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viernes, 27 de julio de 2012

CIRCUNCISIÓN ESPIRITUAL es Despojarse de la Carne, el Ego y el Hombre Viejo (E. V. Génesis, Witness Lee)


Velo del templo rasgado, tipo de la circuncisión del corazón:
Cuando el velo del alma se rasga, el espíritu tiene paso libre para fluir.

ESTUDIO-VIDA DE GÉNESIS

MENSAJE CUARENTA Y SIETE

CONOCER LA GRACIA
PARA CUMPLIR EL PROPOSITO DE DIOS:
LA CIRCUNCISION CONFIRMA EL PACTO DE DIOS

4) El pacto de Dios confirmado


(Nota: Las anotaciones en letra azul son del blog)

...

d) El pacto confirmado con la circuncisión

Si queremos que Dios nos sea añadido y se amplíe, debemos ser circuncidados. El pacto que Dios hizo con Abraham en Génesis 15 fue confirmado en Génesis 17 con la circuncisión. No era necesario que Dios lo confirmara nuevamente, pues ya lo había confirmado una vez, pero el pacto tenía que ser confirmado por parte de Abraham. Dios fue fiel a Su pacto, pero Abraham no lo fue porque había usado su fuerza natural para producir a Ismael. Puesto que Abraham usó su energía natural con Agar para producir a Ismael, lo cual causó un problema, Dios confirmó Su pacto al mandar que Abraham fuese circuncidado (17:9-11, 13).
En el Nuevo Testamento encontramos el significado de la circuncisión. Ser circuncidado espiritualmente equivale a despojarse de la carne, del ego y del hombre viejo. En Colosenses 2:11-12 dice: “En El también fuisteis circuncidados con circuncisión no hecha a mano, al despojaros del cuerpo carnal, en la circuncisión de Cristo; sepultados juntamente con El en el bautismo, en el cual fuisteis también resucitados juntamente con El, mediante la fe de la operación de Dios, quien le levantó de los muertos”. La circuncisión se relaciona con despojarse de la carne, el viejo hombre; no se trata de eliminar el pecado. En realidad, la circuncisión no tiene nada que ver con eliminar el pecado; se trata de ser crucificado y sepultado juntamente con Cristo. La circuncisión significa aniquilar el ego y matar la carne. Abraham usó su carne en Génesis 16, pero en Génesis 17 Dios quería cortar de raíz su carne. En Génesis 16 él había usado la energía de su fuerza natural, pero en Génesis 17 su fuerza debía ser erradicada. En esto consiste la circuncisión.
Tenemos el mismo problema ahora. Mientras permanezca nuestra fuerza natural, Dios difícilmente podrá intervenir y ser nuestro todo y cumplir Su propósito. Dios desea entrar en nosotros para ser nuestro todo, pero nuestra carne, nuestro ser y nuestra fuerza naturales, nuestro viejo hombre y el viejo yo, impiden que Dios sea nuestro todo. Este ego, el viejo hombre, debe ser aniquilado. Debe ser circuncidado, es decir, crucificado.
Quiero darle la buena noticia de que nuestro viejo hombre ya fue crucificado (Ro. 6:6). En el caso de Abraham, él había de ser crucificado, pero en el nuestro, ya fuimos crucificados. Todos debemos ver eso, reconocerlo, y aceptarlo por la fe. Por la fe podemos declarar que nuestra carne, nuestro hombre natural con su fuerza, ya fue crucificado: “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí” (Gá. 2:20). Todos debemos vivir con la consciencia de que el viejo hombre, el ego, ya fue crucificado. Si declaramos eso y vivimos conforme a ello, entonces el Dios de resurrección podrá entrar en nosotros, ser nuestro todo y llevar a cabo Su economía.
La circuncisión es una señal, un sello, de la justificación por la fe (Ro. 4:11). No obstante, muchos cristianos descuidan esta señal. Tal vez entiendan y declaren que fueron justificados por la fe, pero después de ser justificados por la fe, carecen de la señal del aniquilamiento del ego. ¿Cómo puede usted mostrar que ya Dios lo justificó? Usted debe llevar una vida en la cual el ego es aniquilado. Debe mostrar que ya no vive por sus propios esfuerzos sino por Cristo. Entonces su vida demostrará que usted fue justificado. Llevar una vida crucificada en la resurrección de Cristo es una señal de nuestra justificación. Supongamos que yo, una persona salva y justificada por Dios, sigo viviendo, actuando y laborando por mí mismo, haciendo todo por mis esfuerzos. En ese caso, a cualquiera le costará trabajo reconocer que soy una persona justificada. Quizás la gente hasta dude que yo sea salvo. Pero si llevo una vida crucificada, despojándome de mí mismo y tomando a Cristo como mi vida, nadie podrá dudar de que fui justificado por la fe. Todos dirán: “¡Alabado sea el Señor! Sin lugar a dudas, este hermano fue justificado por Dios”. La vida en la cual el ego es aniquilado constituye una señal y un sello de nuestra justificación.
La confirmación del pacto con la circuncisión estaba relacionada con la simiente y la tierra, las cuales cumplen el propósito de Dios (17:2-8). Si queremos cumplir el propósito eterno de Dios, que consiste en que el hombre lo exprese y lo represente, debemos tener a Cristo como nuestra simiente y como nuestra tierra. Si queremos tener a Cristo como la simiente y la tierra para cumplir el propósito de Dios, debemos ser circuncidados y llevar una vida crucificada. La circuncisión sirve para cumplir el propósito de Dios. Cuando la carne, el ego, y el viejo hombre han sido aniquilados, la puerta queda abierta para que Dios entre y produzca a Isaac (Cristo formado en nosotros).
Entre los judíos, la circuncisión siempre se administraba en el octavo día (17:12). El octavo día era el primer día de una nueva semana y denotaba un nuevo inicio, un nuevo comienzo en resurrección. Cuando llevamos una vida crucificada, tenemos un nuevo comienzo en resurrección. Cuando rechazamos y nos negamos a nuestro ego y llevamos una vida crucificada, tenemos inmediatamente un nuevo comienzo en resurrección. Quizás usted esté casado desde hace muchos años, pero si hoy empieza a llevar una vida crucificada, tendrá un nuevo comienzo en resurrección en su matrimonio, y éste será renovado. La circuncisión siempre viene al octavo día. En otras palabras, cuando llevamos una vida crucificada, estamos en resurrección.
Todos los incircuncisos están excluidos de este pacto. En Génesis 17:14, Dios le dijo a Abraham: “Y el varón incircunciso, el que no hubiere circuncidado la carne de su prepucio, aquella persona será cortada de su pueblo; ha violado mi pacto”. Esto también es válido ahora. Si no llevamos una vida crucificada, estamos despojados de Cristo, de la vida de iglesia, y de la suministración de la ubre divina. Cuando no estamos dispuestos a ser circuncidados, no podemos cumplir el propósito eterno de Dios. Ahora el deleite que tenemos de Dios, nuestro vivir por Cristo, y nuestra práctica de la vida de iglesia dependen de una sola cosa: la circuncisión, es decir, llevar una vida crucificada.

