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martes, 2 de agosto de 2011

Libro: LA VIDA FUERA DE LOS "TEMPLOS", por Néstor A. Martínez

Os dejo estro libro más de Néstor que conviene leer. A título de ejemplo os dejo alguna de las  perlitas que contiene:
Buen provecho.
Gracia y paz a todos vosotros.




TRES PALABRAS SEGURAS:
Durante años y años se ha usado en nuestros ambientes cristianos, la figura del líder, del conductor, del que sale hacia un sitio determinado y simplemente mira hacia atrás y dice: síganme que no los voy a defraudar. En Argentina todavía seguimos padeciendo en lo político y secular por habernos creído algo así en cierto momento de nuestra historia.
En algún momento de su ministerio, Jesús te mira y te dice: Ven. Eso no quiere decir que Él, a partir de ese momento, vaya a transformarse en un maestro, en un guía espiritual o en un moderno gurú colocado en tu vida par que te sientas bonito. Ven, sólo es el comienzo de la historia. Porque una vez que tú has obedecido a esa voz que no es imperativa, sino que tiene sencillamente autoridad y vas, te encontrarás de cara con otra palabra que Jesús también te dirá muy prontamente: Sígueme. ¿Y eso acaso significará que a partir de ese momento tú pierdes totalmente tu voluntad y pasas a depender exclusivamente de lo que Jesús desee hacer con ella? Para nada. ¿Haría Jesús algo que, conforme a lo que conocemos, se trata lisa y llanamente de manipulación que es hechicería? No. Jesús no hará eso. Ese Sígueme, implica un seguimiento espiritual, un seguimiento conceptual y un seguimiento de sabiduría. Es seguir a un principio básico, no a un hombre. Es seguir a un estilo de vida, no a una religión. Porque la historia no termina de ninguna manera en Sígueme.
Quienes han pasado por estas esferas espirituales, por estos ámbitos de la fe y la confianza, saben muy bien que, luego de esa expresión, viene la última, la definitiva, la que es tal vez el epicentro de todo lo demás. Allí es cuando Él te dirá: Id. ¿Id? ¿Del verbo Ir? Exactamente. ¿Ir adonde, a que lugar, a que sitio específico? No lo sé, eso quizás se te dirá luego. Ese Id implica que, ahora que has obedecido viniendo y siguiéndole en su sentir, ahora es cuando realmente estás preparado par ir a proclamárselo a otros, a enseñárselo a otros, a predicárselo a otros. Ven, Sígueme, Id.
Los hombres que decimos ser representantes de Dios a través de diversos ministerios, no solemos ser así. Los hombres también podemos decir (Y de hecho lo hacemos); Ven. Con mucha mayor fuerza e interés en cualquier momento expresamos también el Sígueme, porque nos encanta tener seguidores, servidores, aduladores y obsecuentes. Pero jamás diremos Id. Porque avalar a alguien para que vaya, es dejarlo en libertad de criterio de sentido común y de decisiones. Y hoy por hoy, mi amado hermano en Cristo, la iglesia se ha convertido en cualquier cosa sana y santa que tú quieras, pero menos en algo donde se pueda disfrutar y gozar de libertad. Y eso, mi hermano querido, eso no es Cristo. Porque donde está Cristo, hay libertad. ¿O no?

TRES SEÑALES SEGURAS:
Estas son tres palabras seguras que nos llevan al auténtico evangelio de la cruz. Cualquier otra cosa, (Y se ven demasiadas, lamentablemente), es imitación de hombre y no lleva a Cristo, sino a una religión generalmente vacía, sin frutos, sin victoria y con lastimosos finales. Es exactamente lo mismo que aquello de las tres señales seguras para hacer algo con la certeza de que Dios está. En efecto, detrás del asunto. Es la pregunta más abundante en cualquier ministerio: “¡Pastor! ¿Cómo sé si lo que estoy haciendo es de Dios? Inmadurez. Imprevisión. Ignorancia.
Leí una vez en un viejo libro al respecto, que en cierto puerto de ultramar, los buques que deseaban ingresar en él y amarrar en sus costas, debían tener en cuenta un detalle muy singular que los viejos y avezados lobos de mar conocían muy bien: las tres señales seguras. Cuando iban aproximándose a la ciudad costera y su puerto, debían apuntar su proa y colocarla en línea total con un faro que había en la zona y, haciendo línea, el extremo de la cúpula de la iglesia catedral de la ciudad. Sólo estando en línea esas tres cosas: (La proa, el faro y la cúpula), se podía ingresar tranquilamente al puerto sin encallar con los arrecifes que se encontraban debajo del mar. Fueron muchos los que probaron otros métodos y la mayoría de ellos destrozaron sus buques con las rocas sumergidas. La única manera que se conocía era la descrita, pero así y todo, gente que supuestamente debía conocer muy bien sobre navegación insistía en alterarlas y fracasaba.
