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jueves, 9 de febrero de 2012

DIFERENCIA ENTRE EL PECADO Y EL MUNDO. EL DESARROLLO DEL MUNDO.


Witness Lee

La Experiencia de Vida

CAPITULO CINCO

TRATAR CON EL MUNDO

Tratar con el mundo es muy importante en la experiencia inicial de nuestra vida cristiana; por ello debemos estudiarlo cuidadosamente. Primero, a la luz de la Escritura, vamos a considerar la diferencia entre el pecado y el mundo, cómo el mundo fue formado, su definición y su proceso de desarrollo. Finalmente, veremos cómo Dios nos libera del mundo. Un conocimiento preciso de estas verdades nos capacitará para que tengamos las experiencias precisas para tratar con el mundo.

St. 4:4: ¡Oh almas adúlteras! ¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios.
Ro. 12:2: No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.
1Jn. 2:15-17: No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.

I. CONOCER EL MUNDO

A. La diferencia entre el pecado y el mundo

Inmediatamente después de nuestra consagración, lo primero que debe ser tratado es el pecado y luego el mundo. Puesto que ambos son contaminantes para nuestras vidas y abominables para Dios, deben ser tratados y purgados. Sin embargo, la contaminación producida por cada uno de estos dos aspectos es diferente una de otra. La contaminación del pecado es salvaje, ruda y repugnante, mientras que la contaminación del mundo es culta y refinada, muchas veces de bella apariencia a la vista del hombre. La contaminación del pecado es como una salpicadura de barro o de tinta negra en una camisa blanca. Pero la contaminación del mundo es como un patrón de colores impreso en una camisa blanca. Desde el punto de vista humano, una camisa con manchas negras se considera sucia e indeseable, mientras que una camisa de colores no es sucia sino más bien deseable. Sin embargo, a la vista de Dios, ambas son indeseables. A El no le agrada ni la camisa manchada ni la de colores, sino una camisa puramente blanca. Al igual que una mancha de mugre no es blanco puro, los patrones coloridos también se apartan de la pureza del blanco. Igualmente, el mundo aparenta ser mejor que el pecado, pero cuando se les relaciona con la pureza, ambos son igualmente contaminantes y requieren trato.
Más aún, el daño que el pecado y el mundo causan al hombre se diferencian grandemente el uno del otro: el pecado contamina al hombre, mientras que el mundo lo contamina y también lo posee. Es mucho más serio que la vida de un hombre sea poseída por el mundo que él sea contaminado por el pecado. Si Satanás solamente usa el pecado para contaminar al hombre, sólo puede hacer que el hombre sea corrupto, pero si él usa el mundo para usurpar al hombre, puede ganar al hombre para sí mismo. Por ejemplo, un niño bajo la tutela de sus padres puede ser inocente y puro. Aunque alguien pueda contaminar y corromper su naturaleza pura enseñándole a mentir, a robar y a hacer cosas malas, todavía él se mantiene bajo la tutela de sus padres, y aún él les pertenece. Sin embargo, si el malvado va más allá dándole al niño ropas bonitas, él puede engañar al niño y ganárselo, haciendo que éste abandone a sus padres y se pierda. De igual manera, Satanás corrompe al hombre utilizando el pecado, pero él se gana al hombre empleando al mundo y, por ende, haciendo que se aparte de la presencia de Dios y se pierda.
Un estudio de Génesis aclara esta diferencia. Aunque Adán estaba corrompido por el pecado, él no había dejado la presencia de Dios. No fue sino hasta Génesis 4, cuando el hombre inventó la civilización y formó el sistema mundano, que no sólo se corrompió sino que fue usurpado y ganado por Satanás por medio del mundo. De ahí que el hombre ya no le pertenecía a Dios.
Aunque Abraham había fallado repetidas veces, en el asunto de afirmar que su esposa era su hermana, eso no era más que un pecado que lo contaminaba, pero no lo usurpaba. El aún podía ser uno que servía al Señor y que oraba por otros en tierra pagana (véase Gn. 12 y 20). Sin embargo, Demas, un colaborador de Pablo, fue privado de su utilidad delante de Dios porque amaba el mundo presente, y fue usurpado por él (2 Ti. 4:10). Esto prueba que el daño que el mundo le causa al hombre es mayor que el del pecado.