e) La promesa del nacimiento de Isaac

En Génesis 17:15-21 vemos la promesa del nacimiento de Isaac más claramente que nunca. Sabemos que esta promesa es más específica porque se menciona el nombre Isaac, y porque su madre fue designada. En los capítulos anteriores, Dios dijo que le daría a Abraham una simiente y que Abraham la produciría, pero Dios no mencionó que la simiente habría de venir de Sara. Tampoco dijo que la simiente se llamaría Isaac. Sin embargo, en estos versículos vemos que Dios prometió claramente que la simiente sería Isaac y que éste nacería de Sara.

(1) Después de que Abraham había envejecido
y estaba como muerto, y Sara ya no podía tener hijos

La promesa del nacimiento de la simiente fue confirmada claramente cuando Abraham envejeció y cuando Sara ya no podía tener hijos. Es posible que Abraham le haya dicho a Sara: “Sara, tengo cien años de edad y tú noventa. Me estoy muriendo y tu matriz se ha cerrado. Ya no somos nada y no podemos hacer nada. Es maravilloso convertirse en nada, pues entonces el Todopoderoso que tiene ubre puede venir y hacerlo todo por nosotros. Quisiera tener cien años de edad y no ser nada. El hecho de no ser nada le proporciona al Todopoderoso, al que todo lo suministra, la mejor oportunidad de alimentarme y abastecerme con todo lo que a Él le plazca. A veces a Dios le gustaría darme una nueva porción de leche, pero yo digo: “No, todavía tengo otra posibilidad, tengo algo de energía, algo de fuerza”. Todos debemos ser como una persona de cien años de edad. Pero no intenten actuar como si ya tuviesen cien años de edad. Después de leer este mensaje, que le exhorta a tener cien años de edad y a no ser nada, usted quizás haga como si tuviese cien años. Pero no puede algo reducirse a nada de la noche a la mañana. El Señor sabe lo que todavía tenemos. No obstante, el principio es éste: todos debemos ser nada para que el Todopoderoso que todo lo provee venga y sea nuestro todo con Su ubre abastecedora, a fin de proporcionarnos lo que necesitemos.

