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jueves, 21 de junio de 2012

Libro: ¿QUIENES SOIS?, George H. Warnock

No estoy diciendo, “regresemos a Pentecostés”. Estoy diciendo, “¡AVANCEMOS!” (G.H.Warnock) 


¿Quiénes sois?
George H. Warnock

Este libro rezuma tanta unción que lo leímos de un tirón. Es la palabra que necesitamos, que España, Europa y el Mundo anhelan. Solo esto llevará la iglesia a morar por experiencia en los Lugares Celestiales, para vencer en el Día del Señor.
Una vez más damos las gracias a Carlos Jiménez Cortés (Ekleto) por estar atalayando el horizonte y darnos cuenta de sus avistamientos.

Los comentarios parentéticos en letra pequeña de color azul no son del autor, sino del blog.
Los que prefieran el texto sin los resaltados pueden descargarlo lo directamente en el enlace:


"Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes" (Efesios 6:12, 13)

Contenidos

Introducción
Capítulo 1 – Los ejércitos del Cielo
Capítulo 2 – El Día del Señor
Capítulo 3 – La Batalla es del Señor
Capítulo 4 – El Secreto de nuestra victoria
Capítulo 5 – Discerniendo el Bien y el Mal
Capítulo 6 – Penetrando en los Lugares Celestiales
Capítulo 7 – La Sabiduría de la Cruz

Primera Impresión, 1985
Quinta Impresión (Ampliada) Agosto, 1995 (Colombia, Sudamérica)

¿Quiénes sois? – George Warnock

Capítulo 1 – Los ejércitos del Cielo
“Entonces vi el cielo abierto; y he aquí un caballo blanco, y el que lo montaba se llamaba Fiel y Verdadero, y con justicia juzga y pelea. Sus ojos eran como llama de fuego, y había en su cabeza muchas diademas; y tenía un nombre escrito que ninguno conocía sino él mismo. Estaba vestido de una ropa teñida en sangre; y su nombre es: EL VERBO DE DIOS. Y los ejércitos celestiales, vestidos de lino finísimo, blanco y limpio, le seguían en caballos blancos. De su boca sale una espada aguda, para herir con ella a las naciones, y él las regirá con vara de hierro; y él pisa el lagar del vino del furor y de la ira del Dios Todopoderoso. En su vestidura y en su muslo tiene escrito este nombre: REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES.” (Apoc. 19:11-16).
En este día de temor y ansiedad, de inquietud entre las naciones, ¡Qué confianza produce poder mirar en las Escrituras y recibir una visión de los planes de guerra de Dios y saber que el Comandante en jefe de los ejércitos de los Cielos, está a punto de irrumpir en la escena de la depravación y futilidad humanas, montando sobre un caballo blanco de justicia y poder, y llevando a Sus ejércitos a la batalla y a la victoria totales!
Qué confianza saber en esta hora en que los corazones de los hombres les fallan por temor, en que reyes y gobernadores y presidentes de naciones se frustran en sus intentos por resolver las crisis de las armas nucleares y por establecer un fundamento para la paz… saber que hay Uno que ha conquistado, y que por el decreto de Dios se sienta ahora mismo a la diestra del poder y de la autoridad de Dios, gobernando y reinando “en medio de Sus enemigos”… pero que simplemente espera el programa de tiempo de Dios, y la señal del trono por parte del eterno Jehová Dios, para cargar en la batalla contra el Enemigo, y poner fin al reinado del mal.
Y también saber que nosotros, si somos tenidos por “fieles y verdaderos”, seremos parte de ese ejército que seguirá al Hijo de Dios al salir Él a la batalla en el Gran Día del Dios Todopoderoso. Esta es la gente que no solo profesa tener FE y VERDAD; sino que la fidelidad y la veracidad han sido forjadas en su propio ser, al haber aprendido la obediencia por medio las cosas que han sufrido y habiendo seguido al Señor en todos Sus caminos.
La Iglesia de Jesucristo fue destinada y equipada con el escudo de Dios para ser una Iglesia de guerra. No estamos negando que no haya luchado una valiente guerra con las fuerzas del mal a lo largo de su larga historia, pero con demasiada frecuencia, ha sufrido derrota, bien porque no conocía la estrategia del Enemigo, o porque no se confinó a sí misma en esas armas espirituales que Dios le había dado para la batalla y para la eventual victoria. No obstante, en medio y a través de todo ello, Dios no ha abandonado la declaración de Su Hijo:
“Edificaré Mi iglesia y las puertas del Hades no prevalecerán en contra de ella” (Mateo 16:18).
Las derrotas del pasado (y ha habido muchas), no alteran los propósitos de Dios; porque en la sabiduría de la Cruz, Dios aún tomará todas las maquinaciones del Maligno, cuya intención es destruir al pueblo de Dios, y las entrelazará con Sus propios propósitos para que el Enemigo sea atrapado en sus propias maquinaciones y caiga en el mismo mal que él pensaba traer sobre los escogidos de Dios.
La victoria final de Sansón
La historia de Sansón toma un significado hermoso para aquellos de nosotros que vivimos en los últimos días. Ahora mismo casi nos avergüenza admitir que somos parte de la “Iglesia”, cuando nos vemos a nosotros mismos como Sansón: atados por los sistemas del mundo de los Filisteos, moliendo el trigo para los enemigos de Dios, y tan ciegos en nuestro corazón, que pensamos que tenemos victoria y triunfo en medio de todo ello. Pero un día—y pensamos que está comenzando a suceder—los cabellos de la cabeza de Sansón crecerán de nuevo, y su fortaleza será renovada. Estamos comenzando a reconocer que Dios quiere que seamos un pueblo distinto y separado en la tierra, “en el mundo, pero no de él”. Estamos comenzando a darnos cuenta de que nuestro llamamiento es celestial, que nuestra batalla está en los lugares celestiales.
Un día, cuando el corazón de Sansón comenzaba a volverse hacia Dios-en su debilidad, en su ceguera y en su esclavitud—llega al lugar donde está preparado para poner su vida si es que de ese modo él puede ser vengado de los Filisteos y traer liberación al pueblo de Dios. “Dejadme morir con los Filisteos”, clamó él, al inclinarse sobre los pilares en la Casa de Dagón, y destruir las hordas de los Filisteos en un golpe masivo. El resultado es que mató a un número mayor con su muerte que el total de los hombres que mató a lo largo de toda su vida—con todo lo espectaculares y dramáticas que hubieran sido sus actividades en sus años previos.
Amados, vamos a ver el verdadero significado de todo esto cuando la Iglesia de Jesucristo comience a darse cuenta de la grandeza de su esclavitud:
Cuando descubra que ha sido cegada en su entendimiento, y que ni siquiera sabía que era una herramienta dispuesta del sistema del mundo. Cuando se dé cuenta de que ha estado moliendo maíz para los Filisteos, pensando en medio de todo ello que estaba trabajando para Dios.
Cuando su voto nazareo de separación para el Señor sea renovado y su cabello de gloria sea restaurado.
Cuando se dé cuenta repentinamente de haber sido un hazmerreír del mundo, y no su amigo…
Cuando se dé cuenta de que ha sido guiada por un muchacho de los Filisteos, y no por la mano de Dios.
Y cuando esté finalmente preparada para poner su vida, y de ser así, poder conocer el poder del Cristo resucitado obrando en ella.
“Porque nosotros que vivimos, siempre estamos entregados a muerte por causa de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal.” (2ª Cor. 4:11).
Amados, Dios está preparando un ejército que salga en el Día del SEÑOR para poner final al reinado del Mal y librar al pueblo de Dios de su opresor. No están siendo reclutados por tener capacidades políticas o militares o por saber como involucrarse en programas humanos; sino porque como el Sansón de antaño, han descubierto la locura y la futilidad de todo esto, y están ahora preparados para aprender el arte de la guerra, cuyas únicas armas son ESPIRITUALES Y CELESTIALES, “y poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas” (2ª Cor. 2:4).
Y vamos a descubrir, al avanzar en este mensaje, que si no estamos vestidos con nuestra armadura espiritual, e involucrados en la batalla en el Espíritu de Dios en los lugares celestiales, no conoceremos otra cosa que la derrota aquí, en los ámbitos terrenales.

Capítulo 2 – El Día del Señor
Generalmente las enseñanzas sobre la venida del Señor están asociadas con doctrinas sobre la gran tribulación, controversias sobre si Él vendrá antes, durante o después de la tribulación. La tribulación parece ser el asunto principal. ¿Perdemos o no el enfoque de todo el asunto? Lo que está claro en las Escrituras es que la tribulación coincide con el Día del Señor. Es un tiempo de gran conflicto y oscuridad, si, pero es el amanecer del nuevo día de Dios—algo que el pueblo de Dios a menudo ignora. Pablo nos dice:
“La noche está avanzada, y se acerca el día. Desechemos, pues, las obras de las tinieblas, y vistámonos las armas de la luz.” (Romanos 13:12).
¿No queda claro a partir de esto que el Día del Señor ha de ser deseado más que la noche en la que ahora vivimos? ¿Quién querría perderse la luz del nuevo día de Dios? Especialmente cuando Él nos dice claramente que Él ha provisto para nosotros la “armadura de la luz”. Si, claro, habrá oscuridad en el mundo a nuestro alrededor en ese día. Pero no se llama “La noche del Señor”. ¡Es el DÍA de Dios! Sólo esto debería hacer que el pueblo de Dios se parase y considerara en su corazón. “Ahora bien… ¿Por qué razón querría yo perderme ese DÍA al que todos los profetas se referían, y que es mencionado frecuentemente en el Nuevo Testamento como la esperanza del pueblo de Dios?
“Porque vosotros sabéis perfectamente que el día del Señor vendrá así como ladrón en la noche” (1ª Tes. 5:2). Pero no debemos quedarnos ahí. “Mas vosotros, hermanos, no estáis en tinieblas, para que aquel día os sorprenda como ladrón. Porque todos vosotros sois hijos de luz e hijos del día; no somos de la noche ni de las tinieblas. Por tanto, no durmamos como los demás, sino velemos y seamos sobrios. Pues los que duermen, de noche duermen, y los que se embriagan, de noche se embriagan. Pero nosotros, que somos del día, seamos sobrios, habiéndonos vestido con la coraza de fe y de amor, y con la esperanza de salvación como yelmo. Porque no nos ha puesto Dios para ira, sino para alcanzar salvación por medio de nuestro Señor Jesucristo” (v.4-9). ¿No queda claro por este pasaje que no tenemos una cita con la ira de Dios, por causa de la armadura que nos ponemos, el escudo de la fe y del amor, y el yelmo de la salvación? ¿Por estar equipados completamente con la armadura de Dios y no porque él nos arrebate de la batalla?
Fíjate en la vestidura de la batalla del pueblo de Dios en el Día del SEÑOR. Es la “armadura de luz”, “el escudo de la fe y del amor; y por yelmo, la esperanza de la salvación.” ¡DIOS HA PROVISTO ARMADURA PARA SU PUEBLO—NO ALAS! Y si sabemos estas cosas, Dios nos ayude a ponernos “toda la armadura de Dios”. Dios quiere un pueblo preparado para la batalla, y la armadura que Él provee es totalmente suficiente para nosotros para “estar firmes en el día malo.” (Lee Efesios 6:10-18).
Este es un Día de mezclas. El Día del SEÑOR tratará con esta horrible corrupción que abunda en la tierra y especialmente con la MEZCLA que ha caracterizado al pueblo de Dios. Con frecuencia somos contaminados con la corrupción del mundo porque habitamos en medio mismo de ello, y no siempre somos conscientes del efecto que está teniendo en nuestras mentes y espíritus. Jesús nos advirtió que por causa de la abundancia de la iniquidad a nuestro alrededor, el amor de muchos se “enfriaría”.
Es fácil deslizarse en el camino del mundo sin darse cuenta de que el mundo y sus sistemas son los enemigos de Dios “y el que es amigo del mundo, es enemigo de Dios” (Santiago 4:4).
Necesitamos orar que Dios nos muestre tal exhibición y peso de Su gloria en medio de nosotros para que podamos reprobar al mundo de pecado, como deberíamos estar haciendo. No quiero decir con esto que sea a través de mucho hablar y de apuntar con dedo acusador: Me refiero con esto a vivir expresando la vida de Cristo en el mundo, que el mundo sea confrontado con el ojo de Dios, que todo lo ve, y sepa que es Dios mismo quién los está reprobando “de pecado, de justicia y de juicio” (Juan 16:8). Sin esta manifestación de Su gloria, ¡Qué desvalidos estamos! Y así, lo mejor que sabemos hacer es conseguir que los legisladores se pongan de nuestra parte, y tratar de cortar las pequeñas ramitas y brotes de degradación que siguen creciendo del árbol corrupto de nuestra sociedad. Pero a menos que el árbol sea cortado de raíz—por cada ramita de corrupción que tratemos de cortar en el brote, dos más crecerán en su lugar. ¡El plan de Dios es echar abajo el árbol! Y nosotros que conocemos a nuestro Dios, y que sabemos lo que es el Día del SEÑOR, nos gozaremos cuando el Señor haga la oscuridad y el mal para los hacedores de maldad, y traiga luz y paz a los que aman la verdad. Porque Él ha declarado:
“Yo formo la luz y creo las tinieblas, que hago la paz y creo la adversidad. Yo Jehová soy el que hago todo esto. Jehová el Creador. Rociad, cielos, de arriba, y las nubes destilen la justicia; ábrase la tierra, y prodúzcanse la salvación y la justicia; háganse brotar juntamente.” (Isaías 45:7-8). ¡Esto es exactamente el significado del Día del SEÑOR!
Dios aborrece la mezcla y llama a Su pueblo a hacer una diferencia entre lo puro y lo impuro, a conocer la naturaleza del bien y del mal, y trazar una línea divisoria entre la luz y la oscuridad:
“!Ay de los que a lo malo dicen bueno, y a lo bueno malo; que hacen de la luz tinieblas, y de las tinieblas luz; que ponen lo amargo por dulce, y lo dulce por amargo! ” (Isaías 5:20).
Una vez más, en este Día del SEÑOR que viene rápidamente sobre nosotros, Dios va a “dividir la luz de la tinieblas”. Una vez más, la luz será llamada día, y las tinieblas serán llamadas noche. Sólo la revelación de Su gloria puede hacer esto. Intentemos, si es que podemos, meternos en el ámbito político con una pala, para quitar la oscuridad, y la oscuridad permanecerá… y será aún más oscura. Intentemos, si es que podemos, movilizarnos, marchar y hostigar a los hacedores de maldad, y no conseguiremos nada. Cuando la luz es rechazada, la oscuridad es el resultado inevitable. Y como veremos más tarde en este mensaje, si la luz es persistentemente rechazada, Dios mismo enviará una mayor y mayor oscuridad, hasta el punto de que los hombres no conocerán la diferencia, y el mal será llamado el bien y la oscuridad, la luz.


Este es un Día de Engaño
Dios nos dice que llegará el tiempo en que Él mismo enviará “un poder engañoso para que crean la mentira (LA MENTIRA)”. (2ª Tes. 2:11). Y la razón es mencionada claramente: “Porque no recibieron el amor de la verdad para ser salvos (V. 10). Una rebelión consistente y persistente contra Dios hace que Dios aparte Su protectora mano de gracia, y por tanto, provocando un aumento y una multiplicación de la oscuridad que ya hay.
En este sentido solamente Dios “crea el mal”. Es el juicio de Dios en contra de la iniquidad. Y tanto si somos creyentes o no, esto debería producir en nosotros un temor santo. Un poco de desobediencia por nuestra parte puede producir una medida de oscuridad. Dios sea misericordioso en esa hora—para que podamos reconocer la oscuridad y regresar corriendo a Sus brazos, Sus brazos extendidos de amor y de perdón. Da miedo ver a hombres y mujeres que pensábamos que habían conocido al Señor de forma muy real… deslizándose hacia áreas de engaño y oscuridad que son completamente ajenas al amor de la verdad. En algún lugar Satanás encontró un paso, gradualmente se posicionó ahí, hasta que casi parecía que no quedaba ninguna esperanza para ellos.
¡Qué tarea tan interminable tendríamos en nuestras manos si hubiéramos de comenzar a nombrar todas las áreas diferentes de engaño! La provisión de Dios y el antídoto para este peligro es que tú y yo caminemos en la verdad. Jesús dijo, “Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.” (Juan 8:32). Pero sentimos que hay que mencionar este mal del divorcio que corre libremente estos días; y advertir al pueblo de Dios especialmente, que Satanás está promoviendo esta avalancha de divorcio e infidelidad que está sobrecogiendo a la iglesia. El hogar cristiano es una “iglesia” en miniatura, y el Enemigo sabe que si es victorioso en el hogar, automáticamente tiene victoria en la iglesia. Debemos guardarnos contra el engaño que está alcanzando a muchos, especialmente cuando el marido y la esposa comienzan a creer la mentira de que no se han casado con el cónyuge espiritual apropiado-y que realmente Dios jamás los unió el uno al otro—que fue su propia equivocación, y que por tanto, aún deben encontrar al que realmente Dios preparó para ellos. Hemos recibido información de fuentes distintas de que hay brujas y brujos orando y ayunando para que se rompan los hogares cristianos. No seamos hallados entre el gran número de los que echan la culpa a Dios del ataque de brujas y brujos.
No estoy juzgando al pueblo de Dios. Sé que con mucha frecuencia, una parte inocente es involucrada, y que hijos inocentes son frecuentemente las víctimas. Han surgido situaciones muy complejas como resultado de matrimonios que tuvieron lugar cuando uno o ambos cónyuges no eran creyentes. Lo único que puedo decir es que si has sido atrapado en situaciones para las que no conoces la salida… Dios todavía puede producir orden del caos, y llevarte a un lugar de REPOSO en Él, al buscar Su voluntad para tu vida e ir hacia ese lugar de entrega total. Y si eres la parte culpable, también hay esperanza para ti—y gracia. Pero el primer paso para salir de tu esclavitud será admitir que Dios está en lo correcto y que tú estás equivocado. Y entonces, tendremos esta promesa condicional.
“Por si acaso Dios les da el arrepentimiento que conduce al pleno conocimiento de la verdad, y volviendo en sí, escapen del lazo del diablo, habiendo estado cautivos de él para hacer su voluntad.” (2ª Tim. 2:25,26). Si insistes en tu inocencia, y te aferras al engaño de que “Dios me llevó a hacer eso”—esto sólo puede llevarte a un engaño mayor. Una vez que puedes decir desde tu corazón: “Dios, Tú estás en lo CORRECTO y yo estoy EQUIVOCADO”, entonces la Biblia dice, “por si acaso” descubres la gracia del arrepentimiento. Porque, recuerda, el arrepentimiento no es algo que puedes hacer cada vez que te apetezca… o posponerlo hasta que hayas obtenido lo que querías conseguir con tu desobediencia. Dios debe proveer la gracia para ello, si es que ha de ser verdaderamente genuino y con carácter redentor en su naturaleza.
Hablamos de un área de engaño que ha alcanzado a muchos en el pueblo de Dios, y lo prevaleciente que se ha vuelto en la Iglesia. Y pensamos que es evidente que esta tendencia a la infidelidad en el hogar ha venido por medio de seducciones del mundo que nos rodea. Pablo nos dice que por la operación de la Cruz, él estaba “crucificado al mundo” y “el mundo le estaba crucificado a él”. (Lee Gál 6:14).
Este es el verdadero problema. La mayoría de nosotros en la Iglesia no hemos conocido ni reconocido, ni nos hemos preocupado suficientemente para seguir a esta clase de identificación con la Cruz de Cristo. ¡“La ofensa de la Cruz” casi ha cesado! El evangelismo moderno ha presentado muy bien a la Cruz de Jesús como la salida fácil para ti y para mí. Jesús murió en la Cruz… de modo que asumimos que no hay cruz que tengamos que cargar el resto de nosotros. La palabra “ofensa” es “skandalon” en griego, de donde obtenemos la palabra inglesa “escándalo”. El escándalo de la Cruz apenas está ahí—especialmente en nuestro mundo occidental. No queremos convertirnos en un objeto de escándalo que viene cuando tomamos la cruz y Le seguimos. Y de este modo, nos unimos al mundo pensando que el mundo será como nosotros, y no consideraremos por más tiempo que realmente seamos tan distintos de ellos. “Puedes unirte a tu iglesia, y pasártelo muy bien. Puedes servir a Dios y pasártelo fenomenal… Dios lo quiere así.” Pero Santiago nos advierte:
“¡Oh almas adúlteras! ¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios.” (Santiago 4:4). ¡Que acusación! Decimos que tenemos que ser amigos del mundo para ganarlos. Dios dice que si eso es lo que haces, ¡te conviertes en Su enemigo!
Cuando el rey de Moab no pudo persuadir a Balaam el hechicero para que maldijera al pueblo de Dios (porque Dios tomó el control de su lengua, sin cambiar su corazón, Dios puede hacer eso, ya lo sabes… justo el día antes había tomado control de la lengua del asno sin cambiar su corazón…)--¿Sabes lo que hizo Balaam? Sugirió a Balac que invitara al pueblo de Dios a una de sus orgías y que los atrapara de ese modo. ¡Y funcionó! Miles de ellos cayeron en la trampa, al contaminarse con los encantamientos y las trampas de los dioses de Moab. El pueblo de Dios se corrompió.
El que está en medio de Su pueblo con ojos de llama de fuego, viene a purgar al pueblo de Dios de la doctrina de Balaam. ¡Señor, bautízanos en frescura—con el Bautismo del Espíritu Santo y fuego!


La gloria de Dios viene a Su templo
Pueblo de Dios, sigamos clamando para que Su gloria vuelva a Su Templo… para que Su Presencia vuelva a brillar en medio de nosotros. Pero amados, comprendamos las implicaciones de que la gloria de Dios vuelva a morar en medio de Su pueblo. Él puede bendecirnos desde el Cielo, y derramar Sus dones sobre nosotros en nuestra condición carnal. Pero cuando Él regrese en la plenitud de Su Presencia permanente en medio de nosotros, ES PARA SER NUESTRO CAPITÁN Y SEÑOR. Él viene a limpiar y purgar a Su pueblo. Viene a tomar el control. Y por tanto, tan deseable como pueda ser todo esto, comprendamos que es también algo muy temible.
Fue justo después de que la gloria del SEÑOR hubiera pasado por entre las huestes de Israel (en el poderoso bautismo de la nube), que Egipto fue repentinamente confrontado con los juicios de Dios. La gloria que era luz para el pueblo de Dios, repentinamente se volvió negra oscuridad al enemigo. Dios había dividido la luz de la oscuridad—para que el enemigo no se acercara al pueblo de Dios a lo largo de toda la noche.
Fue justo después de que la gloria del SEÑOR hubiera aparecido a la congregación en el desierto, y de que el fuego de Dios irrumpiera desde Su presencia para consumir la ofrenda quemada de Su pueblo…que Nadab y Abiú decidieron preparar una hoguera por sí mismos.
“Nadab y Abiú, hijos de Aarón, tomaron cada uno su incensario, y pusieron en ellos fuego, sobre el cual pusieron incienso, y ofrecieron delante de Jehová fuego extraño.” Inmediatamente fueron consumidos por el fuego devorador de la gloria de Dios. ( Lee Lev. 10:1-2).
Ahora bien, ¿qué era lo malo del incienso que habían ofrecido? ¿Es que no estaban haciéndolo delante del Señor? Pero esa no era la cuestión. Estaban haciendo algo que Dios no les había llevado a hacer… algo “que Él no les había ordenado” (v. 1). ¡Dios no lo había autorizado!
Amados, ¿Cuándo vamos a llegar a ese punto en el que reconozcamos que estamos aquí para hacer lo que Dios nos mande… nada más y nada menos? No importa nada si tú o yo pensamos que sería bueno hacer algo. ¿Cuál es la voluntad de Dios en el asunto? “¿Cómo puedo conocer la voluntad de Dios?”, puede que alguien diga. Viene a nosotros cuando nosotros Le buscamos. A veces no sabemos como: la suave voz de Dios, algo de la Palabra, alguna clase de confirmación de ésta o ésta otra fuente. Pero es algo que Dios, por su honra, nos mostrará cuando “presentemos nuestros cuerpos como sacrificio vivo”, y estemos consagrados totalmente a hacer Su voluntad.
Estoy convencido de que si la gloria de Dios hubiera de irrumpir súbitamente en esta hora en medio de nosotros, muchos caerían muertos en el púlpito o en los pasillos de nuestras iglesias, como sucedió con Ananías y a Safira en la Iglesia primitiva. ¿Has considerado alguna vez lo insignificante que sería considerado su pecado ante nuestros ojos hoy día? Vendieron una propiedad, y dieron la mayor parte a la Iglesia…quizás nueve décimos del total. Pero guardaron la parte pequeña para un posible “día lluvioso” y llevaron el resto a los apóstoles. ¿Cuál fue su pecado? ¿Qué no lo dieron todo? No, realmente. Simplemente el dar la impresión de que estaban dándolo todo. Pedro les dijo: “¡No habéis mentido a los hombres, sino al Espíritu Santo!” En su silencio respecto de lo que habían hecho, daban la impresión de estar dándolo todo igual que los demás. ¡Mintieron al Espíritu Santo!
¡Oh, si el pueblo de Dios pudiera reconocer las implicaciones del Día del SEÑOR y de Su gloria viniendo a morar en Su Templo! ¡Fuera con la diversión y los reclamos publicitarios que se usan hoy día para llevar a la gente a Jesús! Satanás no tiene ningún temor cuando ve al pueblo de Dios saliendo a la BATALLA con armas carnales… grupos musicales que hacen su propia cosa ante el aplauso de grandes audiencias… músicos de rock usando prodigiosamente el arte de Satanás, todo ello revestido hermosamente con palabras sobre Jesús, el cielo y la Biblia… tropas de drama que surgen de centros de entrenamiento misionero, con un reparto describiendo a Dios y a Jesús, y al Diablo en la misma plataforma, tratando de embaucar a la gente para que escuchen el evangelio… ministerios de marionetas representando al Evangelio con pequeñas marionetas de monos o de demonios o cosas semejantes… magos que muestran sus trucos de ilusionismo ante el aplauso de una audiencia que algún grupo de “iglesia” contrató para enganchar a la gente para escuchar el “evangelio. Conozco un caso en el que un jovencito de una clase de escuela dominical tuvo que ser librado de la opresión de espíritus después de haber visto las manipulaciones inteligentes de un “ministerio de marionetas” en una clase de escuela dominical. ¡Y todo esto—no en alguna clase de iglesia muerta y apóstata, sino en grandes iglesias carismáticas en las que la gente literalmente ama alabar, adorar y cantar en el Espíritu y danzar delante del Señor!
Oh, Señor, ¿Cómo es posible que éstas y otras abominaciones aún mayores, hayan entrado en tu templo, y que el pueblo de Dios que conoce y ha experimentado tus bendiciones, que disfrutan de los dones del Espíritu funcionando en medio de ellos—se sienten en la congregación y aplaudan y rían, y piensen que están promocionando la obra del Señor?
El Día del Señor está presto, el día de Su gloria, y “Ojos como de llama de fuego” van a consumir la escoria del tiesto de plata de la llama refinadora de Dios. Dios dice que Sus juicios deben primero comenzar por la casa de Dios. Anticipamos el día de Su gloria. Pero incluso al esperarlo, humillémonos ahora en Su presencia, no sea que Su luz brille sobre nosotros repentinamente, y seamos hallados desnudos. Porque Él nos dice a ti y a mi y al pueblo de Dios que ha conocido Sus operaciones por todas partes en tiempos pasados…
“Recuerda, por tanto, de dónde has caído, y arrepiéntete, y haz las primeras obras; pues si no, vendré pronto a ti, y quitaré tu candelero de su lugar, si no te hubieres arrepentido.” (Apoc. 2:5).
No hablo como juez, sino como alguien que creció bajo la sombra de Pentecostés, y tuvo un poco de entendimiento de lo que sucedió en esos principios tempranos, y la gloria que hubo ahí. No me refiero a una experiencia personal, porque eso fue antes de mi tiempo—pero estuve cerca de ello. Yo nací en una segunda generación de Pentecostés y lamenté haber perdido la gloria original que supe que había habido en ello. Esto solía molestarme hasta que años más tarde descubrí que Dios tenía algo para Su pueblo que está más allá de Pentecostés. Aún recuerdo con cariño esa esperanza, y sé que Dios hará más abundantemente de lo que pedimos o pensamos. Es difícil sentir la realidad de la unción y de la presencia de Dios simplemente leyendo sobre ello; pero para los que no están familiarizados con la gloria de aquellos primeros días, imprimimos un extracto de lo que escribió un hombre a quién el Señor usó en aquellos tiempos. (El nombre mencionado, Azusa, corresponde a una calle en Los Ángeles, donde este derramamiento en concreto tuvo lugar).
“El espíritu de cántico dado por Dios al principio era como el arpa en su espontaneidad y dulzura. De hecho era el mismo aliento de Dios tocando en cuerdas del corazón humano, o cuerdas vocales humanas. Las notas eran maravillosas en dulzura, volumen y duración. De hecho con frecuencia eran humanamente imposibles. Era de hecho “cantar en el Espíritu.”
“… No teníamos papa ni jerarquía. Éramos hermanos. No teníamos un programa humano, el Señor mismo dirigía. No teníamos clase sacerdotal ni maquinaria sacerdotal. Estas cosas vinieron después, con el proceso de apostasía del movimiento. Ni siquiera teníamos una plataforma o púlpito al principio. Todos estaban al mismo nivel. Los ministros eran siervos, conforme al verdadero significado de la palabra. No honrábamos a los hombres por causa de su educación, sino por los dones que Dios les había concedido. Él ponía a los miembros en el cuerpo.”
“Cosa espantosa y fea es hecha en la tierra; los profetas profetizaron mentira, y los sacerdotes dirigían por manos de ellos; y mi pueblo así lo quiso. ¿Qué, pues, haréis cuando llegue el fin?” (Jer. 5:30-31).
“Los cultos eran prácticamente seguidos. Almas hambrientas podían hallarse bajo el poder casi a cualquier hora del día. El lugar jamás estaba cerrado o vacío. La gente venía para encontrarse con Dios. Él siempre estaba allí, y por eso había una reunión constante. La reunión no dependía de un líder humano.
La presencia de Dios se hacía cada vez más y más maravillosa. En ese viejo edificio, con sus vigas bajas y sus suelos desnudos, Dios hizo pedazos a hombres y mujeres fuertes, y los restauró nuevamente, para Su gloria. Fue un proceso de tremenda revisión profunda. El orgullo y la auto-afirmación, la auto-importancia y auto-estima, no podían sobrevivir allí. El ego religioso predicó su propio sermón de funeral rápidamente.”
“No había sermones ni temas que se anunciaron de antemano y tampoco había conferenciantes especiales en una hora tal. Nadie sabía lo que pasaría, lo que Dios haría. Todo era espontáneo, ordenado por el Espíritu. Queríamos escuchar de Dios, a través de quien fuera. No hacíamos acepción de personas. Los ricos y cultos eran igual que los pobres e ignorantes, y encontraron una muerte mucho más dura de morir. Solo reconocíamos a Dios. Todos eran iguales. No había carne que pudiera gloriarse en Su presencia. No podía usar a los de opinión personal. Se trataba de reuniones del Espíritu Santo, dirigidas por el Señor. Tenía que comenzar en entornos pobres, para expulsar el elemento egoísta humano. Todos venían en humildad ante Sus pies. Todos tenían un aspecto semejante y tenían todas las cosas en común, en ese sentido al menos. Las vigas eran bajas, de modo que los altos tenían que agacharse. Cuando llegaban a Azusa, eran humillados, preparados para la bendición. El forraje era puesto de ese modo para los corderos, no para las jirafas. Todos podían alcanzarlo.”
“Ahí mismo fuimos librados de la jerarquía eclesiástica y del abuso. Queríamos a Dios. Al principio de llegar a la reunión, evitábamos lo más posible el contacto humano y el saludo. Primero que nada queríamos encontrarnos con Dios. Poníamos la cabeza debajo de algún banco en la esquina en oración y sólo nos encontrábamos con otros hombres en el Espíritu, no conociendo más a nadie “según la carne.”
“Todos obedecían a Dios en mansedumbre y humildad. Se preferían unos a otros en honra. El Señor era propenso a manifestarse a través de cualquiera. Orábamos por esto continuamente. Alguien era repentinamente ungido para el mensaje. Podía ser desde el asiento de atrás o el asiento de delante. Daba igual.”
“Alguien podía estar hablando. De repente, el Espíritu Santo caía sobre la congregación. Dios mismo daba el llamado al altar. Los hombres caían sobre la casa, como golpeados en la batalla, o corrían en masa al altar para buscar a Dios. La escena con frecuencia se parecía a un bosque de árboles caídos.”
“Cuando Dios hablaba, todos obedecían. Parecía algo terrible estorbar o entristecer al Espíritu… Dios estaba en Su santo templo. El hombre tenía que callar:” (De “Otra ola llega en abundancia”—por Frank Bartlemen).
No estoy diciendo, “regresemos a Pentecostés”. Estoy diciendo, “¡AVANCEMOS!”. Pero si hemos de avanzar, debemos regresar a esa dedicación y entrega que conocieron en aquellos días. Pentecostés era una cosecha de “Primicias”. Si la gloria que conocimos fue “primicias”… entonces podemos prever que no era otra cosa que el anticipo de la gloria que conoceremos en el tiempo de la cosecha, en la Fiesta de los Tabernáculos, la Fiesta de la cosecha.
Cuando hablamos de “Pentecostés”, por supuesto, estamos refiriéndonos al Pentecostés de las Escrituras, y no a una denominación o grupo de gente que usa ese nombre. Con demasiada frecuencia, lo que vemos hoy no es otra cosa que una cáscara vacía… o como solía decir un pastor, “… todo lo que quedó de la paloma, una vez que había volado” —refiriéndose a la horrible hambruna de Samaria en los días de Elías, cuando se alimentaban de “excrementos de paloma” y de “cabeza de asno”—pagando buena plata por ello (lee 2ª Reyes 6:25).

