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miércoles, 28 de septiembre de 2011

Madre de todos los pecados y llama a Dios mentiroso: INCREDULIDAD


LA MADRE DE TODOS LOS PECADOS
by David Wilkerson | September 28, 2011
[May 19, 1931 – April 27, 2011]

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Yo podría mencionar una lista completa de pecados cometidos por cristianos, pero ninguno de ellos se acerca al pecado del que le voy a hablar. La madre de todos los pecados - el que da origen a todos los demás - ¡es el pecado de la incredulidad!
No me refiero a la incredulidad de aquel pecador endurecido. La incredulidad del réprobo, de los agnósticos y ateos no mueve en lo absoluto a Dios. No, aquéllo que enoja a Dios más que nada es ¡la incredulidad y las dudas que aquejan a aquéllos que se llaman a sí mismos posesión suya! ¡Sus hijos, quienes dicen “Yo soy de Jesús” y aún abrazan la duda, el miedo y la incredulidad en sus corazones, son los que aflijen al Señor más que los demás!
¡Cuán seriamente toma Dios en cuenta el pecado de la incredulidad! Judas advirtió a la iglesia con las siguientes palabras: “Quiero recordaros, ya que una vez lo habéis sabido, que el Señor, habiendo salvado al pueblo sacándolo de Egipto, después destruyó a los que no creyeron.” (Judas 5).
¡Judas les recuerda a los creyentes la actitud de Dios ante la incredulidad! Él está diciendo, “Te recuerdo el odio absoluto de Dios hacia la incredulidad entre su pueblo salvo. Tras haber salvado a su pueblo, ¡Él destruyó a aquéllos que no creyeron!”
Amado, ¡yo creo que Dios me ha llamado a recordarle la misma cosa a la iglesia! “Todas estas cosas les acontecieron como ejemplo, y están escritas para amonestarnos a nosotros, que vivimos en estos tiempos finales.” (1 Corintios 10:11). Dios posiblemente no destruya físicamente a su pueblo como lo hizo en el Antiguo Testamento, pero hoy día sus juicios por nuestra incredulidad son espirituales e igualmente severos.
La incredulidad es justamente tan destructiva hoy como nunca antes. Posiblemente no nos convitarmos en un pilar de sal, pero ¡sí llegamos a ser endurecidos y amargados! El abismo no se abre para devorarnos, pero sí nos absorbe con dificultades, estrés y problemas familiares. Fuego no cae sobre nosotros y nos consume, pero nuestra vida espiritual es destruida.
Muchos de nosotros somos culpables de la madre de todos los pecados y no tenemos temor de ello. No tomamos en cuenta nuestra incredulidad con seriedad, inclusive vivimos como si Dios le guiñara el ojo. No obstante, éste es uno de los pecados que abre nuestro cuerpo y espíritu a todos los demás pecados conocidos por el hombre.

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¡LA INCREDULIDAD EXPONE A DIOS COMO MENTIROSO!
by David Wilkerson | September 29, 2011
[May 19, 1931 – April 27, 2011]