Así sucede también con los cristianos. Todos sabemos muy bien que existen tres señales seguras para no equivocarnos con respecto a si las cosas vienen de Dios o del enemigo. Todos sabemos que esa es la forma de proceder. Pero insistimos con otras más humanas, más…lógicas y así nos va luego. Las tres señales seguras de un cristiano son: La Palabra, la Paz interior y las Circunstancias. Si a Biblia habilita algo que estamos haciendo, tenemos enorme paz y certeza íntima para hacerlo y no padecemos circunstancias adversas demasiado repetitivas, estamos en el buen camino.
Entonces: ¿Dice la Biblia que debemos ir todos los domingos a un templo? No, dice que debemos congregarnos, reunirnos con gente que crea en lo mismo y que esté en un mismo sentir, pero de templos, ritos y sermones no habla. Una.
¿Se puede estar sin ir a un templo una vez por semana y sentirse bien y en paz? Sí, se puede. Ya lo explico con mayor detalle en el capítulo de la libertad y el de la culpa. Es increíble la serenidad que experimentas una vez que pasan los primeros meses del cautiverio espiritual. Dos.
¿Me fui de mi congregación por un arranque de ira, porque me traicionaron mis nervios o porque no quisieron permitirme cantar con la guitarrita? No. Me fui porque todas las circunstancias, tanto mías como de ellos, me fueron llevando a salir. Y eso coincidió con situaciones muy similares en el resto de mi familia. Tres. Fue de Dios.
¿OBEDIENCIA CIEGA A UN MINISTRO?:
Lo que yo puedo ver, un poco a la distancia y a veces también de modo más cercano, es que hay muchas ovejas que andan sin pastor, diseminadas, perdidas, desorientadas y al punto de caerse en algún precipicio y destrozarse en contra de las rocas de la adversidad circunstancial. Eso es lo que me hace afirmar con total certeza que estamos viviendo el tiempo preanunciado en el capítulo 34 del libro de Ezequiel, tal como quedó dicho en el capítulo donde lo estudiamos. Ahora bien: ¿Qué cosa es, realmente, una oveja sin pastor? ¿Acaso es alguien que necesita encontrar a alguien que le diga que es lo que tiene que hacer para salir de su crisis, para mejorar su fe, para elegir una buena mujer con la cual tener un buen matrimonio o simplemente para triunfar en la vida?
Evidentemente, eso es lo que hemos aprendido de muy jóvenes en nuestras iglesias, es lo que hemos practicado durante todas nuestras vidas de fe y también lo que hemos enseñado a los que venían detrás nuestro. Sin embargo es falso. Fíjate que si examinas con cuidado la tarea de un pastor con un rebaño de ovejas, vas a encontrarte con que lo que realmente hace, es crearle a los animalitos las mejores condiciones de vida, pero nunca jamás obligarlas a hacer lo que no quieren. En un rebaño, la oveja tiene libertad de movimientos.
Entonces, esa sensación de abandono y desasosiego que se te puede presentar cuando huyes de Babilonia porque de pronto te quedas sin alguien que tenga la última palabra respecto a tus futuros pasos, es una sensación real pero producto de una enseñanza errónea. La prueba más clara y concreta que es auténtica verdad lo que digo, está en la Biblia desde siempre. ¿Por qué tú deberías tener obediencia ciega a UN ministro cuando la iglesia, Dice Dios, no yo, ha sido creada para funcionar con cinco? ¿Por qué un pastor será poco menos que el dueño de la vida y la muerte, espiritual claro, de miles y miles de personas y no sucede lo mismo con los apóstoles, profetas, evangelistas y maestros? Ya sé que en este momento tú estás pensando que eso es así porque tienen menor nivel. ¿Y quien te dijo a ti que esos cuatro ministerios tienen menor nivel que el del pastor? La tradición, las costumbres, la organización evangélica, la historia. Pero no la Palabra de Dios, porque la Palabra de Dios dice, donde quieras leerlo, que los cinco ministerios son iguales y creados para complementarse, jamás para competir. Con esto, aprovecho para responderles a tantos y tantos hermanos que a diario me escriben correos de cualquier parte del mundo, haciéndome saber que el Señor les ha mostrado, a ellos también, que deben salir de la Babilonia falsa en la que se encuentran. Cuando leo esas palabras, suelo exclamar casi siempre ¡Gloria a Dios!, porque me doy cuenta que no se trata de un movimiento aislado que tiene como responsables (O irresponsables) a tres o cuatro loquitos sueltos, sino algo que Dios realmente está haciendo en SU iglesia. Claro; cuando leo lo que sigue, generalmente se me desmorona toda la alegría. Porque a renglón seguido de ese comentario, esos hermanos me hacen inmediatamente la pregunta consabida. ¿Y ahora que nos dice usted que tenemos que hacer? ¡Porque ahora usted es nuestro conductor, hermano! ¿Conductor? ¿Y a ti quien te dijo que yo era un moderno Moisés cuando el Señor no me lo dijo a mí mismo?