El Día del Señor, un Día de oscuridad
El día de la oscuridad es el resultado inevitable de la llegada de la gloria de Dios en medio de Su pueblo. Y así, por supuesto, hay tribulación, porque los que aborrecen la verdad ciertamente se levantarán en contra de la luz. No había ninguna reprobación por el pecado en la tierra hasta que Cristo entró en la escena. Pero cuando Él vino como Luz al mundo, los que amaban la oscuridad Le aborrecieron más intensamente, siendo Su propia presencia un mayor objeto de ira por parte de ellos. Egipto no había conocido una hora de mayor oscuridad en su historia como el día de la redención del pueblo de Dios. Y al acercarse ese día, se nos dice: “Hubo densas tinieblas sobre toda la tierra de Egipto, por tres días. Ninguno vio a su prójimo, ni nadie se levantó de su lugar en tres días; mas todos los hijos de Israel tenían luz en sus habitaciones.” (Éxodo 10:22-23).
Y así, cada vez que el Señor se levantaba a favor de Su pueblo e iba delante de ellos contra el enemigo, siempre parecía haber un desdoblamiento de Su gloria con desolación y juicio: “Día oscuro y lúgubre…” ¿Por qué? Porque la “mañana” se “extiende sobre las montañas” como el “gran pueblo” de Dios se prepara para la batalla. Y “todos los rostros se ensombrecen…” ¿Por qué? Porque “delante de él temblará la tierra, se estremecerán los cielos; el sol y la luna se oscurecerán, y las estrellas retraerán su resplandor. Y Jehová dará su orden delante de su ejército; porque muy grande es su campamento; fuerte es el que ejecuta su orden…” (Lee Joel 2:2-11). Parece tan distinto a Dios; y parece tan distinto de Su pueblo que anda en verdad y amor. ¿Pero de qué va todo esto? Es un pueblo tan disciplinado por la Cruz y que camina en tal amor y verdad que se convierte en un tormento a los que caminan en oscuridad. No pienses ni por un instante que la razón por la que vivimos en paz y contentamiento es porque nuestra sociedad es democrática. Es más bien PORQUE NOS FALTA LA GLORIA QUE ATORMENTA A LOS HACEDORES DE MALDAD. Nuestras débiles marchas y protestas son aceptadas por las masas como el derecho democrático del pueblo. Pero en ese día habrá persecución abierta. Y los juicios de Dios caerán cuando la espada afilada de la Palabra salga de aquellos corazones que han experimentado el rechazo, la humillación, la debilidad y la pobreza de espíritu.
No hay oscuridad ni mal en Dios. Pero cuando la luz es rechazada, hay oscuridad. Cuando el amor es rechazado, hay odio. Cuando la paz es rechazada (el Príncipe de Paz) hay guerra.
Leemos en las Escrituras como el sol se torna en oscuridad y la luna en sangre. Es porque Dios Se ha levantado de Su Santa morada (la Iglesia) para juzgar al mundo por su iniquidad.
“El sol y la luna se oscurecerán, y las estrellas retraerán su resplandor. Y Jehová rugirá desde Sion, y dará su voz desde Jerusalén, y temblarán los cielos y la tierra” (Joel 3:15-16). Pablo nos dice que el significado de que los cielos y la tierra tiemblen es que Dios está sacudiendo todo lo que puede ser sacudido, para que permanezcan las cosas que no pueden ser sacudidas. (lee Heb. 12:27-28)

El Día del Señor, un Día de hambre
“He aquí vienen días, dice Jehová el Señor, en los cuales enviaré hambre a la tierra, no hambre de pan, ni sed de agua, sino de oír la palabra de Jehová” (Amós 8:11).
Dios dijo que quitaría “todo sustento de pan y todo socorro de agua; el valiente y el hombre de guerra, el juez y el profeta, el adivino y el anciano; el capitán de cincuenta y el hombre de respeto, el consejero, el artífice excelente y el hábil orador” (Isaías 3:1-3).
Los seminarios teológicos y las escuelas de entrenamientos religioso estarán vacías. El ministerio no será por más tiempo la aspiración de nuestros jóvenes. Los profetas y los visionarios se avergonzarán de ser llamados uno de los ministros de Dios, o un líder para el pueblo. Se excusarán diciendo, “No tomaré ese cuidado; porque en mi casa ni hay pan, ni qué vestir; no me hagáis príncipe del pueblo” (Is. 3:7). Está confesando, “lo siento, pero no puedo ayudarte.” ¿Y la razón para esta clase de hambruna? Porque la lengua de ellos y sus obras han sido contra Jehová para irritar los ojos de su majestad.” (v.8).
“Por tanto, de la profecía se os hará noche, y oscuridad del adivinar; y sobre los profetas se pondrá el sol, y el día se entenebrecerá sobre ellos. Y serán avergonzados los profetas, y se confundirán los adivinos; y ellos todos cerrarán sus labios, porque no hay respuesta de Dios.” (Miqueas 3:6-7)
¿Qué clase de profetas son éstos? Los que dicen al pueblo de Dios que todo está bien, que no verán tribulación—que Dios los ama demasiado para ello… la clase de profetas que han descubierto que el ministerio es una mina de oro financiera cuando dan profecías de paz. Los que profetizan buenas cosas a quienes ponen algo en la boca de los profetas, pero muestran contienda a los que rehúsen. “Al que no les da de comer, proclaman guerra contra él.” (Miq. 3:5). Escucha esto: “Ahora bien, todo aquel que en medio de esta audiencia quiera que pronuncie la bendición del Señor sobre vida, póngase en pie y venga delante con mil dólares, y Dios te dará la bendición de Abraham.” Después la cantidad es reducida, a cambio de una bendición algo más pequeña. “¿Quién traerá quinientos dólares a cambio de la bendición de David?”. O, “¿Quién traerá doscientos… trescientos?” ¡Quizás haya una pequeña bendición disponible al que sólo pueda permitirse un billete de diez dólares! La tragedia es que hay tanta gente crédula en la iglesia a que “así lo quiso”.*
Amados, Dios tiene que enviar una hambruna a la tierra cuando ve abominaciones como éstas. Pero en medio de todo ello, habrá verdaderos profetas del SEÑOR que como Miqueas de antaño, estén “llenos del poder del Espíritu del SEÑOR y de juicio (justicia), para denunciar a Jacob su rebelión, y a Israel su pecado.” (Miqueas 3:8).

El Día del SEÑOR, Día de confusión
“Terror, foso y red sobre ti, oh morador de la tierra. Y acontecerá que el que huyere de la voz del terror caerá en el foso; y el que saliere de en medio del foso será preso en la red; porque de lo alto se abrirán ventanas, y temblarán los cimientos de la tierra.” (Isaías 24:17,18). Salid y construid vuestros refugios anti-bombas y vuestros escondites, y aprovisionadlos bien de alimentos, agua y armas. En ese día descubriréis que el tesoro que habéis acumulado para el día del mal no os servirá para nada. Mucho mejor si distribuís vuestro exceso de riquezas en lugares de necesidad, y de ese modo, “haced tesoros en los Cielos”, y hallad vuestra morada en Dios.
“Anda, pueblo mío, entra en tus aposentos, cierra tras ti tus puertas; escóndete un poquito, por un momento, en tanto que pasa la indignación.” (Isaías 26:20).
Vuestro refugio en doctrinas sobre la segunda venida que os prometen seguridad y protección serán barridas cuando el granizo de Dios comience a caer. No sorprende que los maestros y los profetas y aquellos que aseguran al pueblo que Dios los arrebatará de todo ello, salgan corriendo en busca de seguridad en aquel día, para no hallar ninguno.
“Y ajustaré el juicio a cordel, y a nivel la justicia; y granizo barrerá el refugio de la mentira, y aguas arrollarán el escondrijo.” (Isaías 28:17).
Y sin embargo, en medio de toda la tribulación, el pueblo que ha encontrado su refugio en Dios, se gozará en su Dios.
“Vosotros tendréis cántico como de noche en que se celebra pascua, y alegría de corazón, como el que va con flauta para venir al monte de Jehová, al Fuerte de Israel.” (Isaías 30:29). ¿Cuándo y dónde está todo este gozo? En el mismo tiempo de la ira del SEÑOR: “Y Jehová hará oír su potente voz, y hará ver el descenso de su brazo, con furor de rostro y llama de fuego consumidor, con torbellino, tempestad y piedra de granizo.” (V.30).

El Día del Señor, un Día de humillación
“La altivez de los ojos del hombre será abatida, y la soberbia de los hombres será humillada; y Jehová solo será exaltado en aquel día.” (Isaías 2:11).
Es el día en que Dios lleva a todos los hombres a un mismo nivel. “Todo valle sea alzado, y bájese todo monte y collado” sea en la Iglesia o en el mundo (Lee Isaías 40:1-5).
“Jehová de los ejércitos lo decretó, para envilecer la soberbia de toda gloria, y para abatir a todos los ilustres de la tierra.” (Isaías 23:9). Hay algunos hombres de honra que se inclinan al pie de la Cruz. Pero Pablo nos dice que son pocos en número. “Pues mirad, hermanos, vuestra vocación, que no sois muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles.” (1ª Cor. 1:26).
Cuando la gloria del SEÑOR venga a Su Templo, es para “manchar el orgullo de toda gloria” en su pueblo, en cada uno de nosotros… no sólo mediante arrodillarnos una vez a los pies de la Cruz para la remisión de los pecados, sino por tomar nuestra cruz y seguirle a ÉL.

El Día del SEÑOR, un Día de Limpieza
“He aquí, yo envío mi mensajero, el cual preparará el camino delante de mí y vendrá súbitamente a su templo el Señor a quien vosotros buscáis, y el ángel del pacto, a quien deseáis vosotros. He aquí viene, ha dicho Jehová de los ejércitos. ¿Y quién podrá soportar el tiempo de su venida? ¿O quién podrá estar en pie cuando él se manifieste? Porque él es como fuego purificador, y como jabón de lavadores. Y se sentará para afinar y limpiar la plata; porque limpiará a los hijos de Leví, los afinará como a oro y como a plata, y traerán a Jehová ofrenda en justicia.” (Mal. 3:1-3).
El Espíritu Santo de Dios nos es dado para hacernos SANTOS; y Su pueblo aún ha de llegar a ser “santidad para el SEÑOR”. ¿Cómo y cuando será esto? “cuando el Señor lave las inmundicias de las hijas de Sion, y limpie la sangre de Jerusalén de en medio de ella, con espíritu de juicio y con espíritu de devastación. (Isaías 4:4).
¿Queremos de verdad manifestar la luz de Dios a un mundo que se sienta en la oscuridad? No vamos a hacerlo, amados, predicando y hablando de ello, sino sólo mediante nuestro sometimiento al ESPÍRITU DE JUICIO Y al ESPÍRITU DE DEVASTACIÓN. Sólo entonces la presencia del Espíritu Santo en nuestras vidas será un fuego ardiente que brillará en este mundo de pecado y de oscuridad. “Y creará Jehová sobre toda la morada del monte de Sion, y sobre los lugares de sus convocaciones, nube y oscuridad de día, y de noche resplandor de fuego que eche llamas” (Isaías 4:5).
“Levántate, resplandece, porque ha llegado tu luz y la gloria del SEÑOR ha amanecido sobre ti.” (Isaías 60:1).
Hermanos, oscuridad y luz, y ambas al mismo tiempo. Su gloria será vista, y no se hablará meramente de ella. Y cuando los hombres vean, uno de dos cosas es lo que sucederá: andarán en la luz, o se apartarán hacia una oscuridad mayor de la que jamás hayan conocido. Su gloria trazará la línea que separa el día y la noche, la verdad y el error, el bien y el mal.

El Día del SEÑOR, el Día de la Venganza
¿Venganza de qué? De Su Templo. Dios tiene una controversia con Sion. Y después de la limpieza de Sión tratará con Babilonia… ese sistema que ha cautivado a Su pueblo y le ha impedido llegar a convertirse en Su propia morada en la tierra. Dios, a través de los tiempos eternos, ha deseado una morada para Él mismo, y por eso hizo al hombre en el principio. Cualquier enseñanza, cualquier estructura, cualquier sistema (nombre o no nombre, denominacional o no denominacional) que promueva cualquier clase de mediador entre el individuo y su Dios, aparte del único Mediador, que es el Señor Jesucristo… puedes estar seguro de que lleva el sello de Babilonia. Y Dios sigue clamando, “Sal de ella, pueblo Mío…” Babilonia quiere mantener al pueblo de Dios unificado bajo algún sistema, para mantenerlos juntos, y para mantenerlos bajo su control. Babilonia quiere la unidad. Babilonia quiere hacer un nombre para ella misma. Dios quiere un pueblo para Sí y solo para Sí. Él es un Dios celoso y no compartirá Su gloria con nadie.
Jesús dijo, “porque estos son días de venganza, para que se cumplan todas las cosas que están escritas.” (Lucas 21:22).
¿Venganza de qué? Es la venganza por Su Templo. “Huid de en medio de Babilonia, y salve cada uno su vida. No perezcáis por su culpa, pues este es el tiempo de la venganza del SEÑOR …Porque esta es la venganza del SEÑOR, la venganza de su templo.” (lee Jeremías 51:6,11).
Babilonia es el sistema completo del mundo, tanto religioso como político. Ella ha llevado al pueblo de Dios bajo su balanceo para que no puedan servirle a Él en Su Santo Templo por más tiempo, y para impedirles adorarle en Espíritu y en verdad, libres del gobierno de reyes… y dando al Señor Jesús el Señorío completo en sus vidas. El propósito del verdadero ministerio delante del Señor es producir esto, aumentar la libertad individual y la relación con el Señor. El Espíritu de Babilonia querría extender el señorío del HOMBRE, bajo el disfraz de orden divino.


Capítulo 3 – La Batalla es del Señor
En este gran conflicto que se levanta entre las fuerzas del bien y del mal, debemos entender el patrón de guerra tan simple que Dios ha enviado en Su Palabra para el triunfo final del pueblo de Dios. Y debemos estar seguros de que “la batalla es del SEÑOR” y no nuestra. Dejar de ver y de entender algunos de estos principios simples solo podrá llevar a una frustración y perplejidad prolongadas al buscar frenar la inundación de iniquidad que se ha desatado sobre el pueblo de Dios.
La iglesia de Jesucristo ha estado demasiado tiempo a la defensiva. De hecho, la victoria para el pueblo de Dios generalmente se ha visto desde un punto de vista negativo, incluso a los pensadores positivos de la Iglesia: Simplemente que sepas como ahuyentar el ataque del Enemigo… simplemente que sepas guardar lo tuyo… descubre como ser sanado de alguna enfermedad física o recuperarte de algún revés espiritual. Muy bien. Pero llega la hora en que Dios va a movilizar a Su ejército para una arremetida final y decisiva sobre las puertas del infierno, para que Su Iglesia pueda levantarse en la batalla con una victoria y triunfo totales. Deberíamos decir... que la batalla venidera es la final, porque la batalla decisiva ya ha sido batallada y vencida. Cuando Jesús murió en la Cruz, ahí y en ese momento “Él despojó a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz.” (Col. 2:15). Era allí en la Cruz donde Cristo, “por su muerte”, destruiría a aquel que “tenía el poder de la muerte, es decir, al diablo” (Heb. 2:14). Pero la batalla de que hablamos es la batalla final… el día y la hora en que Dios ejecutará la sentencia que fue aprobada en la Cruz, y aplastará a las huestes de maldad bajo nuestros pies:
“El Dios de paz aplastará pronto a Satanás debajo de vuestros pies.” (Rom. 16:20).

Hay Dos Panoplias (armaduras)
Las Escrituras hablan de dos juegos de armadura completos: la del pueblo de Dios y la del Enemigo. La palabra griega es “panoplia” de donde obtenemos la palabra inglesa rara vez usada “panoplia”. La palabra es usada solo dos veces en el Nuevo Testamento: la primera aparición de la misma refiriéndose a la panoplia de Satanás, y la segunda, refiriéndose a la nuestra.
“Pero cuando viene otro más fuerte que él y le vence, le quita todas sus armas en que confiaba, y reparte el botín.” (Lucas 11:22).
“Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo. Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes.” (Efesios 6:11-13).
Fíjate que hay dos hombres fuertes, y el más fuerte hace tres cosas:
1. Vence al hombre fuerte
2. Le quita la panoplia al hombre fuerte
3. Divide el botín entre los hombres fuertes

1. Venciendo al Hombre fuerte
Esta clase de victoria va mucho más allá del concepto ordinario de victoria, de algún modo un mero sobrevivir, simplemente aferrándonos a lo nuestro, haciendo una incursión de éxito contra el enemigo y después corriendo a resguardarnos a la guarida del zorro. Nuestro Señor no viene en busca de una Iglesia derrotada, sino que viene a por una iglesia que es gloriosa y triunfante. Sé que Cristo triunfó en la Cruz pero Su Iglesia aún se humilla en la derrota—aunque disfrute muchísimo de sus marchas de victoria y cante sobre sus victorias.
Pero Cristo triunfó totalmente en la Cruz. Ahí Satanás fue robado no sólo de su poder (dunamis)—su capacidad para hacer sus obras del mal. Pero también de su autoridad (exousia)— de su derecho a dominar la raza Adámica y los reinos de este mundo. Así, Jesús dijo a Sus discípulos, “He aquí os doy potestad (exousia) de hollar serpientes y escorpiones, y sobre toda fuerza (dunamis) del enemigo, y nada os dañará.” (Lucas 10:19). Y antes de marcharse les prometió que serían revestidos de poder (dunamis) de lo alto. (Lucas 24:49). La panoplia de Satanás le ha sido quitada; porque Cristo despojó a los principados y potestades, cuando murió en la Cruz (Col. 2:15).
La palabra “despojó” significa que los “desnudó”—les quitó su vestidura de la batalla… ¡Los desnudó! ¿Cómo entonces puede seguir hostigando y atormentando al mundo y al pueblo de Dios? Lo ha hecho engrandeciendo la oscuridad que hay en él y de este modo, devastando al mundo y al pueblo de Dios con todos los atributos de la oscuridad: temor, tormento, incredulidad, lucha, contienda, malicia, odio, división… y podríamos seguir y seguir con esto. Y todo ello es una clase de ENGAÑO de una forma u otra. Por supuesto, esto ha sido muy efectivo desde su propia perspectiva. Y el mundo entero yace bajo el control del “dios de este mundo” (su título religioso) y del “príncipe de la potestad del aire” (su título político). Su verdadera panoplia de PODER y AUTORIDAD le ha sido quitada; de modo que ahora continúa fortaleciendo, incluso después de la Cruz, su panoplia de OSCURIDAD. Pero todo ello es un engaño, y es sólo en el área de la oscuridad y del engaño dónde él puede hacer esto. Tiene éxito porque “los hombres amaron más las tinieblas que la luz”. Tiene éxito porque incluso nosotros, como creyentes, nos encontramos muchas veces entreteniendo ideas que el enemigo planta en mentes carnales. Nuestra guerra, por tanto, consiste en ponernos “toda la armadura de Dios”, y mediante ello, negar al Enemigo cualquier área en nosotros. Con esta panoplia divina de Dios, esta vestidura de batalla completa, esta armadura completa… Dios ha asegurado a Su pueblo una victoria total. El mundo entero yace en el regazo de la “maldad”, o con un énfasis mayor, del “maligno” (1ª Juan 5:19); y “el dios de este mundo ha cegado las mentes de los que no creen” (2ª Cor. 4:4). Sólo la ministración del evangelio en el poder del Espíritu Santo puede quitar esta ceguera de los corazones de los hombres, permitiéndoles creer. Que Dios nos ayude a comprender (y nos extenderemos más en este tema más adelante)… que la ministración del evangelio va mucho mas allá de una mera declaración de un mensaje, o escribir o hablar al respecto. Tiene que ver con un pueblo que penetra en el mundo de oscuridad asociándose a los poderes del reino celestial, familiarizándose con Dios y siendo conocidos por Dios en la ciudad de Sión. Sólo entonces podremos soltar los grilletes de los corazones y las mentes de los hombres. No puedes conseguir que los hombres sean sanos de su ceguera con palabras… y mucho menos entreteniéndoles con frivolidad. Tiene que haber una sanidad… tienen que caer escamas de sus ojos.

(2) Quitando la Panoplia al hombre fuerte
Esto es lo que Jesús hizo en la Cruz. Pero en su derrota, Satanás sigue vistiéndose con la armadura de la oscuridad y del engaño; y estás armas se han vuelto formidables en sus manos. Cuando no entendemos que éstas son las únicas armas de Satanás, el pueblo de Dios se ha gastado completamente en su esfuerzo por adquirir grandes y formidables (¿?) armas para oponérsele, y su reino sigue tan fuerte como siempre. Con todos nuestros esfuerzos, junto con todos los recursos de la tecnología moderna (sobre la que el enemigo sigue ejerciendo dominio), hemos fracasado en producir un impacto real sobre las fuerzas del mal que gobiernan el mundo. La razón es bastante evidente: No nos hemos dado cuenta de que sus únicas armas son las que operan en áreas de engaño y de oscuridad: temor, odio, tormento, contienda, lucha y otras. Y aún seguimos predicando el “evangelio” con estos atributos de la oscuridad todavía en nuestros corazones. Pensando que él tiene gran poder, vamos por ahí tratando de encajar arma con arma, números con números, recursos con recursos, tácticas con tácticas, estrategia con estrategia. Él dispara y el pueblo de Dios se anima comenzando a contratacar. Si viene en contra de nosotros con lo que aparenta ser un arma poderosa, intentaremos combatirlo. Si viene en contra de nosotros con una técnica, nos ponemos justo ahí para enfrentarnos a su desafío, afortunadamente con algo comparable o mejor. Si se levanta contra nosotros con una gran hueste, haremos lo que podamos para reunir a una hueste mayor para venir en contra de él. Si él marcha… entonces nosotros organizaremos una marcha mayor, tratando de maniobrar en contra de él. Con otras palabras, intentamos ir en contra de él con sus propias armas, y él no es impresionado por esto en absoluto. ¿Qué le importan a él vuestras pequeñas manifestaciones y entretenimiento, y vuestras representaciones del evangelio en forma de drama tan monas? Simplemente se divierte un poco y se sienta en la congregación aplaudiendo junto al resto de ellos.
Todavía tenemos que descubrir el camino de la Cruz. Todavía tenemos que saber que un hombre puede perseguir a mil, y que dos pueden hacer huir a diez mil, si caminamos en los caminos del Señor. Todavía tenemos que aprender que un pueblo de Dios vestido con “la armadura de luz” es el único y exclusivo antídoto de Dios para el mal.
(3) Dividiendo el botín del Hombre fuerte
Este es el tercer aspecto de la victoria de la Cruz. Hemos de tomar el “botín” de las manos del enemigo. El botín es nada más y nada menos que los cuerpos, almas y espíritus de los hombres. Los bienes de Satanás “están en paz” siempre que el pueblo de Dios esté en conflicto… siempre que él pueda ejercer dominio sobre los corazones de los hombres. Él sabe que su reino está seguro si el pueblo de Dios mezcla la religión con el entretenimiento, el marketing y la política y si se involucra mucho en los caminos del mundo.
Pero nuestro Señor ha triunfado, y pacientemente gobierna y reina sobre el trono de Su gloria “en medio de Sus enemigos”—tal y como Dios ha decretado. Él espera pacientemente al día en que “todos Sus enemigos sean puestos por estrado de Sus pies”… el día en que Su pueblo esté “dispuesto”—el día de Su poder.
El pueblo de Dios no sólo ha de entrar en Su heredad de Canaán, para después quedarse en la frontera y jactarse de cómo lo han conseguido. Deben expulsar al enemigo y POSEER el territorio y PARTICIPAR del fruto de su heredad espiritual. Caleb exhortó al pueblo con tantas palabras… “no temáis al enemigo… Si Dios se deleita en nosotros, nos introducirá… serán pan y mantequilla.” ¡Qué poco hemos conocido de los frutos de la victoria en Cristo Jesús!
¡Qué pronto nos llevaría Dios a nuestra heredad con tan solo humillarnos en Su presencia y caminar en obediencia, en amor, en verdad, en mansedumbre y en la unidad del Espíritu! Por supuesto, todos reconocemos que sería precioso tener estas virtudes. Recordaremos estas cosas en nuestra mente y con suerte algún día tendremos algo de ellas. Pero mientras tanto, estamos en guerra contra el diablo y no vamos a involucrarnos demasiado en esto ahora—estamos demasiado ocupados luchando contra el diablo. Y teniendo esta actitud, no reconocemos que estos atributos de la luz, y del amor, de la verdad y de la obediencia—éstas son las únicas armas que van a derrotar al diablo. Él no teme nada de nada cuando intentamos derribar su reino con nuestro celo humano, nuestros sermones elocuentes, nuestras actividades de iglesia y nuestros programas—diversión, hermosas representaciones musicales, interpretaciones teatrales—todos estos programas maquinados carnalmente y los reclamos publicitarios que son formulados hoy día para la propagación del evangelio. ¡Pero tiene un gran temor cuando ve a un pueblo que aprende a caminar por el camino de la Cruz!