Generalmente, la gente sólo percibe el daño causado por el pecado, pero no el del mundo, porque el pecado está en contra de la moral mientras que el mundo no se opone a la moral, sino a Dios mismo. El hombre es destituido del concepto de Dios; sólo tiene un concepto moral dentro de sí. Por esta razón, tiene poco conocimiento en cuanto al pecado, el cual está contra la moral, y él está consciente de su contaminación. Pero con respecto al mundo, el cual está en oposición a Dios, él no tiene conocimiento alguno de éste, ni tampoco está consciente de su usurpación. Por ejemplo, un borracho —licencioso, desenfrenado y lujurioso que no teme a Dios ni al hombre— es considerado inmoral y es condenado por los hombres. Pero si alguien está diariamente ocupado con la poesía y la recitación, y pendiente de la literatura, estando completamente indiferente a las cosas de Dios y poco dispuesto a ser ganado por El, los hombres le alabarán, sin tener ninguna percepción de que él ha sido absorbido por la literatura. Esto se debe al hecho de que los hombres ni conocen a Dios ni tienen un concepto de Dios, y por lo tanto, son ignorantes de la usurpación de Satanás por el mundo.
Finalmente, el alcance del pecado difiere del alcance del mundo. El campo del mundo es mucho más amplio que el del pecado. El pecado se refiere a todos los asuntos que son inmorales y que están en oposición a la ley moral de Dios, mientras que el mundo incluye a todos los hombres, actividades y cosas que están fuera de Dios. No podemos decir que todo lo que está fuera de Dios es pecado. Sin embargo, podemos decir que todo lo que está fuera de Dios se puede convertir en el mundo. De las muchas cosas del mundo, el pecado es sólo una parte. El mundo incluye al pecado, pero el pecado no incluye al mundo. El pecado puede no ser necesariamente el mundo, pero en el mundo ciertamente está el pecado.
Una persona puede cometer pecado y no necesariamente estar poseído por el mundo. Sin embargo, todos los que están poseídos por el mundo, ciertamente están contaminados por el pecado. Por ejemplo, Adán pecó y cayó en pecado, pero no cayó dentro del mundo. Por eso, él era uno que sólo estaba corrompido por el pecado, pero no fue usurpado por el mundo. El mundo comenzó con Caín. Lamec, uno de los descendientes de Caín, era tanto polígamo como asesino. Era uno que había sido usurpado por el mundo y que también pecaba.
Similarmente, cuando Abraham vivía en una tienda en Canaán, no había caído en el mundo. En consecuencia, él no tenía necesidad de pecar. Pero cuando descendió a Egipto, cayó en el mundo, y tuvo que mentir y cometer pecado. Esto prueba que el pecado no es siempre el mundo, pero el mundo, ciertamente, incluye al pecado. Una vez que nosotros caemos en el mundo, no podemos evitar cometer pecado.
Cuando veamos las diferencias entre el pecado y el mundo, percibiremos que el alcance dañino del mundo es mayor, su efecto nocivo es más serio, y su oposición a Dios es más hostil que la del pecado. Puesto que el mundo está en oposición directa a Dios mismo, se ha convertido en enemigo de Dios. El pecado es contrario a la ley de Dios y a Su proceder, es decir, a Su justicia, mientras que el mundo es contrario a Dios mismo y a Su naturaleza divina, es decir, a Su santidad. El pecado se opone a la ley de Dios, y el mundo a Dios mismo. Por esta razón, la Biblia declara que la amistad con el mundo es enemistad con Dios (Stg. 4:4). Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él (1 Jn. 2:15). Cuando El llamaba a las personas a seguirle, el Señor ponía énfasis en el hecho de que el hombre debía abandonar casas, tierras, hermanos, hermanas, padres, esposas, hijos, etc. (Mt. 10:37; 19:29; Mr. 10:29; Lc. 18:29). Estos constituyen la vida humana y son varios términos por los cuales se conoce el mundo. Si un hombre desea seguir al Señor, debe abandonar estas cosas mundanas porque ellas podrían poseerle.
El pecado es el paso primitivo, superficial, e inicial de la caída. El mundo es el paso final, serio y último de la caída. Muchas personas dan énfasis sólo a la victoria sobre el pecado, pero la Biblia pone aún más énfasis en vencer al mundo (1 Jn. 5:4). Necesitamos mucho más vencer al mundo. Si deseamos crecer en vida y ser ganados por el Señor, debemos esforzarnos en tratar con el mundo que nos esclaviza.

