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viernes, 9 de diciembre de 2011

EL ESPIRITU DE SUPLICA EN LOS ÚLTIMOS DÍAS




FRIDAY, DECEMBER 9, 2011
EL ESPIRITU DE SUPLICA
by David Wilkerson
[May 19, 1931 – April 27, 2011]
La palabra oración en el contexto de Zacarías 12:10 se refiere a súplica o ruego. Ésta nunca es utilizada en la Biblia  sino para denotar un clamor y una oración en voz alta. En otras palabras, no es privada o meditativa. ¡Una súplica tiene que ver con la voz!

La palabra hebrea para súplica significa “rama de olivo envuelta en lana, o algún tipo de textil, ondeada por un individuo que ruega para buscar paz y rendición.” Es decir, son banderas que significan un clamor de total e incondicional rendición.

Imagínese a un soldado cansado, agotado, abrumado, atrapado en la trinchera de su voluntad propia. Se encuentra completamente solo, cansado, demacrado. Él ha llegado al abismo. Él rompe una rama de un árbol, la amarra a su camisa interior blanca, la levanta, sale gateando de su trinchera y suplica, “¡Me rindo!”

¡Ésta es una súplica! Dice, “¡Me rindo! No puedo pelear más la batalla. Estoy perdido y desesperado.”

Una súplica no significa clamar a Dios para hacer lo que usted desea. No es mendigar o abogar para que Él le ayude con sus planes. Por el contrario, ¡es una rendición total de su voluntad y de sus caminos!

Por siglos, cristianos llenos de voluntad propia han clamado a Dios, “Oh Dios, envíame aquí, envíame allá, dame esto, dame aquéllo.” Pero en los últimos días, el Espíritu Santo caerá con gran poder para producir una sensación de bancarrota espiritual. Nosotros despertaremos al hecho de que aún teniendo todo el dinero, toda la inteligencia, todos los programas, los ministerios, los planes, no hemos alcanzado a este mundo Y que la verdad es, que la iglesia ha perdido el piso y se ha convertido en débil y lamentable.

¡Debe de haber rendición! Nuestro clamor debe estar acompañado de deseo por entregar todo lo que tenemos en esta vida que no se asemeja a Jesucristo.

La oración de Daniel demuestra lo que significa una súplica: “Ahora pues, Dios nuestro, oye la oración y los ruegos de tu siervo, y haz que tu rostro resplandezca sobre tu santuario asolado, por amor del Señor. Inclina, Dios mío, tu oído, y oye; abre tus ojos y mira nuestras desolaciones y la ciudad sobre la cual es invocado tu nombre; porque no elevamos nuestros ruegos ante ti confiados en nuestras justicias, sino en tus muchas misericordias.” (Daniel 9:17-18).

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