Manteniendo la unidad del Espíritu
Hay un orden divino en las Escrituras para llegar a la estatura de la plenitud de Cristo; y el apóstol nos amonesta a “mantener la unidad del Espíritu” al guiarnos Dios progresivamente hacia la plenitud de la verdad (lee Efesios 4:1-15). En toda nuestra búsqueda de más y más de la plenitud de Cristo en Su pueblo, estamos seguros de la ayuda de Dios y de Su dirección si caminamos en el Espíritu y aprendemos a fomentar y a mantener “la unidad del Espíritu” en medio de nosotros. Primero y principalmente significa que debemos reconocer el Señorío del Espíritu en nuestras vidas y evitar cualquier cosa que Le entristezca.
Pero recordemos que la “unidad” no es lo único que Dios persigue. Babilonia quiere eso también. Dios quiere “la unidad del Espíritu”. Él exige que andemos en unidad con el Espíritu de Cristo. Esto significa que hemos de hablar lo que Él habla, hacer lo que Él hace, protestar contra el mal en Su pueblo cuando protesta contra el mal en Su pueblo; significa llorar por los que yerran, cuando Él llora por los que yerran. Dios, quiere que seamos UNO en el Espíritu y como la paloma que Le representa, Él quiere que volemos lejos de todo ello cuando Su pueblo rehúse caminar con Él. Cuando el Espíritu de Dios ha sido expulsado de Su templo, no tenemos otra elección que seguirle… aunque como verdaderos sacerdotes del Señor anhelamos el día en que una vez más veamos la hermosura del Señor en Su casa.
Capítulo 4 – El Secreto de nuestra victoria
Israel era una nación natural, un pueblo natural, y frecuentemente participaba en guerra natural, incluso por orden del SEÑOR. Simplemente ejecutaban los juicios de Dios sobre las prácticas idolátricas de las naciones paganas alrededor de ellos. En nuestros días, podemos tener una tendencia a ver las antiguas guerras de Israel como genocidios, y para muchos es muy difícil creer que el Dios-Jehová de los cristianos fuera el Dios-Jehová de la guerra del Antiguo Testamento. El hecho es que Dios tenía un plan para la tierra para muchos siglos por delante, y si no hubiera intervenido en aquellos días para borrar las prácticas casi impensables y transcribibles de las naciones paganas que rodeaban a Israel, cualquier apariencia de una sociedad de orden habría dejado de existir hace mucho tiempo. Lo mismo puede decirse del día en que vivimos. Si Dios no interviene en breve para poner fin a las abominaciones perpetradas hoy día (no en regímenes paganos, Musulmanes o Comunistas, sino en democracias llamadas Cristianas), nuestra sociedad podría ser tragada muy rápidamente en anarquía y corrupción totales. Es solo Su gracia lo que impide la inevitable perdición que espera a esta generación, al preparar Él un pueblo que muestre Su gloria y Su poder en medio de esta generación perversa y maligna.
Como Cristianos de la era del Nuevo Pacto, debemos asegurarnos de que “las armas de nuestra milicia no sean carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas” (2ª Cor. 10:4). Y sin embargo, al mirar al Antiguo Testamento, podemos descubrir el arte de la guerra espiritual y el secreto de la victoria que Dios tiene para nosotros en esta hora. Aprenderemos que el Capitán de nuestra salvación va delante de nosotros y que los planes y las estrategias de nuestra batalla son en realidad Suyos y sólo Suyos. Aprenderemos que los caminos de Dios son enormemente diferentes de los nuestros; y que aunque parezcan locura, sólo caminando en Sus caminos vamos a salir triunfantes en el día de la batalla. Así que observemos la estrategia de nuestra batalla y el secreto de nuestra victoria tal y como lo tipifican algunos de los conflictos naturales de Israel en el Antiguo Testamento.

1. Israel en el Mar Rojo
Cuando Dios sacó a los hijos de Israel de Egipto, los arrancó sobre “alas de águila” de las garras del enemigo. Los llevó a un callejón sin salida en el desierto—justo frente al Mar Rojo. Y lo hizo a propósito. Su propósito tenía doble sentido. Primero, engañar al enemigo para su propia perdición, porque iban a jactarse, “¡Ahora los tenemos! ¡No tienen dónde ir…!” En segundo lugar, porque probaría la obediencia y la fe del pueblo de Dios. Lo único que podían ver era el Mar Rojo y las amenazantes hordas de los egipcios detrás de ellos. Dios quería que vieran y observaran Su fidelidad y Su sabiduría, y que supieran que el camino del mar también se convertiría en el camino de la victoria. Ahora bien, “el secreto del Señor es con los que Le temen”—y cuando nosotros consideramos el patrón de la victoria de Dios en este tema, que el Señor nos ayude a saber que cada callejón sin salida en el sendero de la obediencia nos guiará a una nueva forma de vida en los propósitos de Dios. Dios quiere que descubramos el secreto de estar quietos y ver la salvación del SEÑOR. Pero también quiere que sepamos que nuestra acampada en el Mar Rojo en la voluntad de Dios, donde no hay lugar donde ir, ni sitio a donde volverse, está dentro del plan y del propósito de Dios para llevar a la derrota a nuestros enemigos, que no habríamos conocido sin esta experiencia de desierto. Podría haberles guiado de forma distinta; tú y yo quizás no habríamos escogido el camino por el que hemos caminado si nosotros hubiéramos estado en control de nuestras vidas y pudiéramos haber visto el final desde el principio. Pero de algún modo Él nos guió por aquí y el propósito es que Él fuera glorificado. Puede que haya habido fracaso y desobediencia por nuestra parte. Y estemos preparados para admitirlo. Pero Él quiere enseñarnos que también de cada fracaso y desobediencia, Él ha de ser aún glorificado, si nosotros aprendemos a caminar en obediencia… si nosotros nos “estamos quietos y vemos la salvación del Señor.”
Y consecuentemente podían cantar el Cántico de Moisés:
“Cantaré yo a Jehová, porque se ha magnificado grandemente; Ha echado en el mar al caballo y al jinete.” (Éxodo 15:1).
¿Dónde fueron arrojados? Al Mar Rojo, al lugar del callejón sin salida en su caminar con Dios. En el lugar de sus condiciones extremas. En el lugar de la perplejidad de ellos. En el lugar de la extrema desesperación. (El “cul de sac”)

2. Israel en Río Jordán
Cuando Israel cruzó el Mar Rojo, estaban de hecho siendo “bautizados en Moisés, en la nube y en el mar” (1ª Cor. 10:2). Por tanto, en tipo, habla de nuestro bautismo en Cristo: en Espíritu y en el Agua. Pero cuando esta generación falló en entrar a la tierra de su herencia por su desobediencia, Dios levantó una nueva generación que si prosperaría (El remanente que está levantando hoy, el Ejército que peleará la Batalla Final). Ahora estaban bajo un nuevo liderazgo, Josué. Y antes de que pudieran poseer su herencia, recibieron instrucciones muy detalladas en cuanto a como cruzar el Jordán, en preparación para la conquista de Canaán. Los sacerdotes que llevaban el Arca del Pacto tenían que hundir sus pies en las aguas del Jordán, y al hacerlo, las aguas se apartarían para que el pueblo pudiera pasar por tierra seca. Los sacerdotes tenían que permanecer en el centro del Jordán mientras el pueblo pasaba. Tenían que colocar doce piedras en el lecho del Jordán como un pilar, y también tenían que tomar doce piedras igualmente del lecho del río y levantarlas como un pilar en el lado del oeste. En tipo, tenemos un cuadro de una nación identificada con Cristo en Su muerte y resurrección. Pero había más sobre este “bautismo” que eso. Porque cuando habían levantado el campamento en el lado del oeste, tenía que haber una nueva circuncisión. Esta generación nueva no había sido circuncidada en el desierto y todavía llevaban el “reproche de Egipto” con ellos. La mancha, el reproche, la carga y el mismo recuerdo de la vieja vida en Egipto debía ser “desenrollado” en Gilgal, porque ese es el significado de la palabra “Gilgal”. De este modo, la circuncisión se convierte en otro aspecto del bautismo cristiano. El bautismo en agua (especialmente aquí, en el mundo occidental) se presenta como una ceremonia hermosa, y las multitudes son especialmente invitadas a venir y testificarlo. Sólo puede ser porque el verdadero significado del bautismo no ha sido conocido o descubierto, o cumplido en las vidas del pueblo de Dios. Podemos aceptar el bautismo cristiano y seguir muy felices con el mundo a nuestro alrededor. Pero no era así en la Iglesia primitiva ni tampoco en algunas de las naciones del mundo hoy día. En aquel día significaba un “cortar”. De hecho significaba en práctica y en experiencia, una identificación con la Cruz de Cristo. “Circuncidados con una circuncisión no hecha por manos, al quitar el cuerpo de la carne mediante la circuncisión de Cristo; habiendo sido sepultados con Él en el bautismo…” (Col. 2:11,12).
Significa que desde ese día en adelante te hiciste enemigo del mundo porque el mundo era enemigo de Dios. De hecho, era una ceremonia de matrimonio en la que dijiste: “Te tomo, Señor Jesús, para ser mi Esposo legalmente casado conmigo, para tenerte, para amarte, para obedecerte… y para abandonar a todos los demás…” ¡Con qué frecuencia hemos cometido adulterio con el mundo en esta relación!
“!Oh almas adúlteras! ¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios.” (Santiago 4:4).
Los soldados en el ejército de Dios tienen que experimentar las implicaciones completas del bautismo. Salir de Egipto significó un bautismo para Israel “en la nube y en el mar”. Quizás fue suficiente para ellos en sus viajes por el desierto. Pero para conquistar a las siete naciones fuertes de Canaán, nosotros, como el Israel de antaño, debemos conocer y experimentar las implicaciones temibles de nuestro bautismo: Identificación con Cristo en el cortar con la vieja vida adámica, para podernos levantar con Él “en novedad de vida”. Nos estremecemos con el pensamiento de que el bautismo en el Espíritu Santo significa una donación de poder. Y es todo eso. Pero la mayoría de nosotros que hemos recibido esa experiencia nos hemos decepcionado al descubrir que el poder de la vieja naturaleza adámica seguía fuerte en nosotros, y que muchas veces hemos sido impotentes ante la faz de tal enemigo. Esto sólo puede haber sido resultado de no haber caminado en el sendero de la Cruz y por tanto, por no haber experimentado el corte de la vieja naturaleza en nuestro interior. Hemos deseado el poder de este bautismo, sin la debilitación de nuestra carne; y creo que Dios ha tenido misericordia de nosotros y no nos ha permitido conocer demasiado de ese poder hasta haber llegado a conocer la circuncisión de Gilgal. Demasiados ministros de Dios han comprendido el poder de Dios sin conocer la debilitación de su propia naturaleza del yo, y esto ha resultado en tristeza para ellos. Dios, danos de tu poder—pero primero que nada, para ministrarnos “vida y piedad” (2ª Pedro 1:3); y debilita nuestras fuerzas para que podamos conocer solamente la fortaleza y el poder del Señor.
Si hemos recibido un bautismo del Espíritu pero no hemos recibido un bautismo de la debilidad de nuestra carne, conoceremos muy poco del bautismo de poder. En la plenitud de este bautismo, Dios nos debilitará para que podamos conocer Su poder. Si el Espíritu de Dios tiene Su Señorío en nuestras vidas, nos guiará por el camino de la Cruz; y si rehusamos ese camino, nunca aprenderemos a caminar en el Espíritu. No es realmente una experiencia en la que nos hacemos más fuertes y sabios, y poderosos en nuestra carne, sino una experiencia en la que nos hacemos débiles, más insensatos y menos competentespara que Dios pueda convertirse en nuestra fuerza, en nuestra sabiduría y en nuestro poder.
¿Por qué tenemos que enfatizar continuamente estas cosas? Porque somos duros de oído; y porque Dios ha determinado ANULAR este sistema completo del mundo en el Día del SEÑOR. Y para hacer eso, debe encontrar un pueblo que haya sido ANULADO por causa de la operación de la Cruz en sus vidas. Dios no está ahí para hacer una muesca o dos en nosotros, sino para llevarnos a CERO. Porque solo en fuerzas cero, podremos llevar a las fuerzas del mal a CERO:
“Dios ha escogido lo NECIO del mundo, para avergonzar a los sabios; y Dios ha escogido lo DÉBIL del mundo, para avergonzar a lo que es fuerte; y lo vil y despreciado del mundo ha escogido Dios; lo que NO ES (cero cosas), para anular lo que es.” (1ª Cor. 1:27-28) ¿Qué sabiduría o propósito puede salir de eso?
PARA QUE NADIE SE JACTE DELANTE DE DIOS (V. 29). ¡Eso es todo el Día del Señor, y ese día está sobre nosotros! ¡El día en que Dios ha dicho que “mancharía el orgullo de toda gloria!”
Así que, ¿Qué es lo que Dios hace con esa nación incircuncisa que Él está preparando para la batalla? ¿Circuncidarlos en el banco oriental del Jordán para que puedan recuperarse con prontitud para la gran batalla? ¿En el lado oriental donde aún tendrían la protección añadida de las muchas aguas y crecidas del río… porque sabemos que el Jordán se inundaba por sus orillas en ese tiempo del año? ¡No! Primero los hace pasar el río y después inutiliza completamente a todo el ejército de guerreros ante las narices de los poderosos hombres de Jericó. Los iba a debilitar por completo en la presencia de sus enemigos. No hay duda de que los corazones del pueblo de Dios se derritieron al ver a unos 600.000 de sus jóvenes fornidos, incapacitados para la batalla de un solo golpe, ante la orden del Señor. ¿Pero sabes algo? En este mismo momento los corazones de los habitantes de Jericó también se “derritieron” y “no quedó espíritu en ellos” cuando vieron a este ejército incapaz fuera de sus muros fortificados. ¿Qué sucedió entonces? Cayó el terror de Dios sobre ellos. ¿Oíste lo que dijo Pablo? Él usa LO NECIO para mostrar SU gloria y para confundir a los sabios. Fue simplemente su caminar de obediencia, su identificación con el camino de la Cruz, lo que trajo el temor de Dios sobre los habitantes de la tierra y aterrorizó a los poderosos guerreros de Canaán.
Ahora bien, consideremos la estrategia de la batalla de Dios en cuanto a algunos de los jueces de Israel. Una vez tras otra, Israel se apartaba del SEÑOR después de la muerte de Josué. Y al buscar al SEÑOR, Él era siempre fiel en levantar a un libertador, que sería conocido como uno de los jueces. En cada caso, vemos siempre el mismo principio interviniendo, y el mismo patrón de batalla y de victoria.

(3) Considera a Aod
Aod era un Benjamita zurdo que Dios levantó para salvar a Israel de las manos de Eglón, rey de Moab (Jueces 3:15). Dice literalmente, “estaba atado en relación con su mano derecha”. Su mano derecha era un problema para él. Dicen que en ciertos momentos, ser zurdo puede ser bastante frustrante. El hombre zurdo no encaja muy bien en nuestra sociedad. Tiene que aprender a hacer las cosas por la vía difícil.
La sociedad está más bien enfocada hacia la persona diestra.
Sin embargo, Benjamín, tal y como recibió su nombre por parte de su padre, Jacob, significa “Hijo de mi mano derecha”. Yo solía preguntarme sobre esto cuando descubrí como Dios usaría a los Benjamitas zurdos. Pero un día descubrí el secreto cuando me di cuenta de que cuando pongo mi débil mano izquierda sobre la fuerte mano derecha o diestra de Dios, repentinamente soy vinculado con la fuerza, el poder y la potencia de Dios mismo. Pero si trato de poner mi mano derecha sobre la mano derecha de Dios, tengo problemas. Tendré que volverme en la dirección opuesta para hacer eso, lo que por supuesto significa volverme de mi propia voluntad, desobediencia, y de ir por mi propio camino. ¿No podríamos contentarnos con llevar nuestras insuficiencias, nuestras carencias, nuestras debilidades (nuestra MANO IZQUIERDA) y caminar mano a mano con Él en la misma dirección y en el PODER DE SU DIESTRA?
Por supuesto, esto puede significar que a veces estaremos caminando con el Varón de dolores, bien familiarizado con el sufrimiento. Y con frecuencia, la Iglesia pensará de nosotros como de un grupo de gente muy triste. Pero recuerdo como Raquel miró a su hijo, de modo que no quiero condenar a la gente por las impresiones que puedan tener. Raquel podría haber llamado a su hijo “el hijo de mi tristeza”. Pero Jacob dijo, “No, no Benoni, sino BENJAMÍN… ¡Será el HIJO DE MI DIESTRA!” No hay verdadero gozo que no nazca de la tristeza. No hay verdadero gozo que no sea dado a luz en la Cruz.
“Por la noche durará el lloro, Y a la mañana vendrá la alegría” (Salmos 30:5).
Pero Aod tenía un puñal de doble filo. ¡Afilad vuestras espadas, vosotros Benjamitas zurdos! ¡Preparaos para la batalla del SEÑOR! Eso es lo único que necesitamos: una Palabra viva que sea “más afilada que toda espada de doble filo”. Puede que no puedas usar la mano derecha de la habilidad, de la elocuencia, de la excelencia intelectual. Pero descubrirás, si dejas que Él siga aferrándote en Su fuerte diestra, lo que Isaías descubrió en su debilidad:
“Y puso mi boca como espada aguda, me cubrió con la sombra de su mano; y me puso por saeta bruñida, me guardó en su aljaba” (Isaías 49:2).
¡Deja que Él te mantenga ahí! ¡Jóvenes, llenos de celo por trabajar para Dios, dejad que Él os mantenga ahí! No tenéis que temer por la predicación, la enseñanza o la evangelización, ni intentar hacer algo eclesiástico o ministerial en su naturaleza. Solo dejad vuestra mano izquierda sobre Su diestra, y al estar frente a frente a los enemigos de Dios, descubriréis que podéis extender vuestra mano y sacar la afilada espada escondida como el puñal de Aod, bajo la ropa de la debilidad, la humildad y la mansedumbre. Puesto que por medio de estas mismas virtudes habréis podido pasar por los guardias sin ser descubiertos. ¿Quién es Él? ¡No tiene nada en su poder! ¡No puede hacer ningún daño!
Pero Aod tenía un mensaje secreto para el rey, el obeso Eglón que se sentaba en su sala de verano, bien tranquilo y satisfecho. Sus bienes estaban en paz porque el pueblo de Dios se encontraba bajo su dominio. El mensaje secreto que Aod llevaba al rey era éste: “Dios ha traído fin a tu opresión, viejo y obeso monstruo. Dios ha traído liberación a Su pueblo.” ¡Y por un solo golpe del puñal de aquel zurdo esmirriado vendría la liberación a una nación entera!

(4) Considera a Samgar
Los guerreros de Dios que están siendo entrenados no están en seminarios y lugares de aprendizaje tratando de afilar sus armas en las piedras de afilar de los filisteos. Son gente corriente que intenta salir adelante ellos y sus familias en una ocupación corriente, de rutina. Pueden encontrarse en todos los caminos de la vida: pescadores y granjeros, fontaneros y carpinteros, leñeros y mano de obra de fábricas. Oficinistas y trabajadores manuales. Quizás algunos profesionales e intelectuales, aunque no muchos, tal y como nos cuenta el apóstol Pablo.
Samgar aparentemente era un simple agricultor. ¿Qué conocía él de las artes de guerra? El ejército del SEÑOR que Él está reuniendo en esta hora no estará cargado de ministros profesionales. Sé que hay muchos hermanos preciosos que Dios va a usar. Pero tendrán que tomar su lugar con el resto de nosotros y aprender los caminos de Dios para poder preparar a este ejército.
Samgar tenía una quijada de buey. No era un haragán. Quería hacer bien su trabajo en el día y usaba una quijada de buey para asegurarse de que sus bueyes iban al mismo paso que él. Los guerreros que Dios está entrenando no son hombres vagos—gente que busque un trabajo fácil. Son diligentes, honestos, fiables, de confianza, trabajadores. En el momento correcto, Samgar tomó su quijada de buey y mató a seiscientos filisteos con un asombroso golpe, librando al pueblo de Dios.
Dios tiene Sus Samgares en sus trabajos. Muchos se están preguntando la razón por la que nacieron e incluso por qué siguen aún vivos. Un día, Dios los reclutará para el deber activo en el ejército del SEÑOR. Ahora mismo no necesitan otras armas que las que están utilizando: fidelidad en sus trabajos, honestidad, diligencia, responsabilidad, confianza… y seguir al Señor en todos Sus caminos. Con estas armas podrán enfrentarse a cualquier enemigo que venga en contra del pueblo de Dios.

(5) Considera a Débora y Barac
Débora era profetisa. Dios le había dado una palabra certera, puesto que ésta es la prueba final de la verdadera profecía. El pueblo de Dios venía a ella para buscar la palabra del SEÑOR en su hora de conflicto y necesidad. El don que tenía de Dios no la exaltaba. Qué gracia tan tremenda Dios ha tenido que haber obrado en las vidas de Sus escogidos para que pudieran proclamar la pura palabra de Dios en poder y autoridad y con visión profética… y que ese vaso siga manteniéndose humilde y manso en Su presencia y delante de los hombres. Muchas de nuestras mujeres sienten que tienen que vindicar su ministerio porque parece que vivan en un mundo de hombres. Quieren probar que tienen un don y un ministerio de Dios. Débora ni siquiera tuvo que viajar por el ministerio—“moraba bajo una palmera”, símbolo de paz y descanso y victoria en Dios. Pero el pueblo reconocía la palabra del Señor que había en su boca e iban a la casa de ella para escuchar lo que Dios tenía que decirles. Era una simple ama de casa, como cualquier otra mujer de Israel.
Cuando Dios dijo a Débora que sacara a Barac de Cedes-Neftalí, y le mandó que levantara un ejército de 10.000 hombres de Neftalí y Zabulón para librar al pueblo de Dios de las manos de Sísara, su único deseo parecía ser el de quedarse en casa. Simplemente se consideraba a ella misma como “una madre en Israel”. Las madres siempre están satisfechas de quedarse en casa y de cuidar de su familia. Fue la insistencia de Barac en que ella fuera con él, lo que hizo que cambiara de opinión. Y en lugar de jactarse por el hecho de que era necesaria en el frente de la batalla, reprochó a Barac por el temor que parecía tener. En su respuesta a Barac había una profecía que parecía implicar algo semejante a esto: si el hombre es infiel, Dios puede usar a una mujer para hacer la tarea de un hombre. Esto es lo que dijo:
“Iré contigo; mas no será tuya la gloria de la jornada que emprendes, porque en mano de mujer venderá Jehová a Sísara.” (Jueces 4:9)
¡Madres de Israel! Tenéis un llamado muy alto. No os jactéis por el hecho de tener dones, por poder profetizar palabras certeras de parte del Señor u obrar milagros. Gloriaos de que Dios os haya hecho “vasos más frágiles” para que podáis conocer como la Débora de antaño, la fuerza y la sabiduría del poderoso Dios de Israel. Regocijaos en el ministerio que Dios os ha dado en vuestro propio hogar y familia y bajo vuestra propia palmera. ¡Y al enseñar a vuestros pequeños los caminos del Señor, puedan ellos crecer para llamaros BENDITAS!

La Primera Guerra de las Galaxias
¿Quieres involucrarte en la Guerra de las Galaxias de Dios? ¿En la guerra que está teniendo lugar en el cielo? “No”, dices tú. “Estoy demasiado ocupado luchando contra el Diablo aquí abajo”. Suena bien. Pero si sigues el hilo de lo que hemos de decir, puede que llegues a comprender por qué no vas a ningún sitio en tu batalla contra el diablo aquí abajo. Y es porque no eres conocido ARRIBA, en los rangos celestiales de Sión.
En la primera Guerra de las Galaxias, no quedaba nada para la organización y la estrategia humanas. ¿Cuánto tiempo más malgastará el pueblo de Dios atacando al enemigo desde las copas de los árboles y los campanarios de las iglesias? Dios tiene un plan magistral, y Él quiere que tú y yo vengamos a Sus consejos secretos, para que podamos conocer SU camino y el secreto de nuestra victoria. Dios consideró los corazones de Su pueblo y halló a 10.000 hombres que sabía que se ofrecerían “voluntariamente” cuando fueran llamados a la batalla. Eran de la tribu de Neftalí y Zabulón. Neftalí significa “lucha” y Zabulón significa “Morada”. Los guerreros de Dios deben aprender a “luchar contra los principados y potestades” y tienen que saber que la única forma de hacer esto es bajo el poder y la cobertura del Espíritu de Dios. Tendrán que descubrir que es el Camino del la Cruz, el Camino del vituperio, del sufrimiento, de los malos entendidos, de la debilidad, de la imprudencia. Zabulón significa “morada”. No es suficiente tener celo por la batalla, y ser luchadores. Tienen que conocer el REPOSO de Dios. Tienen que aprender a “morar” en la Vid verdadera. Tienen que hacer del Señor mismo, la propia morada de ellos. Y así, no pueden tener torres ni fortalezas ni reinos de su propiedad.
Cuando Barac los llamó a la batalla del Señor, “se ofrecieron voluntariamente a sí mismos…” (Jueces 5:2). No sólo su dinero. No sólo sus diezmos o sus dobles-diezmos. No sólo sus cultos. ¡TODO! Pusieron sus vidas en peligro hasta la muerte “en las alturas del campo” (Jueces 5:18), luchando “junto a las aguas de Meguido” (v.19). El Dr. Young, erudito hebreo, dice que Meguido significa “Lugar de Dios”. Y Meguido fue el lugar de la cita de Dios. Dios había preparado un ejército que era conocido y reconocido en los lugares celestiales. Había preparado sus corazones y era Él quien los había CONOCIDO y llevado a la batalla. Por eso los cielos mismos estaban encendidos con los poderosos guerreros de los ámbitos celestiales que se levantaron a favor del pueblo de Dios:
“Desde los cielos pelearon las estrellas; Desde sus órbitas pelearon contra Sísara.” (Jueces 5:20).
El Último Armagedón
La batalla de Barac fue la primera Batalla de Armagedón. La última está justo delante. La Batalla de Barac fue la primera de la Guerra de las Galaxias. La última Guerra de las Galaxias está a punto de tener lugar. Una vez más Dios está reuniendo a un pueblo para la batalla. Es un pueblo de “luchadores” (Neftalí significa “lucha”). “No tenemos guerra contra carne ni sangre”. Estamos aprendiendo a permanecer en Cristo (Zabulón significa “morada”). Y porque conocemos el reposo y la confianza del Señor, al permanecer en Él sabremos como luchar contra las potestades del ámbito celestial.
Una vez más, es un pueblo que se ofrece voluntariamente: no simplemente sus talentos, un poco de plata y de oro, una porción de sus recursos—sino a ELLOS MISMOS.
“Y ellos le han vencido por medio de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio de ellos, y menospreciaron sus vidas hasta la muerte.” (Apoc. 12:11).
¿Dónde tendrá lugar esta última y final batalla del Señor? En la tierra, y no en los ámbitos celestiales… pero comenzará en el Cielo.
“Y ella dio a luz un hijo varón, que regirá con vara de hierro a todas las naciones; y su hijo fue arrebatado para Dios y para su trono. DESPUÉS HUBO UNA GRAN BATALLA EN EL CIELO.” (Apoc. 12:5,7).
Amados, ¡Fijaos en esto! Cuando este Hijo colectivo surja, ¡Habrá una declaración de guerra en el cielo! Pero también abarcará a toda la tierra. Porque cuando el arcángel Miguel (a cargo de las fuerzas angelicales) hace guerra contra el Dragón, el Dragón (Satanás), es arrojado de su fortaleza celestial… ese lugar de dominio en los cielos desde donde hostiga, cautiva y atormenta al pueblo de Dios y a los habitantes de la tierra. Y ahora que él cede esos lugares altos de dominio a los hijos vencedores de Dios, viene a la tierra “con gran ira, sabiendo que tiene poco tiempo.” (Apoc. 12:12). Los habitantes del mundo no entenderán. Habrá desastre y calamidad por todas partes. La mujer “en el desierto” no entenderá… porque hay tribulación y angustia y persecución. Pero hay un grito celestial de triunfo: “Por lo cual alegraos, cielos, y los que moráis en ellos.” El pueblo de Dios está caminando en lugares celestiales y haciendo guerra en los lugares celestiales, aunque sus pies estén en la tierra, donde se encuentra el Dragón. Ahora pueden aplastarlo debajo de sus pies, tal y como Pablo dijo que sería. (lee Rom. 16:20). ¿Pero que pasa con la tierra, ahora que Satanás ha sido derrotado en la batalla y arrojado de sus alturas orgullosas?
“¡Ay de los moradores de la tierra y del mar! porque el diablo ha descendido a vosotros con gran ira, sabiendo que tiene poco tiempo”. (Apoc. 12:12). Y todo es porque la victoria ha sido librada y ganada. ¡Es el Día del SEÑOR! ¡Es el gran Día del Dios Todopoderoso!
Los ejércitos de Barac lucharon en “las alturas del campo” y “cerca de las aguas de Meguido” (Jueces 5:19). Por tanto, Meguido ha tomado un nombre simbólico para la última y gran batalla de Dios que será luchada en el cielo, con armas espirituales, pero que causará guerra y terribles repercusiones por todo el mundo. Me han dicho que Har-Meguido (o Armagedón) significa Lugar de Dios. Es el lugar de la cita de Dios con todas las fuerzas del mal que se han preparado contra el pueblo de Dios y que Dios destruirá en el Día del SEÑOR. Dios nos dice que estos espíritus inmundos que salen de la boca del Dragón “son espíritus de demonios que hacen señales, los cuales van a los reyes de todo el mundo a reunirlos para la batalla del gran día del Dios Todopoderoso.” (Apoc. 16:14). Y entonces viene esta solemne advertencia al pueblo de Dios que está en la tierra y que debe ser alertado y preparado para esta hora. Lejos de dar al pueblo de Dios el consuelo de ser raptados en estos tiempos terribles, el Señor hace un claro llamado a la santidad y a la cautela.
“He aquí, vengo como ladrón. Bienaventurado el que vela y guarda sus ropas, no sea que ande desnudo y vean su vergüenza.” (v.15). Dios consideró apropiado insertar esta advertencia especial a Su pueblo en el momento en que las fuerzas de Armagedón estén siendo reunidas, ADVIRTIÉNDONOS Y ANIMÁNDONOS A ESTAR ALERTA, PREPARADOS Y CAMINANDO EN LA JUSTICIA DE JESUCRISTO. Después de este paréntesis, Juan continúa escribiendo:
“Y los reunieron en el lugar que en hebreo se llama Armagedón” (v.16).
No nos confundamos con el hecho de que haya diferentes facetas de verdad que se presentan en Apocalipsis una y otra vez en diferentes lugares y mediante símbolos distintos. El libro significará más para nosotros cuando entendamos que Juan vio cosas descritas por el Ángel, no siempre desde un punto de vista cronológico, sino desde un punto de vista del panorama global: no como alguien que está en pie viendo una carrera desde una valla, echando una mirada desde un visor, viendo como los caballos corren la carrera; sino que está viendo como un atalaya por encima de la cerca, viendo claramente esa porción de los eventos que Dios le estaba mostrando desde Su propia perspectiva, en alguna fase particular de las poderosas operaciones de Dios en la tierra y en la Iglesia. No obstante, todos los eventos se movían progresivamente hacia el clímax glorioso de unos Nuevos Cielos y Tierra nueva.
Así pues, veámonos a nosotros mismos con Juan, no caminando en una línea cronológica recta hacia la meta final; sino observado como la verdad se despliega de forma parecida a como verías los círculos moviéndose progresivamente en las aguas después de arrojar una piedra a un estanque. Primero un círculo, después otro, y otro, hasta que progresivamente alcanza su glorioso clímax.
Por eso, a lo largo de todo el libro, vemos problemas, tribulación, victoria y el reino, repetidos una y otra vez. Y por eso el Libro ha tenido un significado real para el pueblo de Dios en cada era de la Iglesia, conforme a su círculo particular en el marco del tiempo de los propósitos de Dios.
Y así llegamos al día de la cosecha, en el que este maravilloso libro tendrá un significado especial para los que caminan en Sus caminos en esta hora. Pero no debemos mirar a la escena de la cosecha y pensar que todo lo anterior es algo del pasado. O vernos a nosotros mismos en el momento de los “siete relámpagos” y sentir que todo lo que ha habido antes de eso es mera historia para nosotros y que todo lo que se menciona después es futuro aún. A Juan se le pide que escriba “las cosas que has visto, y las que son, y las que han de ser después de estas.” (Apoc. 1:19). Pero hemos de entender que las cosas que Juan vio en su día, son también cosas que estamos testificando aquí y ahora. Las cosas que pertenecen a las siete iglesias son ciertamente históricas pero también están muy presentes aquí y ahora. Y seguirán teniendo significado para la Iglesia incluso hasta el tiempo del fin. “Y las cosas que han de ser después de estas” pueden muy bien ser, desde nuestro punto de vista, cosas que ya han sucedido en un cierto nivel de las operaciones de Dios… aunque han de ser aún reveladas en otra fase de Sus operaciones. Cuando Dios se mueve progresivamente en la tierra a lo largo de esta era de la Iglesia, no se trata de una situación pasado-presente-futuro desde el punto de vista de Dios. Muchas de las cosas que Juan vio y las cosas que son, y las cosas que han de ser… han sido decretadas y re-decretadas muchas veces en la tierra, como ha surgido un círculo tras otro en la operación de los propósitos de Dios, desde el principio hasta ahora. En medio y a lo largo de cada era de la Iglesia, ha existido el conflicto entre el Bien y el Mal, la Luz y la Oscuridad… hasta que en la consumación de todo ello veamos al Cordero en pie sobre el Monte Sión con los vencedores que Le han seguido y a todos sus enemigos sometidos debajo de Sus pies.
El libro de Apocalipsis comienza con la declaración de que Dios lo dio a conocer por signos. El ángel “señal-ó” a Su siervo Juan… lo dio a conocer a él en un lenguaje de signos. Si estamos familiarizados con el Antiguo Testamento, podemos leer el libro del Apocalipsis y no darnos cuenta de que el “lenguaje de signos” que se usa procede en su mayor parte de los tipos y sombras del Antiguo Testamento—no solo de los libros que corresponden a los sacrificios y ceremonias de Israel, sino también a las palabras de los profetas. Hay aproximadamente 400 citas directas u otras referencias al Antiguo Testamento en el Libro de Apocalipsis, tal y como el Espíritu Santo consideró apropiado revestir la “Revelación” en terminología que la convirtiera en algo “muy escondido” de los que continuaran caminando en desobediencia y rebelión contra Dios. Los “misterios” de Dios son secretos revelados a los escogidos de Dios, pero “secretos” que el mundo alrededor nuestro no puede conocer ni percibir, a menos que el corazón se presente desnudo delante de Él. Porque nos dice muy claramente: “Los secretos del SEÑOR son para los que le temen.” (Salmos 25:14, LBLA).
Por tanto, Armagedón deriva su significado del Meguido del Antiguo Testamento, donde en dos ocasiones concretas, Dios reunió a las hordas del mal para llevar a cabo su destrucción mediante Su poderosa intervención propia.
Tanto la guerra de Barac como la de Gedeón tuvieron lugar en el área de Meguido. Y de este modo, Dios, en el libro del Apocalipsis nos dice que será en Armagedón donde Dios atraerá a las fuerzas del mal de este sistema mundial para traerles su destrucción. (Lee Apoc. 16:14-16). Es el gran Día del Dios todopoderoso, cuando Dios se siente en juicio sobre todo el mundo. Joel lo llama la batalla en el valle de Josafat. Este no es el mismo valle que el de Meguido, pero el significado es claro. Josafat significa “Dios es juez”. Es ese día en el que Dios se sienta en juicio sobre el mundo entero. Joel es el alarmista del Antiguo Testamento. Cuando los siervos de Dios comienzan a hablar del modo que habló Joel, son despreciados por “alarmistas”. Así sucedió con los profetas de Dios de antaño. Que Dios levante unos pocos más “atalayas” ungidos enviados del Cielo que toquen la alarma—en este día en que la Iglesia está siendo enseñada a establecerse, a estar en paz… Porque Dios no va a dejar que veamos esos días temibles de tribulación y oscuridad del que hablan los alarmistas. Y así, Joel fue el alarmista de su día, que clamó:
“Proclamad esto entre las naciones: Preparaos para la guerra, despertad a los valientes; acérquense, suban todos los soldados. Forjad espadas de vuestras rejas de arado y lanzas de vuestras podaderas; diga el débil: Fuerte soy. Apresuraos y venid, naciones todas de alrededor, y reuníos allí. Haz descender, oh SEÑOR, a tus valientes.” (Joel 3:9-11).
Dios declara la guerra contra todas las naciones por su rebelión contra Él. “Reuníos”, dice, “Estoy listo para la batalla… ¡Preparaos para la guerra! Tengo una cita con todos los hombres en Armagedón, el Lugar de Dios… en el Valle del Juicio. ¡Seguid con vuestras conferencias internacionales y con vuestras cumbres! ¡Seguid con los Consejos de la Iglesia mundial y con vuestras reuniones ecuménicas! Y ¡UNÍOS TODOS!” Dios dice que está soltando a los demonios de espíritus inmundos para acelerar la obra que los hombres en lugares altos tienen en mente, la obra de unir a los pueblos de la tierra en alianzas de PAZ, mientras que a la par, rechazan al Príncipe de Paz. Que la Iglesia del mundo se reúna y exalte el liderazgo del hombre. Dios está preparando un cuerpo en la tierra que está exaltando el Señorío de Cristo. Que los súper-poderes luchen por la paz basada en el poder y en la fuerza humana… ¡Basada en la falsa premisa de que un holocausto global puede evitarse si cada bloque de naciones entiende que un primer golpe significaría la destrucción mutua! En medio de todo ello, Dios está preparando a un pueblo, y los está armando con armas de verdad, de pobreza de espíritu, de mansedumbre y de justicia, de amor—y vencerán a las huestes del mal ¡“por la sangre del Cordero y por la palabra de Su testimonio!”