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“El que cree en el Hijo de Dios tiene el testimonio en sí mismo; el que no cree a Dios, lo ha hecho mentiroso, porque no ha creído en el testimonio que Dios ha dado acerca de su Hijo.” (1 Juan 5:10).
Considere todos los terribles pecados de Israel cometidos en el desierto, murmuraciones, reclamos, idolatría, ingratitud, rebelión, sensualidad. Sin embargo ninguno de ellos provocó la ira de Dios. ¡Fue su incredulidad la que enojó a Dios! “Y Jehová dijo a Moisés: ¿Hasta cuándo me ha de irritar este pueblo? ¿Hasta cuándo no me creerán, con todas las señales que he hecho en medio de ellos?” (Números 14:11).
Dios le dijo a Moisés, “Este pueblo crea mentiras después de todo lo que he hecho por ellos! He realizado milagros tras milagros, los he librado vez tras vez. ¿Cuándo finalmente confiarán y descansarán en mí?”
Deténgase por un momento y medite en todas las cosas que Dios ha hecho por usted: Él lo ha guardado, ha contestado oración tras oración. Él lo ha acompañado en todas sus crisis. Él lo ha sacado de todas sus pruebas, lo ha alimentado con maná del cielo, ha hecho por usted cosas que van más allá de milagros.
Durante 38 largos años, Israel olvidó la Palabra de Dios y sus milagros. Y debido a que cayeron en murmuraciones e incredulidad, Dios exclamó, “...los heriré de mortandad y los destruiré...” (v. 12). Él le dijo a Moisés, “¡Me rindo con mi pueblo porque éste nunca llegará a confiar en mi!” Cuando Israel se encontraba en el lado victorioso del Jordán, Moisés hizo una declaración solemne: “Mira, Jehová, tu Dios, te ha entregado la tierra: sube y toma posesión de ella, como Jehová, el Dios de tus padres, te ha dicho. No temas ni desmayes...No temáis ni tengáis miedo de ellos. Jehová, vuestro Dios, el cual va delante de vosotros, peleará por vosotros....Pero ni aun así creísteis a Jehová, vuestro Dios...Cuando Jehová oyó la voz de vuestras palabras, se enojó e hizo este juramento: "Ni un solo hombre de esta mala generación verá la buena tierra que juré que había de dar a vuestros padres..." (Deuteronomio 1:21, 29-30,32, 34-35).
Dios magnifica Su Palabra por encima de Su nombre. Él ejecuta cada palabra que pronuncia, y todas las cosas que le dijo a Irael son las mismas cosas que nos dice a nosotros. Yo te pregunto: ¿acaso no incurriremos en Su ira si actuamos con incredulidad?
Leemos Su Palabra y escuchamos todas Sus promesas desde el púlpito pero después nos paramos en un rincón y nos preocupammos porque no los vemos actuar inmediatamente como quisiéramos. Cuando no permitimos que su Palabra se ancle a nuestras almas, cuando escuchamos sus preciadas promesas y después actuamos como si hubiéramos sido abandonados, ¡exponemos a Dios como mentiroso!

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¡LA INCREDULIDAD INTERRUMPE NUESTRA INTIMIDAD CON DIOS!
by David Wilkerson | September 30, 2011
[May 19, 1931 – April 27, 2011]

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“Pero sin fe es imposible agradar a Dios, porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que él existe y que recompensa a los que lo buscan.” (Hebreos 11:6).
¡Toda la oración del mundo no le hará nada de bien hasta que usted la mezcle con fe! Usted puede ayunar y orar por tres días, o tres semanas, pero sin fe, usted no agradará a Dios. Todas las horas de oración, todas sus peticiones, todas las veces que “usted acude a Él” no tendrán provecho a menos de que ¡usted ancle su corazón a la fe!
“Pero pida con fe, no dudando nada, porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra. No piense, pues, quien tal haga, que recibirá cosa alguna del Señor...” (Santiago 1:6-7).
Si usted pasa dos horas en la presencia de Dios sin creer que Él le contestará, entonces ¡usted lo está avergonzando durante esas dos horas! Posiblemente usted se sienta bien después de haber orado por ese tiempo o se sienta santo, pero en realidad ¡usted está perdiendo su tiempo! Usted le está dando a Dios dos horas de incredulidad y dudas.
Yo conozco a cristianos que oran diariamente, e incluso sollozan delante del Señor, pero nada sucede. Ellos continúan agobiados y deprimidos. Sus vidas están bajo confusión, todo esto porque ellos han avergonzado al Señor al venir a Su presencia sin estar completamente persuadidos de que Él hará lo que ha prometido!
“Por tanto, os digo que todo lo que pidáis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá.” (Marcos 11:24).
“Y todo lo que pidáis en oración, creyendo, lo recibiréis.” (Mateo 21:22).
Muchas personas del pueblo de Dios viven como indigentes espirituales porque algo les sucedió que los llevó a cuestionar el amor de Dios. Ellos dicen, “¿Cómo puedo confiar en Dios cuando no comprendo por qué Él permitió que esta situación me aconteciera?”
No hay respuesta humana ante su confusión. Pero Dios sabe el principio y el final, y solamente cuando estemos en el cielo podremos entender por qué algunos de esos vientos y mareas nos golpearon y por qué Dios lo permitió.
Isaías presentó una respuesta y creo que es todo lo que necesitamos saber: “«¿Se olvidará la mujer de lo que dio a luz, para dejar de compadecerse del hijo de su vientre?...yo nunca me olvidaré de ti! He aquí que en las palmas de las manos te tengo esculpida...” (Isaías 49:15-16).
Dios nos ha dado Su Palabra: “Tú eres Mi hijo. Estás escrito en la palma de Mi mano. Por tanto confía en mí!”

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