profecías y los tipos. No sólo debemos estudiar las Escrituras diariamente, sino también en ocasiones especiales. Por ejemplo, cuando un hermano que estudia la Biblia diariamente está considerando casarse, debe estudiar también los principios, las enseñanzas detalladas, y los ejemplos de matrimonio dados en la Biblia. Entonces necesita aplicarlos para darse cuenta de la voluntad de Dios acerca del matrimonio.
Además, debemos prestar atención a los mensajes dados en las reuniones, leer libros espirituales, y prestar atención a los diferentes tipos de comunión y de compartir. Ya que su fuente se encuentra en la Biblia y son muy aplicables y prácticos en revelar la voluntad de Dios, se les debe prestar atención.
No es suficiente que conozcamos la voluntad de Dios como se revela en Su Palabra. Debemos aplicar también los principios y detalles en nuestra vida diaria. Por supuesto, cuando aplicamos los principios, necesitamos la unción. Entonces no estaremos meramente siguiendo la regulación de las letras, sino que estaremos en la luz de vida andando conforme al espíritu.

H. Estudiar el ambiente

Para conocer la voluntad de Dios de manera más completa necesitamos estudiar el ambiente. Recuerde que el ambiente también es un medio por el cual Dios revela Su voluntad. Cuando Dios nos dirige y nos guía de acuerdo a Su voluntad, normalmente arregla el ambiente apropiado con este propósito. Por ejemplo, después que Jacob estuvo veinte años con su tío, Labán, Dios quiso que volviera a la casa de su padre. Por esto, hizo que los hijos de Labán hablaran palabras contra Jacob, lo cual resultó en que Labán cambiara su semblante para con él (Gn. 31:1-3). A través de esto, Dios mostró Su voluntad a Jacob. El ambiente es siempre un medio por el cual Dios revela Su voluntad y es también una prueba de Su voluntad. Por consiguiente, si queremos conocer la voluntad de Dios, necesitamos observar el ambiente que El arregla para nosotros.
El ambiente es práctico y consta de muchas fases; por lo tanto necesitamos buscar el significado espiritual y la voluntad de Dios en las muchas fases. El ambiente práctico incluye la gente a nuestro alrededor y la existencia de situaciones con sus múltiples variaciones. Un cristiano que busca conocer la voluntad de Dios, no sólo debe estudiar (1) su sentir interno, y (2) la Biblia externa, sino también (3) el ambiente a su alrededor. Si uno aprende a estudiar estos tres aspectos cabalmente, está en gran medida, en la voluntad de Dios.

CONCLUSION

Comenzando con obedecer la enseñanza de la unción, la experiencia espiritual de un cristiano progresa gradualmente hacia un terreno más alto. Cuando llegamos a la experiencia de conocer la voluntad de Dios, el crecimiento espiritual y trato estricto con el yo que requiere dicha experiencia, sobrepasa todas las lecciones anteriores. Si alguien está viviendo en el yo y hace todo por el yo, es imposible que conozca la voluntad de Dios. Puesto que la voluntad de Dios es elevada y eterna, el hombre debe salir de su pequeño círculo y entrar al círculo amplio de Dios. Esto es como si él fuera introducido en el gran círculo de Dios a fin de que vea el plan eterno de Dios y su parte en él. Esto hará que se niegue a sí mismo y que ponga su yo a un lado para cumplir la voluntad de Dios.
Esta comprensión elevada, una vez que sea establecida en la vida de alguien, resolverá todas las dificultades básicas en cuanto a conocer la voluntad de Dios. Entonces él podrá ser regulado por la voluntad de Dios en su vivir diario y práctico, es decir, lo que Dios quiere que haga y la forma en que debe vivir y comportarse. Debido a que está consagrado al Señor y se ha comprometido con Su plan eterno, cuando tiene comunión con Dios, experimenta espontáneamente la unción y sabe lo que debe hacer. Entonces todos los sentimientos que experimenta en comunión con Dios pueden ser contados como Su voluntad. No estudia solamente las grandes revelaciones y verdades de la Biblia, sino que también estudia las enseñanzas y principios secundarios de la vida y conducta del creyente de manera que él pueda conocer la voluntad de Dios en todas las cosas. Además, siempre vigila su ambiente y el arreglo soberano de Dios. Después de que combina todos estos factores, puede entender claramente la voluntad de Dios.





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