(6) Considera a Gedeón
“Israel fue empobrecido en gran manera” por causa de los madianitas y clamaron por un libertador a Dios. En respuesta a su clamor, Dios levantó a un hombre llamado Gedeón. Gedeón se hallaba sacudiendo el trigo en el lagar para esconderlo de los madianitas, cuando el ángel del SEÑOR le saludó con extrañas palabras:
“El SEÑOR está contigo, valiente guerrero” (Jueces 6:12).
Dios conocía el problema de Gedeón. Sabía que Gedeón estaba lleno de temor por causa del enemigo. Sabía que era un hombre débil de una de las familias más pobres de Manasés. Sabía que Gedeón era el menor, no el mayor, de la casa de su padre. ¡Justo las cualidades que Dios estaba buscando! Y de este modo, el ángel le dijo:
“Ve con esta tu fuerza, y libra a Israel” (v.14). Su fuerza no debía estar en sus propios recursos, sino en su debilidad. Y el hecho de que Dios le ENVIARA era la única autoridad y poder que Gedeón necesitaba.
Todos conocemos la historia… como Dios tuvo que reducir el ejército original de 32.000 hombres a un puñado de 300. Amado, ¿Por qué no podemos aprender de la multitud de testigos tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento… que la fuerza no está en los números, que las riquezas no consisten en el oro y en la plata, que la sabiduría procede del camino de la Cruz, y no de las paredes de la enseñanza?
Gedeón desmovilizó a su ejército ante la orden del Señor, mandando a casa a los que tenían temor. Se quedó con 10.000 hombres. Todos ellos estaban ansiosos por la batalla; pero Dios dijo, “todavía el pueblo es demasiado numeroso”. Dios tomó este asunto en Sus propias manos y envió a otros 9.700 a casa… ¡los libró de su responsabilidad como ejército del Señor! ¿Y por qué razón? Quizás muchos de ellos se preguntaban por qué… habiendo estado tan ansiosos de luchar por el SEÑOR. Cualquiera que sea la razón para licenciar a estos 9.700 soldados, pienso que Dios quería que supiéramos que en las mismas cosas cotidianas de la vida, en nuestras tareas y ocupaciones diarias, estamos siendo probados y tratados por el Señor cada día, y no somos conscientes de ello. Estaban junto al agua, saciando su sed, pero Dios los estaba viendo desde el cielo y estaba probando sus corazones. Y ellos no lo sabían. Hay algo aún más muy significativo. Dios dijo que si usaba a toda la multitud, entonces Israel se llevaría la gloria. De modo que sabemos que cuando Dios escogió a mano a estos 300 hombres, Él sabía que no se llevarían la gloria por la victoria que Él les iba a dar. ¡Dios sabía que Él se llevaría toda la gloria!
Dios, que escudriña los corazones de los hombres, está marcando a los Suyos para que se involucren en la batalla del Señor, conforme a Sus propios requisitos de fidelidad, obediencia y sometimiento a Su voluntad. Su estándar de juicio es este: “el que es fiel en lo poco, en lo mucho también lo será.” No esperes ser comisionado para un puesto de deber en el ejército del Señor si hay indiferencia o pereza, infidelidad o deshonestidad en tus tareas diarias insignificantes en casa o en tu trabajo… infidelidad hacia tu jefe o hacia tu empleado, engaño, mentira, robo a tus conciudadanos mediante la falsificación de declaraciones de la renta. Y podríamos seguir y seguir con esto. Pablo señaló que había un requisito del siervodebía ser hallado fiel. Y Jesús dijo que si un hombre no puede ser confiado en sus tratos con mamón, las riquezas pasajeras de esta vida, Dios no podría confiarle las verdaderas riquezas.
Dios escogió a los 300 no para mostrar lo fuertes que eran; sino para demostrar que en la debilidad del hombre Él mismo sería glorificado. Con una antorcha y una vasija cada uno de ellos salió a la batalla. Era lo único que necesitaban porque la batalla era del SEÑOR. Y así, Pablo dice:
“Tenemos este tesoro en vasos de barro para que la excelencia del poder sea de Dios, no nuestra.” (2ª Cor. 4:7).
Una antorcha dentro de una vasija. Pero la vasija tenía que romperse para que la luz pudiera brillar desde el interior. Y cuando se oyó el sonido de la trompeta: “la Espada del SEÑOR y de Gedeón…”
El enemigo fue derrotado en confusión extrema y de hecho se destruyeron a sí mismos. La estrategia de la batalla de Dios contra el enemigo es arrojarlos a la confusión. “La espada de cada uno contra su compañero en todo el campamento.” (Jueces 7:22).
Satanás ha usado esta estrategia de forma efectiva trayendo división y confusión en medio del pueblo de Dios; pero todo esto será cambiado el Día del SEÑOR.
¡Las huestes de Satanás tiemblan y son arrojadas a un confuso estado de auto-destrucción cuando son confrontadas con un pueblo que camina en la obediencia de Cristo, en el camino de la Cruz!

(7) Considera a Josafat
Una gran multitud de los hijos de Amón, de Moab y del Monte Seir se habían reunido para atacar a Jerusalén. Inmediatamente, este humilde rey congregó al pueblo y a los sacerdotes y buscaron muy en serio ayuda y dirección del Señor. Josafat estaba en pie delante del pueblo y clamó al Señor por ayuda, terminando su ferviente oración con una confesión muy NEGATIVA (?):
“Porque no tenemos fuerza alguna delante de esta gran multitud que viene contra nosotros, y no sabemos qué hacer; PERO NUESTROS OJOS ESTÁN VUELTOS HACIA TI” (2ª Cron. 20:12). Una vez más el pueblo de Dios estaba completamente desvalido. ¡No sabían qué hacer!
Queridos, Dios quiere que sepamos que en el día de la calamidad repentina, en el día del temor repentino, cuando sepamos que no tenemos poder contra el enemigo, cuando no sepamos qué hacer, que el secreto de nuestra victoria es éste: “Nuestros ojos están puestos en Ti…” Dios no duda en exponer a Sus escogidos en su extrema debilidad ante las huestes del enemigo, porque Él es su Libertador. Y Él se levanta a favor de ellos cuando ellos claman, “Señor, nuestros ojos están puestos en Ti”.
Repentinamente, el espíritu de profecía vino sobre cierto Levita de los hijos de Asaf, que se puso en pie y reveló la exacta localización del enemigo. Y después dio instrucciones específicas al pueblo de Dios en cuánto a lo que tenían que hacer. No se trataba simplemente de que cada hombre en Israel hiciera lo que pudiera. ¡Confiésalo! ¡Rompe con todas las normas de los libros de éxito y confiésalo! “Señor, ¡No sé qué hacer!” Entonces, si podemos afirmar nuestros corazones y esperar en Él, Él nos mostrará qué hacer. Una vez más, la batalla tenía que ser la del Señor.
“No necesitáis pelear en esta batalla; apostaos y estad quietos, y ved la salvación del SEÑOR” (2ª Crónicas 20:17). Y toda la congregación se postró ante el SEÑOR y adoró.
¡Cómo anhelamos esos días en los que el Espíritu de Dios venga sobre Su sacerdocio en la tierra, y se levanten y den una palabra clara de parte del Señor! Palabras del Señor que penetren en los corazones de Su pueblo, convenciendo a los que están en error, rompiendo la voluntad terca, revelando la estrategia del enemigo y haciendo que los incrédulos caigan sobre su rostro y clamen a Dios por misericordia! (lee 1ª Cor. 14:24-25).
Amados, vamos a ver esos días… en los que el pueblo de Dios se involucre con sus caminos y comience a caminar por el sendero de la obediencia, escuchando lo que el Espíritu dice a las iglesias. El Señor ha sido fiel en enriquecer a Su pueblo con dones y capacitaciones espirituales. Estas capacitaciones son como facultades para el cuerpo humano: ojos para ver lo que Dios está revelando, oídos para escuchar lo que Dios está diciendo, manos para hacer y obrar lo que Dios está haciendo. Con frecuencia ha habido una operación muy mecánica de los dones porque las personas han aprendido “cómo hacerlo”.
Pero cuando el pueblo de Dios es nutrido en la verdad, el don que tengan de Dios surgirá en la hermosura de Su vida. Realmente no tenemos que enseñar a nuestros hijos a ver ni a escuchar, ni a respirar—aunque necesiten alguna dirección al ir desarrollándose estas facultades en sus vidas. Cuando oyes una profecía, generalmente no es demasiado difícil discernir si Dios ha hablado o si la persona que habla ha sido enseñada CÓMO profetizar. Amós dijo que no podía evitar profetizar porque oía de Dios—y cuando alguien está lleno de temor cuando ruge el león, del mismo modo dice él, “Tengo que profetizar porque el Señor DIOS ha hablado.” (Lee Amós 3:8).
¿Qué sucedió en la batalla de Josafat? La batalla era del SEÑOR, de modo que enviaron cantores delante del ejército, que cantaban, “¡Gloría al SEÑOR, porque Su misericordia dura por siempre!” Y una vez más, los enemigos de Dios se destruyeron a sí mismos. ¡Lo único que Israel tuvo que hacer fue salir y recoger el botín! ¡Los enemigos del Señor luchan y se destruyen unos a otros cuando el pueblo de Dios camina en Sus caminos!
No puedes imitar marchas de victoria como ésta. Este pueblo estaba cara a cara frente a una destrucción extrema. Se reunieron y buscaron a Dios. Confesaron abiertamente que no sabían qué hacer. Pero cuando buscaron a Dios con todo su corazón, ¡Él les dio una palabra clara de dirección y no tuvieron nada más qué hacer que alabar a Dios por Su intervención y recoger los despojos de la victoria!

(8) Considera a Ezequías
Ezequías ere un buen rey; y al llegar al trono de Judá, su primera preocupación fue restaurar la adoración y la gloria del templo de Dios… y Dios le dio un gran avivamiento.
Lo primero que hizo fue “abrir las puertas de la casa del SEÑOR y repararlas” (2ª Crónicas 29:3). Los sacerdotes y los levitas se reunieron en Jerusalén para comenzar la tarea de limpiar el templo de Dios. Tenían una batalla por delante y Dios lo sabía. ¿Por qué no los introdujo en campamentos de entrenamiento militar? Porque la armadura de Dios es “la armadura de la luz” y por eso, su primera preocupación era Su templo. El templo tenía que ser limpiado. Si no, habría derrota en la batalla. Era el momento de que el pueblo de Dios entendiera esto.
Dios quiere verdad en lo íntimo. Este es el día de la limpieza de la casa de Dios. No una clase de intervención meramente legalista, externa… sino una profunda y penetrante obra del Espíritu de Dios en los corazones y en las vidas. Cuando Dios limpia y cambia los corazones de los hombres, lo externo también será limpio.
El holocausto tenía que ser restaurado. Los corazones de los hombres tenían que ser puestos sobre el altar y totalmente expuestos a los fuegos de Dios.
“Cuando comenzó el holocausto, comenzó también el cántico de Jehová...” (v. 27). Hay muchas canciones bonitas en la iglesia hoy, y mucha música profesional. Pero “el cántico del SEÑOR” es completamente distinto: canciones del Espíritu que penetran el corazón y producen quebranto, y un sentido de asombro por causa de la presencia de Dios. No escuchas realmente el CÁNTICO DEL SEÑOR hasta que haya un holocausto, una entrega completa a Dios, el sacrificio de un espíritu roto y contrito.
Después viene el orden divino. “Y quedó restablecido el servicio de la casa de Jehová.” (v.35). Generalmente esto es lo primero en nuestra agenda: Organizarnos bien con un edificio, un liderazgo bien estructurado, y tenerlo todo listo para que Dios se mueva. Y de este modo lo que tenemos es el orden del hombre, que pronto termina en otro Babel—desorden, división y conflicto. El orden de Dios se basa en un pueblo reunido por el Espíritu Santo, que viene a la plenitud de la entrega y del sacrificio, ofreciéndose voluntariamente a sí mismo al Señor.
Pronto el avivamiento se extendió a otras partes de la tierra. Salieron mensajeros de Jerusalén a varias ciudades y pueblos, invitando a la gente a venir a Jerusalén a celebrar y guardar la Pascua y a volverse de nuevo al Señor. Algunos se burlaron y se rieron de los mensajeros con desdén. Otros se humillaron y vinieron y buscaron al Señor. Comenzaron a tener lugar las sanidades (¡aunque no se nos dicen los nombres de los que ministraron la sanidad!). Los corazones del pueblo se abrieron a la palabra y surgieron maestros para dirigir al pueblo de Dios por Sus caminos. El resultado final de todo ello fue el GOZO. Hubo “gran gozo en Jerusalén”. Esto era muy distinto del gozo forzado que los hombres están intentado fabricar en nuestras iglesias hoy día. No hay nada como el gozo del Espíritu Santo… el gozo que procede de un pueblo que es llevado bien bajo a Sus pies por causa del holocausto, y que espera ante Él en humildad y contrición de corazón, y que aprende de Él y anda en Sus caminos.
Después vino el quebrantamiento de las imágenes y de los lugares altos de idolatría que abundaban en la tierra. ¡Me pregunto cuántos ídolos vamos a descubrir cuando Dios comience a juzgar Su casa y a escudriñar a Su pueblo con los siete ojos de llama de fuego del Espíritu de Dios! ¡Que Dios continúe esta gran obra que Él ha comenzado en la tierra, que Su Templo (la Iglesia), pueda ser restaurado, y que el pueblo de Dios sea limpiado, purificado y enriquecido con todas las gloriosas provisiones de Su gracia! Y no seamos disuadidos para abandonar esta visión por causa de maestros ignorantes que se burlan: “Este pueblo está sentado ahí fuera intentando perfeccionarse, en lugar de salir y trabajar para Dios.”
El Día del Señor está muy cerca, y en eso es en lo que consiste esta gran preparación. El enemigo ha maquinado un complot maligno para destruir al pueblo de Dios de golpe, y si el Templo de Dios no es limpiado y Su pueblo consagrado en el altar del holocausto, no vamos a sobrevivir el incendio de ese gran día. Así, leemos:
“Después de estos actos de fidelidad, Senaquerib, rey de Asiria, vino e invadió a Judá y sitió las ciudades fortificadas, y mandó conquistarlas para sí” (2ª Crónicas 32:1).
Pero Jerusalén estaba preparada para ellos. No sentían que estuvieran listos y eso trajo un gran temor a los corazones de todos. Pero en su entrega al Señor habían penetrado en los mismos cielos. Cómo queremos enfatizar que sólo cuando el pueblo de Dios ES CONOCIDO EN LOS CIELOS Y RECONOCIDO DELANTE DEL TRONO, conocerá la victoria sobre las arremetidas del Maligno aquí abajo.
¿Qué hizo Ezequías en esa hora de gran inquietud y peligro? Envió un mensaje al profeta Isaías en el que confesaba (y una vez más parecía ser una confesión muy negativa): “Este día es día de angustia, de reprensión y de blasfemia; porque los hijos están a punto de nacer, y la que da a luz no tiene fuerzas.” A Ezequías le parecía que todas las cosas buenas que Dios había hecho por ellos y el avivamiento que habían conocido, en realidad estaban a punto de terminar en desastre. “¡La que da a luz no tiene fuerzas!”. Ahora bien, Ezequías significa “Jah es Fuerza”, pero Ezequías no tenía ninguna fuerza propia, y tampoco había ninguna en Israel. Pero el secreto de su victoria reposaría precisamente en este mismo hecho… que estaban desvalidos, y lo sabían… y que Dios era su suficiencia.
Ezequías recibió una carta larga y amenazante del general de Senaquerib, que se resumía en este simple ultimátum: “¡Rendíos, si no…!” Ezequías no tenía respuesta con qué contestar. De modo que llevó la carta al templo y “la abrió delante del Señor”. Dijo, “Señor, lee esto… No sé qué hacer al respecto.” Ezequías había tocado el trono. Sé que somos exhortados: “Debemos orar más, debemos interceder más…” Cierto. Pero todo esto no servirá para nada si los corazones del pueblo no se han vuelto a Dios, si el templo no está siendo limpiado, si el holocausto de la entrega total a Dios no asciende delante del Señor desde corazones rotos y contritos. El pueblo de Dios había penetrado en los Cielos y fueron reconocidos por los ejércitos del Cielo. Dios pronto revelaría lo que iba a hacer. ¡La batalla era del SEÑOR!
Isaías devolvió a Ezequías la seguridad de que Dios había escuchado su clamor y que daba a al Rabsaces la respuesta que Ezequías era incapaz de dar. Era una denuncia mordaz de Senaquerib y todos sus ejércitos, y acabó la carta diciendo:
“Porque yo ampararé esta ciudad para salvarla, por amor a mí mismo, y por amor a David mi siervo. Y aconteció que aquella misma noche salió el ángel de Jehová, y mató en el campamento de los asirios a ciento ochenta y cinco mil; y cuando se levantaron por la mañana, he aquí que todo era cuerpos de muertos.” (2ª Reyes 19:34,35). En los días de la escuela, teníamos una poesía en nuestras lecturas del famoso escritor inglés Lord Byron, en la que describe dramáticamente esta gran confrontación y me gustaría incluirla aquí:
LA DESTRUCCIÓN DE SENAQUERIB
Los asirios vinieron como el lobo en el redil,
Y sus séquitos brillaban en púrpura y oro;
Y el lustre de sus lanzas era como las estrellas sobre el mar,
Cuando la ola azul da vueltas cada noche en la profunda Galilea.
Como las hojas del bosque cuando el verano es verde,
Esa multitud con sus estandartes vistos en la puesta del sol;
Como las hojas del bosque cuando el otoño ha nacido,
Esa multitud yace seca y perdida.
Porque el Ángel de la Muerte extiende sus alas al toque de trompeta
Y sopla al rostro del enemigo al pasar;
Y los ojos de los dormidos se vuelven moribundos y fríos
Y sus corazones una vez cargados, y para siempre tranquilos.
Y ahí estaba el corcel con su nariz abierta,
Pero por ahí no salía el soplo de su orgullo;
Y la espuma de jadeo yacía blanca sobre el terreno,
Y frío como el rocío del oleaje golpeando las rocas.
Y ahí yacía el jinete, desfigurado y pálido,
Con el rocío sobre su cejas y el óxido en su malla;
Y las tiendas estaban en silencio, los estandartes solos,
Las lanzas sin levantar y la trompeta sin tocar.
Y las viudas de Asur son ruidosas en su lamento,
Y los ídolos son rotos en el templo de Baal
¡Y los poderosos de los gentiles, no golpeados a espada
Se derriten como nieve ante la mirada del Señor!

(9) Considera a Mardoqueo
Aquí tenemos uno de los ejemplos más claros de cómo Dios capacita a Su pueblo para quitar la panoplia del enemigo. Lo encontramos en el libro de Ester, donde no aparece el nombre de Dios expresamente mencionado, pero si revelado por todas partes.
Amán, el exaltado Príncipe de Persia, tenía un odio insaciable hacia Mardoqueo el judío, que solía sentarse en la entrada del rey. Amán ya había tenido un gran éxito consiguiendo la firma del rey en un edicto para borrar a los judíos de la faz de la tierra, y el día había sido escogido. Pero no podía esperar todos esos meses para librarse de Mardoqueo, el judío que le atormentaba sólo por su presencia. Sin embargo, Mardoqueo había sido un buen hombre en su cautiverio, ni un ápice de rebelde por causa de su destino. Incluso había salvado la vida del rey en una ocasión. Algo por lo que no había recibido ningún reconocimiento, ni siquiera del propio rey. Pero cuando el pueblo de Dios comenzó a preocuparse por su destino, y afirmaron sus rostros para buscar a Dios en oración y ayuno, Dios comenzó a moverse en favor de ellos. Dios nunca ha tenido ningún problema en tratar con reyes y dictadores. Un ángel del cielo podría liquidar a cualquiera de ellos en un instante. El problema de Dios siempre ha sido Su pueblo, porque ellos son Sus hijos y Él desea nutrirlos en Sus caminos. De ellos Él exige obediencia, sometimiento a Su voluntad y que aprendan Sus caminos. Y de este modo, el SEÑOR inquietó al rey en su cama, por la noche, de forma que no podía hallar descanso. Finalmente llamó para que le trajeran el diario real e hizo que uno de sus siervos se lo leyera a la luz de una lámpara. Parecía tener el sentimiento de que algo podía haber sucedido en su reino que él no se hubiera tomado la molestia de investigar, algo que quizás le provocaba esa inquietud. ¡Con toda certeza! “¡Podrías repetir esa última frase, por favor…!” ¡Ahí estaba la razón por la que no podía dormir! El hombre Mardoqueo había salvado su vida y él (el rey) lo había olvidado por completo. Inmediatamente cayó dormido.
Pero no por mucho tiempo. Ya era temprano por la mañana. Mientras tanto, Amán había estado muy ocupado erigiendo una horca en su patio, sobre la que pretendía colgar a Mardoqueo. Lo único que necesitaba ahora era la firma del rey. Sólo un detalle pequeño, por supuesto, pero necesario. Pero al entrar al patio del rey con ese trozo de papel en su mano, el rey ya se había levantado antes de la primera palabra porque sabía que no podía alargar más ese asunto. Tenía que hacer algo noble a Mardoqueo, el judío.
“Hay un cierto hombre en mi reino que debo honrar”, dijo el rey a Amán. “¿Qué sugieres?” Amán estaba seguro de que el hombre a quién el rey tenía en mente era él, porque había recibido ya tantas honras reales de modo que no era difícil pensar en una buena nueva honra.
“¿Por qué no le vistes con tus ropajes reales?” dijo al rey, “le pones tu corona sobre su cabeza, le montas sobre tu caballo real, y haces que uno de tus nobles favoritos pasee el caballo por la ciudad y proclame ante todo el pueblo alrededor… “Así se hará al hombre a quién el Rey se deleita en honrar” (lee Ester 6:9). “Una muy buena sugerencia”, dijo el rey; “Bueno, tú eres mi noble favorito. Ve y haz con Mardoqueo el Judío todo lo que has sugerido. Cerciórate de no olvidar nada de lo que has mencionado… “¡Hasta el más pequeño detalle!”.
Ese trocito de papel que tenía en su mano para que lo firmara el rey… bueno, lo tomó y lo metió en su bolsillo. Y Amán salió e hizo exactamente lo que el rey había ordenado. Después llevó al caballo a su lugar, fue a su casa y lloró sobre el hombro de su esposa.
Con esa intuición que con frecuencia tienen las mujeres, inmediatamente le advirtió que quizás las cosas estaban cambiando… ¡quizás sus días estaban contados! Amán estaba comenzando a perder su armadura. Si los corazones del pueblo de Dios han sido preparados, cuando lleguen a esta confrontación abierta con el enemigo, descubrirán que comienza a debilitarse incluso antes de que la batalla comience. Cuando Su pueblo comience a caminar con Él, Dios simplemente atrapa a los sabios en su propia astucia, y el abismo que habían preparado para el hijo de Dios… ellos mismos caen dentro.
Aún así, era una hora muy oscura para el pueblo de Dios. El edicto inalterable de Amán colgaba pesadamente sobre las cabezas de cada judío en las 127 provincias de Persia. Pero Dios había escogido a Ester para ser otra clave en toda esta situación, aunque ella no era consciente cuando fue escogida para ser reina. Era la prima de Mardoqueo y Mardoqueo la había criado como a su propia hija. Ester había sido escogida por el rey entre muchas candidatas para sustituir a la antigua reina, que había sido apartada de la realeza por insumisión. Mardoqueo le recordó que quizás ella había entrado a una posición de favor real solo por causa de esta ocasión tan crítica.
Mardoqueo, preocupado por el destino de su pueblo, se sentaba lamentando ante la puerta del rey vestido de cilicio. Toda la judería estaba en un estado de lamento, oración y ayuno. No parecía haber salida. Pero Dios lo había preparado de este modo para poder hacer camino donde no lo hay, y por medio de ello, traer una mayor gloria para Él mismo. Dios prepara los callejones sin salida en nuestro caminar con Dios y nos lleva a lugares de gran crisis, para que cuando lleguemos ahí, podamos hallar a Dios. Dios quiere que entendamos esto, porque podemos estar seguros de que el “dios de este mundo” está determinado a borrar al pueblo de Dios de la faz de la tierra. Y puede venir el tiempo en un futuro no muy distante, cuando esto parezca ser una posibilidad muy inminente. Dios quiere que sepamos en esa hora que Él es aún el Dios de Israel, el Dios de Ester y el Dios de Mardoqueo.
Ester fue persuadida por su primo para dar el valiente pero tímido paso a la presencia del rey para interceder por su pueblo. Ni el rey ni Amán sabían que ella era judía, puesto que Mardoqueo la había advertido que lo mantuviera en secreto. Ester sabía que si el rey no extendía su cetro real hacia ella al entrar en su presencia, significaría ejecución inmediata para ella. Esta ley se aplicaba a cualquiera que no hubiera sido llamado específicamente para entrar, fuera la reina o el portero del rey. Pero Dios había oído el clamor de Su pueblo. Y al entrar a la presencia del rey, inmediatamente sostuvo en la mano su cetro de aceptación. Entonces pidió al rey que asistiera a un banquete que ella prepararía. Durante este primer banquete, ella pidió al rey que él y Amán asistieran a otro banquete al día siguiente. Por supuesto, Amán se deleitaba de haber recibido una honra tan alta por parte de la reina, y le dijo a su esposa al llegar a casa lo bien que le iba todo.
Pero era una historia diferente cuando el banquete hubo terminado. Ester condenó abiertamente a Amán como el príncipe maligno que había maquinado el complot completo de destruir al pueblo de ella. El rey estaba furioso. Amán petrificado. Y mientras el rey se paseaba con inquietud y con ira, preguntándose qué hacer con Amán… uno de los siervos le recordó que la horca de Amán estaba preparada en el patio de Amán, sin usar, completamente operativa. Y el rey ordenó, “¡Colgad a Amán en su propia horca!”
Poco sabía Amán al construir la horca, que un día él mismo sería colgado de su extremo superior. Poco sabía Satanás cuando finalmente tuvo a Jesús en la cruz, que él (Satanás mismo), colgaría de esa cruz en destrucción total, junto con todos sus principados y potestades; y que era ahí donde el Hijo de Dios había triunfado sobre él (lee Col. 2:14,15; Heb. 2:14,15). Dios quiere que nosotros sepamos que cualquier maquinación de Satanás de dañar a cualquiera que esté caminando en obediencia a la Cruz, Dios lo cambiará para su propia destrucción.
Si ha habido alguna vez un libro que pudiera ser llamado el Libro de la Ironía, éste es el Libro de Ester. Amán fue colgado de la horca que había levantado para Mardoqueo, y Mardoqueo recibió el oficio de príncipe que quedó vacante por la destrucción de Amán. Amados, tened por seguro que cuando “el acusador de los hermanos” pierda su lugar en los lugares celestiales, hay un hijo vencedor, un sacerdocio santo, que tome su lugar.
Y la autoridad que el enemigo ha usado para hostigar y atormentar al pueblo de Dios se convierte en la autoridad del sacerdocio escogido de Dios para traer sanidad y liberación y paz al pueblo de Dios.
¿Pero de qué modo Mardoqueo conseguiría la tarea real de salvar al pueblo del Edicto de Amán? No podía cancelar la ley de plano porque las leyes de los Medos y los Persas eran inalterables. Todo el mundo sabía que ni siquiera el rey se atrevería a tocar la piedra angular de ese sistema judicial.
Pero se emitió otro decreto que daba autoridad a cada Judío en las 127 provincias de Persia (un imperio que alcanzaba hasta la India) de preservar su vida y destruir a su posible destructor, precisamente el mismo día que Amán había decretado la aniquilación completa de ellos. Entonces, al acercarse aquel día temido, Dios mismo intervendría en la escena y comenzaría a poner confusión en los flancos del enemigo. Si el pueblo de Dios comprendiera el Día del SEÑOR, dejarían de temer ese día y dejarían de buscar una salida de ello. Es el día en que todas las fuerzas del Mal se reunirán, convocadas por Dios, para hacer guerra contra las fuerzas de Dios y de la Justicia. Y el pueblo de Dios está formado con la armadura de la Luz para destruirlos.
Dios puso un temor y un temblor tales en los corazones de sus enemigos que muchos de esos gentiles se hicieron judíos y se aliaron con el pueblo de Dios. Cada vez que los enemigos de Dios traen algún decreto maligno o maquinación en contra del pueblo de Dios, Dios simplemente le da la vuelta para la propia destrucción de ellos, cuando Su pueblo aprende a caminar por el camino de la obediencia y en la sabiduría de la Cruz. ¡Repentinamente, el día del desastre se transformó en lo que la Biblia describe como un día de gozo! “Los judíos tuvieron alegría y gozo, banquete y día de placer.” (Ester 8:17).