Estaría bueno, no te lo niego, crear un movimiento de “huidos de Babilonia”, conmigo de líder, sentado en una cómoda oficina e ideando algunos entretenimientos para hacerles creer a mis conducidos que esto es la iglesia que Dios quiere hoy. Y, de paso, solicitándoles una “pequeña contribución” que me permita sostenerme y dedicarme a full a ellos. ¡Sería un estupendo negocio! Pero sería un pecado más grande que el que nos termina de sacar de Babilonia. Y Dios está allí, mirando, ¿Lo habías olvidado? No mi amado hermano. No hay ningún Moisés en este tiempo. Dios se ha hecho cargo PERSONALMENTE de sus ovejas. Y tú eres una, muy amada, que recibirá seguramente y de parte de Él una dirección clara. Yo soy otra, igual que tú, ni mayor ni menor. Sólo que la directiva que se me ha dado a mí es la de trabajar para abrir tus ojos espirituales para que veas. Porque también somos un ejército, no lo olvides. Y en un ejército, se delinea claramente el o los objetivos que se deben conquistar, se teje una estrategia global tendente a conseguirlo y luego, cada soldado, sabe muy bien lo que tiene que hacer como su parte para sumar al consenso general. ¿Tú te imaginas a un general cinco estrellas, acercándose a un soldado raso, en plena batalla, para ordenarle como tiene que hacer para disparar su moderno fusil? ¡ No, hermano! ¡Imposible! ¡A eso, el soldado tiene que tenerlo aprendido! ¡Un general está para otra cosa! Sin embargo, eso es, exactamente, lo que ha venido haciendo la iglesia hasta hoy. Sin la orden del pastor, nadie se mueve para ninguna parte. Y cuando llega el combate, en medio del fragor, los disparos, los misiles, los ayes de dolor y todo lo que es una guerra, suena el teléfono del pastor y un soldadito le pregunta como debe disparar su arma. ¿Te imaginas? Cuando el pastor completa su respuesta, el soldado ya es cadáver.
 
 
LA IGLESIA QUE VIENE
Entonces ¿Que Iglesia Tendremos?

Claro está; yo he puesto este subtítulo así porque es exactamente así como se lo pregunta la gente. Pero no está bien escrito, ya que si la iglesia somos nosotros y no un lugar físico o geográfico, es lícito suponer que la pregunta, en realidad, debería haber sido sobre como seríamos los creyentes de aquí en más. No interesa, allí vamos de todos modos, a responder ambas dudas. 
Si tu consulta tiene que ver con lo que una gran mayoría todavía tiene en cuenta, esto es: templos, formas, ritos, reuniones, formas de culto, etc., debo decirte que no sé, que no tengo ni la menor idea de lo que Dios permitirá al respecto. Y nota que he escrito “permitirá” y no “dispondrá”, como sería correcto. ¿No crees? Lo hice así porque, desde el momento mismo en que Dios le dijo a los antiguos que Él jamás viviría en templos hechos por manos de hombres, sino que su templo iba a ser el ser interior de cada hombre que le aceptara y recibiera, desde ese mismo momento, el hombre hizo lo que se le dio la gana y Dios, sencillamente y por amor, paciencia y misericordia, se lo permitió. 
Y una de esas cosas que el hombre hizo y Dios por su santa misericordia le permitió, fue inventar esta clase de “ iglesia” que tenemos. ¿Alguien ha visto en la Biblia algo parecido a lo que hoy mayoritariamente los cristianos llaman “La Iglesia”. ¿Hay en la Biblia registro alguno de algo parecido a las misas del catolicismo romano o los cultos del cristianismo evangélico? No. No lo hay. Los templos que vemos en la escritura tienen que ver con el judaísmo del Antiguo Testamento, nunca con la época de Jesús y, mucho menos, con la posterior, que es donde nació ese conglomerado humano llamado Iglesia. Así como el catolicismo romano llama “iglesia” a sus capillas y catedrales, muchos de los cristianos evangélicos hacen lo mismo con sus suntuosos templos, austeros salones o pequeños garajes. Sin embargo, y porque la Palabra de Dios jamás concluye sus principios y jamás retorna vacía al sitio en el que fue soltada, tenemos que entender que la iglesia sigue siendo esa asamblea o cuerpo de representantes que Dios tiene en la tierra y que Él ha dado en llamar Su Cuerpo. 