(ADMINISTRADOR: El mundo es más sutil pero peor en alcance, efecto nocivo y oposición a Dios que el Pecado).


D. El desarrollo del mundo

Hemos visto que el mundo se formó luego de la caída de Caín y de su separación de Dios. En aquel tiempo Caín vivía en la tierra de Nod y construyó una ciudad llamada Enoc. Esta fue la primera ciudad construida por el hombre; también fue el comienzo de una cultura y una vida sin Dios, inventada por el hombre. En la Biblia aparece una ciudad construida por el hombre, la cual era el centro y el símbolo de una vida sin Dios inventada por el hombre. Por eso, una ciudad simboliza al mundo. Estas ciudades sin Dios, mencionadas en la Biblia, revelan el desarrollo del mundo a través de todas las generaciones.
El mundo descrito en la Biblia consta de dos etapas principales o, podríamos decir, de dos mundos. El primer mundo comenzó con la ciudad de Enoc construida por Caín; el segundo mundo comenzó luego del diluvio con la ciudad de Babel. El primer mundo, comenzando con Caín, se desarrolló y prosperó gradualmente, hasta que alcanzó su cumbre durante el tiempo de Noé. La raza humana entonces había caído completamente en el mundo, y la corrupción allí ya no tenía remedio. Génesis 6:11-12 dice: “Y se corrompió la tierra delante de Dios, y estaba la tierra llena de violencia. Y miró Dios la tierra, y he aquí, estaba corrompida; porque toda carne había corrompido su camino sobre la tierra”. En cuanto a posición, la raza humana estaba completamente sumergida en el mundo; su condición era vil, pecaminosa y totalmente corrupta. Esta condición trajo el juicio de Dios. El diluvio no sólo juzgó los pecados cometidos por los hombres, sino que también puso fin al mundo pecaminoso. Sólo los ocho miembros de la familia de Noé fueron salvados, mientras que el resto del primer mundo fue destruido por el diluvio.
Después del diluvio, nuevamente la raza humana vino a ser absorbida gradualmente por el mundo. En Génesis 11 el hombre comenzó a rebelarse contra Dios en una forma colectiva abandonándole y abandonando Su nombre. Los hombres establecieron un nombre para ellos y construyeron la torre y la ciudad de Babel. Esta fue la segunda ciudad construida por el hombre. Esta ciudad fue aún más intensamente la declaración del hombre de que deseaba el yo y que confiaba más en sí mismo que en Dios. También representaba una vida sin Dios inventada por el hombre. Por consiguiente, la ciudad de Babel es el comienzo del segundo mundo.
Este segundo mundo, comenzando con la ciudad de Babel, gradualmente se desarrolló y se ramificó en tres líneas que vinieron a ser tres diferentes ciudades según se muestra en la Biblia; las ciudades de Babilonia, Egipto y Sodoma. El primer mundo era una mezcla todo inclusiva, pero el segundo, indudablemente se ramificó en tres líneas, donde cada una representaba un aspecto del mundo.
La primera línea estaba representada por la ciudad de Babilonia, la cual deriva su nombre de Babel. Esta ciudad estaba llena de ídolos y de dioses falsos. (De acuerdo con algunos relatos, la ciudad y la torre de Babel estaban llenas de nombres idólatras.) Por consiguiente, esta ciudad representa el aspecto idólatra del mundo.
Babilonia estaba en la tierra de Caldea, el hogar original de Abraham (Gn. 11:27-28). Abraham y sus antepasados adoraban ídolos (Jos. 24:2). A pesar de que Dios sacó a Abraham de la tierra y de sus ídolos, aún así, sus descendientes fueron posteriormente capturados y obligados a retornar a la tierra y a adorar ídolos (véase Dn. 3). Babilonia siempre destruye la adoración del hombre a Dios. Fueron los babilonios quienes destruyeron el templo de Dios y llevaron sus utensilios a Babilonia como botín. Ellos los pusieron en el templo de sus ídolos (2 R. 25:8-9, 13-15; 2 Cr. 36:7, 10, 18-19). Esto prueba que Babilonia en la Biblia es el mundo de los ídolos.