Capitulo 5-- Discerniendo el Bien y el Mal
“Pero el alimento sólido es para los que han alcanzado madurez, para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal.” (Heb. 5:14).
“Para que Satanás no gane ventaja alguna sobre nosotros; pues no ignoramos sus maquinaciones.” (2ª Cor. 2:11)
Dios no es el autor del mal, de la confusión, de la oscuridad. Cuando Dios llama a Su pueblo a venir a ese lugar de la madurez en el que puedan discernir el bien y el mal, Él no está pidiéndoles que entiendan que de algún modo, Él es el autor de ambas cosas. Más bien, Él lleva a Su pueblo maduro a ese lugar en Dios en el que conocen, disciernen, comprenden la naturaleza de ambas cosas, para que sepan trazar la línea divisoria entre el bien y el mal, entre la luz y la oscuridad, entre el orden y el desorden, entre la verdad y la falsedad. Y después, junto con Él, podrán confrontar a las fuerzas del mal en una batalla abierta y destruirlos. Al caminar por Sus caminos y aprender de Él, Él nos mostrará cómo caminar en la sabiduría de la Cruz y cómo enfrentar cada arremetida del Maligno en contra de nosotros, revestidos con la “armadura de justicia”. Él nos muestra cómo en la sabiduría de la Cruz, nos alcanza y toma a las maquinaciones del Enemigo que él mismo diseñó para nuestra destrucción, las entreteje con Sus propios propósitos gloriosos, y las usa para atrapar al Enemigo en su propia trampa. Es la enseñanza de la Cruz:
“Para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo” (Heb. 2:14).
Hemos observado en todas estas ilustraciones que hemos usado del Antiguo Testamento, cómo una y otra vez, cuando Su pueblo ha sido llevado cara a cara con una cierta destrucción inminente, y Le ha buscado… Dios ha entrado en la escena y ha llevado a su destrucción a las hordas del mal por medio de sus propias estrategias malignas.

El origen del Mal
Ahora bien, si entendemos que Dios es PURA LUZ, y que “en Él no hay tinieblas en absoluto” (1ª Juan 1:5), no hay forma de poder proseguir con la enseñanza actual de que Dios haya hecho al Diablo tal y como él es ahora: mentiroso, asesino, lleno de odio, lleno de pecado, lleno de oscuridad. Creo que la estrategia de Satanás en esto es promover un poco de simpatía hacía sí mismo, sabiendo que en breve ha de ser aplastado bajo los pies del pueblo de Dios. ¿No puedes escucharle rogando por un poquito de entendimiento y de simpatía de parte del pueblo de Dios? “Amigos cristianos, no seáis demasiado duros conmigo. Puedo mostraros en la Biblia que Dios me hizo exactamente tal y como soy. La Biblia dice que pequé desde el principio… Dios me hizo así: para matar, robar, engañar y destruir… si arrastro a vuestros jóvenes varones y mujeres hacia la destrucción a través de las drogas y del alcohol… Si pervierto sus mentes con suciedad y con música salvaje intoxicadora, y si los degrado extremadamente en espíritu, alma y cuerpo… con toda clase de perversidad sexual e inmoral… no puedo evitarlo. Decís que no es bueno. ¿Cómo puedo yo saberlo? Nunca he conocido el significado de lo BUENO. ¿Cómo puedo apreciar la diferencia? ¿No podéis daros cuenta? Dios me hizo así… ¡Dios me hizo hacer todo eso!”
Algunos enseñan que Adán era el que “brillaba”… el lucero de quién habló Isaías. Cierto, Adán fue hecho a la imagen de Dios pero nunca fue en su expresión completa, “la imagen de Dios”. Esto estaba reservado para el Último Adán, Jesús. El primer Adán era una “figura” o “tipo” del Último Adán (lee Romanos 5:14). Adán nunca fue un ser Celestial, ni tampoco cayó “del Cielo”. Era “de la tierra, terrenal”: Fue el Último Adán el que fue “Señor del Cielo” (1ª Cor. 15:47). Jesús dijo que vio caer a Satanás del cielo “como un rayo” (Lucas 10:18). Lucifer es claramente tipificado en la Biblia como el rey de Babilonia.

El rey de Babilonia
“Toma este proverbio contra el rey de Babilonia y di, ¡Cómo paró el opresor!” Y después de describir su grandeza y su pompa, el profeta avanza para describir su pecado y su caída:
¡Cómo caíste del cielo, oh Lucero…! (lee Isaías 14).
Al llegar a comprender lo que es Babilonia, entonces la identificación del rey de Babilonia es bastante evidente. No es demasiado difícil para nosotros comprender que el Babel original y los últimos reinos de Babilonia (bajo Nabucodonosor y otros reyes) no fueron otra cosa que las primeras expresiones de un grandioso sistema de anticristo que obtendría su plenitud final en la tierra y sobre la que Satanás gobernaría como el “príncipe de la potestad del aire”… y como “el dios de este mundo” (lee Efesios 2:2, 2ª Cor. 4:4). Porque Babilonia se ve de nuevo en Apocalipsis en su forma final, como el reino y el dominio de la “ramera” que monta sobre la “bestia” de color escarlata. Todas las naciones se ven dominadas por el sistema Babilónico, al aliarse juntas para “hacer guerra contra el Cordero” y Sus escogidos. (Apoc. 12:7-9; Apoc. 17:1-18).
De modo que no es extraño que los profetas hablaran de los reinos terrenales y celestiales en un mismo aliento, en el mismo contexto. Y aquí, en Isaías 14:1-15, es evidente que hay una mezcla de lo terrenal con lo celestial. Daniel también habla de los príncipes terrenales y celestiales, y cómo Miguel el arcángel se involucró en la guerra contra el Príncipe de Persia. Era en un momento en el que el Príncipe de Persia (el rey Ciro), estaba favoreciendo al pueblo de Dios, y ayudándoles a reconstruir y a restaurar el templo en Jerusalén. Dios sostiene soberanamente el poder y la autoridad absolutos en Sus manos, y sabe cómo frustrar los propósitos del Maligno que puede estar obrando en ambos ámbitos, el terrenal y el celestial. La contrapartida celestial del gobernador terrenal está contra Dios y Sus propósitos, y hará todo lo que pueda hacer para presionar a los príncipes de este mundo para estorbar la obra de Dios. De este modo, Miguel está en pie a favor del pueblo de Dios y hace guerra contra el Príncipe de Persia celestial (lee Daniel 10:13). Los “principados y potestades” en los ámbitos celestiales son la contrapartida de reyes, dictadores, presidentes, primeros ministros… sea cual sea su designio aquí abajo; y estos poderes celestiales no están en absoluto a favor de cualquier clase de ley o decreto que ayude a la causa del pueblo de Dios en la tierra. Por eso somos exhortados a orar por estos gobernadores terrenales, para que los propósitos de Dios no sean frustrados por el Enemigo; porque Satanás sabe cómo tomar ventaja sobre el pueblo de Dios en su ignorancia, o desobediencia. Involucrarse en el ámbito de lo político no resuelve nada. Dios no tiene ningún problema en tratar con gobernadores terrenales y personas en autoridad. Él puede volver sus corazones como Él quiera—sean malignos y perversos o aparentemente buenos y benevolentes. El problema de Dios es con Su propio pueblo. Podemos estar seguros de esto, pueblo de Dios: Si nuestra nación o cualquier otra nación, llega a un lugar de desesperada apostasía…
Y si el pueblo de Dios que está disperso entre ellos, no camina por los caminos de la verdad… nuestras oraciones no penetrarán en los cielos, y los gobernantes terrenales de Dios serán sometidos a presión por el Enemigo para que anden por el camino de él, sea o no ese gobernante cristiano o pagano. Por el contrario, un pueblo que ande por los caminos de la verdad puede penetrar en los mismos cielos y hacer que incluso el corazón de un gobernante opresor se incline ante Su voluntad. Sean presidentes, primeros ministros o dictadores de mano de hierro, o reyes… Dios sabe como tratar con ellos cuando Su pueblo está caminando en obediencia e intercede por la Iglesia de Cristo conforme a la voluntad de Dios. Cuando Su pueblo se aparta de Dios para ir por su propio camino, (no importa nada como voten), Dios les dará la clase de gobernante que sea compatible con el corazón de la nación, y con la Iglesia que ha “perdido su sabor”. Lo mejor será que sepamos y que reconozcamos que esto es así, y que dejemos de culpar a los gobernantes malignos que abundan por toda la tierra. Dios pone en autoridad a quién Él quiere, conforme a Sus propios decretos justos—y sabe como anular el voto de Cristianos celosos, si no están buscándole en serio y si sus corazones no se han preparado para caminar en obediencia delante de Él.

¿Es Dios el Autor del Bien y del Mal?
Este pasaje de 1ª Juan 3:8 está siendo malinterpretado para hacer a Dios el Autor del Mal. “El diablo pecó desde el principio…” Fíjate que el mismo aliento Juan dice, “Este es el Mensaje que habéis oído desde el principio (v. 11). ¿Qué principio? ¿El día en que ellos nacieron? ¡No! Habla de otro principio, muchos años después, cuando habían crecido y les había llegado el evangelio. Si tomas tu concordancia y examinas los diferentes “principios” mencionados en la Biblia, queda claro que hay muchos, muchos principios y todo depende del contexto en el que son mencionados. Los discípulos de Jesús, nos dice, caminaban con Cristo “desde el principio” (Juan 15:27). ¿Quieres decir, desde el día en que nacieron? ¿O desde el principio de la creación? ¡No! Sino desde el principio, cuando Jesús los llamó a ser Sus discípulos. Marcos habla del “Principio del evangelio” (Marcos 1:1) —refiriéndose al tiempo en que Juan el Bautista entra en escena. Pablo también habla del “principio del evangelio” y se refiere a su propio ministerio, cuando ministró el evangelio en Macedonia y en otras partes, que sería quizás 30 años después (lee Fil. 4:15). No era el mismo “principio del evangelio” del que habló Marcos. Y podríamos seguir con esto. Al haber pecado el Diablo “desde el principio”, es un gran error decir que Dios lo creó de ese modo. Más bien, desde el momento en que él escogió el camino de la auto-exaltación y de la desobediencia a Su Creador—ése fue el principio de su papel como Satanás, o Adversario de Dios.

¿Usa Dios el Mal?
Ciertamente Dios es soberano e incluso Satanás está bajo el control de Dios. Para su disgusto, no tiene libertad para obrar sus obras malignas a menos que el Señor lo permita o lo autorice. Entonces, ¿Por qué no confesar que cuando Dios lo creó, le dio estos atributos malignos? Porque esto sería calumniar a Dios. El apóstol Pablo predicó el glorioso evangelio de la gracia de Dios y declaró con valentía que “donde abundaba el pecado, sobreabundó la gracia”. Y así, sus acusadores informaron calumniosamente que Pablo estaba en realidad predicando: “Hagamos males para que vengan bienes”. ¿Qué diremos, pues, de esta enseñanza calumniadora, “Hagamos un Diablo… lleno de odio, asesinato, engaño… para que venga el Bien?”. Esto es algo completamente contrario al Espíritu de la Verdad, porque hace que un Dios Santo sea el Autor del Mal. Pablo nos recuerda que incluso aunque Dios pueda usar nuestra “mentira” para mostrar Su gloria—de ninguna manera implica que la “mentira” sea excusable por causa de lo que la gloria de Dios obtenga de ello.
Y si se trataba de un informe calumniador cuando los hombres acusaron a Pablo de enseñar “Hagamos males para que vengan bienes…”, ¿Qué diremos de los que enseñan que Dios mismo creó el mayor de todos los males cuando hizo al Maligno—para poder sacar “algo bueno” de ello? “¿Haremos nosotros (que tendemos al pecado) el mal para obtener el bien?” ¿O creará Dios, que es terrible en santidad, a un Maligno para “que vengan bienes”? El Apóstol Pablo rehúsa ni siquiera discutir el asunto, porque obviamente es un cargo terrible contra el carácter santo de Dios. Él dice simplemente que es un “informe calumniador” contra Dios y que Dios juzgará justamente a los que le acusan de enseñar una doctrina semejante a esa. (lee Rom. 3:5-8).
Sabemos que Dios está a cargo de toda Su creación y que cualquier poder que Satanás tenga, Dios se lo ha dado. Naturalmente podríamos suponer que Dios debería haberle quitado su poder cuando cayó. ¿Pero quienes somos nosotros para cuestionar la sabiduría de Dios? Dios nunca ha renunciado a Su soberanía absoluta en los cielos o en la tierra; Y podemos estar confiados de que nunca lo hará. Cuando Pilatos (que recordó a Jesús que tenía autoridad para soltarle o para condenarle) preguntó a Jesús, Jesús le dijo simplemente que ninguna autoridad tendría a menos que le fuera dada de lo alto (Juan 19:11). Dios está ciertamente en control, y sabe cómo y cuando dará la vuelta a las maquinaciones de Satanás en contra de Satanás mismo, para su propia destrucción. Pero no calumniemos a Dios acusándole de crear a este Maligno, dotándole con el pecado, el asesinato, el odio, y el engaño el mismo día que Él le creó.

Dios todo lo hizo Bueno
Incluso en el mundo natural a nuestro alrededor, lo que Dios hizo era tan bueno que Su propia deidad y atributos son vistos en “las cosas creadas”. Mucho de ello ha caído bajo la maldición, y hay evidencias de corrupción y de desintegración en todas Sus obras. Y sin embargo, en ello y a través de todo ello, hay suficiente evidencia de Él mismo en Su obra creativa, para hacer que “nadie tenga excusa”.
Un vistazo rápido en tu concordancia te mostrará que hay una clara distinción entre las obras malas de los hombres o los diablos y el mal que Dios mismo crea como castigo a los hacedores de maldad. Dios “crea el mal” para juzgar a los malignos por su perversidad—enviando guerras, hambres, pestilencias y cosas semejantes. Incluso puede enviar el mal (o al Maligno) en contra de Sus propios vasos escogidos, como hizo con Job, para refinarlos en el horno de la aflicción. Satanás sabe que está bajo control. Se quejó de que Dios había puesto una defensa alrededor de Job, y que si Dios quitaba la defensa, Job pecaría como cualquier otro hombre. De manera que Dios tomó la culpa por las aflicciones de Job y quitó la defensa—sin oscurecer el hecho de que Satanás mismo era el autor de sus propias obras malas (lee Job 2:3).
No es cierto que Dios creara el mundo ni nada de lo que en él hay, de la “nada”. Todo lo que Dios hizo, lo creó a partir de los atributos, o poderes o cualidades que hay inherentes en Él mismo—de modo que “las cosas que son vistas no fueron hechas de las cosas que se ven”—sino a partir de cosas invisibles (Heb. 11:3). Y estas “cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa. “ (Rom. 1:20).

Dios es Luz
Escucha esta clara declaración del apóstol Juan: “Dios es luz, y en Él no hay tinieblas en absoluto.” (1ª Juan 1:5). Dios es Luz, Luz total. Si tú y yo llevamos una luz con nosotros, no podremos evitar el arrojar una sombra, porque nuestro cuerpo es el área oscura que arroja la sombra. Y así, Jesús dijo que si nuestro ojo es bueno, nuestro cuerpo completo estará lleno de LUZ, y lo enfatizó aún más diciendo, “NO TENIENDO PARTE ALGUNA DE TINIEBLAS.” (Lucas 11:36). Si andamos en la Luz total de Aquel que es Luz, las únicas “sombras” o “proyecciones” que arrojamos a nuestro alrededor, serán rayos de luz. No sorprende que la sombra de Pedro, sanara a los enfermos al caminar junto a ellos. No era meramente la “sombra” arrojada al oscurecer él mismo el sol, sino que era LA SOMBRA DE LA LUZ que emanaba de un hombre que caminaba en la Luz completa de la presencia de Dios. Vivía en la presencia de Dios y moraba “bajo la sombra del Omnipotente”. Dios no tiene áreas oscuras en SU ser, y por tanto, hasta Su SOMBRA está llena de pura luz, luz total.
“Amados hermanos míos, no erréis. Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación.” (Santiago 1:16,17). Es cierto, Dios puede “volverse” en muchas direcciones distintas en respuesta a las obras justas o injustas de Su pueblo. Pero jamás hay una sombra de oscuridad que Él arroje por causas de Sus “vueltas”… porque no hay áreas de oscuridad en Su Ser. Lo único que procede de Su propio Ser es Luz, Bondad, amor, Verdad, Misericordia, Longanimidad, Paciencia, Gentileza, Rectitud, Justicia—y por causa de éstas y de otras virtudes, en ciertos momentos mostrará Su ira, y creará el mal en la tierra para juzgar a las hacedores de maldad. Santiago nos dice: “Dios no puede ser tentado del mal” (Santiago 1:13). El pensamiento es que el MAL es ajeno a Su naturaleza. Otra traducción dice: “Dios no está versado en el mal”. Dios no tiene esa clase de capacidad para crear criaturas de pecado y de oscuridad… En Su carácter santo, justo y asombroso, Dios no tiene la capacidad para crear a un asesino, a un ladrón, a un mentiroso. Las Escrituras nos dicen que “Dios no puede mentir” (Tito 1:2).
Entonces, ¿Nos estás diciendo, oh hombre, que Dios, que no puede mentir, puede sin embargo crear a un mentiroso, y al padre de todas las mentiras?
Que yo sea consciente, esta enseñanza se introdujo en la iglesia en tiempos modernos. Y sin embargo, Calvino, el reformador, consideró apropiado mencionar lo perverso que sería ese pensamiento. Conocía lo suficientemente a Dios como para saber que en Él no había esa pericia ni esa sabiduría perversas. Escribe en sus Institutos, Volumen 1, Cap. XVI:
“Pero puesto que el diablo fue creado por Dios, debemos comentar, que esta maldad que atribuimos a su naturaleza no procede de la creación, sino de la corrupción. Porque toda la calidad de mal que él tenga, la ha adquirido por su deserción y por su caída. Y de todo esto la Escritura nos informa; no sea que creyendo que procedía de Dios tal y como él es ahora, atribuyamos a Dios mismo aquello que está en directa oposición a él. Por esta razón, Cristo declara que Satanás “cuando habla, habla mentira porque habla de lo suyo”, y añade la razón, “porque no permaneció en la verdad”. Cuando dice que no permaneció en la verdad, ciertamente implica que había estado en ella antes; y cuando le llama padre de la mentira, impide que se impute a Dios la depravación de su naturaleza, que se originó completamente de él mismo. Aunque esas cosas nos son dadas de forma breve y oscura, son abundantemente suficientes para vindicar la majestad de Dios de toda calumnia. ¿Y es asunto nuestro saber de diablos, o bien más detalles de ellos, o para qué propósitos? Algunas personas se disgustan de que La Escritura no nos de, en varios lugares, un registro detallado y distinto de su caída, la causa de la misma, su forma, el tiempo y su naturaleza.
Pero no siendo estas cosas nada para nosotros, es bueno para ellos que si no son pasadas por alto en silencio total, si sean tocadas ciertamente de forma ligera, porque se comportaría malamente con la dignidad del Espíritu Santo el satisfacer la curiosidad con historia vanas y sin provecho; y percibimos esto como el diseño del Señor, no dar nada a sus oráculos divinos, que no podamos nosotros aprender para nuestra edificación. Para que nosotros no permanezcamos en asuntos sin provecho, contentémonos con esta concisa información respecto a la naturaleza de los diablos; que en su creación, fueron originalmente ángeles de Dios pero por degeneración, se han arruinado a sí mismos y se han convertido en instrumentos de perdición para los demás. Y que esto sea útil de saber, lo dejan muy claro Pedro y Judas, “Dios”, dicen ellos, “no perdonó a los ángeles que pecaron y no mantuvieron su estado primero, sino que dejaron su propia morada”. Y Pablo, mencionando a los ángeles elegidos, sin duda alguna implica que “entre ellos los hay reprobados.””

Entonces, ¿De dónde procede el MAL?
Cuando vemos a Dios como a Alguien que es Luz, en cada rayo de Su Gloria—repentinamente se hace evidente de dónde procede el mal. El MAL es simplemente OSCURIDAD en todas sus formas e intensidades variadas. Y la oscuridad es simplemente la ausencia de luz.
Entonces se pone el sol, y yo estoy en oscuridad. ¿Es el sol el causante de la oscuridad? En absoluto, sino que el sol se ha apartado y yo estoy en oscuridad. Los cables eléctricos llegan a mi casa. Cuando cae la oscuridad, dependo completamente de la compañía eléctrica para tener luz en mi casa. Pero un buen día decido en mi corazón, “No quiero vivir en esta clase de dependencia… tendré mi propia luz… cortaré los cables eléctricos.” De repente mi casa se queda a oscuras. ¿De dónde vino todo esto? ¿De la compañía eléctrica? ¡No! Es más bien que yo me he excluido y he cortado mi conexión con la compañía eléctrica. El resultado es simplemente NEGATIVO. Aparté a la luz y repentinamente estoy en oscuridad.
Dios es LUZ, no simplemente un portador de luz. Él es LUZ total, “y en Él no hay tinieblas en absoluto”. Él da luz porque Él es la fuente de la luz, de la bondad, de la gracia, de la misericordia, de la longanimidad… porque las facetas de la luz son muchas. Pero nosotros, como criaturas de Dios, hechos para ser portadores de la luz, solo podemos retener la luz al caminar junto a Él. Nosotros en la tierra, y todos los seres celestiales, somos totalmente dependientes de Él por la vida que tenemos y por SU gracia que nos sostiene para mantener esa vida. Si escogemos cortar el canal de la LUZ, entonces inmediatamente hay OSCURIDAD. Ahora bien, recuerda que hemos mencionado que hay muchas facetas de la luz, y de este modo…
Excluye la Luz, y tendrás Oscuridad
Excluye el bien y tendrás el Mal.
Excluye la Misericordia, y tendrás la Crueldad
Excluye la verdad y tendrás Engaño.
Excluye el amor, y tendrás Odio.
ES ALGO TAN SIMPLE COMO ESO, E IGUALMENTE ASOMBROSO
Y necesitamos apuntar de nuevo, que para repeler la Oscuridad, solo necesitamos venir a la Luz. Para vencer el Mal, solo podemos hacerlo con la Bondad. Para derrotar la Crueldad, solo necesitamos mostrar Misericordia. Para desterrar el Engaño, necesitamos andar en la Verdad. Para vencer al Odio, necesitamos andar en Amor.
¿Y no son esos, los pilares mismos del Sermón del Monte? ¿Y el secreto de ser hechos herederos del Reino de Cristo?
De este modo, Juan nos dice, “El que ama a su hermano, permanece en la luz… el que aborrece a su hermano, está en oscuridad”: (1ª Juan 2:10-11). Si excluyes a Aquel que es la LUZ, no tienes que ir a ningún sitio buscando la oscuridad… está AHÍ MISMO inmediatamente. Dios es Luz, Dios es Amor, Dios es Verdad. Deja a Dios fuera y lo que queda es Oscuridad, Odio y Engaño. ¿De dónde procede el Mal? ¡EXCLUYE A DIOS Y AHÍ MISMO LO TIENES!

Dios es Soberano sobre todas las obras del Mal
Pero cuando entendemos la forma en que Dios entreteje las maquinaciones del Maligno con Sus propios propósitos, y para Su propia gloria—entonces podemos alabarle en medio de cualquier clase de tormento que Satanás intente traer sobre nosotros. Dios dice, “He aquí que yo hice al herrero que sopla las ascuas en el fuego, y que saca la herramienta para su obra; y yo he creado al destruidor para destruir.” (Isaías 54:16). De modo que Dios quiere sepamos que puesto que Él creó a ese hombre malo o diablo, sabe también como tratar con él. Durante un tiempo Él puede dejarle montar en cólera contra nosotros, pero también nos da la confianza: “Ningún arma forjada contra ti prosperará” (v.17). Al insistir el faraón en la oscuridad y la rebelión, Dios envía una oscuridad aún mayor, porque nos dice: “el que forma la luz y crea las tinieblas, el que causa bienestar y crea calamidades, yo soy el SEÑOR, el que hace todo esto.” (Isa. 45:7). En la desobediencia y caída de Adán, procedemos del mismo terrón de humanidad caída, “porque todos pecaron y fueron destituidos de la gloria de Dios” (Rom. 3:23). De este mismo “terrón”, Dios considera apropiado escoger al perverso Faraón como “vaso para deshonra”, o por su gracia soberana, hace que otros sean “vasos de honra”. Todos merecemos Su ira—no nos equivoquemos en cuanto a eso. Somos un grupo inquisitivo, pero Él no se siente obligado a contarnos por qué razón Él tolera y usa a los “vasos de deshonra puestos para destrucción”, y mostrar gracia más abundante sobre otros, que no merecen Su gracia. En lo que no podamos comprender, contentémonos sabiendo que Él es de hecho el Alfarero, y nosotros el barro. Y por tanto, no tenemos ningún derecho de decir, ¿Por qué me hiciste así? (lee Romanos 9:18-23). (Pero nos da un poco de entendimiento en cuanto a Su propósito en todo esto, algo sobre lo que hablaremos más en el próximo capítulo).