Entonces tenemos que, si nosotros, los creyentes genuinos no necesitados de pastores que nos acicateen para orar, portarnos bien y no pecar, y no necesitados de porristas cristianos vestidos con ropa de directores de alabanza nos ordenen como cantar, cuando cantar, como saltar, como gritar y como batir palmas, seguimos constituyendo esa iglesia real, será tiempo de conocer como será la que será sin mancha ni arruga y más que vencedora en este siglo veintiuno. Y decir esto no implica, reitero una vez más para que nadie se equivoque , que los cambios que sobrevendrán tendrán que ver con las formas, costumbres, ritos o tradiciones que se desarrollan en esos templos.
Personalmente creo que orar para que eso suceda es estar fuera de la guía del Espíritu Santo. Porque acepto que el Espíritu Santo nos guíe a orar por el futuro de la iglesia, pero jamás por el de templos, congregaciones u organizaciones de prestigio que Dios puede haber permitido, pero que nunca avaló y mucho menos pidió.
¿Y entonces? ¿Cuál será nuestro futuro? No lo sé, eso depende de lo que tú realmente seas. Si eres un cristiano … (y aquí le pones el apellido que quieras) tu futuro será bastante dramático, porque llegará el momento en que nada de lo que hacías y te hacía sentir bien, funcionará. Pero si eres alguien que un día decidió entregarle su vida a Jesucristo y lo has convertido a Él, verdaderamente, en Señor de tu vida, entonces ese futuro será mucho más promisorio. Porque te bastará con SER lo que es, ya que simplemente con eso, marcarás una enorme diferencia. No sólo con el mundo incrédulo, sino también con la Babilonia religiosa y falsa.
Me gustaría poder explicártelo mucho mejor, con lujo de detalles y todo, pero me resulta imposible por una simple razón: Dios no ha revelado nada a este respecto. En todo caso, y de aquí es donde me aferro, ha dado claros indicios de ciertos principios a ponerse en juego. Esto es: ha dejado en evidencia el QUE, pero aún nos debe el COMOY ese “que” nos habla de un estilo de vida, de un modo de vivir que no sólo impacte al mundo impío y pecador, sino que también conmueva los cimientos de las mismas organizaciones monolíticas que hoy parecerían haberse adueñado de la que otrora fuera la iglesia del Señor. te habrás quedado a solas con el Señor. Ya no tendrás pastores que oren por ti ni consejeros que te digan lo que debes hacer o lo que no debes hacer. Entonces te quedarán solamente los recursos antiguos de la oración y el ayuno. Y desde allí saldrán tus frutos; porque eso redundará en una intimidad con Dios como nunca jamás habías tenido en tus tiempos de cristiano de templos. Porque en aquellos tiempos no te preocupabas demasiado por obtener información de parte del Señor, ya que estabas convencido que de eso se ocupaban otros de mayor rango.
Pero ahora es sí o sí, no hay dudas. O te comunicas con el Señor y oyes sus directivas o, sencillamente, te quedas inmovilizado sin saber para donde caminar. O prestas atención a tu pantalla espiritual y ves con tus propios ojos para donde va la nube o te quedas achicharrándote al sol. Y cuando eso suceda, entenderás que a Dios le importa muy poco la cantidad de personas que se reúnen en un salón o en un templo. Lo que a Dios sí le importa, y mucho, es lo que hay en el corazón de cada uno de los que anda por la vida diciendo ser su hijo. Si tú eres todavía parte de los primeros, no te envidio el enorme vacío que vas a empezar a experimentar en tu estómago, en tu ser interior y en tu vida total. Si, por el contrario, eres parte de los últimos mencionados, ¡Gloria a Dios!, porque de aquí en más serás un verdadero testigo apto. Vivirás una vida conforme a la voluntad y el propósito de Dios sencillamente porque será Dios mismo quien te guía a hacerlo. Ya no habrá hombres que te controlen y gozarás de la más fresca y extraordinaria de las libertades. Pero en contra de lo que te habían enseñado, descubrirás que eso te vuelve mejor persona y no peor. Y el mundo que rodea tu vida comenzará a ver que en ti hay algo distinto. Y que ese algo distinto no es que un domingo por la tarde, cuando muchos se calzan ropas deportivas y se van de paseo con su familia, tú vistas un oscuro traje y corbata y te vayas a un templo cualquiera. Distinto por dentro, eso es lo que quiero decir. Dependerás del Señor en todas tus decisiones. No deberás aguardar que se reúnan ciertas comisiones honorables que decidan que harás con tu vida y tu futuro. Te moverás acorde a lo que Dios mismo murmure a tus oídos espirituales a través de la gentil voz del Espíritu SantoY eso será de impacto en el marco social en el que te toque vivir. Porque una cosa es dialogar con un grupo de raros que están todo el tiempo DICIENDO que no debes pecar, robar, matar, fornicar, adulterar, estafar, corromperte y todo lo que el mundo incrédulo hace casi por inercia, y otra cosa muy distinta es que se encuentre con gente que simplemente VIVE ESO.