La segunda línea estaba representada por la ciudad de Egipto. Egipto, una tierra rica, era irrigada por el Nilo y producía alimento en abundancia (Gn. 42:1-2) con una variedad de gustos (Nm. 11:5). Por consiguiente, Egipto representa el aspecto de subsistencia y disfrute del mundo. La Biblia narra varias ocasiones en las que los hijos de Dios descendieron a Egipto para resolver su problema de subsistencia (Gn. 12:10; 42:3; 45:9-11, 18). Además, una vez que los hijos de Israel descendieron a Egipto a resolver su problema de subsistencia, inevitablemente cayeron bajo el poder de los egipcios, fueron forzados al trabajo duro y fueron esclavizados (Ex. 1:11-14). Por eso, Egipto también representa el aspecto del trabajo arduo y la esclavitud bajo el dominio del mundo. En conclusión, Egipto representa un mundo de subsistencia, poder, trabajo duro y esclavitud.
La tercera línea estaba representada por Sodoma. En todas las ocasiones que Sodoma es mencionada en la Biblia, siempre se hace referencia a sus pecados (Gn. 13:13; 18:20; 19:13). Por lo tanto, Sodoma representa el aspecto pecaminoso del mundo, o un mundo de pecados.
Estas tres ciudades representan los tres diferentes aspectos del segundo mundo. Ellas rodeaban la tierra de Canaán, la posición legal de los elegidos de Dios, y ponían lazo para absorber a los hijos de Israel. Siempre que los elegidos se descuidaban y sucumbían a las tentaciones, eran arrastrados al mundo pecaminoso de Sodoma y se contaminaban con su suciedad. Un ejemplo de esto es el descenso de Lot a Sodoma. Algunas veces, cuando fallaban en las pruebas por causa de las debilidades, descendían a Egipto y se les requería que se esforzaran para que pudieran mantener su subsistencia. Vinieron a ser esclavos de la subsistencia y fueron controlados por el mundo. Esta es la historia de Abraham y los israelitas cuando descendían a Egipto. Aunque parecía imposible que regresaran a Babilonia a adorar ídolos, con todo, cuando se debilitaron en extremo, fueron capturados y llevados de regreso a la ciudad de Babilonia, al mundo de idolatría, a alabar al diablo. Esto sucedió durante la decadencia de Israel.
Estos tres aspectos del mundo son los enemigos de Dios, que destruye a aquellos a quienes Dios ha ganado para Sí mismo. Los israelitas fueron un pueblo separado de la raza humana para ser Su posesión y para ser usados por El. Pero ellos nunca se liberaron de la corrupción de estos tres aspectos del mundo. O descendían al mundo de Egipto para buscar sustento (Is. 30:1-4; 31:1), o venían a ser como la gente de Sodoma (Is. 1:9; 3:9; Ez. 16:46, 49; Ap. 11:8), o aún peor, eran llevados al mundo idólatra de Babilonia y abandonaban su adoración y servicio a Dios (2 Cr. 36:14-21). Hoy, en igual forma estos tres mundos están destruyendo la iglesia, la cual el Señor escogió y llamó para Sí mismo. ¡Mire la iglesia hoy! ¿No está ella confiando en el poder del mundo de Egipto? ¿No tiene ella los pecados mundanos de Sodoma? ¿No ha sido ella capturada y llevada al mundo idólatra de Babilonia y de esta forma ha sido llena con los ídolos del mundo? Esto es especialmente cierto en la Iglesia Católica Romana de hoy.
Estas tres ciudades, que representan los diferentes aspectos de este segundo mundo, evolucionarán continuamente en forma paralela hasta que se conviertan en aquella gran ciudad de Babilonia mencionada en Apocalipsis 17 y 18. Esa ciudad —que será el centro y representante del mundo en aquel tiempo— ejercerá todo su esfuerzo para multiplicar su aversión hacia Dios y para perseguir a Sus hijos. Ella será el clímax del desarrollo del segundo mundo, y también será su conclusión. Será juzgada y destruida por fuego mediante la segunda venida del Señor. Este juicio de fuego y el juicio del diluvio tienen distinta apariencia. El juicio del diluvio puso fin al primer mundo, y el juicio por fuego pondrá fin al segundo mundo. Por esta razón el Señor comparó el día de Noé con el de Su venida (Mt. 24:37-39). La destrucción de la gran Babilonia traerá al mundo a su fin.