La naturaleza de la trasgresión de Adán
Adán nunca fue un ser celestial, y cuando transgredió no cayó del cielo como Lucifer. Pablo nos dice que era “terrenal, de la tierra” (1ª Cor. 15:47). Ni aspiraba a ser “como Dios”, fue hecho a Su imagen, nunca como un igual, en el sentido de ser otro Dios. Sino uno “como Dios” en la naturaleza y carácter de su ser, porque fue hecho a imagen de Dios. Como todas las criaturas de Dios, incluyendo a las huestes celestiales, siempre sería totalmente dependiente de Dios y de cada palabra que procedía de la boca de Dios, si es que había de retener esta vida y esta gloria. Era consciente de eso y no fue engañado pensando que si participaba del fruto prohibido, “ascendería” a un lugar de señorío en el Cielo. Sabía que había sido hecho para ser señor del planeta tierra, y no había ni una pista sobre cualquier conspiración con Eva o con la serpiente de ser como Dios. Fue creado como Dios en primer lugar. Por no decir que era “perfecto” en el sentido de que había llegado a la estatura completa de la intención de Dios. Porque todavía no había sido aprobado en una prueba de obediencia. Y aun así, “hecho del polvo” recibió una posición muy alta como señor de este planeta, con todas las criaturas sujetas a él. Aun así, estaba siendo probado, y su prueba consistía en un mero asunto de obediencia al Dios que le había creado.
Se le había prohibido comer “del árbol del conocimiento del bien y del mal”. Pero fíjate en esto, “ADÁN NO FUE ENGAÑADO” ni por la serpiente ni por Eva (1ª Tim. 2:14). EVA FUE ENGAÑADA; pero en el caso de Adán, fue una trasgresión deliberada. Suspendió la prueba de la obediencia. La Serpiente vino a Eva en su sutileza y la “engañó” con una promesa de gran conocimiento—algo que la elevaría a una posición de dios si ella comiera del árbol: y Eva cayó como resultado de ello. Pero Adán sabía más. Su acto de desobediencia fue deliberado. ¡Eva era la única compañía que él tenía en ese hermoso Huerto! ¡Ahora había caído! Hizo una decisión deliberada de desobedecer a Dios, y compartir el destino de su esposa que había caído.
Sabemos que Adán era “una figura del que había de venir”, es decir, de Cristo (Rom. 5:14). El que había de venir había de ser otro Adán y también habría de someterse a la prueba de la obediencia. Así que de una manera muy única, el primer Adán es una figura o patrón del Último Adán. El “patrón” del Primer Adán es descrito de nuevo en el Último Adán, pero con un contraste notable. El primer Adán fue probado y examinado en un asunto simple de obediencia y escogió deliberadamente el camino de la desobediencia. El Último Adán fue probado y examinado con mucho sufrimiento, rechazo y humillación—y por siempre permaneció fiel al Padre Celestial. En Su última prueba de obediencia se le exigió ir a la Cruz. Igualmente Él tuvo que tomar una decisión deliberada. Pero “por el gozo puesto delante de Él”… el gozo de llevar muchos hijos a la gloria, escogió el camino de la obediencia. Escogió participar de la maldición de Su Novia caída, no como el primer Adán—en desobediencia, sino en obediencia al Padre como nuestro pariente redentor, para devolvernos a Dios. En lo que Adán falló para llegar a la perfección, el Último Adán triunfó y fue hecho “perfecto por sus padecimientos” (Heb. 2:10). Entendamos que la perfección en el uso general de la palabra en la Escritura, no es solo un estado de bondad y de justicia moral, va más allá de eso. Fundamentalmente es ese estado bendito en el que uno ha sido examinado y probado, y ha salido como vaso aprobado, completo, íntegro, sin que le falte nada. De este modo el primer Adán era una “figura” o “patrón” del Último Adán—pero era un patrón que mostraba contrastes muy distintos: el primer Adán traía muerte y condenación a toda su raza. El Último Adán traía justicia y vida y paz a todos los de Su raza. ¡Oh, profundidad de las riquezas, de la sabiduría y del conocimiento de Dios!
Es este plan glorioso de la redención que ocupa el corazón y la mente de Dios a lo largo de todas las Escrituras. Sacó al hombre del huerto, pero lo volverá a llevar allí otra vez. Un Hombre ya ha surgido en la imagen perfecta de Dios. Habrá una nueva raza de hombres conforme a la imagen del Último Adán, de un orden muchísimo más alto que la imagen del primer Adán. Y “comerán del Árbol de la Vida (que está en medio del Paraíso de Dios” (lee Apoc. 2:7).
Satanás continuará haciendo guerra contra la Simiente Santa que Dios prometió a Eva… una Simiente que heriría la “cabeza de la Serpiente”. La verdadera Simiente hizo esto en la Cruz, y todavía ha de aplastarla bajo Sus pies. “Oh, Señor… ¿Por cuánto tiempo más….?” Ese ha sido el clamor de Su Iglesia sufriente en todos los tiempos. ¡Ven Señor Jesús!

El Proceso de la Apostasía
La Biblia habla de tres fases en el proceso de la apostasía. Consideremos cada una de ellas brevemente, por que eso nos muestra lo que nos llevó al estado en que estamos ahora. Lo explica el Apóstol Pablo en su escrito a los Romanos.
Comienza diciendo que en los primeros días de la familia humana, los hombres conocían a Dios. Cierto, Adán pecó y fue apartado de su Creador. Pero existía un cierto conocimiento de Dios, y persiste en cierto grado hasta este día. No es cierto que en la historia temprana del hombre, éste adorara a muchos dioses y que finalmente los eliminara a todos menos a uno. El hombre temprano era monoteísta. Sólo reconocía al verdadero Dios que le creó. Entonces, ¿Cómo apostató? Pablo lo deja muy claro:
1. Paso Uno:
“Conociendo a Dios, no Le glorificaron como a Dios ni Le dieron gracias” (Rom. 12:1). Esto puede parecer muy insignificante al mundo que nos rodea, e incluso a muchos cristianos. Pero este fue el primer paso del hombre hacia la oscuridad de la apostasía. El hombre dijo, “No daré a Dios Su señorío en Mi vida. Rehúso dar honra al Dios que me creó…” Pablo compara esto con INGRATITUD. Recordemos los que profesamos conocer a Dios, que cuando rehusamos dar a Dios Su señorío, y darle gracias por Su bondad y por lo que Él es… que éste es precisamente el primer paso para alejarnos de la luz hacia la oscuridad. Entonces, ¿Qué sucedió cuando el hombre dio el primer paso de la independencia de Dios, y dejó de honrarle como a Dios y de darle gracias? Se alejaron hacia una oscuridad más intensa. “Su necio corazón fue entenebrecido”. ¿De donde procedía esta oscuridad? Rehusaron dar a Dios Su señorío y se volvieron ingratos ¿Cuál fue el resultado? Aquel que es LUZ comienza a apartar Su mano protectora de sus vidas y “los entrega” a impureza, para “deshonrar sus propios cuerpos entre ellos mismos” (v. 24).
2. Paso Dos
Entonces el hombre cambia “la verdad de Dios por la mentira”… y adora y sirve a la criatura antes que al creador (v.25). A menos que el hombre vuelva a Su Dios, esto es inevitable. La verdad se pervierte y se vuelve MENTIRA. Abandonas a Aquel que es la Verdad, y aceptas una MENTIRA. Y así, el hombre comienza a adorar a la criatura, “imagen hecha a semejanza del hombre corrupto”, así como “aves, cuadrúpedo y reptiles”: Adora al “hombre corrupto”, una especie a la que se le considera haber sido meros animales, pero evolucionados al peldaño superior de la escalera. Siente que se ha desarrollado y que ha evolucionado a un lugar en el que él mismo es suficiente en él mismo. ¿Quién necesita a Dios? Bueno, puede que exista; pero ya no Le necesitamos más. Y de nuevo, Dios deja que el hombre vaya por Su propio camino hacia una oscuridad mayor. Dice, “Si puedes salir adelante sin Mí, aún haré una oscuridad mayor para ti. Te entregaré a un mal mayor y te dejaré a merced de la perversidad de tu propio corazón”. “Por esta causa, Dios los entregó a pasiones vergonzosas” (v.26). Y así, el apóstol prosigue para describir algunas de la expresiones más viles del comportamiento moral jamás conocido en la historia del hombre…. Cosas perversas como la homosexualidad y el lesbianismo (lee Romanos 1:26.27).
3. Paso Tres
“No aprobaron tener en cuenta a Dios” (v.28). Fíjate en los pasos: Primero, “no daré honra a Dios como a mi Creador”. Segundo, “soy suficiente en mí mismo, realmente no necesito a Dios, seré mi propio dios”. Y en tercer lugar, “No quiero a Dios en mis pensamientos… intentaré erradicarle de mi misma mente”. Y Dios dice, “Si no Me quieres en tus pensamientos… aún haré un mal mayor para ti… Me apartaré de ti completamente. Te suelto para caminar en completa oscuridad y depravación. Y así, “Dios los entregó a una mente reprobada” (v. 28).
La mente reprobada (“Adokimos”) es la mente que no puede superar la prueba; se torna sin valor, rechazada. El hombre que una vez tuvo conciencia de Dios, ya no tiene más esa conciencia ni desea tener a Dios en sus pensamientos. La mente reprobada es la que carece de discernimiento moral. NI SABE NI RECONOCE NINGUNA DIFERENCIA ENTRE EL BIEN Y EL MAL.
¿Puedes ver hasta dónde hemos llegado en nuestra sociedad, y contra lo que nos hallamos? ¿Para qué salir en marchas y protestas y tratar de legislar la moralidad apropiada y discutir con la gente los pros y los contras del mal que existe en la tierra? No tienen una mente que sea capaz de hacer un juicio justo en asuntos de justicia y de moral. Es la última fase en la apostasía del hombre, y es así donde pienso que estamos. Solo la proclamación del Evangelio de Dios, y Su fuego santo y unción en medio de nosotros puede dar la vuelta a esta tendencia de nuestra apostasía. Si los ministros en la “Iglesia” y los intelectuales en nuestras escuelas siguen enseñando el ateísmo, el humanismo y la evolución… que el hombre es un mero animal (aunque quizás sea el más desarrollado del reino animal), Dios dice “Yo crearé tinieblas aún mayores para ti.” Y todo esto comenzó cuando los hombres se volvieron ingratos y negaron a Dios Su Señorío, cambiando la verdad de Dios en mentira. Y finalmente, en el paso final del hombre hacia la apostasía, ahora quiere erradicar el mismo pensamiento de Dios de su mente. Nuestros legisladores, nuestros educadores, y nuestros psicólogos, están todos cooperando en esto, y sin embargo están desconcertados y confusos porque sienten lo desesperado que se hace el tratar con la delincuencia y el comportamiento perverso. Y mientras buscan soluciones, gastan millones para fortificar el sistema educativo que ha causado todos estos problemas diciendo, “Deja a Dios fuera del cuadro, y deja que el conocimiento y la ciencia sean exaltados”. Dios está diciendo a esta generación científica y altamente educada: “Si vais a dejarme fuera, haré tal oscuridad que no sabréis por qué camino ir. Si vais a tornar la verdad en mentira, enviaré un gran engaño para que creáis la mentira.” Dios dice también: “Si queréis erradicarme de vuestros pensamientos, borraré todo trazo de luz que hayáis conocido, y haré más oscuridad y mal del que podáis manejar.”
Y de este modo nos acercamos rápidamente a la plena expresión de la fase tercera de la apostasía del hombre. Los hombres están siendo entregados a una mente reprobada: una mente que no puede apreciar la diferencia entre el Bien y el Mal. La Luz, convertida en oscuridad y la oscuridad en luz. El bien convertido en el Mal y el Mal en Bien. La Verdad convertida en Error, y el Error en Verdad. Simplemente no conocen la diferencia.
Cuando los consejos de la “Iglesia” se reúnen, como sucede hoy día, con el propósito de alcanzar consensos en cuanto a si deberían o no ordenar a homosexuales en el “ministerio” o condonar su práctica en la Iglesia, ya sabes que estamos en medio mismo de la apostasía final, no importa cual sea su decisión final. Cuando la gente comienza a hacer conjeturas… “Bueno, quizás estas cosas no sean pecado… después de todo tenemos que ser abiertos… reunámonos y hablemos sobre el tema…”, ya sabes que sus mentes están en el proceso de volverse “reprobadas”.

La tentación de Jesús
“Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el diablo.” (Mat. 4:1).
Queremos considerar brevemente esta tentación de Jesús en sus tres fases:
La tentación de volver la piedra en pan.
La tentación de arrojarse desde el Pináculo del Templo.
La tentación de tomar los reinos de este mundo.
Pablo nos dice que Satanás vendrá disfrazado de ángel de Luz. ¿Cómo es posible que él pueda falsificar la luz, a menos que no haya conocido previamente lo que era la luz? ¿Cómo es posible que él produzca cosas aparentemente buenas, si no hubiera conocido esas cosas buenas previamente? Ciertamente debe haber sabido que aquí hubo alguien que vino para retomar lo que el primer Adán perdió escuchando a la voz del Tentador. Alcanzó una posición en el primer Adán por medio de su sutil acercamiento a Eva. Ahora intentaría retomar una posición similar en el Último Adán.
¿Por qué está Mal? ¿Por qué razón habría estado mal que Jesús convirtiera la piedra en pan, si estaba hambriento, o arrojarse desde el pináculo del Templo hacia los brazos abiertos de los ángeles? ¿O tomar los reinos de este mundo bajo Su dominio?
No vamos a entrar en gran detalle respecto de las tentaciones pero si queremos enfatizar que Satanás buscaba una posición en la vida del Hijo de Dios, y que cualquier forma de conseguirlo sería aceptable para él. Simplemente busca una posición de reconocimiento y honor. Quiere la adoración. Quiere ser como el “Altísimo”. Estaría dispuesto a dar al Señor Jesús o a cualquiera de Sus seguidores, cualquier cosa sobre la que tuviera control, si estuviéramos preparados para darle un poco de honra, un poco de reconocimiento, un poco de adoración.
Dios ayude a Su pueblo a comprender que cuando nos sometemos nosotros mismos al Señor y tomamos Su nombre en el bautismo cristiano, somos ahí y entonces “unidos al Señor”, y desde ese día en adelante Él quiere ser el Señor de nuestras vidas, para llevarnos, guiarnos y dirigirnos por los caminos del Dios. Él quiere que sepamos que Él exige de nosotros como lo hizo de Su Hijo, tal sujeción a Su voluntad, y tal sensibilidad a Su voz, que sólo hagamos lo que Él hace, digamos lo que ÉL dice, y nos involucremos solamente en lo que Él ha preparado como Su propósito particular y específico para nuestras vidas. Y para que podamos llegar a esta clase de relación, pone delante de nosotros el camino en términos inequívocos:
“Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame” (Mat. 16:24). Satanás no está demasiado preocupado sobre lo mucho que podamos involucrarnos en la religión, la actividad cristiana, los dones, los milagros, los programas sociales, la política… siempre que pueda retener una posición pequeña en nuestras vidas y de ese modo, obtener honra de todo ello para él mismo. Cierto, corromperá, retorcerá, desmoralizará y pervertirá la vida humana, si se le da la oportunidad. ¿Y cómo lo consigue? Simplemente enseña al hombre a dejar a Dios fuera del cuadro, como hemos mostrado. Siempre que Dios quede fuera, él es honrado. De modo que si hay alguna inclinación religiosa en algunos de nosotros, o una naturaleza que aspire a la sabiduría, al conocimiento, a la respetabilidad y a la justicia moral, ahí mismo buscará su posición de honor. Si hay un verdadero corazón cristiano que busca la extensión del Reino de Dios en la tierra, buscará un lugar de honra ahí mismo. Su esperanza y ambición fundamentales son obtener honra y adoración de parte todos, y el señorío sobre la creación de Dios.

La búsqueda de la adoración por parte de Satanás
¿Pidió Satanás o insinuó de alguna manera que Jesús negara Su nacimiento divino, repudiara a Su Padre Celestial, o abandonara la idea de retomar el señorío del hombre sobre la creación? En absoluto. Simplemente quería parte del honor. Y por eso no duda en dar publicidad y popularizar a los hombres de Dios del momento. ¿Llevó a Jesús al borde del monte en el desierto y le animó a arrojarse a los brazos de los ángeles? No había gloria para Satanás en nada de eso. Pero le llevó al pináculo del Templo en Jerusalén. Esto haría a Jesús muy famoso. ¡Imagínate qué gran publicidad tendría por causa de este gran milagro, si hubiera de arrojarse cabeza abajo desde el templo a los brazos de los ángeles, a la vista de todo el mundo arremolinado en los alrededores del templo!
Satanás no dudó en dar publicidad a Pablo y a su compañía como los hombres de Dios del momento. De esta forma, podría haber conseguido una posición en Pablo y finalmente, estrangularle. La niña de Filipo tenía un “espíritu de adivinación”. Dice literalmente un “espíritu de Pitón”. Pitón era una serpiente de la mitología griega que batallaba contra los dioses. La Pitón mata a su presa mediante estrangulación: corta el fluido del aliento de vida. Ahora bien, esa niña anunciaba llena de coraje:
“Estos hombres son siervos del Dios Altísimo, quienes os anuncian el camino de salvación.” (Hechos 16:17). Correcto ¿Verdad? Pero, ¿Por qué razón estaba Satanás dando publicidad a un hombre como Pablo que se estaba convirtiendo en una amenaza para el reino de la oscuridad? Porque podría influenciar a Pablo para convertirse en su aliado y porque un hombre o mujer no es amenaza alguna para el Reino de las tinieblas simplemente porque predique, sane, o extienda el conocimiento del Reino de Dios por todo el mundo. El Reino de Satanás sólo es amenazado cuando él ve a un pueblo que camina en el camino de la Cruz. Un cierto ministro me dijo una vez que el Diablo se le apareció y le dijo, “Te convertiré en el evangelista obrando las sanidades más grandes del mundo…” Pero él discernió la voz y resistió al diablo, que huyó de él. Si los hombres de Dios pueden llegar a ser muy conocidos aquí, y reciben el honor y la alabanza de los hombres, no hay amenaza alguna para el reino de Satanás; porque él sostiene el señorío sobre este sistema mundial y sabrá cómo manejar esa situación un poco más tarde. Tarde o temprano la presión se le aplicará: “El mundo me ama… el mundo odia el camino de la Cruz… ¿Qué voy a hacer?” Y así, se hará inevitable la confrontación y la presión para arrojarse en los brazos del mundo será muy grande. Jesús dijo: “No puede el mundo aborreceros a vosotros; mas a mí me aborrece, porque yo testifico de él, que sus obras son malas.” (Juan 7:7). ¿Por qué razón quitó Constantino el vituperio de la Cruz, paró la persecución, y elevó a los clérigos y obispos a cargos muy altos en el Imperio? Porque Satanás se dio cuenta de que no podía destruir a la Iglesia que caminaba en el camino de la Cruz, de modo que surgió con una nueva política que preparó para hacer que “la ofensa de la Cruz” cesara… llevando a los hombres de Dios a posiciones de autoridad y estima delante de los ojos del mundo. ¡Y su estrategia funcionó! Funcionó tan bien que hasta este día, involucrarse en el mundo continúa siendo lo apropiado para los que buscan la mejora de la sociedad, y la retirada de nuestros males sociales. El pueblo de Dios debe aprender que solo puede ser una bendición a esta humanidad si manifiesta la presencia de Cristo en este mundo maligno sin convertirse en parte de él.

La naturaleza de Babilonia
“Y dijeron: Vamos, edifiquémonos una ciudad y una torre, cuya cúspide llegue al cielo; y hagámonos un nombre, por si fuéremos esparcidos sobre la faz de toda la tierra” (Gén. 11:4).
El propósito de la primera Babel no era hallar a Dios, sino hacer un NOMBRE para ellos mismos y promover la unidad. El propósito de la torre era el de mantenerlos unidos, no como un medio para hallar a Dios. Al moverse a su alrededor, no se separarían unos de otros; la ciudad y la torre serían el punto focal que les permitiría seguir unidos como pueblo, al establecerse en los llanos de Sinar. Un reino dividido contra sí mismo no puede permanecer. Como “dios de este mundo”, Satanás quiere ADORACIÓN y como “príncipe de la potestad del aire”, quiere DOMINIO. Por tanto, seguirá manteniendo a la religión y a la política (y la economía) fuertemente agarradas en su puño. Y no sólo eso, sino que su propósito es el de unir ambas en una alianza de gran unidad y poder. La nueva Iglesia del Mundo estará muy atrincherada en la política. Dios lo permitirá, incluso lo promoverá, para unir todos los sistemas religiosos y políticos y llevar a ambos a la destrucción total en el gran Día del Dios Todopoderoso. Fíjate en lo que es toda esta batalla: es la batalla con el Cordero, y los que están con Él… los que tienen la naturaleza del Cordero, que son “llamados, escogidos y hallados fieles”. Y fíjate cómo Dios lo pone en el corazón de la Babilonia política para destruir a la Babilonia religiosa, para “cumplir Su voluntad”. Una vez más, como hemos estado enfatizando, los enemigos de Dios producirán su propia destrucción (lee Apoc. 16:14-19; 17:1-18).

Una nueva Iglesia Mundial
Jesús nos dijo que en el día de la cosecha, Él enviaría a los ángeles y recogerían la “cizaña” de la cosecha en manojos. No sólo se involucrarán los ángeles, sino también los corazones de los hombres y los espíritus malos que los dominan. Vamos a sorprendernos por lo rápido que todo esto va suceder. Pero no pensemos que es increíble cuando descubramos que las fuerzas espirituales están obrando para producir esto. Al acercarse a nosotros el día de la cosecha, Dios ordena la separación del TRIGO de la CIZAÑA. Hay una separación inminente de lo verdadero y lo falso. Él ordena que la cizaña sea atada en manojos para ser quemada, y que el trigo se junte en el granero (Mateo 13:30). Entendemos que en el proceso de crecimiento el trigo y la cizaña son muy difíciles de distinguir al ojo que no discierne. AHORA BIEN, SI EL TRIGO HABLA DEL PUEBLO DE DIOS LAVADO POR LA SANGRE, LOS QUE REALMENTE LE CONOZCAN… SABEMOS TAMBIEN QUE LA CIZAÑA ES UN PUEBLO RELIGIOSO QUE PASA INADVERTIDO COMO SI FUERAN VERDADEROS CRISTIANOS. La cizaña tratará de ser como lo auténtico, de la mejor manera que pueda; y ante todas las apariencias, son cristianos humildes, sinceros y piadosos. Pero no conocen nada de la limpieza de la sangre de nuestro Señor Jesucristo ni del fruto de Su Espíritu. (¿? Dado que el juicio comienza por Su Casa creo que quizás la cizaña pueda abarcar a todos los religiosos: los no salvos y los salvos en desobediencia que no quisieron madurar. Éstos últimos junto con aquellos serán echados al fuego, es decir, pasarán por la Gran Tribulación, que separará lo verdadero de lo falso, destruyendo a los no salvos y purificándolos a ellos. Los vencedores primeros, las primicias para este entonces ya estarán en el Templo).
Todas las religiones falsas se reunirán como MANOJOS como preparación para el Día del SEÑOR. ¿Quiere esto decir que habrá una gran “Iglesia” que abrace a Cristianos, Judíos, Musulmanes, Hindúes… etc.? No necesariamente. Pero Dios dice “MANOJOS”. Tanto si son llevados bajo una misma estructura o no, no lo sabemos. Pero Dios no ve ninguna diferencia en ninguno de ellos si la sangre de Jesucristo es quitada como el único camino de la salvación; si Él, el Señor Jesús, no tiene Su señorío en sus corazones y vidas (y sabemos que no todos los lavados por Su sangre están sometidos a Su señorío).
Recuerda que los materiales de construcción de la primer Babel fueron el “ladrillo” en lugar de la “piedra”. Y que usaron “lodo” en lugar de “argamasa” para unir las piezas. Es decir, no la unión de los cristianos verdaderamente nacidos de nuevo (y rendidos) que han recibido el don gratuito de la gracia de Dios y que han sido “lavados en la sangre del Cordero”. Están unidos por una clase muy distinta de unidad: con el “lodo” de las estructuras de iglesia, los dogmas de iglesia y las tradiciones de la iglesia. La “Iglesia” tiene autoridad suprema sobre los corazones y las mentes del pueblo y la relación personal e individual con el Señor importa poco o nada… ¡Mantén tus culturas, mantén tu adoración al diablo si no hay más remedio, ¡solo tienes que pertenecer a la “Iglesia”! ¡Únete a nosotros y pertenece a nosotros, paga lo que de debes a la “Iglesia”… y entonces podemos perdonar todos tus pecados!
Usan “ladrillo” en lugar de “piedra”. No esa “piedra” cuidadosamente formada y cincelada por la mano de Dios y por Su gracia redentora y transformadora… que une para formar “una morada para Dios en el Espíritu”… Sino que son “ladrillo”, arrojado a un molde, y de este modo, todos iguales, en estricta semejanza a las normas y reglas de la “Iglesia”. Todos ellos hechos de los campos de barro de Sinar, y arrojados al molde de la religión. Tu conciencia hacia Dios y tu relación con Él son meramente anecdóticas. Si concedes lealtad incuestionable a la IGLESIA, a la SOCIEDAD, a la DENOMINACION, a la ORGANIZACIÓN—dale el nombre que quieras… eso es lo único que importa. Pero los genuinos hijos de Dios deben amarle y honrarle como Su Padre, y jurar una fidelidad y una lealtad personal incuestionables al Cordero, y seguirle por donde quiera que Él vaya.
No tenemos que llegar a poseer mucho conocimiento sobre temas que tengan que ver con el “misterio de la iniquidad”. Pero de vez en cuando, el Señor nos dará lo que necesitemos conocer y comprender sobre el BIEN y el MAL. Porque Dios no quiere que ignoremos la maquinaciones de Satanás.

Las dos mujeres de Sinar
“He aquí, levantaron la tapa de plomo, y una mujer estaba sentada en medio de aquel efa. Y él dijo: Esta es la Maldad; y la echó dentro del efa, y echó la masa de plomo en la boca del efa.” (Zac. 5:7-8).
Dios dijo que el “misterio de la iniquidad” continuaría operando hasta el día en que el “hombre de pecado” fuera revelado y que a lo largo de la era de la Iglesia, habría un poder protector que sujetaría las operaciones secretas del mal, hasta que nos acercáramos al Día del SEÑOR. (Lee 2ª Tes. 2:3-8). Después, la mano protectora de Dios se levantaría y el “misterio de la iniquidad” llegaría a su plenitud y sería revelado en la tierra.
Zacarías vio un peso (una tapa de plomo) que se levantaba del efá, y entonces vio a la iniquidad en su interior. De vez en cuando Dios ha levantado el peso de plomo y su pueblo ha podido echar un vistazo a las operaciones del “misterio de la iniquidad”. Fue levantado durante un tiempo en la Reforma, y muchos hombres que amaron la verdad comenzaron a arrojar los grilletes de la atadura religiosa, del mismo modo que caen las escamas de los ojos. Los mismos cielos fueron sacudidos cuando Lutero y Calvino y otros reformadores comenzaron a caminar por el camino de la verdad y se identificaron con el Señor Jesús en lugar de hacerlo con el sistema religioso. Enseñaron la justificación por la fe y la salvación por la gracia, en lugar de por medio de muchas obras muertas, penitencias e indulgencias y toda manera de idolatría. Pero el Día del SEÑOR no había llegado aún y la tapa fue de nuevo puesta sobre la Mujer en el efá.
“Luego alcé los ojos y miré, y he aquí dos mujeres salían con el viento en sus alas; y tenían alas como alas de cigüeña, y alzaron el efá entre la tierra y el cielo” (v. 9).
Repentinamente había DOS MUJERES. Como hemos apuntado en varias ocasiones, el número “dos” habla de la expresión colectiva, y por tanto, el cuerpo de Cristo. Nuestro cuerpo humano está hecho de DOS… una parte y su contrapartida. Tenemos dos ojos, dos oídos, dos brazos, dos piernas, dos pulmones, etc.
Creemos que una definitiva falsificación del Cuerpo de Cristo va a ser dada a luz, y que muchos, muchos, van a ser engañados por ella. Jesús no dijo que ninguno de Sus elegidos serían engañados. Lo que dijo es que el engaño sería tan grande que incluso los mismos elegidos serían engañados SI FUERA POSIBLE (lee Mateo 24:24). ¿No detectamos en esta declaración que Dios tendrá una gracia especial sobre los Suyos, no sea que caigan en este horrible engaño? Tenemos que caminar muy cerca del Señor Jesús en esta hora si vamos a saber lo que es la luz y lo que es la oscuridad, lo que es verdad y lo que es error, lo que es bueno y lo que es malo, lo que es Cristo y lo que es Anticristo…
El efá era una cesta para medir, una vasija para medir grano. Pero este efá no estaba lleno de trigo, sino de cizaña, de iniquidad. Una tapa muy pesada de plomo cubre esta maldad, esta operación de iniquidad. La religión falsa, incluido el Cristianismo apóstata, siempre ha estado revestida de misterio tenebroso; y por eso Babilonia es considerada en el libro de Apocalipsis como “Misterio, Babilonia”. Ella, la madre de la religión falsa y apóstata, fue revelada como lo que era, y después fue arrojada otra vez al efá y cubierta con la pesada tapa de plomo. Y el “misterio de la iniquidad” aún no había llegado a su plenitud.
“Dije entonces al ángel que hablaba conmigo: ¿Adónde llevan el efá? Y me respondió: A la tierra de SINAR PARA EDIFICARLE UN TEMPLO; y cuando esté preparado, será asentado allí sobre su base.” (V.10-11).
Esta nueva Babilonia que procede del movimiento ecuménico, con los católico-romanos y los protestantes trabajando juntos (y con frecuencia con el apoyo de los evangélicos y del Movimiento Carismático), será un asombrosa falsificación del Cuerpo de Cristo en la tierra. Y podría suceder muy rápido porque dice que las “dos mujeres” tienen alas como de cigüeña. Y dice también que el “viento estaba sobre sus alas”. ¡El viento era favorable! Dios es descrito sujetando los cuatro vientos de los cielos durante un tiempo, hasta que Sus siervos sean sellados en sus frentes con el sello del Dios viviente, es decir, la mente de Cristo (lee Apoc. 7:3). Pero cuando los vientos del Cielo se liberen, seremos testigos de algunas revelaciones dramáticas del “misterio de la iniquidad”, y esta nueva casa en la tierra de Sinar (donde comenzó Babel), será establecida y “asentada sobre su base” (v.11).
Muchos hombres de Dios destacados están siendo sujetos a grandes presiones para prestar su apoyo a este movimiento. Pero lo más aterrador de todo es que habrá poderosas señales y prodigios hechos en el nombre de Jesús, y será tremendo el engaño de los que sientan que al haber sanidades y milagros, tienen que ser de Dios. Todos aquellos cuyos nombres no estén escritos en el Libro de la Vida del Cordero, serán atrapados en el engaño. Honrarán a esta nueva “Iglesia”, que bien puede tener un nuevo nombre, un nombre aceptable en todos los ámbitos del Cristianismo apóstata y de otras religiones. Pero todo será conforme a la operación del “hombre de pecado”, y aquellos que sean atrapados en la red se perderán con Babilonia (¿? No salvos no se perderán, pero serán disciplinados para purificación en la Gran Tribulación), el día en que ella caiga bajo el poderoso impacto de los guerreros de Dios procedentes del Cielo… cuyas únicas armas serán la armadura de la Luz, y la Espada del Espíritu. “Estos pelearán contra el Cordero, y el Cordero los vencerá, porque Él es Señor de señores y Rey de reyes, y los que están con El son llamados, escogidos y fieles” (Apoc. 17:14).