La iglesia que viene es la que está compuesta por gente a la que, si alguien debe ausentarse de su casa por un tiempo, pueda pedirle que se la cuide, que se la atienda y se la conserve, dejándole sus llaves con la más absoluta y total confianza de que nada le faltará. Cuando tu vecino te entregue un sobre con bastante dinero y te diga que se lo cuides mientras él sale de viaje porque teme que ingresen ladrones en su casa y, dándotelo al cuidado a ti, se quedará más tranquilo. En suma: cuando el mundo pueda confiar en los hijos de Dios como estos confían en su Padre celestial.
Cuando toda la zona de tu residencia tenga la certeza de que tú, que en apariencia eres igual a ellos, en realidad dejas la sensación clara de ser muy distinto. Cuando todas esas personas se acerquen a preguntarte que es lo que tienes tú para ser distinto. Allí podrás presentarle a Jesucristo sin necesidad de entregar folletos, realizar campañas técnicas de evangelización ni llevarlos a un templo para que “un profesional” pueda convertirlos.

La iglesia del Señor, (¡tú y yo lo veremos!) será aquella que no necesitará templos, organizaciones, rótulos o credos para ser conocida y estimada. Lo será simplemente por causa de la manifestación del poder de Dios que posea. Un poder que nadie venderá ni comercializará de manera alguna, sino que se derramará a favor de los necesitados sin otra causa que el amor a estos.
 
 
¿ERES DIGNO DE SU SALARIO?:
¿Salario o Botín?


¡Y bueno, hermano! ¡El obrero es digno de su salario! ¿Ah, sí? ¿Y tu tienes garantía de que todos los que dicen ser obreros dignos de sus salarios, realmente lo son? ¡Y bueno! ¿Qué pretende, que me transforme en detective de ministerios? – No, pretendo que tengas un mínimo de discernimiento. De otro modo, también justificarás el dinero que recibe una prostituta por sus servicios, con el mismo principio del obrero digno de su salario.
Quiero dejar algo muy en claro: una cosa es el salario ministerial que viene de Dios y otra muy distinta las formas en que ciertos ministros se las componen para conseguirlo. ¿Un ejemplo? Donde el que paga es Dios, no se necesita una hora de sermón destinado a mover las emociones que luego muevan billeteras.
Reitero: soy un ministro del Señor, por lo que cualquiera me podría decir que también soy un obrero digno de su salario. De acuerdo, lo creo y lo tomo, pero no salgo a buscarlo con mis rudimentos o, en el mejor de los casos, copiando rudimentos acostumbrados dentro de nuestros ambientes.
¿Soy en realidad un ministro del Señor? Solamente uno puede confirmarlo o no: el Señor. Si soy un ministro suyo, Él va a encargarse de que yo prosiga trabajando y sirviendo tal como Él desea que lo haga. Si no lo soy, me soltará la mano y deberé realizar mil esfuerzos carnales para mantenerme en el ministerio que sea. Y todo el planeta creyente se dará cuenta que me estoy moviendo en la carne, pero nadie se atreverá a decírmelo porque les enseñaron que no se debe murmurar del siervo…
Ahora bien: si soy un ministro del Señor, quedó dicho que soy un obrero digno de su salario, ¿No es así? Entonces, según nuestras costumbres, ¿Qué debo hacer? Debo abrir una cuenta especial de “sustento ministerial” y, luego, tratar de escribir o decir cosas que muevan o presionen a los lectores a enviar donaciones u ofrendas.
Jamás hice eso. Sé perfectamente que una gran mayoría lo hace y no soy quien para censurarlo, pero no yo. Sin embargo, y no me preguntes como porque ni yo mismo lo puedo saber, en cinco años que llevo trabajando en esto, jamás tuve que poner un centavo de mi ingreso secular para sostenerlo.