El desarrollo, así representado por los dos mundos, es un ejemplo del método de Satanás de utilizar el mundo para poseer y ganar al hombre para sí mismo, a fin de destruir y anular el propósito de Dios en el hombre. Primero, Satanás corrompió a Adán por medio del pecado, y gradualmente utilizó el mundo para usurpar a sus descendientes. Para el tiempo de Noé, todos los descendientes de Adán estaban sumergidos en el mundo. Satanás entonces había logrado con éxito su primer paso al poseer al hombre. Pero Dios juzgó y destruyó aquel mundo por el diluvio. Después de que los descendientes de Noé se multiplicaron grandemente, Satanás suscitó una rebelión en masa en contra de Dios, haciendo que aquella generación construyera la torre de Babel. Como consecuencia, el hombre fue sumergido más profundamente en el mundo y nuevamente fue poseído por Satanás.
Puesto que Satanás echó mano de los descendientes de Noé, Dios no podía cumplir Su propósito en ellos. Dios no tenía otra alternativa que abandonar esta raza creada y escoger a Abraham. Los descendientes de Abraham, que se multiplicaron como las estrellas del cielo y el polvo de la tierra, vinieron a ser la raza escogida por Dios para cumplir Su propósito, aquel propósito que había sido suspendido en Babel por la raza creada. Sin embargo, Satanás continuó trabajando incesantemente, utilizando el mundo para engañar y poseer al pueblo escogido por Dios, no dejando camino alguno para que Dios cumpliese Su propósito.
El Antiguo Testamento muestra que la caída de ellos dio como resultado que el pueblo de Dios cayera bajo el control del mundo. Por ejemplo, luego de Abraham haber sido dirigido por Dios a Canaán, él fue arrastrado por Egipto. Más tarde Israel, en su débil empeño por suplir su necesidad de subsistencia, cayó bajo el poder de Egipto. Con el tiempo, el reino de Israel sucumbió completamente al mundo de los ídolos al ser llevado cautivo a Babilonia. Finalmente, los elegidos de Dios serán integrados a la gran Babilonia, la cual representa el sistema mundial completo (Ap. 17 y 18). Esa será la caída final de la raza escogida por Dios, en donde ellos serán corrompidos y poseídos por Satanás hasta lo sumo.
La Biblia divide la historia de la raza humana en dos partes: desde Génesis 1 hasta 11:26, y desde Génesis 11:27 hasta el final de Apocalipsis. La primera parte comenzó con la creación del hombre y finalizó con la destrucción del primer mundo por el diluvio. El tema principal de esta porción es la raza creada de Adán. La segunda parte comenzó con el llamado de Abraham y concluirá con la destrucción por fuego del segundo mundo. El tema tratado en esta parte es la raza escogida de Abraham. A pesar de que luego del llamado de Abraham la raza creada continuó su desarrollo histórico, éste no fue asentado como el asunto principal de la Biblia. En ambas secciones la obra de Satanás se caracteriza por su uso del mundo para poseer al hombre. En la primera parte, Satanás utilizó el primer mundo para poseer la raza creada; luego, Satanás usó el segundo mundo para poseer la raza escogida. El segundo mundo maduró plenamente en Egipto, pues fue allí donde Satanás poseyó completamente la raza escogida, los israelitas.
En conclusión, Satanás empleó dos mundos para poseer dos razas, lo cual trae dos juicios de Dios. El primer juicio fue por agua y puso fin al primer mundo. El segundo juicio es por fuego y pondrá fin al segundo mundo. Por esto, la Biblia está dividida en dos secciones: la primera, desde la creación del hombre hasta la destrucción del primer mundo, y la segunda, desde el llamado del pueblo escogido hasta la destrucción del segundo mundo. Esta es la línea del desarrollo del mundo como se narra en la Biblia.
En el proceso del desarrollo del mundo, una gran mayoría de los que Dios ha preparado para Sí mismo han sido poseídos por Satanás. Sin embargo, un pequeño número de vencedores han permanecido en el terreno de Dios: la separación del mundo. Con la tienda y el altar, ellos llevan un testimonio directo en contra de la ciudad, la cual es símbolo y centro del mundo. La Biblia no sólo presenta la línea de la ciudad, que describe el desarrollo del mundo, sino también la línea de la tienda, que muestra el testimonio de los vencedores en contra del mundo. Esta es otra línea importante en la Biblia, que corre paralela con la línea del desarrollo del mundo.