Capítulo 6 – Penetrando en los Lugares Celestiales
Con frecuencia, el pueblo de Dios que desea andar en la verdad es acusado de descuidar el mensaje simple del evangelio, cargándolo de verdades profundas e innecesarias y olvidando las necesidades del mundo a nuestro alrededor. Pero esto no es así. ¡Como anhelamos la liberación del evangelio de Cristo en los corazones de los hombres! Pero sabemos y reconocemos que la luz del evangelio no puede brillar desde los corazones de los hombres hasta que el pueblo de Dios comience a penetrar en los mismos cielos y a caminar en la sabiduría de la Cruz. Si el asunto fuera simplemente el levantamiento de fondos, libros, tratados, o más radio, más televisión, más misioneros… entonces nos concentraríamos en eso; porque todavía hay mucho dinero, mucho celo en la gente y muy buenos predicadores. Pero si la palabra del Evangelio debe penetrar en los cielos antes de que verdaderamente pueda penetrar en los corazones de los hombres, entonces debemos comenzar a buscar intensamente al Señor para que nos ayude y nos guíe… y aprender Su forma de levantar el velo que yace pesadamente sobre todas las naciones (y sobre Su Iglesia dormida). Podemos apreciar la ministración tripartita del evangelio tal y como la expone el apóstol Pablo (lee Efesios 3:8-10).
1. Predicar las inescrutables riquezas de Cristo.
2. Hacer que todos los hombres VEAN lo que hay involucrado en la comunión del Evangelio
3. Dar a conocer la sabiduría de Dios en los lugares celestiales

Consideremos este aspecto tripartito del evangelio completo:
1. “A mí, que soy menos que el más pequeño de todos los santos, me fue dada esta gracia de anunciar entre los gentiles el evangelio de las inescrutables riquezas de Cristo” ¡Inescrutables riquezas! ¿Por qué razón nos persuadimos a nosotros mismos de tener el evangelio final o el evangelio completo, simplemente por disponer de ciertas bendiciones y dones y saber como declarar el mensaje del evangelio de la Biblia? Las riquezas que Dios tiene para nosotros en Cristo Jesús son “riquezas inescrutables”… y es el ministerio del Espíritu Santo llevarnos al corazón de Dios, tomar las cosas de Cristo y revelárnoslas a nosotros. “Porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios.” (1ª Cor. 2:10). ¿Te has dado cuenta de la razón por la que Dios nos dio Su Espíritu Santo? ¡Para poder escudriñar lo profundo de Dios! Y ahora nos dicen que olvidemos esas cosas profundas y que sigamos predicando el evangelio simple. El Evangelio es esa ministración del Espíritu que escudriña las profundidades de Dios. ¿Para qué propósito? “Para que sepamos lo que Dios nos ha concedido” (v. 12).
2. “Y de aclarar a todos cuál sea la dispensación del misterio…” El Evangelio no es un mero mensaje declarado… ES UN SECRETO REVELADO. Porque la palabra “misterio” significa “secreto”… un secreto que ha sido revelado a aquellos que se han iniciado en eso.
En vano vamos a simplificar el evangelio presentándolo alegremente con talento musical, drama, marionetas o el arte de la retórica o la elocuencia de discurso. Es necesario que caigan escamas de los ojos ciegos de los hombres antes de que puedan “VER la dispensación del misterio”. No se trata de persuadir a los hombres a cambiar de religión.
“El dios de este mundo ha cegado las mentes de los incrédulos” (2ª Cor. 4:4). Los corazones de los hombres tienen que ser atravesados por la espada del Espíritu antes de que puedan VER.
“Mas hablamos sabiduría de Dios en misterio, la sabiduría oculta, la cual Dios predestinó antes de los siglos para nuestra gloria… Antes bien, como está escrito: Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, Ni han subido en corazón de hombre, Son las que Dios ha preparado para los que le aman. Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu” (1ª Cor. 2:7-10).
Nadie puede llegar a conocer a Dios a menos que los ojos ciegos y los oídos sordos sean abiertos. El evangelio es un “misterio”, un “secreto” que los hombres sólo pueden conocer cuando el Espíritu de Dios revela a Cristo a sus corazones.
“En aquella misma hora Jesús se regocijó en el Espíritu, y dijo: Yo te alabo, oh Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y entendidos, y las has REVELADO a los niños. Sí, Padre, porque así te agradó. Todas las cosas me fueron entregadas por mi Padre; y nadie conoce quién es el Hijo sino el Padre; ni quién es el Padre, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar.” (Lucas 10:21-22).
Jesús vino a revelar al Padre, a darle a conocer, a desvelar al Jehová-Dios del Antiguo Testamento. Esto lo hizo caminando en total unión con Él, diciendo sólo aquello que el Padre le daba a hablar, haciendo solamente lo que el Padre le daba para hacer. Nadie conoce al Padre a menos que el Hijo Lo revele. Y este es el Evangelio… quitar la ceguera de los ojos para que los hombres puedan ver y conocer a Dios. Pablo predicó de tal manera a Cristo en Galacia al caminar en la debilidad y fragilidad de su carne, que el Espíritu de Dios fluyó de su vida y de su mensaje y el pueblo VIO a Cristo, crucificado aún en medio de ellos (Gál. 3:11). Y al ver a Cristo, las escamas de oscuridad cayeron de sus ojos.
Dios nos ayude a comprender que no proclamamos el evangelio meramente con libros, palabras y canciones. Debe haber una revelación, un desvelar de Cristo mediante una ministración del Espíritu de Dios.
3. “Para que la multiforme sabiduría de Dios sea ahora dada a conocer POR MEDIO de la iglesia a los principados y potestades en los lugares celestiales.” Lo que Pablo dijo antes sobre predicar las inescrutables riquezas de Cristo y sobre participar del secreto de Cristo, todo ello nos lleva a algo más: “PARA QUE…” El propósito de Dios en todo esto es que pueda haber una penetración de la sabiduría celestial de Dios en el ámbito terrenal. No se trata de una mera ministración terrenal: viajar de un lado para otro a todo lo ancho con un mensaje. Debe haber una penetración celestial de la sabiduría de Dios.
La gente sigue diciendo: “No nos centremos tanto en el cielo de modo que no sirvamos para nada en lo terrenal.” El Diablo comenzó ese dicho. Porque sabe que no servimos para nada en la tierra al no estar centrados en el cielo. No hemos podido penetrar en los cielos con “la multiforme sabiduría de Dios”, y por tanto, las potestades de la oscuridad permanecen inmutables, a la par que las potestades del Reino Celestial no son alertadas con lo que decimos o hacemos. ¡PARA QUE AHORA…! El propósito del evangelio no está ahí, en la mayor parte de nuestra predicación.
El propósito del evangelio es ATAR en el Cielo esas fuerzas que están sueltas en la tierra, y que deben ser atadas antes de que los hombres puedan ver y oír. La intención del evangelio es SOLTAR en el Cielo esas fuerzas del Reino que necesitan ser soltadas en la tierra. Como los hijos de Esceva, podemos tener la fórmula correcta: “Ato este espíritu malo en el Nombre de Jesús”… pero rara vez se consigue algo porque no somos conocidos ni reconocidos en los lugares celestiales y así, nuestras palabras no son ni oídas ni obedecidas. El apóstol nos dice que el propósito del evangelio es que la sabiduría de Dios sea revelada AHORA en los lugares celestiales por medio de la Iglesia. Reflexionemos en esto. Estamos aquí, en la tierra, en medio de todo el conflicto y la atadura terrenal. ¿Para qué habría de preocuparme sobre la revelación de la sabiduría de Dios a los principados y potestades en los cielos? ¡Dejemos esas cosas tan lejanas a un lado, y sigamos en nuestra tarea de predicar el evangelio por todo el mundo!
Repentinamente somos confrontados con el descubrimiento de que la sabiduría de Dios es la sabiduría de la Cruz; y que si no estamos caminando en el camino de la obediencia total a la voluntad de Dios ni identificándonos con la Cruz de Cristo—tampoco estaremos haciendo incursiones en el mundo de la oscuridad porque no seremos conocidos ni reconocidos en los lugares celestiales. Repentinamente descubrimos que SI NO SOMOS CONOCIDOS NI RECONOCIDOS AHÍ ARRIBA, TAMPOCO VAMOS A SERVIR DE MUCHO AQUÍ ABAJO.
Si pudiéramos creer esto, ¡Qué diferencia habría en nuestro enfoque completo sobre el ministerio del evangelio! Todo nuestro estilo de vida sería cambiado por completo. Nuestra vida de oración sería transformada en extremo. Porque cuando comenzamos a caminar en la obediencia de la Cruz, descubrimos que la misma atmósfera de la oración está impregnada con la voluntad de Dios y con el deseo de hacer solo aquello que Le es agradable. Nuestro único deseo sería convertirnos en vasos aprobados por Dios y no preocuparnos en absoluto por la aprobación de los hombres. Y entonces descubriríamos lo que Jesús quería decir cuando dijo: Si permanecéis en Mí y Mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queráis y os será hecho” (Juan 15:7). Sabríamos como entregarnos al Espíritu de Dios para que a través de nosotros pudiera hacer “intercesión por los santos conforme a la voluntad de Dios”. Aprenderíamos a “orar en el Espíritu Santo: oraciones “fervientes”, “llenas de fuego”, bautizadas con el fuego del Cielo… oraciones que alcancen el trono de Dios.
Amados, vamos a tener que familiarizarnos más con el Cielo si es que vamos a ser de alguna utilidad terrenal aquí abajo. Tenemos que comenzar a penetrar los cielos con la sabiduría de Dios si es que vamos a ver como las escamas son quitadas de los ojos de los hombres y como son liberadas sus almas cautivas.
Estamos hablando de la Sabiduría de la Cruz. Señor, ¡Enséñanos a caminar en la sabiduría de la Cruz!


Capítulo 7 – La sabiduría de la cruz
“Pues ya que en la sabiduría de Dios, el mundo no conoció a Dios mediante la sabiduría, agradó a Dios salvar a los creyentes por la locura de la predicación. Porque los judíos piden señales, y los griegos buscan sabiduría; pero nosotros predicamos a Cristo crucificado, para los judíos ciertamente tropezadero, y para los gentiles locura; mas para los llamados, así judíos como griegos, Cristo poder de Dios, y sabiduría de Dios.” (1ª Cor. 1:21-24).
Los Judíos… los que creían en Dios el Creador, el Dios del poder. ¡La respuesta de Dios a ellos es la Cruz!
Los Griegos… los intelectuales, los buscadores de la sabiduría: Dios les dice: “¡Mirad la Cruz! Y ellos se burlan. ¡Que locura!
Pero para ti y para mí, los que creemos (seamos por naturaleza Judíos o griegos)… Cristo crucificado se convierte en el PODER de Dios y en la SABIDURÍA de Dios. Y el mundo aún tiene que descubrir, en el Día del SEÑOR, que este sistema mundial va a ser anulado por completo por un pueblo que ha abrazado el camino de la Cruz.
La elección es clara: si queremos descubrir el potencial para el éxito que hay dentro de cada uno de nosotros, hay un gran número de best-sellers que podemos encontrar en nuestra librería cristiana local para ayudarnos en ese descubrimiento. Pero si de verdad queremos ser parte de esa compañía de personas que va a invadir el mundo de oscuridad y los ámbitos celestiales con la sabiduría de Dios, y traer liberación a las almas y a los espíritus cautivos de los hombres… tú y yo tendremos que afirmar nuestros rostros como un pedernal hacia el camino de la Cruz. Hay muchas escuelas y colegios de religión que te enseñarán a tener éxito en el ministerio. Pero sólo la Escuela de la Obediencia te enseñará a hacerte débil; para que puedas ser fuerte; Cómo volverte necio; para que puedas hacerte sabio; y los héroes de la fe de los que tanto leemos en las escrituras ya no serán por más tiempo nuestros héroes, sino nuestros compañeros de la Cruz.
Entonces podremos identificarnos con los Aods zurdos, que no ENCAJAN en nuestra sociedad, ni en nuestras iglesias, porque siempre quieren usar su mano izquierda en lugar de la derecha. Pero siempre aprenderán el secreto de la victoria de los opresores Eglons que se sientan en sus patios de verano en lugares altos, seguros y contentos, con sus “bienes en paz”, porque el pueblo de Dios está bajo su dominio. Podrán identificarse con los pobres en Manasés... Con Gedeón y su grupito de hombres, cuyas pocas armas consistían en un cántaro que tenía que romperse, una antorcha que había que encender y una trompeta que había que tocar. Y sabrán que la espada de su batalla es nada más y nada menos que la Espada del Señor. Comenzarán a identificarse con Débora y Barak y con el ejército pequeño que “puso en peligro sus propias vidas hasta la muerte, en la alturas del campo”… y pusieron en acción a los mismos cielos a favor del pueblo de Dios. Podrán identificarse con Josafat, que salió a la batalla sin el uso de la espada o de la lanza, y vio a los enemigos de Dios derrotados. Podrán identificarse con Ezequías, que no tenía fuerza para resistir la invasión de Senaquerib, pero cuando amaneció, se levantó para ver a 185.000 fuertes soldados asirios dispersados “como hojas del bosque cuando ha llegado el otoño”.
Pero sobre todo, podrán identificarse con el Señor Jesús, y con sus santos y mártires de la era de la Iglesia, que siguieron al Cordero en la batalla y vencieron a las huestes del mal “por la sangre del Cordero y por la palabra de su testimonio”.

La Cruz, un nuevo estilo de vida
Quizás nos gustaría convencernos a nosotros mismos de que de alguna manera teórica, fuimos crucificados con Cristo en Su Cruz y de ese modo, lo único que tenemos que hacer ahora es apropiarnos de Su vida. Pero si de verdad vamos a conocer esta nueva vida, vamos a tener que conocer experimentalmente y día a día una identificación con esa Cruz para que podamos caminar continuamente en el poder de Su resurrección.
“Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros, que estamos atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no desesperados; perseguidos, mas no desamparados; derribados, pero no destruidos; llevando en el cuerpo siempre por todas partes la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestros cuerpos. Porque nosotros que vivimos, siempre estamos entregados a muerte por causa de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal.” (1ª Cor. 4:7-11).
Cierto, Jesús murió en la Cruz una vez y para siempre. Pero de hecho, nació bajo la sombra de la Cruz, vivió y anduvo en la realidad de ella y en la plenitud de obediencia a la voluntad de Dios, murió sobre ella. Así debe ser con Su pueblo. Debemos abrazar ese Sacrificio de una vez y para siempre. Pero al hacerlo, debemos tomar nuestra cruz diariamente y seguirle.

El misterio de la Cruz
Dios nos dé visión y revelación para ver las profundidades de la SABIDURÍA y del PODER de la Cruz. Satanás ha extendido su dominio sobre toda la raza humana desde la caída. Sus armas de destrucción han sido reveladas en Temor, Odio, Tormento, Contienda, Orgullo, Vanidad… todos esos rasgos negativos que han hostigado a la familia humana completa desde el principio. ¿De dónde vino todo esto? ¿Quién lo creó? Ya hemos apuntado el secreto del origen del Mal: fue la EXCLUSIÓN DE DIOS lo que trajo todo eso. Si Dios es excluido, ahí mismo lo tienes. Dios es AMOR, LUZ y VERDAD. Si los hombres niegan a Dios un lugar en sus vidas, y de esa forman Le cortan de ellos mismos… lo que queda es ODIO, OSCURIDAD y ERROR.
Ahora bien, en la consumación del tiempo, Cristo entra en la escena para deshacer la maldición que había tragado a la raza humana por causa de la desobediencia de Adán. Él camina en armonía total y en obediencia a la voluntad de Dios. Y al andar en LUZ total, las fuerzas opuestas de la Oscuridad se vuelven más intensamente OSCURAS. Puesto que Él es AMOR, y camina en armonía total con Dios, que es AMOR, las fuerzas del Odio se vuelven más y más intensamente odiosas. Porque Él amó la justicia y aborreció la iniquidad, las fuerzas del Mal se levantaron contra Él en una oposición mayor. Porque vivió una vida totalmente santa delante de la misma presencia del pecado, reprobó los pecados de los hombres “que amaron más las tinieblas que la luz”.
Ahora bien, el misterio de la Cruz es revelado en esto: que Él aceptó todo el reproche, todo el odio, toda la amargura, toda la contienda que se levantó en contra de Él mismo. Él lo soportó todo ello en la Sabiduría de Dios, que parecía tan negativa al mundo e incluso a Sus propios discípulos… para morir en una Cruz.
Por así decirlo, Él se convierte en LO NEGATIVO QUE ANULA LO NEGATIVO. Sufre la MUERTE para anular la MUERTE. Se convierte en la MALDICIÓN para cancelar la MALDICIÓN. Se convierte en el PECADO para anular el PECADO.
“Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él.” (2ª Cor. 5:21). Cristo crucificado se convierte en la PLAGA. LA PLAGA QUE ACOSA A LA PLAGA DE LA MUERTE:
“¿Dónde están, oh muerte, tus espinas? ¿Dónde está, oh Seol, tu aguijón?” (Oseas 13:14)
¿Qué podemos decir a estas cosas?
“¡Oh, profundidad de las riquezas
y de la sabiduría y del conocimiento de Dios!
¡Cuán insondables son sus juicios
e inescrutables sus caminos!”
(Romanos 11:33)
Los romanos decían que la Cruz era la peor y más despreciable forma de castigo capital. En la Sabiduría de Dios, el mundo todavía ha de ver en la consumación de la Operación de la Cruz en las vidas de Su pueblo, la erradicación del PECADO, la MUERTE y la MALDICIÓN de sobre la faz de la tierra. Dios nos ha dado el secreto de vencer al Mal desenfrenado en el mundo a nuestro alrededor:
Vencemos el ODIO con AMOR.
Vencemos el ORGULLO con HUMILDAD.
Vencemos la MALDICIÓN con la BENDICIÓN.
Vencemos el MAL con el BIEN.
Vencemos la OSCURIDAD con la LUZ.
Vencemos el ERROR con la VERDAD.
El propósito de estas palabras no es idílico ni poético. Este mundo malvado de pecado, rebelión y odio todavía ha de ser completamente sometido por un ejército de vencedores que use las armas de la Cruz como sus únicas armas. Amados, sometámonos a la operación de la Cruz de Cristo en nuestras vidas. Unidos a Él y a Su Cruz, lleguemos a conocer la hermosura del Señor sobre nuestras vidas, para que podamos levantar la maldición en la que se han hundido los corazones y las mentes de los hombres. La creación espera esto, es decir, “la manifestación de los hijos de Dios”.

El Juicio de Dios al mundo
Jesús dijo, “Ahora es el juicio de este mundo; ahora el príncipe de este mundo será echado fuera.” (Juan 12:31).
La Cruz es el juicio de Dios a este mundo. Parece como si hubiera sido completamente al revés: que fue el mundo el que juzgó a Cristo. Pero en la Sabiduría de Dios, fue Dios quién juzgó al mundo.
De este modo Pablo podía jactarse en la Cruz, “Pero lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo me es crucificado a mí, y yo al mundo.” (Gál. 6:14).
¿Quién mató a Jesús en realidad? Históricamente, sí, fueron los judíos los que entregaron a nuestro Señor Jesucristo a los gentiles para Su crucifixión. Pero la Cruz es más que un evento histórico. Es un evento intemporal… un evento que pertenece a todos los tiempos. ¡Quién mató a Jesús! ¡Tu y yo… y todos nosotros fuimos los que matamos a Jesús! Fueron los sacerdotes y los líderes religiosos los que mataron a Jesús. Todos fuimos responsables, porque fue tu pecado y el mío… los pecados que heredamos de Adán, y los pecados de Adán que nosotros hemos multiplicado más y más en cada generación…Fueron los pecados del mundo entero los que mataron a Jesús.
Veamos la sabiduría de Dios revelada en todo lo que sucedió ese oscuro día del Gólgota:
Los orgullosos y los altivos dijeron, ¡Le hemos atrapado! Pero Dios dijo, “Cuando crucificasteis a Mi Hijo, puse fin a todas las religiones de los hombres que rehúsan inclinarse ante los pies de la Cruz y reconocer al Señor Jesús como Señor de todos.”
El pecado que reinaba supremamente en los corazones de los hombres, dijo, “Es un pecador, es su final.” Pero Dios dijo que fue allí en la Cruz dónde “Yo condeno el PECADO en la carne de Mi Hijo, para que Mi pueblo Le reciba como la ofrenda por su pecado y pueda llegar a convertirse en la justicia de Dios en Él.”
La Muerte se jactaba, “Yo he destruido al Último Adán, del mismo modo que destruí al Primero. Pero Dios dijo, “Cuando Mi Hijo colgaba de la Cruz, eras tú, oh Muerte, la que estabas siendo destruida.”
Cuando la Cruz se levantó en el Gólgota, (que significa el Lugar de la Calavera), Dios lo había preparado así. Porque fue allí, en la LOCURA DE DIOS, dónde Él llevaría a la sabiduría de los hombres a una calavera, y mostraría las alturas infinitas de Su sabiduría.

El triunfo de la Cruz
¡La Cruz es el JUICIO DE DIOS AL MUNDO! Y en ese gran y terrible Día del Señor, Dios va a ejecutar la sentencia del juicio que Él decretó en el Gólgota. Podemos inclinarnos a creer que Cristo vino como Cordero para redimirnos, pero que en Su resurrección y entronamiento, ahora gobierna sobre el trono de gloria como un León. Esto no es correcto exactamente. Y todavía tiene que ser revelado y hecho manifiesto en la tierra, que Aquel que conquistó al pecado, a Satanás y al mundo por medio de Su sacrificio en la Cruz, está gobernando ahora y reinando como el CORDERO en el trono. El León de Judá sólo es mencionado una vez en el libro de Apocalipsis, ¡En contraste con las veintiocho veces que aparece mencionado el CORDERO! Cuando no había nadie digno de abrir el libro y soltar los sellos, uno de los ancianos dijo: “No llores. He aquí que el León de la tribu de Judá, la raíz de David, ha vencido para abrir el libro y desatar sus siete sellos.” (Apoc. 5:5). Pero cuando Juan se volvió para ver a este poderoso León… “Miré, y vi que en medio del trono y de los cuatro seres vivientes, y en medio de los ancianos, estaba en pie un Cordero como inmolado.” (v.6). Es muy significativo que Juan el amado no viera al “León del Tribu de Judá” como un poderoso león, ni aquí ni en ningún otro lugar del Libro de Apocalipsis. ¿Por qué razón? Podríamos preguntarnos. Porque este “León” era aún el Cordero en el corazón, en la naturaleza y en el carácter; Y Dios quiere que Su pueblo siempre Le vea y Le adore como el Cordero en el Trono, y que “sigamos al Cordero” de la mansedumbre más que al León del poder. ¡Estas heridas en sus manos, pies y costado ya no son las heridas causadas por hombres pecadores, sino insignias de Honra y de Gloria!
Y si reinamos con Él, Él quiere que sepamos que esto es posible sólo cuando “sufrimos con Él”.
“El libro” sellado con los siete sellos que fue dado al Cordero es el registro de los justos juicios de Dios en la tierra y en los cielos y la revelación de Sus propósitos para librar a la tierra de su maldición y de su mal. ¿Cómo sé esto? Porque cuando el Cordero abre los sellos, eso es lo que Él revela. Es la historia del Triunfo del Cordero sobre todas las fuerzas del Mal. Sólo Él es digno de administrar estos juicios porque Él triunfó sobre el Mal con el Bien cuando fue a la Cruz. Y Dios ha puesto todas las cosas “bajo Sus pies”. Sé que el apóstol Pablo dijo, “pero todavía no vemos que todas las cosas le sean sujetas.” (Heb. 2:8). Pero Dios ha declarado el decreto de Su Señorío sobre toda la creación, y Él todavía ha de ser revelado como el CORDERO conquistador “en el día de Su poder”. (lee Salmos 2:6,7; 110:1-7)
Y así es el Cordero “como inmolado”, que es honrado y adorado por causa de Su sacrificio (Apoc. 5:6-8).
Es el “Cordero que fue inmolado” el que toma “el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, la honra, la gloria y la alabanza.” (v. 12).
Es el Cordero que es exaltado y honrado por todas las criaturas “en el cielo, y sobre la tierra, y debajo de la tierra, y en el mar, y a todas las cosas que hay en ellos.” (v. 13).
Es el Cordero que toma el Libro y abre los sellos de los propósitos de Dios y libera Sus juicios justos en la tierra (Cap. 6:1,3,5, etc.)
Es laira del Cordero”… no la ira de un León, lo que golpea con temor a los reyes de la tierra, y a los grandes.” (Cap. 6:16,17).
Es el Cordero ante el cual, se encuentran los redimidos de la tierra, lavados en Su sangre y revestidos en vestiduras blancas. (Cap. 7:9,10.-14).
Es el Cordero “en medio del trono”, que pastorea y dirige a Su rebaño hacia “fuentes de aguas vivas” (v. 17).
Es “por la sangre del Cordero y por la palabra de su testimonio” que Su pueblo vence porque como Su Maestro, “aborrecieron sus vidas hasta la muerte” (Cap. 12:11).
Es en el libro de la vida del “Cordero que fue inmolado” donde los nombres de los redimidos están registrados en el Cielo (Cap. 13:8).
Es el Cordero que permanece en el Monte Sión con “los redimidos de la tierra” (Cap. 14:1-3); y los que “siguen al Cordero por donde quiera que Él va” y son “primicias para Dios y para el Cordero” (v. 4).
Los que adoran la bestia y su imagen son atormentados “con fuego y azufre en la presencia de los ángeles santos y en la presencia del Cordero”. (V. 10).
Los vencedores se encuentran en el río de cristal, cantando “el cántico de Moisés… y el cántico del Cordero.” (Cap. 15:3).
La Babilonia política, en alianza con la Babilonia religiosa… juntas “hacen guerra contra el Cordero y el Cordero las vencerá”, puesto que el Cordero es el “Señor de señores y el Rey de reyes” (Cap. 17:4).
Es el Cordero quien recibe la recompensa de Su sacrificio cuando “Su esposa se haya preparado” y se presente delante de Él como Su Esposa sin mancha. “Esta vestida con lino fino, limpio y blanco”; y juntos se sientan en la “cena de bodas del Cordero (Apoc. 19:7-9).
Y entonces Juan vio a la “novia, la esposa del Cordero, descrita como “la gran ciudad, la Santa Jerusalén, que desciende del Cielo de Dios” y “ataviada como una esposa para su marido.” (Cap. 21:2,9,10).
En los doce fundamentos de la ciudad, están escritos “los nombres de los doce apóstoles del Cordero” (v. 14). En esta ciudad no hay templo, porque Dios ha encontrado Su morada eterna en el Cordero, un hogar de supremo gozo y deleite. “El Señor Dios Todopoderoso y el Cordero” son el templo de esta ciudad (v. 22).
“La ciudad no tiene necesidad de sol ni de luna que brillen en ella; porque la gloria de Dios la ilumina, y el Cordero es su lumbrera.” (v. 23). El Cordero es su lumbrera, de donde la Luz de Dios brilla sobre los redimidos.
Los habitantes de la ciudad son aquellos “cuyos nombres están escritos en Libro de la Vida del Cordero”… limpios y santos y sin contaminación (v. 27).
“Un río puro de agua de vida, clara como el cristal” fluye del “trono de Dios y del Cordero”… (de UN trono de Dios, no de dos… con el Cordero en medio del trono (Cap. 22:1,3; lee Cap. 7:17).
Es EL CORDERO quién abre los sellos porque es el CORDERO quién ha conquistado por la sangre de Su Cruz… y es el CORDERO a quien vemos por todo el libro… gobernando y reinando, pastoreando a Su pueblo y ejecutando los juicios justos de Dios en la tierra.
¡Y EL CORDERO TODAVÍA HA DE RECIBIR LA RECOMPENSA COMPLETA DE SU SACRIFICIO!