¿Eres ministro del Señor? Él es quien te respalda y te guía. ¿Tienes oposición de hombres, organizaciones o grupos? No te preocupes; ora por ellos y bendícelos. Dios hará lo que tenga que hacer y tu ministerio seguirá en pie y dando frutos, hagan lo que hagan o digan lo que digan.
¿Eres un obrero del Señor digno de un salario de su parte? Tú encárgate de cumplimentar tu parte activa y deja que Dios mismo se encargue de decidir eso. Ya vas a enterarte si eres obrero aprobado o no cuando te llegue salario divino o no, sin que debas manipular o convencer a nadie para que tome ese lugar. ¡Es Dios quien decide recompensarte! ¡No estás obligado a robarle a los que no tienen nada, para mantenerte tú! ¡Eres un hijo de Dios en la tierra, no un delincuente hambriento de cosas materiales!
Conseguir dinero de cualquier manera, así sea con un fin loable, no es de hijos genuinos. Además, si te vas a plantar en un púlpito, o en un micrófono de una emisora de radio o, sencillamente, lo vas a escribir en una página de la Web, como testimonio, que Dios sustenta tu ministerio, por favor, no dejes que el diablo te haga creer que igualmente debes ingeniártelas tú para lograrlo. ¡Dios lo hace! ¡Funciona! ¡¡¡Créelo!!!


¿PASTORES ESTRELLAS O SIERVOS OCULTOS QUE DAN LA GLORIA A DIOS?
Ese soy Yo…


Hace unos cuantos años, mucho antes del gran despertamiento evangélico en la Argentina que fue en la década de los años 90, andaba por la ciudad de Buenos Aires, concretamente por una de sus calles más emblemáticas, cuando acerté a pasar por lo que en primera instancia, creí que era un teatro. Y lo creí porque es en los teatros donde, en los paneles de vidrio de sus entradas, pegan afiches con las fotos de los actores casi en tamaño natural, como promoción de las obras teatrales que se levantan a escena allí. Y yo vi fotos enormes de un hombre muy bien vestido y de una mujer con faldas largas y me creí que eran actores y que eso era un teatro. ¿Sabes que? Era una iglesia. ¡Una iglesia! Ya lo sé, hoy es muy normal y corriente ver esto que te comento, pero en aquella época era toda una novedad y, te aseguro, no te caía del todo bien. Pero ellos argumentaban que eso les daba una popularidad que luego redundaba en el crecimiento de la congregación. Y algo de eso tiene que haber sido muy cierto, ya que los pastores, cuando comienzan una campaña de evangelización, lo primero que hacen es hacerse una galería fotográfica muy nutrida y colocarla en exhibición. Entonces tú puedes ver al pastor predicando, al pastor con su esposa, al pastor con su esposa y sus hijos, al pastor con su esposa, sus hijos y sus padres y sus suegros, al pastor con todos estos y además con su perro y sus gatos, al pastor…
Y tú dialogas con la gente, con los miembros de sus congregaciones, y ¿Sabes que? Se sienten orgullosos de ellos. Se gozan viéndolos exhibirse más que los personajes de los reality shows del planeta. Es como si se proyectaran. Gente humilde que se ve reflejada en sus fantasías por el exhibicionismo del liderazgo.
Y esa actitud, que va cobrando adherentes porque, aseguran, produce excelentes resultados numéricos, comienza a transformarse en algo normal. Entonces ya no me asombrará más el viejo teatro que ahora muestra las fotos gigantescas del pastor y la pastora. Y con el correr de los tiempos, esa costumbre promocional, va cobrando cada vez más fuerza hasta adherirse a la propia esencia del ministerio. ¿Por qué digo esto? Porque también es de uso y costumbre en la Web.
¿Qué es lo primero que te encuentras en una Web cristiana de una iglesia cualquiera? Indudable: con la foto del pastor y la pastora, con el agregado de toda su familia si es preciso. Y eso se hace, te aseguran, para cumplir con la palabra de mostrarse y no ocultar nada…
Entonces un día aparezco yo, o cualquier otro loco por Cristo como yo, al cual en cinco años de presencia en la Web no se le conoce la cara, y muchos suponen tener el derecho a decir que no estoy cumpliendo con esa palabra, que no me muestro ni me doy a conocer, y que eso es peligroso. ¿Peligroso? ¡Dios mío! ¿Qué clase de evangelio estamos predicando y enseñando? Yo puedo comprender la curiosidad emocional o sentimental de muchos que te quisieran ver el rostro, saber si eres alto, bajo, gordo o flaco, pero no puedo creer que lleven eso a la Biblia cuando en ella jamás se habló de este asunto.