En el primer mundo, Noé fue el primer hombre que vivió la vida de tienda en oposición directa a la vida mundana de ciudad. Cuando Dios juzgó el primer mundo, El libró a Noé. Luego que salió del arca, él construyó un altar para Dios (Gn. 8:20) y vivió en una tienda (Gn. 9:21), no en una ciudad. Esta tienda puede ser considerada como contraria a la ciudad de Enoc construida por Caín. El primer vencedor fue librado del mundo y vivió en una tienda como un testimonio contra la ciudad, el símbolo del mundo. Por consiguiente, él podía levantar un altar para alabar y servir a Dios.
En el segundo mundo ha habido muchos que han vivido en tiendas y han llevado un testimonio que se opone al mundo. Abraham fue el más sobresaliente de éstos. El fue llamado a salir del mundo, de la ciudad de Babel a la tierra de Canaán (Gn. 12). Allí levantó una tienda en oposición a la ciudad de Babel. Esta tienda no era sólo la prueba de que venció, sino que además era un testimonio en contra del mundo de aquel tiempo. Debido a que rehusó vivir en la ciudad mundana, la cual usurpaba al hombre, y escogió vivir una vida para Dios en una tienda, levantó un altar para alabar y servir a Dios. Su tienda se oponía a la ciudad de Babel, y el altar se oponía a la torre de Babel.
Cada vez que un vencedor falla, el testimonio de la tienda y el altar desaparece. Abraham se debilitó, y descendió a Egipto. Al llegar a Egipto, su tienda y su altar se desvanecieron; por lo tanto, su testimonio en contra del mundo y su servicio a Dios desaparecieron. Cuando salió de Egipto y regresó a Canaán, la tienda y el altar fueron recobrados, y de igual manera el testimonio y el servicio.
Lot, quien viajó a Canaán con Abraham, también vivió con él en una tienda. Más tarde abandonó a Abraham y con el tiempo pasó su tienda a Sodoma. Finalmente, vivió en Sodoma y perdió tanto su tienda como su testimonio.
Más tarde, todo Israel sucumbió al mundo de Egipto. Su ocupación diaria era hacer ladrillos y construir ciudades (Ex. 1:11-14). Por consiguiente, perdieron su testimonio y su servicio. Después de su liberación de Egipto y su llegada al desierto, guardaron la vida de tienda y el servicio del altar. Aún más, Dios moró con ellos en la tienda, el tabernáculo, como un testimonio en contra de la ciudad de Egipto.
Cuando los israelitas entraron a Canaán, Jerusalén vino a ser el centro de su habitación. Jerusalén era una miniatura de la tienda eterna de Dios, la Nueva Jerusalén. Jerusalén siempre está en oposición a Babilonia, y Babilonia está siempre en contra de Jerusalén. Cuando los israelitas tuvieron un fracaso total, Babilonia destruyó a Jerusalén (2 Cr. 36:6-7, 18-19). Pero luego, cuando hubo vencedores entre los israelitas, ellos fijaron sus rostros hacia Jerusalén (Dn. 6:10) y recobraron a Jerusalén (Neh. 2).
Al final del Nuevo Testamento la Gran Babilonia será destruida (Ap. 18:2), y por otro lado, la Nueva Jerusalén descenderá del cielo (Ap. 21:2-3). Esta Nueva Jerusalén es también llamada el “tabernáculo de Dios”, o la tienda. De este modo, al final todavía vemos la tienda, el símbolo de los vencedores, como un testimonio en contra de la ciudad, que representa el mundo.
Esta crónica bíblica conlleva el significado espiritual de la tienda en oposición a la ciudad. La ciudad es el símbolo y centro de toda la vida humana, inventada por el yo, y por lo tanto, representa el mundo. La tienda, levantada en el desierto, esto es, fuera del mundo, representa la vida de peregrinaje fuera del mundo. El hecho de que ellos vivieran en la tienda, significa que no estaban sumergidos en el mundo; más bien, llevaban una vida de peregrinos fuera del mundo. Cuando el hombre fracasó y perdió a Dios, sucumbió al mundo; cuando el hombre fue salvo por Dios, automáticamente dejó el mundo y vivió en una tienda como extranjero y peregrino, sirviendo sólo a Dios.