Los mansos heredarán la Tierra
No nos equivoquemos en esto. Hay muchos que buscan la gloria en la Iglesia hoy día. Ha muchos que buscan el poder. Hay muchos que buscan el éxito. Hay muchos que hablan sobre la verdad del Reino y sobre reinar con Cristo con varas de hierro. ¿Pero cuántos de entre todos estos, abogan identificación con el Cordero, para poder ser aprobados para sentarse con Él en Su trono? Tenemos que estar seguros de que no son los que conocen y abrazan la verdad del Reino los que reinan con Cristo en Su trono. Serán “los pobres de Espíritu” los que tomen el Reino. Serán los “mansos” los que “heredarán la tierra” (Mat. 5:3,5). La palabra “manso” implica una falta absoluta de interés propio…alguien que entrega su propia voluntad a la voluntad de un tercero. Jesús compara la “mansedumbre” con la “humildad” cuando habla de Sí mismo. Anima a Sus discípulos a unirse a Su yugo si han de descubrir el reposo y la paz que Él disfruta por causa del yugo con Su Padre. “Soy manso y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras almas” (Mat. 11:29). Por ser manso, no tiene necesidad de defenderse a Sí mismo. Y por tanto, es considerado débil a los ojos de los hombres. Una persona mansa ha conocido el rigor y la disciplina del Señor y ha probado la fidelidad de Dios en las pruebas de fuego que han terminado por quemar la fortaleza del corazón y de la voluntad humanas, sustituyéndolas por una gran confianza y fe en Aquel que le humilló.
El “temor de Isaac parece un título extraño para un hombre que se apartaba de los pozos que él mismo había cavado cuando los filisteos iban tras ellos y los tomaban a la fuerza. Pero de alguna manera comenzaron a detectar la fortaleza del hombre y vinieron a él para hacer un pacto para que no les hiriera. “¿Por qué venís a mí?” preguntó Isaac, “¿siendo que me habéis aborrecido, y me echasteis de entre vosotros?” Y ellos respondieron: “Hemos visto que JEHOVÁ está contigo.” (Gén. 26:28-29). Señor, que nuestra fuerza esté sólo en esto, ¡Que Tú estás con nosotros! Años más tarde, su hijo Jacob era muy consciente del temor piadoso de su padre Isaac al apoyarle cuando su tío Labán le maltrataba. Entonces los dos hombres hicieron un pacto de paz “Y Jacob juro por el temor de su padre Isaac” (Lee Gén. 31:42,53).
Moisés es conocido por haber sido “muy manso, más que todos los hombres que había sobre la tierra” (Números 12:3). Huyó por temor delante del Faraón cuando era un fuerte y poderoso príncipe en Egipto. Pero 40 años más tarde regresó a Egipto con su hermano Aarón para librar a la nación de Israel de su esclavitud. ¿Puedes imaginarte cómo debió sentirse el poderoso Faraón cuando este humilde pastor un día entra en sus aposentos reales con una vara en la mano, y ordena: “Así dice el SEÑOR Dios de Israel, deja ir a Mi pueblo” (Éxodo 5:1)? ¿Por qué razón no le arrestó el Faraón ahí mismo para poner fin a todo este asunto? El faraón no se atrevió con Dios. A través de este manso y humilde pastor, vemos al Faraón pidiendo misericordia en varias ocasiones y finalmente pidiendo a Moisés que le recordara en sus oraciones.
Samuel fue un hombre manso. Cuando Dios le dijo que fuera a Belén y ungiera a uno de los hijos de Isaí para ser rey, tuvo miedo de Saúl. Era un hombre débil y viejo y él lo sabía. Pero cuando los ancianos de Belén oyeron que estaba camino de su ciudad, “vinieron a su encuentro temblando y dijeron: ¿Vienes en paz?” (1ª Samuel 16:4). Eran bastante conscientes de que este viejo profeta se estaba moviendo en la autoridad y en el poder de Dios.
Pablo vino a Corinto en “debilidad, en temor y mucho temblor” (1ª Cor. 2:3). Ahí mismo es donde estaba su fortaleza… no en que él hubiera sido ungido para predicar el Evangelio de la Cruz, sino en que él había andado en la debilidad de la Cruz. Se gozaba en que cuando era débil, entonces ponía ponerse la fortaleza del Señor: “Porque cuando soy débil”, dijo, “entonces soy fuerte” (2ª Cor. 12.10).
Ni siquiera Jesús puso un rostro de fortaleza ni intentó parecer fuerte delante de la oposición. Fue un Cordero a lo largo de Su ministerio en la tierra y continúa reinando sobre el trono de la gloria como el “Cordero que fue inmolado”. Tomó a Sus discípulos y se apartó de Jerusalén cuando se enfrentaron a una gran oposición. ¿Fue eso debilidad? Él no era ni valiente ni cobarde. ¡Era manso! Vivió y se movió en el yugo del Padre, aprendiendo la obediencia por todo lo que padeció. Luego regresó a Jerusalén, caminando en ese mismo yugo, para morir en debilidad en manos de un poderoso gobernador Romano. Pablo dijo que nuestro Señor “fue crucificado en debilidad” (2ª Cor. 13:4). Esto es lo que Pablo quiso decir, “la debilidad de Dios”. Es “debilidad” desde el punto de vista de los hombres que considera debilidad a la mansedumbre. El apóstol nos dice que esta clase de “debilidad” es “más fuerte que los hombres” (1ª Cor. 1:25). Él puso Su vida como un Cordero ensangrentado. Y ahora Él reina y seguirá reinando eternamente como el Cordero sobre el trono.

¿Por qué un Cordero sobre el Trono?
Ahora bien, sabemos que Cristo es de hecho “el León de la Tribu de Judá”, con todo el poder en el Cielo y en la tierra a Sus órdenes. ¿Por qué razón entonces enfatiza tanto el Espíritu a lo largo de todo el libro de Apocalipsis, no una sino 28 veces, que es el Cordero quien reina, y que el Cordero es quién pastorea a la grey de Dios? ¿Quién ha oído alguna vez sobre un Cordero guiando a un rebaño? ¿O a un Cordero golpeando a los reyes y potentados de la tierra con temor, y clamando para que las rocas los escondan de él?
ÉL REINA COMO EL CORDERO PORQUE SU INTENCIÓN ES LA DE PRODUCIR EL CARÁCTER DEL CORDERO EN NOSOTROS, PARA QUE NOSOTROS TAMBIÉN PODAMOS REINAR CON EL EN SU TRONO (Apoc. 3:21).
INCLUSO AHORA SOBRE EL TRONO DE LA GLORIA, ÉL SE IDENTIFICA A SI MISMO CON UN PUEBLO QUE ESTÁ EN LA TIERRA CON EL MISMO CARÁCTER DEL CORDERO SUFRIENTE.
Él oye y siente esos ataques blasfemos contra Su Iglesia sufriente en la tierra porque está unido a ella por un Espíritu. ¡Que conmoción debió sentir Saulo de Tarso cuando escuchó la voz del Señor de la Gloria diciendo, “Saulo, Saulo, ¿Por qué Me persigues?”
Que el Señor abra nuestros ojos para ver al “Cordero que fue inmolado” sobre el trono de la Gloria, para que podamos ser transformados a Su imagen viendo TAL Y COMO ÉL ES. Sólo entonces podremos reinar con Él en vida, en nuestra debilidad cubierta por Su enorme poder.

El Trabajo de Dios
¿Por qué permitió Dios que el Mal entrara en el mundo? Seguramente podría haberlo prevenido si hubiera querido hacer eso. Entonces, ¿Por qué, al menos, no puso fin al reinado del Mal mucho antes que ahora? El apóstol responde a preguntas difíciles de esta clase mediante otra pregunta: “¿Y si Dios…?” ¿Y qué si Dios se hubiera propuesto sacar una gloria mayor de todo ello? ¿Y qué si es que tenía un plan mejor?
Si pudiéramos sentir el corazón de Dios nos daríamos cuenta de que ha sido con gran DOLOR que Dios se haya limitado a Sí mismo al haber testificado el terror y el reinado del Mal a lo largo de estos miles de años. Este es un aspecto de Dios que podemos perder de vista muy fácilmente en todos esos argumentos teológicos sobre por qué el Dios Omnipotente ha permitido este horrible reinado del mal. Conocemos sobre el sufrimiento humano; pero no nos damos cuenta de que Dios ESTÁ SUFRIENDO Y QUE ÉL HA SUFRIDO MUCHO con la perversidad de los corazones de los hombres. Él ha SOPORTADO con paciencia y longanimidad mucho más allá de nuestra capacidad para comprender.
“¿Y qué, si Dios, queriendo mostrar su ira y hacer notorio su poder, soportó con mucha paciencia los vasos de ira preparados para destrucción?” (Rom. 9:22). Él ha deseado levantarse en venganza a favor de Sus escogidos, puesto que Él ha sido testigo del mal perpetrado en contra de ellos. Él ha escuchado las oraciones de los santos y de los mártires, que claman, “Hasta cuándo, Señor, santo y verdadero, no juzgas y vengas nuestra sangre en los que moran en la tierra?” (Apoc. 6:10).
Dios sufre el dolor de ellos y les dice, “Debéis esperar aún un poco. Tengo otros hijos a quienes estoy preparando para la gloria… deben conocer los sufrimientos de la Cruz, como vosotros los habéis conocido…” Y de este modo, el apóstol explica un poco respecto de Su propósito al soportar el mal en este mundo. Una vez más tenemos que enfatizar que Dios ha estado sufriendo dolor mucho más allá de nuestra capacidad de comprensión:
¿Y qué, si Dios… soportó con mucha paciencia los vasos de ira preparados para destrucción, y para hacer notorias las riquezas de su gloria, para con los vasos de misericordia?” (Rom. 9:22.23) Esa es la respuesta de Dios, queridos, cuando Le cuestionamos de este modo. ¡Él todavía está preparando otros VASOS DE MISERICORDIA! Soportará el dolor un poco más tiempo.
Recuerdo a una cierta mujer (al describir los horribles dolores de las mujeres), diciendo, “Dios tiene que ser un Hombre…” Lo que estaba diciendo es que Dios simplemente no conoce lo que es el dolor de dar a luz. Amados, ¡Lo conoce perfectamente! Escucha lo que dice, “Desde el siglo he callado, he guardado silencio, y me he detenido; daré voces como la que está de parto; asolaré y devoraré juntamente.” (Isaías 42:14). Hay algo casi explosivo en el corazón de Dios: Las oraciones, el clamor y el trabajo de los santos y de los mártires han sido almacenados en los viales del Cielo, en Su propio corazón. Por eso se compara a Sí mismo con una mujer en el momento de dar a luz.
Quiénes somos nosotros para decir, “¿Por qué, Señor esperas tanto?” Dios dijo que no guardaría silencio hasta que Su pueblo surgiera en la luz y el esplendor de Su salvación:
“Por amor de Sión no callaré, y por amor de Jerusalén no descansaré, hasta que salga como resplandor su justicia, y su salvación se encienda como una antorcha.” (Isaías 62:1). Y puesto que ésta es la carga de Su corazón, Él pone la misma carga sobre Su pueblo.
“Sobre tus muros, oh Jerusalén, he puesto guardas”, y el Espíritu les anima “Los que os acordáis de Jehová, no reposéis hasta que restablezca a Jerusalén, y la ponga por alabanza en la tierra.” (V.7).

Un hijo ha de nacer
Dios se ha contenido y lo ha hecho a lo largo de mucho tiempo. De repente, en los últimos tiempos surge un hijo, y el profeta queda asombrado por lo rápido que parece haber sucedido.
“Antes que estuviera de parto, ella dio a luz; antes que le vinieran los dolores, dio a luz un niño.” (Is. 66:7) “¿Quién ha oído cosa semejante?” pregunta Isaías. ¿Una nación santa dada a luz en un solo día? Creo que el profeta está enfatizando el hecho de que no habrá más una extensión del anhelo incesante del corazón de Dios de levantarse a favor de su pueblo en la tierra; porque sigue diciendo: “Pues Sión apenas estuvo de parto, dio a luz a sus hijos.” (Isa. 66:8) Fíjate que la persona llamada “hijo” en el v. 7 es llamada “hijos” en el v. 8. Es decir, es UNO pero muchos… un HOMBRE colectivo… un pueblo que camina en tal unión y armonía con Cristo, que es visto como UN HOMBRE. Es el pueblo que nace de la mujer “vestida del sol, con la luna debajo de sus pies, y una corona de doce estrellas sobre su cabeza” (Apoc. 12:1)… surgiendo en el último tiempo porque los amados de Dios de todos los tiempos han clamado y tenido dolores delante de Dios por el triunfo y la victoria de Su pueblo.
Podemos preguntarnos por qué Dios no surgió en los días tempranos de la familia humana, en el tiempo de los profetas…. Pero Él dijo en Su corazón: “Debo producir otros Vasos de Misericordia preparados para la Gloria”.
Pero queda la pregunta. Si Él debe tener “vasos de misericordia”… buenos y aptos… ¿Entonces por qué no destruye a los “vasos de ira”? Y la respuesta de Dios es: “Yo voy a vencer el Mal con el Bien—de modo que utilizaré a los vasos de ira para pulir y refinar a los vasos de misericordia… y por el mismo amor, misericordia y verdad por el que ellos caminen, ellos serán Mis armas para destruir el Mal”. Y por eso “soporta con mucha paciencia los vasos de ira” para “poder dar a conocer las riquezas de Su gloria en los vasos de misericordia” (Rom. 9:23). Cuando veamos a los “vasos de ira” derramando sus llamas ardientes en contra del pueblo de Dios, recordemos esto. Dios los está usando al mismo tiempo para preparar “vasos de misericordia” para Su propia gloria. Satanás puede avivar las llamas y echar gasolina al fuego, y si Dios lo ve apropiado, puede que le anime a ello. Porque Él sabe que Satanás no entiende la sabiduría de la Cruz—no sabe que Dios le está usando para refinar el oro…que le está usando para preparar otro “vaso para honra”, un vaso aprobado de Dios. Si, usando a Satanás para llevarlo a su propia destrucción.
Cuando Dios escogió a una “brasa sacada del fuego” para ser sumo sacerdote en el templo restaurado de Jerusalén, la oposición fue muy fuerte y pesada. Satanás estuvo ahí junto a Josué para resistírsele. Aquí había una brasa del fuego. Debía haber sido quemada junto al resto de la leña en el fuego. Dios sabía eso. Y también Satanás. ¡Pero Dios consideró apropiado sacarla del fuego! A algunos cristianos no les gustan los caminos autocráticos de Dios. Y a Satanás tampoco. Pero Miguel el Arcángel completamente aprobado, reprendió a Satanás en el Nombre del Señor. (Lee Zac. 3:1,2).
Y así nos gozamos porque Dios nos deja ver el otro lado de Sus aparentemente extraños caminos arbitrarios. No nos muestra gran cosa… pero si lo suficiente para hacer que los puros de corazón… se gocen en medio de la tribulación, sabiendo que la intención de Dios es buena.
Reconozcan que Dios sufre con el mismo dolor que el de ellos y sigue aplazando con gran paciencia el día de Su venganza…
Tened por seguro que Dios está usando esas pruebas de fuego para derrotar al Enemigo, que está añadiendo gasolina al fuego y avivando las llamas.
Siendo Su glorioso designio que después de haber sufrido con gran paciencia, pueda sacar “vasos de misericordia” para la eterna alabanza y gloria de Su Nombre.
En la plenitud del tiempo, Dios dio a luz a Su Unigénito, a quién los hombres mataron y colgaron de un árbol. Y ahí y en ese momento, Dios condenaba al mundo y con ello, todo el odio, el asesinato, la contienda y la violencia que existía en los corazones de los hombres. Pero Dios dijo: “Tengo aún muchos más Vasos de Misericordia que producir para Mi gloria”. Y por esa razón ha esperado y esperado, y todo el tiempo ha experimentado una gran PACIENCIA, esperando el día de gloria en que Su pueblo de Misericordia se levante en la tierra para poner fin al reinado del TERROR y del MAL, venciendo al Mal del mundo con Misericordia, Verdad y Amor.
¿Quién es este hijo, que es arrebatado para Dios y Su trono? Son vasos de Misericordia. Han vencido, como Su Señor y Salvador venció. Andan en el Cielo, e igualmente en la tierra… como Jesús mientras estaba aquí.
Son conocidos en Lugares Celestiales porque aman como Él amó, viven como Él vivió mostraron misericordia como Él mostró misericordia, perdonaron como Él perdonó, son manos y humildes como Él era manso y humilde. Y por vivir como Él vivió, son odiados como Él fue odiado. Y sin embargo al final, vencen al MAL con el BIEN, como Jesús venció el MAL con el BIEN.
De este modo estamos en el umbral del Día del SEÑOR, cuando la sentencia de la Cruz sea ejecutada en toda su Furia y en toda su Misericordia, en toda su Oscuridad y en toda su Luz, en todo su Engaño y en toda su Verdad. Porque la Verdad de Dios congregará a todos los hombres en dos áreas: en la OSCURIDAD Y LA MUERTE de un mundo que odia a Dios, o en la LUZ Y LA GLORIA de un pueblo que ha lavado sus vestiduras en la sangre del Cordero y se han inclinado en sumisión antes Sus pies.

La Ofrenda Quemada
“Por consiguiente, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios que presentéis vuestros cuerpos como sacrificio vivo y santo, aceptable a Dios, que es vuestro culto racional.” (Rom. 12:1).
¿Deseamos identificarnos con la Cruz…y de este modo, con la SABIDURÍA y el PODER de Dios? Esta es la única forma en que podemos hacerlo. Llevarle nuestra ofrenda quemada.
“De su voluntad lo ofrecerá a la puerta del tabernáculo de reunión delante de Jehová.” (Lev. 1:3).
A diferencia de los Israelitas de antaño, no podemos ir al rebaño para tomar algo que muera en nuestro lugar. Jesús hizo eso por nosotros, eso es cierto. Pero había cinco ofrendas que Moisés instituyó para el pueblo de Dios; y como ofrenda por el pecado, Jesús la cumplió de forma muy particular. Sólo podía morir por los pecados del mundo. Pero la ofrenda quemada era distinta. Habla de una vida de obediencia a la voluntad de Dios y tú y yo tenemos parte en esta ofrenda al presentar nuestros cuerpos como “sacrificio vivo, santo, aceptable a Dios”. En esta ofrenda debemos “presentarnos a nosotros mismos” y no meramente algunas de nuestras posesiones más valiosas. Y no vamos a poder descubrir lo que es morir al pecado hasta que no haya un verdadero morir al YO, sobre el Altar de la ofrenda quemada. (Rom. 12:1,2).
Después “pondrá su mano sobre la cabeza del holocausto”. Estamos diciendo en efecto: “Acepto el juicio de Dios sobre mi CABEZA. Acepto el hecho, oh, Señor, de que no puedo servirte de forma aceptable a menos que trates con los pensamientos de mi mente, que están en enemistad con tus pensamientos. Debo ser renovado en el “espíritu de la mente” si es que voy a llegar a conocer Tu mente y a caminar en tus caminos. Y después miro a un lado a la Cruz en la que murió Mi Señor Jesús, y veo que Su cabeza también fue golpeada, y que le pusieron una corona de espinas sobre su frente… espinas que crecieron en la tierra por causa del pecado de Adán. Él sufrió todo esto para que yo pudiera conocer la mente de Cristo, para que pudiera caminar en el Espíritu, y para ser librado de la ley del pecado y de la muerte. Y por tanto, oramos, “Oh, Señor, toma mi mente y deja que conozca las magulladuras de Tu corona de espinas, para que de ahora en adelante pueda pensar tus pensamientos y amar tus caminos.”
“Entonces degollará el becerro en la presencia de Jehová; y los sacerdotes hijos de Aarón ofrecerán la sangre, y la rociarán alrededor sobre el altar” (v.5). Él hizo todo eso por mí, para que Yo pudiera vivir.
Pero en el holocausto debo saber que solo puedo conocer esta vida si yo mismo me encuentro colgado ahí con Él. Debo aprender la misma clase de obediencia.
“Y ellos le han vencido por medio de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio de ellos, y menospreciaron sus vidas hasta la muerte.” (Apoc. 12:11).
“Después desollará el holocausto y lo dividirá en sus piezas… Luego los sacerdotes hijos de Aarón arreglarán las piezas, la cabeza y el sebo sobre la leña que está en el fuego sobre el altar” (Levítico 1:6,8).
Las piezas… las partes. Todos los pensamientos internos y las operaciones de la naturaleza carnal, totalmente expuestos y desnudos delante del sacerdote. Sólo Dios puede hacer esto. Sólo nuestro Sumo Sacerdote puede hacer esto. Pero tenemos que presentarnos ante Él, para que Él pueda hacerlo en nosotros.
Las partes… la cabeza… la grosura… ¡Oh, si pudiéramos conocer el anhelo del corazón de Dios por tomarnos y limpiarnos, para traer a la luz las cosas escondidas de la oscuridad, cortando en dos el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discerniendo… descubriendo… exponiendo “los pensamientos y las intenciones del corazón”! (Heb. 4:12). Realmente no nos conocemos a nosotros mismos hasta que la afilada espada del Espíritu de Dios comienza a dividir, a separar y a exponer. ¡Qué exposición del corazón habrá cuando Él, con Sus ojos de llama de fuego, acepte nuestra ofrenda y comience a descubrir y a desnudar las PARTES ante Su ojo penetrante, purificador y limpiador!
Y así, comprendamos las implicaciones de nuestro holocausto: Nuestras manos tienen que estar clavadas a la Cruz para que cuando yo comience a servirle desde el fuego de la ofrenda quemada, ya no sean más mis manos, sino las Suyas, y que yo las pongo sobre los cuerpos y almas de los hombres para su sanidad. Mis pies han de estar fijados firmemente a ese árbol, para que de ahora en adelante, yo pueda caminar con los “hermosos pies” del Cristo resucitado, sobre los montes de la unción y la victoria, llevando el evangelio de la paz a las almas cautivas de los hombres.
Mi costado tiene que ser abierto, para que de mi corazón quebrantado salgan la sangre y el agua… si es que voy a conocer la liberación de las aguas vivas de mi corazón… aguas vivas que están saturadas con la preciosa sangre de Jesús, que fluyen en ríos de sanidad y de vida a las naciones del mundo.
¡Cuántos de nosotros hemos buscado en los escritos de famosos vencedores a lo largo de la historia de la Iglesia, esperando descubrir el secreto para vivir la vida de Cristo! Y entonces, al llegar a los cinco pasos fáciles para la victoria, los subrayamos e intentamos por todos los medios hacer que funcionen… para descubrir unos días después que de alguna manera el trabajo se ha quedado sin hacer. Y entonces, nos volvemos a otro libro, y después a otro… esperando descubrir el secreto de la vida, solo para sufrir una decepción tras otra.
¿Qué es lo que estamos diciendo? Simplemente que la Ofrenda Quemada es por completo mediante la operación de nuestro gran Sumo Sacerdote en los cielos. El Israelita de antaño traía su ofrenda al sacerdote, ponía su mano sobre la cabeza del toro y lo mataba. Quizás no entendiera nada de lo que todo eso significaba, pero aún sin saberlo, estaba diciendo: “Me identifico con esta ofrenda que está siendo inmolada”. Después, el sacerdote tomaba la ofrenda y hacía el resto. El sacerdote sería el responsable de preparar la leña en el fuego, colocar las partes sobre la leña, y avivar el fuego que haría que la ofrenda ascendiera a Dios “como dulce aroma para el SEÑOR”.
Así, debo dejarla con un solo requisito, y debo aceptarla para mí mismo. Al traer nuestra ofrenda al Señor, nuestro gran Sumo Sacerdote, ¡debemos dejarla ahí para que Él acabe la obra! (Solo recordando, por supuesto, que nuestro “toro” tiene cuatro patas, y nuestra “tórtola” tiene dos alas). Quiero decir que cuando traemos a Él nuestra ofrenda, debemos decretar la sentencia de muerte para todo el hombre… y permanecer ante el Altar hasta que estemos seguros de que el Sacerdote nos tiene bajo Su control. Debemos pedirle que Él haga esto por nosotros y en nosotros:
“Señor, daña mi cabeza, mis manos, mis pies, mi costado, mi corazón. Expón mis partes internas completamente a la espada del Espíritu, y a los fuegos de Tu Altar… que de la futilidad de una vida que he vivido en las energías y luchas carnales de mi naturaleza carnal, Tú, en tu gracia, y en la sabiduría de Tu Cruz, puedas consumir mi sacrificio con el Fuego que sale del Altar, para que ascienda como incienso delante del Señor… “Una ofrenda encendida de aroma agradable para el SEÑOR”

El Término Medio
En el presente hay tres clases de personas en la Iglesia: los que están entregados a Cristo, los que están entregados a sus propios caminos… y los que viven en la isla de la neutralidad. Es una pequeña isla y cada vez es más pequeña, pero aún sigue llena de gente. Jesús habla de éstos en Su carta a la Iglesia de Laodicea: No son realmente CALIENTES ni tampoco realmente FRÍOS.
No están centrados realmente en el cielo, ni tampoco realmente centrados en la tierra.
Quieren el cielo al morir, pero no quieren caminar en el Cielo mientras vivan aquí.
Hablan sobre la Cruz, cantan sobre la Cruz, pero no quieren morir en ella.
¡SIMPLEMENTE QUIEREN EL TÉRMINO MEDIO!
Pero esta pequeña isla de la neutralidad está construida de arenas movedizas; y cuando las tormentas del Día del SEÑOR comiencen a estallar sobre nosotros, se van a disolver. La gente del mundo y de la Iglesia va a ser perseguida en un campamento o en otro. Tendremos que salir en busca de Cristo: fuera del mundo, fuera de sus políticas, fuera de sus sistemas religiosos, de sus placeres, sus guerras, su estilo de vida completoPorque de lo contrario nos hundiremos en el dominio del Dragón, del ámbito político de la Bestia y de los sistemas religiosos del Falso Profeta. Puede sonar irrazonable e ilógico que “cristianos” buenos y respetables puedan involucrarse en sectas y sistemas satánicos, en brujería y en religiones estructuradas bajo principios satánicos. Pero está sucediendo ahora y seguirá tomando impulso al acercarnos al Día del Señor, en el que habrá DOS CAMPAMENTOS:
“Y la adoraron (a la Bestia) todos los moradores de la tierra cuyos nombres no estaban escritos en el libro de la vida del Cordero que fue inmolado desde el principio del mundo.” (Apoc.13:8).
Cuando el Señor nos dice que va a liberar “espíritus de demonios, que obran milagros” para reunir a las fuerzas del mal en Armagedón… En ese gran día del Dios Todopoderoso, fíjate una vez más el pequeño paréntesis que sigue inmediatamente:
“Bienaventurado el que vela y guarda sus ropas, no sea que ande desnudo y vean su vergüenza” (Apoc. 16:15). Dios está diciendo muy claramente, “¡Preparaos! ¡No sea que en ese día seáis hallados desnudos, y no revestidos con toda la armadura de la Luz… con la Armadura de la Justicia!”

Los hijos de Esceva
“Pero también algunos de los judíos, exorcistas ambulantes, trataron de invocar el nombre del Señor Jesús sobre los que tenían espíritus malos, diciendo: Os ordeno por Jesús, a quien Pablo predica. Y siete hijos de un tal Esceva, uno de los principales sacerdotes judíos, eran los que hacían esto. Pero el espíritu malo respondió, y les dijo: A Jesús conozco, y sé quién es Pablo, pero vosotros, ¿quiénes sois? Y el hombre en quien estaba el espíritu malo se lanzó sobre ellos, y los dominó y pudo más que ellos, de manera que huyeron de aquella casa desnudos y heridos” (Hechos 19:13-16). (Recuerda como Jesús advirtió a Su pueblo con respecto al Día del Mal: “ESTAR VIGILANTES… GUARDAR LAS ROPAS, NO SEA QUE ANDE DESNUDO Y VEAN SU VERGÜENZA”).
Las actividades de este tipo en el mundo de la oscuridad pueden sonar a situaciones muy anormales; y por supuesto, lo sería si sucediera hoy día. Pero amados, vamos a ver suceder algunas cosas sorprendentes cuando el pueblo de Dios comience a andar en lugares celestiales, y cuando la Sabiduría de Dios comience a penetrar en los cielos. Las fuerzas celestiales una vez más reconocerán la compañía de JESÚS Y de PABLO. Los que hacen pinitos en los servicios religiosos y hablan del “Jesús que Pablo predicaba”, pero entretienen al pueblo con toda clase de basura religiosa… y no conocen el Camino de la Cruz… sufrirán desastre en ese día. Los hijos de Esceva eran del orden sacerdotal, y había siete de ellos. Eran parte del viejo orden sacerdotal apóstata, pero se movían bajo un falso espíritu. Hay una IGLESIA FALSA ahí fuera que entiende la terminología correcta, y sabe sobre Pablo y sobre Jesús… pero no camina en el Camino de la Cruz y en la Luz de Jesús. No fueron conocidos AHÍ ARRIBA, y su misión va a terminar en desastre AQUÍ ABAJO. Muchos de ellos se escapan con eso ahora mismo. Pero cuando el pueblo de Dios, caminando en la Sabiduría de la Cruz y en el temor del Señor, comience a penetrar en el mundo de la oscuridad, esos poderes malignos van a ser grandemente perturbados y molestados. Las fuerzas del Mal no saben nada sobre el honor y la verdad; y aunque cooperen con hombres malos durante un tiempo, finalmente los destruirán. Cuando el Cordero en el trono es adorado y honrado por un pueblo santo y redimido, los poderes del mal son aterrorizados. No pueden dañar a los que caminan en la Luz, pero van a atacar a los que juegan a la Iglesia y experimentan con cosas santas. Podemos esperar ver feos ataques demoníacos contra aquellos que usan el nombre de Jesús para glorificarse a sí mismos o para entretener a la gente… pero que están deshonrando al Cordero sobre el trono.
Dios quiere que Su pueblo comience a caminar por las calles de su heredad celestial “Os habéis acercado al monte de Sión, a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial, a la compañía de muchos millares de ángeles” (Heb. 12:22). Él quiere que seamos una parte vital de esa compañía, para el día y la hora en que Él “ruja desde Sión, y dé su voz desde Jerusalén” (Amós 1:2).
Él quiere que estemos en la compañía de JESÚS Y DE PABLO, en lugar de estar en la compañía del “JESÚS A QUIEN PABLO PREDICABA”.
El mundo de los espíritus malos en los lugares celestiales… ELLOS CONOCEN LA DIFERENCIA, tanto si nosotros la conocemos como si no.
Satanás no teme nuestros esquemas maquinados humanamente para el evangelismo, nuestros programas organizados para reunir al pueblo y entretenerlos, ni tampoco nuestra participación en el foro político.
¡PERO TIEMBLA AL VER A UN PUEBLO QUE COMIENZA A CAMINAR POR EL CAMINO DE LA CRUZ!
Aseguremos nuestra identidad. Nuestra identidad con cualquier raza, cultura, sistema religioso, etc. no nos servirá para nada. Pero asegurémonos de ser parte del número de los que han nacido en Sión, y los que se han inscrito en Sión, y de los que caminan en Sión, y de los que están revestidos con la armadura de Sión.
”A Jesús conozco, y sé quién es Pablo, pero vosotros,
¿quiénes sois?

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