¡Pero no, hermano! ¿Qué le cuesta publicar una foto suya y de su familia? Nada. No me cuesta absolutamente nada. Tengo miles en mis archivos familiares, pero hete aquí que no quiero hacerlo. ¿Por qué? Porque en esta Web no somos ni yo ni mi familia las estrellas, la única estrella es Cristo, y la gente tiene que conocerlo a Él no a nosotros. ¡Pero no, hermano! ¡No es para exagerar tanto! No exagero nada, créeme. Dime: ¿Eres cristiano? ¡ Por supuesto, claro que lo soy! – Y ¿Quién es tu máximo referente como buen cristiano que eres? ¡ Cristo! Entonces, mucho me temo que deberás imitarlo a Él.
¿Has leído en algún relato, texto, historia, episodio o versículo bíblico, los detalles de la fisonomía de Jesús? Nunca. Todo lo que se tiene de él, son hipótesis, conjeturas. Tal vez con buenas bases históricas, geográficas o relativas a la gente de su raza, pero sólo hipótesis. ¿Por qué supones que sucede eso? ¿Por qué la Biblia no nos cuenta como era físicamente Jesús, para que nosotros no tengamos que imaginarlo y, cuando hacemos una película, inventarlo de acuerdo a nuestros gustos, costumbres o tradiciones raciales?  Simple. Porque para Dios, eso no es importante. Y para Jesús tampoco lo era. ¿Qué dicen los evangelios respecto a su forma de hablarle a la gente? Dice que llegaba a un lugar, se sentaba en una roca, y allí comenzaba a hablar. ¿Qué hubiéramos hecho nosotros? Sin dudas: nos hubiéramos parado encima de esa misma roca, para que todos pudieran vernos.
A Jesús no le interesaba en lo más mínimo que lo vieran. A Él, indudablemente, le interesaba de sobremanera que lo oyeran. “El que tenga oídos, oiga”, decía. Nunca dijo, por ejemplo: “El que tenga ojos que me mire”. Porque lo importante de la Palabra de Dios es lo que se oye de ella, no lo que se ve.
Por eso es que mi Señor me abrió las puertas de la radio y no de la televisión. Porque escrito está que la fe vendrá por el oír y no por el ver. Es más, dice que benditos serán todos aquellos que hayan creído sin ver.
Si tú eres un ministro de cierto conocimiento general y no te muestras, siempre lograrás que la gloria de lo que haces, le quede al Señor, tal como corresponde y como verdaderamente debe ser. En cambio si te muestras, aunque más no sea con una simple foto, pasas a tener una gloria que de ninguna manera te pertenece.
Si alguien sigue pensando que por no haber fotografías mías o de mi familia en mi Web, yo paso a no ser confiable o a ser decididamente peligroso, pues qué le vamos a hacer; que lo piense. Mi único reaseguro estará en lo que enseño, en lo que digo y en la corroboración que la Palabra de Dios pueda otorgarle a todo ello en comparación con lo que dicen los que sí se muestran. Y no te creas que por eso soy un cavernícola caduco entremezclado con rutinas históricas menonitas campesinas. Soy un hombre vulgar, del común. Lo que sí puede sonar, caer o verse como extraordinario, es todo aquello que pueda llegar a hacer bajo la unción del Señor. Eso será lo que siempre bendiga. Lo que yo haga, no pasará de informar o entretener. Tú eliges.


CONCLUSIONES FINALES:
Esto es todo. Mejor dicho: esto es todo por hoy, por ahora, por este libro. Porque ya cometí en los anteriores el error de suponer que no había más nada que decir y mi Señor me mostró que sí, que había algo más para decir, todavía, y que debía hacerlo.
Mi sugerencia es que leas, estudies bien y luego guardes estos libros. Los tres. Tengo la certeza de que algo hará el Señor con ello dentro de no mucho tiempo y algo de lo que en ellos se ha escrito será de ayuda, de esclarecimiento, de confirmación o de ayuda. Esto es apenas una sugerencia. Consejos no doy porque no existe bíblicamente el ministerio de la consejería. En mi Web hay un correo que se llama así en los contactos, pero lo hicimos porque la gente así es como lo entiende más rápido. Pero luego en el ir y venir de los mail, nos ocupamos y preocupamos de aclarar correctamente esto: no existe la consejería cristiana. Jesús difundió principios espirituales, jamás le dio consejos a nadie.
Hubiese sido muy bueno para Pedro, por ejemplo, poder acercarse a Jesús y preguntarle que debía hacer con su mujer: si dejarla sola, traerla con él al grupo apostólico o sencillamente abandonar su llamado ministerial para cumplir con su familia. ¿Verdad que era un muy respetable motivo de consulta a la consejería del Buen Pastor? Pedro no hizo eso. No solicitó entrevista, no sacó un turno para el mes próximo, no acudió a “su” pastor para ver que cosa decía Dios al pastor que él tenía que hacer. Pedro dejó todo y siguió a Jesús,
así de simple.