La Biblia revela que el altar siempre acompaña a la tienda. Si hay una tienda, allí hay un altar. Si no hay una tienda, no hay altar alguno. Después de que Noé salió del arca, erigió una tienda y construyó un altar. Cuando Abraham entró a Canaán, también levantó una tienda y construyó un altar. Pero durante su peregrinaje en Egipto, perdió la tienda, y como consecuencia el altar desapareció. De igual forma, los israelitas durante su esclavitud en Egipto no tenían altar, pero cuando salieron de Egipto y entraron en el desierto, vivieron en la tienda y restablecieron el altar. Cuando hay altar, entonces la consagración, el servicio y la adoración vienen con él, porque el altar es el lugar donde el hombre se consagra y es el medio para servir y adorar a Dios. Estos fueron los resultados naturales de la vida del hombre en la tienda. Siempre que el hombre sucumbió al mundo, perdió su consagración, servicio y adoración.
La vida de la tienda es la posición, no sólo el lugar donde el hombre sirve a Dios, sino también el lugar donde Dios se reúne con él. Este principio es evidente en la vida de Abraham y Lot. Dios se apareció a Abraham mientras estaba sentado a la puerta de la tienda. Esto daba testimonio de su posición victoriosa sobre el mundo, la cual le permitió obtener la manifestación de Dios (Gn. 18). Sin embargo, Dios mismo no se le apareció a Lot (Gn. 19); en lugar de eso, dos ángeles fueron enviados a Sodoma. Encontraron a Lot sentado a la puerta, lo cual prueba que él ya había sucumbido al mundo. A pesar de que los ángeles vinieron a rescatarle, Dios mismo no se le apareció. El no se puede aparecer a aquellos que el mundo ha reclamado. Una vez que el hombre cae en el mundo, es ganado por Satanás y ya no puede ver luz en la faz de Dios.
Ya que el mundo posee a los hijos de Dios y destruye el propósito de Dios, Dios salva al hombre en dos aspectos: lo salva del pecado y lo salva del mundo. La salvación del pecado nos rescata de nuestro estado caído, mientras que la salvación del mundo nos rescata de nuestra posición caída. Cuando predicamos el evangelio, prestamos mucha atención a la liberación del pecado, pero casi nunca hablamos de la liberación del mundo. Esto no es suficiente.
En el Antiguo Testamento, la salvación de Dios se ve en dos tipos importantes: el arca de Noé y el éxodo de Egipto. Cada tipo muestra ambos aspectos de liberación del pecado y del mundo. Los ocho miembros de la familia de Noé fueron salvados por el arca y por el agua. El arca los libró del juicio de Dios, es decir, del diluvio; el agua los libró del mundo corrupto. De igual manera, Israel fue salvado por la Pascua y por el Mar Rojo. La Pascua denota la liberación del juicio de Dios, o sea, de la muerte; el Mar Rojo denota la liberación del poder gobernante del mundo.
Así mismo, la salvación perfecta que disfrutamos hoy también tiene dos aspectos: fe y bautismo. Por medio de la fe somos liberados del pecado por la sangre. Por medio del bautismo somos liberados del mundo por el agua. La familia de Noé fue salvada por medio del diluvio que destruyó el mundo y de este modo fue librada del mundo corrupto. Los israelitas fueron salvados por medio de las aguas del Mar Rojo, que ahogaron al ejército egipcio; de esta manera fueron librados del mundo egipcio que los gobernaba. El bautismo está representado por estos dos incidentes de pasar a través de las aguas de la muerte (1 P. 3:20-21; 1 Co. 10:1-2). El bautismo por inmersión nos libera del mundo. Por lo tanto, cuando un creyente es bautizado, ha pasado por el diluvio y por el Mar Rojo. Su ascensión de las aguas denota su separación del mundo y su nueva posición con relación a la vida de la tienda y el altar. Nosotros los que hemos sido escogidos y salvados debemos vivir continuamente la vida de tienda como testimonio de que hemos sido librados y separados del mundo. De esta forma seremos librados de ser poseídos por el mundo y seremos personas que viven completamente para Dios por medio del altar.


(ADMINISTRADOR: Dejemos de hacer ladrillos y construir ciudades que simbolizan el mundo y volvamos a las tiendas de peregrinos y extranjeros, símbolo de los vencedores, recuperando así el altar  y el  testimonio contra las ciudades. Si queremos que ángeles vengan a nuestro encuentro bastará con estar sentados a la puerta de la ciudad, como Lot; pero si es la visita de Dios lo que esperamos deberemos estar esperándole sentados a la puerta de la tienda.
¿Hasta cuando pretenderemos justificar lo injustificable?)

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