(2) No por la fuerza natural de Abraham
sino por la visitación de Dios

Después de que Abraham y Sara llegaron a ser nada, Dios prometió que Isaac de nacería de Sara (17:16, 19, 21). Esto significa que el nacimiento de Isaac no fue el resultado de la energía de Abraham y Sara, sino de la visitación de Dios llena de gracia. En Génesis 18:10, 14 vemos claramente que el nacimiento de Isaac se debió a que Dios había vuelto a Abraham en el tiempo de la vida. Su visitación a Abraham, llena de gracia, incluía la nutrición y el suministro que le proporcionaba de todo lo que Él era. Dios tenía que ser la ubre que suministraba la leche que Abraham necesitaba para producir a Isaac. Isaac no fue producido por ningún elemento del ser natural de Abraham; fue producido por el suministro completo de Dios, que brota de la ubre divina.

(3) Ismael, la simiente producida por la carne,
es rechazado por Dios

Ismael, la simiente producida por la carne, fue rechazado por Dios (17:18; 21:10). Todo lo que hagamos con nuestra capacidad o con nuestro ego natural será rechazado por Dios. Es probable que usted haga buenas cosas y guarde la ley, pero será rechazado por Dios. Todo lo que vivamos, hagamos u obremos por nuestro yo y por el hombre natural será completamente rechazado. Pocos cristianos entienden que aun su bondad natural es rechazada por Dios. Todo lo que hagamos por nuestro ego, nuestra fuerza natural, nuestra capacidad natural, o nuestro hombre natural, por muy bueno que sea, será rechazado por Dios.

(4) Isaac, la simiente producida
por la gracia de Dios,
confirmado para cumplir el propósito de Dios

Sólo Isaac, la simiente producida por la gracia de Dios, por la suministración de la ubre divina, fue confirmado para cumplir el propósito eterno de Dios (17:19, 21; 21:12; Ro. 9:7-9). Dios sólo honrará lo que procede de Él porque sólo la simiente producida por Él mediante el suministro de Su gracia puede cumplir Su propósito. Esto significa que Dios sólo honrará a Cristo, y no lo que salga de nuestro ego, de nuestro hombre natural. Sólo el Cristo que experimentamos de la ubre divina como nuestro suministro de gracia puede cumplir el propósito de Dios. Sólo este Cristo será confirmado como la verdadera simiente que cumple el propósito de Dios. Nuestro Ismael fue rechazado, pero nuestro Isaac, es decir, Cristo, ha sido y será confirmado en la economía de Dios.

Ahora podemos ver lo que es la gracia. La gracia significa que Dios nos trasmite algún elemento Suyo para ser nuestro suministro, y que este suministro se convierte en el elemento mismo por el cual producimos a Isaac a fin de cumplir el propósito eterno de Dios. Después de ser llamado Abraham, aprendió a vivir por la fe en Dios en lo relacionado con su subsistencia. Luego, a partir de Génesis 15, Dios empezó a adiestrarlo en el conocimiento de la gracia para cumplir Su propósito. Vimos eso claramente en los capítulos quince, dieciséis y diecisiete. Nuestro ego, nuestra carne, nuestra fuerza natural, nuestro hombre natural, y nuestro viejo hombre deben ser llevados a su fin para que tomemos a Dios como nuestro suministro y para que algo (Alguien: Cristo) del ser de Dios se forje en nosotros (hijitos míos por los que vuelvo a sufrir dolores de parto hasta que Cristo sea formado en vosotros –Gá 4:19) con la finalidad de ser el elemento que produzca a Isaac a fin de que así se cumpla la promesa de Dios. En esto consiste la gracia.

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