Y con el ánimo de agregarle a todo esto una cuota de humor para que no te resulte tan dramático, habría que añadir que, además de no ofrecerse para orar, para interceder o para darle un sabio consejo, Jesús encima fue y le sanó la suegra a Pedro cuando estaba con fiebre… La misma suegra que vaya uno a saber que reacción tuvo cuando se enteró que el yerno dejaba a su hija para irse detrás de un supuesto profeta y mucho más supuesto hijo de Dios encarnado.
¿Verdad que todo parece muy fácil con la historia conocida y con el diario del lunes en tus manos? La misma capacidad de decisión que debió esgrimir Pedro en pleno ministerio de Jesús, tienes tú hoy mismo, ahora. Puedes quedarte en la congregación en la que estás si es que no tienes motivo alguno para sentirte mal en ella. Esto no es un paquete por menor precio, esto es Dios. Y Dios siempre personaliza y jamás generaliza. El TE ama, por encima de NOS ama.
Por lo tanto, si ya tienes en tu corazón el aviso del Espíritu Santo diciéndote que salgas más que urgente de tu Babilonia, no me necesitas a mí ni a ninguno de mis libros. Aunque lo niegues, aunque te niegues, aunque tengas dudas o tremendo miedo, ya se te ha dicho lo que debes hacer. Mis libros, en todo caso, podrán añadirte los fundamentos espirituales a una decisión ya tomada.
Si aún nadie te ha avisado nada y estás más que cómodo con tu iglesia, tu pastor, sus sermones de domingo, tus cultos, tus coritos, canciones y oraciones, limítate a leer mis libros de un modo informativo y en espera. ¿Espera de que? Espera de que todo lo que yo digo de MI historia personal, se transforme en algo que Dios te dice a ti.
Porque así es como funciona esto. No importa si por años la misma iglesia evangélica inventó que hay hombres diseminados por los templos para que tomen decisiones por otros hombres, tú ya sabes que lo que tenga que ocurrir ocurrirá en el tiempo en que Dios lo disponga para cada vida.
¡Pero hermano! ¿Entonces usted no está puesto por el Señor para conducirnos a la reforma que viene? ¿Qué dices? ¿De donde sacaste eso? ¿Quién te ha dicho a ti que yo soy un segundo Mesías que viene a liberar a su pueblo de la esclavitud religiosa? ¿Adonde encuentras escrito algo así? Yo soy un hijo de Dios como tú y como millones más. Con la diferencia visible quizás con muchos de mis hermanos, que he resuelto en este tiempo ser estrictamente obediente a lo que Dios diga hoy. Y para poder oír la voz de Dios, me ha sido necesario dejar de oír a muchos de los hombres que dicen representarlo.
Yo no represento a Dios, soy un hijo que le obedece y brinda un servicio activo en su reino. Mis palabras tratan de no irse un milímetro de las palabras que he oído de labios del Espíritu Santo. Pero por las dudas mi carnalidad me haya jugado una mala pasada como a tantos, toma tu Biblia y, cada vez que digo media palabra, cuídate de examinar si eso coincide con lo que está escrito. Eso no se llama desconfianza, eso se llama madurez. Lo que sí deseo que te quede muy en claro, es que aunque las apariencias te digan totalmente lo contrario, puede haber (y de hecho hay) una vida auténticamente cristiana, genuina, íntegra y honesta por fuera de los templos. De los del catolicismo romano, obviamente, de todos los de las falsas sectas que se auto titulan como cristianas (No vale la pena mencionarlas, tú las conoces bien), pero también de todos los templos del credo evangélico.
¿Verdad que cuando lees esto es como si te agarrara un leve temblor de temor? ¿Lo has experimentado así o muy parecido? Entonces déjame decirte que tú estás controlado por la religión evangélica, que de ninguna manera es la dueña de Dios ni de su Palabra, tal como te ha hecho creer durante años.
La religión evangélica tiene una pureza superior a las que no tienen a la Biblia como sustento, pero también tiene, desde hace muchos años, sus propias corrupciones, deformaciones e idolatrías humanas, siendo lo peor del caso, que no ha sido por haber cometido un error, sino a sabiendas de lo que hacían. Lo cual saca el caso de la figura del pecado y la introduce en la de prevaricación.
Ahora bien: ¿Cómo se yo que se puede ser un creyente auténtico fuera de los templos? No lo sabes, sólo tienes un modelo inverso que puede servirte y quizás ..

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